Abrió la ventana. Echó una mirada a los
campos infinitos. Lloró.
Hacía mucho tiempo que no conocía
la liberación del agua salada
sobre su rostro.
Lloró como alguien que advera la ausencia de un
ser amado que no llega o que ya
llegó, pero se ha convertido en un
desconocido.
Lloró como quien llora las cosas que
nunca fueron prometidas.
Los mensajes de la vida escritos en varias docenas
de lágrimas de cristal impoluto
lanzadas al océano del aire. Como botellas sin tapón.
Un historial en una simple mezcla de agua, sal
y toxinas derramadas.
Cuando cerró la ventana, empezó a sentirse
mejor.
Respiró más tranquila. Tomó aliento.
Detrás suyo, dentro de la habitación, la soledad no se
había movido un centímetro de su lugar.
Y le propuso conversar.
HjV 09-12-2007
Escrito por hjorgev