¿NEOGUERRILLEROS EN EUROPA?

13 Septiembre 2007

Una de las manifestaciones humanas que más me fascinan son las protestas sociales.

Si bien las individuales y hechas a título personal, también pueden ser muy interesantes, la dinámica de las protestas sociales es algo a lo que mi mirada curiosa no puede escapar.

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Bien sabido es que la psicología de masas -o de grupos- explica por qué ciertas personas son capaces de hacer cosas extremas y actuar de una forma a las que no se atreverían -ni se les ocurriría siquiera- si estuvieran solas.

Ver cómo funcionan esos mecanismos en las protestas sociales y observar cómo interaccionan con ellas, haciéndolas abortar, estorbándolas o potenciándolas, es algo que me interesa sobremanera.

COPENHAGEN, domingo 2 de septiembre del 2007

Los jóvenes lo tenían bien planeado. Atacaron de noche, cuando sabían que la policía no contaba con algo así.

Era un domingo. Destrozaron escaparates y vidrieras a pedradas, saquearon negocios y con llantas incendiándose levantaron barricadas.

¿Gaza o Beirut?

No.

Nørrebro en Copenhagen.

-No podemos estar en permanente estado de alerta solo porque a un par de idiotas se les ocurra iniciar sus disturbios a cualquier hora –declaró el jefe policial danés responsable ante las críticas de los vecinos de la zona.

De esa actitud policial se valieron varios cientos de ‘idiotas’ o ‘revoltosos’ (este es el término que prefiere la policía) para preparar su Acción de Domingo por la Noche.

(Las mayúsculas son mías.)

Los destrozos y las barricadas incendiarias à la París ‘68 es el saldo parcial de la escalada de hace unos diez días y que ha cambiado radicalmente el aspecto del barrio Nørrebro de Copenhagen.

63 integrantes del llamado bloque autónomo han sido detendidos y 20 de ellos pasarán a disposición del juez instructor en el transcurso de estos días.

Se trata de grupos de jóvenes, mayormente adolescentes, que habían iniciado ese domingo por la tarde una acción de protesta pacífica por la evacuación y el cierre forzoso de su centro juvenil autogestionado y que ahora se empieza a demoler.

La desalojo del Ungdomshuset (‘hogar juvenil’) corrió a cargo de las brigadas especiales antiterroristas de la policía danesa en marzo de este año, a lo largo de varias noches de protesta en las que no faltaron heridos ni detenidos.

¿Dio resultado esa actitud de tolerancia cero de la policía danesa?

Ahora se ve que no. Al contrario.

Como en muchos casos, se quiere resolver un problema social atacándolo como uno simplemente criminal.

BERLIN, septiembre del 2007

Lo planean todo con mucho cuidado. Escogen el lugar con tino y dedicación. Luego regresan de noche.

Prefieren atacar en el centro de Berlín, muchas veces en calles residenciales, donde abundan los automóviles densamente alineados uno junto a otro.

-¿Todo bien? –se preguntan con un gesto llano, sin palabras, al cruzarse.

Los otros dos responden solo con un movimiento de los párpados. Suelen actuar en trío.

Antes han acordado el día y la hora en un emilio cifrado y disfrazado de una simple invitación a una fiesta. ¡Fiesta, fiesta!

Llegado el momento, dos de ellos se encargan de vigilar los alrededores. El tercero se acerca a su objetivo, saca un bloque de cubitos de esos que se usan para encender el carbón de las parrillas y lo coloca junto a una llanta. Ahora él está ‘limpio’. Lo peor ya pasó para él, porque ya no lleva consigo ninguna prueba compremetedora. Ahora le toca vigilar la zona.

Uno de los otros pasa por el automóvil escogido, se agacha como quien recoge una moneda caída y con su encendedor o mechero hace que el cubito prenda fuego. Es una cuestión de 5 a 10 segundos.

En un par de minutos, cuando los tres ya han vuelto cada cual por su camino y ya deben estar sentados en diferentes vagones del metro berlinés –conocen los horarios para no perder tiempo esperando y no correr así más riesgos-, la llanta del automóvil empieza a arder. Lentamente, primero. Luego, el resto del vehículo.

El método tiene riesgos mínimos, bajos costos y efectos tremendos. ¿Una especie de neoguerrila?

Van 91 automóviles en lo que va del año en Berlín. Nunca ha habido tantos casos similares. En la escena, se conoce este delito como Nobelkarossentod, que quiere decir algo así como ‘muerte o defunción de carrozas nobles’. Una especie de guerrila contra automóviles de lujo. ¿Es eso todo?

¿Quiénes son? ¿Qué persiguen? ¿Cómo están organizados?

Paradójicamente, muchas veces son sencillos automóviles de particulares los que terminan siendo devorados por el fuego y no solo vehículos exclusivos y especialmente aparatosos.

Hace unas tres semanas ardieron unidades del ejército alemán.

Lo que hasta ahora se sabe es que los autores pertenecen a una organización que se hace llamar grupo militante. Así, con minúsculas y sin que del nombre se pueda deducir mayor información.

O, simplemente mg; las siglas del nombre en alemán: militante gruppe.

Se sabe muy poco, por lo demás, de esta agrupación de extrema izquierda.

Lo que más posee la policía son suposiciones, conjeturas, deducciones y sospechas.

Después de un año de observaciones, perseguimientos y escuchas telefónicas, y en una redada sin precedentes, han sido detenidas varias personas a las que se les acusa de planear y participar en estos atentados.

La acusación del fiscal general de Alemania es bastante vaga. El objetivo de la organización clandestina sería “socavar las estructuras del actual sistema político y social a través de acciones militantes, con el fin de imponer un orden comunista mundial”.

Parece un chiste del pasado.

Aunque esto suene a anacronía, activistas radicales ya han reivindicado por lo menos una veintena de atentados en los últimos seis años. El primero ocurrió el 2001, cuando Otto Graf Lambsdorff, un político del (ultra) derechista FDP, recibió amenazas y explosivos por correo.

Se le acusaba en la misiva de ser responsable de que muchos de los sobrevivientes del holocausto no hayan sido indemnizados adecuadamente.

Prosiguieron incendios de automóviles, ataques incendiarios a oficinas del estado y a una estación de policía, seguidos de cartas reivindicativas del mg.

¿Quiénes podían ser?, se preguntaba la policía.

Hasta que el 31 de julio de este año, fueron detenidos tres personas implicadas en un ataque incendiario a vehículos policiales en Brandenburg.

Lo interesante de todo esto, es que no solo se encuentran detenidos esos tres individuos. Con ellos fue también detenido Andrej H, sociólogo urbanista o especialista en ciudades.

Se le acusa de ser el autor intelectual de los atentados del grupo militante.

¿Pruebas?

Indicios. Suposiciones. Conjeturas.

Según los investigadores, palabras clave y frases completas de sus textos y artículos encuentran coincidencia en las cartas reivindicativas del mg.

A una sola palabra le atribuye la policía el mayor peso. Se trata de un neologismo, gentrificación.

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“No nos vendemos”

Viene del inglés, gentrification, y define el proceso por el cual un barrio o zona de una ciudad en estado de decadencia o que posee cierto atractivo potencial aún no conocido o pasado, empieza primero a ser habitado por sus bajos alquileres por personas que reconocen ese atractivo y que terminan poniendo después de moda y encareciendo el barrio en cuestión, desplazando a los habitantes de la época decadente.

El proceso es más o menos similar en todo el mundo.

Debido a los bajos alquileres y a cierto atractivo –generalmente arquitectónico- , cierto barrio en clara decadencia empieza a ser preferido por pioneros: artistas, estudiantes, miembros de ciertas subculturas. Cuando los estudiantes egresan y empiezan a ganar dinero y los artistas logran establecerse, el estado de las viviendas y de la infraestructura en general, empieza a mejorar, volviéndose interesante para los especuladores inmobiliarios.

Finalmente, la gente que vivía allí, termina siendo desplazada por capas sociales más pudientes.

¿Puede encarcelar la policía a alguien por la coincidencia de un simple vocablo?

El académico detenido venía siendo observado desde agosto del año pasado, junto con sus amigos y conocidos.

¿Era legal esa observación?

La nueva Ley Antiterrorista, como en otros países, le da un amplio margen de acción a la policía alemana.

Pero, ¿qué pruebas existen contra Andrej H., aparte de las coincidencias textuales?

A comienzos de este año, el académico fue observado acudiendo a una cita con un hombre al que había contactado por la red.

Ese hombre también estaba siendo observado por la policía.

Y este mismo hombre fue capturado por la policía en Brandenburg en el ataque incendiario fallido del 31 de julio contra vehículos militares.

Mala suerte para Andrej H., el experto en gentrificación.

-Es absurdo –declara su abogada, Christina Clemm-. Acusar a alguien de pertenecer al mg, solamente por haberse encontrado una sola vez con uno de sus miembros. Además –añade-, ni siquiera existe una grabación de lo que hablaron en ese encuentro.

36 investigadores y académicos, muchos de ellos sociólogos, han firmado un manifiesto de protesta por esta detención.

Para ellos, “se trata de un ataque fundamental a la libertad de investigación y enseñanza”.

El diario británico Guardian, se ocupó del caso bajo el título de Guantánamo in Germany.

Los jueces alemanes callan.

¿Se puede acusar a alguien de pertenencia a una organización terrorista solo por incendiar automóviles?, es la primera pregunta objetiva que se presenta.

¿Existen organizaciones terroristas alemanas en Alemania, es decir, formadas por alemanes?

¿Cómo se puede probar?

¿No se trata más bien de una especie de neoguerrilla nacida de la extrema izquierda y que se trata más de un caso social que de un caso político y puramente criminal?

¿De qué se quejan estos jóvenes?

¿Qué atacan, en el fondo?

¿Qué no les parece bien?

El hecho de que recurran a métodos extremos como el de incendiar automóviles –van 91 en lo que va del año- dice mucho de la claridad de sus objetivos y de su consecuencia.

¿Cuáles son esos objetivos?

¿Crear la anarquía?

Si bien en Alemania la policía está reaccionando con más tacto que sus colegas daneses en Copenhagen, este fenómeno de extrema protesta social, rebalsa su limitada formación policial académica.

El ejemplo danés y las protestas en Heiligendamm con motivo de la cumbre del G-8 han dejado una vez más claro que la solución no está en la represión ciega e inflexible. (Es lo que le enseñan a los más jóvenes, justamente.)

Como en el caso de otros conflictos mundiales, ella solo propicia la aparición de nuevos activistas por simple solidaridad y rabia social.

¿Rabia social?

Impotencia, me atrevo a decir.

Ver cómo las cosas en este mundo van tomando un rumbo que –supongo- ya ni siquiera es posible tratar de influenciar por los canales políticos tradicionales.

Estos militantes, por esto mismo, tienen las cosas claras. Sus propias cosas claras.

Como no se puede hacer mucho, por lo menos dejémosle el escupitajo en la cara a este sistema, me imagino que es la idea.

¿Sabrá encontrar el estado soluciones a este tipo de delitos? ¿Servirá todo esto por lo menos para propiciar una reflexión sobre el estado general de cosas?


¿Sinceramente?

Lo dudo.

Me atrevo a decir que a estas alturas del partido, ya se puede decir abiertamente que el Proyecto Mono Sapiens puede considerarse como fallido. (Y esto independientemente de si se es creyente o no.)

Creo, por otra parte, que el claro carácter criminal de muchas protestas sociales nos nubla masivamente la visión -tanto a gobernantes como a gobernados-, impidiéndonos o haciéndonos olvidar ver qué hay detrás de ellas.

Es decir, se pierde un buen material de análisis sociológico; como cuando un muchacho delinque y todo gira alrededor de la condena y nadie se ocupa de ver por qué llegó a delinquir de tal manera y si es posible aprender socialmente de ello, para evitarlo en otros casos en el futuro.

(Aparte de olvidar ver si la culpa es exclusivamente suya, que casi nunca lo es. Quiero decir que se suele castigar el hecho mismo, pero no su motivo, sus raíces. Al alumno, pero no al maestro; para decirlo provocadoramente. La sociedad castiga a sus productos, a sus miembros; pero no se pena a sí misma. Muchas veces ni se cuestiona, siquiera.)

Me imagino que la franca imposibilidad o rareza moderna de esta capacidad de análisis social y expresión clara de miopía -y hasta ceguera- masiva, debe formar parte del ideario de estos jóvenes extremadamente contestatarios.

HjorgeV

Colonia, 12-09-2007