¡Un añito de prisión!
(Van a tener que perdonarme la rima involuntaria.)
Lo que estos muchachitos pensaban hacer no iba a ser un juego de vaqueros y comanches.
Por algo parecido a lo que tenían en mente, no hace mucho, fuerzas de su país bombardearon una mezquita en Irak.
En esa valiente acción -desde un seguro avión de caza militar- murieron, entre otros, siete niños iraquíes.
(Van más de 600.000 iraquíes y más de 3.000 soldados usamericanos muertos desde que ese país fuera invadido ilegalmente. 200 iraquíes por cada green-go.)
¿Consecuencias?
Los mandos estadounidenses se enojaron, acusando a los terroristas o insurgentes (vaya a saber uno cuál es la diferencia ahora en ese país o en el otro invadido de Afganistán) de utilizar a los niños como escudos humanos.
¿Algo más?
No. Porque se está en guerra. Y cuando hay guerra parece que todo vale.
Esa es la gran desgracia de cualquier guerra: potencia lo peor de lo que el Mono Sapiens es capaz de cometer en nombre de lo que sea.
Estos jovencitos no irán a parar a Guantánamo, ni les pondrán capucha, camisa de fuerza ni se les aislará años sin derecho a un juicio legal y justo, como a sus congéneres musulmanes.
Según ha informado la policía estos jóvenes planeaban “un ataque terrorista” en su colegio. Habían llegado a confeccionar, incluso, una “lista de objetivos”. Es decir un listado con nombres concretos de algunos de sus compañeros.
Estos jóvenes adolescentes tienen la suerte de tener pasaporte usamericano. Garantía hoy en día, como ya se sabe, para transportar prisioneros ilegales por toda Europa, por ejemplo, o para instalar una gran prisión ilegal en terrenos de Cuba, sin que suceda nada especial.
Los usamericanos no han detenido su ímpetu desde que llegaron de Inglaterra, perseguidos por sus creencias religiosas. Quién lo pudiera creer.
Tuvieron la maldita suerte de encontrarse con un territorio aparentemente libre.
(No era libre. La ideología, las creencias de sus habitantes, los indios norteamericanos, contraria a la propiedad privada de la Tierra, los confundió al principio, pero los animó después hasta casi terminar de exterminarlos.)
No se han detenido a pensar una verdadera paz mundial -ni nacional, con sus ex esclavos- desde entonces.
Paradójicamente, se sabe que los primeros colonos fueron salvados de morir de hambre por indios norteamericanos de la región a la que habían llegado.
Lo que siguió es algo que ha sido tantas veces deformado por ese aparato diplomático comercial e histórico llamado Hollywood, que la gran mayoría de seres de este planeta sigue creyendo que los comanches, sioux, chiroques y otras etnias más, eran unos seres perversos y malvados (grandes “terroristas” de su época) y, por lo tanto, sin ningún derecho a sobrevivir.
La religión, como en el caso de los españoles de entonces más al sur, los amparaba.
La historia la escriben los vencedores. Que no quede la menor duda.
¿Serán encarcelados los familiares de estos muchachos?
¿Destruirán sus casas con excavadoras como hace Israel con las viviendas de los familiares de los terroristas palestinos?
¿Construirán un muro alrededor de su barrio?
La Administración Bush está dejando, no solo un gran reguero de sangre en su camino, ha abierto también las puertas al más despiadado y cruel capitalismo tiburón de toda la historia humana.
Ahora vuelve a estar claro que los terroristas solo son verdaderos terroristas si no tienen pasaporte usamericano. O el aspecto anglosajón. En otras palabras, a los musulmanes de todo el mundo sólo les queda rezar. O defenderse atacando, que era justamente lo que se quería evitar, pero que se ha terminado potenciando, como finalmente ha empezado a reconocer el propio Bush.
La llamada Lucha Contra el Terrorismo no es tal.
Eso es lo que afirmaban los más enconados críticos desde el comienzo. Decían que se trataba de un simple negocio armamentista con trasfondo expansionista y pecuniario. Lo demostraban con documentos y fotografías de gobernantes usamericanos dándose la mano con el mismo Bin Laden, entre otras pruebas; luego con las grandes mentiras utilizadas para invadir Irak y ahora con las catastróficas consecuencias humanas y políticas para la región y para el resto del mundo.
Vivimos un enfrentamiento en el que los que son de un bando dictan las reglas que más les conviene y se arrogan el derecho de hacerlas cumplir (o no) con quién mejor les parezca. Y del otro bando: lo mismo.
Este caso parece ser una clara demostración más de ello.
¿Hay quién lo puede dudar todavía?
¿Será este caso la punta del iceberg en la sociedad usamericana o sólo se trata de uno aislado y macabramente anecdótico?
¿Quién lo puede saber?
HjorgeV
Pulheim-Sinthern, sábado 14-07-2007

Escrito por hjorgev