Tenía, tengo, el tema en uno de mis libros de práctica para el piano. De esos de Aprenda a tocar en tres décadas y gánese un vuelo a no sé dónde. Como no soy de los que leen a la primera, sino que me tengo que enfrentar durante semanas a una partitura como si de un batallón de atacantes se trataran (las notas), nunca me atreví a tocarlo hasta haber escuchado alguna versión, digamos, confiable. Y allí se me iba quedando el tema, que es una canción, sabiendo yo que es una especial y sin estar del todo seguro de haberla escuchado ya.
Además, su título es fascinante. Solo él es ya toda una declaración de amor. Así. Sin necesidad de presentar ni una sola línea más del resto del texto. Ni un solo compás de su música: All The Things You Are, de Hammerstein & Kern. Qué apellidos más alemanes los de estos norteamericanos.
Es decir: Todo lo que eres o Todas las cosas que significas para mí, en traducción libre. (¿Todo lo que significas? Todas las cosas que eres, sigue sin caerme bien como traducción.)
Durante mucho tiempo lo busqué pasivamente. Que tal vez es la mejor forma de encontrarse con los verdaderos amores: No buscándolos.
O hacerlo sólo pasivamente.
En el amor, como lo saben todos los corazones solitarios, el que busca no suele encontrar. Y, dicen las malas lenguas -esas bífidas, alacranadas y sentimentales-, que los verdaderos o más valiosos amores llegan cuando menos se los espera. Ellas sabrán. Yo callo. Para otorgar.
Escuchar música en la red (sin necesidad de bajarla), se ha convertido en un pasatiempo impagable para mí. Yo estoy jodido. Pertenezco a esas generaciones que se van extinguiendo para las que coleccionar música estaba intrínsicamente ligado a un objeto: los discos de vinilo o acetato, el o la casete (1970-1991, que en paz descanse, amén: uno de esos términos fugaces en la historia de la humanidad) o el DC, disco compacto, que todos llamamos CD.
Lo recomiendo, eso de ponerse los auriculares. Sobre todo para escuchar la música antigua. Porque en las grabaciones disponibles y con los auriculares puestos (para impedir el paso del ruido exterior y apoyar la concentración y el despegue de la realidad), se escucha el sabor que tenía la música de los discos de antes. De la música de antes: con ese algo de poluto, de ruido de fondo.
Paseando por youtube, buscando sin buscar, se me juntaron fugazmente tres antiguos deseos no escritos en ninguna parte: Keith Jarrett, el tema All The Things You Are y Mario Lanza (1921-1959).
1. A Keith Jarrett lo conocía de mi primera época en Colonia, allá a mediados de los ochenta, trabajando en un bar, Los Cactus, que lo mejor que tenía eran sus bailes salseros de fin de semana armados sobre veinte metros cuadrados (sic) y dos discos: su legendario Concierto de Colonia, Das Köln Konzert; y un LP, un long-play (ambos; todos; en ese tiempo en el que recién acababa de aparecer el Walkman, un monstruo comparado con los aparatos de ahora, y no existía ningún modelo de teléfono portátil, ni siquiera de esos primeros que los transportaban los ejecutivos como maleta de plomero o cerrajero: ¡lo que costaba, físicamente, en esos tiempos querer demostrar ser alguien!), un LP, decía, de Willy Colón, en el que el tema más memorable para mí, es uno en el que el gran portorriqueño retoma, alterando un poco la letra, la rima número XXXVIII de Gustavo Adolfo Bécquer:
las palabras son aire y van al aire / tus lágrimas son agua y van al mar / cuando un amor se muere…
Sin más apartarme del tema inicial, aquí los enlazo con Jarrett -el norteamericano no es de los mejores, pero es mi recuerdo-, para los que gustan del jazz, en una versión suya, muy personal, de All The Things You Are. No se dejen cansar ni engañar por el comienzo. (Ni se pierdan la versión cantada del subsiguiente enlace).
2 y 3. Ahora Mario Lanza, a quien yo había confundido con otro tenor, con Luis Luigi Alva, el gran tenor peruano, nacido en 1927; quien ha cantado junto a la legendaria Maria Callas y ha trabajado repetidas veces con Franco Zeffirelli, nada menos. Pero Mario Lanza fue un descendiente de italianos nacido en EEUU. Aquí, cantando precisamente All The Things You Are .
Lanza murió a los 38 años (su hijo a los 37, también del corazón: o sea -a esa edad- de la vida disipada o excesiva, seguramente), tras huir a Italia, se dice, de los críticos musicales que le reprochaban su falta de formación musical académica. La que no había podido continuar por su enrolamiento al ejército.
Escúchenlo, se los ruego.
¡Qué puede importar ahora la opinión de esos pedantes!
HjorgeV
Sinthern/Colonia 13-01-2007
Escrito por hjorgev