ACOSTUMBRADOS A NO PENSAR

8 Enero 2007

Fernando Caras, músico, traductor y -últimamente también- fotógrafo africano por geografía y español por jurisdicción , y que vive en Colonia, me jodió anoche el sueño dos veces:

“¿Si ya viste lo de la bola mágica, la que lee los pensamientos?”, me preguntó al teléfono, despertándome, mientras yo me desperezaba y seguía sin entender el mundo; peor, aún, más confundido por tener que entender lo de una bola mágica que lee pensamientos. Negué, tontamente, con la cabeza, como si él pudiera verme en su propia esfera mágica.

“La de internet. ¡Tienes que verla! Oye, que ya pareces alemán acostándote tan temprano, ¡joder, tío!”

“Los alemanes no se acuestan tan temprano, gashego. Solo no les gusta que los llamen a partir de las diez de la noche, melillo.”

“Pues da igual, pégale un vistazo y ya me cuentas, sudaca“, concluyó, repito, consiguiendo joderme el sueño dos veces en la misma noche.

Una de las direcciones es:

http://www.messe-ideen.de/upload/magische-zauberkugel.swf

O, en castellano:

http://www.infonegocio.com/xeron/bola/

El asunto me ha hecho dolorosamente recordar que muchos de nosotros no estamos más acostumbrados a pensar (por lo menos no en determinados campos), puesto que le rogué que me facilitara la solución. Algo que él me negó, sonriendo.

Es uno de esos enigmas -para mí- que te pueden acompañar hasta en tus sueños. Los reales, no los imaginados. Si no es testarudo o insensato llamar real a lo soñado.

Me ha costado un día y más, pero lo he conseguido.

La solución es, lamentablemente, como esas cosas valiosas -a veces, hasta se trata de personas, por las que sentimos un atractivo desmesurado- que nos pasamos hasta años deseándolas, pero que luego, cuando las llegamos a tener, y después de muy poco tiempo, empiezan a perder su valor en veloz picada.

La tipa o el tipo que tiene el automóvil último modelo o el reloj nuevo, ¿cuánto le dura hasta que empieza a pensar y desear el siguiente modelo? Es decir, cuando lo que tiene ya no es lo último, por más que lo siga haciendo muy feliz.

El asunto tiene mucho de lo implantado en nuestro cerebro por la sociedad consumista, pero, ahora como me ha ocurrido con este problema, vuelvo a recordar como un mal aprendiz (de la vida) que esa es una de las características más marcadas de la persona humana: esa, al parecer innata, capacidad para sentirse descontento con lo que se pueda alcanzar, en cualquier nivel de cualquier sociedad, en cualquier campo social o personal.

Sé que existen excepciones: tanto de las gloriosas como de las vergonzosas.

Anímense a tratarlo de todas maneras. Es un buen ejercicio contra la herrumbre mental.

HjorgeV