Hoy quiero ser frívolo.
La suerte de ser latino, le digo a los alemanes, es que podemos recurrir a varias fórmulas de la frivolidad sin mucho empacho.
Cantar con la guitarra y con amigos hasta las quinientas. Pasarse un buen día chocando copas y haciendo una parrillada en el jardín o en otro lugar adecuado, sin preocuparnos del tiempo.
Jugarse un par de partidos de fútbol seguidos. Salir a aterrorizar la ciudad (de copas y baile) como cuando el acné era una de nuestras principales ocupaciones. Ese tipo de cosas.
Nada del otro mundo, por lo demás, pero que tampoco se hacen así no más.
Un alemán, jamás –es una exageración, pero valga aquí como soporte argumental- se atrevería a voltearse a ver cómo se aleja una mujer guapa que ha pasado por su lado.
Una alemana, mucho menos.
Se podrá poner pálido, rojo y terminar en un rosado avergonchadito por un par de minutos, pero, voltear, jamás. (Aunque los tiempos están cambiando, creo y espero.)
Un latino, o una latina –se entiende-, puede recurrir a ese tipo de frivolidades y a otras, menos edificantes, sin que eso le pese mucho –a la larga- en la conciencia.
Un alemán no suele romper sus esquemas. Y en esos esquemas no está enviarle un piropo a una muchacha guapa que le acaba de cortar la respiración (¿será por eso que antes se lanzaban los piropos, para recuperar el aire y activar los pulmones de nuevo?) ni recordar una telenovela.
¿Telenovela he dicho?
Así es. Hoy quería ser frívolo.
A mí, particularmente, nunca me gustaron. Es más, siempre las denigré.
(Pero cuántas veces dejé de jugar para ver, por lo menos, cómo iba el asunto del argumento de un par de ellas.)
Sólo recuerdo haber seguido una, religiosamente a diario, como un fanático telenovelero más.
Fue la adaptación de la novela de Mario Vargas, La tía Julia y el escribidor; grabada allá por 1981 en Caracas y bajo la dirección de un argentino, el director y libretista, ya fallecido, David Stivel.
¡Cómo esperé yo sobre todo la aparición del personaje ese del escribidor de telenovelas Pedro Camacho del original, quien no podía ni oler a un argentino!
(Y eso que entonces yo no conocía ni había conocido a un solo argentino.) (Es una broma.) (¡Hola Norberto!)
Pero a lo que me refiero ahora es a la música de las telenovelas. Y especialmente a un tema en concreto.
Recuerdo varias melodías de telenovelas.
De mi época de máxima chiquititud (Tulio Loza dixit), tengo todavía presentes en la memoria, las melodías de Simplemente María, de Nino (“Las cosas simples de la vida/ nos dan mucha alegría…”) y la de una telenovela venezolana, de la cual solo recuerdo la canción y el cantante: Sólo pienso en ti de Guillermo Dávila. Es más o menos todo.
(Curiosamente, no hace mucho, descubrí a un cantautor español que justo en el momento en que se le empezaba a rescatar y a reconocerse su trabajo, al tipo se le dio por quitarse la vida.
Me estoy refiriendo a Hilario Camacho y a la telenovela española Tristeza de amor de 1986, para la que él compuso el tema principal del mismo nombre.
Catalogada entonces y aún ahora, creo, como ‘serie televisiva’ y no como ‘telenovela’.)
Pero a lo largo de toda mi vida me ha ido acompañando subrepticia y escondidamente otro tema de una telenovela que ni siquiera sabía cómo se llamaba.
Lo que sí sabía era quién la cantaba: Angélica María, La Novia de América. Y el nombre del tema: Adónde va nuestro amor.
Creo que ya nadie sabe cómo era aquello de ser un(a) artista de masas y seguir viviendo –a la vez- más o menos como otro hijo o hija de vecino.
Angélica María, fue y sigue siendo alguien así.
Pero, ¿quién conoce ya a La Novia de América, a Angélica María Hartman Ortiz?
Eran esos tiempos en los que decir América no causaba en ningún lugar del mundo confusión: ese continente que va desde Alaska hasta Chile.
Sin embargo, y paradójicamente, esta artista conocida como mexicana, nació en EEUU. En Nueva Orleáns, un 27 de septiembre de 1944, para ser más precisos. Hija de una mexicana y de un músico famoso usamericano de entonces.
Cuando cumplió cinco años, sus padres se separaron y la madre abandonó Los Ángeles, donde vivían, para trasladarse a México.
En el país de su madre fue que inició una de las carreras más largas y exitosas de todo el continente.
La canción de las que le hablo – composición de Eduardo Magallanes-, es para mí, la canción emblemática, por excelencia, de esta inmortal artista mexicana.
Fue el tema de una telenovela de 1971, Muchacha italiana viene a casarse, la que a su vez era una versión nueva de un teleteatro argentino del mismo nombre (de allí lo de ‘italiana’).
Como en un juego de tenis, bajo el nombre de Esa provinciana volvió como telenovela, ya no como teleteatro, en 1983 a la televisión argentina.
Se dice que esta telenovela le abrió el camino a todas las demás telenovelas en Latinoamérica y a actrices como Verónica Castro y Lucía Méndez.
Curiosamente, el actor principal masculino fue el recordado Ricardo Blume, actor peruano radicado en México y con una trayectoria artística de 55 años.
Lean, por favor, lo que dice Héctor Orlando Rojas Toro de Chile:
Si ha existido una telenovela que paralizaba a Chile entero, en aquellos convulsos primeros años de la década del setenta, fue, precisamente: “Muchacha italiana viene a casarse”. Esta historia fue seguida con devoción por gentes de todas las condiciones sociales y donde quiera se hablaba de las aventuras y desventuras de “Valeria Donatti” y de su amado “Giovanni Francesco”, como ella le decía. Por cierto, esa guapísima y excelente actriz y cantante que es la señora Angélica María se convirtió en toda una CELEBRIDAD acá por aquel entonces. De hecho, vino a Chile, a finales de junio de 1973, y se le recibió como a una verdadera reina, lo que ella siempre ha sido para todos los que la hemos admirado y seguido a lo largo de los años. De verdad, esta telenovela fue un acierto por donde se la viera, sin contar que tenía un tema de entrada DE ANTOLOGIA: “Adónde va nuestro amor”, el cual todavía programan las estaciones de radio locales. Por otra parte, hace dos años, sacaron una colección de discos compactos con los más grandes éxitos de los años setentas en Chile, y allí estaba “Adónde va nuestro amor”, obviamente. En fin, “Muchacha italiana viene a casarse” se podría decir que ya forma parte de la historia de Chile, porque, además, se exhibió en un tiempo muy difícil para el país, o sea, el que antecedió al Golpe de Estado de 1973.
Veamos qué ha producido, ahora que se celebran más de 40 años de la emancipación de la mujer, esta artista mexicana.
(Porque antes de poder ser, una mujer, emancipada e independiente, decía páginas atrás, tiene que ser autónoma. Es decir, trabajar por sí misma. Y eso es lo que ha hecho esta gran mexicana. Veamos.)
Hizo su primer programa de televisión a los 6 años.
Ya en 1969 había recibido casi 50 premios y reconocimientos en México, EEUU y toda Latinoamérica.
No sé si es la única, pero es de las excepcionales que han llenado el Madison Square Garde de New York por dos veces consecutivas ¡el mismo día!
En 1990 montó la obra Mamá ama el rock donde Ricky Martín apareció como la revelación del año (¿qué será de su vida?).
La lista de su trabajo:
Más de cinco shows, 16 obras de teatro, 17 telenovelas, 57 películas, 64 fotonovelas, 209 premios en todo el continente, y más de 600 programas de televisión hacen de Angélica María la novia no sólo de México, sino de toda América Latina.
No soy ni he sido aficionado ni partidario de las telenovelas, ya lo dije. En mis épocas de estudiante las denigraba como una plaga para nuestra juventud.
De tal manera que puedo afirmar que mi admiración hacia esta mujer no está plagada de fanatismo ni simple ‘camisetismo’, porque ni siquiera soy mexicano.
Pero el trabajo hay que saber reconocerlo. Además de que ella es un verdadero ejemplo de sencillez, a pesar de su gran carisma y su larga trayectoria profesional.
Verdaderamente, las muchachitas de hoy lo tienen, en muchos sentidos, más fácil. Pero muy difícil, si desean compararse a Angélica María como artista trabajadora.
Y allí sigue aún ella, trabajando: actuando ahora como abuela.
El valor que para mí tienen artistas como Angélica María, Rocío Durcal, Raphael o Marisol, por ejemplo, aparte de sus propias y particulares cualidades artísticas, es su capacidad para convocar generaciones.
En mi propia familia puedo afirmar que sólo Marisol fue -ha sido y es- admirada por cinco generaciones.
(¿Qué dirían de esto las estrellas y los astros de hoy?)
Angélica María pertenece a ese cenáculo de verdaderas estrellas que no alumbran meses o un par de años como las de ahora, sino que su luz y su reinado se extienden por décadas.
Que son los años luz de un mortal terrícola.
HjorgeV
Pulheim-Sinthern, jueves 14-06-2007
ANGÉLICA MARÍA: ADÓNDE VA NUESTRO AMOR
(Solo audio)
HILARIO CAMACHO: TRISTEZA DE AMOR
(Solo audio.) Debe tratarse de una grabación reciente, poco antes de su muerte. En vivo, además.
GUILLERMO DÁVILA: SÓLO PIENSO EN TI
Como bien lo indica la persona que colgó este tema, no salió del todo bien la colaboración. Pero baste para refrescar la memoria, esta pegajosa canción del venezolano Dávila.

Escrito por hjorgev
Escrito por hjorgev
Escrito por hjorgev 








