Justo ayer me refería a la psicología de masas o de grupos y me vuelvo a topar hoy con el caso de la niña británica desaparecida.
Debido a que han sido considerados oficialmente sospechosos por la policía portuguesa, los servicios sociales británicos están contemplando ahora retirarles a los padres la tutela de sus dos gemelos, Sean y Amelie.
Por lo general, no suelo tratar los casos que están –vamos a decir- de moda.
Por una parte, no me suelen interesar las modas, y ya tengo bastante con perseguir mis propios intereses e ideas.
Por otro, en esta era digital es muy difícil aportar algo nuevo a temas más que machacados por la prensa mundial.
Como a casi todos -más como padre de cuatro niños-, el caso Madeleine no me ha dejado frío.
Sin embargo, el tratamiento tan sensacionalista con que se ha llevado desde el comienzo, provocó que me mantuviera bastante distante del seguimiento de las novedades al respecto.
Bien visto, retomando uno de los temas de ayer, este caso es uno de esos en los que se puede ver -también- claramente cómo funciona la psicología de masas o psicología de grupos.
El cómo una o más personas actuando en grupo, pueden llegar a cometer actos criminales sin habérselo propuesto, o sin estar ‘predestinados’ ni habérselo imaginado nunca.
En este caso criminal, hay algo que está más que claro: existe una clara escenificación. Una puesta en escena, como bien precisa El País hoy.
Y ese tinglado ha corrido por cuenta de varias personas. De más de un grupo de ellas.
Por una parte, el grupo de las cuatro parejas involucradas, casi todos médicos; y, por otro, el grupo de asesores mediáticos llegados posteriormente.
El insondable comportamiento humano es una fuente de fascinación constante para mí.
El caso Madeleine es uno de esos que bien pueden usarse como una clara radiografía de él. Además, de lupa de toda una época y de ciertos grupos sociales.
En lo que atañe a lo primero, este caso dejará claro (todavía no lo está del todo), cómo las personas no son sólo ellas, sino ellas y las circunstancias que las rodean. Y que a mayor gravedad de las circunstancias, mayor la posibilidad de que se deje traslucir la verdadera catadura moral de una persona y su entorno.
En lo correspondiente a lo segundo, es interesantísimo ver cómo el desarrollo de un caso así no habría sido posible antes de la era digital, de esta época. Sin la red, la telaraña mediática y comunicativa no habría podido fraguarse. Para empezar, sin su página web, los McCann no habrían obtenido el nivel de solidaridad y popularidad alcanzado, ni muchas de las donaciones hasta ahora recibidas.
En lo tercero -el contexto social-, parece ser que el médico cardiólogo Gerry McCann, estaba por ocupar una plaza directiva en un centro médico. Sus circunstancias, vamos a decirlo así, eran, entonces, especiales.
Pero aunque no fuera cierto lo del ascenso o postulación a un cargo. Se trata de tres parejas social y profesionalmente ‘exitosas’ y que, por lo tanto, tendrían mucho que perder.
Una vida completa: amigos, puestos de trabajo, posición social, ingresos, lazos familiares emocionales, su futuro y, claro, su libertad.
Esto, en el supuesto de estar involucrados en la desaparición de Madeleine.
Vayamos por partes y hagamos, primero, un somero repaso de lo que se conoce por la prensa.
PERSONAS INVOLUCRADAS:
-Madeleine McCann, por cumplir 4 años al momento de su desaparición;
-sus padres Kate McCann, médica, y Gerry McCann, cardiólogo; junto con tres parejas más:
-Matthew (Mathew?) y Rachel Oldfield, médico y consultora, respectivamente, y padres de una niña de un año;
-David y Fiona Payne, médicos, y la madre de ésta, Dianne Webster; y
-Russell O’Brian y Jane Tanner, médico el primero, y padres de una niña asimismo.
DÍA Y HORA EN CUESTIÓN: 3 de mayo de este año, aproximadamente entre las 18:00 y las 22:30 horas.
(Si son verdaderas ciertas informaciones, las hijas de dos de las parejas se encontraban enfermas y padecían de vómitos esa noche. A esto se debe que considere una hora inicial más temprana que el momento en que la madre anuncia por primera vez el ‘secuestro’ de su hija, alrededor de las 22:00.)
LUGAR: Portugal, Algarve, Praia de Luz, complejo turístico hotelero The Ocean Club, Restaurante Tapas, apartamento 5a del hotel.
(Distante este último unos 50 metros de las habitaciones donde se encontraban los niños, según unas fuentes. Según otras, se trataría de 100 metros.)
CIRCUNSTANCIAS: después de haber hecho cenar a los niños, estos son llevados a sus habitaciones del hotel para que duerman, mientras que sus padres se dirigen al restaurante aludido a cenar a su vez y donde consumirán 14 botellas de vino entre 6 adultos (información recogida de la bitácora de una supuesta criminóloga y no corroborada). (**)
TESTIGOS Y TESTIMONIOS: los antes citados, más otros huéspedes y empleados del hotel y del restaurante, cuyas identidades y testimonios desconozco.
-Jeremy Wilkins, huésped y pareja de tenis de Gerry McCann; se encuentra con éste en un pasadizo y charlan un momento, entre las 21:05 y las 21:15. Desmiente el testimonio de Jane Tanner, según el cual, un hombre habría pasado por ese pasadizo llevando un bulto extraño.
-entrenadora de aerobics Chekaya, dirige un juego de salón esa noche en el Tapas; desmiente algunas afirmaciones de las parejas.
SOSPECHOSOS: Robert Murat, vecino angloportugués, traductor de la policía, primer sospechoso y detenido; actualmente libre de cargos y seguramente inocente en lo que compete a este caso; un ciudadano ruso, también libre de cargos; los McCann y sus dos parejas acompañantes de esa noche.
CRONOLOGÍA PRINCIPAL: Madeleine McCann desaparece de la habitación del hotel, donde dormía junto a sus dos hermanos gemelos menores.
(Transcribo, a continuación, una cronología –no corroborada- que acabo de encontrar en un artículo en la versión digital de un diario español y cuya dirección incluyo al final.) (*)
Aquella noche no fueron sólo Gerry y Kate McCann quienes dejaron a sus tres hijos abandonados en el dormitorio. Matthew y Rachel Oldfield, doctor y consultora, dejaron también a su hija… ¿de solo un año! Lo mismo hicieron Russell O’Brian y Jane Tanner con la suya. Pero lo anterior todavía resulta aún más insólito si tenemos en cuenta que las hijas de las dos últimas parejas ¿estaban enfermas! La hija de Russell O’Brian, encima, vomitaba. Que a pesar de las mínimas edades de sus hijos y de que dos niñas estaban malas se reunieran todos en el restaurante resulta tan sorprendente que uno comienza en seguida a sospechar que el encuentro parecía tener más de obligación que de devoción. Como si éste hubiera sido amañado para servir de coartada, borrar huellas y trasladar a la niña… o al cadáver de la niña.
Con este triple fin podrían explicarse las idas y venidas de los comensales. Los primeros en llegar al bar Tapas, a las 20′30, fueron los McCann. A pesar de la ‘puntualidad británica’, los Oldfield y el doctor Russell O’Brien llegaron al restaurante un cuarto de hora después. David y Fiona Payne llegaron todavía más tarde, con casi media hora de retraso. A las 21, Gerry McCann salió para ver a sus mellizos y a Madeleine. A las 21′10, con 40 minutos de retraso, Jane Tanner se unió a su pareja, Russell O’Brian, y a la cena. A las 21′25, retornó Gerry McCann. No había novedad. Todo parecía seguir normal. En ese mismo instante, Matthew Oldfield se levantaba para ver a su hija, que, como hemos dicho, estaba enferma. Cinco minutos más tarde Russell O’Brian, cuya hija estaba también enferma, hacía lo mismo. Cinco minutos después, Matthew Oldfield regresaba al restaurante. Russell O’Brian no lo haría hasta las 21′55. A las 22, salió Kate McCann. Es la que se topó con la ausencia de Madeleine y dio la alarma de que ‘había sido raptada’.
De ser cierto lo que escribe el autor de este artículo –no sé cómo puede tener información tan detallada-, el asunto estaría más o menos claro.
Se trataría de un raro caso de negligencia médica –con la atenuante vacacional de los implicados-, agravado por encubrimiento, falsos testimonios y desaparición de pruebas criminales.
(-¿El parentesco, sería una circunstancia atenuante o una agravante? –me pregunta mi Lector Atento, ese loro que llevo sobre el hombro derecho y que a veces se despierta para hacer incómodos comentarios y preguntas; pero no he sabido responder a su pregunta.)
Alguien podría ver en el hecho de que la familia se preocupara de informar primero a la prensa del supuesto secuestro y no a la policía, un intento desesperado por lanzar las redes y los tentáculos del pulpo mediático lo más antes y efectivamente posible.
En Inglaterra –si no me equivoco- existe el mayor número de cámaras de video para la vigilancia pública. De allí, a confiar en la mayor cantidad de ‘ojos’ posibles, no hay mayor trecho. Puede ser.
Muy bien.
Pero, ¿por qué esperar 30 minutos, media hora, para marcar el siguiente número y, finalmente, comunicárselo a la policía?
Un secreto ya no era.
Hasta un retraso de diez minutos podría explicarse por el nerviosismo, el desconocimiento del número a marcar y el problema del lenguaje.
Pero no 30 minutos.
¿Deseaban, acaso, retrasar la presencia policial?
Hay más.
Según se sabe, una vecina (¿húesped del hotel?, ¿portuguesa o inglesa?, que luego ha confirmado su testimonio a la policía) afirmó que se había ofrecido a eso de las 22:00 a llamar a la Guardia Nacional, al enterarse de la desaparición de la niña.
-La madre dijo a la vecina que ya nos habían llamado y no era verdad. Afirmó que alguien había entrado desde fuera, pero la contraventana estaba forzada desde dentro. Dijeron que cada media hora iban a controlar a los niños pero los empleados del restaurante lo negaron –ha afirmado una fuente policial. (El País.)
Hay un detalle importante más.
Antes de alertar a la policía, Kate McCann se habría preocupado primero de obtener en la recepción del Ocean Club el número telefónico del párroco de la localidad.
¿Por qué? ¿Y para qué?
Pasemos al siguiente punto.
RECOMPENSA: 1,5 millones de euros.
Esto de la recompensa ofrecida por un particular es otro detalle interesante.
Un ciudadano británico, movido, según sus declaraciones, por el hecho de tener también hijos y ver que nadie hacía nada en ese sentido, ofreció el 11 de mayo una recompensa.
Atención (debajo la fuente, lamentablemente, en alemán), traduzco:
El hombre de negocios británico Stephen Winyard se ha declarado dispuesto a pagar 1,5 millones de euros por informaciones que permitan la liberación de la niña.
Liberación.
Otro que insiste en una posibilidad que no ha sido probada y de la que no existe ningún indicio salvo la terca posición de los padres.
Por lo demás, ¿cuál creen que es el área comercial en la que se desenvuelve este hombre de negocios?
Espero que lo hayan adivinado. Es dueño de un Centro Médico. Escocés, para más señas; pero la coincidencia es muy extraña.
http://www.spiegel.de/panorama/justiz/0,1518,482419,00.html
PRUEBAS RECIENTES: dos perros spaniel, Eddie, de siete años, y Keela, de tres, llegados a Portugal desde Inglaterra a proposicíón de la mismísima Scotland Yard y especializados en el rastreo de restos de sangre y de los olores que despide la descomposición de un cadáver, han encontrado pistas de ambos elementos.
No se trata de perros novatos.
Eddie y Keela llevan más de 200 crímenes resueltos en su canino historial profesional, tanto en Gran Bretaña como en EEUU.
Continuemos, sin ocuparnos de esto, por ahora. Esto no acaba. Ahora viene otro caso raro.
Una persona testificó haber sido testigo presencial de cómo un hombre cargaba el día de la desaparición con un bulto que podía tratarse de un niño.
La noticia –desconozco cuándo se hizo la declaración- apareció el 26 de mayo. Es decir, 23 días -más de tres semanas- después de ocurrido el supuesto secuestro.
Por cierto, esa persona era una amiga de los McCann y no pudo explicar bien por qué había esperado tanto.
Se trataba de Jane Tanner, una de las mujeres del grupo en cuestión.
Continúa mañana…
HjorgeV
Colonia, 14-09-2007
(*) http://www.ideal.es/granada/prensa/20070913/tribuna_granada/paso-madeleine_20070913.html
(**) La bitácora se llama Escepticismo criminológico y tiene sus cosas bastante interesantes, junto a toda una hipótesis harto deductiva y respetable de la autora. Llama la atención, nomás, su gran descuido al escribir, que incluye el no utilizar ninguna tilde (acentos escritos). Por lo menos es consecuente en esto hasta en la grafía de su apellido, que debería ser Sáez y no Saez.
http://www.escepticismocriminologico.blogspot.com/

Escrito por hjorgev