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Como por sombreros
toda protegida
aparece una mujer al borde de la plaza
y la cruza con el llanto reprimido.
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Enjuto, el viento, emite su veredicto.
Los ojos de los turistas no se despegan
de la fina arquitectura de la ciudad.
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Clama entonces el patio
y el bedel inexistente a su paso.
En su estupefacción,
recogen la espuma los naranjos,
aceran su aliento aves lejanas.
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El visitante dirige entonces sus
pasos
a un costado de la plaza
donde los mitos y los
dioses olvidados ríen en silencio y
beben al sol.
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(Más allá, el
guía turístico repasa
por tercera vez la historia de la
ciudad de los 40.000 naranjos en una
sola mañana.)
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En el vuelo de las palomas
parece residir todo el misterio de la
luz del día.
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Arriba, en una vivienda vecina,
al llegar a su habitación,
la mujer
seguramente llora.
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Debajo,
el vecino, que no abandona la
casa desde hace meses
por una enfermedad,
toma su
sopa diaria y así
todos los días.
Todos
los días, todos.
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HjorgeV, Sevilla 30-01-2009
Escrito por hjorgev