30 VECES CADA MES

14 Junio 2007

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Hoy quiero ser frívolo.

La suerte de ser latino, le digo a los alemanes, es que podemos recurrir a varias fórmulas de la frivolidad sin mucho empacho.

Cantar con la guitarra y con amigos hasta las quinientas. Pasarse un buen día chocando copas y haciendo una parrillada en el jardín o en otro lugar adecuado, sin preocuparnos del tiempo.

Jugarse un par de partidos de fútbol seguidos. Salir a aterrorizar la ciudad (de copas y baile) como cuando el acné era una de nuestras principales ocupaciones. Ese tipo de cosas.

Nada del otro mundo, por lo demás, pero que tampoco se hacen así no más.

Un alemán, jamás –es una exageración, pero valga aquí como soporte argumental- se atrevería a voltearse a ver cómo se aleja una mujer guapa que ha pasado por su lado.

Una alemana, mucho menos.

Se podrá poner pálido, rojo y terminar en un rosado avergonchadito por un par de minutos, pero, voltear, jamás. (Aunque los tiempos están cambiando, creo y espero.)

Un latino, o una latina –se entiende-, puede recurrir a ese tipo de frivolidades y a otras, menos edificantes, sin que eso le pese mucho –a la larga- en la conciencia.

Un alemán no suele romper sus esquemas. Y en esos esquemas no está enviarle un piropo a una muchacha guapa que le acaba de cortar la respiración (¿será por eso que antes se lanzaban los piropos, para recuperar el aire y activar los pulmones de nuevo?) ni recordar una telenovela.

¿Telenovela he dicho?

Así es. Hoy quería ser frívolo.

A mí, particularmente, nunca me gustaron. Es más, siempre las denigré.

(Pero cuántas veces dejé de jugar para ver, por lo menos, cómo iba el asunto del argumento de un par de ellas.)

Sólo recuerdo haber seguido una, religiosamente a diario, como un fanático telenovelero más.

Fue la adaptación de la novela de Mario Vargas, La tía Julia y el escribidor; grabada allá por 1981 en Caracas y bajo la dirección de un argentino, el director y libretista, ya fallecido, David Stivel.

¡Cómo esperé yo sobre todo la aparición del personaje ese del escribidor de telenovelas Pedro Camacho del original, quien no podía ni oler a un argentino!

(Y eso que entonces yo no conocía ni había conocido a un solo argentino.) (Es una broma.) (¡Hola Norberto!)

Pero a lo que me refiero ahora es a la música de las telenovelas. Y especialmente a un tema en concreto.

Recuerdo varias melodías de telenovelas.

De mi época de máxima chiquititud (Tulio Loza dixit), tengo todavía presentes en la memoria, las melodías de Simplemente María, de Nino (“Las cosas simples de la vida/ nos dan mucha alegría…”) y la de una telenovela venezolana, de la cual solo recuerdo la canción y el cantante: Sólo pienso en ti de Guillermo Dávila. Es más o menos todo.

(Curiosamente, no hace mucho, descubrí a un cantautor español que justo en el momento en que se le empezaba a rescatar y a reconocerse su trabajo, al tipo se le dio por quitarse la vida.

Me estoy refiriendo a Hilario Camacho y a la telenovela española Tristeza de amor de 1986, para la que él compuso el tema principal del mismo nombre.

Catalogada entonces y aún ahora, creo, como ‘serie televisiva’ y no como ‘telenovela’.)

Pero a lo largo de toda mi vida me ha ido acompañando subrepticia y escondidamente otro tema de una telenovela que ni siquiera sabía cómo se llamaba.

Lo que sí sabía era quién la cantaba: Angélica María, La Novia de América. Y el nombre del tema: Adónde va nuestro amor.

Creo que ya nadie sabe cómo era aquello de ser un(a) artista de masas y seguir viviendo –a la vez- más o menos como otro hijo o hija de vecino.

Angélica María, fue y sigue siendo alguien así.

Pero, ¿quién conoce ya a La Novia de América, a Angélica María Hartman Ortiz?

Eran esos tiempos en los que decir América no causaba en ningún lugar del mundo confusión: ese continente que va desde Alaska hasta Chile.

Sin embargo, y paradójicamente, esta artista conocida como mexicana, nació en EEUU. En Nueva Orleáns, un 27 de septiembre de 1944, para ser más precisos. Hija de una mexicana y de un músico famoso usamericano de entonces.

Cuando cumplió cinco años, sus padres se separaron y la madre abandonó Los Ángeles, donde vivían, para trasladarse a México.

En el país de su madre fue que inició una de las carreras más largas y exitosas de todo el continente.

La canción de las que le hablo – composición de Eduardo Magallanes-, es para mí, la canción emblemática, por excelencia, de esta inmortal artista mexicana.

Fue el tema de una telenovela de 1971, Muchacha italiana viene a casarse, la que a su vez era una versión nueva de un teleteatro argentino del mismo nombre (de allí lo de ‘italiana’).

Como en un juego de tenis, bajo el nombre de Esa provinciana volvió como telenovela, ya no como teleteatro, en 1983 a la televisión argentina.

Se dice que esta telenovela le abrió el camino a todas las demás telenovelas en Latinoamérica y a actrices como Verónica Castro y Lucía Méndez.

Curiosamente, el actor principal masculino fue el recordado Ricardo Blume, actor peruano radicado en México y con una trayectoria artística de 55 años.

Lean, por favor, lo que dice Héctor Orlando Rojas Toro de Chile:

Si ha existido una telenovela que paralizaba a Chile entero, en aquellos convulsos primeros años de la década del setenta, fue, precisamente: “Muchacha italiana viene a casarse”. Esta historia fue seguida con devoción por gentes de todas las condiciones sociales y donde quiera se hablaba de las aventuras y desventuras de “Valeria Donatti” y de su amado “Giovanni Francesco”, como ella le decía. Por cierto, esa guapísima y excelente actriz y cantante que es la señora Angélica María se convirtió en toda una CELEBRIDAD acá por aquel entonces. De hecho, vino a Chile, a finales de junio de 1973, y se le recibió como a una verdadera reina, lo que ella siempre ha sido para todos los que la hemos admirado y seguido a lo largo de los años. De verdad, esta telenovela fue un acierto por donde se la viera, sin contar que tenía un tema de entrada DE ANTOLOGIA: “Adónde va nuestro amor”, el cual todavía programan las estaciones de radio locales. Por otra parte, hace dos años, sacaron una colección de discos compactos con los más grandes éxitos de los años setentas en Chile, y allí estaba “Adónde va nuestro amor”, obviamente. En fin, “Muchacha italiana viene a casarse” se podría decir que ya forma parte de la historia de Chile, porque, además, se exhibió en un tiempo muy difícil para el país, o sea, el que antecedió al Golpe de Estado de 1973.

Veamos qué ha producido, ahora que se celebran más de 40 años de la emancipación de la mujer, esta artista mexicana.

(Porque antes de poder ser, una mujer, emancipada e independiente, decía páginas atrás, tiene que ser autónoma. Es decir, trabajar por sí misma. Y eso es lo que ha hecho esta gran mexicana. Veamos.)

Hizo su primer programa de televisión a los 6 años.

Ya en 1969 había recibido casi 50 premios y reconocimientos en México, EEUU y toda Latinoamérica.

No sé si es la única, pero es de las excepcionales que han llenado el Madison Square Garde de New York por dos veces consecutivas ¡el mismo día!

En 1990 montó la obra Mamá ama el rock donde Ricky Martín apareció como la revelación del año (¿qué será de su vida?).

La lista de su trabajo:

Más de cinco shows, 16 obras de teatro, 17 telenovelas, 57 películas, 64 fotonovelas, 209 premios en todo el continente, y más de 600 programas de televisión hacen de Angélica María la novia no sólo de México, sino de toda América Latina.

No soy ni he sido aficionado ni partidario de las telenovelas, ya lo dije. En mis épocas de estudiante las denigraba como una plaga para nuestra juventud.

De tal manera que puedo afirmar que mi admiración hacia esta mujer no está plagada de fanatismo ni simple ‘camisetismo’, porque ni siquiera soy mexicano.

Pero el trabajo hay que saber reconocerlo. Además de que ella es un verdadero ejemplo de sencillez, a pesar de su gran carisma y su larga trayectoria profesional.

Verdaderamente, las muchachitas de hoy lo tienen, en muchos sentidos, más fácil. Pero muy difícil, si desean compararse a Angélica María como artista trabajadora.

Y allí sigue aún ella, trabajando: actuando ahora como abuela.

El valor que para mí tienen artistas como Angélica María, Rocío Durcal, Raphael o Marisol, por ejemplo, aparte de sus propias y particulares cualidades artísticas, es su capacidad para convocar generaciones.

En mi propia familia puedo afirmar que sólo Marisol fue -ha sido y es- admirada por cinco generaciones.

(¿Qué dirían de esto las estrellas y los astros de hoy?)

Angélica María pertenece a ese cenáculo de verdaderas estrellas que no alumbran meses o un par de años como las de ahora, sino que su luz y su reinado se extienden por décadas.

Que son los años luz de un mortal terrícola.

                HjorgeV

                Pulheim-Sinthern, jueves 14-06-2007

ANGÉLICA MARÍA: ADÓNDE VA NUESTRO AMOR

(Solo audio)

 

HILARIO CAMACHO: TRISTEZA DE AMOR

(Solo audio.) Debe tratarse de una grabación reciente, poco antes de su muerte. En vivo, además.

GUILLERMO DÁVILA: SÓLO PIENSO EN TI

Como bien lo indica la persona que colgó este tema, no salió del todo bien la colaboración. Pero baste para refrescar la memoria, esta pegajosa canción del venezolano Dávila.

 


22 AÑOS EN EUROPA (Continuación)

13 Junio 2007

Justo antes de partir me entero que he ganado los Juegos Florales en la sección poesía, aunque ya no voy a poder asistir a la ceremonia de premiación.Tres de mis seis trabajos han ocupado los tres primeros puestos. No me lo puedo creer.

Hasta ahora.

(No he vuelto a ver esos cuadernos. Espero recuperarlos algún día.)

[Fueron jurados del evento: un poeta que admiro y que falleció hace un par de años, Washington Delgado (Cuzco, 1927-Lima, 2003), y el editor y profesor universitario Abelardo Oquendo, entre otros.]

Dos días antes me he despedido de una de mis tías más queridas quien no ha podido contener las lágrimas al final.

-Se me va otro hijo –me ha dicho, cuando ya me encontraba a una distancia prudente-. Pero así es la vida.

Unos años después, ella misma va a separarse de uno de mis tíos más queridos -su ex esposo- para iniciar su propia segunda vida en otro país.

Porque así es ella, la vida.

Y muchas explicaciones, a veces, no hay que pedirle. Alta razón que tenía.

Ahora ya he olvidado la cámara que está filmando todo esto y me encuentro ya en el avión, que he estado a punto de perder.

Basta decir ahora que a mi madre le rogué no acompañarme al aeropuerto a despedirme.

Deseaba algo corto y expeditivo.

Sabía que a mi media novia alemana no la iba a traicionar la emoción. Y no me equivoqué. Carlos V., pero ya no estoy seguro, un gran amigo de entonces, creo que fue la segunda persona presente a mi lado esa mañana.

(En ese entonces casi nadie se iba del país y en el aeropuerto sólo parecía haber turistas extranjeros.)

Junto a mí, en el avión -que he alcanzado a abordar por suerte-, viajan un talentoso músico peruano –que ahora es profesor de música en Francia- y un muchacho chileno. Mi asiento de los tres es el más alejado de la ventana.

Al otro lado del pasillo, una cantante que empieza a estar de moda en el ambiente musical alternativo de Lima -Danaí ¿de TV Color?- me pronostica que me va a ir bien en Europa.

Le sonrío –porque me parece guapa-, pero apenas tomo en serio lo que me dice.

Minutos más tarde, intentando dormir, esas partes de todo ser humano que suelen desprenderse de uno, disfrazadas de gotas de agua salada, me mojan la camisa cuando empiezo a esbozar una lista mental de las cosas que más voy a extrañar lejos de mi país.

Lejos de mi Lima atorrante y gris.

Las luces del avión han sido disminuídas al mínimo y ya debemos estar por la mitad del vuelo, cuando hago esa lista.

Las calles y la arquitectura del Centro de Lima. La vista de los ambulantes –porque ya me han contado que no existen en Europa-. El bello patio de la casona colonial del local del Goethe. La cafetería de Don Mario. El cebiche. Mi familia. Mi madre.

Las horas muertas desnudo y entrelazado sobre el lecho con alguna de mis 2 medias novias, mientras ellas piensan en sus amores imposibles, me imagino. Sin atreverme a preguntarlo.

Los parques limeños. Miraflores. Barranco. El bar Cordano. Las playas. Los amigos. Las fiestas. El buen humor de mucha gente. El crucigrama dominical gigante de El Comercio. Recorrer las librerías de viejo callejeras. Las parejas besándose por las calles. Un buen lomo saltado. Las peñas. Mis tías.

(He tenido y mantengo aún relaciones magníficas con muchas de ellas. A mi tía Lucila acabo de llamarla por teléfono, así porque sí. Porque tenía ganas de escuchar su voz que apenas ha cambiado desde los días en que dio refugio temporal a mi madre cuando mi padre la dejó.

Ahora ella ya se va: “¡Por los titantos años, hijito, pues, cómo se ha pasado volando la vida, hijo!” Tal como habla ella, intercalando hijos e hijitos como por encargo.

Chilo, el alemán! –me dijo esta tarde al teléfono, usando uno de los titantos apodos que tengo y que me dura desde la época del refugio que he mencionado.

-Tía, con un poco de suerte voy a poder volver a visitarte pronto –le dije yo.

-Ay, hijito, ojalá nos podamos ver para navidad, ¿seguro, no?

Mi tía no está lejos de los noventa. Pero mejor regreso con el objetivo de la cámara al avión que me está llevando a Luxemburgo. De allí debo seguir viaje a París.)

El músico, el chileno y yo hemos hecho buenas migas en poco tiempo.

Cuando llega la hora de dormir, el muchacho peruano está tan nervioso que no sabe cómo hacer para descansar, cerrar los ojos y dormir.

-¿Tú cómo haces? –le pregunta al chileno, quien acaba de contar que viaja frecuentemente.

-Me tomo una pastilla y ya está, po’ –le responde el del vecino país.

Luego le pregunta éste:

-¿Querís una?

Petete asiente.

Finalmente, ellos se duermen. Me empiezo a relajar.

Dejo que mi cabeza ingrese a esa especie de esfera magnética que parece abrirse en todo vuelo y que después nos producirá el mentado jet lag, la disrritmia circadiana o (síndrome de) descompensación horaria.

Cuando estoy a punto de dormirme, escucho que Petete –el apodo del músico peruano- está tratando de despertar al chileno para preguntarle si le puede dar otra pastilla.

El joven chileno murmura algo y Petete introduce, siguiendo las balbuceantes instrucciones, su mano al bolsillo de la camisa del otro y coge la lámina con las pastillas para dormir.

Por el rabillo del ojo puedo ver que toma por lo menos una.

Cuando hacemos una pausa en el aeropuerto de Schiphol en Holanda (¿o estoy confundiendo nombres?), no nos es posible despertar a Petete.

Alarmados, se lo comunicamos a la tripulación.

La cámara ahora nos sigue por los pasillos del aeropuerto de Schiphol. Petete está vivo, sentado sobre una silla de ruedas que nos ha proporcionado gentilmente (eran otros tiempos) el personal de la línea aérea y yo me he ofrecido a ayudarlo.

Escena final de hoy: la policía de Luxemburgo sospecha que mi paciente lleva drogas en el estómago. No nos lo dice directamente, pero creo escuchar una advertencia en tono jocoso de uno de los policías, en su idioma.

-Si no canta, se va a morir el tontito ése.

Ahora sé que se está refiriendo a que si realmente está haciendo de camello, es mejor que lo confiese para que se le pueda hacer un lavado de estómago. De lo contrario podría morir.

Felizmente, Petete sólo está bajo los efectos de una sobredosis, por suerte no muy alta, de sedantes.

-Ahora usted va a tener que explicarme si este es un tipo de recibimiento civilizado estándar europeo o sólo es una costumbre de su país.

Me vuelvo a escuchar decirle al policía luxemburgués, en alemán.

Pero en este momento, yo ya me estoy dirigiendo a la puerta de salida del aeropuerto.

La cámara me enfoca en mi camino a París. Ella lo graba todo. Creo que fue en tren. Debo llevar embutidas en mi bolsón de marinero todas mis pertenencias, menos mis libros, que he tenido que dejar en Lima. Creo que tuve que esperar a Petete, hasta que se comprabara que no se trataba de un asunto de drogas.

Creo que tuvimos un buen viaje de allí hasta París. Creo que nos olvidamos de comer por la emoción. Creo que creo. Ya no lo sé. Ni siquiera sé cuánto duró el trayecto hasta la Ciudad Luz, ni si me las pasé pegado a la ventanilla del tren. Simplemente no me acuerdo. Ya no lo sé. No me lo pregunten.

Ya lo he olvidado.

22 años no pasan, así no más, en vano.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, 12/13-06-2007


22 AÑOS EN EUROPA

12 Junio 2007

Hoy, 12 de junio, cumplo 22 años de vivir en Europa.

Ha sido un largo camino hasta llegar a estas líneas que escribo a punto de dar las doce de la noche de este martes alemán de temperaturas agradables.

A punto de dar las cero horas, de acabarse este día en el calendario; para dar paso al miércoles de ustedes, lectores incógnitos.

(La palabra pasa, pero ya no vive. El lector la revive, pero solo en su conciencia. Sin lectores la palabra queda muerta.)

Bien pude terminar arraigado en la primera ciudad en la que intenté establecerme: París. Después de casi medio año en Francia, lo dejé todo para venir a este país, Alemania, del cual ya conocía el idioma.

Pero mi segundo intento fue en Múnich, no en Colonia. Y duró menos de un día completo.

(Una tarde y una noche repletas de anécdotas, fatalidades, coincidencias y golpes de fortuna, para ser más exactos, y que serán materia -seguramente- de otra página de esta bitácora.)

Por una de esas razones que es inútil buscarles explicación, llegué al aeropuerto apenas cinco minutos antes de que partiera el vuelo que después de 22 años me ha traído -¿por ahora?- hasta este pueblucho de las afueras de Colonia.

(Mi familia duerme. Me he despertado y me he puesto a escribir esto, hasta poder volver a caer rendido. No tiene sentido dar vueltas en la cama, me he dicho, cuando las ideas y los recuerdos quieren jugar con uno, y no te dejan dormir.)

Mi equipaje lo hice en menos de diez minutos esa mañana del 12 de junio del invierno limeño de 1985.

¡Dejaba mi país –ya lo intuía- por mucho tiempo, quizás para siempre (¿qué es siempre?), pero me porté como si me fuera de paseo a una localidad vecina!

Para evitar trámites engorrosos al hacer mi equipaje, metí, bajo la mirada asombrada de mi media novia (alemana) de entonces, todas mis cosas en un bolso de marinero que alguna vez me había regalado uno de mis tíos más cercanos.

Al llegar a Luxemburgo, como sospechoso de estar acompañando y encubriendo a un camello (de drogas), un miembro de la simpática policía luxemburguesa abrió mi bolso –único equipaje-, lo cogió de la punta pertinente, elevó ésta a una altura conveniente y dejó caer todo su contenido sobre el piso del aeropuerto.

Por suerte, hablaba alemán.

Había tenido la inmensa suerte de pasar, becado por el Instituto Goethe, tres meses en Mannheim, en este país, asistiendo a un curso de lengua alemana.

Respiré para recobrar la calma. Miré al policía a los ojos y le dije, con la mayor tranquilidad posible, en alemán:

-Ahora usted va a tener que explicarme si este es un tipo de recibimiento civilizado estándar europeo o sólo es una costumbre de su país.

El policía me quedó mirando por un buen rato.

Me imagino que no sabía cómo reaccionar.

Me imagino que se puso a repasar mentalmente todas las páginas de su Manual de Conducta Policial. Me imagino que no había contado con mis conocimientos de un idioma que los luxemburgueses están obligados a estudiar y aprender en la escuela. El suyo es una mezcla de francés y alemán.

No sé si terminaría de repasar todas las posibilidades.

Después de un momento de alta tensión, debe haber hecho en algún lugar de su cerebro clic, y, habiendo empezado a perder ya obviamente el interés, dio media vuelta, no sin antes espetarme, casi con un bostezo:

-Puede guardar sus cosas e irse.

Estas dos historias iniciales tengo que aclararlas.

Supongamos que me es posible filmar ciertas secuencias de mi vida.

Cada persona es una película: su vida. Pero también es cómo la vive. Qué tan intensamente experimenta sus momentos y sus acontecimientos.

¿Cuántas veces no nos ha sucedido algo que, sólo después de ocurrido, hemos advertido que nos sucedía a nosotros mismos?

Dejemos pasar velozmente las imágenes hasta situarnos en una mañana de invierno limeña, en uno de los mejores barrios –que aún lo sigue siendo- de mi Lima nostálgica, la del cielo nublado, color panza de burro (marca registrada): San Isidro.

¿Distancia temporal? Poco más de un año antes de partir a Europa.

Estoy caminando de la mano de una atractiva austríaca que también es profesora de alemán, pero no la mía. Es temprano por la mañana, nos dirigimos a la panadería de su barrio. Tenemos pensado volver a su departamento, donde hemos pasado la noche y desayunar juntos allí. Parecemos una pareja feliz y asentada.

Pero es la segunda vez que he pasado la noche fuera de casa. Y la situación es bizarra.

Ella me está hablando del hombre en quien se ha pasado unos dos años pensando sin ser correspondida. Un peruano con pinta de europeo y nombre de antiguo emperador romano.

No sé qué pensar. No estoy aturdido.

Nos hemos conocido más o menos la noche anterior. La he acompañado a casa más o menos de casualidad (ahora sé que no fue así).

Ella ha sacado su guitarra, ha intentado cantar un par de canciones, se ha alegrado de ver que no me es un instrumento desconocido y de que puedo cantar. Hemos bebido ron con jugo de naranja hasta terminar en su habitación.

Nos vamos a pasar bebiendo ron con jugo de naranja durante varios meses, mientras voy a seguir escuchando sus historias sobre su amor imposible, sin saber qué me quiere decir ella con todo eso.

En algún momento de esta historia conozco a alguien que me anima a viajar a París como músico. Estoy estudiando Matemáticas en la U.N.I., soy miembro del coro de esa universidad, leo como un condenado y escribo poesía a escondidas.

Mi sueño es convertirme en profesor universitario de matemáticas de alguna universidad de provincias (ya tengo escogida la ciudad: Trujillo) y escribir poesía sin que nadie lo sepa.

La cámara vuela ahora a otro de esos días limeños.

Recorre como un ave los techos destartalados de mi Lima romántica y sucia. Sus edificios del centro histórico que se han convertido en mi segundo hogar poético. Camino por sus calles y ya debo saber que no me queda mucho tiempo allí, porque cada paso se va confundiendo con el impulso imaginario de una máquina de reanimación clínica. Tum, tum; tum, tum.

Respiro y camino. Dejo que mi corazón dé los pasos por mí. Tum, tum; tum, tum. Absorbo mi Lima colonial y caótica, sus gentes, su historia y su pasado. Recorro las calles que un día recorrieron Valdelomar y Salazar Bondy, Vallejo y Yerovi, Chocano y Palma.

De la universidad de Ingeniería tomo el microbús que me lleva, como casi todos los atardeceres, al jirón Ica. A pocos metros de la avenida Tacna, se encuentra el local del Instituto Goethe, ocupando una casona colonial que ahora es considerada un monumento de importancia histórica.

Me siento como en mi casa allí.

Si no estoy en mis clases de alemán, visito la librería del instituto o me paso las horas escribiendo en la cafetería. Allí preparo las páginas para un concurso literario de la universidad: los Juegos Florales. Voy a presentar seis trabajos, diferentes. Seis cuadernos que me gustaría alguna vez recuperar y que me llaman desde algún lugar como sólo pueden llamarlo a uno sus propios hijos.

En una de las oficinas del segundo piso, José B. Adolph, un escritor peruano nacido en Stuttgart, le da a la máquina de escribir sin perdón.

-Esa sensación de saber que estás escribiendo bien, es algo que no se puede comparar con nada -me va a decir una vez que nos cruzamos en los pasillos del Goethe.

La cámara se detiene ahora en la cafetería.

Don Mario, el dueño, me permite pasar horas ocupando una mesa y consumiendo lo que recién le voy a poder pagar a fin de mes.

En una mesa vecina, una muchacha rubia de ojos impresionantes fuma, lee y bebe de su café. No es común esta figura. La gente que visita la cafetería suele quedarse solo unos minutos y luego seguir su camino a sus clases o a casa. Pero esta muchacha no parece tener apuro. ¿Será una turista?

Es de uno de esos momentos en mi vida en los que quisiera poder levantarme, acercarme a ella y preguntarle si tendría ganas de conversar un poco conmigo. Pero no me voy a atrever.

Mi exagerada timidez me encadena a mi asiento. Me impide la concentración. Es un martirio que trato de compensar concentrándome aún más en lo que escribo.

-Don Majio, otro cafecito, poj favoj –escucho decir.

Solo puede ser de ella la voz. No hay nadie más que nosotros a esa hora en la cafetería. No se trata de una turista, por la forma nuestra de referirse al café: cafecito.

Nos quedamos mirando por un momento. Ella me pregunta algo.

Esa noche la paso por primera vez fuera de casa.

Mi madre se alarma, pero ya no le es posible reclamar. Creo que en el fondo se ha alegrado porque finalmente tengo una novia tan fija que me quedo a pasar la noche con ella. Aunque sé que su tradicionalismo la lleva a ver un gran pecado en esto. No lo sé.

La muchacha alemana vive en uno de los mejores barrios liemños de entonces y vecino al colegio Santa María, al que apenas unos años antes, he ingresado saltando un muro un par de domingos a jugar fútbol en una de sus canchas con sus superficies como alfombras verdes. Mi colegio no queda muy lejos de allí, cerca a la Panamericana Sur. Pero no tiene esas canchas de ensueño.

Ella vive con sus padres y tiene una hermana que es de una belleza casi imposible para los muchachos peruanos, pero que vive atormentada.

Me ha presentado a su familia y yo apenas he podido probar bocado en la cena, a pesar de su alta hospitalidad y simpatía, porque lo primero que ha dicho al entrar ha sido:

-Se va a quedar a pasar la noche -refiriéndose a mí.

Horas después, ella me va a empezar a contar que, en realidad, tiene un novio cuzqueño que ahora se encuentra en la cárcel, pero en el que ella no ha dejado de pensar todo este tiempo.

Así empieza la historia con mi segunda media nueva novia.

(Como no me veo en obligación ni compromiso con ninguna de ellas, decido callar mi doble relación primero. Después lo van a saber, ambas, por mi propia voz, y no van a tener ‘ningún’ empacho cada una en continuar su media relación conmigo.)

Ha sido la primera mujer en mi vida que me ha llevado de la mano a su lecho y me ha permitido pasar la noche con ella. (No sé si fui el amante más dócil en su vida.)

La cámara corre ahora veloz a mi última noche en Lima, cruzando meses en el tiempo.

Mis planes son despedirme de mi media novia austríaca. Irme a dormir a casa luego y levantarme temprano a hacer mi equipaje.

Mi otra media novia alemana ha quedado en recogerme unas horas antes del vuelo, para tomar desayuno juntos y pasar por algún banco a cambiar dólares.

Pero la primera despedida se va a alargar toda una noche, acortando la otra a la mañana siguiente.

Con mi partida van a quedar atrás un peruano con pinta de europeo y nombre de emperador romano, y un cuzqueño encarcelado -al parecer- por drogas.

La primera historia se acaba.

La segunda historia, que me sucedió ya en pleno vuelo a Europa, provocó que todo el contenido de mi equipaje terminara en el suelo del aeropuerto de Luxemburgo por mano de la policía de ese país.

Pero eso ya lo terminaré de contar mañana.

            HjorgeV

            Pulheim-Sinthern, martes 12 de juno del 2007


MÉDICOS DE BISTURÍ RÁPIDO

11 Junio 2007

Hice un comentario, el otro día, en uno de los foros del portal de bitácoras El Boomeran(g).

Opinaba, a propósito de si legalizar ciertas drogas o no, que si EEUU analizara sus propios problemas caseros habría avanzado ya bastante en la -parcial- solución de ese asunto humano.Las guerras civiles (entre carteles, pero civiles al fin) que se libran en México y Colombia, son actualmente el efecto y no la causa del alto número de adictos usamericanos que requieren sus dosis diarias de cocaína.

(Hay adictos y consumidores casi adictos donde ustedes menos se lo podrían imaginar. Aquí en Alemania descubrieron altos y continuos residuos de esa droga de lujo en los servicios higiénicos del parlamento hace un par de años. En Roma, acaban de descubrir que partículas de la misma, que ‘usaba’ Sherlock Holmes y también más de un Papa, flotan por toda la ciudad.)

Pero creo que EEUU ya tiene la mano demasiado entrenada para disparar rápido sin pensar, fue mi comentario.

Entonces, hoy, que volví a ver el título de una revista médica preparando psicológicamente a la población en el tema de intervenciones quirúrgicas, en forma de inserción de las llamadas prótesis funcionales, se me volvieron a poner los pelos de punta.

-Los médicos de bisturí rápido ya están reproduciéndose sin control en este país -le comenté a mi hija, sin que ésta me pudiera entender.

No sé cómo será en otros países, pero yo personalmente, aquí en Alemania, desde hace mucho tiempo ya, considero que muchos –demasiados- médicos recurren demasiado rápido a la intervención quirúrgica con el fin de tratar de solucionar alguna dolencia.

Lo he vivido en carne propia varias veces.

Veo que esto sigue sucediendo y se acepta, por esa fe ciega que se suele tener a los galenos.

Pero se olvida, que, prácticamente, todo el riesgo lo corre el paciente.

No el médico, aún en caso de algún error fatal o accidente, pues son muy raros los casos en los que un cirujano es juzgado y condenado por algún error o descuido grave. Simplemente, es muy difícil probarlo y no existen jueces especializados en ese tema concreto.

Y justo hoy, como decía, segundo lunes de junio, se me acaba de congelar la sangre en el consultorio del dentista de mi hija mayor, mientras hojeaba la prensa ligera en la sala de espera.

Una revista de apariencia seria y oficial hacía publicidad a lo que se pondrá de moda en los próximos años en Europa: las operaciones a la columna. Pero solo para mayor sufrimiento de los pobres operados y para más ganancia económica de los mercaderes de los productos médicos ofrecidos y de sus testaferros: los médicos.

Ni siquiera me tomé la molestia de comprobar si había alguna institución médica o científica que respaldara uno de los temas principales de la portada donde se afirmaba en tono campante que el futuro de las dolencias de espalda se “solucionará” simplemente sustituyendo las ‘viejas’ piezas ‘oxidadas’ por otras de alta tecnología.

Y alto precio, se entiende.

(Es un defecto del sistema alemán de salud, en realidad: le da mano libre a los mercaderes para ofrecer lo que deseen, puesto que los seguros pagan más o menos ciegamente las prestaciones.)

El que se atreva a revisar las estadísticas referidas a los resultados que aporta la cirugía puede caerse –literalmente- de espaldas. (Pero, cuidado, que si se rompe algo, eso ya es otra cosa.)

No existe ninguna estadística que avale el empleo del bisturí en algunas dolencias de la espalda: ciática, lumbago y hernia discal. Y parece ser que en algunas otras dolencias corporales, tampoco.

Mejor dicho: las soluciones alternativas -no invasivas- presentan resultados tan satisfactorios como las soluciones de su primo: el cuchillo médico.

Lo que ignora mucha gente es que una vez que se ha alterado la computadora u ordenador que es el cuerpo humano, no existen más garantías de que el sistema funcione como antes y de que no se presenten aún más problemas.

Si la cirugía soluciona un problema, suele crear por lo menos otro que antes no existía.

Y esto, partiendo de que se tiene la suerte que no ocurra ningún accidente o error humano durante la operación.

Si una operación quirúrgica es algo extremadamente delicado, ya podrán imaginarse cómo lo será si de por medio está la médula espinal, un componente primordial y básico en la computadora que es el cuerpo humano.

Lo he vivido, repito, en mi propia carne.

La primera vez me sucedió hace casi veinte años con un médico que me recomendaba una rápida y sencilla intervención quirúrgica para aliviar cierta molestia que sentía.

-Pero –trataba de argumentar yo-, nunca antes había escuchado que algo así tan sencillo, se puede solucionar con cirugía. Yo ni siquiera pensaba visitar un médico, doctor.

Era verdad.

Como el sistema de salud alemán es obligatorio para todos los residentes en el país, a mi condición de estudiante universitario le correspondía, particularmente, un seguro médico general automático. A muy bajo costo, por lo demás. De tal manera que, como le sucede a muchas personas, corrí al médico porque tenía piernas para hacerlo, pero no porque verdaderamente lo necesitara.

(El de arriba es uno de los problemas con el que se enfrentan las autoridades sanitarias: cómo evitar el mal uso y abuso del sistema. Pero ese ya es tema de otra página de esta bitácora.)

-No se preocupe, es una simple operación. Ambulatoria, además –continuó el médico.

-Aahh…

No me lo podía creer. Había ido por simple curiosidad y ahora un desconocido quería cortarme una parte de mi ser. Por muy pequeña que fuera.

-Mientras tanto puede tomar estas pastillas que le voy a recetar, por si tiene alguna molestia –añadió.

-Es que en realidad –dije, casi balbuceando-, no tengo ninguna molestia especial.

Pero ya era muy tarde. El tipo cogió una receta en blanco y tomó su lapicero (peruanismo para bolígrafo o birome). Y mientras escribía, me quedé mirando fijamente, como un hipnotizado, cómo lo hacía.

¡Le temblaba la mano!

-Sí, claro, doctor –le dije, levantándome inmediatamente sin ni siquiera intentar despedirme-, cuando usted diga. Ha sido un gusto.

Y salí. Aliviado.

La segunda vez me sucedió después de haber sentido cierto dolor en la rodilla que no menguaba a lo largo de semanas. Entonces, casi como ahora, jugaba más o menos unas tres veces por semana al fútbol.

Alguien me recomendó el médico del FC Köln, el equipo de esta ciudad, Colonia, que mantiene desde hace más de diez años cierta predilección por una variante de un juego infantil: el subir y bajar de categoría.

Me advirtieron que tenía que tener paciencia. No iba a ser el único en ser atendido. El consultorio del médico ocupaba todo el quinto piso de un modernísimo edificio en pleno centro colonés.

La tuve.

Esperé horas en una sala muy agradable hasta ser atendido por ese renombrado especialista.

Debo añadir ahora, que siempre me ha fascinado la medicina.

Con un amigo del colegio nos llegamos a preparar para el examen de admisión de San Marcos.

Al preguntarme la segunda esposa de mi padre, tras terminar el colegio, qué me gustaría estudiar, respondí, sin dudas: Literatura.

Mi padre se interpuso, diciendo:

-La literatura se escribe, no se estudia.

Lo odié en ese momento (¡ahora sé cuánta razón tenía!), sobre todo porque indeciso e inseguro como era yo entonces, me dejaba llevar más por lo que me decía mi familia que por mis propios intereses.

Creo que a mi madre le habría gustado que fuera médico.

Y allí fui a parar a esa academia de preparación. Se llamaba, curiosamente, Academia Ingeniería, porque preparaba sobre todo para el examen de admisión a esa carrera y el dueño era el padre de uno de nuestros ex compañeros del colegio.

Lo malo fue que descubrimos un billar vecino a esa academia y por visitarlo a diario, no pasamos el examen de San Marcos.

El padre de mi amigo –creo haber entendido- le propinó una buena cueriza (azotaina) y lo obligó a continuar concienzudamente su preparación preuniversitaria. Yo me quedé sin saber qué hacer de mi vida por un buen tiempo.

Apenas tenía 16 años. No había apuro, en realidad, pensaba.

Después de un tiempo dándole al billar estuve a punto de ganarle, gracias a una suma insólita de grandes casualidades, a don Sixto Jáuregui en una competencia informal -pero por dinero- a tres bandas.

(Don Sixto Jáuregui Carbajo, tan pausado siempre él, había sido ya campeón nacional y era en ese entonces el eterno rival de ese otro peruano que le ha dado a nuestro país uno de los pocos campeonatos mundiales de nuestra historia: Adolfo Suárez, limeño, hijo de argentino y peruana, fallecido en el 2001. La Vieja ganó, en Amsterdam, nada menos que frente al legendario billarista belga Raymond Ceulemans, el Campeonato Mundial de 1961. Jáuregui le arrebató en 1985, a esa otra leyenda del billar, el japonés Kobayashi, el Récord Mundial de Carambolas con 15 continuas en Burdeos ese año. Pero esas ya son otras historias de mi pasión billarística.)

Mi amigo, por su parte, tuvo que comprometerse a seguir un régimen rígido de preparación.

Al siguiente examen consiguió ingresar en el primer puesto, entre unos ¡50.000 postulantes!, a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, primera fundada en América.

Para no mezclar más historias –ya saben cómo lo detesto-: la medicina me habría podido interesar, pero ahora sé que un interés no tiene por qué convertirse en profesión. Yo siempre he tenido muchos intereses.

(Creo que no lo hubiera hecho mal, además, porque llevo la vocación de curar en mí, pero no creo haber podido soportar toda mi vida en eso. Mi padre me hizo un mal y un buen favor, a la vez. Y está bien así.)

-A ver –me dijo, el simpático médico, a quien yo conocía de las fotografías de los diarios-, ¿cuál es su dolencia?

Se lo expliqué. Ese dolor sordo en la rodilla que aparecía cuando quería jugar al fútbol.

-Permítame –me dijo, procediendo a hacer unas cortas pruebas con mi articulación.

Había esperado horas. Estaba relajado y esperaba un examen completo y a conciencia. En esa época yo tenía un caro seguro privado que cubría todo tipo de gastos especiales.

-Ya está –me dijo.

-¿Cómo que ya está? –quise preguntarle, pero no lo dije.

-Su caso requiere una sencilla operación quirúrgica –añadió, con toda la calma del mundo, como quien está hablando de enjuagues bucales-. En la recepción le darán una cita. Ahora, si me permite: tengo muchos pacientes esperando.

¡La auscultación no había durado ni dos minutos!

-¿Me podría decir, por favor, cuál es su diagnóstico, doctor? –le pregunté, sin aceptar darle la mano para despedirnos.

Estaba indignado.

Tenía un seguro privado que iba a volverlo un poco más rico de lo que ya seguramente era y ¡ese individuo pensaba que podía ganar su (mi) dinero en dos minutos de consulta y una simple operación quirúrgica!

-Es una operación que hago varias veces al día, joven –añadió, desviándose del tema y con una sonrisa que ahora, en el recuerdo, me parece más falsa que euros sudamericanos.

-Usted no ha tomado ninguna radiografía de contraste, doctor. Ni siquiera una simple radiografía. No estoy hablando de una tomografía. Estoy hablando de una simple radiografía –le espeté, lentamente, pero ya indignado.

-Vaya no más –me dijo al salir, sin atreverse a volverme a ofrecer la mano-. En la recepción le darán su cita.

-Sí, claro –le dije a modo de despedida.

Decidí estudiar (más) sobre el tema y llegué a la conclusión de que mi dolencia podía tener una etiología múltiple y no necesariamente debía recurrirse al bisturí.

La rodilla es una articulación crítica. A diferencia de su similar del codo, las rodillas -y sus elementos estructurales: meniscos, ligamentos, cartílagos, membrana sinovial y otros elementos de refuerzo- soportan casi todo el peso del cuerpo.

¿Cómo mantienen las rodillas su estabilidad y qué les permite realizar sus funciones?

Los músculos. Son los músculos los encargados de ello.

Me autoreceté descanso, para reducir la inflamación. E hice uso de una de las terapias a la que más recurro para casi todo tipo de molestias: provocar la hipercirculación de la zona afectada.

Me apliqué ‘cremas musculares’ y recurrí a muchas sesiones de automasaje.

Si algo estaba mal en mi rodilla, me decía, tenía que ayudarla a que el mismo cuerpo la curara aumentando la circulación sanguínea y con ella el funcionamiento del sistema linfático, y mi metabolismo general.

(El sistema linfático es el que se encarga de formar y activar el sistema inmunológico. Junto con la sangre, que porta defensores como los leucocitos o glóbulos blancos, son los médicos naturales de nuestros cuerpos.)

Después pasé a la segunda parte de la terapia: el fortalecimiento muscular.

Como entonces tenía que atender muchas cosas a la vez, aprovechaba cualquier pausa para hacer trabajar a los músculos de la pierna, principalmente los de los muslos, grandes responsables de la estabilidad de la rodilla.

Eso fue hace unos diez años. Volví a jugar.

Antes, me preparé bien , físicamente, a lo largo de un par de semanas antes de volver a hacerlo.

No he vuelto a tener problemas similares.

            HjorgeV

            Pulheim-Sinthern, lunes 11-06-2007

P.D.: Ya les contaré un día de éstos cómo solucioné sin médicos, operaciones ni medicamentos, mis problemas de espalda, después de haber desoído el consejo de mi médico de entonces, quien insinuaba quererme operar de ¡una hernia discal incipiente! (Experimenté bastante, pero ya llevo años sin que me haya vuelto a ocurrir no poder levantarme del suelo por un ataque de lumbago. Solo les adelantaré, que por esas extraños designios que tiene la vida, me vi acompañando una vez, en pleno ataque de lumbago, a unas amigas a una discoteca. Yo apenas me podía mover. Hasta que me sacaron a bailar…)

También de la vez que un pediatra me recomendó operar a mi hija mayor del oído medio, en una “operación sencilla y rutinaria”. Felizmente cuando le pedí que fundamentara su deseo con estudios científicos, no me pudo nombrar ¡ni uno solo! (No pensaba, de todas maneras, dejar que la operen, entre otras cosas porque sólo habíamos llegado allí por un simple control auditivo.) HjV


LA HORA MALA

10 Junio 2007

Pesar de la hora joven

Garabato de la memoria activa

El rufián del tiempo soplando

en las orejas

 

Tengo un animal que no soy yo

Pero firma por mí

Lo he arrojado muchas veces

al abismo

(He tenido la suerte de no caer con él)

Pero vuelve

 

Dónde tendré que esconderme para

que no me halle en mí

Dónde la hora de las menesterosas

que se esconden en las letras

 

¡Señoras, señores, va a dar la hora

mala y no nos hemos

Vestido!

 

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, domingo 10-06-2007


VIVIR CON TRES MUJERES (Y UN GATO)

9 Junio 2007

Durante seis años viví con tres mujeres.

En la misma casa. Compartí mi vida con ellas y ellas, las suyas, conmigo.

Hasta que nació nuestro primer hijo y luego vino la cuarta criatura, que también fue varón.

Ahora nuestras dos hijas ya están grandes y están a punto de entrar a la adolescencia (ellas lo negarían: dirían que ya están saliendo). Lo cual es una pena en muchos sentidos.

¿Cuándo fue que jugábamos juntos en la cama a los monstruos y ellas dos, María Luisa y Marisol, se me lanzaban encima y yo jugaba a asustarlas hasta terminar en un embrollo de sábanas, cuerpos y risas?

Ahora ya no es posible hacerlo. Me aplastarían.

La mayor ya pasó el metro setenta y en unos años más debe estar superando mi estatura. La segunda es un poco más baja, pero ya no está tampoco para esos juegos infantiles. Desde ahora me preparo psicológicamente para -alguna vez- hablarles desde abajo.

Ahora me tienen de chofer.

Me piden que las lleve a la piscina, al cine, las recoja de la casa de tal amiga, esas cosas. Tengo que ser puntual como un alemán y flexible como un peruano.

Y allí me tienen a mí ahí, cumpliendo las órdenes de mis chicas como si me pagaran un sueldo por hacerlo. Aunque soy de los que lo hacen con gusto.

Y mis hijas me pagan, sin saberlo.

Ya vendrá la época en que no quieran ver al padre ni en pintura, pero para ese entonces, ya estaré de chofer de mis otros dos muchachos.

Me han tomado tanta confianza ellas, que hablan -durante los trayectos- con sus amigas de sus ‘cosas de chicas’, como si yo no existiera.

Hacer algo así en mi niñez, habría sido impensable para mí. Para empezar, no más, estaba el lenguaje altamente diferenciado que teníamos que usar correctamente, dependiendo de con quién y dónde nos encontráramos.

Mi padre o mi madre, se habrían desmayado, de habernos escuchado conversar entre jovencitos entonces.

Pero a mis hijas les importa un comino usar su ‘otro’ lenguaje delante de mí. Y así, mientras hago de Taxi Papá, me voy enterando sin querer que ya empezaron los cuchicheos por este u otro muchachito, que aquel la quiso besar a mengana, pero ella prefiere a zutano, que fulana ya ha probado a fumar. Ya saben.

El asunto me gusta.

No porque me entere de las cosas de muchachitas pre-adolescentes: la mayor tiene 12 y medio, la menor acaba de cumplir 11.

Sinceramente, no soy lo que en mi país llaman chismoso. Ni siquiera soy curioso en otros sentidos: varias veces he abierto regalos de cumpleaños recién al año siguiente. Los chismes me dejan frío.

(Pero uno bien contado: aunque sea inventado.)

Me gusta por el alto grado de confianza que eso significa.

Ahora resulta que han conseguido que aceptemos tener un gato en casa. Permítanme una pequeña mirada al pasado inmediato.

No ha sido fácil la educación de nuestros hijos. (No lo sigue siendo.)

El tercero, Jorge Juan, tiene apenas 6 años. Y el último con 2, no se sentirá el dueño del mundo, pero sí de todo el tiempo posible de su madre y, además, del de su padre y sus tres hermanos juntos, también.

Creo no equivocarme al decir que mejor me llevo con mis chicas desde que una vez me di cuenta plena de que alguna vez se irán de casa a vivir su propia vida.

Ese día, fui consciente, con mucho pesar, de que las horas que ahora se nos van sin pasarlas juntos, no se van a recuperar jamás.

Todo esto venía a colación, porque leí en una revista, una propuesta de dos investigadores economistas italianos, sobre cómo conseguir una verdadera emancipación de la mujer.

Entonces me acordé de esos años viviendo solo con mis tres mujeres.

Recordé cómo me propuse tratar de ayudarlas a ser personas con los mismos derechos que los hombres.

¿Por dónde tenía que empezar?

Uno de los primeros puntos lo tenía más o menos resuelto: el asunto de la femineidad al estilo Cosmopolitan. (Tal vez la revista ya pasó de moda, pero espero que me entiendan.)

A mí me fascina especialmente la belleza femenina.

En cambio, nunca me busqué novias que se pintaran ni usaran todo los artilugios de las chicas ‘cosmo’, vamos a decir.

(Estoy hablando de pintarse, de maquillarse: de ese trabajo de manualidades que hace que las mujeres pesen unos 500 a 800 gramos más, después de por lo menos una hora de empeño concentrado. No de un toque por aquí o por allá.)

Advertí que mientras la mujer no sea autónoma, no podrá emanciparse realmente.

Porque no basta el deseo de ser emancipada. Hay que poder serlo, también.

Autónomamente.

Sin que papi, mami, los abuelos o quien sea ayude de alguna forma. Económica y trascendente, se entiende; porque toda ayuda siempre es buena.

También advertí, mientras crecían mis hijas, que el Mono Sapiens Astussisimus le está tendiendo todo el tiempo trampas y tentaciones a la mujer, para que deje de intentar su emancipación y la consecución de su autonomía.

Y la mujer suele pisar el palito. Muchas veces no quiere renunciar a los privilegios que acompañan cierta vida económicamente dependiente.

Entonces, me dije que lo mejor sería tratar de enseñarles a ser autónomas a mis hijas.

¿Tenían algún problema con alguno de sus juguetes? A intentar repararlo solas.

¿Debía yo armar, reparar o construir algo en casa? Llamaba a mis chicas para que me ayudaran con las herramientas.

Les enseñé a nadar, a patear la pelota y otros juegos con ella. Hasta un curso de defensa personal han hecho.

Como a mí me gusta cocinar, no tuve que hacer gran cosa en ese sentido. Ahora, hasta el de dos años, me pregunta:

-¿Te puelo a ayudal a cocinal, Mapi?

Claro que eso de “a ayudal a cocinal” se limita a aplastar con cierto sadismo a los tomates y pepinos, pero, pienso: algo es algo. (Mapi, es como me llaman mis hijos.)

Sin proponérmelo, he ayudado a mis hijas a convertirse en unas girlies.

Son unas jovencitas, ahora, seguras de sí mismas, que gustan de la moda y arreglarse para salir, pero que no dudan en coger un martillo u otra herramienta, y a las que no les falta la dosis saludable de complejos que toda persona a esa edad (y a cualquiera) necesita para desarrollarse.

Ahora los estudiosos italianos plantean como propuesta, rebajar los impuestos para impulsar la emancipación femenina.

También proponen, en cambio, subir –en una proporción menor- un poco los impuestos que pagan los hombres.

Aquí en Alemania las mujeres están celebrando más de 40 años de feminismo, pero ven claramente que el camino es mucho más largo y complicado de lo que pensaban.

Apenas hay mujeres en puestos dirigentes. No sólo en la economía: también en la política y en otros campos sociales.

Las alemanas ganan un 20% por ciento menos que sus colegas varones, por el mismo trabajo.

Y, si bien es cierto, el porcentaje de ocupación es de 66%, esta cifra esconde el alto número de alemanas que trabajan casi un horario completo por medio sueldo. El llamado minijob aquí: 400 € mensuales.

La idea de los italianos nació, al comprobar uno de ellos, que, estadísticamente, es la mujer la que más falta al trabajo.

Razones hay diversas: enfermedad, hijos, reuniones escolares, atención a familiares ancianos, etc.

Todas razones vitales para cualquier sociedad y, sin embargo, fatalmente incomprendidas. (Poder recuperarse de una enfermedad también es vital para una sociedad.)

Lo que en principio se puede ver como una desventaja para los empresarios, visto más objetivamente, es, en realidad, antes que nada, una gran desventaja para las mujeres.

Así nació la idea que han presentado el pasado mes de marzo en la revista Il sole 24 ore, y que ahora se está discutiendo en varios países europeos.

Muchas mujeres ven en esta idea, la ansiada compensación económica –el bono- que toda mujer debería tener por el simple hecho de ser las únicas en poder procrear. Algo que los hombres suelen soslayar con mucha habilidad cuando llega el momento de discutir sobre ello, argumentando, muchas veces, con un simple fatalismo.

Toda esta vuelta he dado porque desde hoy tenemos un nuevo miembro en la familia.

Esta tarde llegó Marisol contenta con su nueva mascota: un gatito. Blanco, encima.

La otra mascota que prometieron cuidar, alimentar, cepillar, sacar a pasear y bañar -nuestro perro Tito-, sigue allí su vida, pendiente de que mi esposa le dé de comer y de que yo lo saque a pasear temprano por las mañanas.

(Para mí es positivo: troto con él todas las mañanas antes de empezar a trabajar.)

Vamos a ver cómo les va a estas Girlies con la nueva mascota.

Me fascina verlas crecer y desarrollarse, entrando a un mundo que, ruego (sé que es en vano, qué vamos a hacerle: yo no paro de contribuir con mi aporte), sepa tratarlas como todo ser humano se merece: independientemente de su sexo, su inclinación sexual, su raza y su procedencia.

Los expertos dicen que la cría de animales estimula el sentido de la responsabilidad en los niños. Espero, entonces, por lo menos, no tener que volverme ahora un experto en gatos.

Los detesto (lo saben ellas). Aunque verlo hoy, así, tan chiquitito, indefenso y necesitado de cariño, ha alterado mi predisposición.

Vamos a ver, pues. qué sucede cuando salga el tigre que lleva dentro.

            HjorgeV

            Pulheim-Sinthern, sábado 09-06-2007

P.D.: A propósito de emancipación y autonomía femeninas, aquí un interesante reportaje:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/estudios/trabajo/mujeres/elpepusoc/20070610elpepisoc_6/Tes


10 MUESTRAS DE POESÍA HIPERBREVE

8 Junio 2007

(No sé bien cómo llegué a esta página que anuncia un concurso de poesía hiperbreve:

http://www.eldigoras.com/premios/premios0758.html

Ya no sé bien, tampoco, quién me propuso alguna vez escribir un microrelato, pero no lo pude tomar en serio. Esta vez decidí aceptar el reto -me fascinan ciertos retos- y estos 10 poemitas son parte del resultado de mi esfuerzo, mayormente nocturno, de los tres últimos días.

Curiosamente, las bases dictan como 15 el número máximo de palabras de cada poema, sin contar el título. De los 10 que presento, todos salvo uno, cuentan con exactamente 15 palabras.

¿Cuál es el que escapa a la regla? HjV)

10 MUESTRAS DE POESÍA HIPERBREVE

 (I)

INSTANTE

Palpar así

Sutilmente

Tu boca

Con mi dedo

Sentir el tiempo

Pasajero

De tus ojos

 

(II)

REALIDAD OVAL

Salir un día a volar

y descubrir que

no estás soñando.

(Poner luego un huevo.)

 

(III)

ILUSO

Recordar es verte

De la mano de otro

Que fui yo

Pero lo ignoraba

Entonces

 

(IV)

VOLÁTILES

¿Esperar de las palabras

justicia, piedad?

¡Lo que escribes

apenas se sostiene

en el papel!

 

(V)

APRENDIZ

No ignoro que fueron

Adolescentes mis palabras:

También jugaron a ser dios

Y cayeron hondo

 

(VI)

¿DESPERTAMOS EN NOSOTROS?

Despertar 

En otro cuerpo

Pagar el tributo mientras

Nos va trasvasando

El otro

Su memoria

 

(VII)

RUTAS

El amor también

Sabe escoger

El desfiladero exacto

Que lo lleva

Hasta su propia

Perdición

 

(VIII)

PREGUNTA A LA INMENSIDAD

¿Y allá afuera  

en el infinito,

quién se encargará

de cerrarle

los ojos

a dios?

 

(IX)

SECUENCIA ONDULADA

Colgarse de un

Par de notas

Musicales

Dejar que

Estructuren

El canto de

Tu cabello

 

(X)

AMANECE EL MUNDO

sentir el

acorde de tus

ojos

posándose en

el comienzo del

día

universo de los

cuerpos

 

            HjorgeV

            Pulheim-Sinthern, viernes 08-06-2007


EL DÍA QUE ASALTÉ UN BANCO EN BARCELONA

7 Junio 2007

Para dejar claras las cosas, desde el inicio: yo no soy El Solitario.

El mítico asaltante español de bancos y quien sigue sin ser capturado. Ni siquiera nos parecemos remotamente.

Pero un video en el que se puede apreciar claramente cómo dos agentes femeninas de los Mossos d’Esquadra (“¿Y por qué no Mossas?”, me pregunta mi Lector Atento) agreden a una detenida, ha hecho temblar a muchas conciencias en toda España y a mí me ha hecho reflexionar un tanto y acordarme de una anécdota.

http://www.elpais.com/videos/espana/Agresion/Les/Corts/elpvid/20070530elpepunac_12/Ves/

Lo peor de este poco presentable asunto es que ahora quedan confirmadas las razones por las que se había ordenado la instalación de cámaras ocultas en ciertas dependencias policiales.

Ahora nadie puede decir que los malos tratos, agresiones y abusos por parte de la policía –a ocultas, precisamente- son un invento de algún simple delincuente o criminal.

No es algo raro el encubrimiento por parte de la misma policía, y de las demás autoridades, de este tipo de delitos cometidos por miembros –profesionales, además- del Estado. En todo el mundo.

Ese encubrimiento se justifica de diversas maneras: provocación por parte del detenido, el terrible estrés bajo el que vive un policía y para evitar dar una supuesta ventaja a los demás criminales y delincuentes. Argumentan.

Digo “a los demás” porque actos como los del video son un delito. Y quien delinque es un delincuente. No lo digo yo, lo dice el diccionario.

(Es más, ateniéndose al mismo diccionario, crimen es un delito grave. Y este tipo de agresiones constituyen un verdadero grave delito, en muchos sentidos. Son actos criminales.)

Detesto todo tipo de violencia practicada contra quien no se puede defender o no adecuadamente, por lo menos. Entre otras cosas por ser reflejo de una alta cobardía disfrazada de valentía y por sus catastróficas consecuencias.

Si la institución que debe perseguir el delito y el crimen, los comete –además, a escondidas y amparándose en una esperada impunidad-, ¿qué credibilidad puede tener ante la sociedad que paga y mantiene con sus impuestos a sus miembros?

En ese sentido, algunas de las imágenes de Represa Sagrada (Heiligendamm) en las que se ve a miembros de la policía departiendo alegremente hoy con los manifestantes contrarios a la cumbre del G-8 (¡junto a la valla, además!), es algo que hay que agradecer. Aunque eso solo sea la excepción en estos días de tensión.

Todo esto me ha hecho recordar una de mis visitas a Barcelona.

Había ido a visitar por un par de días a una de mis hermanas, quien a la sazón vivía temporalmente cerca de las Ramblas.

Era verano, vestía los pantalones cortos que estaban en ese tiempo de moda (de las modas, a veces, es preferible no acordarse), una llamativa camisa amarilla y gafas de sol. Llevaba el cabello, además, como casi siempre, con gomina.

Acababa de desayunar y me preparaba para dar una vuelta por la ciudad.

Mi idea era cambiar algo de dinero, comprar la prensa del día y sentarme a leerla en una de las terrazas cercanas a la Plaça de Catalunya. Después pensaba visitar librerías y tiendas de discos. Lo habitual.

(Por lo del cambio de dinero, de marcos a pesetas, tiene que haber sido antes de la introducción del euro. Es decir, el siglo pasado.)

Recuerdo que crucé de un lado a otro el paseo (la avenida de dos carriles separados por una amplia vereda central que sirve, justamente, para pasear), dirigiéndome a una de las numerosas casas de cambio que existían entonces.

Antes de entrar a una de ellas, recordé que había quedado en llamar a casa, aquí en Alemania. Así es que retrocedí para hacer uso de los teléfonos públicos de la alameda central.

Como la línea se encontraba ocupada, me dirigí nuevamente a una casa de cambio.

Antes de ingresar a una, me di cuenta que había también una entidad bancaria vecina. Pensé que tal vez en ella sería más ventajoso cambiar de moneda. Observé los precios y consideré las posibilidades, inclinádome finalmente por el banco.

Aquí en Alemania el servicio en los bancos es particularmente amable. No es raro encontrar una sonrisa detrás del mostrador recibiendo ya desde lejos a los clientes.

Lo que yo vi detrás de los mostradores de ese banco catalán vecino a las Ramblas, fue un grupo de hombres –no recuerdo haber visto ninguna mujer- al que le hubiera gustado no haber salido de la cama ese día.

-Tienen aspecto de resaqueados estos empleados bancarios–pensé-. Y no parecen tener mucho interés por mi dinero.

Salí del banco. No tenía ningún apuro y sí el derecho a hacer uso de mi libre albedrío.

Antes tenía que volver a intentar comunicarme telefónicamente con mi esposa.

La línea seguía ocupada. ¿En dónde cambiar?

Parado junto al teléfono volví a sopesar las posibilidades y me decidí por seguir camino hacia la Plaza de Cataluña. Ya encontraría otro lugar más amable para cambiar mis marcos.

Después del cambio de moneda, compré la prensa del día y me senté a beber una cerveza en una terraza cerca de El Corte Inglés, un establecimiento que siempre me ha hecho recordar al Sears de mi niñez en Lima.

-Disculpe usted, señor –me dijo, de pronto una voz a mi lado. Demasiado autoritaria como para ser la de un mendigo o la de alguien tratando de venderme algo.

Reaccioné lentamente.

Estaba de turista allí y no pensaba dejarme malograr el día por nadie. Me saqué lentamente las gafas y giré hacia donde venía la voz. Se trataba de un policía mayor, un tanto nervioso y vestido con su uniforme reglamentario.

-¿En qué lo puedo servir, caballero? –le pregunté, con toda la tranquilidad del mundo.

-¿Usted ha cambiado dólares?

-No –le respondí, escuetamente. Había cambiado marcos alemanes a pesetas.

-¿Podría mostrarme su documentación?

-¿Mi pasaporte? –le pregunté.

-Así es –dijo él.

-Lo siento mucho. Estoy visitando a mi hermana. Vive cerca de aquí y allí lo tengo. Puedo mostrarle mi documentación de Alemania, si desea…

-Si no tiene su pasaporte voy a tener que llevarlo a la comisaría.

-¿Me podría decir por qué? –le pregunté, sabiendo que era obvio que podría responderme ‘por falta de documentación’, pero tratando de no perder para nada la calma.

-Estamos buscando a uno de esos fuleros que hay por aquí –me dijo.

Fuleros, si entendí bien, son unos sujetos que se dedican a la práctica de juegos de azar trucados, con los que suelen embaucar al paso a los turistas.

Colocan para ello una caja de cartón que transportan doblada, sacan sus mínimos implementos, se acercan sus compinches que hacen de ganchos y ya está. Corre la bolita.

Por uno de esos decía confundirme el policía aquel.

Así, con mi camisa amarillo patito, los pantalones cortos, los mocasines, las gafas de sol. Con mi bronceado veraniego, el diario sobre la mesa, la cerveza. Sentado cómodamente como cliente de una terraza al pie de la plaza principal de Barcelona.

Este policía no andaba bien de la cabeza o quería otra cosa. No podía, no pude -porque ni siquiera lo intenté-, imaginarme qué.

-Y si lo está buscando, ¿por qué pierde el tiempo conmigo? -le pregunté, un tanto divertido ya.

-No se haga el chistoso, amigo, que yo soy policía.

-Lo veo -le respondí-. ¿Y sabe qué? Yo soy turista. Y tendría que ser muy tonto un fulero para vestirse como yo y ser reconocido inmediatamente, con esta camisa amarilla, las gafas, los pantalones cortos. Y la gomina en el cabello, además. ¿No le parece?

-La gomina se la puede haber puesto hace un instante -arguyó él, con cierto brillo en los ojos.

En ese momento se apareció -no sé de dónde- un agente de civil con un tono verdaderamente autoritario, que debía haber seguido la conversación de muy cerca.

-Estamos investigando un asalto a un banco, señor. La cámara del banco lo ha filmado todo y usted es el que responde a las características.

-¿Y se puede saber quién es el nuevo caballero? -pregunté, engolando un poco la voz.

-Soy de la policía –me respondió, enseñándome muy rápidamente su placa policial.

-¿Por qué no toman asiento los caballeros y me dicen en qué, verdaderamente, los puedo servir? –propuse, haciendo espacio en la mesa y los gestos pertinentes.

-Usted tiene todas las características de un hombre que acaba de asaltar un banco –continuó él, haciendo caso omiso de mi invitación.

-¿Cómo lo sabe usted? –le pregunté yo, tranquilamente.

No llevaba mi pasaporte y no quería que volvieran a recordar el tema. Por otra parte, me resulta a veces imposible no usar la lógica para comunicarme con los demás.

-Porque he visto una fotografía –me respondió el detective, empezando a perder la paciencia.

-¿Podría mostrármela, pof favor? –le repliqué, seguro de que una comparación directa e inmediata de mi rostro con el de la fotografía, me permitiría seguir con mi lectura y mi cerveza vacacionales.

-No la tengo aquí. Pero tengo buena memoria –me respondió, levantando aún más la voz.

-Está bien –le dije, ralentizando aún más mi voz y hablando aún más claramente-. Si usted tiene buena memoria, y yo le creo, ¿qué le parece si ahora me observa bien, compara mi rostro con el que tiene en la memoria y saca sus conclusiones?

-No tiene sus documentos –dijo el policía de uniforme, asistiendo en su ayuda.

-Y encima indocumentado –espetó el detective.

-Permítame una pregunta –dije, intentando cambiar de tema-. ¿Asaltó o no asaltó el banco el individuo en cuestión?

-No llegó a asaltarlo, no –contestó el de uniforme, ganándose una fea mirada de su colega.

-Entonces, suponiendo que yo soy el de la fotografía, ¿de qué se me acusa? ¿De haber pensado asaltar un banco? ¿Está penado imaginar o qué? ¿Ustedes pueden leer, además, el pensamiento?

Eso fue demasiado.

Pero a mí ya no me importaba.

Consideré que mi hermana tendría que acercarse a la comisaría con mi pasaporte. Que tal vez me harían dormir una noche sobre el piso frío de una celda apestosa e inmunda. Por lo menos estábamos en Europa y hasta un pan me darían a la mañana siguiente, pensé.

Sería una buena anécdota de vacaciones, me dije, tratando de hacer de tripas corazón.

Por suerte, no fue así.

Debió convencerlos mi increíble -para ellos- pasividad y mi ostensible divertimiento. Me acompañaron hasta el departamento de mi hermana, y pude mostrarles mi pasaporte.

Cuando se fueron, tardé bastante hasta encontrar la respuesta.

Me habían preguntado si había cambiado dólares y yo les había dicho que no. Era la verdad. Pero, para ellos, eso era una demostración de que yo les estaba mintiendo.

Mi indecisión al escoger en dónde cambiar mis marcos, había llamado seguramente la atención de algún empleado del banco. La resaca había hecho el resto del trabajo. Él había tomado mis indecisos movimientos de un lado a otro de la alameda, como los de un asaltante tomando valor para su cometido.

Era yo el de la fotografía o el de las imágenes del banco.

Mi camisa amarilla, mis gafas, el pantalón corto y el pelo engominado me habían delatado inmediatamente.

En eso tenía razón el detective.

Pero, ¿puede existir un asaltante o ladrón tan necio de presentarse de tal manera a tratar de esquilmar un banco?, vuelvo a preguntarme ahora; sin encontrar ninguna respuesta.

Esos policías lo creían.

No se les ocurra ahora preguntarme por qué.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, 07-06-2007



G-8: BOTES DE GREENPEACE ROMPEN BARRERA MARÍTIMA

6 Junio 2007

 

La policía se ha vuelto a ver incapacitada de poder controlar toda la zona colindante a la valla de seguridad y prohibida ayer a los manifestantes por los jueces del Tribunal Constitucional alemán.

A pesar de que la situación en general se desarrolla con menos incidentes que el día de ayer, dpa informa que en las primeras horas de la tarde de hoy, varios grandes botes de goma de la organización Greenpeace han conseguido burlar el control policíal marítimo, penetrando en la zona prohibida.

Greenpeace ha calificado de “inaceptable e irresponsable” la forma violenta en que las lanchas de la policía marítima han frenado su intento de alcanzar una petición formal sobre Protección del Clima a las delegaciones de la cumbre del G-8. Las acciones en el mar han sido seguidas de cerca por varios helicópteros de las fuerzas del orden.

Tres heridos han sido trasladados ya a hospitales de la zona, según la misma fuente.

Mientras tanto, la policía se dedica a levantar los bloqueos de las vías de acceso, empero solamente cuando se trata de algo absolutamente necesario, procurando evitar una escalación de la violencia. Varias calles, carreteras y vías ferroviarias se mantienen desde esta mañana bloqueadas por los manifestantes.

 

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, jueves 07-06-2007

G-8: PROHIBIDA LA ‘MARCHA ESTRELLA’ DE HOY JUEVES

 

(Foto: dpa)

Los jueces del Tribunal Constitucional alemán han confirmado ayer, miércoles, la prohibición de todo tipo de manifestaciones cercanas a la valla de seguridad de Represa Sagrada (Heiligendamm).

Con esta decisión han prohibido expresamente, también, la llamada “Marcha Estrella” (Sternmarsch) programada para hoy jueves, segundo día de la cumbre.

Los organizadores de la Sternmarsch han anunciado que “no se pueden responsabilizar ahora de nada”.

Mientras tanto, la policía ha tenido que aceptar que es casi imposible el control total de los 12 kilómetros de la valla.

Numerosos grupos de manifestantes pudieron burlar a lo largo del primer día de la cumbre los piquetes policiales antidisturbios, desplazándose para ello en largas filas por los campos de las zonas rurales circundantes.

Unos 1.000 llegaron a ocupar uno de los puntos de control.

Los bloqueos de vías de acceso a Represa Sagrada utilizando la modalidad de “sentadas”, han sido duramente reprimidos por la policía.

Se habla de unos 141 detenidos.

“¡No a la violencia! ¡Tendrán que sacarnos en vilo de aquí!”, han sido los principales lemas de los participantes en estos bloqueos.

Corresponsales de medios extranjeros han tenido que ser transportados por vía marítima para cubrir la cumbre del G-8.

Las quejas, por haber tenido que pasar hasta cuatro puestos de estricto control para poder cumplir con su trabajo informativo, se han podido escuchar en varios idiomas en los noticieros alemanes.

Dos jóvenes españoles ya han sido condenados en juicios sumarios a varios meses de prisión.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, jueves 07-06-2007


G-8: BOMBAS LACRIMÓGENAS Y CHORROS DE AGUA

5 Junio 2007

http://www.elpais.com/yoperiodista/

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(Foto: La policía disolviendo una de las manifestaciones: dpa)

G-8: MANIFESTACIONES Y DISTURBIOS EN REPRESA SAGRADA

Lo que se temía ya ha empezado hoy, primer día de la cumbre del G-8.

Cientos de manifestantes han logrado acercarse esta mañana a la valla de 12 kilómetros de largo que rodea la localidad de Represa Sagrada (Heiligendamm) donde se celebra desde hoy la cumbre del G-8, informa la agencia dpa.

Diversos grupos de manifestantes han conseguido, además, traspasarla en diversos puntos. Unos 300 habrían conseguido hacerlo a la altura del punto de control Vorder Bollhagen.

La mano dura judicial y policial del gobierno de Angela Merkel parece no haber dado resultados hasta ahora. La condena de 10 meses de prisión a uno de los ultraviolentos por arrojar piedras a la policía el sábado en Rostock, no parece haber cumplido su cometido disuasorio.

La policía ha lanzado chorros de agua y bombas lacrimógenas contra los manifestantes, informa la misma agencia de noticias. Las autoridades han denunciado, por su parte, el lanzamiento de piedras desde un grupo de unos 800 manifestantes.

Ya existe una serie de denuncias por abusos policiales.

Diversos grupos participantes aseguran ahora que no cejarán en su empeño de hacer uso de su derecho ciudadano de protesta pacífica contra esta cumbre y que la gran mayoría no tiene nada que ver con los actos ultraviolentos del llamado Bloque Negro.

La policía ha hecho saber, según la misma agencia dpa, que grupos de manifestantes ya habrían conseguido bloquear la autopista 19 cerca de Rostock-Laage y dos carreteras más. La 19 es la que debe permitir hoy el acceso de las delegaciones a la cumbre.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, miércoles 06-06-2007, 15:21 horas

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http://www.elpais.com/yoperiodista/portadilla.html?tema=4&k=Internacional

¿QUÉ ES EL BLOQUE NEGRO?

0oid6871506_hgt283_sctsmooth_wth37800.jpgFoto: AP

La policía y los políticos de este país se cogen la cabeza (con dos manos) en estos días.

Imágenes de graves disturbios callejeros en Alemania han dado la vuelta al mundo, en momentos previos a la cumbre del G-8, dejando en entredicho el gran –excesivo han dicho muchos- aparato policial de seguridad montado hasta ahora.

Ni el gobierno de Angela Merkel ni la propia policía contaban con algo así. Los nervios están saliendo a relucir a la superficie.

Por un lado, se tiene al máximo responsable, Wolfgang Schäuble, el Ministro del Interior de la gobernante CDU, cuya esposa es, a su vez, presidenta de de la organización no gubernamental Ayuda Alemana al Hambre del Mundo ( Deutsche Welthungerhilfe).

No se trata de una relación matrimonial –y no sólo en ese sentido- fácil.

Su esposa, Ingeborg Schäuble, desea que en esta cumbre se escuche a los oprimidos de este mundo y apoya las protestas y manifestaciones pacíficas programadas.

El Ministro del Interior ya ha manifestado que “le parece algo natural que la gente proteste contra las injusticias de este mundo”.

También que todo el aparato de seguridad implementado –incluidas la Valla Sagrada, en alusión a Represa Sagrada y la participación de 16.000 policías con un costo total de más de 100 millones de euros-, sólo se justifica si “al final se consigue dar un paso adelante en cuestiones de paz mundial, protección climática y la ayuda a África”.

No lo tiene fácil este señor. Su esposa ha declarado públicamente: “Mi Wolfgang no es partidario de esta Valla [Sagrada]”.

“La Valla [Sagrada] se necesita y punto”, se ha visto obligado a declarar su consorte.

Por un segundo lado están las diversas organizaciones y partidos, contrarios a esta cumbre, que ven con alta preocupación el desarrollo de los acontecimientos. Y la opinión pública alemana, en general, quien suele tener esperanzas en cualquier tipo de cumbre a la hora de buscarle soluciones al mundo de hoy.

Por un tercer lado, la policía.

Ente público no acostumbrado a considerar las finezas analíticas de los expertos sociólogos cuando se trata de actuar con premura.

Por un cuarto lado, están los políticos conservadores que no conocen otra solución a cualquier queja, fundada o no, que la represión. Son los que ahora exigen la participación de las GSG 9, las brigadas antiterroristas de élite de la policía.

En el medio, entre los cuatro lados de esta caja: el Bloque Negro.

Pero, ¿qué es el Bloque Negro?

Esta parece ser la cuestión que muy pocos se hacen en este momento. Entre otras cosas, porque no queda tiempo.

Si el sábado ocurrieron los más graves disturbios que se conocen en Alemania en los últimos tiempos, apenas cuatro días después (hoy) se inicia la cumbre del G-8, la madre del cordero, el motivo real de todas estas escaramuzas.

“¿Escaramuzas?”, pondría el grito en el cielo la policía.

Lo son. Comparadas con los disturbios que duraron semanas y hasta meses en Francia no hace mucho, lo son. Acontecimientos violentos parecidos han ocurrido en estos días en los países del este y apenas han encontrado lugar en los medios de información.

No es la primera vez que la policía es blanco de agitados manifestantes y ultraviolentos. Esa es la razón de su vestimenta protectora que no es de ayer: sus cascos, sus varas especiales y sus trajes que parecen de astronautas.

Pero ahora es Bush el que visita Alemania.

That’s the difference.

Y eso ha puesto nerviosos a todos. Mucho más a aquellos que ven en su figura, a la representación simbólica exacta de los males de este mundo.

¿Qué es el Bloque Negro entonces?

¿Una célula terrorista? ¿Un grupo armado? ¿Uno insurreccional?

Tres grandes “No”.

Tal vez la mejor definición la haya dado, según mi parecer, un artículo aparecido en la página web de la ARD, el primer canal estatal de televisión.

Atención que es un juego de palabras, que también es reconocible –al traducirse- en nuestro idioma:

“Lo ven todo negro y entonces saben que son compañeros”.

Lo ha dicho un participante: “Reconoces que alguien es de los tuyos, porque no lo puedes reconocer”.

Porque, si bien el Bloque Negro tuvo su origen en grupos y grupúsculos organizados de activistas militantes y ácratas hace más de dos décadas, lo que se está viendo ahora no es un fenómeno político (de una organización).

Es un fenómeno social. Sociológico.

Un fenómeno de protesta social, además.

Se puede ver en las fotografías: no son jóvenes sin futuro y acostumbrados a la dureza de la vida. Los que participan en estas acciones ultraviolentas que tienen mucho de juego de guerrilla urbana (postmoderna, diría yo), son jóvenes que se visten a la moda, que tienen los medios para participar en este tipo de manifestaciones, con todos los gastos que ello significa.

No se conocen entre sí. Ni se volverán a ver, seguramente.

Son una expresión de la protesta latente en la sociedad alemana. Se trata de un fenómeno social de masas. Algo que los expertos de todo el mundo siguen estudiando, sin alcanzar grandes conclusiones.

¿Es adecuado entonces, aplicar simple mano fuerte y autoritarismo a este tipo de conductas sociales?

No.

Pero, ¿qué le queda como opción al gobierno de Angela Merkel, en realidad?

El gobierno de Bush es quien parece haber exigido este tipo de ultramedidas de seguridad y es quien obliga al gobierno alemán a recortar parcialmente a su población el derecho a expresarse y a manifestarse libremente.

Son esas exigencias de ultraseguridad las que alimentan el rencor latente de los ultraviolentos del difuso Bloque Negro y que se han traducido en decisiones ultrarrápidas de la justicia alemana, poniendo en duda el carácter neutral que debe tener ésta respecto al acontecer político puntual.

Los gobernantes alemanes pensaban que construyendo una ominosa valla de 3 metros de altura y 12 kilómetros de longitud, recortando el derecho a manifestarse y destacando 16.000 policías al lugar de la cumbre, iba a ser suficiente para conseguir el orden.

Es decir, que con autoritarismo exagerado y mano dura podrían ser dueños de la situación.

¿Habían olvidado el gran sustrato de injusticia humana que está en juego aquí?

¿Por qué se asombran ahora?

Nadie lo va a tener fácil esta semana.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, miércoles 06-06-2007

10 MESES DE PRISIÓN POR LANZAR PIEDRAS

rost.jpgFoto: dpa

Apenas tres días después de lo ocurrido, el juzgado municipal de Rostock, localidad en la que se realizó una multitudinaria manifestación pacífica Anti G-8 y que terminó en una batalla campal, ha condenado a 10 meses de prisión efectiva a uno de los detenidos.

(“Aquí tienen un ejemplo”, dice mi Lector Atento, “que cuando Justicia quiere, también puede”.)

En un caso sin precedentes, la justicia alemana se ha valido de un proceso judicial particularmente expeditivo para sentar un claro ejemplo social, un día antes del inicio de la cumbre del G-8 en Represa Sagrada (una posible traducción de Heiligendamm).

Se considera probado que el acusado, quien carece de antecedentes penales, “arrojó piedras manifiestamente dirigidas hacia los policías”.

Otros ochos casos similares están pendientes de resolución para mañana (hoy), miércoles.

En los graves disturbios provocados por los activistas ultraviolentos del llamado Bloque Negro (Schwarzer Block), resultaron heridos 433 policías, según fuentes oficiales.

Políticos de la conservadora CDU, en el gobierno, han alzado su voz reclamando la intervención de las brigadas de élite antiterroristas de la policía, conocidas como GSG 9, las cuales tendrían como única tarea enfrentarse al mencionado grupo ultraviolento durante el desarrollo de la cumbre.

El gobierno de Angela Merkel se encuentra ahora en una doble encrucijada, teniendo en cuenta la sorpresiva ‘propuesta’ alternativa climática de Bush y la amenaza velada de Putin, de dirigir sus misiles rusos hacia Europa.

Observadores políticos auguran, ahora, una más grave espiral de violencia en esta semana, de confirmarse la intervención de las GSG 9.

Se empieza a temer lo peor mañana (hoy) aquí en Alemania.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, 05-06-2007

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Foto: José Santiago Loo Sánchez

REFLEXIONES AL PIE DE LA CUMBRE

Por supuesto que estas reflexiones no son al pie de Represa Sagrada, de Heiligendamm.

¡Estoy a unos 600 kilómetros de allí!

Pero para mí es como si estuviera presente, al pie de los acontecimientos.

¡Tantas contradicciones!

En esta cumbre se puede ver al ser humano actual, a través de una clara radiografía.

De un lado está su riqueza: los del G-8, su cumbre, su organización, su valla, sus contradicciones, sus arrogancias, sus mentiras y sus amenazas.

De otro, tenemos a los críticos antisistema.

Particularmente, digo que el Mono Sapiens Mentirosus es un experimento fallido, en el que no hay culpables. Por más que le pese a quien le pese.

(Se mire como creyente o no creyente: experimento fallido por donde se lo mire.)

Lo fascinante es que estos críticos antisistema pertenecen a esas sociedades humanas que han logrado imponerse y relegar a las demás con ‘éxito’, es decir, aprovechando muy bien las ventajas que tenían y creando más ventajas abismales, aún.

Y eso para no afear este discurso detallando guerras, colonialismo, expoliación, rapiña, explotación, malas artes y abuso por parte del mal llamado Primer Mundo.

(“Nada de Primero. Por mí, yo le haría repetir el curso”, se entromete mi Lector Atento.)

Luego, allí, escondidos, como si con ellos no fuera la cosa: el Tercer Mundo.

Los sin voz.

Los que no tienen libertad de expresión porque el hambre no les permite abrir la boca y ni siquiera saben qué es eso de expresarse libremente.

(Macabros dirían que lo hacen a diario, eso de expresarse.)

Dentro del primer paquete está el gobierno alemán a quien sí le gustaría que el mundo cambiara –quién mejor que los alemanes para saber qué no necesita más este planeta-, pero pesadamente encadenado al deseo egoísta de sus electores.

¿No es hipocresía desear que esa parte del mundo que vive en la miseria deje de estarlo, pero votar, a la vez, por quien colaborará con la perennización de esas inhumanas condiciones de vida?

Pienso en los franceses, ahora. En la elección de Sarkozy.

Lo que me sigue asombrando: ¿por qué asombrarse por tanta furia de un grupo de radicales en este asunto?

¿Por qué hacer como si se tratara de un simple partido de fútbol en el que el resultado final es una simple cuestión cosmética?

Está en juego el futuro del planeta, pero se sigue actuando como si el mundo estuviera en orden y la única labor verdaderamente importante a cumplir fuera la policial.

Contra los manifestantes mayoritariamente pacíficos y una minoría ultraviolenta.

¿Cómo es posible tanta miopía?

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, 06-06-2007

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Foto: José Santiago Loo Sánchez

MEDIDAS DE SEGURIDAD: ¿SIMPLES EXIGENCIAS DE BUSH?

Las cortes supremas alemanas deben decidir en estos días, hasta qué punto son inconstitucionales los recortes ‘en distancia’ de ciertos aspectos de las libertades de expresión y de protesta que se han dictado exclusivamente para esta cumbre.

Personalemente, no me llamaría la atención que el asunto de la distancia a la que se tengan que mantener los manifestantes de la Valla Sagrada, sea una simple exigencia del gobierno usamericano.

Ya lo ha practicado varias veces, reclamando poder proteger al presidente Bush por un ejército privado propio, permitido de moverse en este país soberano como si estuviera en Irak. Sucedió en su última visita a Alemania. El escándalo fue mayúsculo.

El pulso en estos días sería, entonces, no entre el gobierno alemán y los manifestantes pacíficos y la minoría ultraviolenta.

El pulso sería entre las exigencias de ultraseguridad de Bush y el gobierno alemán, me atrevo a afirmar yo.

Pero estas no son nada más que mis conjeturas, al pie -a 600 kilómetros, digo- de Represa Sagrada.

Hoy empieza la cumbre del G-8 allí.

Hay temas acuciantes que obligan al Primer Mundo a mirar globalmente; esperemos que esta vez no sólo para ganar –más- dinero y sacar más ventajas.

Vamos a ver qué pasa en Represa Sagrada. Mi escepticismo es inconmensurable.

Por lo pronto, los alemanes están sumamente molestos con el intento de dribbling de Bush y su ‘propuesta’ climática alternativa. En verdad, ni eso le creen, pero como políticos y representantes oficiales de este país, no les es posible decirlo tan abiertamente.

La prensa alemana está llena de quejas y críticas abiertas en estos días.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, 06-06-2007