AJEDREZ PEDESTRE

[Esta sección está dedicada a una de mis pasiones: el balompié, al que llamo Ajedrez Pedestre, porque se juega moviéndose como fichas ajedrecísticas y con los pies. Un juego altamente intelectual. De ideas rápidas. Un partido de este deporte no es otra cosa que un continuo moverse inteligentemente sobre el campo buscando estar mejor posicionado para tratar de disparar más o menos libremente al arco, anotar goles y evitar que el contrario los haga. Ojo. El que ha sido jugador o espectador de un juego de balompié, sabe que el entretenimiento también consiste en estar imaginándose cuál es la mejor jugada siguiente en cada instante del partido. Si es mejor pasarla a la derecha o retroceder, disparar inmediatamente o avanzar con el balón. Todo el tiempo se trata entonces de un juego de ideas e imaginación de posiciones. De un Juego Posicional, como el ajedrez, pero de mayor dificultad porque se tiene que decidir en grupo y a diferentes velocidades. Al final incluyo mis 60 PRINCIPIOS BALOMPEDÍSTICOS.]

CHILE 1:0 ECUADOR (Última fecha de las Eliminatorias, 14.10.09)

La selección chilena está atravesando una magnífica época.

Una que bien podría llevar el apellido de su entrenador argentino, Marcelo Bielsa, porque es la primera vez que Chile se clasifica antes de la última fecha y a solo un punto de Brasil.

Empero, la historia del fútbol chileno no es de ninguna manera magra.

Siete participaciones en una Copa del Mundo y un tercer lugar en la de 1962, en casa; cuatro subcampeonatos en la Copa América; el tercer lugar tanto en el Mundial Sub-17 de 1993 de Japón como en el Sub-20 del 2007 en Canadá, así como la medalla de bronce en las Olimpiadas de Sidney.

Es decir, del aire no le ha llegado esta clasificación holgada, ni el ser considerada entre las 20 mejores selecciones del mundo.

Hjorge 19-10-2009

SEVILLA 2:1 MADRID (04.10.09)

De tanto poner la vista en su archimillonaria delantera, muchos han olvidado que, sin Casillas, el Madrid sería probablemente una sombra de sí mismo.

El problema de las estrellas es que crean vacíos que otros deben rellenar y muchas veces no existe la voluntad o la calidad para hacerlo.

Con Casillas, sin ser el mejor del mundo, el Madrid tiene la mitad del alquiler asegurado, como se suele decir aquí en Alemania.

Qué intuición, qué reflejos. Qué atajadas, qué salvadas, qué voladas.

De esas que animan a ponerse uno mismo bajo los tres palos.

HjorgeV 05-10-2009

COLOMBIA 2:4 CHILE (10.10.2009, penúltima fecha de la Eliminatorias)

Colombia necesitaba los tres puntos para continuar con la ilusión sudafricana.

Chile con Bielsa, empero, es un equipo multiplicado por el trabajo y el arte del entrenador argentino. (Habría que clonarlo.)

Curiosamente, el partido empezó con un ‘autogol’ chileno: el arquero Bravo salió hasta la esquina del área a entregar personalmente su regalo adelantado de navidad.

Luego, a los 34’, Chile se adelantó en el marcador con dos goles marcados en el intervalo de apenas dos minutos.

La última vez que un comentarista alemán gritó un gol como lo hace el entusiasta reportero chileno pero durante casi todo el partido, fue en 1954.

HjorgeV 11-10-2009

ARGENTINA 1-3 BRASIL (Partido de las Eliminatorias, 05.09.09)

Un tiro libre y el defensa Luisao cabecea desde el centro del área solo y con comodidad.

¿En qué habrían estado pensado los jugadores argentinos? Se trata de un error elemental, básico.

El segundo gol brasileño sirvió para mostrar el exceso de nerviosismo y responsabilidad con que los albicelestes afrontaron este partido. El exceso de ansiedad en el fútbol, sea negativa o positiva, es letal.

Tras el gol argentino a un ángulo imposible para Julio Cesar, una genialidad de Kaká.

Perfecta resolución de Fabiano, tras un grave error de su marcador, a un pase en profundidad de esos en los que parece que la bola lleva un navegador dentro.

La afición argentina ya no confía en Diego. Y parece ser que ya de poco vale hacer recordar que no es él quien juega.

Hjorge 07-09-2009

BARCELONA 3-0 ATHLETIC  BILBAO (Supercopa 23.08.09)

El Bilbao pudo haberse llevado la canasta más llena a casa.

Especialmente remarcable: la amplia gama de recursos futbolísticos de Messi.

Marcó un gol con la derecha desde un ángulo dificilísimo del lado derecho (él es zurdo), y estuvo a punto de hacer otro similar.

Tras un pase aéreo trigonométrico a Zlatan Ibrahimović sobre el punto de penal, el futbolista sueco de madre croata y padre bosnio, la para con el pecho y remata de volea, de media vuelta y en suspensión.

El balón no entró porque así es el fútbol.

Hjorge 24-08-2009

DC UNITED 0-3 REAL MADRID (09.08.09)

Excelentes los dos primeros goles del Madrid, en esta nueva época de futbolistas con el estatus de estrellas del espectáculo y los grititos de histeria respectivos.

El primer gol de Higuaín es una lección para todos aquellos pasadores y armadores que, al no encontrar una buena alternativa de pase, son capaces de frenar un avance de su propio equipo.

Olvidando que en el fútbol no hay reglas que especifiquen quiénes deben marcar los goles y los pueden hacer ellos mismos.

El segundo gol es un trío de excelencias: el pase en profundidad de Granero –prodigio de geometría y visión-, la asistencia de Robben con la parte externa del pie.

Y la carrera de Higuaín, el ladeo sincronizado con el pie derecho para sortear la salida del portero Wicks y el remate con el pie ‘malo’.

El comentarista usa un término fascinante para el pase de Granero: “filtró pelota”.

Palabra que hace pensar en decantamientos y exactos procedimientos químicos.

Hjorge 06-08-2009

BARCELONA 4:0 SEATTLE SOUNDERS (06.08.09)

Hasta no hace mucho, jugar contra un equipo estadounidense podía tener el encanto de jugar un partido contra un grupo de abuelitos.

Me estoy refiriendo, por supuesto, a equipos de la talla del Barcelona o del Real Madrid.

Últimamente ya no es tan fácil, puesto que el fútbol también ha vivido su globalización y ya quedan pocos rincones del planeta donde no se mueva bien la redonda.

El comentarista menciona algo difícil de creer: tuvieron que pasar ocho minutos hasta que los del Galaxy de Los Ángeles pudieran tocar la pelota en el anterior partido del Barcelona.

Ahora, en esta cómoda victoria y por lo menos en dos goles, el Barça tendría que agradecerle cierta ingenuidad a la defensa contraria.

Hjorge 06-08-2009

BRASIL 3:2 EEEUU

Corrían apenas 9 minutos de un partido que se presentía de largo tanteo, a pesar de la patente superioridad del equipo sudamericano.

Brasil trataba de presionar en el medio campo y los hombres de Bob Bradley se esforzaban por mantener el control del balón.

En su juego, mezcla de alta disciplina, jugadas ensayadas (como en los deportes más populares de su país), técnica de bajo rango pero efectiva y varias gotas de ingenuidad, el centro bajo, diagonal y desde no muy lejos de la línea central que hace Jonathan Spencer hacia el área en dirección a Dempsey, no era algo para temer demasiado.

El delantero usamericano hace lo menos usual: rematar en primera a pesar del incómodo ángulo.

Lo que le sale es una elongación del tiro desviando apenas su trayectoria hacia el ángulo derecho inferior del arco de Julio César.

Gol de EEUU.

Nadie lo puede creer.

Los pentacampeones lo toman deportivamente y vuelven a su rutina como si nada hubiera pasado. Apenas tres minutos después, Robinho se pierde el empate.

Entonces empieza lo más duro.

Lo que parecía un partido espeso pero claramente favorable para Brasil, se convierte así en un ejercicio de desplazamiento sobre el fondo de una ciénaga: poca luz y mucho barro.

Esto le cambia la táctica a Brasil y se empieza a ver a sus jugadores en exceso tensos.

La tensión extrema es el peor veneno que puede haber para un futbolista crecido con una pelota al lado mañana, tarde y noche.

Equipos como EEUU y el mismo Sudáfrica, por el contrario, pueden llegar a ganar con la tensión. Se acrecientan, se iluminan.

Otros como Brasil y España, más técnicos, más sapientes, se anulan con la excesiva tensión porque esta se convierte en ansiedad alterando la percepción tanto del campo de juego, como la de los propios compañeros y la pelota misma.

Por lo menos se nota que los de Dunga están dispuestos a lucharla hasta conseguir el empate para de allí empezar a mostrar lo mejor de su repertorio –que es lo que el público espera de Brasil- en vez de estar ocupándose de recortar desventajas frente a equipos menores.

Pero se les viene un contragolpe, y los agarra mal parados.

Dos jugadores contra dos.

Donovan la recibe a la carrera, le hace perder la orientación a Ramires y resuelve como en un curso por Internet: limpia y claramente.

Los brasileños no conocen de cursos a distancia y 2:0 para EEUU.

De pronto, Brasil se encontraba desnudo en la calle sin poder entender qué hacía ni cómo había terminado allí.

Dos llegadas dos goles, nada menos.

EEUU con sus dos líneas de cuatro defensas poco preocupados por lo que pudiera ocurrir por las bandas y dos atacantes para el contragolpe.

El esquema moderno más común de 4-4-2, despreciado por un 8-0-2.

Ocho jugadores cuidando el área (y nada más que el área), más un arquero. Para el trabajo de contraataque, dos adelante.

Hay que reconocer que gracias al arquero Howard, los brasucos no terminaron igualando el resultado al cumplirse los primeros 45 minutos oficiales.

¿Se recuperaría Brasil del golpe o correría la misma suerte de España frente a EEUU?

La pregunta todavía estaba en el aire tras el descanso, cuando Luis Fabiano dispara de media vuelta y marca un lindo gol con su pierna mala a los 45 segundos de reiniciado el encuentro.

De pronto, se presenta un nuevo partido.

Lo bonito del fútbol, a diferencia de otros deportes, es que un buen planteamiento puede hacer tambalear al más pintado frente a un equipo sin sus cualidades técnicas.

En el baloncesto o el atletismo eso sería imposible.

Para constatarlo, dos disparos de los pupilos de Bradley mediando el minuto 65 pudieron cambiar nuevamente el rumbo del encuentro. ¡Qué libertad para disparar que estaban dando los brasucos!

Faltando 15 minutos y con Alves ya 5 minutos en el campo, se produce una escapada de Kaká desde la banda izquierda.

Spector parece ignorar que tiene al frente a uno de los mejores jugadores del mundo y le regala un espacio para la duda. Grave error.

El pendiente estreno del Madrid se mete a toda velocidad al área y centra bajo a poca altura y sin mucho veneno desde la izquierda, pero con una tranquilidad que destapa los nervios de la defensa usamericana. Robinho se la encuentra a tres metros del arco y hace rebotar la pelota en el travesaño.

Cuando la cabeza de Luis Fabiano se la encuentra, es muy tarde para Howard quien se tiene que contentar con el salto y la pose para la fotografía.

Entonces los reyes se acuerdan de por qué son los pentacampeones del mundo y empieza el martilleo.

EEUU empieza a acusar el desgaste.

Hasta que faltando pocos minutos Lucio devuelve a Brasil adonde debía haber estado desde el comienzo.

Y el sufrimiento se convierte en un fútbol más relajado. Simplemente en otro partido.

Rival digno el equipo de los Bradley, entrenador e hijo jugador, esta vez ausente.

Pero cómo han cambiado los tiempos.

El ingenuo equipo de EEUU eliminando por goleada a una España que estaba batiendo varias marcas.

Y haciendo sudar frío nada menos que a Brasil.

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Hjorge 30-06-2009

MARADONA: CUANDO SE PIERDE LA FE

Una reciente encuesta hecha en Argentina muestra que la afición argentina le ha perdido la fe a su ídolo (como entrenador).

Casi 80% de los consultados se oponen a Maradona como jefe técnico de la selección albiceleste.

Un entrenador necesita el apoyo casi incondicional de su entorno, por lo menos para empezar y marcar su ruta particular.

Una vez marcada cierta ruta reconocible, puede volver todo a la normalidad.

Es decir, y como siempre, cada quien (dirigentes, jugadores, aficionados) puede volver a tratar de imponer su particular punto de vista respecto a cómo se tiene que llevar un equipo.

Es lo normal, lo habitual, el día a día del fútbol.

Cada observador de un partido tiene su propia opinión y esta es la única válida.

Lo malo es cuando a un entrenador no se le da tiempo ni aire para iniciar y marcar esa ruta de una forma más o menos razonable.

Es el caso de la selección argentina y Maradona.

Los que pensamos que el Pelusa podría ser un buen entrenador (por sus conocimientos intuitivos y su sabiduría futbolística), tenemos que reconocer que el tiempo y la ocasión apremian.

La selección argentina ya no está para darle mayor tiempo a su entrenador para desarrollarse y mostrar lo que podría dar. Y ser.

Un equipo de fútbol es un conjunto de personas y, por lo tanto, tiene que actuar como tal, como conjunto.

Poco valen (ya hemos visto como Messi, acaso el mejor jugador del mundo, es capaz de abstraerse y desaparecer de un partido) las grandes individualidades si no actúan como parte integrante y actuante del grupo.

De la misma manera, poco vale un buen entrenador que no logra conectar del todo con sus jugadores. Por las razones que sean: falta de forma, confianza o descontento por parte de los jugadores, mala suerte o simple error de cálculo del entrenador.

Lo malo es que a Argentina le quedan cuatro partidos por jugar y su cupo al Mundial de Sudáfrica no está todavía garantizado.

En circunstancias así, muchas veces es posible ver el verdadero valor de un entrenador. Su garra y su capacidad para retomar (o enmendar, dado el caso) la ruta ante la adversidad.

Lo malo es que lo que está en juego no es un puesto en la tabla de un campeonato que se repite año a año.

Está en juego una plaza para un Mundial que se juega cada cuatro años.

De no asistir Argentina al próximo, sería como desaparecer como país del ámbito deportivo mundial durante ocho años, es decir, hasta la subsiguiente Copa del Mundo.

Algo que ningún aficionado, dirigente, jugador, político ni simple peatón argentino podría soportar.

(¿Cómo hacemos los peruanos para soportar tanto? Propongo a Bielsa como próximo entrenador de Perú. De paso, recuerdo que la única oportunidad en la que Argentina no se clasificó para un Mundial desde 1958, se debió al empate 2:2 frente a Perú el 31 de agosto de 1969 en Buenos Aires. El día que enmudeció la Bombonera y nuestro país se clasificó para Mëxico 70.)

Maradona, entonces, lo tiene dificilísimo.

Público y dirigentes presionando, por un lado.

Por el otro, jugadores que apenas se conocen realmente entre sí y cuya responsabilidad la siente cada uno dividida por lo menos entre 11.

Ya no está en juego la sabiduría de Diego Armando, sino su capacidad para no defraudar a los aficionados argentinos. (Y de otras nacionalidades, también, como es mi caso).

De perder el siguiente partido, puede dar por seguro su despido.

Entonces no importará que sea Tévez quien falle un penal (como contra Ecuador cuando iban 0 a 0) y que los dos tantos ecuatorianos hayan sido de brillante factura.

Menos importará que sea Messi -y no Maradona- el que se esfume en el aire como en los dos últimos partidos en la altura.

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$ …..HjorgeV 12-06-2009

ROBERTO MERINO: GOL DESDE 40 METROS

El mérito de los goles desde más de 30 metros de distancia es múltiple.

Hay que haber olido la posibilidad de gol, generalmente al observar que el portero se encuentra lejos de su arco.

A continuación, hay que saber disimularlo por unos instantes para preparar el golpe.

Y luego ejecutarlo rápidamente.

El dificilísimo disparo tiene dos grandes dificultades: la fuerza de propulsión (variable de acuerdo a la distancia) y la precisión a gran distancia: la parábola debe ser exacta para superar el salto del arquero, bajar y entrar en la portería.

Roberto Merino –volante peruano del Salernitana de la Serie B italiana- saca el disparo como debajo del cuerpo, sin apenas haber hecho pendular la pierna de golpeo.

HjorgeV 18-04-2009

HUMILLADOS EN LA PAZ

Qué duro.

Una goleada que Argentina no conocía desde 1958 en el Mundial de Suecia, cuando perdió 6 a 1 frente a Checoslovaquia.

Algo parecido solo le había ocurrido frente a Uruguay en 1910 al perder 6:2, contra Brasil en 1945 por el mismo marcador y ante Colombia por 0:5 en Buenos Aires en 1994.

(Curiosamente, de paso, es muy parecido al resultado que los hinchas peruanos más pesimistas le auguran esta noche a nuestra selección en su partido contra Brasil: 6 a 0.)

Esta paliza va a removerle el piso a Maradona, obviamente.

Pero, ¿se puede achacar una goleada así solo al entrenador?

¿Y la altura, por ejemplo?

BOLIVIA 6:1 ARGENTINA

Juan Pablo Sorín ya ha contado cómo es eso de jugar en la altura.

No hay aire. No lo encontrás por más que infles el pecho, abras la boca e inhales con fuerza. Tampoco las ideas son claras y las piernas no responden a las órdenes del cerebro fatigado. Ese es el mito de la altura. Eso significa jugar en La Paz, Bolivia, a 3.600 metros a nivel del mar. La sensación se resume en una sola palabra: impotencia.

La descripción que hizo Sorín en el 2005 puede aplicarse casi exactamente a lo que han debido sentir los jugadores argentinos esta tarde (noche en Europa) en La Paz.

Para bien y para mal, el fútbol no es un deporte de medidas exactas (pero hay que intentarlo siempre) y a veces la pelota no obedece como uno quisiera.

Aunque te llames Messi.

Una mezcla de sorpresa y mala suerte (otro habría sido el cantar si el disparo de Messi en un poste al comienzo del partido hubiera entrado), el agobio de la altura y un marcador inesperadamente abultado y adverso hundieron rápidamente a la selección argentina.

Y entonces, los bolivianos que habían venido jugando muy bien, jugaron mejor y se pusieron frescos. Y les empezó a salir de todo.

(El último fue un gol desde fuera del área del jugador Torrico con el empeine -disparo poco común y que requiere gran habilidad técnica- tras un pase de taquito de uno de sus compañeros.)

Cuando sale expulsado Di María ahí sí que Argentina se vino abajo, con sus jugadores demasiados conscientes de la imposibilidad de remontar un marcador tan abultado.

¡Parecía un partido de exhibición en la altura!

Una propaganda del Ministerio Boliviano de Turismo:

“Venga a La Paz y su sueño de ganarle a una de las mejores selecciones del mundo se puede hacer realidad.”

Chocante: la actitud de Messi y algunos de sus compañeros a partir del 4:1.

Allí donde tendrían que haber mostrado orgullo y carácter, mostraron poco más que deseos de ver acabado el partido y pasada la página rápidamente.

Loable: Maradona se mantuvo estoicamente al borde de la cancha como si él mismo hubiera sido un jugador más y responsable directo de la derrota. Dando la cara y sin esconderse.

Después del partido reconoció que Bolivia jugó mejor y no achacó a la altura el resultado (fue uno de los que defendieron el juego en la altura ante la FIFA). Su comentario:

“Cada gol de Bolivia era un puñal en el corazón.”

El mundo se le ha removido bajo los pies a los hinchas argentinos.

Hasta a mí me ha dolido en el alma esta derrota.

Debacle que le llega en un momento especialmente crítico a Diego Armando: es su segundo partido como entrenador y acababa de enfrentarse a Riquelme y a los incondicionales del Cacique Apático.

Queda un dato curioso de esta paliza histórica, de la que espero que el equipo de Maradona sepa recuperarse sanamente:

El portero argentino en la derrota contra Checoslovaquia también se llamaba Carrizo.

Y Amadeo Raúl Carrizo Larretape (Santa Fe, 1926) llegó a ser considerado uno de los más grandes arqueros del mundo y el mejor latinoamericano del siglo XX.

Fue también el primer guardameta en usar guantes, en salir del área para apoyar a su defensa y en iniciar rápidos contraataques desde su portería.

En la Copa de Naciones disputada en Brasil en 1964, mantuvo su valla invicta ante equipos de la talla de Inglaterra, Portugal y el mismo Brasil. (Frustró todos los intentos de Pelé y le paró un penal a Gerson en el partido contra los anfitriones.)

El gran Amadeo Carrizo aún vive y qué no daría sho por conocer sus impresiones sobre el partido de esta noche.

Tras la muerte de Alfonsín, tal vez se pueda hablar de un doble luto para Argentina esta noche.

HjorgeV 01-04-2009

BRASIL 2:0 ITALIA (10-02-2009)

Fue la noche de Robinho en uno de esos partidos en los que si te sacan a bailar sin permiso (Pirlo) puedes quedar marcado para siempre.

El primer gol es una triangulación iniciada por Ronaldinho: Elano la recibe y se la pone de taco a Robinho; éste se la devuelve en primera al borde del área, ayudado por un defensa italiano. Clara y brillante definición de Elano.

El segundo gol es una perla de esas raras.

Pirlo pierde la pelota como un niño distraído por un helado gigante. A continuación, Robinho hace uno de sus enredos favoritos: bicicleta, amago de remate con la derecha y enganche con el talón, para terminar rematando con la izquierda entre tres azules.

Tanta inocencia en una defensa se ve muy rara vez en el fútbol y menos en una escuadra como la de Italia, el país del catenaccio, y que bajo la dirección de Lippi llevaba 31 partidos invicta.

(El video está en turco y lo he elegido por su calidad.)

HjorgeV 10-02-2009


RABONA: MATÍAS MATI FERNÁNDEZ

La rabona es una jugada de lujo que debió nacer como recurso por necesidad.

Si un jugador diestro se desplaza por la izquierda y quiere sacar un disparo, pase o centro hacia la derecha y no lo quiere hacer con la zurda, puede recurrir a la rabona.

Esto es lo que hace Mati Fernández al coronar una aguerrida y hábil ilación de jugadas.

Pero hay que notar que iniciar un decidido ataque veloz en el centro del campo, no es algo que se haga así nomás ni todos los días.

Es necesario estar convencido de una serie de cosas: de la velocidad y la fuerza, del aguante y la garra propia y de haber sabido interpretar bien la situación para reconocerla como de provecho.

Es una pena que su compañero falle el gol. Pero así es el fútbol.

HjorgeV 01-01-2009

VIDEO: ACROBACIAS ‘AÉREAS’ CON EL BALÓN

Interesante combinación de dominio del balón, capoeira, break dance, acrobacia circense y parkour.

Esta última, parkour, la disciplina y deporte extremo creado por el francés David Bell, cuyo nombre se deriva del francés parcours.

Balompié y fútbol (la versión netamente comercial del primero) son otra cosa.

El dominio del balón es solo un aspecto entre varios más, necesarios para dominar el juego llamado balompié.

Pero saber hacer que la pelota te obedezca (y no al revés) es el primer gran paso.

HjorgeV 07-12-2008

MARADONA: TOCO Y ME VOY

“Si siento que soy un estorbo para el plantel, me abro, me vuelvo a mi palco y punto. Y si veo que no van bien las cosas y que mi presencia no genera felicidad, seguiré apoyando y opinando desde afuera como siempre. Sin ningún drama.” El Pibe

MARADONA: CON LA NARANJA QUE LE OBEDECE

“Nadie duda que Zidane es un jugador tremendo, pero lo que Zidane hace con una pelota, Maradona lo hace con una naranja.”

Michel Platini, 06-08-2007.

“La pelota le obedece. Normalmente son los jugadores los que hacen lo que la pelota quiere.”

Lothar Matthäus, mayo del 2000.

¿QUÉ HACEMOS CON LA SELECCIÓN PERUANA?

Qué análisis tan difícil. Qué pregunta tan difícil.

No hace mucho, me encontré con una frase del escritor arequipeño Jorge Eduardo Benavides que casa muy bien con la situación actual aunque haya sido pensada para otro terreno:

“Un buen editor sabe que las reglas del mercado editorial son claras y precisas: El problema es que nadie las conoce.”

Creo que más o menos así nos sentimos. Intentaré, sin embargo, un análisis. Antes que nada, es importantísimo no olvidar que el fútbol es:

1. Un juego.

2. Una actividad grupal.

3. Termina cuando acaba.

4. Se define por goles.

No son las únicas determinantes, claro. Pero, al momento de analizar y tratar de hacerlo con criterio, creo que es importante referirse a constantes concretas. Porque también está, por ejemplo, el tema de nuestra dirigencia. O el tema de nuestra pobreza y subdesarrollo, que también juega un rol no menos importante. Por ahora, quiero circunscribirme a estos puntos.

Creo que el punto tres ha quedado para muchos de nuestros futbolistas recién claro, cuando el joven maestro Vargas dio su cátedra contra Argentina y no exige mayores comentarios: ¿Bajar la cabeza? Bajo la ducha, recién.

EL ARQUERO

Leao Butrón no ha sido elegido porque sí el mejor arquero de la fecha que acaba de pasar. Si alguien tuviera que corporizar la actitud que debería primar en nuestros futbolistas, ese es el gran Butrón: a pesar de las goleadas, de haber sido abandonado por su defensa tantas veces, de los goles injustos (tal vez el último, por ejemplo, contra Paraguay por posición adelantada) y del abucheo de la afición, Leao Butrón siguió haciendo su labor en silencio, con valor y orgullo sano.

Personalmente, no le he visto ningún gesto malo contra sus compañeros, aún en esos claros casos cuando se volteaban, dejaban disparar más o menos libremente a los atacantes contrarios o los dejaban libres.

Cuando perdió, calló y luego se levantó y siguió luchando.

Ese tipo de jugador es el que nos hace falta. Según mi pobre opinión, jugadores y juego tenemos, pero para encontrar nuestro camino tenemos que aprender a sufrir mucho más. Callados y sin echarle la culpa a los demás, de ser posible.

CONTRERAS

Este muchachito se merece, al igual que Butrón, un capítulo especial. Otro callado y discreto que sale al campo a cumplir su trabajo (y su pasión: el fútbol) y que entrega todo. Mucho más, si es por la camiseta del país que lo vio nacer.

Lo mismo se puede decir de Rainer Torres. Mordedores, pacientes, observadores, sacrificados, silenciosos, prestos a la lucha y presentes cuando las papas queman. Si algo hay que reconocer aliviados, después del vendaval que nos ha llevado a olvidar Sudáfrica 2010, es que volvemos a tener defensa. No es lo que falta ahora. Ya es algo.

VARGAS

Un jugador no se hace en dos o cuatro años. Por lo tanto, Vargas ya era un gran jugador mucho antes de ver lo que hace en Italia y con la actual selección.

Jugadorazo. Sencillo además, de los dispuestos a atacar y correr como un Loco en el minuto 93. Lo hace por su país. Lo hace por su pasión, otra vez.

¿Cuándo vimos eso en los engreídos Pizarro, Mendoza o Farfán?

Encima, en el último partido le he visto jugadas atrevidas dominando el balón, de esas que en el fútbol juegan un rol importantísimo porque van carcomiendo la confianza del rival. Eso lo tiene que saber todo futbolista porque le “come el coco” al contrario, pero, sin embargo, dejamos el lujo para cuando jugamos con nuestros hijos de cinco años.

EL MEDIOCAMPO

No tenemos.

Solano fue y sigue siendo un gran jugador. Los demás jugadores confían en él y lo ven como líder. Tiene visión, ideas, tiros libres, pases peligrosos. Por otra parte, siempre fue del tipo de jugador discreto, casi apagado, que podía brillar pero bien arropado y protegido por el resto del equipo.

Ahora, es predecible y, por lo tanto, controlable. Le pones una marca fuerte o simplemente constante a Solano y difícilmente puede desarrollar su juego. Encima, los años pesan.

Si he visto una constante en estos dos últimos partidos, ha sido que conforme se iba reconociendo y formando una defensa más o menos fuerte, el mediocampo parecía disolverse. No digo que no tengamos mediocampistas. Creo que es el tipo de jugadores que más hay en el fútbol y más en el nuestro porque se trata de una posición sin la enorme responsabilidad de la defensa y los delanteros.

Sin embargo, allí donde no hay mucha cara que arriesgar, me ha parecido ver desconcierto, un escape masivo de responsabilidad. Miedo, aturdimiento. Solano, pues, no puede hacer todo solo.

Curiosamente, por otro lado, tenemos un jugador que podría ser parte del futuro de nuestra escuadra. Quiero hacer una digresión interesante.

Un jugador peruano que llega a Europa como delantero, tiene que haber demostrado no solo que sabe jugar fútbol y que corre, tiene que haber demostrado también que hace goles. Ojo: en todo buen delantero hay un mediocampista en potencia.

Un buen delantero sabe qué pelotas tiene que recibir y cómo las tiene que recibir del mediocampo. Pizarro, por ejemplo, alguien que casi no pierde la pelota, con visión, amigo de las paredes, de las combinaciones y del juego en conjunto, podría haber sido un magnífico mediocampista ofensivo, creativo y con capacidad de gol. Pero, ¿quién se atrevía a “rebajarlo” al mediocampo? Y eso sin preguntar si él lo hubiera aceptado o querido.

Bueno, pues, es el caso actual de Farfán.

EL NUEVO FARFÁN

Los del Schalke han demostrado tener mano con él y le han descubierto que no solo es un buen delantero sino que también puede ser un magnífico mediocampista: no pierde así nomás el balón, tiene fuerza y visión, sabe combinar y sabe lo que es el gol. Encima, los del Schalke han sabido combinar todo esto y compensarlo, dándole de arranque la confianza necesaria y parte de la responsabilidad: la Foquita es el que hace ahora los tiros libres y los de esquina. El próximo penal lo pateará él y no su compañero brasileño Rafinha.

Farfán tanto como Mendoza pertenecen a ese tipo de jugadores fuertes y bien constituidos, pero más bien tímidos. Son gente que necesitan mucho del grupo para brillar. Lo cual es positivo: no son estrellas que creen poderlo hacer todo solos. Pero necesitan de la mano guía de un paciente y visionario entrenador. Mendoza lo está consiguiendo al final de su carrera en México, la Foquita está empezando recién su segunda vida aquí en Alemania.

Lo que le falta es el carácter. Pero es joven y eso también se aprende.

CARÁCTER

Creo que es el momento adecuado para decir claramente las cosas. Algo que ya se sabe desde hace tiempo, pero que, sin embargo, parece ser un tema secundario en nuestro país.

No bastan jugadores que la muevan, corran, luchen y entiendan el juego. Vienen otros convencidos de lo que hacen, con las ganas de hacer bien las cosas, con mentalidad ofensiva y ganadora, dispuestos remontar goleadas, es decir, con Carácter, y son estos últimos los que tendrán las claras y mayores posibilidades de ganar.

Pero el carácter en el fútbol no es algo que esté en el documento del jugador ni nada que se pueda ver a simple vista. Además, hay jugadores que en determinado medio o determinadas circunstancias muestran más carácter que en otras.

Pizarro se lucía y se vuelve a lucir en el Bremen. En el Bayern se opacó y en el Chelsea no la vio. (Se ilusionó demasiado con el Mundial en Alemania y, cuando las cosas no salieron como quería, se ofuscó y empezó a ser un problema, no una ayuda para la selección.)

Mendoza es un sube y baja. Farfán es un caso aparte. Lo que necesitamos son jugadores del tipo Leao Butrón y Juan Vargas. Jueguen el partido de la esquina, provincial o europeo, ellos la dejan (la vida) en el campo con el mismo convencimiento.

El carácter es algo que se puede aprender o incrementar (los éxitos lo hacen, por ejemplo) y aquí entra la mano del entrenador.

EL ENTRENADOR

Del Solar ha cometido pocos e intrascendentes errores. Tal vez el más grave haya sido no haber sabido hacer algún cambio en el momento oportuno en el partido contra Paraguay, para aliviar a la escuadra, o uno simplemente táctico para bajarle los humos al huracán en que se convierte el equipo guaraní (ojo) gracias también a su público.

(¿Qué sucedería si nuestro equipo tuviera un público rugiente en cada minuto del partido y en cualquier circunstancia, incluso una adversa?)

Es joven y con poca experiencia. Con todo, a pesar de los remolinos, las zancadillas de los propios jugadores y sus escapadas, a pesar de tener el público en contra y sin esperanzas, armó su equipito con las tripas que tenía, e hizo corazón.

Con él le hemos empatado a Argentina. En el último partido, casi le empatamos al líder envalentonado y con viada que es Paraguay, y en su casa, además.

LA DELANTERA

No tenemos. Dejémoslo claro.

Personalmente, pienso que no es grave. El tipo de delantero que tenía que tener el físico de un Stevenson o Félix Savón, correr como Acevedo o Bolt, moverla como Maradona y levantarse como un muñeco porfiado, está en proceso de franca extinción.

En el fútbol todo cambiará. Es culpa y mérito casual de la FIFA.

Por no haber comprendido a tiempo que las faltas graves a los delanteros terminan por hacerlos desaparecer. Si te gusta el fútbol, por más que ganes millones, ¿vas a querer correr el riesgo de quedarte lisiado para toda tu vida? El proceso negativo se inició con Pelé y la FIFA apenas reaccionó introduciendo la tarjeta amarilla.

Continuó con el foul a Maradona en España que lo alejó meses del campo, y esa vez la FIFA se durmió.

Hoy tenemos a Messi –a pesar de su físico menudo-, tal vez a Eto y un Adriano que ha renacido para despedirse. El resto son mediocampistas ofensivos que saben hacer goles pero no reúnen todas las características anteriores. El ariete, el centrodelantero fuerte no existe más. La FIFA lo mató.

¿Qué costaba o cuesta implantar una regla, según la cual, en casos médicamente comprobados, el que cometa un foul artero, debería dejar de jugar el mismo número de partidos que el lesionado? ¿Por qué no permitir que alguien que ha perdido su herramienta de trabajo y su futuro acuda a los tribunales civiles como sucede en el resto del mundo laboral?

Es como en el caso de la crisis actual: hay responsables de traerse abajo el juego, pero se los premia dejando que sigan jugando. (Ojo que no estoy por un juego sin contactos ni peligro. Pero hay contactos y contactos, y peligros y peligros.)

EL FUTURO

El futuro será, entonces, de los equipos que entiendan que el fútbol es un juego grupal y que se define por la mejor posición que se tenga en cada momento del partido.

Del que sepa hacer obedecer a la pelota.

El que entienda, lea el partido y sepa moverse de acuerdo a eso; el que sepa interpretar los peligros y los riesgos conjuntamente; el que sepa anticiparse habiendo entendido las jugadas; el que sepa sacar ventaja posicionalmente y sepa hacer goles, ese será el ganador. Aún sin delanteros centros.

Porque los goles no tienen que ser violentos.

No tienen por qué estar precedidos de un ataque de guerreros sangrientos y voladores, de tarzanes con cañones en las piernas.

El futuro que le veo a nuestro país, es el que veo en las calles:

El dominio de pelota, la malicia para jugar, el saber engañar y mentir (que es la mitad de este juego) para sacar ventaja.

Cuando hayamos entendido que eso no tiene que ocurrir en la política sino sólo en el campo de juego.

Cuando los jugadores y el entrenador hayan entendido que el objetivo y meta en cada juego es hacer más goles que el contrario.

Cuando hayamos entendido que las cosas se hacen en grupo –público, dirigentes y políticos incluidos- y hasta que suene el pitazo final del árbitro, tal vez podremos volver a soñar con un Mundial.

Mientras tanto, paciencia y buen humor.

Son importantísimos componentes del carácter.

…..

HjorgeV 18-10-2008

PERÚ 1:1 ARGENTINA

Un gol agónico.

Pero qué más da.

Confieso que me preparé para este partido como si yo mismo fuera uno de los jugadores de la selección.

Me estoy refiriendo, por supuesto, simplemente a los nervios.

Tanta era la tensión, que en mi partido de entrenamiento de anoche (el equipo de mayores de 32 de la localidad, grupo al que pertenezco aunque haya pasado de largo esa edad) me sentí como hechizado.

“Así se tienen que sentir los jugadores en un partido de tanta trascendencia como el de mañana”, pensé.

Medio agarrotado, tenso, con dificultades para controlar la pelota. Viendo sobre todo los errores y defectos de mis compañeros, pero sin poder evitar los míos propios.

Carajo.

El partido de entrenamiento de anoche lo empezamos ganando más o menos cómodamente y luego nos complicamos la vida.

Al punto de que faltando un cuarto de hora para terminar el partido íbamos perdiendo abultadamente.

Perdí goles, perdí pelotas fáciles, fallé en algunos pases. Sentía al rival pisándome los talones todo el bendito tiempo, mordiéndome las pantorrillas.

Me sentí como un jugador peruano en esos partidos importantes, en los que como por arte de magia (negra) todo nuestro juego habitual se derrumba.

Perdí casi todo, pero no las ganas de luchar.

Me mordí la lengua y miré al frente. Animé a mis compañeros.

Y remontamos el marcador.

Al final, perdimos por un solo gol: un compañero falló un penal en el último minuto y allí acabó el partido.

Así, me quise ir a dormir pero no pude conseguirlo tan rápidamente como suelo hacerlo de costumbre.

Estaba contento por no haberme rendido.

Pero me iba con un mal sabor de boca a la cama.

CUANDO EMPATAR ES CASI COMO GANAR

Curiosamente, más o menos lo mismo le ha ocurrido a la selección de mi país esta mañana (noche de Lima).

Por la diferencia horaria, el partido entre Perú y Argentina (entre el Perú y la Argentina), se jugó a las 04:30 de esta mañana, hora alemana.

Como me ocurre muy rara vez, tuvo que ayudarme el despertador.

¿Parece exagerado todo esto?

¿Madrugar por un simple partido de fútbol y pasar una mala noche?

¡Nuestro último Mundial fue el de España’82!

El año de nacimiento de muchos de los improbables lectores o lectoras de esta bitácora.

En 1970, nuestro país se clasificó por primera vez para un mundial –México’70- y, aunque lo viví de colegial de pantalón corto, fue de esas cosas que jamás se olvidan.

Luego Perú ganó la Copa América de 1975, hicimos tanto un gran papel como un papelón en Argentina’78 y llegamos a España’82 ya dormidos en nuestros laureles.

En nuestro país se sabía jugar al fútbol. Seguimos sabiendo tocarla, moverla y repartirla. Pisarla.

Sin embargo, allí empezó también nuestro calvario.

El resto es historia.

De las muy duras.

Y hay cien. Mil. Cientos de miles de opiniones diferentes y de otros tantos posibles salvadores y salvadoras, entrenadores, clarividentes, técnicos, especialistas y críticos.

Lo que me ocurrió a mí anoche en el entrenamiento, fue como una premonición para el partido de esta mañana entre Perú y Argentina.

La selección peruana estuvo a punto, estuvo a punto, estuvo a punto. Pero ya se sabe que no existe eso de una mujer que está embarazada solo a medias.

Entonces, vino el gol argentino (autogol peruano, en realidad) faltando pocos minutos, cuando ya nos habíamos enamorado del empate con un campeón mundial y se me salió una lágrima.

Soñar es bonito.

Pero los sueños también están para derrumbarse.

Gran lección que me estaba dando un simple juego con el balón.

Y, como en mi premonición, los muchachos peruanos no se rindieron y la siguieron luchando.

Una figura muy rara en nuestra selección, tan acostumbrada a perder y tragarse sus derrotas.

Un buen ejemplo sobre todo para los más jóvenes: no hay que rendirse así nomás ante la adversidad, es el mensaje. Es una perogrullada.

Hasta que no se termina, no acaba el partido.

No sé.

Seguramente no nos volveremos a clasificar y miraré el Mundial de Sudáfrica con ese dolor –tan conocido- de estar tan lejos y solo de mirón, y tendré que volver a alentar a Argentina, Chile, Ecuador, Paraguay, Uruguay o Brasil desde la distancia.

Quizás a Venezuela o Colombia. O a Bolivia, por qué no, que acaba de empatarle a Brasil en Brasil y con un hombre de menos.

Pero soy de los que siguen levantándose en la madrugada para ver un partido de su selección y la sigue, aunque pierda y no se vea futuro cercano cierto.

Qué me importa.

Nunca tuve un equipo, ya lo he dicho.

En el colegio me declaraba hincha del Cristal para no tener que caer en la disyuntiva U o Alianza.

Detesto los camisetismos, lo repito.

Me gusta el fútbol y más me gusta jugarlo. El quien gane es secundario si uno se ha entregado. Menos soy de los que se arriman a los ganadores.

(Ojo que tengo cuatro hijos peruano-alemanes y una esposa de este país.)

Pero dos cosas sigo sin perder en Alemania a pesar de todo en los 23 años que llevo aquí:

Mi pasaporte peruano y mis esperanzas de volver a ver a mi país en un Mundial.

Mi única camiseta.

Qué puedo hacer.

Masoquismo en estado puro, me imagino.

HjorgeV 11-09-2008

P.D.: Para ver los partidos por la Red, recomiendo Justin TV (http://de.justin.tv/). Después de escoger el idioma de preferencia, pueden pasar a la sección “Directorio”, arriba a la izquierda y luego pasar a la categoría “Deportes”. Recomiendo abrir varias ventanas y en cada una de ellas tener lista una nueva opción o canal emisor, porque en medio del partido se interrumpen repentinamente las señales sin previo aviso y hay que estar preparados para continuar con una nueva. HjV

RESUMEN DEL PARTIDO (Televisión de Chile)

GARY LINEKER NOS HABÍA MENTIDO

En alemán el verbo stürmen tiene varios significados: ‘asaltar’, ‘precipitar’, ‘hacer mal tiempo’ o ‘batir’ (el viento), entre otros.

Proviene del sustantivo Sturm que significa ‘vendaval’, ‘tempestad’ o, simplemente, también ‘tormenta’.

En el fútbol alemán, los delanteros reciben el nombre de Stürmer. (Los sustantivos se escriben con mayúscula inicial en el idioma de Heinrich Böll.)

Cuando los alemanes atacan, por eso, piensan en asaltar, en precipitarse, y hacer batir el viento en dirección del arco rival.

Atormentarlo, más o menos literalmente.

El tipo de juego más apreciado en este país es el juego rápido por las alas que debe concluir con centros forzadísimos y esforzadísimos –casi épicos- que a su vez, los Asaltantes, Precipitadores y Tormentosos, deben terminar clavando, de ser posible, con disparos fortísimos en el arco contrario.

Ese es el fútbol que entusiasma a las multitudes en este país.

Lo que en el ámbito hispanoamericano se denomina centrar (lanzar la pelota desde los costados hacia el lugar comprendido entre el punto de penal y el arco contrario, u otro más adecuado o conveniente: hacia el centro) en alemán se llama flanken.

Es decir, lanzar el balón desde los flancos, desde los costados.

Mientras en castellano se enfatiza la necesidad de que el balón llegue al Centro, al punto más importante en cuestión: su destino; en alemán se remarca su origen: los flancos o partes laterales del campo.

Antes del partido se me había ocurrido que una posibilidad de apagar el juego español era colocando un marcador personal a Senna.

Quien ha seguido las incidencias de esta Eurocopa y en especial los partidos de España, habrá podido constatar que la mayoría de las jugadas del equipo español pasaban por ese policía de tránsito nacido brasileño, con apellido que parece italiano y nacionalizado español.

Parecía un Puesto de Aduana su función.

Antes de que el balón llegara a Iniesta, Xavi, Cesc o Capdevila, por ejemplo, tenía que pasar por la Aduana o Puesto de Control Senna para los trámites previos.

Por eso se me ocurrió que, marcándolo y hostigándolo, Alemania podía conseguir obstruir el tipo de juego español, el famoso tiqui-taca.

En cambio, lo que hizo Alemania fue adelantar sus líneas consiguiendo lo mismo: ‘ahogar’ la salida del rival.

Así, el partido se convirtió en una especie de inundación en la que los jugadores parecían correr con el agua hasta los tobillos y teniendo que sortear, además, islotes imaginarios colocados como minas de las macabramente llamadas unipersonales sobre toda la región del campo comprendida entre las dos áreas.

La solución táctica alemana, como solución inicial, era de las mejores entre las posibles. Una especie de catenaccio sin morder demasiado ni desgastándose en un pressing madrugador.

Ahogado, inundado, el mediocampo español, difícilmente podría llegar la pelota a Torres, el único delantero oficial. Ese era el cálculo de Joachim Jogi Löw y sus huestes.

Y le funcionó al principio.

Lo malo es que se necesita de un equipo muy disciplinado y acostumbrado a jugar así, para mantener a lo largo de todo un partido –y bajo todo tipo de circunstancias y vicisitudes- un planteamiento tal.

El gol lo vieron todos y nació de un pase aparentemente bobo.

Bobo por sencillo, simple. Tal vez no necesariamente fácil, pero más que conocido, nada especial.

Es lo que debieron pensar los defensas alemanes.

Cuando Torres desbordó a Lahm, que se quedó como paralizado en pleno movimiento, y se vio que Lehmann cometía otro de sus errores garrafales no cubriendo correctamente todos los ángulos en una situación más o menos estándar para un portero, era demasiado tarde.

(Lahm significa ‘cojo’, ‘tullido’. El verbo derivado, lähmen, significa ‘paralizar’.)

El resto fue Administración de la ventaja.

Con el gol a favor, España se dedicó a administrar la posesión del balón y a soportar el vendaval. El Sturm.

Que apenas llegó.

Al final del partido los españoles se atrincheraron en su campo y a los alemanes les ocurrió algo con lo que seguramente no contaban: se agarrotaron.

Se habían imaginado una contienda con varios goles, una batalla épica de sudor y fuerza, lucha y temperamento, que tal vez recién iría a dirimirse en la tanda de penales.

Se habían imaginado participando en una tormenta y asaltando el arco de Casillas.

En cambio, se encontraron con unos jóvenes jugadores confiados en sí mismos y sin muchas prisas. Serios y aparentemente relajados. (Senna casi llega a hacer un gol, reinterpretando sus nuevas funciones en la inundación.)

Además, con la ventaja de un gol.

Ellos tenían la única cantimplora de agua en pleno desierto y no la soltaron.

Y la gran Alemania se derrumbó sobre su lugar, sobre sus piernas. Murió de sed al lado de la fuente.

Lukas Podolsky tuvo en su pie izquierdo la gran oportunidad de alterar el destino. Pero titubeó, seguramente esperando el momento exacto para amagar y éste pasó de largo, como se pasan todos los momentos, sean o no trascendentes, en la vida (por lo tanto, también en el fútbol).

Tal vez Klose tuvo la otra gran oportunidad en sus pies, por un lado –el izquierdo- que no es el suyo.

Pero la diosa Fortuna volvió a pasar simplemente de largo por su lado.

Me imagino que hay quien la ha visto esta vez pasar sacándole la lengua a los alemanes.

Gary Lineker nos había, pues, mentido.

Por suerte.

HjorgeV 30-06-2008

Nota: Frase de Gary Lineker del 4 de julio de 1990 en el Mundial de Italia, al salir eliminada Inglaterra en la semifinal tras la tanda de penales:

“Football is a simple game; 22 men chase a ball for 90 minutes, and at the end the Germans always win.”

(“El fútbol es un juego sencillo; 22 jugadores persiguen una pelota durante 90 minutos y al final siempre ganan los alemanes.”)

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POR UNA ENCICLOPEDIA DEL FÚTBOL PERUANO

Lo vi en El Comercio de Lima y la idea me entusiasmó enseguida. Aquí va un par de mis propios aportes para una enciclopedia del fútbol peruano.

HUACHITA: El gol del peruano. Puede ir perdiendo por goleada, pero seguirá buscando a quien hacérsela. También llamada ‘túnel’ o ‘caño’. …..

HINCHA: Sujeto que puede pasarse todo el partido de espaldas al campo gritando y golpeando un bombo y jurar por su madre y por su equipo que le gusta el fútbol. …..

ENTRENADOR: Poeta, cura, hechicero, psicólogo, extorsionista, hipnotizador, domador, profeta. Entiende de números: los que salen al campo. Cuando es trabajador, se las pasa saltando y reclamando todo el partido y se molesta ante las derrotas. Cuando es sincero, se pregunta los 90 minutos, qué diablos está haciendo allí. Cuando es trafero, es capaz de echarle la culpa de las derrotas hasta a su mamá. …..

BUENOS PASES CONTINUOS: No sabe, no contesta. (Se molesta.) …..

CENTRO: Algo que los peruanos dominamos a cortas distancias, pero que nunca aprenderemos correctamente porque en las vías públicas (en la calle) eso no se puede practicar, sin riesgo de romper los cristales de alguna ventana. …..

DISPARO AL ARCO: Es un imposible, porque la flecha que sale del arco, se dispara; por lo tanto, se dispara con el arco y no se puede disparar al arco, puesto que las flechas, como se sabe, salen del arco, o sea, es decir. Siguen las explicaciones. …..

DIRIGENTE: La persona que se llevará los laureles, subirá primero al avión y tendrá las fotos más grandes. Podría ser un ejemplo para el deporte profesional, porque no se conocen casos de demora en el pago de sus propios sueldos. Sabe lo que es esconderse. …..

PARED: Término arqueológico en franco desuso. …..

FUTBOLISTA PROFESIONAL: Trabajador bien pagado que ha comprendido que la pelota quema, los kilómetros cuentan y que es preferible guardar una distancia discreta respecto del balón, mejor si es pegándose a un rival para evitar que se lo pasen. …..

BARRA: Tanda de ciegos desmemoriados propensos a las alucinaciones. Lo que más detestan es que les malogren el domingo. No les interesa el desarrollo del fútbol, salvo que sea para que gane su equipo. Su conducta pertenece al campo de la literatura de ciencia ficción. Son los abogados del diablo (de lo imposible) con licencia, felizmente, de sólo 90 y un par más de minutos. Serían los más fieles representantes de nuestra civilización en un intercambio galáctico. …..…..

CABREAR: La razón de ser de cada futbolista peruano y el 90% de su formación como tal. Si llega a profesional, hasta de eso se olvida (o se lo hacen olvidar), quedándose reducido a un 10% de su ser. También recibe el nombre de ‘regatear’, ‘gambetear’ o ‘driblear’. …..

GUAPEO: Práctica verbal, generalmente de los más antiguos de un equipo, para que los demás hagan lo que ellos ya no pueden o no quieren hacer. También llamado: compensación verbal. …..

PALOMITA: Acrobacia que usaban los delanteros cuando los campos eran de tierra, piedras y cascajo, y ni siquiera tenían seguro médico. …..

HjorgeV 24-04-2008

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JUGAR ‘AVENTAJADAMENTE’

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Lo volví a vivir -parcialmente con frustración- anoche en nuestro partido de entrenamiento. Felizmente, al final, ganamos.

El alemán, cuando las cosas no salen bien en el fútbol empieza a gritar ¡Kämpfen!, que significa ‘luchar’, ‘pelear’. (Este es un misterio que se da en todos los países en donde se juega este deporte con más o menos parecidas palabras.) En el balompié cuando las cosas no marchan bien, se debería gritar: ¡Piensen! Puesto que se trata de un juego de ideas principalmente. De ideas por conseguir posicionarse mejor. Como en el ajedrez.

Si alguien no entiende esto, basta traer a la memoria esas incontables veces en las que, corriendo los últimos minutos del partido, el equipo de nuestros amores o nuestro propio equipo iba perdiendo o necesitaba un punto desesperadamente y alguno de los jugadores o nosotros mismos gritábamos algo así como: -¡Aquí, aquí! ¿No lo ves? ¿No lo ves? ¡Si en este preciso momento recibiera el balón lo podría hacer! ¿A qué se refería ese jugador o nosotros mismos, si era el caso? ¿A que de pronto nos podría haber caído potencia, fuerza, puntería o más velocidad del cielo y podríamos haber hecho lo que no nos había salido el resto del partido, salvándolo? Obviamente no. Salvo que se juegue con la estampita de algún santo en el bolsillo. ¿Qué entonces? Hay casos raros en el fútbol, pero, por lo general, cuando se pide desesperadamente la pelota en determinada circunstancia, es que se ha reconocido claramente que se está en una Posición Aventajada más o menos obvia. Una en la que sería más o menos fácil o ‘infalible’ introducir el balón en la portería contraria. (Hasta que el balón no llega a las redes no existe esa palabra en el diccionario balompedístico y todo es falible por naturaleza: se trata de demostrarlo con la acción no con la palabra ni con la mente: grave error de aquellos que ven un balón tan fácil que ya ni siquiera se preocupan seriamente por concluir la jugada o remate.) Para mí sigue siendo un enigma el porqué de ese grito de Kämpfen! que bien podría traducirse por: ¡Cobardes, a la guerra! Es decir, de creer que basta luchar, guerrear, poner más ímpetu, más músculo y garra, más valentía, para sobreponerse a los acontecimientos en un partido. No estoy contra todo eso. Juegan personas que tienen que moverse rápidamente por un amplio campo. Sin músculos, fuerza, potencia, velocidad, ímpetu, espíritu de lucha y garra, estarían en franca desventaja frente a un rival de su misma categoría. El fútbol acepta muchas metáforas. Una de ellas es la de la guerra. Esa es una de las razones –me imagino- del gran atractivo que tiene este deporte. Cuando dos equipos juegan están sublimando algo que seguramente llevamos –desgraciadamente- en los genes: la lucha, la guerra. (Soy de los que piensan que esta característica guerrera es a su vez una mera deformación de otra que permitió que nos dispersáramos exitosamente por todo el mundo desde nuestra salida de África: la de la caza.) Pero el balompié es un juego de ideas. De una permanente y constante búsqueda de ideas. No es boxeo ni lucha libre. Deportes en los que, aún siendo netamente de lucha, el más tonto (el de menos ideas) puede llevarse su buena porción de golpes a casa. Mencioné lo del idioma del país de Beckenbauer (en verdad su idioma es el bávaro, no el alemán), no solo porque vivo aquí sino también porque ese idioma tiene dos vocablos que no tiene el castellano y que reflejan mejor lo que quiero decir con ‘pensar’ en el balompié: ausspielen y übervorteilen. Sin embargo, nadie utiliza estos dos conceptos en el balompié. El segundo vocablo se suele traducir por ‘engañar’. Etimológicamente, se trata de una palabra compuesta, y, así vista, significa algo así como ‘sacar algo más que ventaja’. El primer vocablo, ausspielen, significa entre otras cosas ‘sacar o dejar fuera del juego a alguien’. Así, aplicadas al balompié, son palabras perfectamente recomendables. La primera indicaría jugar sacando algo más que ventaja o sacando tanta ventaja que el rival no tenga ninguna chance, sea en las jugadas individuales o a lo largo de todo el encuentro. La segunda indicaría jugar de tal manera que el otro quede fuera del juego (no confundir con la regla de la posición adelantada). Tal como en ese juego que en mi país se llama ‘el camote’: tres o más jugadores más o menos en círculo, que se pasan la pelota impidiendo que uno o más centrales lleguen a ella. A eso se le llama ‘camotear’ en el Perú. Resumiendo, podríamos decir que ambas palabras interpretan bien lo que se debe buscar en este juego intelectual o de ideas llamado balompié (fútbol en su versión rústica): Hacer que el balón se mueva y posicionarnos nosotros mismos todo el tiempo, de tal manera que el rival no tenga ninguna chance de llegar a la pelota ni de quitárnosla. Si el rival tampoco tiene chance de evitar nuestros goles, entonces habremos llegado a la idea principal, meta, objetivo, finalidad, sentido o propósito de este deporte. Visto, así, ¿tiene esto que ver con golpes, saltos furibundos, patadones, fuerza bruta y sangre o huesos rotos? Ahora, bien, ¿cómo traducir esas dos palabras en una sola del castellano? ‘Jugar sacando siempre más que ventaja’ y ‘jugar tratando siempre de dejar fuera del juego al rival’ son expresiones muy largas. Propongo: jugar aventajadamente, aventajar. También se podría llamar pichanguear al rival: sino fuera porque una ‘pichanguita’ es una modalidad de juego en la que lo más importante no es meter goles, sino ‘dejar mal’ al contrario, ‘burlarse’ de él. En la vida, el aventajado es aquel que por naturaleza o por adquisición se ha premunido de ciertas ventajas que impedirá que sea ‘alcanzado’. (Dejo allí la imagen.) Hay que tener cuidado, porque este término es algo que está fuertemente hermanado con hacer trampa para obtener lo mismo. En el balompié, tal como se hace en el mencionado juego del Camote, sería equivalente a dar pases cómodos y a tiempo, moverse de tal manera que nuestros compañeros tengan a la vez un escape y la posibilidad de una jugada peligrosa para el rival; dejar que sea el rival quien se desgaste más que nosotros; no dar ninguna chance de llegar a la pelota; hacer los goles más cómodamente posible allí donde el portero no puede llegar; hacerlo todo con el menor esfuerzo posible; cansar físicamente y agotar psicológicamente al rival. Para eso se tiene que valer de algo que en la vida suele estar prohibido, pero que en el balompié se debe promover: engañar, hacer trampa óptica, fintear, mentir con el cuerpo, hacer creer al rival una cosa y hacer otra. El que juega aventajadamente tendrá además otra ventaja: más tranquilidad en la mente para afrontar los momentos verdaderamente críticos. Digamos que en el balompié, mentir y engañar para sacar ventaja está legalizado. Pichanguear al rival. ¿No se podría ver, entonces, en esto una oportunidad para tratar de sublimar con un deporte ese alto espíritu tramposo que parece hermanarnos a todos los seres del planeta seamos teólogos, futbolistas, políticos o empresarios?

HjorgeV 03-04-2008

JUEGO Y PROGRESO

No es lo mismo enseñar a jugar balompié y enseñar a jugar balompié.
No es solo un juego de palabras. Uno de mis hijos, que ahora tiene siete, cumplió años la semana pasada, pero recién ayer sábado lo celebró con sus amiguitos.
Su deseo: que yo hiciera de entrenador de balompié de su grupo de invitados.Como sabía que a la mayoría de niños que vendrían les gusta el fútbol, me lo imaginé fácil. Y también lo fue, pero me hizo recordar el gran dilema que he tenido estos últimos años trabajando eventualmente como entrenador (con Licencia B) aquí en Alemania.Uno de mis primeros trabajos con juveniles menores de 18, me hizo ver qué poco sentido tiene querer enseñar a jugar balompié como un juego, si los jugadores no dominan del todo los rudimentos con el pie.Es decir, si la pelota no obedece.

Un siguiente trabajo con los aquí llamados bambini -niños menores de siete años-, me hizo ver el otro lado de la medalla: mientras los niños se encuentran aprendiendo los rudimentos del juego es muy difícil concentrarse en el juego en sí. Si hay un deporte o actividad donde saltar o quemar etapas sea algo más o menos natural, ese es el fútbol o balompié. Tal vez de esta disparidad y asimetría resulte el mayor y principal dilema de todo entrenador: la enorme diversidad de niveles técnicos entre los jugadores de un equipo. (Un buen entrenador intentará armar un equipo y un sistema de juego con los jugadores que tiene disponibles. Un mal entrenador solo sabrá quejarse de la falta que le hacen un par de estrellas en su equipo.) Aunque siempre van a existir diferencias de nivel en cualquier actividad humana porque todos somos seres simple y llanamente -por suerte- diferentes, esas discrepancias de nivel no tienen por qué darse en el terreno de las capacidades o habilidades elementales. Ningún ajedrecista puede ignorar cómo se mueve un caballo o no saber lo que es un enroque, para poner un exagerado ejemplo. Así como un nadador no puede conocer solo dos estilos de los cuatro principales que existen. Sin embargo, he apreciado que no todos los futbolistas profesionales dominan el remate exclusivamente con el empeine (la cara superior) o con la parte exterior del pie. (Este último lo dominan apenas un puñado de jugadores.) El uso de la parte interna del pie -en mayor o menor combinación con el empeine-, parece ser la única arma percutora de la mayoría de futbolistas. Algo totalmente absurdo para mi forma de ver, si, tal como se puede demostrar, son justamente el empeine ‘limpio’ y la parte externa del pie las superficies percutoras que permiten los tiros más potentes y más precisos. (Invito a probarlo a cualquiera. El disparo con la parte interna del pie casi siempre tiene la desventaja que el balón recibe cierto efecto o rotación, adquiriendo así la trayectoria también cierta curvatura que no siempre es fácil de calcular. Disparando exclusivamente con el empeine, por ejemplo, la pelota puede girar o rotar sobre un eje perpendicular a su trayectoria, pudiéndose evitar así las desviaciones por roce hacia los costados, es decir, el llamado efecto. Por otro lado, por cuestiones de nuestra musculatura y fisiología específicas, un remate con la parte interna del pie no puede alcanzar la potencia de aquellos hechos con el empeine y con la parte exterior del pie. Los músculos recto femoral y el cuadriceps femoral son los que determinan esa ventaja, por ser especialmente masivos y los encargados de extender la pierna y de acercar el muslo a la pelvis.) Es más, son pocos los jugadores que saben usar convenientemente sus piernas para desplazar a la pelota. Compárese la rigurosidad de movimientos de un tenista o un golfista, por ejemplo, al golpear la pelota: sus brazos siempre completan una trayectoria definida y terminan en una posición también definida. Curiosamente, esto es algo que se podría remediar más o menos fácilmente: poniendo absoluto énfasis desde las divisiones más inferiores en el aprendizaje didáctico y pedagógico de los rudimentos o habilidades básicas con los dos pies, tal como sucede en otros deportes. Lamentablemente, lo que suele primar en el fútbol son los resultados, la competencia solo por ganar. Y basta que cualquiera haya pateado una pelota en su vida para que se crea un especialista, con todo lo bueno que esto pueda tener para la difusión de este deporte. Así, un entrenador no aplaudirá normalmente a sus niños cuando éstos hayan mostrado haber aprendido lo practicado en los entrenamientos (por más que no sea mucho), sino solamente cuando los niños hayan ganado. Pienso que no es un problema irresoluble. Que se vea el fútbol como un juego de competición tampoco es nada malo, porque es su característica principal. Tendrían que ser las federaciones correspondientes o los responsables deportivos del gobierno o no, los que tendrían que proponer la administración de una tabla extra no de posiciones por partidos ganados, sino de posiciones por nivel técnico. En esa Tabla Técnica complementaria se podría consignar lo que los niños pueden hacer con la pelota: -si dominan todas las partes del pie y del cuerpo, -si utilizan las dos piernas, -si disparan con frecuencia al arco, -si recurren a pases largos, -si son capaces de jugar combinando y haciendo las llamadas paredes, -si tratan de desarrollar lo más pronto posible un juego ofensivo, -si realizan jugadas preconcebidas y entrenadas, -si el nivel de entendimiento grupal existe, -si hay capacidad de sacrificio por el equipo y -si existe la conciencia del juego limpio. Para poner algunos ejemplos. Pienso que debería impulsarse además el interés en los niños por el juego con sentido práctico, dando puntos por el número de tiros de esquina obtenidos y por el número de remates al arco realizados. Una pared podría valer otro punto, para dar otro ejemplo. Y cierta acumulación de puntos podría valer al final como un gol. Si a alguien se le ocurriera decir que solo valen los goles ‘directos’ en el fútbol, habría que decirle que las faltas ocurridas en el área penal llevan a permitir un lanzamiento libre desde los once metros que generalmente se convierte en un gol ‘directo’. ¿Por qué premiar entonces solo lo negativo, un foul o falta en este caso? También se podría hacer lo mismo con lo positivo: cada cierto número de tiros de esquina, de paredes y de remates al arco, podría premiarse con un tiro penal. Otro ejemplo de que no se gana solo ‘directamente’, es decir con goles, es la llamada diferencia de goles, que permite a veces discernir al ganador en un campeonato. ¿Por qué no, de la misma manera, dirimir un encuentro por diferencia de tiros de esquina, de remates al arco, de las llamadas paredes o por el número de veces que se ha llegado al área rival, para poner otro ejemplo? No sé si lo tenemos de la religión, pero al igual que quienes van a la iglesia lo hacen para confesar sus pecados y no sus buenas acciones, en el fútbol se suele castigar lo negativo y prohibido, pero se deja de lado lo que la pedagogía moderna ya sabe desde hace bastante tiempo:

Los niños aprenden más y mejor cuando se los estimula positivamente.

Para eso, claro, tendríamos que cambiar de mentalidad, tal como ha ocurrido en otros deportes como el voleibol, cuyas reglas han cambiado masivamente en los últimos años. ¿Será casualidad que en un deporte tradicionalmente femenino hayan sido sido posibles tantos cambios? También habría que pensar que no se trata de poner ‘en peligro’ una tradición, sino de adaptar un juego a las necesidades de quienes verdaderamente podrían sacar provecho de una actividad lúdica que es tan o mucho más difícil que el ajedrez, el juego o deporte ciencia por excelencia. (El balompié, como el ajedrez, es un juego posicional, es decir, gana o está en ventaja quien mejor se posiciona. Es, además, un ajedrez grupal en el que las mismas piezas tienen que pensar rápidamente, todo el tiempo, y moverse ellas mismas a gran velocidad.) Una actividad lúdica que puede fomentar: -la camaradería, -la solidaridad, -el gusto por el ejercicio físico y la geometría dinámica, -el sacrificio común, -la acción ordenada, concertada y coordinada del conjunto y -el respeto por las reglas y por el contrincante. Personalmente me fascina el balompié, pero detesto el fútbol como negocio y como sublimación de nuestros instintos guerreros y agresivos. Pero el balompié tiene también todas estas cualidades nombradas y que coinciden con muchas de las necesitan urgentemente nuestras sociedades modernas en muchos sentidos. Y todo eso lo podrían aprender los niños jugando. HjorgeV 02-03-2008

LOS DEMONIOS INTERIORES DEL GAÚCHO ¿Qué pasa con Ronaldinho Gaúcho? El que podría ser el Mejor Jugador de Todos los Tiempos, no sale de su particular sube y baja en lo que se refiere a su forma física, su estado anímico y su rendimiento. Acaba de intentar ignorar una orden dada por Rijkaard al final de uno de los últimos entrenamientos del Barcelona. Lo cuenta El País.

Con esta actitud, Ronaldinho está demostrando varias cosas. Entre ellas: 1. Que no ha entendido lo que significa ser un jugador profesional. Con contrato multimillonario, además; es decir, no uno cualquiera. 2. Que no tiene mucha consideración ni respeto hacia el club, su entrenador, dirigentes y su público. Por las razones que sean: hartazgo, inocencia brasileña o simple estupidez. (Salvo que esté provocando su salida del club. Entonces se trataría de fría calculación suya.) 3. Que no basta ser bueno en muchos sentidos, si no se es capaz de vencer los propios demonios interiores. Si algo tenían en común las dos máximas figuras del fútbol mundial (independientemente de por quién se quiera decantar quién), Pelé y Diego, en su época activa, aparte de sus respectivas Divinidades, esa era su gran capacidad para morder y ser mordidos. Para aguantar. Y eso que en esos tiempos no se pagaban las barrabasadas que se pagan ahora y por las que más de un ser de este planeta podría dejarse cortar el día de hoy más de una pierna. (Es un decir.) Romario lo ha conseguido no hace mucho, pero Pelé, ya en 1969 (¡hace casi 40 años!), había conseguido marcar 1.000 goles oficiales, todavía a varios años de dar por terminada su carrera profesional. ¿Tendrán que pasar otras cuatro décadas para celebrar un acontecimiento de ese calibre? (Estadísticamente hablando, Pelé marcó un gol cada 5 días de sus 21 años como futbolista profesional. ¡No tenía tiempo para quejarse el Rey!) A Maradona, para detenerlo, fueron necesarias varias veces verdaderas acciones que bien pudieron merecer algo más que la cárcel. Otro que soportaba bien los mordiscos para devolverlos con queso, fue el gran Hugo Sánchez. ¡Cinco veces máximo goleador -pichichi- en España! (Al tercer año los defensas, ya convenientemente advertidos, tendrían que haberse presentado al trabajo con esposas, grilletes y cadenas. Pero, no. El gran Hugo, se siguió burlando de todos ellos, tres temporadas más.) Ahora se aparece el que bien podría ser el Verdadero Sucesor de Pelé. Tiene la talla, como se dice: el físico, las cualidades, los conocimientos y –ahora- la experiencia. Nada menos que en el Barcelona. ¿Y cómo reacciona este verdadero rey en potencia? Como un gauchito o gauchinho molesto y engreído porque las cosas no le salen en el campo como en los potreros y los campos de su niñez en Brasil. No ha estado lejos de encontrar y seguir por el cauce correcto. Empezó muy bien con el Barcelona. Pero, ya antes, en su mísero paso por el Paris Saint Germain, había empezado a demostrar más de lo que ahora le sobra: la falta de la conveniente fuerza mental, esa, sin la que el fútbol es solo un ajedrez inmóvil. Porque, para poder desarrollar el fútbol hasta lo que tiene que llegar a ser –un ajedrez grupal, dinámico y sinérgico, a altas velocidades- hay que ser más que fuerte mentalmente, tanto fuera como dentro de la cancha. Si esta estrella frustrada ya sale con estas poses estando el Barça en el segundo lugar de la clasificación y todavía no hay nada resuelto en la liga, no quiero ni imaginarme qué sucedería si en vez de esta cómoda posición – a solo 4 puntos del primero y habiendo ganado todos sus partidos como local-, se estuviera, por ejemplo, a mitad de la tabla. (Algo que ya debe haber sucedido más de una vez.) Intuyo que con este intento de desplante, Ronaldinho Gaúcho ha firmado su sentencia: no no podrá ser más el monarca que bien pudo haber sido. Sea o no por conveniencia. Es decir, lo esté haciendo para provocar su traspaso o no. Porque la Fuerza Mental –tanto en la victoria como en el infortunio- es un como músculo: si no lo entrenas y desarrollas, y crees que escapándote del entrenamiento y de la disciplina te haces más fuerte a ti y a tu equipo, nunca crecerá ni se fortalecerá. Al contrario, te seguirá enseñando aquello para lo que la has condicionado, atrofiándola: las posibles vías de huida o escape. Lamentablemente esa fuerza mental, esa misma que permite sobreponerse a los malos momentos, a la adversidad y ayuda, también, a soportar mejor largas rachas de posibles triunfos, es algo que no se puede inyectar como un analgésico. Menos, comprar. Ni siquiera con millones.

HjorgeV, 10-12-2007

CAMBIEMOS A PIZARRO (DE POSICIÓN)

Ahí lo tenemos.

El entrenador alemán, Joachim Löw, se ha atrevido. Para el próximo partido de la selección germana -esta noche contra el País de Gales-, el delantero del Bayern de Múnich, Lukas Podolski, no jugará en su posición habitual de delantero. Lo hará como mediocampista. ¿Por qué no probar lo mismo con Pizarro? (No me refiero a don Pancho, calma.)

Pizarro es un jugador excepcional. Pero también es uno cuya estrella se empieza a apagar, si no se apagó hace mucho tiempo, ya. Como delantero, quiero decir.

Por lo demás, es un atleta relativamente joven, capaz de dar mucho más en su deporte. Acaba de cumplir 29 años.

El resto de sus cualidades no las ha perdido: buena visión en el medio campo, buen toque de pelota, precisión, fuerza en las piernas; es ambidextro, sabe cabecear, tiene buena ubicación en el campo, es solidario como compañero, tiene fuerza mental y capacidad de sacrificio. Eso sí, no es el más veloz.

Su principal problema aparece cuando está cerca del arco rival. Entonces es como si el portero contrario le hiciera una especie de magia psicodélica, y, lo que antes era claro y lineal -geométricamente hablando-, ahora se le vuelve a él una serie de figuras deformes y en constante movimiento que le impiden orientarse. (Además, no tiene mucha capacidad de maniobra en espacios cortos. No es un Rey del Metro Cuadrado, por así decirlo.) Esta ‘enfermedad’ tiene un nombre: la famosa ansiedad del goleador. La sufren muchos. Actualmente, en la liga alemana, los casos del paraguayo Valdez del Dortmund, con 2 goles en 39 partidos como delantero, y del mismo Podolski con solo 4 goles en 30 partidos (después de venir de marcar 46 en 81 partidos por el Colonia FC) son los más llamativos. En el Chelsea, por su parte, el peruano lleva 9 partidos jugados y ha marcado un solo gol. Curiosamente, en su debut. Pizarro lo tiene más duro: desde el banquillo de los suplentes es más difícil meter goles y mostrar lo que sabe y puede. No siempre fue así. Claudio Miguel Pizarro Bosio (Callao, Lima, 1978) fue un jugador destacado desde pequeño. De hecho, a pesar de no haber brillado especialmente en el Bayern, su paso por Alemania lo ha marcado llegando a anotar 100 goles y convirtiéndose en el cuarto extranjero en conseguirlo en este país. Por otra parte, en los 11 partidos clasificatorios para el Mundial pasado jugando por el Perú, solo anotó un gol. Escuché la siguiente anécdota de un famoso periodista deportivo de El Comercio limeño en el negocio que tenía, aquí en Colonia, ciudad por la que han pasado muchos futbolistas peruanos. Julio Baylón jugó por el Fortuna de esta ciudad, Germán Leguía pasó una o varias temporadas vinculado a la Escuela de Deportes colonesa; y Ramón Mifflin hizo sus travesuras con el balón -y otras que también sabía- en esta misma ciudad. Se cuenta que el director del Werder de Bremen se encontraba de viaje en el Perú para cerrar la compra de un banco de una ciudad norteña. Para cerrar el trato, el peruano que le había vendido el banco le dijo: -Ahora vamos a celebrar a la peruana. -¿Y eso cómo es? –preguntó el alemán, por medio de su intérprete. Era un domingo. -Primero nos comemos un buen cebiche, lo regamos con buena cerveza y de allí nos vamos en la tarde al estadio. Después del partido nos espera una comilona al estilo criollo. -Al norte de Alemania también solemos comer pescado del Atlántico y lo regamos con buena cerveza alemana. Y los domingos en la tarde, también nos vamos al fútbol. -No, pues –replicó el peruano un poco contrariado, pero sonriendo socarronamente-. No se trata de cualquier partido, aunque sea uno amistoso. Se trata de mi equipo. -¿Su equipo, dice? ¿Acaso le pertenece a usted? -¡Claro, pues! Soy el dueño –dijo el peruano, orgullosamente. -Mire, qué casualidad –dijo el alemán, haciendo un gesto de incredulidad con la boca-. Sucede que soy el presidente de un club en mi país. El peruano volvió a sonreír ante tanta ingenuidad de su visitante. Hablaban como dos niños refiriéndose a sus juguetes. -No, no, amigo. No estoy hablando de cualquier equipo de fútbol. Estoy hablando del glorioso Alianza Lima, un equipo que bailó al mismo Bayern de Múnich allá por los años setenta o sesenta. Y en su propio país. Un equipo de primera división, pues. Una gloria viviente. Solo hay tres en el Perú de los que se pueda hablar así. Y vamos a ver el encuentro, además, en nuestro propio estadio. Se trataba de un partido amistoso en el que los Íntimos de La Victoria enfrentaban al Unión Minas. -No, no, amigo –le respondió el alemán con las mismas palabras y también con una gran sonrisa en la boca, mientras paladeaban ya un excelente cebiche en el Hotel Bolívar y las cervezas empezaban a cumplir su cometido-. Soy presidente del Werder de Bremen. Fue fundado hace un siglo, en 1899, y también tenemos nuestro propio estadio. En 1909 ganamos nuestro primer campeonato regional. Desde entonces hemos ganado la Copa de Alemania y hemos sido campeones varias veces del país. No se trata de cualquier club, amigo. Más tarde durante el partido, el alemán se quedó especialmente impresionado por un muchachito que llevaba anotados 5 goles. -A un joven así tendría que llevarme a Alemania –dijo el presidente del Bremen. -Bah, no es para tanto –replicó el peruano, sin perder su concentración en el juego-. En el Alianza tenemos varios de su categoría. -Seguro, pero no cualquiera hace cinco goles en un partido. -Mucha suerte de por medio –dijo el peruano, quitándole importancia al asunto. -Bueno, sí, seguro –insistió el alemán-. Pero primero, hay que meterlos. Primero hay que meterlos. Es una linda frase alemana que puede pasar desapercibida en la traducción. Es una que se usa para contrarrestar a pretenciosos y fanfarrones. ¿Me dices que eres capaz de llegar a la Luna? Primero hay que llegar. Y después hablamos. Ese jovencito, que fue retirado del equipo en el segundo tiempo para que no rompiera la marca de Pitín Zegarra ( una de las más grandes glorias que hayan dado los aliancistas y el fútbol peruano en su historia), se llamaba Claudio. En el Bremen, a Pizarro le fue muy bien. Sobre todo porque jugó junto a Ailton y supo adaptarse a su estilo. Lo que la Bolita brasileña no metía, lo cogía el peruano y se lo metía a la bolsa. Lo más importante fue que pudo jugar varias temporadas sin mayor presión de ningún tipo. ¿Qué se podía esperar de un peruano futbolista en Yérmani, después de todo? Solo su juego relativamente simple y seguro bastaba para mantenerlo como titular en el Bremen. Pero hizo más: marcó 29 goles en 56 partidos. Así son los alemanes. Un jugador de juego simple, pero muy seguro, es algo que se aprecia aquí como un automóvil con motor. Si, además, ese jugador hace goles, se lo lleva algún equipo con más dinero. Las reglas en el fútbol profesional de cualquier país del mundo son bastante simples. Así llegó Pizarro al Bayern. Y a su jubilación. No se sabe exactamente qué sucedió con nuestro compatriota desde entonces. Cumplió su trabajo, pero no mucho más. La gran promesa goleadora y futbolística peruana no pasó de ser un jugador cumplidor, pero más mediocre que estrella. Alguien podría decir maliciosamente que sus escapadas (a las discotecas) en Bremen eran toleradas y ahora ya no en Bavaria. ¿Puede influir algo así en un jugador profesional? Lo cierto es que cambió. Subió de peso, se hizo más lento y no volvió a encarar un duelo de uno frente a uno como antes. ¿Lo anularon los bávaros? Puede ser. Mientras más alto estás en la liga alemana, menos puedes arriesgar. En este país no hay lugar para el lujo, el taquito; para el finteo, gambeteo, dribbling o regate sin mucho sentido -aparente-, para el espectáculo dirigido a las graderías (que igual, mucho, no les interesa a ellas). Lo que interesa fundamentalmente es ganar, más o menos a cualquier precio y sin que importe la belleza. (Y los bávaros son unos expertos en esto.) Ese precio lo pagó Pizarro alterando su juego. Y convirtiéndolo en frustración. El punto más alto de ésta lo marcó una carta que se dio a conocer en octubre del 2006, en la que le solicitaba a la Federación Peruana de Fútbol, no volver a ser considerado en la selección, mientras Franco Navarro fuera entrenador de la misma. ¿Qué hizo Navarro? No lo consideró para uno de los dos partidos contra Chile. ¿Viajar desde tan lejos es garantía de titularidad, acaso? ¿Se comporta así un jugador verdaderamente profesional, e interesado en su camiseta nacional más que en su normal interés por vestirla? Han sido muchos años así. Pocos goles, mucha frustración. Ahora nuestro compatriota quiere ‘descobrárselas’ todas y mostrar con la selección todo aquello que no pudo con el Bayern y que ahora tampoco no puede mostrar en el Chelsea porque no es titular. Cuidado: Claudio Pizarro no ha abandonado esa ansiedad. O al revés: esa ansiedad del delantero goleador sigue sin abandonar al chalaco. ¿Por qué se insiste entonces con él en todas las últimas formaciones de nuestro seleccionado? Lo más probable es que sea por la ascendencia que tiene en el equipo. No por nada ha sido el capitán de nuestra selección en los últimos años. Pero eso no basta para ser incluido en la nómina de los titulares. Esa misma ascendencia la podría tener desde el borde del campo, por ejemplo; antes y después de los partidos. Un juego no se gana únicamente con la pelota en los pies. Veamos lo que dice el entrenador alemán sobre Podolski, jugador colonés nacido en Polonia, quien fue compañero de Pizarro durante un corto periodo en el Bayern. Este delantero de 22 años puede aportar mucho más viniendo desde el medio campo; no cuando está de espaldas al arco, sino cuando sale desde el fondo y tiene la portería contraria al frente. Justo lo que se le critica tanto al peruano: que tiene grandes dificultades para crear peligro cuando está de espaldas al arco y cerca a él. Pizarro no es el más ágil, ni el más flexible. No tiene explosividad. Eso que marca la diferencia a pocos metros de la línea de gol, allí donde todos los ángulos -sus vértices- deben converger y, por lo general, todo se complica. Una de sus mayores carencias es la de no poder alterarle la brújula a sus marcadores con un simple gesto, movimiento, rotación o cambio de eje. Le cuesta horrores, como se dice. Y eso, un marcador, un defensa, lo agradece. ¿Por qué no darle alguna vez la oportunidad de venir desde atrás? Considero que Pizarro tiene todas las dotes para ser un magnífico centrocampista y armador. Alguien capaz de mantener la visión panorámica incluso para dar pases desequilibrantes y hasta de los llamados mortales. Organizar y dirigir el tránsito en lo ofensivo podría ser su función. (Siempre me ha quedado la impresión que ha llegado a marcar tantos goles, no por ser un goleador nato, precisamente, sino a pesar de ser colocado en esa posición.) Tal vez no se ha pensado todavía en esta posibilidad. El entrenador alemán acaba de dar el ejemplo con Podolski. Veremos primero que pasa esta noche en Quito.

HjorgeV

Colonia, miércoles 21-11-2007

PERÚ-BRASIL: ¿JUEGA O NO RONALDINHO? Creo que el arma más importante de un equipo de grandes jugadores, es, también, su gran capacidad para dar pases verdaderamente desequilibrantes a lo largo de un partido. Con suerte y constancia, esos jugadores sabrán dar -además- un par de pases mortales, de esos que necesariamente terminan en gol. Veámoslo. Aunque parezca una perogrullada, un encuentro nunca se gana por 2 bicicletas ó 3 huachitas (‘túneles’) a cero.

Es más, el defecto más común de grandes jugadores del mundo, fue –y sigue siendo- su aparente imposibilidad de comprender que el fútbol tiene reglas muy claras y una de ellas dice que gana el equipo que marca más goles. Y que un gol es gol, recién cuando la pelota ha traspasado la línea de cualquiera de las dos porterías. No está mal repetirlo, créanmelo. Para el Mundial pasado, los peruanos nos quedamos sin clasificarnos, entre otras razones, por un par de goles de los llamados hechos, pero perdidos misteriosa e ingenuamente frente al arco contrario por nuestros delanteros. Pregúntenselo al Cóndor Mendoza, por ejemplo. O a Farfán. El defecto de muchos delanteros es ese: confundir el deseo con la realidad. Exactamente como sucede en la vida. (El fútbol también es vida, pero una superior, para los verdaderos futboleros.) Cuando ven un balón aparentemente fácil llegando a ellos –y sabiéndose incluso libres de marca-, ocurre aquello que solemos practicar como un deporte en la vida diaria: no hemos terminado una tarea, pero ya queremos cobrar. Lo malo es que el aire contiene un conjunto de partículas distribuidas caótica e irregularmente en el espacio. Eso es importante saberlo cuando viene un balón aéreo. Los llamados ‘extraños’ que hace un balón en su trayectoria aérea –sobre todo cuando va a gran velocidad-, se debe principalmente a que el aire no es un medio perfectamente homogéneo. Es decir, el esférico interacciona con los ‘huecos’ del aire. Y lo mismo sucede con el suelo del campo de juego. Basta un terrón o un pequeño agujero en el gramado para alterar la trayectoria de la pelota en último momento y echarnos a perder el cálculo que centésimas de segundo atrás nos parecía correcto. Por eso, un delantero tiene la obligación de concentrarse al máximo hasta que la pelota haya cumplido lo que dice el reglamento: traspasar la línea de gol. No hay más trucos. Recién entonces puede pasar por caja. Cualquier intento de hacerlo antes de lo que indica el reglamento, se paga caro en la cancha y se debería pagar más caro aún en dinero contante y sonante, si se trata de jugadores profesionales bien pagados. Para conseguirlo son necesarias varias cosas: 1. Concentración física y óptica absolutas. 2. Deseo inmenso de hacer bien las cosas. 3. Humildad para no creerse nada hasta que no lo hayamos conseguido. 4. Excelente estado físico y mental. 5. Extirpar del vocabulario personal la expresión ‘goles hechos’. No existen. Son una mera y triste ilusión. 6. Profesionalidad en el cumplimiento de los puntos anteriores. 7. Buena mano del entrenador y apoyo psicológico del grupo, sin críticas durante el juego, para no estropear el alto estado de concentración de los demás. Pienso que el fútbol es como un ajedrez dinámico en el que, por una parte, las piezas (jugadores) están siempre como si estuvieran tonteando por el tablero (campo), pero, por otra, están discretamente muy atentos de poder lanzarte un alfil, un caballo o una torre encargados de clavarte el puñal. Tratar de predecir dónde puede ir lanzado, constituye la mayor parte de la tarea defensiva de un equipo. La otra: en tratar de evitarlo, una vez reconocido anticipadamente el peligro. No es, o no debería ser, el estar permanentemente atento al trabajo de ‘tonteo’ del rival: sea aquel con bicicletas, motonetas o deslizadores. ¿Qué nos tiene que interesar las piruetas artísticas del contrario en su campo, o en zonas –y circunstancias- nada o poco peligrosas del nuestro? Los equipos que mejor se han defendido frente al Barcelona de Ronaldinho, han sido aquellos que humildemente se han dedicado a la tarea de defender en conjunto, atentos a todas las posibilidades de ser ‘apuñalados’ por los azulgranas. Entre esas posibilidades, las de esos pases mortales que decía al comienzo. Los equipos que le dieron demasiada importancia a Ronaldinho y a sus piruetas circenses, se dejaron marear por ello y pagaron muy caro su boca abierta de sorpresa y admiración. A pesar de que son muy raros los goles marcados por el brasileño genial, tras ganar un enfrentamiento uno a uno. (Otra cosa es Messi.) Y, en general, bien visto, Ronaldinho, a pesar de su gran técnica y poderío físico, no comanda ninguna tabla de goleadores. ¿A qué tenerle miedo, entonces? Esperemos que Chemo del Solar sepa inculcarles a los jugadores esa confianza en sí mismos, que es algo que necesita a gritos desde hace -ya- décadas nuestra selección. Porque se trata, pues, de jugadores profesionales, muchos de ellos codiciados por grandes clubes europeos. Seamos claros: las deficiencias de nuestro deporte base no las vamos a salvar con estas eliminatorias (ese es otro tema candente), pero, sí -estoy convencido de ello-, nuestros jugadores tienen más de un argumento para arrancarle algo más que un empate a Brasil. Para mí, ha llegado la hora de arriesgar fuerte. No solo basta esperar y rogar que Brasil no nos golee o humille en casa. Tenemos que salir alguna vez a cumplir el reglamento: llevar la pelota a que traspase la línea de gol contraria. ¿Qué podemos perder en ese juego que conocemos desde nuestra niñez, después de todo? Aunque nos salga el tiro por la culata, podríamos saber hasta dónde somos capaces de llegar ofensivamente, por lo menos. Y no seguir con esa sensación del novio que conoce a la novia con la que nunca se llegará a casar, solo por fotografía. ¡Cohesión, concentración y riesgo ofensivo!, tendrían que ser entonces las consignas, para el partido de mañana domingo contra Brasil en Lima.

HjorgeV

Colonia, 17-11-2007

¿LAS ALEMANAS O LAS BRASILEÑAS? Deben ser los largos años que llevo en este país y mis cuatro hijos germano-peruanos los que ya no me permiten gritar enseguida “¡Brasil!”, ante una pregunta así, como antes. Además, las jugadoras alemanas se lo han ganado discretamente, sin muchos aspavientos, casi humildemente, y todo eso a pesar de no tener mucho a su favor. Son las actuales Campeonas del Mundo y aquí en su propio país, la gente apenas se ha enterado de ello.

El fútbol ya no es capaz –salvo en el Mundial pasado, celebrado justamente aquí- de mover pasiones más allá de los límites que demarcan los verdaderos aficionados. Además, a su carácter supuestamente proletario que tenía en este país, ahora hay que agregarle el agregado del gran circo mediático que ahora lo envuelve, con todo lo bueno y lo pésimo que eso pueda conllevar y denotar. El Mercado, como siempre, solo quiere vender, aún a costa del deporte mismo del cual se ocupa. Las mujeres no tienen la suerte de ser consideradas dentro de él. Son prácticamente ignoradas por el común de las gentes. Hay que tener en cuenta, además, que hasta 1970 y por esas razones que hoy no podrían aludirse, el fútbol femenino estaba prohibido en este país. Hoy las muchachas jugarán la final de este Campeonato Mundial Femenino de Fútbol China 2007 enfrentándose nada menos que a Brasil, equipo que goleó 4-0 a las favoritas de EEUU en la otra semifinal. Al momento de escribir esto –faltando unas cuatro horas para que empiece el partido-, no tengo la más mínima idea de quién pueda ganar. He visto, sí, los goles de casi todos los partidos en fifa.com. Y si algo he notado en el equipo brasileño, son sus grandes cualidades técnicas y su intenso -fogosísimo- deseo de ganar y hacer bien las cosas. Algo que no necesariamente se podría decir de las selecciones brasileñas masculinas de los últimos años, tan medrosos algunos de sus integrantes aún en eso de gastar energías. Lo más natural del mundo en un deportista.

Solo he visto -parcialmente, además- un par de partidos de todo este Mundial, justamente por lo que digo arriba: los partidos de la selección femenina apenas han sido mostrados por la televisión alemana. Ahora que Alemania ha llegado a la final, las cosas han cambiado y la curiosidad pública se ha despertado. Es duro, pero es así, y a las chicas no les queda sino seguir adelante con su programa, tan exitoso hasta ahora. Para empezar, como parte de ese programa, está la nueva entrenadora de la selección, Silvia Neid (43). Los medios de comunicación recién la empezaron a tomar en cuenta, después de que sus chicas pasaran a los cuartos de final. -Qué gusto de verlos –les dijo a los periodistas, fotógrafos y camarógrafos, entre irónica y divertidamente. “¿Existo, no?”, bien podría haber agregado. Y es que nadie daba nada por ella antes de este Mundial, a pesar de todo el historial de triunfos deportivos que acreditaba su presencia en el puesto de entrenadora de la selección nacional que ahora ocupa. Las mujeres lo siguen teniendo más que difícil. Aquellas que se atreven a ocupar algún puesto directivo, aún más. Hasta el 2003 fue la asistente de su especialmente exitosa antecesora, Tina Theune-Meyer. Hasta la semana pasada, Silvia Neid no había ganado nada como entrenadora.

De tal manera que el escepticismo era algo que rodeaba como un aura a alguien como ella, que aparte de su talento, posee un título profesional que no tiene nada en común con su puesto actual, el de vendedora de carne.

¿Cómo podría ser de otra manera, si aún las mujeres que juegan en primera profesional, apenas ganan lo suficiente y tienen que ejercer un segundo trabajo o profesión para subsistir?

Lo digo con conocimiento de causa. Fui entrenador de las divisiones inferiores del FFC Brauweiler, el equipo femenino de un pueblo aledaño al nuestro, y que llegó a ser campeón de la Erste Bundesliga, la primera división alemana, por esfuerzo propio. Llegado a ese punto, el equipo fue desmantelado por los dos o tres equipos más poderosos de este país. Ahora, el Brauweiler, después de haberse pasado la última temporada sin haber ganado ni un solo partido, se encuentra en segunda, soñando con volver a primera. Pero Neid no es una cualquiera. Como jugadora estuvo siempre entre las sobresalientes. En su debut en la selección, hace 25 años contra Suiza, marcó dos goles. En el Primer Mundial Femenino de Fútbol –celebrado también en China- fungió de capitana de la selección. Además, es una de un grupo selecto de cinco jugadoras germanas que han estado en todos los 5 Mundiales Femeninos hasta ahora realizados. Se dice de ella que tiene una alta capacidad analítica, especialmente del rival, y que ha conseguido armar una férrea defensa casi al estilo catenaccio. Ese sistema defensivo a base de sogas, esposas, cadenas, cepos y trampas que inventaron los italianos y que habrían seguido desarrollando hasta concebir jaulas y usar armas para aturdir al adversario si el reglamento se los hubiera permitido. Que esto no engañe a nadie: Alemania figura con 19 goles en cinco partidos como el equipo más ofensivo del torneo.

Lo que sí es indiscutible es que ha sabido proporcionarle a su equipo un claro sentido de juego en conjunto, sin temer a incluir jugadoras muy jóvenes e inexpertas junto a sus favoritas, las experimentadas y fogueadas como Birgit Prinz. (Ésta última goleadora absoluta del Mundial del año 2003, elegida como Futbolista del Año a nivel mundial en el 2003, 2004 y 2005; siete veces Futbolista del Año en Alemania y, con 14 tantos, lidera la tabla de goleadoras absolutas de los Mundiales de Fútbol Femenino. ¿Quién lo sabe?) Las más jóvenes se dirigen a ella -la entrenadora- como Frau (‘señora’) Neid. Las más antiguas la llaman, simple y coloquialmente, Silv, un apócope de su nombre. Algo que solo puede hablar de su gran ascendencia sobre el equipo y del respeto que se le tiene. Se afirma que si no está contenta con el juego de alguna, se acerca al borde del campo y le espeta “¡Muévete!”, enviando inmediatamente a dos jugadoras del puesto correspondiente, o parecido, a calentar, como prueba de la seriedad de sus palabras o de sus intenciones. Que es alguien que sabe vender, ya lo ha demostrado como vendedora de salchichas detrás de un mostrador o vitrina de tienda durante largos años y, últimamente, en el negocio mayorista de flores. Ahora solo le queda saber ‘vender’ bien –aún mejor- este equipo de talentosas jugadoras alemanas. Que gane la mejor escuadra. Será un lindo partido.

HjorgeV

Colonia, domingo 30-09-2007

UN TROFEO PARA ÁFRICA

“Aunque ningún dios de los humanos sea negro, este Mundial Sub-17 tendría que ser, perfectamente y con justicia, africano”, escribí sobre el partido que perdió Argentina frente a Nigeria hace una semana.

Hoy, viendo la final del Mundial Sub-17 entre España y Nigeria en directo en FIFA.com, cumplí mi sueño de ver un partido y escribir paralela y sincrónicamente, la crónica del mismo.

Si bien, me hubiera gustado que ganara España, me parece muy bien que el Continente Olvidado empiece a recoger todo tipo de trofeos.

Me parece muy bien que esta vez las fotos que verán los niños africanos en los diarios de los próximos días, no sean solo las de aquellos que se mueren en el mar intentando buscar un simple y humilde futuro sin hambre en Europa. Por simple simetría -y aquí no es el caso-, se lo merecen. Nigeria ya lleva tres en esta categoría. Carajo. MUNDIAL SUB-17: ESPAÑA SE RINDE EN LOS PENALES ANTE NIGERIA Empezó muy bien el partido España, llegando a tener una clara oportunidad de pasar adelante en los primeros minutos. Tenían los peninsulares claro contra quienes estaban jugando: unos muchachos durísimos, agilísimos y muy rápidos, y que sabían muy bien para qué sirve un balón. Ya no son los jugadores inocentes que no saben lo que es una cámara de televisión ni los asusta un gran estadio. Son jugadores contra los que no te puedes confiar en cuestiones de músculo y contra los que no te puedes permitir ningún error que pueda dejar libre la autopista hacia tu arco. Si a eso le agregamos 5 aspectos resaltantes del conjunto nigeriano, podríamos tener una clara idea del peso del rival que le había tocado a los españoles.

1. Estos jugadores africanos ya no abusan del dribbling, gambeta o regate como antaño.

2. Saben lo que es actuar disciplinadamente, en conjunto y a favor de él.

3. A pesar de que no tienen la brújula ajustada del todo, la verticalidad que han ganado es asombrosa. Hasta no hace mucho era relativamente fácil, con un buen sistema defensivo (catenaccio), hacerlos pasearse y gambetear horizontalmente, sin mayor peligro verdadero de gol.

4. Su capacidad de sacrificio ha aumentado.

5. Cada vez más son más peligrosos cerca del arco, allí donde antes parecían sufrir de un súbito ataque de parálisis.

Para mi personal gusto, España se enfrentó demasiado a Nigeria a golpe abierto, como en el boxeo. Algo que puede tener sus ventajas en el fútbol. Sí. Puedes bajarle la moral a tu rival allí donde él se creía imbatible, por ejemplo. Y esto creo que es algo que funciona especialmente bien con los equipos africanos. Si sabes y puedes mantenerte en pie, claro. La desventaja es que te pueden dar verdaderamente duro y, en un descuido, meterte un buen piñazo. Y de allí, mejor parar de contar. Pero España tiene jugadores excelentes. Iago Falqué, el 14, por ejemplo. Peligroso hasta cuando te da la mano para saludarte el del Barcelona. http://es.fifa.com/u17worldcup/news/newsid=590232.html#iago+polifuncional+suena+titulo O el 12, Lukas, que engancha la pelota como los grandes y con un par de movimientos mentirosos desplaza a los jugadores del equipo rival como si los tuviera reposando sobre el lente de su largavista. De esos que con una sola jugada suya, te preguntas cómo puede ser posible que todavía no sea conocido internacionalmente. Sergio, el 15, que ya podría estar jugando en cualquier equipo profesional. O, simplemente, Fran Mérida, el 10. Y entonces, a la media hora del partido, en este intercambio abierto y sincero de golpes que era el partido, Nigeria se empezó a ir por las puntas, especialmente por la derecha, y sus jugadores se pusieron a hacer eso que saben hacer muy bien: el dribbling, regate o gambeteo (cabrear, se dice en mi país) en espacios reducidos y sin que importe mucho la orientación. Si hay más piernas, mejor, aún, para ellos. En un par de jugadas bien hilvanadas, casi como en un entrenamiento de ataque rápido, desborde y gambetas complementarias, podían haber sellado los africanos perfectamente un 2-0, relativamente justo a estas alturas del encuentro. Entonces, como estábamos en una contienda de golpe limpio, en un saque de esquina, la pelota se la encuentra un español a apenas tres metros del arco y lanza un zapatazo que choca nadie supo bien dónde, pero que no entra. (En el abdomen de un defensa nigeriano, se ve después.) 2 a 1, en la teoría. En la práctica, seguía jugándose un partido de alto riesgo y, por otro lado, se acercaba el –para ambos- ansiado descanso. Creo que cuando mejor estuvo España en esta etapa, fue cuando los muchachos españoles se dedicaron a hacer lo que saben. Pisar y llevar bien el balón. Administrar su desarrollo sobre el campo y sus trayectorias. Sacarle provecho a la gambeta bien hecha, esa que se tiene que repetir miles y miles de veces en los entrenamientos. Lo único que le faltaba era un poco de suerte. ¿Sabían sus jugadores que era, con todo, una verdadera suerte haber llegado vivos al pitazo intermedio ante unos leones de jugadores como rivales? Antes de la pausa, Nigeria volvió a tener un par de oportunidades, pero, curiosamente, en ellas salió a flote ese gesto que tanto daño suele hacer a los conjuntos africanos: la desesperación. Ahora a los españoles solo les quedaba sacar provecho del descanso y del gesto anterior. SEGUNDO TIEMPO España volvió a salir a hacer un partido franco. Que gane el mejor y punto. Qué demostración de confianza en sí mismos. Como latinoamericano, con dos apellidos españoles a la espalda (es un decir), ¿qué más deseaba? Eso es algo que como espectador también hay que saber agradecer, aunque después no queramos que se nos acabe el partido. Nigeria, como para hacernos recordar que no se había movido del campo y allí seguía, casi le clava el aguijón a su rival alrededor del minuto 55. Tal vez la gran diferencia en el juego de estos dos equipos en esta segunda etapa, estaba en la actitud. España parecía estar jugando un partido más. Uno especialmente duro y difícil y en el que tendrían que tener mucha suerte para salir como vencedores, pero un partido más al fin. Eso es algo que a esta edad se sabe o no se sabe. Y se actúa consecuentemente o no. Positivo español, en ambos casos. Nigeria, por su parte, no estaba jugando un partido de fútbol oficial más. Los nigerianos estaban jugando el partido. Su encuentro. Una final de un campeonato mundial de su deporte rey, más rey aún que el león. Un trofeo que no se ha atrevido a pisar en su versión adulta, –todavía- quizás por temor, las tierras del continente africano. En esos casos, el mismo reloj se vuelve una bomba de tiempo que gotea ansiedad a cada minuto que pasa, allí donde solo debería haber agua y paciencia. Y un 0-0 te puede llegar a parecer una derrota. Faltando menos de media hora para el final del encuentro, España, a pesar de haber podido recibir la estocada, empezó a mostrar rutina y cierta tranquilidad: oro y plata en situaciones de este calibre, en las que también está claro que quien marca un tanto, puede considerarse como ganador. Mérida, en el minuto 70 tuvo la oportunidad en el pie derecho, después de haber llegado al área medio ladeado desde la izquierda. Una de esas jugadas que no requieren de extrema pericia técnica, pero sí de un gran cálculo sincrónico y angular, porque te quitan en forma bella el obturador de tu lente, con un solo cambio de pie, permitiéndote a continuación la captación casi en cámara lenta de tu gol. -¡Tranquilo!- se escuchó desde el banquillo español ante la oportunidad perdida por él. Como tiene que ser. (El delantero necesita tranquilidad y concentración absolutas.) A continuación, en un afán de simetría, el nigeriano Yakubu Alfa, el 13, le repitió una versión más barata, sin fuerza, por suerte; seguida de una genial puntada de Aquino, el 16, que no tuvo conclusión feliz. Como era una pelea de golpes francos, al minuto siguiente, un defensa español casi le regala la pelota en los pies a un delantero nigeriano. (Solo faltó que le pidiera un autógrafo.) El dios Tictac seguía corriendo. Nigeria empezó a tratar con pelotazos aéreos. Tiene buenos y fuertes cabeceadores el equipo africano. Lo que le faltaba a sus jugadores era ese plante de músculos y nervios, ese temple que requieren los centros si se desea que sean precisos. Como ha pasado en muchos campeonatos mundiales, con el paso de los minutos y acercándose el final, los africanos empezaron a descreer de sus fuerzas y posibilidades y a cometer ese tipo de errores mínimos que después se pueden convertir en una bola de nieve capaz de hacer rebalsar un lago y arrastrar con toda una población. Mientras tanto, el entrenador nigeriano seguía sentado en su lugar, casi inmutable, como un abuelito que solo puede escuchar el partido por la radio, pero que sabe que ha hecho bien las cosas y solo le queda esperar el designio de esa señorita tonta, bella y veleidosa llamada Fortuna. A los españoles, por su parte, parecía haberles crecido un tercer pulmón y mucha madurez con él. Solo tenían que administrar el empate un par de minutos más y seguir con su confianza en sí mismos. El planteamiento –que espero haya sido algo deseado por parte del entrenador: el juego franco- les había funcionado y estaban dominando los últimos minutos de la final. Nigeria, pasó, asombrosamente, a estar perdida en el campo. La pócima de brujería que le habían aplicado los españoles en la pausa parecía empezar a hacer su efecto. No hay mejor forma de jugar bien que cuando te la crees. Ese estar fresco. Todo te sale, entonces. Así había empezado Nigeria. Así terminaba el partido, pero para los españoles. Hasta que en una tijera del capitán Camacho contra un rival -y con la que recuperó más o menos limpiamente el balón-, el árbitro estuvo a punto de meter su mano de dios e inclinar la balanza hacia los nigerianos. Pero todo no pasó de un buen susto. El partido se acababa. Nigeria sentía perder con el empate. España, tranquila. Por lo menos aparentemente. Estaba por decir yo que habría que escribir un tratado sobre la paciencia en el fútbol, cuando, ya en los adicionales, Aquino por un lado y el 15, Sheriff Isa, por el otro, se lanzaron unos zarpazos sucesivos, tan tremendos, que bien pudo haberles costado la cabeza a ambos; seguidos de un tiro libre que el arquero africano Ajiboye estuvo a punto de convertir en un autogol. El japonés, Nishimura Yuichi, hizo entonces lo mejor que un árbritro sabe hacer en estos casos: dar un par de minutos de descanso para volverse a ajustar las torcidas cabezas y regresarlas a sus correspondientes sitios los dos gladiadores. Lo bonito de este deporte llamado balompié es que reúne elementos de varios deportes y actividades diferentes. Está la comparación con una lucha o batalla, y, sin embargo, no hay muertos ni heridos. Se trata de una simple alegoría. Una metáfora. Una sublimación, además. No lo que desearían algunos: golpes aniquilantes, peleas de verdad, sangre, arena. Brutalidad. (Nos pesque confesados, como dirían mis tías.) Están los movimientos que tienen mucho de atletismo, ballet y baile. De tango. De salsa y samba. (De orígenes claramente africanos, estas dos últimas.) Está lo que tiene de deporte ciencia, de ajedrez. Lo que tiene de táctica y estrategia. Lo que tiene de poder mental. Los minutos finales se estaban colmados de estas características. Hasta que llegó el periodo suplementario. El juego de cabeza, músculo y corazón, había pasado a convertirse, además, en uno de nervios. El que mejor los tuviera puestos saldría ganador. ¿O sería otro de esos encuentros en los que la Señora Suerte querría hacer cumplir su voluntad impredecible y banal? Son esos momentos en los que la ansiedad contamina todas las herramientas como un aceite maligno, haciendo que no funcionen como acostumbran a hacerlo y, haciendo resbalar, añaden la sorpresa propia como regalo perverso adicional. Son esos momentos en los que la simple actitud de conjunto puede aniquilar la mente del rival. Son esos momentos en los que, muchas veces, nadie quisiera estar ya allí y que sirven, por eso, para dirimir cuáles son las otras características también importantes de un equipo. Su capacidad de lucha, de terquedad; pero en los que también hay que saber actuar con tranquilidad y cierta parsimonia, mostrándole al rival que puedes llevar el pantalón húmedo, pero que no por eso estás dispuesto a dejar de morder. (Tener miedo en estos casos no es malo ni inusual. Pero así como a la pelota, al miedo hay que saber administrarlo.) Nigeria tenía más de un verdadero velocista entre sus líneas. De esos que tienes que tomarte un par de metros de ventaja si tienes que enfrentarte con él en una carrera por el balón. Pero, que, si mides mal, tu rival, desagradecido como siempre, puede usar muy bien el hueco que tú mismo has creado para excluirte de su jueguito y hacerte verdadero daño por otro flanco. En un enfrentamiento así, al 4 de España, a David Rochela, se le coló uno de esos atletas que los africanos suelen esconder en algún lugar entre el campo y las tribunas, y que se visten con el mismo uniforme, entran ilegalmente al campo reemplazando a uno de los jugadores, y te dejan sentado para que los veas pasar, como el infante que ni siquiera ha aprendido a pararse todavía. Kabiru Akinsola, el número 8, con un precioso y deseado tiro desde su propio campo y desde una distancia de unos 60 metros, falló por unos 5 centímetros. ¿Porcentaje de error? 0,083%. (El cálculo no es correcto, porque hay que tener en cuenta el tamaño de la pelota; pero es de lo que se suele hablar.) Un gol del siglo, pensamos todos (acaba de empezar). Y un Mundial Africano. Como el fútbol no lo inventaron los dioses, o -tal vez- por lo mismo, siguió el partido. ¿Quería irse España ahora a los penales? ¿Sintió desfallecer? ¿Se asustó con ese portento de idea y ejecución de Akinsola? Lo cierto, es que reaccionó bien y empezó a amontonar hombres por las bandas. Allí donde se escondían esos atletas disfrazados de los que hablo. Los españoles están acostumbrados a vivir con bombas que pueden explotar en cualquier momento en cualquier lugar. España es el único país de Occidente, en el que una banda terrorista como ETA, se puede dar el lujo de tener un respetable apoyo ciudadano y eso es considerado normal. Vistos esos antecedentes, el equipo español no tuvo problemas para resistir bien a la presión del dios Tictac, el de los mecanismos de relojería. En un buen gesto táctico, Iago cambió de punta y volvió a su banda izquierda. Pocos momentos después, el juez japonés permitió que los nigerianos se cobraran un tiro libre con la pelota todavía rodando. A lo que siguió un tiro libre felizmente inocuo para España. ¿Dónde obtuvo este árbitro japonés su licencia arbitral?, me pregunté. ¿En una tienda de Yamaha? Lo que sí propició esa patinada del juez –pero los españoles también lo permitieron- fue hacerles perder la concentración que venían manteniendo. Cinco minutos más. Son esos momentos en los que hay que actuar con cara de palo y no dejarse turbar el gesto por nada. Ni por un gol. (No se está perdiendo por cinco o tres a cero. El partido va cero a cero. Hasta un gol, se puede igualar, todavía.) Cara de palo y adelante, decía, y ahí vino la oportunidad de Iago. Un disparo desde unos 35 metros que el portero desvió al corner, seguido de otro ataque español. El partido de golpes francos, se había convertido en uno de nervios francos, ahora. Ya valía cualquier cosa en el par de minutos finales del partido: codazos, faltas graves por ambas partes, trampillas, poses histriónicas, pelotazos al cielo para calmar al Dios Relojero que vive en las nubes, seguramente. Un partido vibrante. De esos que solo pueden terminar definidos por los penales. Allí donde empieza otra fase diferente y que tiene sus propias reglas de juego y dramatismo. Sin olvidar la tragedia. Pero esa ya será historia, me dije, empezando a relajarme. Quise ver un buen partido y mi deseo se ha cumplido. Quise escribir paralelamente y mi otro deseo también lo he cumplido. Si este es un ejemplo de lo que se nos viene en el futuro, entonces, me dije, atención Mundo, atención Mayores, que África ya hace demasiado tiempo que se está haciendo esperar. (Como soy de los que se desean justicia en el mundo, hasta esto lo aplaudo y me alegro por el Continente Olvidado.) Por otra parte, me puedo imaginar perfectamente que de la base de este excelente equipo de muchachos españoles salga la selección del próximo o del subsiguiente mundial de mayores. Por lo menos. Eso, independientemente del resultado que ya conocemos todos, pero que yo no conocía cuando terminé de escribir esta última palabra.

HjorgeV, domingo 09-09-2007 14:32

ARGENTINA TAMBIÉN SE DESPIDE ANTE NIGERIA

Un equipo particularmente robusto y esclarecido este nigeriano.

Ya pasaron los tiempos en los que los equipos africanos apenas sabían dónde estaba el arco contrario, salvo por el grito histérico de las graderías. Eso sí, siguen reaccionando en alguna ocasión con bastante pánico en el propio. Pero eso no es todo.

Un partido vibrante minuto a minuto, como si estuviera claro que el ganador sería/será, seguramente, el campeón de este torneo.

La gran diferencia que marca Argentina, y que la diferencia de selecciones como la nuestra, está en su gran rutina.

Mientras que los nuestros todavía no parecen tener claro donde está la puerta del autobús que deben conducir y se dejan aturdir con las vicisitudes del viaje (lluvia, pasajeros que suben y bajan, frenazos, momentos de peligro); los argentinos se suben a su vehículo, se sientan como si lo llevaran haciendo cien años, encienden el motor y nadie los saca de su concentración hasta el final. Dicho en tres palabras: lo tienen claro. Lo suelen tener claro.

Saben de qué va la cosa. Y tienen todos los elementos que necesitan para un viaje/partido así: físico, vista panorámica, fuerza de conjunto, claridad conceptual, sacrificio, paciencia, nariz (intuición) para reconocer las verdaderas oportunidades.

Sin embargo, les llegó un penal cuando menos lo esperaban. Casi injusto, además, y los tanos, demasiado sorprendidos como para recapacitar y sentar cabeza, perdieron los papeles. Y ya no los volvieron a encontrar entre tantas piernas verdaderamente fuertes y más que ágiles y más que rápidas y más que morenas.

Llevamos viendo unos veinte años cómo las selecciones africanas mejoran cada vez más y, a pesar de todo, siguen siempre a un gran paso por detrás de muchas otras como Argentina o Brasil, Francia o Alemania, para poner algunos ejemplos.

En este mundial, se están viendo cosas diferentes. Jugadores del continente negro menos desesperados en el juego, con las cosas más claras en la cabeza, gran voluntad de sacrificio, deseo de jugar en equipo y mucha disciplina. Casi militar.

Es el fruto del trabajo de entrenadores que han visto con indignación cómo teniendo el potencial necesario, éste no se traduce en éxito a nivel de estas competiciones mundiales.

Cuando África aprenda a relajarse un poco más, adquiera rutina y más confianza en sí misma, será muy difícil ganarle.

En el penal, el delantero se tropieza consigo mismo. En esos casos es muy difícil saber hasta qué punto ese tropiezo no fue inducido por el rival de forma mínima. De tal manera que se puede tachar de discutible la propuesta irrebatible del árbitro, pero defendible.

Poco antes de terminar el primer tiempo, teniendo a los argentinos encima, se vio claramente cuáles son aún las grandes deficiencias africanas: su gran inclinación por el caos absoluto y la histeria colectiva en la defensa en casos de gran peligro y la ingenuidad de los arqueros africanos en los balones que vienen por alto.

Esas cosas que se aprenden jugando desde niño en campos con medidas oficiales y una pelota, también, oficial. Con guantes, además.

A Argentina, y particularmente a Meza (el capitán, defensa y receptor de una tarjeta amarilla en el discutible penal), le dolió el gol. Quizá más de lo necesario. En ese punto en el que es posible tirar la rutina por la borda de pura obnubilación. ¿Qué tenía que reclamar él si ya se sabe que un árbitro no puede corregir su decisión?

Si cometió un error en este primer tiempo el equipo albiceleste, fue el de querer igualar inmediatamente, llamando en cambio la ansiedad a gritos, que es el peor enemigo de juegos como este, donde la concentración y la fortaleza mental son tan importantes como la técnica y la condición física.

En ese estado de cosas, encajó su segundo gol; justamente en una jugada donde tratar de detener al atacante africano podría haber significado otro penal y una posible expulsión.

Así, los argentinos terminaron la primera parte del encuentro con un marcador adverso y en una situación que no podían haberse imaginado al comienzo del partido.

¿Responderían desesperándose aún más o saldrían a confiar en su aparente superioridad conceptual y esperar a que el dios del juego les sea favorable?

Transcurridos 65 minutos de juego, la pregunta ya no era la misma, pero Nigeria, por su parte, no se lo había puesto más fácil a los argentinos, sino mucho más difícil. El partido se acababa y no habían encontrado una fórmula concreta para contrarrestar dos goles en contra. Sospecho que faltando 15 minutos de juego, los muchachos argentinos ya se habían rendido mentalmente del todo. Si ya no lo habían hecho antes, al ir al descanso.

Porque ya no fueron capaces de aprovechar situaciones menos complicadas y más rutinarias, y sus delanteros perdieron toda mordida.

Cuando en la cabeza se cierran las llaves de esos combustibles llamado deseo y confianza en sí mismo, hasta las cosas más sencillas no te salen por más que lo quieras, justamente, por quererlo demasiado y perder energías y concentración en ese deseo.

África está aprendiendo y madurando futbolísticamente. Les queda un largo trecho por delante, pero les llegará su momento.

El partido terminó con Nigeria yendo cada vez a más y con unos jugadores argentinos durísimos, como agarrotados mentalmente, y agradeciendo no haber perdido por goleada.

Aunque ningún dios de los humanos sea negro, este Mundial Sub-17 tendría que ser, perfectamente y con justicia, africano.

HjorgeV 02-09-2007

UN SOLO MINUTO DE LUCIDEZ

Cinco partidos. Dos ganados, dos empatados y uno perdido para Perú en este Mundial Sub-17 de Corea. Despedida final después de haber llegado a los cuartos de final.

No está mal para empezar a recuperar la ilusión. Pero esta misma ilusión hizo que el último partido y este mundial, en general, nos supieran a poco.

No sé quién dijo alguna vez que no veía los partidos de la selección para no amargarse. Recuerdo que entonces me pareció una afirmación absurda. ¿Amargarse por un partido de fútbol?, me pregunté entonces. ¿Fue un peruano? (Seguramente se puede aplicar más o menos a cualquier nacionalidad.)

Hoy quedó completamente claro que Ghana no le había ganado a Brasil de pura casualidad. Ghana gana y se va con fuerza hacia la final.

Tienen un juego duro estos muchachos africanos, lejos de las acrobacias propias de artistas de circo pero apenas con brújula a las que nos solían tener acostumbrados los equipos africanos hasta no hace mucho.

Se ve disciplina férrea en el equipo ghanés. Ganas de ganar y mucha responsabilidad, por más que empezaran el partido con el miedo colgándole de las camisetas -como condecoraciones- al igual que los peruanos.

Las estadísticas hablan lo suyo. Posesión del balón: 55 contra 45%.

Ya transcurrido un cuarto de hora del partido, había que ser muy iluso para creer que Perú podía ganarlo. ¿Cómo?

Con el planteamiento ultradefensivo, solo hubiera sido posible gracias a algún contragolpe, algo para lo que se necesita fuerza, rapidez, rutina y contundencia. Cuatro elementos en los que estábamos en clara desventaja y que no caen del cielo.

Como todo no era rosas en el equipo africano, nuestra oportunidad de gol también la tuvimos, a pesar de que apenas disparamos al arco contrario.

En los momentos en que Perú pudo administrar bien el curso del balón, los muchachos lo perdieron casi infantilmente. ¿Por qué?

Si nos guiamos por cómo le salió la mayoría de centros y pases al mejor de los jugadores peruanos, a Manco, debo suponer que una vez más se jugó con ese tipo de pelota muy dura y poco elástica que seguramente inventaron los alemanes y que es un atentado contra este deporte.

Esto no es una disculpa, puesto que los dos equipos jugaron con el mismo instrumento.

Pero para el tipo de juego peruano, las características de la redonda importan tanto como qué bebida es la que acompaña mejor nuestros platos. (No es oscura.)

No me he cansado de repetirlo como entrenador en este país: basta que el peso y la presión del balón cumplan las reglas. Pero lo he comprobado con balanza en mano: a pesar de que ahora la pelota es más ligera y más pequeña que antes, se la infla –por manía tradicional- simplemente demasiado, adquiriendo otras características diferentes a las que un peruano criado en el fútbol de la calle con un balón ligero y elástico, está acostumbrado.

(Es lo que explica los errores de grandes jugadores muchas veces. Presten atención alguna vez en cómo rebota la pelota y el sonido que produce. Si es posible matarla rápidamente o no. El que está acostumbrado a pisarla lo nota enseguida. El que ha estado de jugador en el campo y le importa la técnica, sabe de qué estoy hablando. No hay otra forma de explicarse tantos balones sencillos perdidos. No en jugadores profesionales.)

Las condiciones climáticas eran muy malas para un equipo que le gusta la pelota bien puesta al pie y sin complicaciones.

Si algo deberían aprender de una vez por todas, todas nuestras selecciones, sería a aceptar que a veces es necesario jugar en situaciones de adversidad múltiple. Muchas veces bastan uno o dos goles para desarmarnos mentalmente, o un árbitro particularmente pesado. Un dos a cero no es irreversible si queda más de media hora. El rival es el que debería ponerse a temblar, por parecerle poco para relajarse.

Pero el portero de nuestra selección tuvo que ser amonestado por su histérica reacción luego del segundo gol, como mal indicio de lo que pasaba por las mentes de nuestros jugadores. Malísima solución, además. ¿Qué se gana renegando en el campo de juego? (Se pierde mucho, en cambio.)

Eso queda en manos de los entrenadores. Dar líneas claras: A los jugadores del propio equipo se los alienta hasta el minuto 93 ó 95. Es una orden. Punto.

Por otra parte, si el jugador peruano no está acostumbrado a jugar con lluvia no es algo malo. Pero ya tendrían que existir recetas claras y precisas de juego en casos así. Pero, no.

Perú pasó de pescar con red o anzuelo a hacerlo con las manos y creyó que era lo mismo.

Jugó como si las condiciones fueran las mejores y apenas pudo tratar bien el balón. Algo dramáticamente ostensible en el caso del portero Hermoza, quien, al darse cuenta de lo difícil que lo iba a tener con el balón mojado y sus propios nervios, optó por resignarse a no detener ninguna pelota, y se dedicó a simplemente despejarla durante todo el partido.

El conjunto ghanés fue muy superior. Pero justamente contra equipos así, no puede existir una inocentada como esa de lanzar el balón por la propia línea de fondo y no por la lateral en caso de peligro.

A Perú sólo le vi un minuto de buen juego.

Ese fresco, en el que se toca con precisión, entendiendo la geometría dinámica del juego y se va avanzando mientras se van dejando a la vez varias puertas abiertas mareando al rival, con ganas de llegar arriba y divirtiéndose en el camino.

Pero eso fue un solo minuto.

12 remates ghaneses al arco contra uno solo peruano.

Estas cifras son las que hablan más que cualquier intento de análisis.

HjorgeV 02-09-2007

PERÚ PASA A CUARTOS DE FINAL DEL MUNDIAL SUB-17

No sé cuántos años han pasado desde la última vez que mi país se clasificó para un mundial.

Lo primero que se me ocurre es pensar en nuestra tablista, campeona mundial, Sofía Mulanovich.

En el fútbol, los muchachos Sub-17 lo han conseguido.

Además de eso, ahora acaban de pasar a cuartos final, donde se enfrentarán a un equipo tradicionalmente duro en este tipo de competencias, Ghana, que viene de ganarle nada menos que a Brasil en este mismo torneo.

A pesar de que no soy hincha de ningún equipo (porque a mí me fascina el balompié como deporte ciencia, comparable con un ajedrez rápido, grupal y geométrico, y no la camiseta que viste al que mañana puede ser tu rival), cada vez que pierde o gana la selección de mi país, no me puedo quedar indiferente.

Soy de los que sufren tremendamente porque no nos clasificamos desde hace más de un cuarto de siglo para un mundial de mayores. Y eso, no solo porque soy peruano, sino también porque sé del gran potencial balompédico que existe en el Perú.

No sólo tuvimos, tenemos, un gran potencial todavía (eternamente, al parecer) en ciernes y hemos empezado a exportar jugadores –por supuesto, todavía muy lejos de ser lo que son las fábricas Brasil y Argentina, y tampoco ése debería ser el ideal-, además, en el Perú existe algo que en el mismo país que vio nacer a Pelé es más reciente: la tradición futbolística.

En mi familia también existe cierta tradición, para poner un ejemplo infantil. Casi todos mis hermanos varones lo juegan y muchos de mis tíos, también. (Mi hermano menor podría haber llegado fácilmente a jugar como profesional; en cambio, fue tricampeón nacional de decatlón y ahora hace su doctorado en biología marina, si no me estoy equivocando.)

En mi niñez, de visita en la casa de mis abuelos maternos, pasaba a diario por una fotografía muy bien enmarcada que mostraba la imagen de mi abuelo Remigio vistiendo los colores del Deportivo Barranca. Mi mismo padre, quien aún es profesor universitario –de Física Cuántica- era un fanático de (jugar) el deporte al que me estoy refiriendo. Como él se separó de mi madre cuando yo tenía solo un año, pasé mi niñez y mi parte de mi pubertad recibiendo su visita semanal de los sábados.

Bueno, pues, una de las cosas que mejor hizo por mí, fue esa de animarme a jugar con quien fuera. Partido que se armaba en algún parque, allí me enviaba él a preguntar si podía jugar.

Tal vez una de las anécdotas más duras –en muchos sentidos, por sus varias connotaciones- fue la que me tocó vivir hace un par de años, cuando jugamos una pichanguita o partidito de domingo en el club El Bosque de Chosica.

Éramos, creo, tres contra tres o tal vez con un jugador más por equipo. Se trataba de un partidillo altamente informal, donde no estaba en juego nada más que la diversión y el esparcimiento sobre el césped. Las edades de los participantes eran muy disímiles entre sí.

-¡Pásala, pásala! –era la consigna que más me había repetido de niño mi padre.

(Lo aprendí tarde y es sumamente trivial, pero no por eso menos fundamental: la pelota tiene que moverse entre las propias filas hasta llegar al arco contrario. Si no la pasas no sucede eso.)

-¡Pásala, pásala! –me volvió a gritar ese domingo de sol y movimiento en las incipientes alturas serranas del departamento de Lima. Esa tarde pasé el balón con ganas.

Hasta que en un ataque nos quedamos los dos contra un solo rival, después de haberle pasado yo a él la pelota.

-¡Pásala, pásala! –le grité yo, esta vez.

Mi padre se enfrentó al jugador, me vio solo al lado derecho, debió considerar qué hacer o no, demoró en seguir moviendo el balón y eligió una solución, de las dos más probables o recomendables. (En verdad solo había una: pasármela a mí que estaba completamente libre.)

-¡Pásala, pásala! –volví a gritar, ya agitando los brazos. Con ese gol podíamos ganar el partidito de marras.

Creo que ya saben el final de la anécdota, porque lo intuyen. Mi padre quiso hacerle una huachita al jugador, un túnel. Y falló.

Cuando pienso en mi selección –qué atrevimiento usar el posesivo- pienso también en lo mejor que nos iría si pasáramos la bola más frecuentemente y con mayor rutina.

El caso de nuestros jugadores evidencia algo que muchas veces se deja de lado: la importancia del vigor y la estabilidad mentales para jugar al balompié.

No basta ser bueno, moverla, lucirse, entender de qué va este deporte-ciencia. (Lo es.)

Hay que llevarlo a la práctica con convicción, creer en las propias fuerzas y posibilidades. O, en su defecto, saber sobreponerse a la adversidad.

Los peruanos muchas veces solemos ningunearnos. No valemos nada. No somos nadie. Me estoy refiriendo, especialmente, al jugador que está en la cancha.

Creo que una de las cosas más positivas que surgen de victorias, clasificaciones y avances en campeonatos como este, es que anima a los niños del país a creer en sí.

(La clasificación a México 70 cambió toda mi vida de niño, por ejemplo.)

¿Y eso qué importa?

Importa mucho. Un niño que cree en sí, está más confiado y seguro de sí mismo, aprende sin miedo ni temores. Además, se vuelve entusiasta.

Si por algo me deseo que Perú avance por lo menos una ronda más en este Mundial de Corea, es por eso.

Para que los niños de mi país sepan lo que es creer y confiar en sí mismos, y, haciendo deporte, se mantengan sanos y aprendan a aprender.

Algo así les caería muy bien después de tanto sismo.

Pero todo eso -ya lo sabemos- sólo está escrito en el cielo.

HjorgeV 29-08-2007

http://www.elcomercio.com.pe/ediciononline/HTML/olecultimas/2007-08-29/olecultimas0421673.html

CALENTAMIENTO, ESTIRAMIENTO Y CONCENTRACIÓN

He tenido que vivirlo en carne propia para recordarlo. No es una metáfora.

Después de dos meses sin jugar, empecé a hacerlo hace tres semanas en un equipo de mayores (de 30) de una localidad vecina.

Se trata de gente que ha jugado en diversos equipos de variado nivel y prosapia. Hay un par de ex profesionales, pero la gran mayoría ha pasado por equipos de ligas menores, como es mi caso.

La experiencia está resultando interesante por varios motivos. Además, me ha permitido reencontrarme con el ritmo diario de ejercicio que había abandonado durante más de dos meses.

No sé dónde, leí alguna vez que recién después de más o menos 20 sesiones (días) de algún ejercicio o entrenamiento, el cuerpo se vuelve adicto a él y ya no lo quiere dejar.

Eso era lo que había temido con la larga pausa: que me tomara bastante tiempo entrar otra vez al ritmo del trote diario matutino y de, por lo menos, dos partidos semanales.

Pero, no. He tenido suerte. Casi instantáneamente me ha sido posible volver a la rutina. (Me imagino que a partir de tres meses de interrupción del ejercicio físico, debe ser más difícil retomarlo.)

Sobre el estiramiento existen grandes volúmenes. Uno de mis ocho hermanos (que voy a llamar Nini Saltimbalqui para proteger su identidad), que ha sido tres veces campeón nacional de decatlón -no es una broma y espero no equivocarme con los datos concretos-, me ha dado los siguientes consejos:

El estiramiento óptimo está entre 40 y 60 segundos por músculo. Como nunca sobra el tiempo, el estiramiento se hace en los músculos principales y la elección de los secundarios o menos importantes (en el caso del fútbol, los brazos) va variando cada día para que no se queden músculos sin estirar. Algunas consideraciones: - nunca estirar ‘balanceando’ (puede causar lesiones), sino realizando un elongamiento constante - antes de estirar hay que calentar (por ejemplo, trotando) y, antes de calentar, ‘desarticular’ un poco, haciendo girar los tobilos, rodillas, caderas, hombros, cuello, etc.

Se lo agradezco aquí. (¡Hola Nini!)

Por mi parte, creo que la experiencia que acaba de empezar para mí, ilustra bien el tema.

La primera vez llegué al entrenamiento/partido con media hora de antelación y la utilicé por completo para hacer un calentamiento integral. Sin embargo, no me alcanzó el tiempo para hacer estiramientos.

Jugamos en total más de dos horas –porque íbamos ganando y el otro equipo quería remontar el marcador adverso a como diera lugar- y terminé el partido cansadísimo, pero bien, salvo eso.

Jugué en mi puesto habitual, como delantero, y marqué dos goles; pero más jugué por el equipo, bajando a marcar y repartiendo todas las bolas posibles. De delantero sacrificado, vamos a decir.

Los días siguientes estuvieron marcados por dolores musculares, como lo había previsto. Nada del otro mundo y que también tiene su gracia. (Por lo que te hacen recordar ciertos músculos que uno había olvidado que existían, por ejemplo.)

La segunda vez llegué con menos de media hora de antelación y no me fue posible calentar como quería. Lo hice sin mucha concentración, además. Como me sentía bien y parecía que los dos meses de pausa no habían causado mayor mella, me confié.

Encima, en la primera oportunidad, me llegó un balón alto desde la derecha en dirección a mis pies. Detrás de él venía el último defensa corriendo paralelo a la línea de fondo hacia mí.

Hice el amague de servírmela hacia adelante y hacia la izquierda con el pie derecho, y el defensa mordió, permitiendo que le cruzara la pelota a la altura de su abdomen con un gancho de rebote con el empeine derecho hacia el lado contrario a su movimiento.

(Esta jugada tiene el añadido de desarmar completamente al rival -psicológicamente-, porque, como la pelota pasa a la altura de sus manos, ese momento crítico le hace perder la concentración, desarmándolo.)

Ya solo frente al arquero de casi dos metros, me sentí lo suficientemente seguro como para no amagar y colocarle la pelota como lanzando un preciso pase -como una tacada de billar- con la parte interior del pie junto al poste derecho.

Gol a los cinco minutos. Me volví a confiar.

Hasta que me llegó un lindo pase al vacío y piqué como un atleta para alcanzar la pelota. Y sentí una contractura en el muslo derecho, casi un tirón.

Una contractura no es nada grave. Es un aviso del cuerpo.

Cuidado. Conmigo, así no, te está diciendo. No se ha roto nada. No hay lesión. Pero, para, justamente evitarlo, los demás músculos más fuertes y ‘calentados’ o preparados, se endurecen a su alrededor para evitar que se rompa.

Como una cápsula rígida.

Tuve la suerte de sentirlo inmediatamente. Mis músculos no estaban ni iban a funcionar como debían ese día. Ese era el mensaje. Como estaba en medio del partido, decidí cortar por lo sano y me ofrecí a tapar, a ir al arco.

El de arquero es un puesto al cual le puedo sacar mucho entretenimiento y distracción, además que de niño fui portero con pasión. Como no tenía siquiera guantes, no lo pasé del todo bien. Pero -lo más importante- no me lesioné y seguí practicando mi trote matutino diario.

La tercera vez, el miércoles pasado, apenas calenté. En cambio, me dediqué a estirar los músculos más comprometidos. También me propuse tomármelo con calma y asumí un puesto en el medio campo, más o menos de semáforo alternándolo con el de aguatero.

(Dar buenos pases, es decir, sin ninguna complicación, de preferencia al ras, sin mayor efecto, con la velocidad adecuada y al pie correcto, es como darle agua al sediento y es una práctica a la que pocos le dan la importancia que tiene.)

(Este es un puesto que me gusta especialmente, en su versión ofensiva, pero que requiere de gente que piense contigo y eso, en Alemania, es mucho pedir. )

Mis conclusiones son simplemente la confirmación de todo lo que he aprendido en la práctica, junto a un par de verdades eternas y obvias.

1. Tanto calentamiento como estiramiento cumplen un papel importantísimo en todo deporte y no se pueden soslayar.

2. En un nivel recreativo o aficionado, un buen (extendido, relajado y completo) calentamiento, puede llegar a obviar –excepcionalmente- el estiramiento obligatorio.

3. Lo contrario es una ruleta. Puede funcionar ocasionalmente si se trata de un organismo sano y acostumbrado a cierto pensum diario o interdiario; pero, con la edad se va perdiendo esta capacidad de compensación.

4. Tomar litros de agua, de ser posible antes y durante el partido, debería ser tan importante como tener buenos zapatos y una buena pelota. (Cada cual tiene su propia medida a descubrir.)

5. Apenas se note la injerencia de ese policía o fiscal llamado contractura, hacerle caso sin chistar y dejar de jugar. De ser posible, no dejar de moverse, pero sin poner en riesgo la zona comprometida.

6. La importancia de la concentración desde el primer minuto del calentamiento. Mejor si se empieza a activar ya desde antes: la preparación mental previa.

La concentración es el aditivo final completamente indispensable. Es la que le permite a los músculos trabajar como conjunto y en armonía. Una deficiente o insuficiente concentración le abre la puerta a las lesiones. Una buena concentración hace de la mente y del cuerpo una unidad autónoma concentrada –precisamente- en lo suyo.

A veces, concentrarse (en cualquier actividad) no es fácil. En esos casos, la rutina y la voluntad –el verdadero deseo de querer hacerlo- deben acudir en su ayuda. Pero ya estoy, para variar, en otro tema.

HjorgeV 26-08-2007

COPA AMÉRICA: ANSIEDAD DE TENERTE EN MIS BRAZOS…

Solo ayer decía, que los caminos del fútbol –por ser humanos- son inciertos.

¡Y qué humanamente sufrí, después de tanto tiempo, con la derrota albiceleste!

Hay entrenadores convencidos de poder grabarle a bajo relieve sobre su espalda –es decir, en su conciencia- a un jugador, el número de goles que tiene que anotar en un partido determinado.

Pero la ansiedad es uno de esos grandes factores humanos que muchos se olvidan de tener en cuenta hasta que llega el momento decisivo. La ansiedad, tan cercana al miedo, puede paralizar, hacer perder la coordinación y, lo que es peor, la confianza en sí mismo.

Las antípodas de la ansiedad es lo que en billar se llama estar fresco. Ese estado en el que de pronto nos parece que podemos ser capaces de realizar todo lo que pasa por nuestra mente.

En el fútbol también sucede, pero es más difícil alcanzar altas cotas de confianza y seguridad en sí mismo, teniendo en cuenta que son 11 seres los que tienen que coordinar el juego y no todos piensan ni sienten igual.

Los brasileños no estuvieron especialmente frescos anoche.

Fue Argentina la que salió al campo con doce jugadores.

El duodécimo llevaba el dulce nombre de una canción ya bastante olvidada: Ansiedad.

No quiero ahora detenerme en detalles. Bastará con tomar los fundamentales.

Leyendo ayer el Clarín –horas antes del partido- me topé con el comentario de un lector que decía más o menos lo siguiente: “El arco le queda muy grande al Pato”.

Y gran razón que tenía.

No en el autogol de Ayala.

(Los pesados diríamos que Abbondanzieri tendría que haberle dejado claro a su defensa, a Ayala, que esa era su bola. Esa es la teoría.

En la práctica el asunto es mucho más difícil y si viene salpicado de versos de la canción que decíamos hace un momento, ya todo se vuelve más complicado y suele vencer la parálisis. No era la noche del Pato. De haberlo sido habría medido bien el peligro circundante -antes- y le habría ordenado a Ayala hacerle espacio para lanzarse -él- por el balón. Abbondanzieri, en cambio, se quedó clavado sobre su sitio y el resto ya lo saben.)

Pero sí en el primero y en el tercero.

No hay nada que discutir. El primer gol lo vio en diferido. Era uno de esos balones raros, de trayectoria extraterrestre. Un pelotazo de esos que parece que pueden salir fuera, pero cuando te das cuenta -como arquero- no has tenido tiempo ni para levantar una mano. ¿Imparable? Diría que no. Pero ya su defensa Ayala -protagonista trágico, otra vez- le había dado demasiadas ventajas a Julio Baptista, apenas a los cuatro minutos de iniciado el encuentro.

En el tercer gol, el Pato consiguió lanzarse en principio bien por la pelota, pero, permitiendo que ésta entre, dejó bien claro que le había fallado la geometría desde el comienzo: un portero se lanza en esos casos, solo por precaución. Conclusión lógico filosófica: no había cubierto bien los ángulos.

(Curioso recordar, también, que en este último gol, quien estaba marcando ese lado izquierdo del campo argentino era nada menos que el Cacique Apático. Riquelme no es conocido, precisamente, por sus cualidades defensivas y aquí pagó el cheque en blanco de su vano intento de sacrificio en una desconocida posición para él.)

A la ansiedad, siguió la desesperación.

Y, si la ansiedad se paga, la desesperación viene a cobrarse ella sola.

Creo que el gesto de Abbondanzieri –llevándose las dos manos para cubrirse el rostro- tras ver el autogol de Ayala, fue sintomático y muestra gratis de la poca fuerza mental que les quedaba a él y al resto de sus compañeros en ese momento.

Era apenas un 0-2. Un marcador perfectamente remontable si uno confía en sus propias fuerzas y capacidades. Tiempo había de sobra.

Sin embargo, el mencionado gesto del portero, dejaba bien claro cómo andaban los ánimos. El tercer gol ya solo fue una clara muestra de esa actitud fatalista.

Digamos que Basile, como muchos de nosotros, confió en el Proyecto Riquelme. ¿Por qué no? Proyecto que llevaba el nombre de esa díscola estrella, pero que no habría llegado a ser tal sin el aporte de Messi, Tévez y compañía.

Cuando se vio que con Pablo Aimar podían haber ido las cosas mejor (eso nunca se puede saber después, solo intuir), ya era demasiado tarde.

Para que se vea cómo están los tiempos, por aquello que ayer yo mismo daba a Argentina como favorita: Brasil ganó con un autogol, un gol de contragolpe y con un -relativamente- ingenuo gol apenas transcurridos 4 minutos de juego. Gol que había nacido de un largo pase desde el centro del campo. No de una jugada elaborada.

El marcador, entonces, engaña.

Bien pudo haber recibido más goles la albiceleste. O estar cantando otra canción si ese disparo del Cacique pocos minutos después del gol brasileño, no hubiera chocado en uno de los postes.

Como todo el pato no lo puede pagar un solo Pato, dejemos claro que Roberto Abbondanzieri no fue el único con exceso de ansiedad ni el único en cometer errores.

Algo ha quedado claro.

Brasil ya no ese equipo exquisito tanto en el ataque, la definición y en la misma creación. Ahora son barrenderos, cerrajeros, guardianes y humildes chasquis (carteros que corrían descalzos cientos de kilómetros en la época incaica) los que pueblan sus filas.

Eso es señal de que todo cambia.

Pensar que en la versión 1925 de este duelo Brasil-Argentina de la Copa América, el único jugador de tez morena en los dos equipos, era Alfredo de los Santos del Huracán.

Por entonces, el fútbol brasileño –tal como nació- era un deporte absolutamente elitista, al que no tenían acceso las masas de ascendencia africana. (De lo que puede ser capaz un deporte, me digo: romper barreras raciales y aportar su granito de arena en la lucha contra la discriminación racial.)

Que Brasil pueda contar hoy en día con jugadores dispuestos a sacrificarse defensivamente y obedeciendo ciegamente las órdenes de su entrenador, es una clara señal de que los tiempos cambian.

A Argentina, ayer, esta noticia no le sirvió de nada.

Pero estoy seguro de que vendrán nuevos tiempos.

En alemán se dice, cuando uno ha sacado cuentas antes de tiempo: Hacer la cuenta o factura sin el dueño del negocio.

No aprendemos.

Pero eso de hacer cuentas sin el dueño -es decir, antes del partido- es parte de la magia del fútbol, también.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, lunes 16-07-2007

P.D.: Ver también el siguiente artículo: El ‘calcio’ brasileño.

http://www.elpais.com/articulo/deportes/calcio/brasileno/elpepudep/20070717elpepidep_5/Tes

¿ARGENTINA O BRASIL?

Los caminos del fútbol son -por ser humanos- inciertos.

Ayer, nomás, creíamos que los países africanos darían pronto el Gran Salto y le darían palo al resto del mundo. No ha ocurrido hasta ahora y no hay indicios de que eso pueda suceder en un futuro próximo. No, por lo menos, masivamente.

Materia bruta, carbón a convertirse en diamante, hay –parece- más que suficiente.

Hice, alguna vez, una apreciación parecida pero respecto a Sudamérica.

(Qué curioso, a mí, que me gusta tanto el término Latinoamérica o América Latina -el primero más que el segundo, porque éste parece una concesión al país del norte-, cuando me refiero al fútbol, hablo de Sudamérica. Olvidando sin querer a ese gran México -que cada vez acopia más clase – y a otros países más de Centroamérica y el Caribe.)

(No olvidar que en un partido amistoso realizado el 8 de junio de este año en el Giants Stadium de Nueva York, la misma Cuba se encargó de poner a México en serios aprietos, perdiendo injustamente frente al Tri, a la escuadra dirigida por el Pentapichichi -goleador máximo durante cinco temporadas, las cuatro primeras de ellas en forma consecutiva, en España-: Hugo Sánchez.)

Hasta no hace mucho, muchos creíamos que el pequeño abismo que existía, futbolísticamente hablando, entre Brasil y Argentina –y que tan mortalmente molestaba a los hinchas albicelestes- se iba a profundizar cada vez más.

Si Argentina parecía producir futbolistas en serie, como una verdadera fábrica humana de jugadores, a Brasil parecían llegarle directamente del cielo.

La llegada de Ronaldinho –rescatado de sus discretas actuaciones en el París St. Germain- al mundo del fútbol galáctico español (que no es potestad del Madrid ese adjetivo sideral, salvo por sus poses mediáticas) nos hizo pensar a muchos que Brasil partía hacia el futuro para no volver la vista atrás.

El siguiente interesante aterrizaje de Robson de Souza, Robinho, desde el inmortal Santos de Brasil al Real Madrid en el 2005, a mí, particularmente, me hizo recordar las épocas en las que un jovencísimo Pelé consiguió asombrar al mundo entero, abriendo una nueva y gran etapa en el deporte que alguna vez había nacido como de élite en Inglaterra, el siglo antepasado ya.

(En la Era Moderna: muchos países se disputan el derecho al invento; entre ellos México, algunos países de Centroamérica y China, entre otros.)

A Robinho lo había visto jugar en la Copa de Oro 2003 contra México.

-Ese jovencito esmirriado, al parecer recién salido de la incubadora, dará que hablar -me dije, como muchos-. Cuando se anime a tomar su leche.

Y, luego, aparte, allí todavía estaban otros grandes nombres como los de Kaka, el mismo Ronaldo; el abuelo Roberto Carlos, emigrado a Turquía ahora -¿sabrá lo que hace?-; el de Diego, del Bremen de este país; y el de otros más que escucho o leo por primera vez: el de Vágner Love con reminiscencias de DJ o pinchadiscos, y los de Doni y Cléber entre otros más.

¿Sería posible parar o darle alcance a Brasil en esta gran carrera inhumana de darle perfectamente al balón?

Me atrevo a decir, ahora, que Argentina lo va a intentar en esta Copa América.

Como nunca antes, es un pronóstico que me atrevo a hacer abiertamente y sin tapujos.

Cierto es que muchas de las estrellas brasileñas más cotizadas no están en la selección actual. Pero eso no puede ser ninguna excusa. Eso vale para países como el mío, Perú, y otros de medio e inferior rango. Siempre, se ha dicho, por lo demás (ese siempre es un decir), que una de las grandes ventajas eternas de Brasil era que el entrenador de la Seleção podía escoger entre un gran número de excelentes jugadores.

Y eso en todas las posiciones, incluida (ahora, antes apenas) la del arquero, portero, guardameta o guardavallas, como se decía antes.

Creo que los jugadores brasileños de tanto correr tras los dólares y euros por el mundo –ellos que por historia han estado acostumbrados a tan poco o tal vez por eso-, se han olvidado un poco de jugar como ellos saben. Me parece que los argentinos son más sobrios y realistas en ese sentido.

Si a eso le sumamos la inmensa presión con la que lo hacen en sus respectivas ligas y en las que muchas veces no se atreven -ni se les permite- desarrollar el juego por el cual fueron alguna vez contratados (vale para ambos), entonces, tenemos esta sombra sobre Brasil o Brasil hecho sombra, de la que –creo- sabrá aprovechar hoy el equipo de Argentina.

Si alguna lección han aprendido los chochamus de Alfio Basile (Basilio Alfile, che), sus muchachos de barrio, para esta edición de la Copa América 2007, versión Venezuela de Chávez, es que el fútbol es antes que nada balompié.

Un juego. Un deporte. Un sacrificio y una diversión. Todo a la vez.

Algo de lo que –creo- están olvidándose últimamente los jugadores que visten o deberían vestir la canarinha, la camiseta del Pentacampeón mundial.

La constelación de jugadores argentinos parece ser ideal y, con ella, el juego que produce.

Si al Cacique Apático -Riquelme: que me perdone, pero lo veo así- se le sigue criticando su excesiva tendencia a ‘horizontalizar’ y retrasar el juego -el balón- esperando pacientemente el hueco o el momento para la estocada precisa, para eso están la Pulga Atómica Messi y el Tronquito Tévez. Dos jugadores de esos que finalmente parecen tener claro que para llegar adelante -no es una redundancia- hay que avanzar.

Pocas veces en mi vida, como en el partido contra Perú, he visto un juego -por ratos- tan vertical y verdaderamente atrevido como el de los argentinos.

Y todo eso con la agradable sencillez en el porte, que no en el juego mismo -en este mundo de tanto brillo falso-, del juego con la pelota que practicaban allá en su niñez, en los barrios de los que proceden estos inmortales.

Se dice que el primer contrato de Messi con el Barcelona se firmó improvisadamente sobre una servilleta, debido al miedo y a la ansiedad del entrenador catalán de que alguien se les pudiera adelantar. Lo acababa de descubrir en un partido de prueba al sur de España, en La Massia.

Esperemos ver a Lionel hoy junto a Tévez, Verón, Riquelme y compañía, jugando un partido que nos permita como espectadores por –apenas- unos 90 minutitos darle una miradita al cielo, hablando con los diminutivos de los que solemos abusar tanto en mi país y que solo quieren expresar un profundo ruego.

-Permitirnos un vistazo al fútbol que se juega en el cielo –me digo-. No pido más.

La verdad, hoy (a las 23:05, hora alemana, por Gol TV en internet, en vivo) me contento con el precielo.

Esta noche, después de tanto tiempo de ser brasileño (en esta copa ya fui mexicano y uruguayo), seré otra vez argentino.

Potestades que nos podemos gastar los peruanos.

Vamos a ver qué sucede.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, domingo 15-07-2007 EL SUEÑO BLANCO DE TODO ENTRENADOR Es cierto: no de un entrenador aficionado al Barcelona, pero, salvo un par de excepciones más, poder ser alguna vez el entrenador del Real Madrid debe ser el sueño de muchos mortales. Bernd Schuster lo ha cumplido.

Al alemán lo vi jugar sobre todo en su última época, defendiendo la camiseta del Bayer Leverkusen (1993-95). Después jugaría por última vez como profesional casi a los 37 años por el San José Clash de California. Recuerdo especialmente su sobriedad para plantarse en el medio del campo y sacar la escuadra. Parecía dividir el campo con la mirada, ajustando esa división a las características del rival. No era un jugador rápido, pero se le veía enseguida su capacidad de mando, cierta altivez y su gran técnica. Antes, había demostrado todo lo que valía jugando por el FC Colonia (1978-80), luego casi diez años por el Barcelona (1980-88) y por el Real Madrid (1988-90). Me gustaba particularmente su gran sentido de la geometría y de los espacios muertos. Uno se podía pasar todo el partido esperando uno de sus famosos pases al vacío. A pesar de no ser un jugador especialmente dinámico, lo compensaba con su buen posicionamiento defendiendo y atacando, y su percepción del peligro. Cuando escuché que el Fortuna Köln (Colonia en alemán) iba a ser su primera estación como entrenador, me alegré como un verdadero colonés. Por el Fortuna Colonia había llegado a pasar un gran jugador peruano, Julio Alberto Baylón (temporada 1973-74), de tal manera que yo -como peruano- estaba más o menos al tanto de las vicisitudes de ese equipo, que ahora lucha por su sobrevivencia en las más bajas categorías de esta región. Las anécdotas de Baylón en Colonia, es algo que merecería un libro aparte. La experiencia con el Fortuna fue especialmente traumática para alguien que había sido un grande y soñaba con llegar lejos en el oficio de entrenador. Considerando que tomaba la mejor decisión -los conocedores lo atribuirían a su proverbial cabeza dura-, aceptó la propuesta del Colonia, entonces en la primera temporada de toda su historia -pero no la última- en segunda división. Todos confiaban en que Bernd lo conseguiría. ¡Bernd Schuster, el campeón alemán de Europa de 1980 y el único teutón que había llevado al gran Real Madrid a ganar tres títulos! Bernd no lo consiguió. Terminó, además, muy mal esta su segunda experiencia. Si hay un recuerdo especialmente grabado en la mente de los aficionados del FC Colonia en relación con Schuster, es el de la noche del 14 de septiembre de 1998. Llovía a cántaros ese día en Colonia. El FC jugaba el sexto partido en segunda división de toda su historia -repito- frente al St. Pauli. Cuando llegó el descanso, el Colonia perdía 1-4. Mientras los jugadores corrían a guarecerse de la furiosa lluvia y del escarnio del público, junto al gramado, junto al campo, una figura iba y venía como un animal enjaulado, con la mirada fija y sin preocuparse en absoluto de ser el único ser humano en todo el estadio mojándose hasta los huesos. Esa terca fiera era Bernd Schuster. No creo que el público colonés le haya perdonado esa pose. Con su lenguaje corporal estaba diciendo que su nivel y su calidad como Bernd Schuster, no le permitían rebajarse a admitir como propio, a ese equipito de provincia en el que parecía haberse convertido el otrora gran FC Köln. Ahora, 9 años después, ha llegado a lo más alto que cualquier entrenador -de cualquier planeta- se puede desear. La expectativa es grande. Y ya no se trata de la provinciana Colonia.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, viernes 13-07-2007

COPA AMÉRICA: PERÚ (0): ARGENTINA (4) Me había alegrado de haber podido encontrar por fin una página que ofreciera partidos en vivo por la red.

(Se trata de GOL TV:http://livetv.ru/en/ Es necesario bajarse el programa indicado en la columna de la derecha y después pulsar en alguna de las dos flechitas a la derecha del símbolo de Gol TV. Es posible escoger entre cuatro idiomas diferentes, incluido el inglés. La calidad no es de primera, claro, pero más que suficiente para ver bien y apreciar un partido.)

Desde el comienzo estuvo claro que Perú había salido a defenderse.

La consigna -y táctica única- del entrenador Uribe era “marcar, marcar y marcar”. La verdad es que con suerte, con mucha suerte, el partido pudo haber terminado empatado cero a cero.

Pero ese no es el caso.

A este tipo de citas no se viene a esconder el tipo.

En este partido el que perdía salía eliminado y punto. ¿Por qué jugar tan defensivamente, entonces? ¿A defender o defenderse de qué? ¿De las críticas del público y la prensa especializada?

Lo digo, porque Perú, futbolísticamente hablando, no es nadie desde hace mucho tiempo. Décadas, para ser más claros. Y esto, a pesar de contar con jugadores como Pizarro, Guerrero, Mendoza y algunos más, conocidos y bien cotizados en el extranjero.

De tal manera, que no había ningún título, nombre o fama que defender ni perder.

Lo que sí es necesario, es que de una vez por todas se tenga un entrenador capaz de sacarle lo mejor a los jugadores de la selección. Pero así, obligándolos a ladrar y ladrar, sin morder mucho, en una tarea que no se aprende en la niñez en nuestro país, se sabía -porque se veía- que iba a ser una tarea de alto riesgo.

En ningún momento del partido se vio esa clase futbolística peruana que alguna vez dio tanto que hablar. Es más, de Pizarro y compañía no se vio ni una sola jugada para recordar en este partido.

Me atrevo a decir que Argentina, jugando como jugó ayer, lo va a tener relativamente fácil en esta edición venezolana de la Copa América.

Para Perú, está claro que algo -mucho- anda mal. ¿Pero qué?

Sin muchos ánimos de pasar a más detalles, a mí, particularmente, me resultó especialmente claro que ningún delantero peruano tuvo el valor -ni siquiera se le pasó por la cabeza, parecía- de entrar a un ‘combate’ cuerpo a cuerpo con ninguno de sus rivales.

Bastaba que los argentinos mostraran los dientes, para que los jugadores peruanos terminaran ‘ladeándose’ y quitándole el peligro ellos mismos a sus propios ataques.

Los argentinos, en cambio, actuaron agresiva y verticalmente hasta el cansancio y por lo menos dos de sus goles salieron de esa clara actitud ‘vertical’ de sus atacantes.

¿Qué temían los peruanos? ¿Lesionarse? ¿Y por qué no compartían esa preocupación estrellas como Messi, Tévez y compañía, que sí lo entregaron todo?

Personalmente, habría preferido perder por un marcador más abultado aún, pero asisitiendo a un partido que dejara por lo menos entrever la clase de nuestros jugadores. Que la hay. Y la tienen.

Por lo menos habríamos perdido atrevidamente y probando a jugar verdadero fútbol, que de esa manera siempre es posible terminar aprendiendo algo.

Así, en cambio, haciendo de carceleros ineptos, sólo hemos vuelto a aprender que esconder la cola le puede tal vez convenir al entrenador de turno, pero solo a él y a nadie más que a él.

En el fútbol hay que saber perder. Es ley ineludible e indiscutible.

Pero también es necesario -alguna vez- empezar a arriesgarse valientemente a aprender.

César Uribe no lo sabe.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, lunes 09-07-2007

MI RENUNCIA Lamentablemente he renunciado a mi puesto de entrenador de las divisiones inferiores del club Pulheimer SC, cumpliendo mi palabra: el padre que me levantó la voz no se ha disculpado. Pero fue divertido y me ha ayudado a mantenerme en forma. También he aprendido muchas cosas. Hice el experimento de hacer ejercicios de dribbling en un espacio reducido y con el sistema de intervalos. Y la mayoría de chicas mejoró ostensiblemente en ese aspecto. El ejercicio consistía en hacer el dribbling a gran velocidad durante 10 segundos, con descansos intermedios de 5-10 segundos. En un área de unos 20 metros cuadrados estaba permitido moverse como se quisiera, pero con cambios bruscos de dirección e imaginándose -tal vez lo más importante- rivales a driblear. Mi experimento consistía en ver si la imaginación podía ser de ayuda para entrenar ese aspecto del balompié. Lo que siempre me ha preocupado es ver que se entrena el dribbling valiéndose de objetos que no se mueven, pero en la realidad no es así. Es decir, ver que se suele entrenar mal. Funciona lo que llamo driblear con fantasmas. De paso se trabaja la condición física, haciendo el ejercicio en bloques o tandas. Otra cosa que he descubierto es qué bien funciona el método de espejo para el entrenamiento de los dos pies y cómo hacer para que los niños encuentren como algo natural entrenar el pie ‘flojo’. La idea es tratar de repetir la mayor cantidad de ejercicios posibles con el pie flojo. Como a muchos no les agrada la idea de hacer algo a lo que no le ven mucha utilidad y, encima, hacen mal, el truco está en hacerles notar cómo el pie ‘bueno’ incrementa el aprendizaje si se hace una pausa con el otro pie. Así, concentrados en los avances del pie ‘bueno’, van practicando sin darse cuenta el flojo. Esta vez, debido al bajo nivel técnico (manejo del balón) de las jugadoras, decidí concentrarme en ese punto. Dividí así, la mayoría de mis entrenamientos, en cuatro partes. Calentamiento, teoría, sesiones de ejercicios de técnica con el balón y un partido final. Observando que se practica mucho disparos al arco, pero no el juego en sí, pude convencer a mis chicas de que jugaran contra chicos. Al comienzo recibían una paliza, pero poco a poco fueron mejorando notablemente. En esta fase de los entrenamientos yo voy corriendo todo el tiempo por todo el campo corrigiendo errores, dando consejos y deteniendo el partido en caso de necesidad. Terminamos cuartos. Pero perdimos 3 puntos de un partido ganado por un error involuntario de inscripción y nos dejamos empatar un partido tontamente. Así podríamos haber terminado segundos. Si, por otra parte, no hubiera sucedido el incidente con el padre de familia que me levantó la voz, las chicas tal vez no habrían perdido la concentración y tampoco ese partido. Entonces ahora seríamos campeones de nuestra liga. Pero, así es el fútbol. A mí lo que me interesa es el balompié como deporte-ciencia.

HjV

MIS 60 PRINCIPIOS BALOMPEDÍSTICOS

Todavía un tanto en desorden, presento aquí un pergeño de los 60 propios principios en los que me baso.

El balompié es un juego de alta complejidad, en el que la intuición grupal y el dominio de la geometría marcan el ritmo, sin más reglas fijas que las limitaciones que dicta el reglamento.

Un intento de definición ‘pretencioso’:

“Ajedrez grupal y cinético, en el que se trata de desactivar posicionalmente al rival, para, con ayuda de la geometría dinámica, conseguir hacer cruzar el balón cómodamente por la línea de gol”.

Y aquí van.

1. El balompié es un juego más exigente que una partida de ajedrez pensada en grupo y no es posible jugarlo sentado.

2. El trabajo de la mente es doble: dirigir la motricidad corporal y decidir las jugadas y/o el posicionamiento personal a cada instante.

3. Gana el que mete más goles. Si no se encaja ninguno, mejor.

4. No existen limitaciones para la consecución de los goles, salvo aquellas que establece explícitamente el reglamento. Toda solución que termine en gol es buena.

5. No bastan las ideas si el cuerpo no puede traducirlas en jugadas reales.

6. Peor es ser físicamente poderoso y carecer de ideas. No es un deporte de lucha.

7. El mejor camino al gol no es el más corto, pero hay que preferirlo.

8. A pensar en grupo se aprende, practicando a pensar… en grupo. Bienvenidas las sub-sociedades o subgrupos, mejor si van creciendo dentro del equipo.

9. La puntería es primordial. La cuarta parte de cada entrenamiento debería estar dedicada a mantenerla ‘engrasada’.

10. Cualquier nueva idea es buena, porque se ha hecho un esfuerzo para encontrarla y eso abre la mente a más ideas.

11. Es un juego posicional: el que mejor posicionado está, está también en ventaja. Para defender y para atacar.

12. Hay que dominar la geometría dinámica: es decir, el trazo de ángulos y líneas, y su reconocimiento y cálculo en pleno movimiento y distorsión continua.

13. El que ataca siempre está en ventaja: el que defiende no tiene ojos en la nuca y corre hacia atrás.

14. El arco es inmenso para el arquero.

15. El arco es pequeñísimo para el delantero.

16. Sin una visión panorámica permanente es mejor sentarse a jugar una partida de ajedrez. El buen jugador es el que tiene ojos en la nuca y a los costados. El mejor, el que puede ubicarlos a un par de metros de altura.

17. A jugar se aprende… jugando. No escatimar esfuerzos en la práctica del juego en sí.

18. Tomarse todo partido con absoluta seriedad. Siempre.

19. El árbitro siempre se equivoca. Dejémoslo en paz y no permitamos que nos disturbe la concentración. En el supuesto caso de que le hayan pagado para que nos ganen, sabrá cómo conseguirlo.

20. El juego limpio es la esperanza del verdadero juego bonito. Ejemplo que no da la publicidad futbolística de la televisión. ¿Qué saben ellos de moverla?

21. La pelota tiene que obedecer al jugador. Mientras más se practica la fantasía individualmente, más obedecerá la pelota en el juego.

22. En un juego normal, el que tiene la pelota no debe darle absolutamente ninguna chance al rival de acceder a ella.

23. Jugadores que no hablan y no se comunican verbalmente entre sí, dejan de usar una herramienta muy poderosa.

24. Antes la pelota era de cuero. Alfredo Di Stefano decía que como la pelota procedía del cuero de la vaca y ésta se alimentaba de pasto, el lugar natural de toda pelota era obviamente el pasto. Debe abandonar la bidimensionalidad muy raras veces. Si lo hace, debe hacerlo bien.

25. El primer lugar natural y seguro de la pelota debe ser bajo la suela. De los dos pies.

26. La pelota se puede tocar, además: con la punta, el empeine, el talón/taco; con las partes interna y externa del pie; con el medio empeine interno o externo, un cuarto de empeine interno o externo, tres cuartos de empeine interno o externo; también con las rodillas, los muslos, la cadera, el abdomen, los hombros, el pecho y la cabeza. Ninguna de estas partes debe ser extraña para un jugador.

27. Los cómodos tiros al arco con los amigos es algo muy bonito. Pero no existen como tales en un partido real. Reservarlos para los días festivos, no para los entrenamientos.

28. Siempre antes de entrenar o competir (y durante) hay que tomar agua como un caballo.

29. Como en la caza, es más fácil de reconocer y ser visto al que se mueve.

30. Un arquero que no sabe usar los dos pies, debe cortarse el que le estorba.

31. Un jugador tiene que haber pasado por todos los puestos. Incluso el de arquero.

32. Calentar hasta antes de jugar contra un equipo de monjas.

33. Sin absoluta concentración solo se juega 1/2 partido.

34. El secreto de un buen dribling, gambeta o regate es mantener el equilibrio y la orientación a gran velocidad. Mantenerlos y practicarlos para evitar perderlos.

35. Al delantero hay que tratar de romperle el sentido del equilibrio y de la orientación, moviéndose casi todo el tiempo, acechándolo y amenazando con cortarle el paso con nuestros movimientos.

36. No me gusta el 1 a 1. ¿De qué sirve, salvo en situaciones concretas? Cansa y hace perder la orientación, es decir, el sentido del juego. Mejor es repartir los espacios y decidir según la situación.

37. Los ejercicios de un entrenamiento deben incluir y reproducir la tensión y la presión (el estrés) de un partido.

38. Aprender a repartirse el campo (en grupo) según sea ‘necesario’, tanto en el ataque como en la defensa. El intercambio de posiciones y de responsabilidades debe ser algo natural y determinado por la necesidad (al atacar) o la peligrosidad (al defender).

39. Todo jugador debe tratar de dominar los dos pies en todo tipo de jugadas. Eso estimula el desarrollo del pie dominante.

40. El partido se acaba cuando se acaba. Mientras tanto, se juega como si recién se hubiera empezado.

41. El defensa que tiene que correr detrás del delantero está perdido.

42. La pelota es más rápida que cualquier jugador. Aquí y en Marte. Pero rápidos jugadores inteligentes son un arma casi imbatible.

43. No se dispara ‘al arco’. Se dispara a un punto concreto del arco. Preferir siempre el empeine para hacerlo.

44. Es mejor ’secar’ (cerrarle o cortarle el paso) a un delantero, que tratar de robarle la pelota y perder.

45. No existen espectadores dentro del campo de juego. Todos están fuera.

46. Mentir es sagrado, ley primordial y compañía obligada de cada jugada.

47. La redonda está hecha para rodar.Pasarla. Pasarla. Pasarla. No se puede ganar un partido solo, pero sí muchos enemigos.

48. Es pecado disparar al arco muy diagonal u oblicuamente. Desde allí donde mide apenas uno o dos metros y hay un grandulón en el medio. Es más pecado no acompañar a ese atacante que se ha o ha sido ‘ladeado’.

49. Un buen defensa obliga y lleva a una ‘diagonalidad’ u ‘oblicuidad’ máxima al rematador, es decir, a un lado, obligándolo a disparar en desventaja o a pasar. Para esto último deben estar sus compañeros.

50. La mitad de las jugadas tendrían que ser preconcebidas y tener un código. Un tiro libre cerca del área debe ser un tanto casi fijo.

51. El capitán es el brazo y la boca del entrenador en el campo. Su apoyo moral tiene que ser ejemplar y su arado ejemplar.

52. Contraatacar debe ser la médula del juego.

53. Rival desconcertado es medio rival.

54. Hacérselo fácil al compañero, nunca difícil. En todo sentido.

55. Otra posible definición de balompié: correr pensando.

56. Prohibido renegar. Absolutamente. Destruye la concentración propia y la de los compañeros.

57. Nunca jamás dar un partido por perdido.

58. El gol no tiene por qué ser una acción violenta. Mejor si no lo es.

59. Un juego vistoso y altamente atractivo, no tiene por qué estar en contradicción con todo lo anterior.

60. Durante un partido, un entrenador tiene el derecho a sentarse tranquilamente a contemplar el fruto de su trabajo. Se debe permitir intervenir puntualmente.

HjorgeV

Pulheim, 21-04-2007

SELECCIÓN DE REGATES, GAMBETAS, DRIBBLINGS (I)

SELECCIÓN DE REGATES, GAMBETAS, DRIBBLINGS (II)

Una respuesta para “AJEDREZ PEDESTRE”

  1. ArgsSs Dice:

    No es uno de mis digitales de preferencia, acostumbro a leerlo de tarde en tarde por aquello de “contrastar” ideas, encontré esta noticia y me acordé de HjorgeV. Sin ironía, te supongo conocedor de la noticia, y por su “gracia” te la remito, para que se incluya en tu ajedrez-pedestre. :

    http://www.elconfidencial.com/cache/2009/06/14/57_seleccion_peruana_olvido_delanteros_hotel_medellin.html

    Ibéricos y laicos saludos lectores. ArgsSs

    Rpta.: Hola, ArgsSs. Sí, la selección peruana se olvidó de uno de sus integrantes y cuando este salió del hotel colombiano sus compañeros ya habían llegado a Lima. Eso me hace recuperar las esperanzas para mi país. Bastaría que un día de estos se olviden del presidente García en un hotel muy, pero muy lejano. Saludos. HjV.

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