Borges es, sobre todo, divertido.
Antes, incluso, que todo lo demás que se dice él. Siendo mucho de ello falso.
(Ser divertido debería ser la condición sine qua non, imprescindible, de todo maestro, científico y de todo artista. En lo que atañe a los dos primeros, el mundo sería, aún con sus problemas -me temo- irresolubles, un lugar más o aún más agradable para vivir.)
Lo primero que le preguntan en la entrevista cuyo inicio publiqué ayer aquí y que la pueden apreciar más abajo, es uno de esos lugares comunes y falsos que se le atribuyen a don Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo.
-A usted lo han acusado de ser un hombre frío, maestro -lo puya o acicatea el entrevistador.
Quien haya leído por lo menos El Aleph y escuchado atentamente (eso es lo bueno de las cosas que divierten: despiertan nuestra atención sin esfuerzo) la entrevista aludida, se habrá dado cuenta de que don Jorge es -antes que muchas otras cosas- un hombre extremadamente sentimental; como él bien lo aclara en la grabación audiovisual.
El Aleph se puede también leer como una gran declaración de amor disfrazada. Éste es el comienzo:
La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió […], noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; […] muerta, yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación.
O también como una gran y genial tomadura de pelo, que es lo que viene después.
Quizás la más genial de toda la literatura, en mi opinión.
Su arte consistió en ir reuniendo símbolos (letras, palabras, líneas, textos, un imaginario propio, concepciones, mundos, tiempos, universos, personajes, seres, laberintos) e ir agrupándolos y formándolos de tal forma, que ese sentimiento que parece brotarle por todos los poros, pudiera empatársela a su estética.
Es decir, empatar a cero con su pudor.
Sobre el abismo entre su desagradable sentimentalismo y su pudor, construyó una gran parte de su universo borgiano.
A esa simbología, a esos símbolos de los que se vale Borges para expresarse, él los llama –correctamente- álgebra.
Como esa palabra suena alta, y tiene que ver con las matemáticas, muchos humanos le temen (tal vez por acordarse de sus días de colegio: yo amaba mis días de colegio, pero primero por las muchachas, creo) y en ese temor envuelven equivocadamente a Borges.
Ya que sabemos que el temor es una de las razones por las cuales existen las religiones en este mundo, no es necesario perpetrar un circunloquio para llegar a entender el porqué este argentino tremendo ha sido subido al pedestal donde está.
Pero eso es injusto con él.
Se merece otro pedestal. Uno más humano. Menos frío. Y mucho más alto.
Uno que tenga menos que ver con los burócratas del pensamiento y del academicismo. Es decir, algo que se aleje –un tanto- de los críticos literarios y de los estudiosos profesionales de su arte y su obra.
Lejos de la gente que se ha negado y se sigue negando a entender que don Jorge Borges es, sobre todo o mucho antes que casi todo, un ser divertidísimo.
(Vean la entrevista, se los ruego y recomiendo. Abandonen por unos minutos este mundo y acérquense a observar ese portentoso milagro argentino, castellano y terrenal.
“Mi destino es la lengua castellana”, repite él.)
Felizmente, Borges Acevedo mismo, fue un ser totalmente consciente de sus propias limitaciones artísticas y humanas.
A mí me causa –a la vez- un dolor y una satisfacción profundas escucharlo referirse humildemente a su obra.
(Lo he puesto también reflejado en los epígrafes o subtítulos de los dos videos que incluí aquí ayer, por lo cual no lo repito en esta entrada.)
Para el oyente atento tiene que haber sido un juego aquello de escuchar salir de sus labios la palabra “injusto”, por ejemplo, cuando se refiere al Premio Cervantes que le acababan de entregar días o semanas atrás, entonces, en el año 1980, y que es el objeto de una de las entrevistas.
A mí me sucedió que tuve que retroceder la grabación cuando escuché decir “España generosa e injusta”. Después, reí con ganas.
Esta es la segunda vez que me ocupo de Borges. No será la última, como bien sospechan.
Cada dos o tres días me cruzo en mi camino con una dama de unos sesenta años. No sé si saludarla o no.
Así debía empezar esta página de mi bitácora hoy, pero el duende de don Jorge Francisco me sigue persiguiendo. Desde hace mucho tiempo ya.
Y yo sólo puedo agradecerlo. Infinitamente. Es decir, borgianamente.
Infinito Borges.
HjorgeV
Sinthern/Pulheim, viernes 09-03-2007
P.D. Me han preguntado por emilio cómo le ha ido en su primer partido o juego al equipo infantil (SC Pulheim, U13) femenino de balompié que entreno. ¿Cómo lo explico? Jugábamos contra el único club de la región cuyo primer equipo de mujeres está en la primera y máxima división alemana (1. Bundesliga). Es decir, lo teníamos muy duro. Pudimos haber ganado cómodamente, pero el destino -a veces- es cruel. Solo quedamos tres a dos. Ganamos, sí. Mañana es el segundo partido. (Gracias por la pregunta y gracias también, otra vez, por los comentarios y el envío de un lector anónimo: El otro Borges.) HjorgeV
Fotografía: Pedro Meyer.
Escrito por hjorgev