UN BALA ASESINO Y NOVELISTA: Caso criminal real

Todo había resultado más fácil y asqueroso de lo que había pensado.

En un principio, lo peor había sido la sangre. Limpiar todo, transportar el bulto, deshacerse de él. El trabajo correcto con las huellas.

Tal vez lo mejor habría sido dejarlo vivir un poco más. Un par de días; para alargar el placer. Todo había sucedido tan de prisa y con tan pocas complicaciones, que el vacío que ahora ha empezado a sentir no lo deja vivir en paz. Los detalles de su crimen perfecto vuelven una y otra vez a su cabeza.

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No se arrepiente de lo hecho.

Se arrepiente de no haberlo hecho mejor. Con más paciencia, quizás, haciéndole notar más claramente al imbécil que se atrevió a meterse con su mujer, que con Krystian Bala no se juega.

Tiene que hacer algo para calmar esa sensación de vértigo que se le ha metido adentro. Lo mejor sería repetir el crimen. Pero eso ya no es posible.

¿O sí?

El 10 de diciembre del 2000 transeúntes que paseaban en Wroclaw -localidad cercana a Breslau en Polonia- por la ribera del Oder, notaron que un cuerpo extraño se había quedado trabado en los diques del río.

-Mira bien, parece el cuerpo de una persona –le dijo Marysia Jaruselsky, una anciana vecina de la ciudad, a su esposo Andrzej.

-Estás viendo últimamente mucha televisión, mujer –le replicó él con una sonrisa.

-¿Un ahogado? –preguntó otra mujer que también se había quedado viendo la escena como ellos.

Desde el lugar donde estaban no era posible distinguir con claridad si efectivamente se trataba de un cadáver tal como acababa de afirmar la señora Jaruselsky.

-Si es un cuerpo, no tiene brazos –comentó otro paseante que se había unido al grupo.

Luego añadió:

-Parece que los tiene amarrados al cuerpo, ¿no?

-Están soñando ustedes –dijo Andrzej y conminó a su esposa a seguir su camino.

-¿Alguno de ustedes tiene un celular para poder llamar a la policía? –dijo Marysia, con determinación.

El 12 de diciembre los médicos de la policía forense y miembros de la Policía Científica polaca ya no tienen ninguna duda, el hombre hallado en las aguas del río fue torturado sádicamente antes de morir.

Aparte de presentar una serie de heridas de diversa profundidad por todo el cuerpo –hechas, probablemente, con un bisturí-, múltiples hematomas, quemaduras y varios huesos rotos, fue amarrado con una cuerda que unía sus dos muñecas y su cuello por medio de un sistema de nudos especiales.

El que lo hizo, sabía lo que hacía.

La policía supone que la víctima, así amarrada, fue arrojada al río. Al caer al agua, por acto reflejo, trató de soltarse de las ataduras, pero solo consiguió ahorcarse a sí misma.

El cuerpo es identificado como el de un tal Dariusz J., dueño -en vida- de una pequeña agencia de publicidad de Breslau.

Los policías encargados del caso, bajo el mando del comisario Jacek Wroblewski, no llegan a encontrar ninguna pista que los pueda ayudar a esclarecerlo.

Por la forma como ha sido torturado tiene que haber habido una componente emocional entre el asesino y la víctima. Nadie se ensaña a sí nomás con un desconocido. No, así.

No ha sufrido ningún robo. Sus cuentas bancarias y sus demás pertenencias no han sido tocadas. Carecía de enemigos conocidos.

El comisario Wroblewski, sumamente frustrado, es obligado por sus superiores a aceptar que se trata de un caso sin salida y a cerrarlo después de un tiempo. Tampoco ha servido de nada haber presentado el caso en un programa muy popular de televisión, especializado en hacerlo con el fin de poder obtener la colaboración de los televidentes.

A veces, es menester cerrar la puerta y olvidar.

Tres años después, en el 2003, aparece una novela en el mercado de las novedades literarias. Pertenece al llamado género criminal.

No se trata de una novela negra en el sentido clásico. El argumento, que se mueve en torno a un empresario que termina siendo secuestrado y asesinado sádicamente, no tiene un desarrollo lógico ni el desenlace propio del género. Los personajes son intelectuales aburridos que matan su aburrimiento con alcohol, otras drogas y sexo.

El autor es un desconocido en el ambiente literario. Responde al nombre de Krystian Bala y es más bien conocido como reportero de viajes, especializado en submarinismo en países asiáticos como Corea e Indonesia.

Su obra se llama Amok y el tono es agresivo, el lenguaje obsceno y vulgar. Largos pasajes con pretenciones líricas y observaciones filosóficas la completan.

Bala ha estudiado Filosofía en la universidad de Breslau. En su pasaporte, en el lugar correspondiente a la profesión, figura la de filósofo.

Ese mismo año, Wroblewski recibe una llamada anónima, aconsejándole que lea el libro. Al principio, el comisario la considera como una broma pesada y trata de olvidarse del asunto.

Más tarde, en una librería ve la carátula del libro y se anima a hojearlo. La silueta de la cabeza de un chivo de feos ojos amarillos le ha saltado inmediatamente a la vista.

Amok es una palabra de origen malayo que se usa para denominar un ataque de locura homicida.

La portada del libro le da que pensar.

Los antiguos judíos celebraban el Día de la Expiación sacrificando a un macho cabrío o chivo. Previamente habían elegido dos y el sacerdote se encargaba de echar a la suerte a cual tomar para el sacrificio. Expiar quiere decir ‘borrar las culpas, purificarse de ellas por medio de algún sacrificio’.

De allí proviene la expresión chivo expiatorio, porque el gran sacerdote elegía al azar a uno de los dos animales al que se le imputaban –simbólicamente- todos los pecados del pueblo israelita.

¿Casualidad?, se pregunta el comisario.

Hace averiguaciones sobre el autor del libro.

Leyendo la novela, descubre que la vida de Bala está descrita al detalle. Cuando se la pasa a un colega, éste comenta que al parecer el autor no puede diferenciar entre realidad y ficción.

Pero eso no es lo que le importa a él.

Lo fundamental está en los detalles del asesinato del empresario en la narración. Son definitivamente más de los que la policía había dado a conocer en su momento a los medios de comunicación. Como es común práctica policial, se habían cuidado también de no dar a conocer todos con el fin de usarlos en caso necesario.

Wroblewski tiene con esto suficientes indicios como para justificar la inmediata detención del escritor.

Bala, de 33 años de edad, se muestra arrogante y sarcástico al ser detenido. Viste elegantemente y usa unos anteojos muy de moda. No puede imaginarse que un policía no sepa lo que es la invención literaria.

-Pero son muchos más detalles de los que se dio a conocer en los medios de comunicación –le dice el comisario en el interrogatorio.

-¿Y? Mala suerte para usted que mi fantasía sea tan buena.

-¿Mala suerte para mí o para usted? -le pregunta el policía-. Además, ¿cómo podía conocer minuciosamente esos detalles?

-Fantasía, señor comisario. Fan-ta-sía. Palabra difícil para un policía, ¿no? Lo que usted está buscando es un chivo expiatorio –le dice, al final, con una sonrisa que quiere ser misteriosa-. Haga bien su trabajo y entonces tal vez nos podamos volver a ver las caras.

-¿Que haga bien mi trabajo, me dice? –le replica el comisario, sin poderse creer lo que está escuchando.
-O dedíquese a escribir novelas. Imaginación no le falta para estar sentado yo aquí.

-¿No era que los policías no teníamos fantasía?

-Fantasía e imaginación son dos cosas diferentes, señor comisario. Recién cuando la imaginación empieza a crear e inventar se vuelve fantasía. Es un grado superior y no creo que usted lo conozca.

-Usted sí la tiene –le dice el comisario con un gesto mordaz y ya muy fastidiado.

-En todo caso no tan pervertida como la de usted –le replica Bala.

Acicateado por el interrogatorio y convencido de la culpabilidad del sospechoso, Jacek Wroblewski decide concentrarse en el caso. Sabe que los jueces pertinentes necesitan algo más que los indicios presentados por él en forma de libro. Necesitan pruebas. Sin ellas no es posible llevarlo al banquillo de acusados. Una novela no basta.

Las primeras investigaciones dan resultados positivos.

La víctima, Darisuz J. conocía a la ex esposa de Bala. Ésta, harta del control obsesivo al que la sometía su esposo a toda hora y lugar, terminó separándose de él y abandonando la ciudad para más seguridad.

La mujer, de pequeña estatura, aspecto insignificante y empleada en la hostelería, declara que su ex esposo había retado agresivamente en varias oportunidades a conocidos suyos, por el solo hecho de haberlos visto conversando. Entre ellos a Dariusz J., incluso después del divorcio.

Otras personas interrogadas coinciden en un punto: su gran capacidad para mantener sus emociones bajo control.

También se descubre que la víctima fue llamada el día de su muerte desde el mismo celular del que se había hecho una llamada a la madre de Bala. Esta confirma la llamada de su hijo.

Pero Krystian Bala queda libre.

Los jueces deciden que solo existen indicios y presunciones en su contra. Nada de pruebas definitivas.

Wroblewski es amonestado por sus propios superiores al empezar a ser víctima de los escarnios de la prensa, después de que el escritor declarara que la policía no debería perder su tiempo en intrigas absurdas y ridículas en contra de un ciudadano que paga sus impuestos.

El comisario no puede vivir con ese clavo. Sabe que el sospechoso está jugando con él y burlándose, además. Sabe que en esos casos solo queda una salida: el trabajo minucioso.

Empieza a analizar otra vez todas las pistas existentes. Por las actas recibidas de la compañía telefónica en cuestión, se sabe que la víctima recibió una llamada el día de su muerte desde el teléfono del presunto asesino.

¿Dónde está ahora ese celular?

Su obsesiva tarea lo lleva a descubrir que Bala había vendido cuatro días después del crimen un celular del mismo tipo por la red. Interrogado acerca de ello, él no niega la venta, pero arguye que lo encontró en un café. Su abogado, por su parte, argumenta que no está probado que se trate del mismo objeto.

También descubre el comisario que su principal sospechoso se burla fanfarronamente de él en foros de la red y se explaya sobre el tema ‘crimen perfecto’.

Gracias a sus investigaciones en el campo digital, se topa con detalles interesantes: varios de los emilios enviados a la redacción del programa de casos criminales de la televisión polaca, fueron enviados desde cafés internet ubicados en Indonesia y Corea del Sur.

Se trataba de mensajes en los cuales se filosofaba sobre el crimen perfecto.

Bala es citado con el fin de poder controlar su pasaporte.

Los sellos de entrada y salida registrados en él, muestran claramente que el hombre se encontraba en esos países en el momento del envío de esos mensajes. Se dedicaba a hacer fotografías subacuáticas para una revista especializada en submarinismo.

A Wroblewski, ahora, solo le falta convencer a los jueces.

Se le ocurre valerse de la misma arrogancia del sospechoso. Le pregunta si, ya que se encuentra tan seguro de su inocencia, aceptaría a pasar voluntariamente por el detector de mentiras.

El escritor, filósofo, periodista, submarinista y presunto asesino, pisa el palito.

El detector hace el resto y eso le basta esta vez a los jueces.

El juicio a Krystian Bala, detenido por segunda vez en el 2006 en base a los nuevos aportes del comisario, está por llegar a su fin en Polonia.

A pesar de que él lo niega todo, se enfrenta a la seria posibilidad de pasar 25 años en prisión.

Los psiquiatras que lo han entrevistado reconocen un alto y poco usual grado de inteligencia en él. Se sospecha, también, que él mismo fue quien le dio a la policía el dato de la aparición en el mercado de su mediocre novela.

Como buceador experto se debía creer capaz de controlar su respiración para poder así burlar al aparato detector de mentiras, es lo que cree Wroblewski.

Según consta en el protocolo del interrogatorio, después de cada pregunta, Bala hacía una larga pausa como si fuera a empezar a meditar.

El fiscal acusador reconoce que se trata de un proceso en el que todo lo que se tiene son sólo indicios y presunciones.

¿Bastarán para ser condenado?

¿O saldrá libre y podrá, así, seguir mofándose del comisario Wroblewski?

                HjorgeV

                Pulheim-Sinthern, sábado 12-08-2007

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