Mi mano. Una silla.
Las cosas que nos rodean.
Sé que pienso mucho en ti.
Ergo, fluye mi sangre en su torrente.
¿Piensan también mis glóbulos de mil
colores conmigo?
¿Mis huesos, sienten conmigo?
¿Mis dedos también te desean, entonces?
¿Y la silla?
Sé que ha quedado caliente
-al contacto de mi mano-
una porción de su superficie.
HjorgeV
Pulheim-Sinthern, domingo 12-08-2007