Paso a reproducir un texto que me ha llegado hoy y que me ha hecho reír a carcajadas, enviado por un español al que solo conozco de la Red, pero a quien me une más de una idea y un sueño.
Se trata de Antonio Aramayona, profesor de filosofía de Zaragoza y colaborador de El Periódico de Aragón a quien admiro mucho por su lucidez, entre otras cualidades.
Es uno de esos textos que se defienden solos, de tal manera que no haré ningún comentario. Desconozco a su autor.
HjV 12-11-2007
Redescubrir AMÉRICA, sin negar el Viejo Continente
12 de octubre
Exposición del Cacique Guaicaipuro Cuatemoc ante la reunión de
Jefes de Estado de la Comunidad Europea (08/02/2002).
Con lenguaje simple, que era trasmitido en traducción simultánea a más de un centenar de Jefes de Estado y dignatarios de la Comunidad Europea,
el Cacique Guaicaipuro Cuatemoc logró inquietar a su audiencia
cuando dijo:
“Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatemoc he venido a encontrar a los que
celebran este encuentro. Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a
los que la encontraron hace solo quinientos años.
Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante.
Nunca tendremos otra cosa.
El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para
poder descubrir a los que me descubrieron.
El hermano usurero
europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme.
El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con
intereses aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin
pedirles consentimiento.
Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también
puedo reclamar intereses.
Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre
recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660
llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones
de kilos de plata provenientes de América.
¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos
cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento.
¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de firgurarme que los europeos,
como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano! ¿Genocidio?
¡Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la
inundación de metales preciosos!
¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por
daños y perjuicios.
Yo, Guaicaipuro Cuatemoc, prefiero pensar en la
menos ofensiva de estas hipótesis. Tan fabulosa exportación de
capitales no fueron más que el inicio de un ‘Plan MARSHALLTESUMA’,
para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada
por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización. Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos:
¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados
… por el Fondo Indoamericano Internacional?
Deploramos decir que no. En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en Terceros Reichs y otras formas de exterminio
mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal. En lo financiero, han
sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de
cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las
rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo.
Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman,
según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos
obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y
los intereses que, tan generosamente hemos demorado todos estos
siglos en cobrar. Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a
cobrarle a nuestro hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas
del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos
europeos le cobran a los pueblos del Tercer Mundo.
Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos
adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado
sólo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia. Sobre
esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto,
informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300.
Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias
más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra. Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto
pesarían, calculadas en sangre?
Aducir que Europa, en medio milenio,
no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico
interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero
y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.”
Cuando el Cacique Guaicaipuro Cuatemoc dio su conferencia ante la
reunión de JEFES DE ESTADO DE LA COMUNIDAD EUROPEA, no sabían que
estaba exponiendo una tesis de Derecho Internacional para
determinar LA VERDADERA DEUDA EXTERNA. Ahora sólo resta que algún
gobierno latinoamericano tenga el valor suficiente para hacer el
reclamo ante los Tribunales Internacionales.
Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los Indoamericanos. Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta
privatización o reconversión de Europa, que les permita
entregárnosla entera, como primer pago de la deuda
histórica.

Escrito por hjorgev