CÓMO APRENDER UN IDIOMA (III)

10 Noviembre 2009

Hablar de idiomas, de uno en particular o de simples palabras es algo que me fascina particularmente.

¿Por qué algunas personas aprenden más rápidamente una nueva lengua y otras no?

¿Será que poseen un don especial que les permite hacerlo?

¿Por qué pocas consiguen hablar un nuevo idioma casi como un nativo y en muchas se nota enseguida cuál es el idioma base?

Opino que cada uno de nosotros es capaz de aprender uno, dos o más idiomas.

Y que cada nuevo idioma aprendido allana la posibilidad de aprender más fácilmente otros más.

Solo que no lo sabemos.

SIN SABERLO DOMINAMOS VARIOS “IDIOMAS”

En realidad, dominamos varios “idiomas”, por así decirlo.

No me estoy refiriendo necesariamente a los llamados sociolectos o dialectos sociales, los hablados por una clase o grupo social.

Me refiero a que empleamos diferentes elementos lingüísticos de acuerdo al medio en el que nos hallamos.

Nuestra educación y cultura, y nuestro sentido común, nos permite usarlos adecuadamente según como convenga.

A nadie se le ocurriría hablar con el director del colegio o escuela como con el compañero de carpeta: evitaría, por lo menos, ciertas palabras y expresiones.

(Si lo consigue o no es otra cosa.)

Nadie habla con la gente del barrio como con la chica o chico de otro (de otro barrio, quiero decir) que acabas de conocer.

(La fascinación amorosa nos puede llevar a cambiar incluso de entonación, fuerza de voz y a esforzarnos por mejorar nuestra capacidad de expresión. Casi como si fuera “otro” idioma.)

El especialista, profesional o académico de cualquier rama no habla con sus colegas como con su abuelita ni con la gente con la que juega fútbol o sale de copas.

Pero, como en la música, si quieres aprender una canción, primero tienes que hartarte de escucharla. Y si has aprendido a cantarla, es que la has practicado (sin habértelo propuesto, por lo general) hasta la saciedad.

Opino que con mucho trabajo divertido se puede llegar a aprender cualquier idioma.

El interés disponible es la primera piedra y también el combustible, claro está.

Entre mis sueños está el de llegar a un país extraño en idioma y en casi todo.

China, por ejemplo (aunque no me atrae nada). O Grecia.

Y, suponiendo que no tenga que morirme de hambre y tenga donde dormir, dedicarme solo a escuchar y aprender el idioma.

En la calle, en los restaurantes y negocios, en reuniones y en contacto con los medios de comunicación; como un aventurero, como quien dice.

(Me imagino que para el chino como idioma, necesitaría más de los tres meses que necesité para el francés y el italiano, hasta que dejaron de ser un flujo continuo de sonidos y pasaron a separarse en grupos cada vez más definidos y empecé a reconocerlos como palabras independientes.)

Pero me interesaría el reto.

Me pasaría unos dos meses solo escuchando y aventurándome al comienzo a repetir los sonidos más fáciles. Luego me pasaría unos dos meses más hablando como un loro para practicar los demás.

No usaría jamás otro idioma para ayudarme a hacerme entender: ni el inglés ni el mío propio.

En la enseñanza tradicional comercial de idiomas (aquella entendida y ya establecida como un negocio y no como un intento serio de aprender un idioma foráneo) se hacía y se sigue haciendo todo al revés.

Se pretende que el alumno empiece a hablar desde el primer día, palabras y sonidos a los que su aparato fonador no está acostumbrado ni conoce.

(Un buen profesor escogería las palabras más parecidas al del idioma del aprendiz para empezar.)

Y se pretende que el novato aprenda primero la gramática.

Cuando es demasiado tarde, el alumno ya perdió el interés por el idioma y este se ha vuelto una carga académica y no una herramienta de comunicación con todo lo interesante que esto puede significar.

¿Y SI TUVIÉRAMOS QUE APRENDER A HABLAR RECIÉN A LOS 10 AÑOS?

Si tuviéramos que aprender nuestra primera lengua (la que llamamos ‘materna’, sin que esto tenga que ser necesariamente así, póngase el caso de los niños adoptados, por ejemplo)  a una edad “más avanzada” tendríamos grandes problemas para aprenderla y aprehenderla.

Aunque no existen grandes estudios al respecto, puesto que los casos conocidos son muy escasos, parece ser que los niños que han tenido que crecer aislados de la civilización –muchas veces en compañía y hasta, incluso, criados por animales- nunca llegan a dominar ningún idioma.

Ni siquiera el que tendría que haber sido el suyo “propio”, sea por razones geográficas o familiares.

Aunque no he podido encontrar ninguna fuente, estudio o investigación confiable, doy por plausible la suposición de que los doce años es la edad que marca el “umbral superior” para el aprendizaje de la primera lengua.

Quiero decir que traspasada esa edad, un niño que no ha aprendido a hablar ningún idioma no conseguirá dominar alguno nunca.

Por los casos documentados de lo que podemos llamar agudo aislamiento e incomunicación infantil, los afectados apenas llegan a expresarse con grandes limitaciones, después de su reinserción social, en la que debía haber sido su lengua propia.

Menciono todo esto por los puntos que nos interesan en el tema de aprender un nuevo idioma.

Parece razonable suponer que todo niño puede aprender con relativa facilidad –y dadas ciertas condiciones como la posibilidad de jugar y escuchar en ellos- uno o más idiomas hasta los doce años.

Por simple experiencia me atrevo afirmo que esa capacidad va disminuyendo hasta casi atrofiarse alrededor de los 18-20 años.

Lo cual no significa que a partir de esa edad no se pueda aprender ningún nuevo idioma, simplemente que, en quien lo haga, “se notará más” que no es su idioma principal.

(El reciente caso de la joven austriaca que vivió secuestrada por su propio padre, el electricista Josef Fritzl, es diferente, porque si bien vivió más o menos completamente aislada, no lo hizo en un régimen de incomunicación, puesto que tenía contacto con su padre y tenía un televisor en su covacha y zulo.)

Por lo visto, solo si se escucha (bien) se puede aprender a hablar.

Está comprobado que los bebés que nacen con atrofias o malformaciones en el oído, pueden tener graves problemas para aprender a hablar, dependiendo del grado de su afección.

De hecho, esos bebés se han perdido nueve meses de práctica auditiva, lo que los hace llegar al mundo con una gran desventaja que puede influir en toda su vida y en su desarrollo integral como persona.

Como las conexiones nerviosas entre el oído interno y el centro del lenguaje en el cerebro terminan de formarse en los dos primeros años de vida (extrauterina), si no se ha detectado a tiempo alguna malformación o atrofia, esto puede influir para siempre en el desarrollo de una persona. Además de ser algo que no es posible corregir por medio de una operación o una prótesis.

LA VERGÜENZA: UNO DE LOS INHIBIDORES MÁS PODEROSOS

El bebé no se avergüenza de hablar como habla.

Sobre todo porque aunque diga bapá, maná, pam para referirse a papá, mamá y pan, respectivamente, recibirá aplausos de sus progenitores, de los abuelos e, incluso, de los vecinos.

Así deberíamos aprender un nuevo idioma.

Equivocándonos al jugar con las palabras, riéndonos, imitando, volviendo a escuchar y simplemente oír y no prestando (demasiada) atención a nuestros errores sino a nuestros progresos.

Lamentablemente, no estamos preparados culturamente para ello.

La educación formal estatal de más o menos cualquier país del planeta está contaminada de antiguos vicios y errores que la lastran.

Sin que el hecho de conocerlos, sirva para hacerlos desaparecer.

Para poner un solo ejemplo.

La psicología moderna advierte que se aprende más por “premiación” que por “represión”, sin embargo, lo que prevalece en las pruebas y exámenes escolares es la búsqueda, represión y reprensión de los errores.

(Aquí en Alemania se ha dado un gran paso al permitir que en el primer año escolar no se usen notas calificatorias. Todos los niños pasan simplemente de año.)

De tal manera que desde muy pequeños estamos acostumbrados a concentrarnos en evitar cometer errores en el aprendizaje de cualquier materia y no en aumentar nuestro caudal cognitivo y nuestra práctica en ella.

Esta actitud es fatal en el aprendizaje de lenguas.

Crecemos con un temor a equivocarnos, azuzado por la escuela, los maestros, profesores y la misma familia.

Porque el que desea hablar un nuevo idioma y apenas lo practica (por temor a equivocarse), obviamente, estará en gran desventaja respecto a los que sí han tenido la oportunidad de hacerlo.

Quien quiere aprender a jugar fútbol o a bailar no puede hacerlo, sencillamente, sentado.

SOMOS APRENDICES NATOS

Salvo por malformaciones o atrofias fisiológicas, todo ser humano aprende su lenga (absolutamente) sin problemas.

No solo estamos premunidos de un aparato fonador y las correspondientes funciones cerebrales, también lo estamos de un excelente “aparato” de aprendizaje.

Opino que toda persona es capaz de aprender cinco o diez idiomas, manejar (o conducir) un avión, un cohete interespacial y construir una casa.

Si se lo propusiera.

Y tuviera acceso relativamente sencillo a los medios para conseguirlo.

Nuestra condición humana nos permite a africanos, anglosajones, latinoamericanos, asiáticos o árabes, judíos o alemanes, argentinos o esquimales, mucho más de lo que nos creemos capaces y la enseñanza tradicional nos hace creer.

Relataré en las siguientes líneas mis experiencias con los idiomas.

De cómo llegué a pensar que nunca aprendería alemán cuando tenía unos veinte años y de cómo, mucho tiempo después, a pesar de vivir en Alemania la misma cantidad de años, y de hablar, leer y escribir alemán, sigo con la sensación de no haber dado grandes pasos.

De cómo, sin embargo, a pesar de no haber estado jamás en Italia, puedo hacerme pasar por italiano con los mismos italianos. (Con grandes limitaciones, se entiende; pero mis conocimientos me pueden alcanzar para varios minutos de conversación hasta que se descubra el “engaño”.)

De cómo me sucede algo parecido pero en menor medida con el francés, a pesar de haber vivido allí solo cuatro meses y haberme pasado casi tres sin decir apenas una palabra en ese idioma.

Y de cómo me he sorprendido a mí mismo no hace mucho rescatando mi inglés (que creía frustrado como idioma bien aprendido por la dificultad para perder el acento), usando el método de la imitación.

PARÍS

Llegué a París sin saber más de tres o cinco palabras en francés.

Una de las primeras sorpresas fue descubrir que los franceses solo hablaban (¿habrá cambiado algo?) francés. Es decir, que mi inglés y mi alemán no me servían prácticamente para nada.

La lección me la dio un empleado bancario, un cajero, al querer hacer una transferencia bancaria hablándole en inglés.

-No le entiendo, señor. Por favor, el siguiente -me dijo, debo suponer, en su idioma.

-¿Y castellano? -le pregunté, en castellano, completamente aterrorizado porque aunque no le había entendido lo que me había dicho, su gesto con la mano indicaba claramente su intención.

Continúa…

HjorgeV 10.11.2009


CÓMO APRENDER UN IDIOMA (II)

7 Noviembre 2009

Exageré notablemente en mi entrada anterior, con el fin de dejar clara mi intención:

Para poder aprender un idioma deberíamos retomar estrategias y usos de los niños pequeños.

Ellos son gente que sin “profesores” (empezando por su madre y su padre, todas las personas que entran en contacto verbal con un niño, en realidad, lo son), sin libros, apuntes, grabaciones ni grandes esfuerzos aprenden cualquier idioma.

Recomiendo, por lo tanto:

→ En una fase inicial, jugar sin miedo con las nuevas palabras. Saber que al comienzo las pronunciaremos mal y que eso forma parte natural del aprendizaje.

→ Recuerde que los bebés al nacer llevan varios meses de “incógnito” escuchando los sonidos y las palabras de su entorno. Hasta que un infante empieza a hablar transcurren varios meses más, que se suman a ese periodo de solo dedicarse a escuchar.

→ Tenemos una ventaja y una desventaja respecto a los niños que aprenden a hablar. La ventaja es que nuestro aparato fonador ya está completamente desarrollado.

→ Pero esa también es la desventaja: nos sirve poco o menos para ciertos idiomas (aquellos con sonidos muy diferentes a los nuestros).

→ Los bebés no se avergüenzan de de cometer errores al practicar. Al contrario, cualquier esfuerzo es alabado por sus progenitores y la gente de su entorno.

→ Los niños aprenden sobre todo por imitación.

→ Los niños empiezan por las cosas más sencillas y con el tiempo su lenguaje se vuelve más complejo. Al final, un adulto puede crear un número ilimitado de comunicaciones a partir de un número finito de elementos (lingüísticos).

¿Por qué aconsejar imitar a los niños en este asunto de aprender un nuevo idioma?

Porque la enseñanza tradicional de una lengua está plagada de una serie de errores, vicios y manías que, en vez de facilitar el aprendizaje, lo dificultan.

Para empezar, cualquier aprendizaje de un nuevo idioma debería estar precedido de lo que me permito llamar Fase de Inmersión Acústica.

Lo digo partiendo de mi experiencia.

¿En qué consiste?

FASE DE INMERSIÓN ACÚSTICA

En familiarizarse lo más posible con la lengua a aprender: escuchando la radio, viendo videos o televisión, escuchando discos y la mayor cantidad posible de personas en el idioma a aprender.

Aquí está el primer gran defecto del aprendizaje tradicional: la única referencia que tiene el aprendiz es la voz del profesor o profesora.

Como somos seres que hemos aprendido inicialmente casi todo por imitación, no solo es algo (una capacidad) que llevamos dentro y que probablemente perdemos recién al morir, también solamente escuchando se va despertando nuestro instinto imitador.

(Los imitadores profesionales se pasan horas de horas escuchando una y otra vez a los que desean imitar. Con el tiempo adquieren práctica y experiencia, y les cuesta cada vez menos, obviamente.)

Antes de pasar a exponer en qué me baso para aconsejar esta primera fase (aprendí el inglés y el alemán tradicionalmente, sin embargo, casualmente, aprendí algo de francés, más o menos bien el italiano y un poco de portugués pasando por una fase de inmersión acústica inicial y me resultó más fácil que aprender las dos primeras lenguas) es importante hacer una diferenciación vital.

Aprender una lengua no significa dominar su teoría gramatical. Es decir:

APRENDER UN IDIOMA NO EQUIVALE A ESTUDIARLO

Aprender una lengua no es estudiarla.

Cualquier persona del mundo domina su propio idioma.

Sin haberlo estudiado.

Sin poder –necesariamente- explicar ni entender sus reglas gramaticales..

Mil millones de chinos nos demuestran que no debe ser difícil aprender el chino.

Sin embargo, perviven ciertas falsas creencias.

Tomemos un ejemplo de la Wikipedia sobre el tema (“Cómo aprender lenguas”):

“En resumen, para la adquisición de un idioma, el estudiante o hablante requiere entrenarse en la adquisición de las cuatro estrategias língúísticas que estructuran el dominio de una lengua: escucha, habla, lectura y escritura.”

Un niño de cinco años, por ejemplo, ha “adquirido” su idioma y, sin embargo, por lo general no sabe escribir ni leer.

Este es un claro ejemplo de cómo sigue vigente la enseñanza tradicional: el creer que “adquirir” o saber un nuevo idioma equivale a dominarlo en todos sus aspectos o estrategias lingüísticas.

Por supuesto que al intentar aprender una nueva lengua es deseable terminar no solo entendiéndola y hablándola, sino también sabiendo leer y escribir en ella.

Sin embargo, muchas veces se invierte la lógica del aprendizaje y se insiste en enseñar primero lo que es secundario (a leer y escribir) echando a perder el todo, la meta principal: poder comunicarse con otras personas en la nueva lengua en cuestión.

Justamente lo contrario del “método natural” de todo bebé y niño de este planeta.

¿O qué niño aprende primero a escribir antes que a hablar?

De allí mi insistencia en aprender de ellos, de los infantes.

Si continuamos con el ejemplo tomado, podremos leer:

“Con el dominio de la lecto-escritura, se estima que ya el hablante está capacitado para la adquisición de las reglas gramaticales de dicha lengua, que le permitirán conversar, leer y escribir con ciertos niveles de corrección en el marco de la lingüística.”

Gran falsedad.

Los niños, ya a los pocos años de edad, dominan el uso de todas las reglas gramaticales, incluso antes de saber leer y escribir y antes de entenderlas como tal.

De hecho, un analfabeto en cualquier lengua, puede desenvolverse escuchándola y hablándola a la perfección.

Y la mayoría de personas apenas conocemos las reglas elementales de la gramática de nuestros respectivos idiomas, salvo por interés o necesidad profesional.

Sin embargo, ese es uno de los pilares de la enseñanza tradicional: se invierte el orden natural del aprendizaje y se empieza con la enseñanza de la llamada lecto-escritura.

En la próxima entrada de esta bitácora, expondré mi propia experiencia con las lenguas que aprendí tradicionalmente (inglés y alemán) y con las que tuve la suerte de hacerlo de una manera casi natural (francés, italiano, portugués).

Parto de las siguientes convicciones, basadas en mi experiencia y la observación, tanto propias como ajenas:

  1. Toda persona es capaz de aprender uno o varios nuevos idiomas. Independientemente de su procedencia geográfica, social y cultural.
  2. A mayor número de idiomas, aumenta la facilidad para aprender más aún.
  3. Es mejor concentrarse en métodos autodidactas que en los de la enseñanza tradicional.
  4. En la imitación (de sonidos, expresiones, formas y estilos de hablar) es la clave.

Si se fijan bien, salvo en el segundo punto, todos los demás son aplicables a cualquier bebé o niño de este planeta.

Continúa…

HjorgeV 07.11.2009


CÓMO APRENDER UN IDIOMA

5 Noviembre 2009

Para aprender un idioma como el chino, el ruso o el griego, diría un chistoso, basta nacer.

En China, Rusia o Grecia.

Un extraterrestre despistado (cualquiera que se acercara a la Tierra lo sería) diría que el chino mandarín es el idioma más fácil de aprender del planeta.

Porque es el que más personas lo han aprendido.

Poco menos de un millardo -unas 874.000.000 personas- lo hablan en el mundo.

En la lista de idiomas “más fáciles” seguiría el nuestro, con unos 358.000.000 hablantes. Solo recién vendría el inglés, con unos pocos menos: 341.000.000.

¿Desea aprender un nuevo idioma, muy diferente de su idioma principal?

¿Por qué tendría que ser difícil?

¡Hay más de 6.000 para escoger en el mundo!

Permítame presentarle mi primer método, especial para principiantes:

Conviértase en un bebé.

Sí: (a) hable como un bebé, (b) piense como un bebé y (c) compórtese como un bebé en o con su nuevo idioma.

HABLE COMO UN BEBÉ

¿Cómo hablan los bebés el idioma de su madre, de su hogar, de su entorno más cercano?

Al comienzo no lo hablan.

¿Ve que no es difícil mi método para empezar?

Pero, espere. Allí no queda la cosa.

Comencemos.

¿Sabe algunas palabras en el idioma que desea aprender?

¿Sí?

Olvídelas.

Sí.

Por un momento o por un par de días, pero olvídelas.

Escoja, en cambio, un par de vocablos que desconozca y pruebe a decirlos como un bebé: no tenga miedo a hacerlo.

Exactamente como los bebés.

Juegue con las palabras en su boca. Defórmelas. Tritúrelas. Chúpelas. Con una sonrisa en la boca. Babee. No se preocupe, usted está probando su aparato fonador. Como un bebé.

Pronuncie más palabras. No tengo miedo ni vergüenza de hacerlo mal. Use un babero si siente algún prurito ético.

Si alguien se ríe al escucharlo, dígale que es muy negativo reírse de los bebés que cometen errores al hablar.

Ponga cara de bebé molesto al decirlo.

(Si usted es un experto en informática o un investigador privado, consígase los videos de sus críticos cuando eran unos bebés. Extorsiónelos. Sáqueles una buena pasta. Tal vez después de volverse millonario por ese camino se dé cuenta de que ya no le interesa aprender un nuevo idioma.)

Continuemos.

PIENSE COMO UN BEBÉ

Cuando un bebé argentino, hondureño o español quiere decir mamá, papá o cigarrillo (dado el caso), ¿acaso piensa cómo se dice mamá, papá o cigarrillo en otra lengua?

¿Cómo, si no tiene otro idioma?

Eso mismo haga usted.

Intuya, imagínese, barrunte, asocie mentalmente con objetos o personas las palabras que ha escogido en el nuevo idioma, pero no les busque el equivalente en su idioma.

(Algunos pegan papelitos en las cosas, pero tuve un amigo que empezó poniéndole un papelito en la frente a su novia alemana y, bueno, sí, ya saben. Porque las alemanas también tienen su pudor y no les gusta que les pongan cartelitos en cualquier parte. )

Olvídese de su idioma principal. No piense en él.

Pero sí en sus objetivos:

¿Usted quiere aprender un nuevo idioma o quiere trabajar de traductor?

COMPÓRTESE COMO UN BEBÉ

Cuando un bebé está empezando y probando a hablar no se preocupa por el papelón que hará ni por lo que pensarán los vecinos, la novia ni el jefe.

El bebé habla y se pasa el mundo por, digamos, el pañal.

¿No ha visto que cuando dice mapi, maá, amá o amama (o incluso cuando bala como un carnero) en vez de decir la simple palabra mamá, hasta se lo celebran y lo llenan de mimos y le dan más leche?

¡Haga usted lo mismo!

O algo parecido.

Si alguien se burla de sus ejercicios en su nuevo idioma, mándese un berrinche del carajo, patalee y al final exija que le den de comer.

O por lo menos de beber. (De paso, le estoy dejando un buen pretexto.)

¿No le hacen caso?

Por lo menos duérmase profundamente como un bebé sin responsabilidades ni prejuicios.

Piense que el día siguiente lo espera para continuar con sus ejercicios guturales.

 

Continúa…

HjorgeV 05.11.2009


PUTO SEGUNDO

3 Noviembre 2009

 

escribir como los antiguos

escribir sin tarjetas en los

bolsillos ni cuentas

numerarias

 

escribir sin una red al frente

ni otra debajo de tus pies

por si llegaras a caerte de alguna línea

que traza tu dedo

en la pantalla de tu realidad

 

escribir como los antiguos

como el primero

que sintió el estallido de una luz

provocada por el

genio de la palabra en su

mente

 

escribir

sin embargo

perdido en tu cueva

con la absoluta conciencia

de no haberle ganado ni un solo

puto Segundo

al vano Tiempo en tu

ejercicio

 

 

HjorgeV 03.11.09


JUAN JOSÉ CAMPANELLA: EL SECRETO DE SUS OJOS (2009)

1 Noviembre 2009

El peor destino de una obra de arte.

Lo peor que le puede pasar a un poema, a una novela, a un cuadro o a una película.

Es la indiferencia.

Algo parecido sucede con el amor y las amistades profundas: “Puedes olvidarme, pero, por favor, no me confundas con otra persona”.

Me acabo de enterar (la desventaja de vivir en un pueblucho semirrural de las afueras de Colonia) gracias a la Red (la ventaja de vivir conectado), aunque con varias semanas de pecaminoso atraso, que Juan José Campanella ha estrenado nueva película tras El hijo de la novia (2001) y Luna de Avellaneda (2004).

Se trata de El secreto de sus ojos, una historia basada en la novela La pregunta de sus ojos, del escritor argentino Eduardo Sacheri, con quien Campanella ha escrito también el guión.

(Me ocuparé de ambos autores en esta bitácora en las próximas entradas.)

Por lo que he podido entender, la trama es la siguiente.

Benjamín Espósito (Ricardo Darín), un empleadito de juzgado penal que acaba de jubilarse, pretende cumplir el sueño de su vida: escribir una novela basada en un hecho real del que ha sido testigo y protagonista.

Se trata del caso –juzgado, pero no resuelto- de un asesinato ocurrido en 1974, poco antes del inicio de la dictadura militar en la Argentina.

Espósito escribe, sin querer reconocerlo del todo, para una mujer que ama en secreto y que ha compartido con él esa historia.

Su ejercicio de escritura, que es también el de la memoria y un revolver en el fango del pasado, termina despertando fuerzas y personajes que se resisten al descubrimiento de la verdad y sus consecuencias.

Pero todo esto ya no puede detener a Espósito en su empresa, para quien, descubrir la verdad, forma parte indesligable del proceso de llegar a comprenderse a sí mismo y enfrentarse a la mujer que ama.

Debo confesar que solo la banda sonora del avance de El secreto de sus ojos ha despertado en el cinéfilo que llevo dentro, el deseo imperante de visitar un cine para ver esta película ambientada en los años setenta.

(La música de Federico Jusid me ha hecho recordar de paso, sin que esto signifique nada negativo sino al contrario, la que Antonioni utilizó para su Muerte en Venecia: el Adagietto de la 5ª Sinfonía de Gustav Mahler.)

También me ha despertado el deseo de comprender los momentos previos al paso de la Argentina a la época más tenebrosa de su historia reciente.

Me imagino que la película es un ejemplo de corporización de esa honda e inhumana sed de justicia que debe acompañar a muchos argentinos desde entonces, en un país marcado no solo por los crímenes impunes de la dictadura militar sino también –más grave, acaso, y complejo-  por las contradicciones de una sociedad que permitió el horror de los militares golpistas y que luego ayudó a tratar de traslapar.

Sin haber visto El secreto de sus ojos (ahora también comento películas que no he visto), leer sobre lo que otra gente ha escrito sobre ella me ha deparado un placer interesantísimo, asaz satisfactorio.

Baste como ejemplo extremo la reseña de un crítico argentino de cine en la que declara haber abandonado la sala puteando de indignación.

Al margen de si su argumentación (verla aquí bajo el título “Los dilemas de un crítico” de Leonardo D’Espósito), vista como crítica cinematográfica, sea correcta o válida, o no: ya quisiera cualquier cineasta con sus obras hacer olvidar al espectador (incluso al más especializado, ¡qué más querría!) que sigue en su mundo real, que no ha abandonado su butaca para nada y que los profundos estados anímicos provocados visualmente, son pura fantasía de su mente.

El mencionado crítico de cine (“Pánfilo” le diría la protagonista de la película, un vocablo de aquella época que llegó a usarse incluso en mi país, a medio camino entre el insulto y el cariño) tiene que haberse “creído” la historia primero –haberla sentido como real- para reaccionar de esa manera (¿quién sale puteando a viva voz de una sala de cine si no es porque le han derramado medio litro de cerveza, una bolsa gigante de cancha -rosetas de maíz- o media botella de ketchup encima?), algo que ya habla mares de la película.

(Leo, de paso, en la prensa alemana, que Campanella “ha logrado un filme tanto pesado como ligero” así como ” empacar una historia de amor dentro de una película de intriga judicial y enriquecer todo con elementos comiquísimos de sátira oficinista”. Estos alemanes. Los especialistas del etiqueteo, me digo.)

Por lo demás, un conocido mío, conocido también por ser poco dado a compartir sus cosas, me ha propuesto hacerme el favor de copiármela, algo inaudito en él.

Como soy de los que prefieren la pantalla (madre) del cinematógrafo para las buenas películas, solo me queda aguardar (im)pacientemente.

Me deleito, mientras, ingresando cada tanto al sitio oficial de El secreto de sus ojos, recomendable en más de un sentido y que espero no deje indiferente a ninguno de sus visitantes.

HjorgeV 01.11.2009


STIEG LARSSON: MILLENNIUM I (La película)

29 Octubre 2009

LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES

Sin habérmelo propuesto, terminé, un día del fin de semana que pasó, en una cómoda butaca del mayor cine colonés frente a la versión cinematográfica del libro que más me ha conmocionado en los últimos años.

Imagínense, por un momento, por favor, que van a acudir a una cita.

Que saben que no van a encontrarse con la persona u objeto (en este caso) que desean, pero esperan que el sucedáneo no los decepcione.

Sin embargo, eso es lo que me ha sucedido.

Mas, ¿cómo reclamar lo imposible?

Empecemos por lo más obvio de la película Los hombres que no amaban a las mujeres, basada en la novela homónima, primera de la trilogía Millennium del escritor sueco Stieg Larsson, fallecido en el 2004.

Para empezar, toda adaptación de una obra a cualquier otro género siempre se puede ver como un compendio de traiciones.

Por defecto u omisión. Y por exceso.

En toda adaptación ambos extremos son siempre posibles.

En este particular caso, me he quedado, además, con una gran duda.

¿Leyó el director de la película, Niels Arden Oplev, la obra original o solo el guión de Rasmus Heisterberg y Nicolaj Arcel?

No es una broma mi pregunta.

A pesar de que las dos historias principales de la primera novela de Larsson (la historia del periodista que habiendo perdido un juicio por difamación acepta sumergerse en la investigación de una antigua desaparición, y la historia de la joven hacker Lisa Salander que termina fundiéndose con la primera) han sido mayormente respetadas como núcleos, el argumento ha sido trastocado de tal manera que podría pensarse que el director no conocía la obra original.

La otra posibilidad sería que lo hizo adrede, con el claro objetivo mercadotécnico de enmarcar la película dentro del paquete de los thrillers de moda.

Para conseguirlo, tuvo que mutilar el argumento de diversas formas.

Obviamente, con el fin de ganar –primero- en agilidad, puesto que no se puede esperar condensar más de 700 páginas en el centenar y medio de minutos que dura la película.

En la novela, Mikael Blomqvist es un tipo íntegro, del que Salander, una frágil mujer con problemas para relacionarse con los demás (y acaso porque es el primer hombre que no la acosa ni espera nada de ella), termina enamorándose de él.

En la versión cinematográfica, Blomkvist es un tipo con pinta de camionero (suceo) que parece haber sido convencido para rodar una película camino de la panadería un domingo temprano por la mañana. (Con todo lo bueno y lo malo que eso podría significar. Ojo. Domingo temprano por la mañana, vamos.)

Luego, la película obvia dos puntos que en la novela terminan dándole peso y credibilidad al argumento.

  1. Desaparece la relación libertina de Blomkvist con la co-editora de la revista Millennium, Erika Berger, quedando reducida su relación a dos cortísimas secuencias de corte laboral.
  2. No existe más el pretexto (escribir su biografía oficial) que le ofrece Henrik Vanger al periodista Blomqvist para que pueda ocuparse más discretamente de la desaparición de su sobrina Vanger sin despertar sospechas.

Estos son dos ejemplos entre varios más, con los que la película gana así en soltura tras librarse de cierto lastre.

Sin embargo, las mismas cargas que el director de la película obvia por considerarlas solo como parte del peso, son las que en la novela se encargan de darle a la historia el equilibrio y la distribución necesaria de pesos, fuerzas y medidas.

El problema no es desconocido.

Cada quien interpreta las cosas a su manera, eso lo sabemos.

Pero también, además, está la cuestión de los objetivos de esa interpretación y estos tienen que haber sido casi exclusivamente comerciales en este caso.

De otra forma uno no se puede explicar cómo una buena historia como esta, termina convirtiéndose en una película que intenta vivir y sobresalir por su regodeo en imágenes fuertes y macabras, absolutamente secundarias en el original.

Es el morbo que vende. Imágenes fotográficas de cuerpos vejados y humillados hasta en la muerte.

Morbo (vendedor) innecesario en este caso, porque bastaría que un pequeño porcentaje de los lectores de la novela acudiera al cine a ver su adaptación para garantizar el éxito pecuniario de la película.

Aunque está de más decirlo, justamente las novelas de Larsson son un alegato contra la búsqueda obsesiva del cada-vez-más en el comercio, en los negocios y en casi todas las actividades de la vida.

Por otra parte, el filme propone una alteración del original que puede haber gustado a más de uno e irritado a otros (me cuento entre los últimos): Lisbeth Salander ha ganado peso y músculos en la película.

Ya no tiene los poco más de cuarenta kilos de la novela y es una mujer normalmente atractiva. Acaso más que eso.

Como si al escribir las historias de Pippi Mediaslargas (Calzaslargas en España, el personaje en el que se basó Stieg Larsson para crear a su hackera punk), Astrid Lindgren hubiera pensado en una mercenaria ninja y no en una muchacha rebelde y contestataria, pero de apariencia frágil.

En fin.

¿Si hubiera sabido todo esto, habría ido a ver igual la película?

Seguro que sí.

Por más que me haya quedado el resabio de la imagen de un automóvil moderno, veloz y brillante, pero que no sabe adónde va. (Metáfora esta que es, lo noto ahora, la de la vida de más de uno.)

(De paso, leo con cierta preocupación que el material para las dos siguientes partes fue grabado mientras se hacía la primera.)

Para terminar, agradezco una magia.

La debida a la excelente fotografía de Eric Kress de esta regular película sueca.

Me sucedió que, al salir del cinema (y como en las películas de mi adolescencia y de mi niñez que no perdían su poder al bajarse el telón), la noche ambiental de Colonia se había convertido en holmiense.

Es decir, en una noche de Estocolmo.

 

HjorgeV 29-10-2009


LA HIERBA QUE REZUMA DE MI CUERPO (Poema)

27 Octubre 2009

 

La hierba que rezuma de mi cuerpo.

La canción que muere

cada tres minutos en mi vientre.

Las fuerzas del payaso de

mi tórax.

 

Hay días en los que no alcanzo a

ser lo que dicta el calendario.

Días en los que perdería la memoria y

la capacidad de indignación para

ser un pato cualquiera.

 

Días que me pasaría solo con

una escoba jugando

a volver a ser

un niño.

Y que un desamparado cualquiera me ofreciera su ayuda.

 

Sin condiciones.

Sin exigir una sonrisa siquiera.

 

 

HjorgeV 27-10-2009


INVERNAL (Poema)

24 Octubre 2009

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No adepto

Soy nieve

Piso tierra con mis manos

De mis brazos nacen árboles que

salen a enfrentar tormentas

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No aperco

Perpetúo socorro

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Dilemo las cosas buenas

En ácido las razones de todo

Languido, por tanto

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Repósome luego en una duda

Como el vagabundo en su almohada callejera de

simple papel

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No reducto ni invoco

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El panteón de las cosas vacías

Es tan tierno como el beso

de un hijo nonato

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No yedro

No cumbico

Arrostro el corazón mío

Liberto en la materia del paisaje abierto:

$…..Soledad:

Blancura  primigenia colmada de

tardanzas que duelen

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Oh, invierno: espacio que arrullas

tu propio vacío blanco

Colgado entre costilla y costilla

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HjorgeV 24-10-2009


YAN LIANKE: EL SUEÑO DE MI ABUELO

22 Octubre 2009

Me fascina la gente que sabe mucho sobre la vida.

Sobre todo, esa que no duda en insuflarte con cierta exquisitez su bendito saber sin que se lo hayas pedido.

Esa gente, se detiene lo justo en tus logros (para que no vayas a creer que no te aprecia, pero espérate), y luego pasa con prisa inhumana a lo que los alienta y les permite respirar hondo de cara al futuro.

A saber, cómo deberías llevar tu vida, cómo mejorarla, qué deberías hacer para ser finalmente feliz y exitoso. Sobre todo, lo último.

Conozco a varias personas así.

Por lo general, se trata de divorciados, gente que se pasa la vida buscando la pareja ideal, solteros empedernidos, personas que no saben qué hacer con su dinero ni su futuro, o de gente que, viviendo en compañía, no parece soportarla un día más.

Por suerte para esa gente, estás tú.

Tú y tu vida, tan diferentes de lo que se imagina para ti.

Tú estás para clavarte sus consejos.

Para hacerte escuchar sus geniales planes (con tu vida).

He recordado a esa gente leyendo sobre un autor chino a quien se le negó la salida de su país para poder asistir a la reciente Feria de Fráncfort.

(Como el chino en cuestión no es cubano, el pobre, el asunto pasó sin mucha pena ni gloria por los medios de comunicación.)

El gobierno chino se porta con Yan Lianke como la gente de arriba: le indica cómo tiene que vivir.

Como la vida de Yan Lianke es la escritura, el Estado le quiere señalar cómo tiene que escribir.

Lianke es rebelde, empero. O singular.

Escribe lo que quiere.

Aunque eso le cueste perderse un viaje a Fráncfor, con todas las de ley (léase ‘comodidades’), se entiende.

Y parece ser un autor interesantísimo.

No he leído una sola línea de su obra.

(Esta bitácora podría hacerse famosa por comentar libros aún no leídos. De hecho, ya he comentado libros que no había terminado de leer o apenas había empezado.) (Mi pequeño y particular aporte a la innovación en la economía de mercado.)

Yan Lianke (Henan, China, 1958) dejó la escuela a los 16, escapando del hambre de su familia, y se dedicó a trabajar como jornalero migrante.

A los 20 entra al ejército y se inicia para él una nueva vida, como salida de la nada: la de escritor a sueldo del Estado.

Sin poder creérselo, escribe de todo -panfletos, volantes, propaganda, programas culturales, noticias- y en 1979 empieza a escribir novelas.

Con su obra, cada vez más proliferante, gana premios y amplía su campo de acción a la propaganda monopartidaria tras su entrada al Partido Comunista Chino.

Entonces, a la edad de Julio Iglesias (perdón, de Cristo, que, para algunos, debe ser lo mismo), a los 33 añísimos, una hernia discal lo postra 3 añitos en la cama.

De pronto, zas, el mundo que se le ha venido abajo –por lo menos a la altura de su lecho-, pierde también todo su sentido. Y, con él, todo lo que hasta ese momento ha escrito.

Yan Lianke se asquea de sí mismo y toma entonces la decisión de su vida.

Quiere convertirse en un escritor de verdad.

“Cuando se escribe yaciente”, es suya la frase, “entonces ya no se escribe por dinero”.

Su primer libro de su segunda vida fue inmediatamente prohibido por su postura antibélica.

Luego escribió novelas sobre la Revolución Cultural y una parábola política sobre Marx, Engels y Lenin, que también fueron rápidamente prohibidas.

Recién con una novela pueblerina, Los rayos del sol corren por los años, pudo repetir el éxito que conocía de su primera vida.

Pero entonces, como quien no ha aprendido la lección que dicta el Partido, Lianke empieza a escribir sobre un tema tabú, sobre el que los demás intelectuales chinos han callado.

Se trata de un escándalo que el gobierno chino hasta ahora no desea reconocer (de allí la censura), porque eso implicaría desvelar su postura frente a Occidente (el sida, símbolo de decadencia occidental no podía existir en China) y que existe corrupción generalizada en el país.

La historia es singular.

El gobierno anima a toda una provincia a mejorar su nivel de vida vendiendo su sangre. El encargado del negocio, y representante de la autoridad central, se enriquece y todo parece ir viento en popa, hasta que empiezan a aparecer las primera víctimas.

Las que llegan a sumar un millón de campesinos afectados de sida.

El sucio negocio de la sangre, ese podría haber sido el título de la novela.

¿Quién escribe una novela triste sobre tan triste tema?

Yan Lianke.

Tal vez porque se sentía en deuda con su provincia de origen o, simplemente, porque sí, escribió la historia de los enfermos de sida de un pueblo que se reúnen a morir en una escuela abandonada.

Hay  un absurdo negocio matrimonial entre finados. Hay una comunidad que, sabiéndose muerta oficialmente, se resiste a dejar de gozar los placeres a los que todavía tiene acceso, incluidos los sexuales.

En el epílogo, Yan Lianke se disculpa porque su libro no contiene nada de la alegría que nuestro mundo puede ofrecer. En cambio, mucho de dolor ingente.

¿Esto es todo?

¿La triste historia de un escritor chino que escribe una triste novela sobre un triste tema y acaba siendo censurado por su gobierno?

No.

Lianke es conocido por su vena satírica. La misma que ha provocado la censura de muchos de sus libros.

Al parecer, El sueño de mi abuelo, no se salva de esa vena.

El estilo de la novela, “una lograda síntesis de realismo naíf, de grotesco punzante y moderna laconía”, no tendría parangón en la literatura china ni en la occidental, nos dice la autora del artículo que me ha llevado a estas líneas.

Por otras reseñas me entero de que la historia está contada desde la perspectiva –omniscia y ubicua- de un niño muerto: el hijo del jefe del cruento negocio, asesinado en venganza por la epidemia promovida (promomuerta) por su padre.

La voz del niño de doce años, que cuenta la historia del pueblo en forma de sueños y desde la tumba de su abuelo (de allí el título, por lo menos en la versión alemana), esa es la sencilla voz de la novela.

Tratar con cierto estilo satírico un tema así y, además, vetado por los mandarines, habla de la determinación de Yan Lianke como –verdadero- escritor.

Uno al que su Estado ha intentado decirle cómo tiene que vivir su vida, es decir cómo no tiene que escribir sus libros.

Pero no puede impedir que Lianke quiera escribirlos a su manera.

Ni influir en cómo le salen.

Si no me equivoco, la única obra suya disponible en castellano es Servir al pueblo, publicada por la editorial española Maeva el año pasado, 2008.

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HjorgeV 22-10-2009

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Fuentes:

http://www.hr-online.de/website/rubriken/kultur/index.jsp?rubrik=42840&key=standard_rezension_37779798

http://www.perlentaucher.de/buch/32888.html

http://www.zeit.de/kultur/literatur/2009-10/literaturland-china?page=5


EL HOMBRE LÁSER (y II)

20 Octubre 2009

La historia de El Hombre Láser no es inventada.

Es real.

Ocurrió a comienzos de los 90 en el quinto país más grande de Europa, conocido por su alto nivel de vida y su cultura colectivista, por ser liberal y una de las cunas escandinavas de esos piratas –hoy idealizados y mitificados- que aterrorizaron las riberas europeas entre los siglos VIII y XI.

¿Quién era este John W. A. Ausonius, antes John W. A. Stannermann y mucho antes, Wolfgang Alexander John Zaugg, su primer nombre oficial, autor de 18 atracos a entidades bancarias, agresor a balazos de 11 inmigrantes, y que fue capturado tras su último asalto en el marco de una operación de seguimiento que se le hacía como simple sospechoso?

De Ausonius ahora se sabe que provenía nada menos que él mismo de una familia inmigrante y que fue víctima de acoso escolar masivo por ello.

Su padre era suizo y su madre alemana. Se dice que sufrió el desprecio y las burlas de sus compañeros en la escuela por su cabello negro, su nombre alemán y su apellido extranjero.

De adulto adoptó la costumbre teñirse el pelo de rubio o rojo y cambió su nombre hasta dos veces, con el fin de ocultar su procedencia no sueca.

Tras crecer en un suburbio obrero de Estocolmo, asistió al colegio alemán, una institución privada, en la que no terminó sus estudios. (Los completó más tarde, gracias a un programa educacional para adultos.)

Su vida pareció tomar un rumbo definitivo al ingresar a la Universidad Tecnológica Real de Estocolmo.

Pero tampoco concluyó sus estudios allí, pasando a realizar una serie de labores y oficios diversos, entre ellos, el de maquinista de un cinematógrafo holmiense y taxista.

Por los seguimientos e investigaciones que le hizo la policía, se sabe que era fanático de un par de películas, las que veía una y otra vez.

Entre ellas se encontraban La vida de Brian de los Monty Python y Justiciero de la ciudad, una película de 1974 en la que Charles Bronson corporizaba a un ciudadano que se tomaba la justicia por su propia mano.

Su paso por el ejército le debió dejar cierta afición por las armas.

Sus primeros ataques los realizó con un rifle provisto de visión láser, pasando luego a utilizar un revólver de la marca Smith & Wesson.

En ambos casos, había modificado las armas, lo que explica que solo muriera una persona de las once tiroteadas.

Había recortado el rifle en sus dos extremidades y acoplado un silenciador al revólver.

Asonius soñaba con ser rico.

De hecho, lo consiguió parcialmente, mientras trabajaba como taxista, por medio de inversiones y especulaciones en la bolsa.

Perdió lo ganado tanto por su afición al juego como en inversiones fallidas.

En una visita a Alemania se habría vuelto adicto al juego. De esa misma visita, ha quedado la sospecha de haber sido el asesino de una mujer judía, muerta en febrero de 1992 en Fráncfort.

Desesperado por no poder mantener cierto estilo de vida, empezó a asaltar bancos. Lo hacía siempre con la misma vestimenta y utilizaba como medio de transporte una bicicleta, el vehículo que usa la tercera parte de la población de Estocolmo.

Habiendo obtenido la nacionalidad sueca en 1979, había desarrollado una aversión maligna e incontrolable contra los inmigrantes (de piel y cabellos oscuros), a los que culpaba, como miles de sus compatriotas, de los problemas económicos y sociales de Suecia.

El 14 de enero de 1994 fue condenado a cadena perpetua por el Tribunal de Estocolmo, negándose a reconocer los cargos.

En el curso de la ampliación de su caso, maltrató de palabra y obra repetidamente a sus abogados defensores y luego también a sus sucesores al renunciar los primeros a defenderlo, complicando aún más su situación.

Finalmente, en el 2000 se reconoció culpable de los atentados, de asesinato y de 20 asaltos a entidades bancarias.

Cumple su condena en la prisión de Kumla.

En el 2002, el periodista sueco de origen húngaro Gellert Tamas publicó su libro El hombre láser, un éxito de ventas en su país y uno que bien podía haber escrito su colega Stieg Larsson. (Acaso se le adelantó simplemente Tamas al autor de Millennium.)

El 2005 la televisión sueca presentó una adaptación para ese medio en tres capítulos.

El libro ha sido adquirido por la editorial Debate en la Feria de Fráncfort que acaba de concluir y será publicado en España en el 2010.

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HjorgeV 20-10-2009

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Fuentes:

http://de.wikipedia.org/wiki/John_Ausonius

http://en.wikipedia.org/wiki/John_Ausonius

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Debate/editara/caso/Larsson/quiso/investigar/elpepucul/20091017elpepicul_6/Tes