DOPAJE: ALEMANIA SE QUITA LA MÁSCARA

Después de mucho tiempo se me ocurrió ver la televisión (alemana) anoche y me topé, de golpe, con dos hechos realmente inusitados para este país.

El primero: dos corredores –uno de ellos Erik Zabel- declaraban en público, en una conferencia de prensa, haberse dopado regularmente para competir por la empresa Telekom.

 

El segundo hecho inusitado: la confesión de Zabel, se vio interrumpida por sus ataques de llanto público.

¡Algo completamente inaudito en este país de –por lo común- secos sentimientos, y en el que llorar pareciera estar reservado sólo para los cocodrilos -de los zoológicos- y los bebés!

Las lágrimas de emoción zabelianas se debían a que dedicaba a su hijo su confesión, quien ya ha empezado a participar en competiciones ciclísticas:

-No puedo esperar que mi hijo sea un hombre de bien, si yo mismo no me atrevo a admitir que he estado mintiendo -afirmó, con trémula voz, ante las cámaras.

Qué encrucijada. ¿Atreverse o no, y cómo decirle al propio hijo cuáles eran los métodos para ganar?

A continuación, el danés Bjarne Riis, por su parte, ha admitido ayer también haberse dopado regularmente durante –sólo- cinco años de su carrera profesional.

Su victoria en el Tour –destaca El País- puso fin al reinado de Induráin.

¿Qué dirá Armstrong a todo esto?

¿O el mismo Induráin?

¿Quién no se dopa y quién no se ha dopado en el ciclismo?, es la pregunta crucial.

Lo curioso de la confesión de Riis es tratar de exculpar a los médicos –casi necesariamente involucrados en todo dopaje, por su alto grado de peligrosidad, pues ya ha habido muertos-:

-Lo compré yo mismo y lo tomé yo mismo –dijo.

Me permito citar parte del artículo:

“…Riis dijo que él había tomado sólo [sic] la decisión de doparse y que los médicos del Telekom, que ahora son blanco de las críticas, sólo tenían la función de controlar que los corredores que optasen por sustancias prohibidas no se sobrepasasen”.

http://www.elpais.com/articulo/deportes/Bjarne/Riis/admite/haberse/dopado/durante/etapa/ciclista/profesional/elpepudep/20070525elpepudep_10/Tes

Que es, dice mi Lector Atento, como querer exculpar a su bicicleta, diciendo que ella se mantenía debajo de su cuerpo –durante todas las carreras- sólo para no caerse al suelo.

¡Qué inocentes médicos!

¡Y qué inocente la Telekom!

El dopaje es una práctica ilegal común en muchos deportes. Pero sobre todo en aquellos en los que no hay que pensar (mucho).

Todavía no existe una droga para tener más inteligencia futbolística, por ejemplo.

Los controles analíticos sólo pueden detectar lo que buscan. Son incapaces de detectar nuevas sustancias, desconocidas para los controladores, porque sería muy complicado o costoso.

De tal manera que son, sobre todo los países con grandes recursos económicos, los que se pueden dar el lujo de burlar dichos controles sin que exista, prácticamente, apenas chance de ser pescados con la mano en la inyección.

Les basta con crear cada cierto tiempo un producto nuevo que no está en las listas de prohibidos. Y esconderse bien al hacerlo.

Así de fácil.

Y parece ser que en el futuro la cosa no va cambiar demasiado.

La universidad de Friburgo, al sur de Alemania, está ahora en el punto de mira de la investigación de las autoridades alemanas, por su posición prominente en las últimas décadas en todas las investigaciones relativas al rendimiento deportivo (léase ya, sin ambages, simplemente: dopaje deportivo, aunque sea un claro oxímoron).

El rector de esa universidad, Wolfgang Jäger, al ser confrontado en el mismo informativo con la indignación ciudadana debido a que esas investigaciones ‘deportivas’ se han hecho con el dinero del contribuyente a lo largo de décadas, respondió:

-Es algo que no me puedo imaginar –afirmó-. Lo que sí me puedo imaginar es la tremenda presión con la que trabajan todos los profesionales de la competición por obtener la mayor cantidad posible de triunfos. Triunfos, que el público, que ahora se queja, los exige.

En castellano existe una palabra exacta para describir a este personaje ‘académico’:

¡ZAMARRO!

Por lo menos, se ha atrevido a suspender, de inmediato, el ‘apoyo’ institucional (disculpen las comillas y los paréntesis hoy, pero el tema es así de zamarro) a 1500 atletas de alta competición.

Ahora sólo falta que Jan Ulrich se anime a confesar lo que ya todos intuyen y saben más desde ayer: no sólo compiten los ciclistas, también lo hacen drogas ilegales bajo el permiso y el cuidado de empresas privadas y autoridades estatales, quienes, a su vez, se han encargado y se siguen encargando de ENCUBRIR la trampa.

Personalmente, no creo que confiese Ulrich.

(Acabo de leer que no piensa abandonar su silencio.)

Él es de las personas que ha demostrado mucho gusto por el silencio y la mentira, por más que ésta se haya vuelto tan transparente, ya.

Mientras tanto, la Telekom procura mantener un perfil bajo, pero con las garras hundidas en el poyo de competición, por si hubiera que salir volando en desbandada en cualquier momento.

Mientras tanto, también, ya saben ustedes qué países son los que seguirán liderando, probablemente hasta el fin de la historia de la humanidad (¿o ustedes todavía confían en que las relaciones económicas y de poder mundiales alguna vez se puedan invertir? ¿China?), las competencias en los deportes en los que no hay que pensar (mucho).

No es casualidad que EEUU haya perdido -por ejemplo- la supremacía mundial en baloncesto, se las vea verdes contra la misma Cuba en béisbol y, tal vez, no salga nunca de los pañales en el balompié.

En esos deportes el músculo (dopado) ya sólo juega un rol secundario.

Y no se conoce todavía ninguna droga que potencie la inteligencia. Deportiva o no.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, sábado 26-05-200

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