EL FENÓMENO PAUL POTTS

8 Septiembre 2007

El Gran Luciano se nos acaba de ir, ¿y ya tiene sucesor?

¿Quién es el sujeto de la fotografía inferior? Se llama Paul Potts, es inglés, vendedor de teléfonos celulares y acaba de ganar el concurso televisivo Britain’s Got Talent. Cantando ópera. No es una broma.

Pero, mejor, vayamos por partes.

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ANTONIO ARAMAYONA

Acababa de leer varios lúcidos y entretenidos artículos de un español a quien solo tengo el gusto de conocer por este medio etéreo e increíble que es la red.

Se trata de Antonio Aramayona, profesor de filosofía de Zaragoza y muy buen articulista y crítico social.

Crítico humano, para ser más exactos.

Refiriéndose al acuerdo al que han llegado la diócesis de San Diego y las víctimas de abuso sexual por sacerdotes de esa institución, según el cual la primera pagará 198 millones de dólares por concepto de indemnizaciones, este lúcido hombre comentó lo siguiente:

“Pues esta noticia y similares deberían formar parte de los contenidos de la asignatura Educación para la Ciudadanía.”

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Genial.

Simplemente genial el comentario. Además, conciso y certero a más no poder. Y hay que tener en cuenta que este señor es creyente, si no he malentendido las cosas. El gobierno español tendría que hacerle caso si en realidad le importara una verdadera educación de sus gobernados.

Aquí el respectivo artículo de El País:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/diocesis/San/Diego/acuerda/pagar/198/millones/dolares/victimas/abuso/sexual/elpepusoc/20070907elpepusoc_6/Tes

Y aquí el sitio de este filósofo zaragozano de lenguaje claro y entretenido, y cuyos pensamientos, ideas y planteamientos lo son aún más:

http://www.antonioaramayona.com/

Recomiendo darse un buen paseo por sus páginas.

Los periodistas, vamos a decir, oficiales, se deben cuidar mucho de no morder ninguna posible mano que les da o les pueda dar de comer. No sé si eso es defendible, pero comprensible lo es, tanto como el derecho a alimentarse.

Los bitacoreros no solemos tener ese tipo de problemas. (Tenemos otros, como todo el mundo.)

Lo digo porque aún en los artículos que publica en El Periódico de Aragón, Aramayona no deja de decir lo que piensa y ve claro. Algo que muy pocas veces se deben poder permitir –me imagino- a plena comodidad los periodistas profesionales. Él, por suerte, no lo es.

http://www.antonioaramayona.com/articulos/las_verdaderas.htm

Cuando me encuentro con alguien, como este español de Zaragoza, que tiene el intelecto especialmente vivo, la mirada aguda y escribe –además- muy bien, suelo agradecerlo encomiásticamente en estos tiempos en los que –seamos sinceros con nosotros mismos- verdaderamente poco se puede esperar del Mono Sapiens, tan ocupado como está en mirarse la panza.

(Por hambre o por hartazgo.)

EL FENÓMENO PAUL POTTS

Acababa, decía al comienzo, de leer lo que expongo arriba, cuando me topé en mi camino digital con un fenómeno.

Tienen que apreciarlo con sus propios ojos y oídos. Y utilizarlos. Es decir, según el diccionario, aprovecharse, sacar provecho de ellos. (Incluyo más adelante el video o vídeo.)

Pónganse sus auriculares, por favor. ¿Qué? ¿No tienen todavía? Usen cualesquiera.

http://www.youtube.com/watch?v=SF7yuRylYd0

Patente la reacción de uno de los jurados, la de la jurada. (Qué machista es nuestro idioma.)

Esa misma reacción, o una muy parecida, fue la que me causó escuchar a Luciano Pavarotti por primera vez. Guardando las distancias, claro.

Si la música –y cualquier arte- debe tener alguna función social, esta ya está clara para mí.

Tiene que hacerte vibrar.

Lo he puesto como letrero en mis cuadernos de poesía. Muy grande, para no olvidarlo ni decir después que no lo sabía:

Si no te hace vibrar, olvídalo. Cierra el cuaderno. Arranca la página. Arrójala a la basura.

¿Ha dejado El Gran Luciano un sucesor?

Leyendo las noticias, justo después de la muerte de Pavarotti, me encontré con esta otra, la que no supe cómo recibir primero.

http://www.terra.com.mx/articulo.aspx?articuloId=398933

¿Se puede ser tan ingenuo?

Por lo demás, no me ha sido posible ubicar digitalmente la noticia –o artículo- de El País, que se alude.

Pero la afirmación del magnífico tenor Juan Diego Flórez me suena -personalmente- a mucha pretención.

Flórez tiene una magnífica y linda voz. Celestial. Su técnica es muy depurada y es de las que parecen haber nacido con él. (Los cantantes de ópera se pasan largos y duros años de entrenamiento y aprendizaje. Muchos nunca lo consiguen.)

Sus malabares y acrobacias –no lo digo negativamente, hay que escucharlo- en el bel canto parecieran no costarle ningún esfuerzo. Es un atleta de la técnica vocal. Tiene un timbre envidiable.

Esto que digo no se puede apreciar en la siguiente grabación, por el carácter del tema -Granada, del mexicano Agustín Lara-, pero, espero, sirva como un ejemplo.

Tener una gran y bonita voz no basta.

(Un cliente asiduo del negocio que tenía, un tenor usamericano de la Ópera de Colonia, dijo alguna vez, con lengua bífida, de él: “Es el gusto del mes”.)

Corazón tampoco le falta a nuestro compatriota.

¿Entonces, qué?

Miren que tampoco me inclino por el español Plácido Domingo, a pesar de ser otro cantante divino, ni de su gran compatriota Josep José Carreras. Y lo mismo digo del fantástico mexicano Rolando Villazón.

Les falta a todos ellos –mi humilde y sincera opinión- ese no sé qué, que hace mucho tiempo ya, se sabe qué es.

En los análisis espectrales de voces humanas, se ha descubierto que las más completas y, vamos a decir, cálidas, sonoras y con buen timbre -y demás blablá- muestran una serie de refuerzos especialmente en la zona de los graves, que se denominan formantes bajos. Los tienen las grandes voces: Ella Fitzgerald, Nino Bravo, Pavarotti, Enrico Caruso; para nombrar a unos pocos.

(El asunto es más complicado. Imaginémonos que una voz está compuesta como una orquesta. Entonces, como en ésta, habrá voces que tendrán más y mejores instrumentos de variada tesitura o altura, y otras que no. Las mejores son las que tienen bien cubiertos tanto los tonos altos como los bajos. Como en una orquesta, precisamente.)

La voz de Flórez es cristalina, por ejemplo. Brillante, también. Pero no tiene ese calor, esa calidez que rezumaba en Pavarotti.

Es algo que no lo tiene cualquiera, repito. Y no cualquiera que lo tiene, lo sabe usar. (Ni utilizar, para seguir utilizando el diccionario. Sacándole provecho a éste.)

Para hablar con el lenguaje de las revistas del corazón. La voz de Pavarotti –su canto- podía/puede hacerte emocionar de tal forma, que podía/puede llevarte a las lágrimas con su arte.

Algo de cuyo abuso los puristas le han llegado a reprochar.

La de Flórez puede tocar varias de tus cuerdas emocionales y las de tu aparato sensitivo artístico, pero no llegar al fondo verdadero de tus músculos cardíacos como lo podía hacer Pavarotti. Por lo menos no con esa facilidad que también tenía Caruso, si es que son ciertas las anécdotas e historias que se cuentan de él. (Una la referí en mi entrada anterior.)

¿Y ahora parece que existe alguien nuevo que es capaz de eso?

¿Paul Potts, nacido en Inglaterra en 1970 y vendedor de teléfonos celulares?

De ser cierto, esto sería casi como en cuento de hadas.

Potts es un buen actor. (Espero que le haya salido naturalmente, lo de su actuación, sus nervios, afabilidad y humildad que se puede observar en el video; porque, sino, estaríamos ante un caso de doble excepcionalidad artística: gran actor y cantante.)

Ha sabido presentarse como el patito feo, regordete y de dentadura dispar, que nervioso y lleno de ansiedad, llega al concurso en el que todos se ríen de su presencia y hace inquietar al jurado.

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-¿Y éste, qué quiere, aquí? –se habrán preguntado estos.

Hasta que empieza a cantar.

No soy ningún experto en estas cosas y solo me guío por mi propia intuición, y porque estuve a punto de iniciar una carrera como cantante de ópera –barítono- a los 18 años, con clases, profesora y toda la parafernalia necesaria.

Si ustedes han apreciado –de apreciar en su sentido de reconocer y estimar el mérito de algo o alguien- el arte de Pavarotti, podrán haberse dado cuenta de que su técnica vocal es algo muy natural en él.

No necesita de esas posiciones extremas de labios y boca -y todo su aparato fonador- para alcanzar las notas que canta.

Eso es algo que él debe haber pulido a lo largo de los años.

La técnica del bel canto fue desarrollada para sacarle el máximo provecho a la voz humana, a la vez, que educarla. A ser limpia, ‘fina’, a no ser tambaleante ni dubitativa como expresión del instrumento musical que es nuestro cuerpo.

Es una técnica que enseña a sacarle el mejor sonido a nuestro instrumento natural, y, como tal, como técnica, pudo haberse desarrollado de otra forma.

La vigente no es algo que agrade inmediata ni automáticamente al oído no acostumbrado. Algo que sí sucede con cualquier otro instrumento musical.

Por eso, entre otras cosas más materiales, la ópera es un arte elitista. Requiere de cierta formación o experiencia para poderla apreciar.

(A Pavarotti, justamente, se le considera como aquel ser humano que llevó –por fin- la ópera a las masas. En mi opinión, fue al revés. Las masas exigieron que Pavarotti se acercara con su arte a ellas.) (Otros puristas le criticaban que se apoyaba demasiado en su naturalidad vocal.)

Volviendo a Potts.

Para los puristas debe estar claro que le falta aprender todavía mucho en cuestión de técnica vocal.

Afortunadamente, existen otros foros, otros ambientes, en los que esto no se ve tan rígidamente. En este caso ha sido el concurso inglés Britain’s Got Talent, que acaba de ganar hace poco este agente vendedor de teléfonos.

El disco One chance de Paul Potts acaba de salir, también, a la venta, y su éxito ha sido inmediato en Inglaterra.

Para mí es una gran suerte que el tema elegido por este tímido inglés para presentarse y darse a conocer, sea uno de los dos con los que me quedo de las interpretaciones de El Gran Luciano (hay muchos más, claro): Nessun dorma, aria de la ópera Turandot, del gran maestro italiano Giacomo Puccini.

¿Tiene el inglés Potts la pasta suficiente para ser considerado uno de los sucesores de Pavarotti?

¿Para qué responder una pregunta tan obvia?

Lo plantearía de manera diferente.

Si nos hace vibrar, si cumple el primer –y, para algunos, o muchos, el único- sentido de ser del arte.

Si no es necesario que nos digan antes si lo que tenemos delante es bueno o excepcional, O no.

Si no necesitamos de un experto en ópera para que nos diga si lo que estamos escuchando cumple las rígidas reglas operísticas o no.

Si hace vibrar las cuerdas de nuestro o nuestros instrumentos más profundos y nos regresa a nuestra humilde y sencilla condición humana (¿qué fue lo primero que hicimos al nacer?).

Entonces, ¿qué cominos importa esa pregunta aplicada a quien sea?

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, sábado 08-09-2007

P.D.: Me he pasado varios días (así me cuestan algunas entradas) para tratar de dejar en claro que como Pavarotti, a lo más, Caruso, y basta una simple pregunta retórica –esta última, ni siquiera tan injusta por lo demás- para que algún lector se deje descolocar. Por lo demás, Potts se pasó cinco años, de 1999 al 2003, trabajando sin ser remunerado en diversas producciones operísticas, hasta que diversas enfermedades y un accidente ciclístico acabó con su carrera de –más que- aficionado. Con el dinero recibido por su participación en un concurso de talentos de la televisión británica, se pudo pagar clases de canto en Italia. Por su talento, tuvo la oportunidad de cantar para el mismísimo Pavarotti al final del curso.

Con mi pregunta –retórica- final, quería decir (no lo conseguí), que en cosas de gustos y emociones, ¿qué importa lo que puedan pensar u opinar los demás? Lo que importa es el arte y el receptor. No las discusiones sobre uno o varios posibles sucesores. ¿Por qué? Porque simplemente El Gran Luciano no lo tiene. Punto. ¿Tan difícil es? HjV