Solía escribir con su dedo grande en el aire:
«¡Viban los compañeros! Pedro Rojas»,
de Miranda de Ebro, padre y hombre,
marido y hombre, ferroviario y hombre,
padre y más hombre, Pedro y sus dos muertes.
Papel de viento, lo han matado: ¡pasa!
Pluma de carne, lo han matado: ¡pasa!
¡Abisa a todos compañeros pronto!
(César Vallejo, de España aparta de mí este cáliz)
..
ABÍSAME AL COMPAÑERO
..
Cuando la lengua ladra
En lo que muerde
Que es blando
…..
Cuando el corazón late pero
Sin sangre
Enfrascado en las
Cámaras vacías
…..
Cuando la infamia tiene el tamaño
De tu propia sombra
Según la forma que va adquiriendo
En tu avance hacia el sol
…..
Detrás de mí ha quedado un niño que
Pregunta por su padre
…..
Para comprobarlo
Certificando su palabra
Con mi propia voz
Volteo, miro e inquiero
…..
“Abísame al compañero”, me digo
…..
Luego
Me toco la espalda
Como quien llama a la puerta
De su propio velorio
Advirtiéndome de mi error:
“Estás dejando a un niño rezagado,
compañero”, me insisto
…..
Advertido
Reacciono asustado
Miro hacia atrás
Veo al niño
Desamparado por la falta de constancia
En mis pasos
…..
Hay que saber comprender, le digo
Deteniéndome
…..
Y busco las razones en la soledad
De las palabras
…..
En la obligación que tiene el vivo
De vivir
Y el muerto de morir
…..
Reflejo, apático, solaz, ácimo
…..
Comprendo que he dejado a mi hijo
A su suerte
Sin amparo en el camino
Creyendo que para guiar
Basta ir delante
…..
Vuelvo la vista
Para volver a reclamarme
Y llamarme la atención
“Abísame al compañero (que soy yo), que
estás dejando un niño atrás”,
Quiero insistirme
…..
Golpeo mi espalda
No sin pesar
Pero no siento nada
…..
Aterrado
-sin comprenderlo-
Miro por sobre el hombro y compruebo
Que voy solo
….
Entonces
Empiezo a correr con pánico para
Ir a avisarme
….
HjorgeV 20-10-2008
…