A mí me parece escalofriante que en pleno XXI todavía existan seres con privilegios garantizados desde su nacimiento, por el estado, incluso, y ver la alegría con la que otros lo defienden.
¡Y en Europa, además!
Pero allí veo (en los foros de la Red, en los comentarios a los artículos de los diarios, en los comentarios a los videos colgados en los servidores respectivos, en los comentarios de El Boomeran(g), no en las calles de España, porque no vivo allí), un r-e-a-l entusiasmo originado por el exabrupto del ciudadano español privilegiado llamado Juan Carlos.
¿Sabrán algunos lo que son los D.D.H.H.?
¿Lo enseñarán en las escuelas y colegios españoles?
¿Será un tema en la mesa familiar? ¿En el trabajo? ¿En las conversaciones de los amigos? ¿Les importará a los jóvenes saber qué es la Carta Fundamental?
Me permito citar el artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
Creo que es obvio que cualquier monarquía –legalmente amparada por el estado, es decir con derecho y fuerza estatal a sus espaldas- atenta gravemente contra este precepto primordial de lo que debería ser la piedra fundacional -por antonomasia- de la civilización humana. (No descarto otras civilizaciones.)
(Una monarquía cualquiera no tendría por qué caer en esta crítica. No tiene por qué ser algo ilegal o mal visto que alguien quiera seguir jugando al rey, a las princesas y a sapos que besan. De hecho, en la misma Europa, existe toda una llamada ‘nobleza’, pero que se mueve y se mantiene por sí misma, no con privilegios garantizados por algún estado o ley.)
Por no respetarse ni siquiera este claramente incómodo -para muchos- primer artículo de la Declaración Universal siguen habiendo guerras, genocidios, invasiones, ocupaciones y agresiones por todo el mundo. Es casi un deporte.
¿Se habrá enterado alguien de todo esto en mi querida Madre Patria?
(Esta pregunta es una provocación. Porque no he visto en ninguno de los medios de comunicación españoles que frecuento, ninguna, ninguna voz disidente alzándose contra esta algarabía insensata e ignominiosa y lo que ella, en el fondo, macabramente significa.)
Por otro lado, observo con pavor que la nueva moda vanguardista y coronaria de recurrir a un grito (“¡¿Por qué no te callas?!”) para interrumpir y hacer llegar nuestra opinión a algún ponente, independientemente de lo pesado o calamitoso que pueda ser, va ganando cada vez más entusiastas adeptos.
¿Llegará a extenderse como argumento válido y real (de realeza) por toda la política y los círculos sociales españoles, incluso en las parejas?
¿Incluyendo la fuga abrupta por parte del ofendido?
El aplauso que ha recibido y sigue recibiendo el exabrupto -más bien propio de un zamarro- del monarca español, me hace pensar lo peor.
Esto es el siglo XXI. Esto es Europa.
Si es así, ¿qué podría esperar yo, entonces, por ejemplo, de mi pobre país ‘tercermundista’, atrasado, subdesarrollado, el Perú?
(No siempre fue así. Fue cuna de una de las más grandes, desarrolladas y alimentarias civilizaciones que haya dado este planeta, hasta cierto punto de la historia. Pero ese ya es otro tema.)
Por otra parte, ahora resulta que hasta el presidente español Rodríguez, defiende a alguien sólo por el hecho de ser su compatriota.
Hasta allí, aparentemente, bien. No suena mal.
Nos lleva a pensar que en caso de peligro o necesidad, por ejemplo, nuestro pasaporte levantado en alto podría servir de algo.
¡Eh, aquí! ¡Mira mi pasaporte!, como quien dice. (O No lo mires, mejor, según el caso.)
Pero, ¿defendió o defiende Rodríguez también al valiente hombre que agredió, tocó los pechos, vejó, humilló e insultó racistamente a una indefensa jovencita extranjera en el metro de Barcelona?
¿O los catalanes no son sus compatriotas?
¿Qué dirá el famoso Borrachoypunto a todo esto? ¿Viva el rey?
(Yo creo que él es de esos.)
¿Será la Furia Española, como dijo Alalegre Larroso, un bumeranista, la que hace actuar a tanta gente sin demasiada lógica y defender la camiseta sin mayor sentido?
La verdad, me parece increíble ver cómo esta astuta jugada juancarliana (hasta hace poco la monarquía era abiertamente cuestionada), ha dado pauta para que salgan a relucir el siervo y súbdito que tantas personas parecen llevar dentro.
A este paso, con tanto entusiasmo y fervor coronario que percibo, ¿no será mejor que me vaya comprando también mi camiseta roja y amarilla con el rostro de Juan Carlos en el pecho espetando ya saben?
¿No sea que me aplasten, no?
Es un decir. Porque vivo en Alemania.
¡¿Qué dónde vivo, he dicho?!
HjorgeV
Colonia, 14-11-2007

Escrito por hjorgev