EL «FENÓMENO SOCIOCULTURAL» CORÍN TELLADO

11 Abril 2009

UNA NOVELA CADA SEIS DÍAS DESDE 1946

Debo confesar que admiraba en secreto a esta mujer.

La escritora más leída después de Cervantes y la Biblia en nuestra lengua. Acaso la más prolífica de toda la historia.

En vida, a la pregunta sobre cuántas novelas había escrito, respondía -casi con rubor- que habían sido miles.

Más de 4.000 para ser exactos, de las cuales llegó a vender más de 400 millones de ejemplares, nada menos.

Sí, admiraba en silencio a esta escritora por su capacidad de trabajo: una verdadera escribidora de historias.

Se trataba de novelas rosas (historias de amor con final feliz garantizado) y cortas en su absoluta mayoría, es cierto, de menos de cien páginas, pero aún dividiendo por cuatro la cifra sigue dando la increíble suma de 1.000 novelas largas escritas en 63 años de oficio.

Curiosamente, 63 es casi la raíz cuadrada de 4.000, de tal manera que dividiendo el número de novelas por los años de escritura, da casi exactamente el mismo guarismo, un promedio de 63 novelas por año.

Más o menos una cada seis días desde 1946, cuando le publicaron la primera sin haber cumplido los veinte años.

Si tomamos 75 páginas como promedio por novela, obtendremos un total de 300.000 páginas escritas en 63 años, es decir: 13 páginas por día contando sábados y domingos. (18 páginas por día sin contarlos.)

¿Cuándo respiraba doña María del Socorro, Socorrín, Corín?

Si ya el mismo hecho de escribir ese número de páginas por día es una labor titánica: ¿Cuándo las concebía?

¿Cuándo las corregía?

Otros ejemplos de escritores prolíficos:

Agatha Christie (Inglaterra, 1890-1976) escribió más de 100 novelas y obras de teatro, y se dice que ha vendido más de 2.000 millones de ejemplares de las primeras.

Isaac Asimov (Bielorrusia, 1920-Nueva York, 1992) llegó a escribir 500 libros y más de 1.600 ensayos. Además de más de 9.000 cartas y postales.

Georges Simenon (Bélgica, 1903-Suiza, 1989) escribió unas 400 novelas de las que vendió 500 millones de ejemplares y fueron traducidas a 60 idiomas.

Barbara Cartland (Inglaterra, 1901-2000) vivió hasta los 98 años, llegó a tener un ritmo de 23 libros por año y publicó 723 novelas de amor (casto), de las cuales vendió más de 1.000 millones de ejemplares en todo el mundo.

A Lope de Vega (Madrid, 1562-1635) se le atribuyen 3.000 sonetos, varias novelas y unas 2.000 obras de teatro.

El brasileño Ryoki Inoue (São Paulo, 1946) publica 6 trabajos al mes y ya lleva escritas más de 1.072 novelas.

MAÑANA, TARDE Y NOCHE

Acababa de leer hacía un par de días dos frases de Philip Roth que ahora se me han venido a la memoria a propósito de la partida de Socorrín Tellado.

La primera es su respuesta a la pregunta indagando por su horario de trabajo. El autor de La mancha humana dijo lo siguiente:

«Ya sea en la ciudad o en el campo, me apego al horario de trabajo que siempre he observado, mañana, tarde y noche, 365 días al año.»

¿Trabajaría así la asturiana?

La segunda frase de Roth se refería al incremento de cierta frecuencia perfectamente humana:

«Tengo 75 años, un número extraño. Es un extraño descubrimiento, para mí, al menos. Cuando uno es joven no va a un entierro cada seis meses.»

La menciono porque no acababámos de tragar la noticia de la muerte de Mari Trini y nos llega ahora -hoy, 11 de abril- esta de otra María, también pasada por un colegio de monjas.

(No hay que ser Roth ni tener tantos años para sufrir ese descubrimiento, ya vemos.)

MENTIR PARA INVENTAR, INVENTAR PARA VIVIR

María del Socorro Tellado López (El Franco, Asturias, 1927-Gijón, 2009) había empezado a escribir a los 16 años.

Como muchos novelistas, adquirió la práctica mintiendo (o inventando, que no es lo mismo pero da igual).

Por detestar sentarse en la mezzanine del cine, cuando volvía a casa se quedaba con las cinco pesetas que le había dado su madre y le inventaba el argumento de la película que no había visto. (El dinero no alcanzaba para la platea.)

Su primera novela la escribió a la edad mencionada mientras cuidaba a su padre enfermo, un maquinista de la marina mercante.

Cuando este murió combinó su facilidad para inventarse historias con la capacidad de escribirlas (hasta el final) y convirtió la escritura en el soporte económico de la familia.

Hay que leer esto último teniendo en cuenta que era la única mujer de una familia de cinco hermanos.

La editorial Bruguera publicó su primera novela, en 1946, y después le hizo firmar un contrato que bien podía haber sido reemplazado por una pistola: recién en 1986, cuando Bruguera quiebra y desaparece, la Tellado pudo liberarse del secuestro editorial que había sufrido contractualmente.

En 1981, cuando ya vendía más que la Biblia, Mario Vargas la llamó «fenómeno sociocultural». Su frase completa:

“La vasta producción de Corín Tellado quedará como muestra de un fenómeno sociocultural”.

(Vargas ha publicado hoy un pequeño artículo sobre Corín que se puede leer aquí.)

Cabrera Infante se atrevió a más.

INOCENTE PORNÓGRAFA

En 1951, cuando Socorrín firma un contrato con la revista Vanidades para publicar una novela corta e inédita quincenalmente y se traslada a vivir a Gijón (ciudad que no abandonó hasta su muerte), Guillermo Cabrera Infante era el corrector de la revista.

El cubano la llamó ‘inocente pornógrafa’ y llegó a afirmar que la lectura de sus novelas fue determinante para su futuro de escritor.

1962 fue un año importante para su vida en tres sentidos.

1. Se separa de su esposo -Domingo Egusquizaga, con el que tuvo dos hijos- después de apenas tres años de matrimonio.

2. La Unesco la declara la autora más leída en castellano después de Cervantes y la Biblia. Y:

3. Firma un contrato en exclusiva con Bruguera por 150.000 pesetillas de la época.

Es decir, sale de una reclusión (¿su matrimonio?), la coronan y entra en una cárcel (Bruguera).

En 1964 decide apartarse de la editorial carcelera y dos años más tarde empieza a publicar sus fotonovelas en Corín Ilustrada.

Nada menos que 750.000 ejemplares de la primera -Eres una aventurera- se vendieron en apenas una semana.

(Los títulos de sus obras eran un desastre: un compendio de lugares comunes y trillado. Lo cual tiene que llevar a pensar en la calidad de sus relatos: seguían vendiéndose sin ningún problema.)

La televisión en esos años aún no era la caja omnipotente que en poco tiempo llegaría a ser: estaba en pañales. La anestesia cardíaca y los leones (el circo) los ponían la radio, los diarios y Corín Tellado.

En 1973 Bruguera gana un juicio contencioso y la obliga a pagarle 365 millones de pesetas además de trabajar en exclusiva para la editorial hasta 1990.

Cuatro novelas por mes, 52 por año.

Pero Corín no se amilana y continúa. Lo suyo era escribir. Con y sin grilletes.

La quiebra de la empresa en 1986 la libra del contrato que había firmado 24 años atrás en 1962.

El siguiente es el comienzo de Milagro en el camino, una novela que transcurre en Kosovo y la primera obra que publicó en la Red en el 2000 (se habría adelantado a Stephan King en esta modalidad, quien además solo publicó un relato corto):

El cielo sin estrellas parecía romperse en mil pedazos. El ruido era tan ensordecedor, que las cuatro personas que caminaban agazapadas en la noche arrastrándose por los matorrales, se obligaban a taparse los oídos con las manos. Entre tanto, Curry, la mascota, un perro-lobo negro con una pinta blanca en el lomo, aullaba como si presagiara la muerte, la muerte que para aquellas cuatro personas era tan obvia, tan real y auténtica como su vida misma por la cual nadie daría dos centavos.

Siempre me fascinó su capacidad de trabajo, por más que la asturiana haya hecho seguramente tanto por la lectura en general como por la vanidad y la frivolidad humanas.

(¿Vanidad exclusivamente femenina? ¿Cuántos hombres no habrán leído sus historias a escondidas o no? De niño, lector voraz infantil como muchos, tengo que haberme soplado sin embargo en varios veranos en la playa, algunas de sus novelas entre el cúmulo de material rosa que solían mantener mis tías en la casa de mis abuelos.)

No vivió para acumular riquezas.

Vivió para acumular trabajo.

Hasta su deceso, Socorrín vivió en un departamento con parte de su familia y trabajando hasta sus últimos días.

Al escritor venezolano Boris Izaguirre, quien exige la palabra respeto para la escritora, le dijo una vez:

“No es que lo cursi sea malo, es que la gente le tiene miedo”.

En una de las últimas entrevistas que dio antes de morir (para la revista peruana Etiqueta Negra), le advirtió dos días antes a la periodista, Gabriela Wiener, que tenía cinco de presión y que con seis la gente solía morirse.

Pero escribió hasta sus últimos días.

Desde 1995 tenía que someterse a sesiones de diálisis peritoneal tres veces por semana y últimamente ya solo escribía a mano lo que ella denominaba sus esquemas y luego le dictaba a su nuera María José la trama completa mientras iba dibujando florcitas sobre las hojas que había pergeñado.

Las historias rosa de La Gran Dama de la Novela Sentimental –la denominación que sus editores escogieron para las contratapas de sus libros- tenían casi por definición un final feliz.

¿Sentiría Socorrín alguna vez la tentación de escribirse una para sí misma?

¿O toda su obra no fue sino un incansable revoloteo alrededor del tema del amor eterno -ergo imposible-, algo que a ella también le había sido negado y conocía por tanto por propia experiencia?

….

HjorgeV 11-04-2009

http://www.corintellado.com/

http://es.wikipedia.org/wiki/Cor%C3%ADn_Tellado

http://www.elcomercio.com.pe/noticia/271827/murio-corin-tellado-escritora-novelas-rosa

http://etiquetanegra.com.pe/?p=333

http://www.elpais.com/articulo/cultura/fenomeno/elpepucul/20090411elpepucul_6/Tes

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Palabras/despedida/Corin/Tellado/elpepucul/20090411elpepucul_5/Tes


MICHAEL CLAYTON

9 Abril 2009

Al comienzo solo se escucha la voz algo maltrecha y claramente alterada de un tipo que habla cosas que parecen incoherencias, pero que tienen mucho ritmo y cierto sentido interno.

¿Se trata de un sueño, de la descripción de un sueño?

Es demasiado convincente la voz del que habla para ser una simple descripción. Es penetrante, como queriendo hacerle notar a su interlocutor que lo que dice es verdad.

¿Un demente?

No. Le falta el toque verdaderamente confundido, perdido, irreal, del que ha perdido contacto con la realidad.


La cámara ha empezado en un fundido total y está ocupándose de planos triviales de un gran edificio de oficinas.

Estamos en Nueva York, en un gran bufete de abogados.

-¿Puedes poner los subtítulos? –le pregunto a mi esposa, porque temo no estar entendiendo demasiado.

-¿En alemán o inglés? -me pregunta ella-. No hay en castellano.

-De ser posible en el original en inglés con subtítulos en alemán –le respondo, por si aparecen demasiadas palabras anglosajonas que no conozco o cuyo significado he olvidado y me pueda perder parte del argumento.

De hecho, he tenido dificultad para entender el comienzo por lo que me ha parecido falta de incoherencia en su discurso: ¿de qué diablos está hablando el hombre?

La descripción de las opciones del menú no es clara y al volver a la película resulta que todo está en alemán.

-Déjalo así –le digo y me concentro en el actor principal.

La voz que le han puesto a George Clooney en el doblaje al alemán es pasable. Como no conozco la suya original, no me molesta. (Sino, podría resultar insoportable. Ya me ha sucedido varias veces: con De Niro, Allen, Gere, por ejemplo.)

El protagonista recibe una llamada mientras se encuentra en lo que debe ser un garito clandestino de juego. Es un ludópata.

Sale a la calle con el teléfono pegado a una oreja, sube a su automóvil y se dirige a la dirección que le acaban de dar al otro lado de la línea.

Escenas más adelante (se trataba de un caso de atropello y fuga), está conduciendo por carreteras rurales a no poca velocidad a juzgar por la forma como su automóvil salta debido a las sinuosidades del terreno.

De pronto, se detiene, inexplicablemente. En medio de un paisaje rural, se detiene.

¿La prisa que tenía se ha disuelto en el aire?

Sale a los campos. Desea pasear.

Ah, dice uno. Al fondo hay tres caballos, recortados contra el horizonte. Se ha sentido atraído por los animales y el paisaje.

Mientras los contempla, su automóvil explota.

Su paseo inesperado lo ha salvado.

Son dos errores crasos.

Primero. El director de la película no ha estado jamás en una timba nocturna y clandestina: el ambiente es otro, como más pesado y sucio. La mayoría de los presentes en una reunión así son trasnochadores profesionales, pero también hay gente con horarios de los llamados normales. Aparte de que debe existir la tensión por tratarse de algo clandestino. No se trata de gente que realiza un paseo en ómnibus o autobús y juega a las cartas para matar el tiempo.

(Lo sé porque lo he vivido, lo he visto de cerca en mis correrías juveniles en Lima.)

Segundo. La escena en la que de tener prisa pasa a detenerse para contemplar unos caballos es demasiado forzada.

Está amaneciendo, y un tipo como él tiene que estar tan cansado que lo único que puede tener en la cabeza debería ser su cama. Sin embargo, Clooney está fresco, sereno. No tiene apuro.

Yendo más al fondo, vemos que la construcción narrativa es mucho más porosa de lo que parece.

El protagonista es un abogado que ha recibido una llamada en la madrugada. Pronto queda claro que es el ‘bombero’ del bufete. El que se encarga de apagar el fuego (desagradable) por otros.

¿Quién se quiere levantar a las tres o cuatro de la mañana a atender un caso de atropello y fuga del lugar del accidente?

Pero el tipo lo cumple como si fuera cualquier hora corriente del día.

No está especialmente cansado. Ni siquiera está molesto por que le han interrumpido su vicio.

Cuando amanece está conduciendo a través de unos campos, tiene la paciencia, el tiempo y las ganas de ver las siluetas de tres caballos que se recortan sobre el horizonte.

Tiene la paciencia, el tiempo y las ganas de detenerse, además, para dejar su vehículo y acercarse a contemplarlos.

Y eso lo salva.

¿Un abogado y jugador compulsivo no tiene que dormir también?

Si ya ha amanecido (seguramente todavía es invierno en la película), entonces tienen que ser por lo menos las seis o siete de la mañana. (Nueva York tiene la misma latitud que Madrid.)

Este tipo no va a dormir ya, está claro. Se irá directamente a su oficina.

Sin embargo, está como si recién hubiera empezado la jornada. (Pero ni siquiera se ha lavado los dientes, diría uno de mis hijos pequeños.)

Cuando su automóvil explota dos veces (la primera vez por la bomba que le han puesto dentro, la segunda al incendiarse el tanque de gasolina), en vez de tratar de esconderse y ver qué es lo que sucede y si no hay peligro de que le puedan disparar desde lejos –por ejemplo-, el tipo se acerca corriendo al coche en llamas sin ningún cuidado.

Al repetirse la escena (gran recurso de la película esta repetición de los hechos, vistos desde otra perspectiva), esta acción va a tener sentido, porque él la va a utilizar para arrojar todo lo que lleva (documentos, reloj: menos sus ropas) en dirección al fuego.

Quiere que lo tomen por muerto.

¿Y sus huesos?, podría preguntarse alguno. En todo caso, ¿para qué lanzar su billetera con dinero y sus documentos (de papel y plástico) al fuego si será lo que se consumirá primero casi sin dejar huellas en el incendio?

Termino de ver la película porque estoy acompañando a mi esposa, estoy en casa y debo reconocer que George Clooney es muy buen actor en un film que tiene sus méritos. Pero estas no son las únicas inconsistencias del guión.

Toda narración vista como una construcción puede tener sus licencias: sus comodines.

A veces es necesario aceptar una o más premisas tontas o absurdas porque sí, porque así lo exige el juego narrativo. Para poder embarcarte en el cuento, debes aceptar sus reglas. (Como en las religiones.)

El problema surge cuando la narración está usando continuamente comodines para salir del paso y seguir avanzando. Y tienes que cerrar los ojos ante los errores del mago, como si se tratara del payaso del circo que está usurpando el puesto del primero.

Entonces, no hay Clooney que pueda salvar ningún relato.

Película: Michael Clayton.

Año: 2007.

Dirección y guión: Tony Gilroy.

Producción: Sidney Pollack.

Consistencia del relato: Desaprobado.

…..

HjorgeV 09-04-2009


MARI TRINI

7 Abril 2009

Cantautora de timbre vocal y vibrato inconfundibles, era también una artista que sabía cautivar -literalmente- a su público cuando actuaba.

A pesar de haber sido alumna de un colegio religioso –o tal vez precisamente por eso- a los quince años conoció en Madrid a Nicholas Ray, el director de Rebelde sin causa (la película que inmortalizó a James Dean), quien entonces ya había pasado de los cincuenta.

María Trinidad Pérez de Miravete Mille (Murcia, 1947-2009) acababa de aprender a tocar guitarra y componer sus propias canciones en la convalecencia de una enfermedad por la que había tenido que permanecer en cama hasta los catorce años.

Con Ray se fue a Londres (oficialmente como su representante para actuar en una película que nunca se filmó) y se quedó un año en Inglaterra.

MARI TRINI: AMORES (1970)

Emprendida la ruta extranjera (hoy se le llamaría inmigrante), pasó a París. Allí consiguió su primer contrato profesional, grabó sus primeras canciones en francés, admiró a Jacques Brel y Édith Piaf y se quedó a vivir 5 años en el país galo.

Yo no soy esa (“que tú te imaginas / una señorita tranquila y sencilla / que un día abandonas / y siempre perdona”) de su álbum Escúchame de 1971 y Te amaré, te amo y te querré son dos de sus temas más conocidos en mi país.

Amante de la música mexicana, grabó un disco con Los Panchos en el 2001. En el 2005 fue honorada por haber vendido más de 10 millones de discos a lo largo de toda su carrera.

Se encontraba componiendo, escribiendo y preparando un concierto de despedida cuando se le adelantó esta mañana en Murcia la Señora Que No Se Olvida de Nadie.

HjorgeV 07-04-2009

MARI TRINI: YO NO SOY ESA (1971) (actuación de 1980)


ENDIABLO EL DIENTE (Poesía)

6 Abril 2009

….

Endiablo el diente

Pinto el labio

Distal de tu boca

Somero el guiño

….

Vives para la provocación de mi

Alma

Para el desvío del ser humano

Lo tuyo es la desmoralización del

Deseo que se hace piedra

sin tu mirada

….

Diosa frontal

Resquicio franco

De la orfandad

rescátame

….

Déjame salir

De la prisión que proyectan tus

Puros

Labios puros

….

HjorgeV 06-04-2009


TRUMAS (Poesía)

4 Abril 2009

….

Trumas tu larga vergüenza

El descarnado amor de Tracarcio

….

Desde el fondo del baúl

Te miro y prosuergo pelo

Dresdopo el día:

La rapenta de las olas

Se me atradilan en las

Incertidumbres

….

Oh, mastrucar tus líneas

Hasta que me den las horas

Remortilar mis manos

Atrimodulando tu cintura

Enceberme babeante en tu nuca:

Saliendo de la locura del papel

Intentarlo todo de nuevo

….

HjorgeV 04-04-2009


EL FUTURO NO ES NUESTRO

2 Abril 2009

67 ESCRITORES LATINOAMERICANOS NACIDOS ENTRE 1970 Y 1980

Pie de página es una revista de libros colombiana.

En estos tiempos digitales y cibernéticos una revista de libros es un proyecto loable. Lo cual no garantiza absolutamente nada, claro.

De hecho, los editores lo declaran en voz alta:

La revista impresa que valientemente consiguió llegar hasta el número 12.

He llegado buscando una antología de narradores latinoamericanos. Y el título es lo primero que me llama la atención.

El futuro no es nuestro

Narradores de Latinoamérica

Prólogo y edición por Diego Trelles Paz
Texto introductorio de Naief Yehya

El futuro no es nuestro, ¿es una declaración de impotencia, de resignación o de ambas cosas? (Hay quien, sintiéndose impotente, no se resigna.) ¿Una simple constatación?

Al ver la fotografía que muestra al antólogo, no puedo evitar pensar en la siguiente frase de una persona ya fallecida:

“Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad.”

En la imagen que acompaña el prólogo, Diego Trelles, el recopilador, está sentado frente a una mesa de una terraza en un día de verano (debo suponer). Está acompañado de dos jóvenes que llevan gafas de sol. Sobre la pequeña mesa hay una jarra de cerveza llena y los vasos respectivos.

Hablar de lujo en este caso es una exageración, en verdad.

Por lo que he podido entender, Trelles ya debe haber cumplido o estar por cumplir los 32 años. Sin embargo, sigue manteniendo ese aspecto irremediable de estudiante universitario eterno. De esos estudiantes –además- que prefieren la tertulia improvisada regada con abundante cerveza a tener que pudrirse en alguna clase por más universitaria que esta sea.

Recuerdo mis épocas de estudiante limeño y mi paso por dos universidades nacionales: la cerveza era un claro artículo de fin de semana.

Además, una terraza era algo que no podíamos permitirnos así no más. (En Lima apenas existe la gastronomía al aire libre.)

Por eso lo de la frase mencionada.

“Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad”.

¿Quién es el autor de ella? ¿Un contemporáneo de nuestros abuelos?

Frío, frío.

Son palabras de Sócrates. Nadie menos. Como para ponerse a hablar de la modernidad, ¿no?

Empiezo a navegar en el sitio:

67 ESCRITORES LATINOAMERICANOS NACIDOS ENTRE 1970 Y 1980

Es decir, los autores tienen entre 28 y 39 años.

Escriben, han publicado libros y muchos de ellos son reconocidos y famosos.

El prólogo anuncia:

“El instante literario capturado como en un encuadre fotográfico para dar cuenta de la violencia del cambio.”

Mi emoción se dispara cuando compruebo que es posible acceder en línea a todos los relatos de la antología.

Los cuentos o relatos están a golpe de ratón, como quien dice.

Mis latidos se aceleran. Tengo material interesante para leer.

(Acabo de toparme con El padrino de Mario Puzo –versión alemana- en la biblioteca municipal del pueblo vecino, y me lo he traído a casa un poco por saber si puedo recordar la lectura que le hice cuando tenía unos 18 años. Puzo llegó a afirmar sin ningún empacho que había escrito El padrino para ganar dinero y que se aprestaba a corregir el manuscrito cuando su editor le comunicó que ya lo había enviado a la imprenta. También declaró que todo lo que conocía de la mafia era por lecturas de sus trabajos de investigación y que fue él el que propuso que Brando hiciera de Corleone en la versión cinematográfica de su novela.)

Pulso la pestaña o botón correspondiente al primer cuento: Tal vez 1600 Asas, de Eunice Shade (Guadalajara, 1980).

Leo el relato hasta que llego al siguiente pasaje:

Sentado frente a la barra del Amatl Café, con los dedos rodeando la cerveza, más el semblante atristado, es blanco de la mirada de Fiorella Cassirer.

Martín, un poeta de ideologías resignadas. Sus textos, papeles vistiendo dudas. Saliva negriseca desfilando en la pasarela blanca. Su cerveza, profesora de ligeras construcciones, la mayoría, resucitadas por la hierba.

La cerveza, otra vez, constato. No está mal, pero continúo leyendo más por miedo a no perderme nada verdaderamente importante que por otra cosa.

Interesante.

Sin embargo, termino de leer el texto y me queda la sensación de haber estado escuchando una conversación ajena, de esas que los adolescentes realizan a pulmón abierto en las calles, puesto que es necesario que se sepa que ya son adultos y tienen su propia vida (interesante).

Lo cual siempre es bello e importante, claro.

Paso al siguiente relato: Niños sandinistas, de Rodrigo Peñalba.

El nombre del autor me dice algo.

Entonces recuerdo que Peñalba me propuso mantener una bitácora en su portal -MarcaAcme.com-, pero que todo quedó en nada cuando quedó claro que mis textos tendrían que pasar por un filtro. Por su filtro.

(Le dije que no porque me pareció una forma de censura.)

Leo su corto texto y no sé qué decir.

Curiosamente, el final también es con cerveza:

Rolando aprovecha que las clases fueron suspendidas y se va con unos broderes a echarse unas vichas.

Paso al siguiente.

El título es Al maestro con cariño, de María del Carmen Pérez Cuadra.

No puedo evitar recordar la canción de Lulu que fue el tema principal de la película del mismo nombre: son las mismas calles del Londres (convulso) de estos días.

TO SIR WITH LOVE (AL MAESTRO CON CARIÑO) (1967)

Intento mantener la ecuanimidad. Si no estuviera escribiendo estas líneas, me habría lanzado a leer directamente el cuento de Roncagliolo y de allí habría pasado a ver si tengo algún emilio nuevo (en mi buzón electrónico), olvidando este libro.

Pero continúo. Leo.

Otro cuento ambientado en un bar. Por lo menos al comienzo. Y eso que recién voy por el tercero. (En la foto, la escritora no tiene aspecto de terminar fulminantemente su carrera literaria afectada por una cirrosis.)

Leo cinco o seis líneas, me aburro y cierro la página para pasar al siguiente relato.

Estoy buscando algo que me atrape y ya no me suelte como lector. Algún relato sin cerveza, tal vez.

En un libro de narrativa -como este- espero el estado nirvánico que sucede al chute del drogadicto.

Sigo tratándolo. Navego como un adicto que busca su dosis en las palabras.

Ya no puedo más y me voy directamente al cuento de Santiago Roncagliolo. Qué cerveza ni ocho cuartos, de mi compatriota espero un buen trago de pisco literario.

Su relato se llama El pasajero de al lado.

Empieza bien. Roncagliolo conoce su oficio, me digo, mientras voy degustando su texto:

Fue sólo un susto.

El frenazo y el golpe. Los golpes. Estás un poco aturdido, pero puedes moverte. Abres la portezuela y te bajas sin mirar al taxista. No te duele nada. Eres un turista.

Continúo leyendo encantado, hasta que llega el primer momento crucial, el que nos hace abrir bien los ojos en toda narración y aguzar los sentidos, y que a la vez nos prepara para la bajada del gran tobogán que nos está preparando el escritor. El vértigo de todo buen relato.

(Un buen cuento es como un viaje raudo y vertiginoso. Cuando vuelves a poner tus pies en tierra, el corazón tiene que latirte más aprisa y la emoción tiene que verse reflejada en tu rostro, si se me permite la exageración.)

En la primera parada, sube una chica. Tiene unos veinte años y es muy atractiva. Rubia. Todos aquí son rubios. Es la chica que siempre has querido que se siente a tu costado

Me desaliento un poco, porque inconscientemente esperaba algún tema ¿menos trivial?, pero continúo con la lectura:

¿Por qué me miras tanto? ¿Ah? Ya sé. -Ahora se entristece-. Se me nota ¿No? ¿Se me nota? Pensaba que no. -Sonríe pícara-. ¿Te la enseño?

Al leer esto último, lo primero que se me ocurre es que la rubia está embarazada y quiere enseñarle al turista desconocido su panza incipiente.

(Me ha sucedido. Estoy convencido de que las mujeres embarazadas se mueren por comunicar su estado a todo el mundo. Lo he probado con desconocidas en las calles de Colonia. No he conocido a ninguna embarazada que no quiera hablar del ser que lleva dentro y de las incidencias de la gestación.)

El siguiente tramo del relato me deja como si me hubiera caído un baldazo (un cubo) de agua fría:

Se abre el abrigo y deja ver una enorme herida de bala en su corazón. El resto del pecho está bañado en sangre.

Ríe pícaramente y se pone repentinamente seria para anunciar:

-¿Ves? Estoy muerta.

No puedo seguir leyendo. Lo siento, Roncagliolo. Será para otra oportunidad. (Me he sentido como en la actuación de un mago al que se le ha caído el pañuelo dejando sus trucos al descubierto.)

El siguiente cuento lleva el título de Jaguar. Una tipa embauca a un tipo diciéndole que quiere mostrarle su Jaguar. Este accede pensando en una aventura sexual y termina devorado, literalmente. Quiero decir que al final, resulta que se trata del animal y no del famoso y exclusivo automóvil británico.

El relato me parece bien escrito. El problema está en la trampa de tener que escribir el sustantivo ‘jaguar’ con mayúscula inicial para hacer pensar que se refiere a la marca de automóviles y no al animal.

No apruebo la maña.

Un texto tiene que defenderse por sí solo, es mi opinión.

Quiero leer un cuento más. Trato de orientarme, buscando algún nombre conocido.

Leo: Andrés Neuman.

(Por si a alguien le interesa, se debe tratar de un apellido alemán y se lee Noiman. Por lo general escrito con doble ene final: de Neu, ‘nuevo’, y Mann, ‘hombre’.)

¿El mismo argentino que acaba de ganar un importante premio (el Alfaguara) en España?, me pregunto.

Sí, es él.

Lo puedo reconocer por la fotografía que he visto repetidas veces en los últimos días en diferentes medios.

Alumbramiento se llama su relato y tiene un inicio poético, que ya es bastante recompensa para haber estado esperando con tanta expectativa algo verdaderamente bueno en esta antología.

Es la última narración de esta lista especialmente cervecera. Empiezo a leer.

Leyéndolo, se me viene enseguida a la mente una palabra: Redención.

Con la sensación de haber encontrado un tesoro especialmente valioso, dejo estas líneas. Me despido de la realidad.

Quiero sumergirme a solas con la palabra de Neuman.

…..

HjorgeV 03-04-2009


HUMILLADOS EN LA PAZ

1 Abril 2009

Qué duro.

Una goleada que Argentina no conocía desde 1958 en el Mundial de Suecia, cuando perdió 6 a 1 frente a Checoslovaquia.

Algo parecido solo le había ocurrido frente a Uruguay en 1910 al perder 6:2, contra Brasil en 1945 por el mismo marcador y ante Colombia por 0:5 en Buenos Aires en 1994.

(Curiosamente, de paso, es muy parecido al resultado que los hinchas peruanos más pesimistas le auguran esta noche a nuestra selección en su partido contra Brasil: 6 a 0.)

Esta paliza va a removerle el piso a Maradona, obviamente.

Pero, ¿se puede achacar una goleada así solo al entrenador?

¿Y la altura, por ejemplo?

BOLIVIA 6:1 ARGENTINA

Juan Pablo Sorín ya ha contado cómo es eso de jugar en la altura.

No hay aire. No lo encontrás por más que infles el pecho, abras la boca e inhales con fuerza. Tampoco las ideas son claras y las piernas no responden a las órdenes del cerebro fatigado. Ese es el mito de la altura. Eso significa jugar en La Paz, Bolivia, a 3.600 metros a nivel del mar. La sensación se resume en una sola palabra: impotencia.

La descripción que hizo Sorín en el 2005 puede aplicarse casi exactamente a lo que han debido sentir los jugadores argentinos esta tarde (noche en Europa) en La Paz.

Para bien y para mal, el fútbol no es un deporte de medidas exactas (pero hay que intentarlo siempre) y a veces la pelota no obedece como uno quisiera.

Aunque te llames Messi.

Una mezcla de sorpresa y mala suerte (otro habría sido el cantar si el disparo de Messi en un poste al comienzo del partido hubiera entrado), el agobio de la altura y un marcador inesperadamente abultado y adverso hundieron rápidamente a la selección argentina.

Y entonces, los bolivianos que habían venido jugando muy bien, jugaron mejor y se pusieron frescos. Y les empezó a salir de todo.

(El último fue un gol desde fuera del área del jugador Torrico con el empeine -disparo poco común y que requiere gran habilidad técnica- tras un pase de taquito de uno de sus compañeros.)

Cuando sale expulsado Di María ahí sí que Argentina se vino abajo, con sus jugadores demasiados conscientes de la imposibilidad de remontar un marcador tan abultado.

¡Parecía un partido de exhibición en la altura!

Una propaganda del Ministerio Boliviano de Turismo:

“Venga a La Paz y su sueño de ganarle a una de las mejores selecciones del mundo se puede hacer realidad.”

Chocante: la actitud de Messi y algunos de sus compañeros a partir del 4:1.

Allí donde tendrían que haber mostrado orgullo y carácter, mostraron poco más que deseos de ver acabado el partido y pasada la página rápidamente.

Loable: Maradona se mantuvo estoicamente al borde de la cancha como si él mismo hubiera sido un jugador más y responsable directo de la derrota. Dando la cara y sin esconderse.

Después del partido reconoció que Bolivia jugó mejor y no achacó a la altura el resultado (fue uno de los que defendieron el juego en la altura ante la FIFA). Su comentario:

“Cada gol de Bolivia era un puñal en el corazón.”

El mundo se le ha removido bajo los pies a los hinchas argentinos.

Hasta a mí me ha dolido en el alma esta derrota.

Debacle que le llega en un momento especialmente crítico a Diego Armando: es su segundo partido como entrenador y acababa de enfrentarse a Riquelme y a los incondicionales del Cacique Apático.

Queda un dato curioso de esta paliza histórica, de la que espero que el equipo de Maradona sepa recuperarse sanamente:

El portero argentino en la derrota contra Checoslovaquia también se llamaba Carrizo.

Y Amadeo Raúl Carrizo Larretape (Santa Fe, 1926) llegó a ser considerado uno de los más grandes arqueros del mundo y el mejor latinoamericano del siglo XX.

Fue también el primer guardameta en usar guantes, en salir del área para apoyar a su defensa y en iniciar rápidos contraataques desde su portería.

En la Copa de Naciones disputada en Brasil en 1964, mantuvo su valla invicta ante equipos de la talla de Inglaterra, Portugal y el mismo Brasil. (Frustró todos los intentos de Pelé y le paró un penal a Gerson en el partido contra los anfitriones.)

El gran Amadeo Carrizo aún vive y qué no daría sho por conocer sus impresiones sobre el partido de esta noche.

Tras la muerte de Alfonsín, tal vez se pueda hablar de un doble luto para Argentina esta noche.

HjorgeV 01-04-2009