No, verdaderamente, no había pasado mucho tiempo.
Bien visto, apenas poco más que una generación de las largas de ahora, desde que un ser humano había conseguido romper la que parecía una barrera imposible.
Jim Hines fue el primero en correr por debajo de los mágicos 10 segundos.
Curiosamente, el año anterior a la llegada del hombre a la Luna.
Su marca de 9,95 de México 1968 se mantuvo vigente nada menos que 14 años, 6 meses y 20 días.
Sin embargo, algo ocurre hoy.
¿Cómo han podido conseguir 3 atletas en sólo un par de meses las ocho mejores marcas de todos los tiempos?
Algo sucede.
Obviamente.
El tiempo del jamaicano Usain Bolt (9,69) es tan increíble –más aún si terminó sobrado y celebrando con los brazos- que se impone preguntarse cómo puede ser posible.
Pudo haber corrido más rápido. (¿Por qué no lo hizo?)
Concentrarse en el final de su carrera.
Pero, no, llegó sobrado a la meta.
Ha sido la carrera más rápida de toda la historia.
De seguir así esta progresión demoledora en este tipo de competencias, pronto se batirá una nueva marca imposible: los 9 segundos.
¿Por qué no?
Parece haber aparecido una nueva generación de atletas capaces de correr a altas velocidades con potencias similares a las que utilizan los levantadores de pesas.
Jóvenes de 20 años y casi dos metros de altura, como Bolt.
Es una simple cuestión de fisiología muscular, casi se podría decir.
Es el sueño de todo entrenador de atletismo: máxima envergadura, máxima potencia muscular, máxima capacidad aeróbica, máxima elasticidad, máxima velocidad y máxima resistencia.
Imaginémonos un corredor con las potentes piernas de un levantador de pesas, capaz de impulsar su cuerpo a una gran distancia en cada paso, coordinando esos movimientos a gran velocidad y haciéndolo la mayor cantidad de tiempo posible sin disminuir su rendimiento.
Capaz de acelerar en el transcurso de la prueba, incluso.
Una máquina, en otras palabras.
LOS DEMÁS PAÍSES NI SIQUIERA DE LEJOS
Es obvio que el entrenamiento puede mejorar potencia, capacidad aeróbica, velocidad y resistencia.
Es lo que explica que siempre se vayan batiendo nuevas marcas.
Lo que queda sin explicación es cómo es posible que los demás países (del Primer Mundo) no se acerquen ni siquiera de lejos a este tipo de marcas interplanetarias.
Es decir, aquellos países que tienen el potencial humano, la infraestructura necesaria y los demás medios económicos.
Usain Bolt (Jamaica, 1986) está a punto de cumplir 22 años.
No es alguien que ha necesitado 100, 50 ó 30 años para conseguir su estado físico actual.
Ni siquiera 20, porque no corre, pues, a nivel de competición desde que salió del útero materno.
Desconozco cuál es su trayectoria personal exacta, pero se sabe que a los 15 ganó una medalla de oro y dos de plata en el Campeonato Mundial Juvenil de Atletismo 2002, realizado precisamente en su país.
Partamos de que se dedica desde los 11 años a los entrenamientos intensos, una edad bastante temprana para este tipo de deporte.
Con eso tendríamos diez (10) años de trabajo intenso.
¿Cómo es posible que no se pueda copiar su metodología, sus sistemas de entrenamiento?
Es lo que hacen los entrenadores de todos los deportes por todo el mundo todo el tiempo: ir adoptando las novedades en sus respectivos campos.
En otros deportes, con mucho dinero e interés siempre es posible aparecer en el medallero.
Lo está demostrando China con sus Juegos por antonomasia.
Lo demostró España en Barcelona y lo demuestran todos los países que son sedes olímpicas, en menor o mayor proporción.
Hay, pues, una clara relación entre dinero invertido por las respectivas federaciones y el número de medallas obtenidas.
¿Por qué no sucede lo mismo en el atletismo, concretamente en las carreras cortas?
Allí donde no hay complicaciones estratégicas o tácticas, elementos añadidos -como pelotas o aparatos- ni necesidad de entenderse con nadie ni de pensar en conjunto.
Muy bien.
Bolt tiene ascendencia africana.
Partamos de que la ventaja genética la tiene dada en forma gratuita desde el momento en que fue concebido.
Sin embargo, hay miles de atletas de ascendencia africana que no se acercan pero ni de lejos a la marca de Bolt.
¿Por qué sólo lo consiguen aquellos atletas de países cercanos a EEUU y Gran Bretaña, como Jamaica o Trinidad Tobago?
(El trinitense Richard Thompson, que quedó segundo hoy –con 9,89-, estudió en la Universidad de Lusiana, es decir, sus últimos años deportivos los ha pasado en EEUU.)
Holanda ‘tiene’ varios países similares, ex colonias suyas y geográficamente muy cercanas o pertenecientes a las Antillas.
¿Por qué los atletas de esos países no sobresalen de esta manera tan espectacular?
(Está la excepción de Churandy Martina de las Antillas Neerlandesas, hoy cuarto con un terrestre 9,93.)
Holanda tendría los medios económicos para apoyar ese desarrollo.
Otra pregunta.
¿Por qué un atleta como el jamaicano Powell, quien se ha quejado de los excesivos controles a los que está siendo sometido por las autoridades antidopaje en estos Juegos, ha quedado tan relegado como si todo lo entrenado no le hubiera servido de nada?
La pregunta habría que hacerla también al revés.
¿Por qué EEUU no arrasa de la misma forma en fútbol, esgrima o saltos ornamentales, por ejemplo?
Es decir, en deportes donde el puro músculo no es lo principal.
A lo que voy.
Un resultado como el de hoy no se puede explicar como un acto de inspiración o la excelente forma de un atleta especial entre los especiales.
Tiene que haber algo más detrás.
Y lo mismo se puede decir de Phelps.
En su caso es todo más escandaloso aún, porque lo suyo no se puede explicar ni siquiera parcialmente con ningún gen africano.
Nadadores con su genotipo existen por cientos o decenas en el mundo.
¿Por qué sólo a los atletas usamericanos les es dado conseguir tal manojo irritante de medallas?
¿Tienen un pacto con Mefistófeles?
¿O sólo con la industria farmacológica?
En el 2003, un ex director antidopaje del Comité Olímpico de EEUU ya dio varias pistas para explicar este fenómeno.
Si alguien puede creer que estoy exagerando, podemos remitirnos a la historia antes de pasar a ver lo que expuso el doctor Wade Exum, el funcionario en cuestión.
Veámoslo.
CON PRUEBAS EN LA MANO
La usamericana Marion Jones tuvo que confesar que se había dopado para ganar sus cinco medallas de Sydney 2000.
(El 11 de enero de este año fue sentenciada a 6 meses de prisión por reiterado falso testimonio en relación al dopaje.)
Ben Johnson demolió en Seúl 1988 la antigua marca en forma similar a como lo hizo hoy Bolt.
Fue una marca también histórica en su momento: 9’79.
Johnson (Jamaica, 1961) había emigrado a Canadá con su familia en 1976, escapando de la pobreza y poco después hacía sus primeros contactos con el atletismo. Tenía entonces 15 años de edad.
Con su oro de Seúl se convirtió en un héroe como Bob Beamon en México 1968.
Pero apenas dos días después, fue descalificado por habérsele probado el consumo de esteroides en un análisis de orina.
El oro pasó a manos de Carl Lewis, la plata a Linford Christie, el bronce fue para Calvin Smith.
No muchos años después se descubrió que Christie también consumía esteroides.
Ben Johnson volvió a las pistas en 1991 y su mejor marca de ese año fue un ‘decepcionante’ 10,31.
Pero no desistió en su intento.
En 1993, cuando empezaba a acercarse a sus viejas marcas extraterrestes, fue suspendido de por vida.
Ya saben por qué.
DENUNCIA DE UN EX DIRECTOR ANTIDOPAJE
En el 2003, Wade Exum, director del organismo antidopaje del Comité Olímpico usamericano en el periodo 1991-2000, entregó copias de interesantes documentos a la revista Sports Illustrated de su país.
Según esa documentación, Carl Lewis había dado tres veces positivo en las eliminatorias previas a Seúl 1988.
Se le comprobó el uso de tres sustancias dopantes: efedrina, seudoefedrina y fenilpropanolamina.
Para que Lewis pudiera participar en Seúl, el Comité Olímpico usamericano (USOC) le levantó la suspensión, aduciendo que no lo había hecho intencionadamente.
De paso, se ocultó al Comité Olímpico Internacional ese hecho y el positivo de otros atletas más.
¿No es más o menos obvio, entonces, que tiene que haber algo más detrás de la imposible marca de hoy?
¿No es obvio que una superioridad como la de Bolt está demostrando el fantástico y vertiginoso desarrollo farmacológico de nuevas sustancias desconocidas para el común de las gentes, en una época en que la ingeniería genética ya ha dejado de pertenecer a la ciencia ficción?
¿Por qué Bolt no se concentró en el final de su carrera, concentración que le habría permitido establecer una marca más imposible aún?
¿No quería exagerar demasiado?
¿UNO LIMPIO?
Por su parte, Calvin Smith sigue asegurando que su marca mundial de 9,93 es la última limpia de la historia.
Sin la ayuda del dopaje, está claro.
Por cierto, Smith era un tipo de apariencia fibrosa, con aspecto de corredor de fondo. (Ver fotografía abajo.)
La ausencia de esos músculos hipertrofiados en su contextura, tan en moda hoy y más propios de un pesista, podrían ser la mejor demostración de que tal vez no es mentira lo que afirma.
El resto que se lo siga creyendo el Comité Olímpico usamericano.
Entre otros, se entiende.
Yo me quedo con Jesse Owens y sus cuatro medallas de oro perfectamente limpias de Berlín 1936.
….
HjorgeV 17-08-2008
http://en.wikipedia.org/wiki/Carl_Lewis
http://www.elpais.com/articulo/deportes/Bolt/oro/sobrado/elppgl/20080816elpepudep_14/Tes
http://de.wikipedia.org/wiki/Carl_Lewis
http://www.emol.com/noticias/magazine/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=294843
http://en.wikipedia.org/wiki/Marion_Jones
http://es.wikipedia.org/wiki/Calvin_Smith
GRÁFICO: EVOLUCIÓN DEL RECORD MUNDIAL DE 100 METROS
http://www.as.com/portada/grafico/evolucion-record-mundo-metros-lisos/daspor/20080602dasdaspor_1/Ges
100 METROS LLANOS: ANTECEDENTES BIOMECÁNICOS


Escrito por hjorgev