POSTALES DE ALEMANIA: Los cumpleaños

Hoy tengo ganas de exagerar. ¿El tema? Los cumpleaños en Alemania. Permítanme que vaya por partes.

La amistad en este país es algo que se cultiva.

Para un alemán, el verdadero amigo tiene que acordarse cada año –por sí mismo- del día de tu cumpleaños, aunque tenga que recurrir a un calendario, agenda o función del celular (móvil).

El verdadero amigo es aquel que el resto del año se reune contigo por lo menos una vez al mes para conversar concienzudamente.

En ese día (los verdaderos amigos, creo, no pueden soportar más de una sesión de psicoterapia gratuita al mes) se soltarán todos los trapos del alma rotos y por romper, de uno y otro corral.

También existe, entre hombres, una versión menos seca y más frecuente. Entonces, ya los trapos se conocen y es mejor pasar directamente a brindar juntos para desearse suerte, sin necesidad de estar nombrando los trapos, ni creyendo que por nombrarlos van a desaparecer más rápido.

(La versión femenina de esto último también recurre a la bebida, pero no renuncia –en absoluto- al alto poder terapéutico de la lengua. Y la bebida ya no es, necesariamente, la cerveza, sino un buen café con leche al estilo italiano: el latte machiatto, que es lo que está de moda.) (Aquí ya sólo dicen: “Un latte, por favor”. Y tienen suerte que la leche les llegue con café y espuma, además de caliente.)

Vistas las cosas así, ¿cuántos amigos puede cultivar un alemán promedio?

No lo sé exactamente. Pero no pueden ser muchos. ¿Tres? ¿Cuatro, tal vez?

Además, a diferencia de nuestros países, aquí el cumpleañeros es el que paga la cuenta.

En tono de broma, he dicho varias veces:

-¡Ya sé por qué tienen ustedes tan pocos amigos!

Porque, curiosamente, en esos casos suele salir a relucir una faceta que luego, en la superficie de la vida diaria, no es tan fácil de observar: el alemán es tremendamente tacaño. (*)

Sé de lo que hablo.

Tuve un negocio gastronómico a lo largo de 13 años. He visto lo suficiente como para quedarme con la conciencia tranquila de saber que no estoy exagerando. ¿Llevan tal vez la dura experiencia de la guerra en la nuca?, me pregunto ahora.

Recuerdo la vez que un conocido mío argentino quiso celebrar sus 50 años. Quería reunir a unas 150 personas en una parranda y tirar la casa por la ventana. Quería darse, simplemente, ese gusto.

(El local en el que lo celebró ya cerró: Las Bóvedas. Se trataba de un sótano que un compatriota suyo había empezado a usar para dar clases de tango y que después, debido al éxito, fue ampliando hasta convertirse en un centro cultural con varios ambientes en el que regularmente había conciertos y fiestas, servía de lugar de ensayo para grupos musicales y se dictaba una serie de cursos culturales. Hasta que llegó la angurria estatal y tuvo que cerrar. ¡Un sótano!)

(Página en la que se puede apreciar vistas de ese lugar. Se trata de una muestra de diapositivas que van pasando automáticamente cada diez segundos.

http://www.rafaweb.de/Bovedasweb/bovedasindex.html)

El alemán tiene un alto sentido de las proporciones. Tal vez no todo sea tacañería. Espero equivocarme.

Si tú le invitas X, él se ve obligado a devolverte X. Tal vez, solo Y, si es muy parecido a X.

Pero si le vienes con todo el abecedario, como quería hacer e hizo, José Incurato, no te asombres si sale corriendo.

-¿Cómo voy a hacer para corresponderle? –es lo primero que se preguntará con pánico el alemán.

La figura del grupo de amigos y conocidos españoles que sale de copas y lo de pagar se convierte en una ruleta rusa, sería algo impensable aquí en Alemania.

Lo que se acostumbra aquí es que cada uno pague lo suyo. Religiosamente y sin discusión.

Para eso cada uno lleva la cuenta prolijamente. Si es posible con papel y lápiz. No es una broma. Lo he visto a lo largo de los 22 años de vida que llevo en este país. Sé de lo que hablo.

De tal manera que la celebración de los cumpleaños es, por lo general, un acontecimiento relativamente triste aquí. (Salvo que el que los cumpla venga de una familia verdaderamente pudiente, en la que el dinero es algo por lo que no se discute –por lo menos no en los cumpleaños- y es más fácil ocultar la tacañería.)

Por lo general, tres o, a lo máximo, cinco personas –incluidos los padres- son los que se juntan para celebrar el nacimiento de alguien.

Eso es cuando se celebra en algún restaurante. En público.

¿Cómo se celebra en privado?

Es más o menos lo mismo. Se invita a esos dos o tres amigos fijos que todo alemán tiene y se los llena con cerveza o vino barato y comida de lata. Ya está. O no se celebra.

¿Alguna queja?

¡Es lo mismo que los demás hacen a su propio turno!

(Dije que hoy quería exagerar.)

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, 1/3-06-2007

P.D.: Justo ayer, después de haber empezado a escribir esta entrada y lo correspondiente a la tacañería, uno de mis vecinos me dijo abiertamente, comentando que él mismo se estaba encargando de la reparación de su automóvil: “Tú ya sabes que tacaño soy”. Creo que han empezado a verlo como virtud, además.

Un chiste que se me acaba de ocurrir. ¿Cómo se sabe quién tiene cumpleaños? Es el que menos consume, si tiene que pagar. HjV

angurria.

(Falsa separación del ant. estrangurria, estranguria).

1. f.coloq. estangurria (micción dolorosa).

2. f. Am. Deseo vehemente o insaciable.

3. f. Am. hambre.

4. f. Am. Avidez, codicia.

5. f. Cuba y Méx. Secreción frecuente de orina.

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2 Responses to POSTALES DE ALEMANIA: Los cumpleaños

  1. Mariela Sant says:

    JAJAJA:,…….Ciertamente!!!!Toda la razón…bien tacaños… menos mi esposito!!!!

  2. maribel says:

    Yo he vivido en Alemania y para los cumpleaños son exagerados. Se juntan un montón de gente y tiran la casa por la ventana. Para ellos el cumpleaños es una gran celebración.

    Hola, Maribel. Mi experiencia, en los más de veintitantos años que llevo en Alemania, es totalmente otra. Si bien es cierto que los que pueden suelen celebrar ciertos cumpleaños (especialmente los redondos: 20, 30, 40, etc.) con cierto fausto, por así decir, mi impresión es que el alemán común y promedio es más bien tacaño en/con su propia celebración. Saludos desde las afueras de Colonia. HjV

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