CIERRE DE PÁGINA

4 Septiembre 2007

Hoy se acabó otro

de mis cuadernos 

de

escribir con lápiz

(de su última página vienen

estas líneas)

y

me dije:

 

“Llegar a la última página

como quien llega al final de las

cosas

que más se nos han quedado

en la

punta de la

lengua;

 

sin asombrarse, pero

saludar a cada uno

en su hombro, en su vestido,

en lo que tiene de

bueno en las orejas

o en la

puerta que

no supo

tocar.

 

Llegar al final de una

jornada y descubrir que se abre

en una flor. Tomar la

flor y

descubrir un puño que

se abre con

la forma de un

camino

que

recién empieza.

 

Terminar algo y dolerse

del adiós de los compañeros de

viaje;

alargarles la mano,

porque nunca se

sabe. O arrojarles un

pañuelo porque tampoco

nunca

se sabe.

 

Allí está ese muro, esas paredes,

el sencillo jardín,

el polvo de alguna estancia,

el rubí de un sonrojo,

observando todo

todavía;

 

una mirada que se quedó detenida

en una habitación

porque era muy

niña y no

sabía adónde

ir.

 

Concluir cualquier tarde

como el que ama la vida

como sólo se puede

amar ciertas

cosas o a

alguien,

aunque nadie nunca se

llegue

a

enterar

de ello.

 

Así quiero cerrar cada cuaderno que

se acaba.

 

Con la pesadumbre

del que

pone una tapa sobre el

rostro de un amigo que se

nos ha dormido a

destiempo,

 

pero solo para encontrar

-¡oh, albricias!-

uno nuevo

en la

contra-

tapa”.

 

De mi cuaderno que acaba

de agotar sus

páginas,

puedo decir con toda

certeza:

 

Era verde y

sabía vigilar

mis

sueños.

 

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, martes 04-09-2007