VUELA, CUCURUCHO, VUELA

18 Agosto 2007

 

Hoy quería escribir sobre por qué los

hombres vuelan pero a

muchos músculos cardíacos no les crecen

alas.

 

Quería escribir sobre la falta de prisa en la mosca,

o la razón por la que he llegado descalzo a mi cita

con el

papel

y cargando mis pies entre mis manos,

sin estar especialmente

cansado.

 

Quería escribir algo que me llevara a saber por qué

mis dedos viven juntos

(sin que lo hayan decidido ni deseado nunca)

pero a otra gente se les se-

pa-

ra

eternamente

de sus más seres,

que sus das meridos.

 

Quería unas líneas que me ayudaran a bajar mejor estas escaleras

aturdidas,

a comer un poco de arroz

sin tener que contar cada grano que

ingiero.

Un par de líneas que me ayudaran

a tender mi cama

y tomar el agua que otros no

tienen.

 

A entender por qué la congoja es

a veces como un animal patas

arriba

que no tiene dueño

único

ni conocido.

 

Quería unas palabras de aliento al que

ha perdido sus juegos y todos

sus muñecos,

aunque ya no lo pueda saber.

 

Deseaba unas pocas líneas que me ayudaran

a tragar más fácilmente la

saliva que quisiera convertir en potable

ahora.

(Es mucha.)

 

Me había imaginado una especie de plegaria

a las nubes o a los charcos

que siempre son tan libres

en eso de observarnos desde abajo o desde

su total

in-

men-

si-

dad.

 

Quería poder escribir unas

nimias palabras (de vergüenza)

sobre un cucurucho de papel que pudiera convertirse

en un avión

con mi simple soplo

y volar.

 

Uno que se elevara hasta ese

destino

donde los prejuicios ya

no existen.

Porque tampoco sirven ni se

paga el alquiler.

 

Pero no he podido.

 

Mi lápiz se

ha encerrado con mi cuaderno

allí donde no les llegan mis voces.

Y se han portado como dos niños que no han querido almorzar hoy día.

 

Mañana me levantaré temprano

y buscaré inútilmente en la noticias,

a ver

si alguien recibió mi mensaje

escrito

en un simple cucurucho de papel

(que solo puede servir para llevar un

poco de

agua)

y que he arrojado

hoy

de un infantil

soplo al

cielo.

 

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, sábado 18-08-2007


EL TERREMOTO DE PISCO

17 Agosto 2007

Así tiene que ser el fin del mundo. O la Tercera Guerra Mundial.

Gran parte de la ciudad está en escombros. Totalmente destruidas calles enteras de la ciudad.

La gente durmiendo en la vía pública o en el estadio del lugar, tapándose con lo que buenamente pudo rescatar de sus casas o lo que ha quedado de ellas. Sus muertos están descansando sobre las pistas y veredas, no muy lejos de ellos.

Todos agradecidos de que no sea verano porque sino estarían pudriéndose rápidamente. Muchos han empezado a enterrarlos en fosas comunes del cementerio, porque no es posible esperar tanto.

En cambio, pasan frío en la noche. Un frío que desconocían. ¿Quién duerme en las calles a la intemperie?

Ahora saben lo que es eso. Saben lo que es bajar al escalón más bajo. Tener que recurrir a cartones o periódicos desechados para combatir al frío.

Batallones del ejército patrullan las calles en previsión de pillajes. Un puente de la Panamericana Sur se ha derrumbado y las demás vías de acceso están dañadas o bloqueadas, de tal manera que no puede llegar toda la ayuda que se necesita.

Hay gente que espera ser rescatada de donde está sin que nadie lo sepa, porque ha sido sepultada por toneladas de tierra, piedra y cemento. ¿Qué pensarán? ¿Qué pensamientos pasarán por sus mentes? ¿O se llega a un estado de indolencia, donde ya todo da igual y solo se desea el final?

Los automóviles que antes marcaban el ritmo de la ciudad, están detenidos en las calles, pero no por algún semáforo. La carga que llevan encima no es para ninguna construcción. ¿Quién ha visto automóviles llevando grandes cargas de desmonte sobre su techo? Sus ocupantes no los han abandonado porque los neumáticos han perdido aire: han sido aplastados. Los que tuvieron suerte reconocieron a tiempo el peligro y se pusieron a salvo.

Esto no es Beirut. Esto es el terremoto de Pisco. De Pisco pueblo, Pisco puerto, Pisco playa. Esta población, fundada en 1640 al lado de una que ya existía entonces, no es un invento de ningún comerciante para vender más pisco. Pisco existe.

Nadie sabía cómo se hacía una fogata pero han tenido que encender fogatas porque el frío es tremendo, sobre todo en las horas de la madrugada. En este remanso geográfico que alguna vez fue solo de pescadores.

El lugar adonde se habría podido dirigir la población por su religión cristiana no puede ser visitado. Lo poco que queda de la iglesia es custodiado por bomberos y socorristas que esperan la llegada de algún vehículo de carga o una grúa.

El presidente se pasea por las calles desoladas, desvastadas y con sus muertos regados por aquí y por allá esperando un ataúd. En las imágenes de la televisión apenas se reconoce a sus guardaespaldas. Da la impresión que no tiene nada que temer. Absolutamente nada que temer. ¿Qué puede temer? ¿Qué puede ser peor que una catástrofe natural? ¿De quién se tendría que cuidar entonces ahora?

(Pocos presidentes del mundo podrían atreverse a hacer algo así. Pero no es su mérito, es el de los apacibles pisqueños.)

plaza-de-armas-pisco-2.jpg

Una guerra tiene sus causantes.

Casi siempre hombres, quienes, cómodamente sentados, alimentados y servidos en sus puestos de mando, dan la orden de matar a otros seres humanos. Después, esperan que los condecoren y les pongan un monumento.

Pero, ¿a un desastre natural, qué se le puede reclamar? No se puede decir que es designio divino porque entonces estaría claro el carácter veleidoso del ente en el que creen.

Recuerdo que de niño, cuando me iba a visitar el puerto norteño de donde era mi abuela, después del terremoto del 70 –de igual magnitud-, los lugareños se reían recordando cómo habían visto caer las casas, cómo había sido imposible tratar de dar siquiera un par de pasos durante el sismo. Cuando hablaban de los pocos muertos, callaban, pero sin perder las ganas de vivir.

A mí me parecía imposible que pudieran hacer tanto corazón de tan pocas tripas.

Y pasó el tiempo y olvidaron sus casas destruidas. Y empezaron de nuevo y obraron bien porque a la naturaleza no se le puede reclamar y hay que aprender a respetarla. Y no dejaron nunca de reír, ni dejaron de lado su buen humor ante la adversidad.

(¿Cómo sabían que lo material se abandona a más tardar debajo de una tonelada de piedras y cemento, o cuando nos tapa una superficie de madera que ojalá haya sido pulida antes?

¿Cómo es posible que otros se pasen la vida haciendo algo que en verdad no les gusta, para acumular lo que nunca van a poder gastar y muchas veces solo para hacer impresionar un buen rato a quienes odian, detestan o solo miran por sobre el hombro?)

(Lo decía Emile Henry Gauvreay.)

Sospecho que estaban agradecidos por haber sobrevivido y que cuando eso sucede, se aprende a ver las cosas con otros ojos. Más humanos, más realistas, más conscientes de que todo esto acaba para todos y cada uno de nosotros algún día y que más vale estar en paz con nuestros semejantes y con todos los seres vivientes de esta Tierra.

Con esta Tierra misma.

Los gusanos no se alimentan de billetes ni de oro. La vida está aquí. Y mucho no se necesita, verdaderamente. Ser solidario alimenta a dos: al que da y al que recibe.

El que no se arredra ante los golpes de la vida, ayuda a los demás. El que sonríe después que lo ha golpeado la adversidad ayuda a por lo menos dos: a sí mismo y a los demás. Eso me enseñaron esos peruanos después del gran terremoto del 70.

Una de las lecciones más humanas que he recibido en mi vida.

Ya lo decía el gran Machado: “Solo el necio confunde el valor con el precio”.

Eso es lo mismo que le deseo hoy -de todos mis huesos- a los pisqueños.

                    HjorgeV

                    Pulheim-Sinthern, viernes 17-08-2007

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EL TERREMOTO MÁS FUERTE DE LOS ÚLTIMOS 50 AÑOS

16 Agosto 2007

Probablemente llegue a más de 600 el número de muertos y a 2.000 el de heridos, extrapolando los datos proporcionados ayer por el Cuerpo General de Bomberos en Lima, a consecuencia del más fuerte terremoto registrado en el Perú en los últimos 50 años.

 

foto-terremoto.jpg

El sismo ocurrió a las 18:40 horas (01:40 hora alemana o española) de anteayer -miércoles-, tuvo una duración de 2 minutos y una magnitud de 8,0 en la Escala de Richter.

La localidad de Pisco -de donde es originario, justamente, el Pisco-, con 70% de sus viviendas destruidas, más de 200 muertos, algunos cadáveres en las calles y escenas de dolor que se suceden de esquina a esquina, ha sido declarada en estado de emergencia.

Gran parte de la población ha pernoctado en el estadio local y el alcalde ha dado la orden de abrir los edificios públicos, para que la gente no tenga que pasar la noche a la intemperie. El ejército y fuerzas de la policía controlan el orden de la ciudad en previsión de posibles saqueos y actos de vandalismo.

Muchos inmuebles del centro de Lima se derrumbaron y, a pesar de que cundió el pánico entre la población, Defensa Civil ha alabado la conducta de los limeños ante la catástrofe. Las sirenas de los bomberos y de las ambulancias se dejaron oír la noche del miércoles por toda la capital. Las compañías de bomberos llevan atendidas más de 104 emergencias tras el seísmo.

En los colegios han sido suspendidas las clases hasta comprobarse fehacientemente la seguridad de las instalaciones.

Las zonas costeñas de Ica y Arequipa fueron alertadas en un primer momento para que la población se aleje del mar. Sin embargo, la alarma dada para toda la costa del Pacífico fue cancelada pocas horas después por el Centro de Advertencias de Tsunamis de Hawai.

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El presidente ha declarado en estado de emergencia el departamento de Ica.

Lima, casi al final de la última hora punta del miércoles y ya cuando había anochecido, se vio sumida en un gran caos, con gente pugnando por ponerse a salvo, con criaturas en los brazos -debido a las réplicas sísmicas que fueron tres principales en total- y sin poder hacer uso de sus celulares.

El presidente de la Federación Médica Peruana, Julio Vargas, anunció inmediatamente la suspensión de la hulega médica de 72 horas que había iniciado su gremio. Los hospitales y los centros de salud de las zonas afectadas se encuentran en estado de alerta. En las zonas afectadas, sin embargo, apenas se dan abasto para atender al alto número de heridos.

El epicentro ha sido localizado a 169 kilómetros al sur-suroeste de Lima y el hipocentro bajo el Océano Pacífico, a una profundidad de 47 kilómetros. (*)

El terremoto se sintió en Huancayo a las 19:02 y en Ica a las 19:19 con magnitudes de 5,8 y 5,9 grados, respectivamente.

Casi todos los servicios quedaron bloqueados hasta ayer excepto los de la red. Celulares y las líneas de teléfonos fijos dejaron de funcionar durante horas. El servicio de agua y electricidad ya ha vuelto a funcionar parcialmente.

Particularmente, sigo sin poder establecer comunicación telefónica con ninguno de mis familiares, pero por correo digital ya me he enterado que están bien. Desde el extranjero sigue siendo muy difícil el contacto telefónico, debido a la saturación y al mal funcionamiento de las líneas dañadas.

Se calcula en 80.000 el número de damnificados. Radio Programas del Perú informa que el mayor número de víctimas se ha registrado en las localidades de Ica, Chincha y Pisco, tres de las zonas más afectadas por el fenómeno telúrico.

En este último puerto se sigue buscando sobrevivientes y cadáveres bajo los escombros.

HjorgeV
Pulheim-Sinthern, jueves 16-08-2007

(*) Datos de El País. Sin embargo, según el U.S. Geological Survey Earthquake Hazards Program, el sismo habría tenido una magnitud de 8,0 en la Escala de Richter (ya corregido en la mayoría de medios de comunicación) y habría estado localizado a 150 km de Lima, con un hipocentro a 30,2 km de profundidad.

P.D.: Como el terremoto de 1960 de Valdivia, en Chile (el mayor movimiento telúrico jamás registrado: 9,5 en la Escala de Richter), el sismo de anoche fue percibido en varios países del cono sur de América, como Ecuador, Colombia, Brasil, Bolivia y Chile.
http://es.noticias.yahoo.com/rtrs/20070816/tts-sismo-peru-ca02f96_4.html
http://www.elcomercio.com.pe/ediciononline/onlineindex.html
http://www.elpais.com/

http://www.rpp.com.pe/portada/
Las ayudas de emergencia y solidaridad de diversos países ya están empezando a llegar:

http://www.elcomercio.com.pe/ediciononline/HTML/olecultimas/2007-08-16/olecultimas0419576.html




LA MAFIA CALABRESA ATACA EN ALEMANIA: 6 MUERTOS

15 Agosto 2007

La noticia no apareció en los diarios alemanes de esta mañana.

Tampoco apareció en los diversos portales digitales especializados en noticias de último minuto hasta bien entrado el día. Al parecer solo las radios informaron sobre el suceso desde temprano, amparándose inicialmente en rumores.

Todo había ocurrido en horas de la madrugada y bajo la fuerte lluvia que cae en toda esta región desde hace algunos días.

Uno de los primeros medios en atreverse a mostrar la noticia fue El Espejo (Der Spiegel) en su versión digital, cuando ya se sabía que no se trataba de ningún rumor.

Seis hombres -de entre 16 y 39 años de edad- habían sido asesinados cerca de la Estación Central de la ciudad de Duisburg, distante 75 kilómetros de esta ciudad, Colonia.

Según las primeras informaciones, las seis víctimas habían muerto de sendos balazos en la cabeza. La policía no se aventuraba a dar más detalles.

Primero había que cercar el lugar, buscar y asegurar pistas y huellas. Un trabajo pesadísimo vista la persitente lluvia que recién en el transcurso del día había cesado de caer.

Hasta el mediodía de hoy El Espejo era de los pocos medios de comunicación alemanes que parecían haberse enterado del asesinato perpetrado por la mafia calabresa en un restaurante de Duisburg en el que se celebraba el cumpleaños de Tommaso-Francesco V. -uno de los fallecidos- esta madrugada.

¿Qué había sucedido con la prensa alemana?

Simplemente, no se lo habían creído.

Que los cadáveres pertenecieran todos a ciudadanos italianos y que hubieran sido encontrados frente a un restaurante italiano, podía llamar a la especulación, pero nada más. La policía alemana no podía entrar a suponer escenarios propios de películas sobre mafiosos: comandos que llegan con el único objetivo de cobrarse cuentas matando con armas automáticas.

Pero eso era exactamente lo que había sucedido.

Son cosas que no solo no suceden en este país. El estilo es completamente inédito fuera de Italia; de Calabria, propiamente dicho.

-Es un ajuste de cuentas sin parangón. Sobre todo porque ha ocurrido en el extranjero- declaró este mediodía el jefe de la Policía de Regio Calabria, Luigi De Sena a la agencia de noticias Ansa-. Hay una fuerte presencia calabresa en Alemania, pero hasta ahora se trataba de gente que procuraba sobre todo no llamar la atención.

Según el mismo jefe policial, la ‘Ndrangheta, la Cosa Nostra en su versión calabresa, se encuentra a solo un paso de ser más poderosa que la mafia siciliana.

¿La mafia en Alemania? ¿Calabresa, para mayores detalles?

Apenas en febrero de este año, este país se había visto conmovido por un hecho delictivo especialmente sangriento: un hombre de origen asiático había llamado a la policía porque, al querer recoger a su esposa del restaurante chino donde trabajaba, se había encontrado con siete cadáveres.

Cuatro hombres y tres mujeres –entre ellos la pareja dueña del restaurante Lin Yue-, todos ellos asiáticos, habían muerto a balazos a medianoche después de haber sido maniatados dentro del establecimiento. Una niña de dos años había sido la única sobreviviente de la masacre.

Lo primero que se adelantó a comunicar la policía entonces, fue que no existían indicios de que bandas mafiosas chinas tuvieran que ver en el asunto. ¿La razón? No se tenía conocimiento de movimientos de las llamadas Triadas chinas en este país.

Al ser capturados poco después dos sospechos de nacionalidad vietnamita relacionados con el crimen, la ciudadanía pudo respirar tranquila de nuevo: no se trataba de las temidas bandas sino –aparentemente, hasta ahora, el juicio aún no ha empezado- de un asalto especialmente sangriento cometido por asiáticos contra asiáticos en suelo alemán.

Debido a ese antecedente, es comprensible que la policía alemana haya obrado de la misma manera esta mañana. Con mucha cautela.

La diferencia estriba en que ahora lo más probable es que los asesinos se encuentren fuera del país.

Por otro lado, si con el caso de los asiáticos los funcionarios policiales lo tenían relativamente fácil, el asunto se complica con el caso de los italianos, porque no son migrantes de otros continentes -y más o menos fácilmente identificables- sino que son los descendientes de segunda o tercera generación de aquellos italianos que después de la Segunda Guerra Mundial, hicieron posible –junto a turcos, griegos, portugueses y españoles- el llamado Milagro Económico alemán.

Es decir, son comunitarios europeos asentados en Alemania.

La policía ya ha identificado a las seis víctimas, confirmando las primeras informaciones: se trata de seis italianos de edades entre 16 y 39 años, de los cuales cinco tienen algún grado de parentesco entre sí y provenían de la localidad de San Luca, en Calabria, enclave de la ‘Ndrangheta. Dos de ellos recién habrían llegado a este país un par de semanas atrás.

Uno de ellos estaría implicado en un asesinato y se habría dirigido a Duisburg con el fin de refugiarse.

Todos trabajaban en el restaurante y el dueño estaba entre ellos.

La balacera ocurrió a las 02:30 de la madrugada, frente al restaurante Da Bruno, donde los seis hombres habían estado celebrando el cumpleaños de uno de ellos -único no pariente-, sin sospechar que sus asesinos los esperaban a la salida.

Según el diario italiano La Repubblica se trata de dos familias o clanes enfrentados entre sí, los Strangio-Nirta y los Pelle-Romeo.

Lo curioso del caso es que existen personas con el apellido Strangio en los dos bandos. Eso originó confusión en la misma prensa italiana esta mañana, al tratar de determinar cuál era la familia que había dado el encargo mortal. Al nombre de Strangio, por otra parte, está la concesión del restaurante.

Según se afirma, la rivalidad mortal se habría originado durante los carnavales de 1991 en la localidad de San Luca, en los que dos miembros del primer clan fueron a asesinados a balazos en el curso de una pelea. Así se habría dado comienzo a la que la prensa llama la Vendetta –venganza- de San Luca.

Lo que se sabe también concretamente ahora, es que los asesinos llegaron a pie portando armas automáticas, dispararon más de 70 veces en total a los dos automóviles en los que se encontraban las víctimas y existen testigos que los vieron corriendo en su huída por el centro de Duisburg. Algo que tienen que haber grabado las diversas cámaras de las empresas que existen en esa zona comercial de la ciudad.

Hay dos cosas que están claras: los asesinos conocían el lugar y la policía italiana no vio ninguna necesidad de informar a su similar alemana sobre posibles actos de este tipo.

Las especulaciones son diversas. Se habla desde un ajuste de cuentas en plan de venganza familiar, pasando por conexiones con el tráfico de cocaína y otras drogas que se le suelen atribuir a la mafia calabresa, hasta de una lucha por el control mafioso de diversas zonas de este país.

Es decir, la ruleta vengativa de la ‘Ndrangheta en Alemania apenas ha empezado a girar.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, miércoles 15-08-2007


LAS CHICAS VARGAS (Continuación)

14 Agosto 2007

La fotografía muestra a un muchacho arequipeño recién llegado a EEUU.

Se encuentra entre la documentación que guardan los Archivos Smithsonianos del Arte Usamericano.

Debe ser del año 1918. En todo caso, de antes de 1923, cuando empezó a trabajar para el empresario Florenz Ziegfeld, y después de 1916, el año de su llegada. Debía tener entonces entre 22 y 25 años.

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Se ve a un joven mestizo con típicos rasgos indígenas, muy seguro de sí mismo, bien trajeado y con el gesto de quien sabe lo que vale. Su novia es Anna Mae Clift, una corista del Greenwich Village Follies de Broadway.

Me volví a acordar de él hace un par de años, con motivo de una reunión de ex alumnos de mi colegio limeño.

Uno de mis ex compañeros me hizo recordar uno de mis apodos de entonces: El Morboso.

Lo recordé perfectamente.

Camino al colegio compraba un ejemplor del diario limeño el Ojo de ese entonces, con sus letras verdes y negras. Creo que era el de los lunes, seguramente para poner como pretexto lo de los resultados futbolísticos del fin de semana.

En verdad lo compraba por la fotografía de las dos páginas centrales. Se trataba siempre de una chica vestida con biquini, a la que yo retocaba con lápiz y borrador, hasta que a la hora del recreo al mediodía, ya estaba completamente desnuda.

Desde cierta distancia, incluso, apenas se notaba la falsificación.

Me reí. Eran tiempos en que los diarios costaban un sol y las fotografías eran en blanco y negro.

-¿Yo el morboso? –les dije-. ¿Quién me exigía que me diera prisa con el resultado de mi trabajo y me acuciaba ya desde el lunes por la mañana? –les pregunté, consiguiendo que algunos se sonrojaran.

Joaquín Alberto Vargas Chávez (Arequipa, 1896-EEUU, 1982) había estudiado en los Julian Studios de Ginebra, antes de la Primera Guerra Mundial.

Pasó casi cinco años estudiando en Suiza, después de dejar la República de Arequipa. (Hasta un pasaporte propio tienen esos orgullosos arequipeños, cuya ciudad vio nacer, entre otros, a Mario Vargas, por ejemplo. No sé si pariente de nuestro invitado de hoy.)

Su padre los acompañó a él y a su hermano menor Max hasta el país helvético, pero antes pasaron por París, donde tenía que mostrar unos trabajos sobre unas ruinas incaicas.

Allí, en la Ciudad Luz, cambió su destino para siempre.

En la capital francesa pudo observar de cerca y admirar las obras de los grandes artistas de todos los tiempos, sintiendo especial inclinación por los trabajos de Ingres y Rafael Kirchner.

París -sus museos, sus exposiciones, su arte por doquier- dejó impresionado al muchachito de 15 años.

La idea de su padre era que después de estudiar en Suiza, pasara con su hermano a Londres a perfeccionar lo aprendido, para finalmente volver a Arequipa a aplicar sus conocimientos.

Cuando don Max Vargas vio que la Segunda Guerra Mundial tenía para largo, los mandó a regresar al Perú siguiendo la ruta de Londres. Al cambiar –por alguna razón- de parecer, tuvieron que seguir la ruta que pasaba por París y Nueva York.

Es en esta última ciudad, caminando por las calles de la Gran Manzana, de Broadway concretamente, que se quedó prendado de una pelirroja que le hace olvidarse de todo y le cambia la vida. Esa mujer, Ana Mae Clift, se convirtió desde ese momento en la compañera de toda su vida.

Ya sin el apoyo económico paterno y abandonado a su suerte, por decisión propia, tuvo que buscarse la vida solo.

Sus primeros trabajos fueron de género diverso: casas de modas, sombrererías, espectáculos, y como retratista de clientes privados.

En 1930 se casó con Anna Mae y se dice que ella fue la que pagó los gastos.

Después de trabajar para Ziegfeld y su espectáculo las Ziegfeld Follies –copiado de las Folies Bergère de París- y para numerosos estudios de Hollywood, en 1940 la legendaria revista Esquire lo contrató como sucesor del famoso dibujante pin-up George Petty.

Para entonces, Vargas ya había retratado a Greta Garbo, Marlene Dietrich y Shirley Temple, para poner algunos ejemplos.

La revista Esquire, fundada en tiempos de la Gran Depresión económica en 1933, publicaba artículos y colaboraciones de escritores de la talla de Ernest Hemigway y F. Scott Fitzgerald.

Por decisión de la revista, Vargas tuvo que suprimir la ese final de su apellido, pasando a firmar sus trabajos como Varga.

Trabajaba utilizando una técnica mixta, básicamente con lápices de colores y acuarelas, y, posteriormente, con aerógrafo.

Su especialidad eran mujeres de aire sensual y formas idealizadas, larguísimas y contorneadas piernas, senos turgentes y bullentes, y que parecían haber sido pilladas en determinado momento comprometedor (o casi desnudas mientras hablabann por teléfono), pero que, a la vez, dejaban muy claro cierto exhibicionismo.

Como se trataba de tiempos en los que la fotografía no había llegado aún a su apogeo y la depresión económica no lo permitiría hasta un par de décadas después, constituían, prácticamente, la pornografía suave o ligera de entonces.

Con los trabajos de Vargas, la revista Esquire alcanzó cuotas de ventas impensables para su época.

A él, sin embargo, se lo retribuyeron muy mal en muchos sentidos y le prohibieron por orden judicial usar el nombre Varga (sin la ese) para firmar otros trabajos.

Decepcionado con el trato que le dispensaban quienes se habían vuelto millonarios con sus trabajos, se mudó con su esposa a Los Ángeles, donde pasará un buen tiempo hasta que a Alberto Vargas le va a empezar a ir mejor.

Las chicas de almanaque -o de calendario, “para colgar en la pared”- alcanzaron su apogeo durante la Segunda Guerra Mundial.

El gobierno usamericano de entonces, llegó, incluso, a aceptar a regañadientes la costumbre de los pilotos aviadores de hacerlas reproducir en el fuselaje de sus aviones como una forma de personalizarlos.

Después, consciente del poder de las imágenes, repartió gratuitamente miles de carteles entre los soldados en el frente. ¿El pretexto oficial? Para “elevarles la moral”.

Visto con los ojos de ahora, en esta época de pornografía al alcance de cualquiera, nos puede parecer increíble que unas simples pinturas -estilizadas, además- pudieran haber servido para alimentar las fantasías sexuales de millones de hombres durante décadas.

Esquire le prohibió a Vargas utilizar su apellido recortado para firmar sus trabajos cuando este dejó de trabajar para la revista.

El arequipeño, no habiendo podido defenderse judicialmente, tuvo que esperar hasta los años 60 para volver a publicar sus trabajos en un medio importante y reencontrarse con el éxito y la fama de la mano de una revista ahora sí verdaderamente atrevida y que se acababa de fundar en 1953, Playboy.

En esta revista empezó a publicar su trabajo como las Vargas Girls, aumentando en varios grados el nivel de coquetería, sensualidad e idealización de las formas femeninas.

En el primer número de ese icono del erotismo gráfico apareció nada menos que Marilyn Monroe, la chica almanaque por excelencia.

(¿Qué tomaría para estar en esa permanente pose sensual y como dispuesta a todo inmediatamente? Me guardo mis sospechas.)

Se dice que Hugh Hefner -el dueño eterno de Plaboy- quiso obligarlo a incluir el vello púbico en sus trabajos, algo a lo que él se negó, entre otras cosas, por respeto a su esposa.

Su época de apogeo le llegó con esta revista al gran Alberto Vargas, a una edad, en la que la mayoría de hombres ya ha pasado a jubilarse.

Al morir su esposa Anna Mae en 1974, luego de una caída de la que no se pudo recuperar, cae él mismo en un estado depresivo que lo lleva a abandonar la pintura. En 1978, con la publicación de sus memorias, se vuelve a animar a hacerlo.

Su sobrina Astrid Vargas Conde, lo acompañó en sus últimos ocho años de vida.

Quizá sea Europa, su primer puerto al salir de su Arequipa, la que le haya dado el merecido reconocimiento que en vida le fue negado en forma de sueldos míseros y contratos leoninos.

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Murió un 30 de diciembre de 1982, a los 86 años de edad, de un infarto al corazón.

Se dice que Vargas, al igual que varias de sus modelos, estuvo varias veces al borde de la quiebra. Como muchos verdaderos artistas, el dinero había sido algo secundario para él.

Hoy, sus trabajos cuelgan de las paredes de galerías, museos y exposiciones especiales, y se pagan cientos de miles de dólares por originales suyos.

Su mirada de artista y erotómano nato ha sido compartida por millones de personas, inclemente al paso del tiempo y de las nuevas y fantásticas tecnologías.

Y sus modelos no se han movido ni un solo momento de sus poses.

                HjorgeV

                Pulheim-Sinthern, martes 14-08-2007

 

VIDEO: HOMENAJE A JOAQUÍN ALBERTO VARGAS

 


LAS CHICAS VARGAS

13 Agosto 2007

Había pasado casi cinco años estudiando en Europa.

Antes de abandonar Suiza, había tenido que renunciar a su puesto como practicante en un estudio fotográfico en Ginebra.

Corría el año de 1916. Dos años atrás había empezado la guerra y él debía abandonar por orden paterna su formación europea para volver a su querida Arequipa. Ahora, de paso por Nueva York, la simple vista de una belleza pelirroja pasando por su lado, le había causado una fascinación tal, que había empezado a temblar, pero no de frío.

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Con apenas quince años, en 1911, su padre –un fotógrafo especializado en retratos y paisajes y conocido en Europa por sus trabajos- lo había acompañado a Suiza, junto a su hermano Max, con el fin de completar sus estudios. Don Max Vargas quería que sus seis hijos tuvieran la mejor formación profesional posible en su campo.

Aunque se dice que Alberto había aprendido a usar el recién inventado aerógrafo para retocar las fotografías del estudio arequipeño de su padre, su verdadera pasión era el dibujo y la pintura.

Ahora se hallaba recorriendo las calles de Nueva York, deslumbrándose con el calor mundano de la Gran Manzana, con todo lo que ese fruto podía ofrecer en formas exuberantes y perfume. Incluida su inclinación por lo podrido.

Era octubre de ese año, 1916.

Se había pasado cinco años fieros en escuelas de fotografía en Suiza, aunque inicialmente estaba previsto que se formara también en Londres, para luego regresar al estudio paterno a aplicar todo lo aprendido. Su inglés no era bueno. Dominaba el francés que se usaba en Ginebra y el alemán suizo del resto del país.

Pero se lo estaba pasando bien en Nueva York.

Su padre, viendo que la Primera Guerra Mundial ya llevaba dos años de iniciada sin visos de concluir pronto, le había dado órdenes de regresar a Arequipa. Le había escrito que prefería verlo sin haber concluido su formación, pero por lo menos vivo.

Así, había abandonado todo en Suiza y se había dirigido primero a Londres, según las indicaciones paternas, desde donde debía zarpar en el próximo barco disponible al Perú.

En París, sin embargo, había recibido la orden de unirse a su hermano Max en Nueva York, para de allí regresar juntos al terruño characato, a la tierra de muchos famosos Vargas.

Ahora recorría uno de los lugares que más le habían atraído en su corta estadía en la ciudad de los rascacielos y el flamante metro: Broadway.

Minutos atrás había avistado, caminando muy rápidamente entre las calles rebosantes de gente, a una mujer pelirroja cuya particular belleza lo había dejado pasmado.

-Perdóneme –le dijo al portero del teatro, en su inglés mínimo y trémulo, pero cortés-. Soy un artista peruano y vengo de Suiza. Quisiera saber si usted fuera tan amable de decirme cuál es el nombre de la belleza que acaba de entrar.

-No sé si usted sea un artista o no. Pero tampoco es el primero que hace esa pregunta –le dijo el moreno portero, dejando su pose de alerta inicial, debido a los buenos modales y la ropa del joven que tenía delante suyo-. En todo caso usted tiene muy buen gusto y se ve que sabe tratar a la gente. Ella es la señorita Clift. Allí lo puede ver en el cartel. Anna Mae Clift, bailarina del Follies.

-¿Follies? ¿Como las Follies Bergères de París? –preguntó él.

-¿Usted está muy bien informado, no? –dijo el moreno, mostrando dos filas bien alineadas de perlas muy blancas-. Este es solo el Greenwich Village Follies.

Vargas sabía del trabajo del gran artista francés Henry Toulouse-Lautrec, quien había inmortalizado a muchas bailarinas con su trabajo. El Gran Maestro de los Carteles que también había trabajado para el famoso Moulin Rouge y que había muerto cuando él era apenas un niño de cinco años.

-Es lo que todo caballero europeo quisiera ver –le respondió al portero, sonrojándose porque, todavía no había alcanzado la mayoría de edad. Por suerte, sus ropas europeas le daban cierto toque de distinción que bien compensaban los escasos meses que le faltaban para cumplir los 21 años.

Anna Mae Clift. Pelirroja. Infinitamente bella. Su mente se sentía como embriagada por un licor desconocido hasta entonces para él. La mujer que podía hacer de cualquier hombre un gran artista.

Pero él ya lo era. Sin saber bien cómo, decidió esperarla.

Al terminar la función, tuvo que aguardar casi una hora más hasta poder distinguirla entre las numerosas coristas que también salían de trabajar.

-Perdóneme, señorita. Eh, eh, estaría muy interesado en hacerle una pregunta –le dijo él, con la ansiedad del que sabe que caerá a un vacío interminable apenas acabada su pregunta.

Ella lo miró de arriba abajo y reconoció que se trataba de un extranjero.

Europeo, seguramente, por el modo de vestir. ¿Qué querría? ¿Contratarla para otro teatro? No, no lo creía. Demasiado joven para ser un empresario. Le sonrió, sin habérselo propuesto, en verdad. Si el muchachito quería con ella, lo que ella empezaba a sospechar, se equivocaba. Esta era Nueva York, y ese tipo de ofensas se podían pagar con la vida. Ella no era de las que se vendían.

Tenía un suave acento francés. Pero también desconcertantes rasgos indígenas, casi como los de los indios norteamericanos. Volvió a sonreír, le empezaba a causar gracia. Un pájaro exótico, pensó.

-¿Y cuál es la pregunta, joven? –dijo finalmente, preparándose para lanzarle una bofetada bien puesta en caso de…

-Soy artista, señorita. Mire, aquí están mis credenciales –dijo él, llevándose torpemente las manos hacia los bolsillos y dejando caer varias cosas.

Ella volvió a sonreír, tratando de contener una carcajada, en realidad, mientras lo observaba apresurándose a recoger lo que había dejado caer al suelo en su nerviosismo. Le temblaban las manos al pobre. ¡Qué primor! Los hombres que se atrevían a acercársele no solo pintaban canas: ya habían dejado de tener cabello, incluso. Y a esos caballeros no les temblaba todavía nada, pero tampoco eran tan educados como este muchachito. ¿Qué edad tendría? ¿Apenas veinte? Ni eso. ¿Sabría que ella era mayor que él?

-Mire, daría lo que estuviera en mis manos si usted me permitiera hacer un retrato suyo –casi tartamudeó él-. Puedo pedirle a mi padre que me envíe una remesa de dinero.

-¿Un retrato mío? –exclamó Anna Mae-. Eso es algo que nunca me han pedido. ¿No estará pensando, usted joven…?

-No, no, no –se apresuró a tranqulizarla él-. Le puedo mostrar de qué soy capaz. Mire –continuó él, sacando un lápiz y un bloc que siempre cargaba consigo-. Puedo hacer una caricatura del portero si desea. Mire.

En menos de un minuto la había terminado.

Anna Mae Clift rió con ganas.

Eran pocos los hombres que habían conseguido hacerla reír tan espontáneamente en su vida. Y ya no le importó si realmente era otra cosa lo que quería este muchachito que le había dicho que era peruano y que todo lo que quería era dedicarse a pintar.

Había que ver qué genial era dominando el lápiz.

Casi 60 años después, cuand Anna Mae Clift falleció en 1974, el ya mundialmente famoso Vargas, se negó a seguir pintando. Y entró en una grave depresión.

Vargas, el mismo muchachito arequipeño que se había atrevido a dirigirle la palabra a una diosa pelirroja allá durante la Primera Guerra en Nueva York.

Vargas, ahora conocido como Alberto Vargas y por sus Chicas Vargas: las Varga Girls, con la revista Esquire, primero, y luego las Vargas Girls, con Playboy, después, y ya con la s final de su apellido original.

chica-vargas-2.jpg

Joaquín Alberto Vargas Chávez, el que había admirado y envidiado el trabajo de Tolouse-Lautrec como el precursor de las chicas de almanaque o pin-up.

Vargas, el characato que había inmortalizado para el mundo del arte ese género tan desprestigiado y secretamente admirado en sus comienzos, acababa de perder a su modelo de toda la vida.

A la corista que en Broadway, y en camino de Ginebra a su Arequipa natal, solo había querido retratar y había terminado siendo su esposa.

Continúa mañana…

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, lunes 13-07-2007


CONEXIONES FÍSICAS

12 Agosto 2007

Mi mano. Una silla.

Las cosas que nos rodean.

 

Sé que pienso mucho en ti.

Ergo, fluye mi sangre en su torrente.

 

¿Piensan también mis glóbulos de mil

colores conmigo?

¿Mis huesos, sienten conmigo?

¿Mis dedos también te desean, entonces?

¿Y la silla?

 

Sé que ha quedado caliente

-al contacto de mi mano-

una porción de su superficie.

 

                HjorgeV

                Pulheim-Sinthern, domingo 12-08-2007



UN BALA ASESINO Y NOVELISTA: Caso criminal real

11 Agosto 2007

Todo había resultado más fácil y asqueroso de lo que había pensado.

En un principio, lo peor había sido la sangre. Limpiar todo, transportar el bulto, deshacerse de él. El trabajo correcto con las huellas.

Tal vez lo mejor habría sido dejarlo vivir un poco más. Un par de días; para alargar el placer. Todo había sucedido tan de prisa y con tan pocas complicaciones, que el vacío que ahora ha empezado a sentir no lo deja vivir en paz. Los detalles de su crimen perfecto vuelven una y otra vez a su cabeza.

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No se arrepiente de lo hecho.

Se arrepiente de no haberlo hecho mejor. Con más paciencia, quizás, haciéndole notar más claramente al imbécil que se atrevió a meterse con su mujer, que con Krystian Bala no se juega.

Tiene que hacer algo para calmar esa sensación de vértigo que se le ha metido adentro. Lo mejor sería repetir el crimen. Pero eso ya no es posible.

¿O sí?

El 10 de diciembre del 2000 transeúntes que paseaban en Wroclaw -localidad cercana a Breslau en Polonia- por la ribera del Oder, notaron que un cuerpo extraño se había quedado trabado en los diques del río.

-Mira bien, parece el cuerpo de una persona –le dijo Marysia Jaruselsky, una anciana vecina de la ciudad, a su esposo Andrzej.

-Estás viendo últimamente mucha televisión, mujer –le replicó él con una sonrisa.

-¿Un ahogado? –preguntó otra mujer que también se había quedado viendo la escena como ellos.

Desde el lugar donde estaban no era posible distinguir con claridad si efectivamente se trataba de un cadáver tal como acababa de afirmar la señora Jaruselsky.

-Si es un cuerpo, no tiene brazos –comentó otro paseante que se había unido al grupo.

Luego añadió:

-Parece que los tiene amarrados al cuerpo, ¿no?

-Están soñando ustedes –dijo Andrzej y conminó a su esposa a seguir su camino.

-¿Alguno de ustedes tiene un celular para poder llamar a la policía? –dijo Marysia, con determinación.

El 12 de diciembre los médicos de la policía forense y miembros de la Policía Científica polaca ya no tienen ninguna duda, el hombre hallado en las aguas del río fue torturado sádicamente antes de morir.

Aparte de presentar una serie de heridas de diversa profundidad por todo el cuerpo –hechas, probablemente, con un bisturí-, múltiples hematomas, quemaduras y varios huesos rotos, fue amarrado con una cuerda que unía sus dos muñecas y su cuello por medio de un sistema de nudos especiales.

El que lo hizo, sabía lo que hacía.

La policía supone que la víctima, así amarrada, fue arrojada al río. Al caer al agua, por acto reflejo, trató de soltarse de las ataduras, pero solo consiguió ahorcarse a sí misma.

El cuerpo es identificado como el de un tal Dariusz J., dueño -en vida- de una pequeña agencia de publicidad de Breslau.

Los policías encargados del caso, bajo el mando del comisario Jacek Wroblewski, no llegan a encontrar ninguna pista que los pueda ayudar a esclarecerlo.

Por la forma como ha sido torturado tiene que haber habido una componente emocional entre el asesino y la víctima. Nadie se ensaña a sí nomás con un desconocido. No, así.

No ha sufrido ningún robo. Sus cuentas bancarias y sus demás pertenencias no han sido tocadas. Carecía de enemigos conocidos.

El comisario Wroblewski, sumamente frustrado, es obligado por sus superiores a aceptar que se trata de un caso sin salida y a cerrarlo después de un tiempo. Tampoco ha servido de nada haber presentado el caso en un programa muy popular de televisión, especializado en hacerlo con el fin de poder obtener la colaboración de los televidentes.

A veces, es menester cerrar la puerta y olvidar.

Tres años después, en el 2003, aparece una novela en el mercado de las novedades literarias. Pertenece al llamado género criminal.

No se trata de una novela negra en el sentido clásico. El argumento, que se mueve en torno a un empresario que termina siendo secuestrado y asesinado sádicamente, no tiene un desarrollo lógico ni el desenlace propio del género. Los personajes son intelectuales aburridos que matan su aburrimiento con alcohol, otras drogas y sexo.

El autor es un desconocido en el ambiente literario. Responde al nombre de Krystian Bala y es más bien conocido como reportero de viajes, especializado en submarinismo en países asiáticos como Corea e Indonesia.

Su obra se llama Amok y el tono es agresivo, el lenguaje obsceno y vulgar. Largos pasajes con pretenciones líricas y observaciones filosóficas la completan.

Bala ha estudiado Filosofía en la universidad de Breslau. En su pasaporte, en el lugar correspondiente a la profesión, figura la de filósofo.

Ese mismo año, Wroblewski recibe una llamada anónima, aconsejándole que lea el libro. Al principio, el comisario la considera como una broma pesada y trata de olvidarse del asunto.

Más tarde, en una librería ve la carátula del libro y se anima a hojearlo. La silueta de la cabeza de un chivo de feos ojos amarillos le ha saltado inmediatamente a la vista.

Amok es una palabra de origen malayo que se usa para denominar un ataque de locura homicida.

La portada del libro le da que pensar.

Los antiguos judíos celebraban el Día de la Expiación sacrificando a un macho cabrío o chivo. Previamente habían elegido dos y el sacerdote se encargaba de echar a la suerte a cual tomar para el sacrificio. Expiar quiere decir ‘borrar las culpas, purificarse de ellas por medio de algún sacrificio’.

De allí proviene la expresión chivo expiatorio, porque el gran sacerdote elegía al azar a uno de los dos animales al que se le imputaban –simbólicamente- todos los pecados del pueblo israelita.

¿Casualidad?, se pregunta el comisario.

Hace averiguaciones sobre el autor del libro.

Leyendo la novela, descubre que la vida de Bala está descrita al detalle. Cuando se la pasa a un colega, éste comenta que al parecer el autor no puede diferenciar entre realidad y ficción.

Pero eso no es lo que le importa a él.

Lo fundamental está en los detalles del asesinato del empresario en la narración. Son definitivamente más de los que la policía había dado a conocer en su momento a los medios de comunicación. Como es común práctica policial, se habían cuidado también de no dar a conocer todos con el fin de usarlos en caso necesario.

Wroblewski tiene con esto suficientes indicios como para justificar la inmediata detención del escritor.

Bala, de 33 años de edad, se muestra arrogante y sarcástico al ser detenido. Viste elegantemente y usa unos anteojos muy de moda. No puede imaginarse que un policía no sepa lo que es la invención literaria.

-Pero son muchos más detalles de los que se dio a conocer en los medios de comunicación –le dice el comisario en el interrogatorio.

-¿Y? Mala suerte para usted que mi fantasía sea tan buena.

-¿Mala suerte para mí o para usted? -le pregunta el policía-. Además, ¿cómo podía conocer minuciosamente esos detalles?

-Fantasía, señor comisario. Fan-ta-sía. Palabra difícil para un policía, ¿no? Lo que usted está buscando es un chivo expiatorio –le dice, al final, con una sonrisa que quiere ser misteriosa-. Haga bien su trabajo y entonces tal vez nos podamos volver a ver las caras.

-¿Que haga bien mi trabajo, me dice? –le replica el comisario, sin poderse creer lo que está escuchando.
-O dedíquese a escribir novelas. Imaginación no le falta para estar sentado yo aquí.

-¿No era que los policías no teníamos fantasía?

-Fantasía e imaginación son dos cosas diferentes, señor comisario. Recién cuando la imaginación empieza a crear e inventar se vuelve fantasía. Es un grado superior y no creo que usted lo conozca.

-Usted sí la tiene –le dice el comisario con un gesto mordaz y ya muy fastidiado.

-En todo caso no tan pervertida como la de usted –le replica Bala.

Acicateado por el interrogatorio y convencido de la culpabilidad del sospechoso, Jacek Wroblewski decide concentrarse en el caso. Sabe que los jueces pertinentes necesitan algo más que los indicios presentados por él en forma de libro. Necesitan pruebas. Sin ellas no es posible llevarlo al banquillo de acusados. Una novela no basta.

Las primeras investigaciones dan resultados positivos.

La víctima, Darisuz J. conocía a la ex esposa de Bala. Ésta, harta del control obsesivo al que la sometía su esposo a toda hora y lugar, terminó separándose de él y abandonando la ciudad para más seguridad.

La mujer, de pequeña estatura, aspecto insignificante y empleada en la hostelería, declara que su ex esposo había retado agresivamente en varias oportunidades a conocidos suyos, por el solo hecho de haberlos visto conversando. Entre ellos a Dariusz J., incluso después del divorcio.

Otras personas interrogadas coinciden en un punto: su gran capacidad para mantener sus emociones bajo control.

También se descubre que la víctima fue llamada el día de su muerte desde el mismo celular del que se había hecho una llamada a la madre de Bala. Esta confirma la llamada de su hijo.

Pero Krystian Bala queda libre.

Los jueces deciden que solo existen indicios y presunciones en su contra. Nada de pruebas definitivas.

Wroblewski es amonestado por sus propios superiores al empezar a ser víctima de los escarnios de la prensa, después de que el escritor declarara que la policía no debería perder su tiempo en intrigas absurdas y ridículas en contra de un ciudadano que paga sus impuestos.

El comisario no puede vivir con ese clavo. Sabe que el sospechoso está jugando con él y burlándose, además. Sabe que en esos casos solo queda una salida: el trabajo minucioso.

Empieza a analizar otra vez todas las pistas existentes. Por las actas recibidas de la compañía telefónica en cuestión, se sabe que la víctima recibió una llamada el día de su muerte desde el teléfono del presunto asesino.

¿Dónde está ahora ese celular?

Su obsesiva tarea lo lleva a descubrir que Bala había vendido cuatro días después del crimen un celular del mismo tipo por la red. Interrogado acerca de ello, él no niega la venta, pero arguye que lo encontró en un café. Su abogado, por su parte, argumenta que no está probado que se trate del mismo objeto.

También descubre el comisario que su principal sospechoso se burla fanfarronamente de él en foros de la red y se explaya sobre el tema ‘crimen perfecto’.

Gracias a sus investigaciones en el campo digital, se topa con detalles interesantes: varios de los emilios enviados a la redacción del programa de casos criminales de la televisión polaca, fueron enviados desde cafés internet ubicados en Indonesia y Corea del Sur.

Se trataba de mensajes en los cuales se filosofaba sobre el crimen perfecto.

Bala es citado con el fin de poder controlar su pasaporte.

Los sellos de entrada y salida registrados en él, muestran claramente que el hombre se encontraba en esos países en el momento del envío de esos mensajes. Se dedicaba a hacer fotografías subacuáticas para una revista especializada en submarinismo.

A Wroblewski, ahora, solo le falta convencer a los jueces.

Se le ocurre valerse de la misma arrogancia del sospechoso. Le pregunta si, ya que se encuentra tan seguro de su inocencia, aceptaría a pasar voluntariamente por el detector de mentiras.

El escritor, filósofo, periodista, submarinista y presunto asesino, pisa el palito.

El detector hace el resto y eso le basta esta vez a los jueces.

El juicio a Krystian Bala, detenido por segunda vez en el 2006 en base a los nuevos aportes del comisario, está por llegar a su fin en Polonia.

A pesar de que él lo niega todo, se enfrenta a la seria posibilidad de pasar 25 años en prisión.

Los psiquiatras que lo han entrevistado reconocen un alto y poco usual grado de inteligencia en él. Se sospecha, también, que él mismo fue quien le dio a la policía el dato de la aparición en el mercado de su mediocre novela.

Como buceador experto se debía creer capaz de controlar su respiración para poder así burlar al aparato detector de mentiras, es lo que cree Wroblewski.

Según consta en el protocolo del interrogatorio, después de cada pregunta, Bala hacía una larga pausa como si fuera a empezar a meditar.

El fiscal acusador reconoce que se trata de un proceso en el que todo lo que se tiene son sólo indicios y presunciones.

¿Bastarán para ser condenado?

¿O saldrá libre y podrá, así, seguir mofándose del comisario Wroblewski?

                HjorgeV

                Pulheim-Sinthern, sábado 12-08-2007


Los Iracundos: ES LA LLUVIA QUE CAE

9 Agosto 2007

Un lector de este cuaderno que cuenta, Tulio Marca, me envió desde el Perú un mensaje de agradecimiento en el que refiere ser admirador de Nino Bravo y de Javier Solís.

En su mensaje hizo un comentario que me hizo recordar a ese grupo de inmortales músicos uruguashos que, al nacer como formación en 1961, se llamaron los Blue Kings.

Tal vez, de haber permanecido con esa denominación, no los habríamos conocido jamás.

iracundos1.jpg

Por lo menos no tan ampliamente como se los conoce y recuerda ahora en todo el ámbito castellanohablante mundial.

(castellanohablante.

1. adj. Que tiene el castellano como lengua materna o propia. U. t. c. s.

Diccionario de la Real Academia Española)

Me estoy refiriendo a Los Iracundos del Uruguay.

El grupo fue formado por seis muchachos originarios de una ciudad de ese país, Paysandú, que bien pudo haber caído bajo dominio portugués y ahora ser brasileña: tres veces fueron las veces que fue sitiada por fuerzas portuguesas y brasileñas, e histórica la defensa que de esa ciudad hicieron sus habitantes en 1865.

Habiendo leído el mensaje me acerqué a esa ventana del conocimiento y del entretenimiento –que todavía está en pañales en cuanto a formato y a contenidos, pero en la que yo veo un gran potencial enciclopédico- que es YouTube.

Lo primero que encontré fue una versión de saco y corbata de unos Iracundos que me dejó con la boca abierta no sólo por la vestimenta: el vocalista era –relativamente- joven y cantaba como el fundador Eduardo Franco.

¿Esperaba yo largas melenas y atuendos hippies con ese nombre tan iracundo?

(En edad y aspecto, algunos de los integrantes que se pueden ver en el video le hacen la competencia a esos otros dinosaurios de la música y cuyo líder indiscutible es el Boquitas Jagger, los Rolling Stones.)

La dificultad que yo tenía, radicaba en que Eduardo Franco nació en 1946 y ahora debería tener o cumplir 61 años. Y el que cantaba debía andar por la edad de Cristo.

Digo debería porque me enteré luego de que ese gran cantante y gran compositor de música popular uruguayo, falleció el 1 de febrero de 1989, cuando le faltaba poco para cumplir los 43 años.

Franco no sólo cantó, también compuso muchos de los grandes éxitos de su agrupación payandesa.

Para mí, sólo nombrar –escribir: Puerto Montt, Va cayendo una lágrima, Te lo pido de rodillas, Chiquilina, Y te has quedado sola, La juventud, La Bámbola- cada uno de estos títulos me hace viajar a tiempos inmemoriales de mi infancia, transportándome, incluso, a momentos concretos de mi vida.

Los Iracundos fueron particularmente prolíficos: llegaron a grabar 35 discos de larga duración y varios singles. Su repertorio se compuso de más de 400 canciones.

(Como curiosidad, la Real Academia, en otra muestra de su clara miopía tecnológica, llegó a aprobar el uso de la palabra elepé para el acrónimo LP, de Long Play en inglés. Un poco tarde, según podemos comprobar ahora. ¿Cuánto tiempo habrán discutido sobre si incluir o no esa palabra? Curioso verlo desde estos tiempos en los que más o menos cada cinco años -o más- sale un nuevo soporte musical al mercado.)

Se dice que los seis integrantes originales del grupo se mantuvieron unidos hasta el inicio de la disolución del grupo en 1986, es decir, ¡durante 25 años!

El conjunto ya ha perdido a dos integrantes más: Juan Bosco Zavalo (segunda guitarra) falleció en 1992 y Jesús Febrero (teclados) en el 2003 en Buenos Aires.

El resto de los integrantes, Leonardo Franco (primera guitarra), Juan Carlos Velásquez (batería) y Hugo Burgueño (bajo electrónico y coros), según tengo entendido, siguen presentándose en público bajo la misma denominación.

La canción cuyo título da nombre a la página de hoy de esta bitácora, es más conocida como “Y la lluvia caerá”, siendo Es la lluvia que cae su verdadero título.

(Curiosamente, otra famosa canción más conocida por su estribillo “Voy a pedirte de rodillas”, lleva como título Te pido de rodillas. Cosas de Eduardo Franco.)

Recuerdo que de niño me decía: ¿cómo que las esperanzas jóvenes son sueño?

 

Bajo un monte lleno de miedo y ambiciones…

Cuántas veces nos han dicho riendo tristemente

Que las esperanzas jóvenes son sueños

Muchos de luchar están cansados

Y no creen más en nada

De lo bueno de este mundo

El mundo está cambiando

Y cambiará más…

 

Su canción sigue siendo una que no nos hace perder –a mí, no creyente, por lo menos, no- las esperanzas sobre esta Tierra.

Recuerdo cantándola de niño en grupo en la camioneta que nos llevaba al colegio. Nos causaba gracia la pronunciación de los uruguashos. Tanto, que alguno de nosotros llegó a pensar inocentemente que se trataba de un defecto fisiológico.

A mí me impresionaba, particularmente, la parte de la letra que dice “y no creen más en nada de lo bueno de este mundo”.

Me parecía que no podía ser posible algo así. Que la gente (allá afuera) no podía ser tan tonta.

Pero después crecimos y nos enteramos de cómo funciona el mundo en estos tiempos que corren. (Felizmente existe la música, por ejemplo. Y gente con ideales. Espero.)

Luego vendrá el sereno.

Eso dicen, por lo menos.

        HjorgeV

        Pulheim-Sinthern, jueves 09-08-2007

LOS IRACUNDOS: TE LO PIDO (VOY A PEDIRTE) DE RODILLAS (1973)

 

LOS IRACUNDOS: PUERTO MONTT

LOS IRACUNDOS: EL DESENGAÑO

ENTREVISTA A EDUARDO FRANCO (Programa Enhorabuena, 1988)

 


MI(S) DESTINO(S) EUROPEO(S)

8 Agosto 2007

Para mi viaje a Europa procuré prepararme bien. Primero, mentalmente.

En esa época, 1985, no era común emigrar de mi país, Perú. Apenas existían compatriotas u otros latinoamericanos en Europa.

Ahora es bastante diferente.

¡Hasta una procesión del Señor de los Milagros han llegado a organizar los peruanos en esta ciudad católica de Colonia!

(Sólo fue una miniversión. Pero cómo sacaban los alemanes sus máquinas fotográficas por lo exótico del asunto, asombrados de actuar como turistas en su propio país.)

La verdad es que no sé cómo pude tener el atrevimiento de venirme a este continente prácticamente sin conocer a nadie, con muy poco dinero, sin saber el idioma del primer país al que llegué, Francia, y solo con una oferta verbal de trabajo como músico.

Al final, lo de la oferta laboral resultó ser una estafa, una fanfarronada, para ser más exactos.

Aunque me había preparado mentalmente para el peor de los casos, no fue nada fácil tener que reconocer que me encontraba en una situación más que crítica y que nunca antes había experimentado en mi vida. Pero ni de lejos.

Alguna vez me animaré a contarlo en detalle.

Ahora quiero iluminar otros pasajes de mi memoria: he terminado asentándome en Alemania y soy feliz en este país –por más que no sea lo que me había imaginado-, pero también pude haber terminado en Suecia, en Italia o en España.

(En mi primera visita a esta última me topé con tan grande hostilidad hacia lo latinoamericano, que de alguna forma me alegro –y me apeno por lo del idioma y la cultura- que no haya sido así. No lo digo por la gente culta y educada, se entiende.)

Me acuerdo que una de las cosas que hice con mayor gusto antes de partir, fue visitar a una serie de personas y personajes que habían visitado Europa y tenido una experiencia aquí.

De este continente yo conocía solo Mannheim, aquí en Alemania y un trozo de la Selva Negra.

En Mannheim pasé 3 meses de mi vida asistiendo becado, gracias al Instituto Goethe, a un curso de alemán avanzado. Una excursión organizada por gente del instituto me permitió pasar un fin de semana en esos bosques que menciono y que se encuentran al sur de este país.

-¿Conoces a Mafalda? –le pregunté a la joven secretaria que estaba cerca de mí, contemplando desde una montaña el frondoso e impresionante paisaje de la Selva Negra alemana y que formaba parte del grupo guía de nuestra excursión de futuros académicos de diversos países del mundo.

Creo que era finales de octubre, por la frivolidad y lo voluble del clima. Recorríamos senderos de caminante, como parte del programa de la excursión.

-No sé quién es –respondió ella, a mi ingenua pregunta. Yo estaba convencido de que a Mafalda se la conocía en el mundo entero-. ¿Y por qué lo preguntas?

Le expliqué quién era en mi alemán de libro de entonces.

-Hay una tira donde creo que Felipe ve a Mafalda observando a unas hormiguitas con mucha concentración y le pregunta: “¿Qué observas? Si sólo son unas simples hormiguitas que están sobre una hoja de lechuga”. Luego, continúa pensando que la hoja de lechuga está sobre el suelo, el suelo en el departamento, éste en Buenos Aires, ésta en Argentina, ese país en América, y así, sucesivamente. En la última viñeta, creo que Felipe empieza a comer hojas de lechuga en el suelo, como una hormiguita.

-¿Y por qué viene a cuento eso ahora? –me preguntó Elke. Tenía veintiuno o veintidós años y ese tipo de cabello largo, fuerte y sedoso que tanto me gustaba.

-Mira este paisaje. Ahora soy yo el que se siente como una hormiguita -le dije, avergonzándome por haber compartido con ella ese momento y esos pensamientos.

Creo que allí nos enamoramos, viendo el cielo estrellado y la luna contemplando cuán tontos podíamos ser.

Tal vez porque me enamoré de Elke (ella fue a visitarme un par de meses después a Lima) o simplemente no se me ocurrió, no recuerdo haber tenido entonces muchos deseos de sacarle jugo turístico a aquellos 3 meses en Alemania.

Recuerdo que aprovechábamos cualquier fin de semana para pasarlo juntos, sin importarnos apenas donde.

Lo digo, pensando ahora en esa gente que es capaz de recorrer en muy poco tiempo ciento ochenta y un mil lugares turísticos. No sé cómo lo hacen.

Personalmente, yo he sido siempre un pésimo turista.

En cambio, he sabido impregnarme de otra forma de las ciudades en las que he vivido o he visitado, de tal manera que, aunque no guardo ningún trofeo turístico de ellas –los llamados souvernirs son trofeos-, no se pueden escapar ellas así no más de mí.

¿De no haberme venido a Alemania, a qué país habría ido a parar?

Recuerdo de esa época de preparativos en Lima, con especial cariño temporal (el tiempo ayuda mucho en muchas cosas), un par de entrevistas que tuve con compatriotas míos que habían vivido en diferentes países europeos.

-¡Alemania era una fiesta! -me decían unos.

-¡Suecia también! -otros.

Ahora que he cumplido 22 años de vivir en este país teutón, comprendo cómo es que habiendo deseado establecerse ellos en este continente, no lo hicieron. Porque simplemente no pudieron.

Pero se referían a Europa, como a un viejo amigo de aventuras, al que bastaba decirle tu nombre y alguna contraseña para que él (ella) empezara a envolverte en sus fabulosos juegos, con muchachas de belleza y “rubiedad” indescriptible, esas cosas que están en la imaginación de muchos hombres -y mujeres- sobre estos países del norte.

Una de las primeras cosas que se da uno cuenta aquí es que no hay muchas rubias. Verdaderas, se entiende. (En los hombres, la cosa es más sincera, vamos a decir.)

-Las mujeres sobran en Alemania, hermano –me contaba uno de los personajes al que yo había acudido entonces, en busca de conocimiento indirecto-. No es como aquí que las mujeres no son independientes. Ellas hacen su vida. Está bien, no sobran, claro. Pero te llega a dar la impresión de que lo hicieran, porque son activas en todo, hermano.

-¿Y cómo es en el invierno? Imagínate, estás en un lugar en el que no conoces a nadie, hace frío y ya no tienes dinero. ¿Qué haces? –les preguntaba yo.

Ese tipo de cosas me interesaban.

Había conseguido imaginarme un sinnúmero de posibilidades. Y para saber por la experiencia de otros qué hacer en caso de toparme con ellas, me recorrí aquella vez media Lima en busca de gente que pudiera respondérmelas.

Creo que el principal motor de mi viaje fue mi ingenuidad. Me encontraba estudiando Matemáticas en la U.N.I. de Lima, pero mi sueño seguía siendo venirme a Europa y dedicarme solo a escribir.

Como se me presentó la oportunidad de viajar a París como músico, pensé que bien podría aprovechar la oportunidad para estudiar en la Ciudad Luz. Ya no sé bien por qué se me metió a la cabeza lo de Cinematografía. Tal vez sólo porque sonaba bien.

Si alguien me hubiera preguntado en esa época por qué, le habría respondido que por mi interés por los guiones, por las historias que cuentan. Que me gustaría escribir libretos cinematográficos. Era lo más cercano a mi sueño secreto que se me podía ocurrir.

Repasando esta mi segunda vida, ajusto la vista y veo con sorpresa que no he estado lejos de ir a parar a Italia, a Verona, exactamente.

Una alemana despampanante, con un busto tan perfecto que no he vuelto a ver en mi vida (ni en imágenes), alta, rubia, guapa y con porte aristocrático, para más señas (aunque provenía de una familia bastante normalita), estuvo a punto de convencerme, sin conseguirlo.

¿Qué me hubiera hecho yo en Italia, con una mujer que en cada restaurante italiano que visitábamos, nos querían atender todos los camareros, y a la vez? Hasta los cocineros y lavaplatos salían de la cocina para acercarse a nuestra mesa bajo el pretexto de escuchar el perfecto italiano de mi novia.

Sí, lo hablaba muy bien, porque había vivido un par de años allí.

Pero así de interesante y atrevido era también cómo se vestía ella.

Digamos que no era mucho lo que dejaba a la imaginación.

(Un intento: tal vez lo que sólo dejaba a la imaginación era lo mejor, consiguiendo volver aún más locos a los hombres.)

¿Qué me hubiera hecho yo con una mujer con la que ni siquiera estando con ella podía estar y vivir tranquilo?, me pregunté entonces.

Felizmente entendí, en esa media docena de visitas a restaurantes italianos con ella que, justamente a ese país, era al que no debía ir con una mujer así. De ninguna manera.

Cuando comprendí que no me iba a ir con ella a Verona, porque simplemente no podría, abrí la puerta de su departamento una madrugada y salí a las calles de esa zona sur de Colonia donde vivía.

Era una solución tonta y abstrusa. Pero era una solución para mí.

¿De qué tenía miedo?, me pregunto ahora. ¿De enamorarme perdidamente y sufrir como un perro? ¿La quería? ¿Estaba enamorado? ¿O todo no pasaba de ser ese fuerte estado de exaltación hormonal que puede producir la compañía de una mujer así?

Ella salió a buscarme con su automóvil y cuando me encontró, anduvimos varios cientos metros por las calles cubiertas de nieve, desplazándonos ella por la pista y yo por la resbalosa acera y discutiendo en la madrugada. Quería que le explicara por qué no y, justamente eso, era lo que yo no sabía.

Nunca llegué a explicarme su obsesión.

Yo era alguien que no tenía nada para ofrecerle en ese momento. Mis estudios estaban estancados, acababa de cumplir treinta años, mis proyectos no avanzaban como debían y el idioma había resultado ser un escollo mucho más grande del que me había imaginado.

Había probado varias cosas: profesor de idiomas, músico, locutor de radio (para La Voz de Alemania, la Deutsche Welle), barman, ayudante de filmaciones. Pero seguía sin encontrar mi centro.

¿Fui el primer hombre en su vida que no se dejó obnubilar por su figura, su porte, su atractivo y su buen gusto? ¿El primero que la dejó en pleno noviazgo, a pesar de que todo parecía marchar perfectamente? ¿No lo pudo soportar, porque simplemente no conocía esa nueva situación?

No lo sé. Nunca lo supe.

¿Y qué había hecho ella antes en Italia?, era algo que nunca le llegué a preguntar. Una de mis sospechas, por la cantidad de ropa de alta costura y finas pieles que tenía, es que había estado casada con un millonario italiano.

¿Y qué pensaba hacer ella en Italia, al volver, después?, fue algo que sí le pregunté y sólo me respondió con generalidades. Pero generalidades en las que ahora encuentro bastante significado.

-Da igual a donde uno vaya –me dijo alguna vez-. Lo importante es desearlo.

Tenía razón. Pero solo en cierta forma.

Ocurría que en ese momento mi deseo no coincidía con el de ella. Eso era todo.

Aunque tuve la increíble suerte de encontrar trabajo como profesor de idiomas en mi absoluto primer día en Colonia, pronto comprendí que Alemania no era ninguna fiesta. Y menos París, ciudad que tuve la oportunidad de conocer a lo largo de varios meses de infructuosa estadía allí.

Tal vez llegué a la matemática conclusión antihemingwayiana de que, si París no era una fiesta y ya había conocido en carne propia que Alemania tampoco, entonces no tendrían por qué tener muchas mayores chances los países nórdicos.

Seguramente España podría haber sido el siguiente país en la lista, pero mi primer viaje a la Madre Patria, a Madrid, resultó ser un medio desastre –era invierno, además- y no me gustó nada la ciudad.

(Volví a visitar Madrid por tercera vez no hace mucho, con ocasión de una exposición sobre la obra del fotógrafo indigenista Martín Chambi, y me vine con una impresión completamente diferente. Es que una ciudad tiene muchas caras. Y uno mismo también. Y esas caras van variando -además- con el tiempo.)

Si mi primera visita a España fue un medio desastre, mi segunda, esta vez a Barcelona, fue un desastre completo.

Después de viajar en automóvil con unos punks que solo escuchaban su música de dos acordes y que se pasaron el viaje de 18 horas fumando una marihuana que tiene que haber sido muy fuerte, fui víctima de un asalto nada más llegar a Barcelona y un loco usamericano me amenazó de muerte en el albergue en el que me había alojado.

Se molestó porque no tenía ganas yo, de conversar con él.

Después de todo lo que había pasado me sentía en mi derecho de no hablar con nadie.

Ya les contaré.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, miércoles 08-08-2007