LO QUE ME FASCINA

(Este es un listado, hecho con cierta rigurosidad, de las cosas que me gustan, sin esperar -en absoluto- compartir con nadie los mismos gustos. Sería necedad, aparte que aburridísimo. Me he tomado el trabajo de buscar y rastrear detalles y más información sobre cada punto y volcarlos aquí. Las nuevas tecnologías lo hacen relativamente fácil.

No creer, por favor, que si digo que me gusta -por ejemplo- Octubre de Chaikovski, eso significa que conozco mucho o más de su obra. Ya quisiera yo.)

La buena literatura, las palabras como entes aislados, la música, la gente sencilla y alegre, los buenos textos en general, la comida peruana, los conceptos claros, el libro como objeto, cocinar, la gente que se sabe expresar; cantar, la belleza formal de las matemáticas, la vida sencilla de los pueblos y caseríos; hablar y aprender nuevos idiomas; la salsa, la novela negra, el balompié como ajedrez cinético -no el de las adhesiones fanáticas y bobas-; el diseño inteligente y ergonómico; las letras de don César Abraham Vallejo Mendoza (Santiago de Chuco, 1892-París, 1938); reírme durante horas con un grupo (por lo general de latinos, españoles y castellanohablantes) buena onda; mi abuela Carmela quien hace un cuarto de siglo que ya no vive, la música del recuerdo, las ideas sinérgicas, el magnetismo del Cuzco, mis dos hijas y mis dos hijos, mi país; actuar, los chistes y las imágenes especialmente bellas; Latinoamérica, la belleza femenina, pintar, las composiciones de Antônio Carlos Tom Jobim (Río de Janeiro, 1927-Nueva York, 1994); los temas Agua de beber, Garota de Ipanema, Corcovado, Samba de una sqola nota, Insensatez y Desafinado de este brasileño celestial; bailar, el universo y el genio de Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Crispín Crispiniano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso (Málaga, 1881-Mougins, 1973); el contradictorio e insondable comportamiento humano, el universo de Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986), las playas, el bossa nova, las ruinas incaicas, el universo pensante de Ignacio Ramonet, el cebiche, una buena conversación, los amigos inteligentes, Nino Bravo, el ron cubano, Les Luthiers, el piano como instrumento melódico, percusivo y acompañante; nadar, los años 60 y 70, el universo musical de la señora Chabuca Granda, ver contentos a los niños, el trote matinal por los campos, Manhattan de Woody Allen, Machu Picchu, cantar con una guitarra con amigos durante horas, Conversación en la catedral y La verdad de las mentiras de Vargas, el centro de Lima, viajar de noche y parado junto al chofer en un ómnibus interprovincial andino escuchando atentamente sus historias, La danza inmóvil y El jinete insomne de Manuel Scorza, la cucina italiana, Miraflores, todos los libros de Jared Diamond, unos valsecitos bien criollos, Imagine de Lennon, los jugos de frutas frescas, las películas de Mario Moreno Cantinflas, la filosofía; la música y el estilo de Carlos Augusto Alves Santana (Jalisco, 1947), los suplementos literarios de los diarios, viviendas con pisos de madera, los sillones mullidos tapizados con cuero, Hundertwasser, el arte moderno, las minifaldas, las bibliotecas, algunos modelos antiguos de automóviles, Raymond Chandler, El Lazarillo de Tormes, los boleros, Stevie Wonder, Julio Florencio Cortázar (Bruselas, 1914-París, 1984), Érase una vez en América de Sergio Leone, un buen Barolo del siglo pasado, la pintura de Miró, la voz de Ella Fitzgerald, prendas de vestir atemporales, El mono desnudo de Desmond Morris, Yo la quería, patita de Mario Cavagnaro; Colonia como ciudad babélica, moverla en la playa o simplemente descalzo, muchos tangos argentinos y rancheras mexicanas, ver bailar marinera norteña, los buenos actores, Robert de Niro como actor, la magia y las cifras de Edson Arantes do Nascimiento, Consolación y Sueños de amor de Liszt, las novelas de Michael Connelly, el genio de Wolfgang Amadeus, los choclos cuzqueños, la Inca Kola, Octubre/Otoño de Chaikovski, no llevar reloj, el fenómeno llamado Diego Armando; un buen guacamole; la obra de Charles Spencer Chaplin (Londres, 1889- Suiza, 1977), las composiciones de Armando Manzanero (Yucatán, 1935), las series de televisión de los 60 y 70, patear piedritas con mi hijo Jorge Juan en el camino de vuelta de su escuelita, los cuentos de Ray Bradbury (1920), el buen pescado; El centinela y otras historias de uno de los padres de la Ciencia Ficción: Arthur C. Clarke (Inglaterra, 1917-Sri Lanka, 2008); un buen churrasco argentino, Träumerei (Ensoñación) de Schumann (1810-1856), beber agua pura, traducir simultáneamente, Coco Legrand cuando hace crítica social, el universo pensante y la obra de Isaac Asimov (1920-1992), ver correr olas, el mundial México 70, Michael Crichton como novelista, el álbum Nada como el sol de Sting, la escritura de Guillermo Cabrera Infante, Mis algarrobos de Rafael Otero, la poesía de Quevedo, las novelas de John Grisham, los ritmos afroperuanos, los libros de divulgación científica de Yakov Perelman, los tamales, Fly me to the moon de Bart Howard (1915-2004), una buena butifarra, muchas canciones de Charles Aznavour (París, 1924), la película Ladrones de bicicletas (1948) de Vittorio de Sica (1901-1974); los acertijos, Rocco y sus hermanos (1960) de Luchino Visconti (1906-1976); la guitarra ayacuchana de don Raúl García Zárate, Testamento ológrafo de Sebastián Salazar Bondy (1924-1965), los cuentos de Haruki Murakami, la arquitectura y los paisajes de Barcelona; la voz de Milton Nascimento (Río de Janeiro, 1942), los hermanos Marx, muchas baladas de José y José, varias novelas de Patricia Cornwell, La fiesta inolvidable (1968) con Richard Henry Peter Sellers (Hampshire, 1925-Londres, 1980), She is a lady de Tom Jones, un par de buenos mojitos, el universo de los cuentos de Chejov, Ovaltine con leche, los relatos de don Edgar Allan, las caipirinhas, Viento de otoño y Sé que me engañaste un día de Danny Daniel; Opiniones de un payaso de Heinrich Böll, la gelatina de fresa; El corazón es un gitano y Lisa de Nicola di Bari; el manjarblanco; Periódico de ayer y Ella va triste y vacía de Héctor Lavoe (1946-1993); la columna diaria del extinto Eduardo Haro Tecglen (1924-2005), los suplementos dominicales, las -por mí recién descubiertas- arepas, los retratistas; Goodbye Yellow Brick Road, Daniel y Sorry Seems To Be The Hardest Word entre otras canciones de Sir Elton John (1947); el sonido de un quenacho, soñar que vuelo, Chiquitita y Dancing Queen entre otras canciones de Abba, muchos boleros y muchas canciones de muchos discos y el punteo de José Feliciano (Puerto Rico, 1945); México lindo y querido, la arquitectura de París, la gente honrada, muchas cosas de Ricardo Eliezer Neftalí Reyes Basoalto (1904-1973), Nos sobran los motivos (2000) de Joaquín Sabina, las películas de Buster Keaton, Tristitia de Abraham Valdelomar, el álbum Fina Estampa (1994) y la entrega de Caetano Emanuel Vianna Telles Veloso (Bahia, 1942), el ají y sus propiedades, 24 Páginas inolvidables y el universo de Joan Manuel Serrat (Barcelona, 1943), El hijo de la novia (2001) de Juan José Campanella y Fernando Castets, el trabajo de Héctor Benjamín Alterio Honorato (Buenos Aires, 1929), el libro Where to Watch Birds in Peru (2004) de Thomas Valqui Haase (Lima, 1958), el sabor y la textura de la granadilla, el tumbao del piano; Chucho (La Habana, 1941) y su padre Bebo Valdés (Quivicán, 1918); la garra de Roberto Mano de Piedra Durán (Panamá, 1951), Canción de cuna de Luis Artigue (León, 1974), las historias de Oliver Sacks (Londres, 1933); Some People Never Know y Carry on Till Tomorrow en versión del grupo limeño We All Together; la sandía helada; Nathalie y Et maintenant de Gilbert Bécaud (Toulon, 1927-París, 2001); un buen partido de tenis, el Poeta de la Zurda don César Cueto, el Carlos que cada día canta mejor, el buen boxeo no brutal; la técnica y la desconcertante gracilidad de Félix Savón; la pegada y la técnica de Teófilo Stevenson, el salto de Bob Beamon en las olimpiadas de México 68, La novicia rebelde (The Sound of Music) (1965) con Julie Andrews; los temas The Sound of Music, My favorite Things y Do-Re-Mi de Richard Rodgers de la misma película; El planeta de los simios y su escena final; Plástico, Pedro Navaja y muchas más de Rubén Blades Bellido de Luna (1948, Panamá); el yaraví español de La voz a ti debida de Pedro Salinas que impregnó mi adolescencia; muchas composiciones de la señora Alicia Maguiña, el desaparecido trío cubano Los Compadres, el universo pensante de José María Arguedas (Andahuaylas, 1911-Lima, 1969); El plebeyo, El espejo de mi vida, La oración del labriego y Hermelinda entre otras obras de don Julio Felipe Pinglo Alva (Barrios Altos, 1899-1936); las inmensas posibilidades de YT (youtube) y la Wikipedia; la poesía de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931); Laura Pausini (Faenza, 1974) y su disco Las cosas que vives (1996); la película Billy Elliot (I will dance) de Stephen Daldry y Lee Hall; la valentía y la virtuosidad de Rudolf Jametovich Nureyev (Rusia, 1938-Francia, 1992); el arte de la legendaria Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Marínez Hoya (Alonso) (La Habana, 1920); Adiós chico de mi barrio y Adolescente tierno de Liliana Esther Maturano Tormenta; Canto de pueblos andinos y otros de Inti Illimani; los pantalones a la cadera en las muchachas, unas buenas empanadas, la guitarra de otras galaxias de Francisco Sánchez Gómez (Algeciras, 1947), la musicalidad de Rubén Darío y de José Santos Chocano; el trabajo poético y lírico de Bertolt Brecht (Augsburg, 1898-Berlín, 1956), La ciudad de los prodigios (1986) de Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943), la tenebrosa genialidad de Francisco José de Goya y Lucientes (Aragón, 1746-Bordeaux, 1828), el Brindis de La Traviata de Giuseppe Verdi (Parma, 1813-Milán, 1901); El cañaveral, Zaña, Malabrigo y todo el repertorio del coro de Los Niños Cantores de Lima de finales de los 60, El nombre de la rosa (1980) de Umberto Eco (Alessandria, 1932), el gran payaso ruso Oleg Konstantinowitsch Popow (Moscú, 1930), el Circo de Moscú de los años 70; Alone Again (Naturally) y Oh Claire de Gilbert O’Sullivan (Irlanda, 1946); Amarte, amarte una vez más y Estrechándome de Juan C. Fernández Rabito; el verbo y la labia de don Rafael Nicomedes Santa Cruz Gamarra (La Victoria, 1925-Madrid, 1992), el jazz, soñar que puedo improvisar con algún instrumento, la mirada sideral e histórica de Martín Chambi Jiménez (Puno, 1891-Cuzco, 1973); Te he prometido y Mary es mi amor entre otras de Leonardo Dante Tévez Leo Dan (Santiago del Estero, 1945); Gracias a la vida y Volver a los 17 de la inmensa Violeta del Carmen Parra Sandoval (San Carlos, 1917-Santiago de Chile, 1967); el disco Lágrimas negras (2003) de Diego El Cigala (Madrid, 1968) y Bebo Valdés (Quivicán, 1918); el tema Lágrimas negras (193?) de Miguel Matamoros (Cuba, 1894-1971), el sideral From Within de Michael Camilo (República Dominicana) del disco Calle 54; Caridad Amaro de Chucho Valdés (La Habana, 1941) del mismo disco anterior; Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique (Palencia o Jaén, 1440?-Cuenca, 1479), el tesón y la obra de Manuel Seco Reymundo y su Diccionario de dudas; la fiscalía, el curare y el pulso de los masajes cardíacos a cadáveres (palabras propias) del indispensable egregio maestro de la lengua Fernando Lázaro Carreter (Zaragoza, 1923-Madrid, 2004) que supuestamente eran/fueron/son sus El dardo en la palabra; el lenguaje como ente abstracto, el lenguaje como necesidad práctica y cotidiana, la capacidad de los muy pequeños para recuperar el buen humor, el sonido de los buenos instrumentos musicales, el lenguaje de los sordomudos; Te recuerdo Amanda y Vientos del pueblo de Víctor Jara; la gran y genial tomadura de pelo y profundo compendio y tratado filosófico divertido que es El Aleph de Borges; la irreprimible senescencia innata de todo diccionario o enciclopedia, muchos boleros y boleros rancheros cantados por Gabriel Siria Levario Javier Solís (Sonora?, 1931-Ciudad de México, 1966); los inquietantes cuentos de don Julio Ramón Ribeyro Zúñiga (Lima, 1929-1994); Trilogía de Nueva York y A salto de mata de Paul Auster (Newark, 1947), algunas novelas de Philip Roth (Newark, 1933), la autobiografía de Chaplin, la autobiografía de Groucho Marx, un buen tacu tacu, Nathaniel Adams Coles Nat King Cole (Montgomery, 1919-Santa Mónica, 1965) cantando en castellano; Frank Sinatra (New Jersey, 1915-1998, Los Ángeles) cuando cantaba en serio con su swing blanco incomparable e inimitable; El joven Frankenstein (1974) de Mel Brooks, Marty Feldman (Londres, 1934-Ciudad de México, 1982) como actor, La vida de Brian (Monty Python’s The Life of Brian) (1979) de Terry Jones, Gene Hackman como actor; Todo o nada en la versión de su propio compositor, Armando Manzanero; el disco Señor Bolero de Feliciano, el bolero Un poco más; varias baladas y canciones de Los Ángeles Negros de Chile y su vocalista Germaín de la Fuente; varias composiciones de María Joaquina de la Portilla Torres María Grever (Guanajuato, 1894-Nueva York, 1951), autora de más de 800 temas musicales; varias composiciones de José Alfredo Jiménez (Guanajuato, 1926-Ciudad de México, 1973), quien sin tocar ningún instrumento ni tener formación musical compuso más de 200; las historias que refiere Jorge Bucay en el libro Déjame que te cuente; el genio diabólico y la maestría sin par de Niccolò Paganini (Génova, 1782-Niza, 1840); no tener que usar automóvil, un paseo por una playa desconocida y desierta, el buen humor del desaparecido Kiko Ledgard; Mi viejo, Tengo la piel cansada de la tarde, Yo vengo, Soy pan, soy paz, soy más, Como somos, Si vos te vas y Pedro Nadie de Piero (Italia/Argentina); la frescura de cerveza helada de ese -a ratos- muy divertido cuchillo desesperanzado clavado en algún lugar entre el hígado y el corazón que sigue alerta y fue Charles Bukowski (Andernach, Alemania, 1920-Los Ángeles, 1994); el poder celestial de las reliquias musicales, un buen caricaturista, enseñar balompié a un niño, la gente que no se arredra fácilmente y aún sabe sonreír ante los obstáculos; las metamorfosis imposibles de Maurits Cornelis Escher (Holanda, 1898-1972); la chicha y la mazamorra moradas; los trabajos del discípulo de Escher Rob Gonsalves (Canadá, 1959); varias canciones de Raúl Alberto Antonio León Gieco (Provincia de Santa Fé, 1951); la voz de la incomparable cantante afroperuana Lucila J. Sarcines Lucha Reyes (Lima, 1936-1973), La Morena de Oro del Perú, quien tuvo que mendigar de niña; la generosidad real y desinteresada; las desconocidas posibilidades del cerebro humano, tratar de imitar los diferentes acentos del castellano latinoamericano, la pantomima; Un vestido y un amor de Fito Páez; la voz y la fotogenia de María de los Ángeles de las Heras Ortiz, de nombre artístico Rocío Durcal (Madrid, 1944-2006), Marieta para su familia y amigos; la descarga en el jazz latino, un buen solo de timbal o de congas; la película Sur (1988) de Fernando Ezequiel Pino Solanas (Olivos, Provincia de Buenos Aires, 1936); la escena frente a la cárcel de la misma película; esa inconmesurable sucesión de perlas inalcanzables y apenas acompañables que era/es la música de Ástor Pantaleón Piazzolla (Mar de Plata, 1921-Buenos Aires, 1992); la letra -Homero Manzi- y la música -Aníbal Troilo- del tango Sur (1948); varios temas como Close to you (1970), Superstar (1971) y There’s a kind of hush (1976) de los hermanos Richard (Connecticut, 1946) y Karen Carpenter (Connecticut, 1950-California, 1983); Un ramito de violetas de Evangelina Sobredo Galanes Cecilia (Madrid, 1948-Benavente, 1976); la película La vida es bella (1998) con y del italiano Roberto Benigni (Toscana, 1952); algunos relatos y novelas de Dashiell Hammett (Maryland, 1894-Nueva York, 1961); la historia y el verdadero valor histórico de esa humilde pero revolucionaria máquina que fue la de escribir; la vida y los inventos de Karl Drais (Karlsruhe, 1785-1851), el Abuelo de la Bicicleta y uno de los primeros inventores de la máquina de escribir; la gelidez conceptual de Miles Davis (Illinois, 1926-California, 1991) y esa actitud –entre arrogante y resignada- como si se tratara sólo del narrador de una gran música que alguien le está soplando desde allá arriba sin habérselo pedido y que él expende como la droga perfecta; el dolor sordo e inubicable (existencial) que me produce la interpretación de My favorite Things por John Coltrane (Carolina del Norte, 1926-Nueva York, 1967); la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler (actual República Checa, 1860-Viena, 1911) que acompaña, a modo de banda sonora, toda la película Muerte en Venecia (1971) de Luchino Visconti; la película Loco por Mary (1998) de los hermanos Peter Farrelly y Bobby Farrelly; You’ll never find another love like mine y See you when I git there del incomparable Lou Rawls (Chicago, 1933, Los Ángeles, 2006); la psicología de masas, el cómo en grupo nos atrevemos a cosas que solos no haríamos; la dinámica de las protestas sociales; la psicología de masas en su interacción con las protestas sociales, el cómo la primera puede hacer abortar, entorpecer o potenciar a las segundas; la ceguera social que provoca los actos contestatarios criminales; la guitarra y el genio musical del moreno argentino Óscar Marcelo Alemán (Machagai, 1909-Buenos Aires?, 1980), músico grandioso que acabo de descubrir, que acompañó durante más de 5 años a Joséphine Baker y llegó a tocar con el guitarrista de jazz gitano belga Django Reinhardt; la versión e interpretación alemaniana de Bésame mucho de Consuelito Velásquez; la canción Don’t it make my brown eyes blue (1977) de Brenda Gail Webb (Kentucky, 1951), más conocida como Crystal Gayle; la ondeante gramática corporal y la poesía silenciosa del gran dios del mimodrama o pantomima Marcel Mangel Marceau (Estrasburgo, Francia, 1923-París, 2007); la película E.T. (1982) de Steven Spielberg (Cincinnati, 1946), con guión de Melissa Mathison, por el gran canto de solidaridad, extrañeza hacia lo humano y de esperanza que esconde, sin que probablemente lo sepa del todo su autor; el tema Mas que nada compuesto por Jorge Duilio Lima Meneses Jorge Ben Jor (Río de Janeiro, 1942) e inmortalizado en 1966 por Sérgio Mendes (Niterói, 1941) y su grupo Brasil 66; la versión del mismo tema de Will.i.am de Black Eyed Peas, primer título del último álbum de Mendes, Timeless (2006); Los mareados (originalmente Los dopados), Nostalgias y Rondando tu esquina del poeta del tango Enrique Cadícamo (Luján 1900-Buenos Aires, 1999); la imaginería y la esfera pensante del escritor Enrique Prochazka (Lima, 1960); It’s a Heartache de Gaynor Hopkins Bonnie Tyler (Gales, 1951); muchas de las composiciones del prolífico Manuel Alejandro Álvarez-Beigbeder Pérez (Jerez de la Frontera, 1933); el aroma del ají; muchas de las composiciones de los españoles Pablo Herrero y José Luis Armenteros; el inteligente humor antirreligioso del filósofo y escritor Fernando Savater (San Sebastián, 1947); 5 metros de poemas, la única obra conocida de Carlos Oquendo de Amat (Puno, Perú, 1905-Navacerrada, España, 1936); la biografía y la pintura de Víctor Humareda (Puno, 1920-Lima, 1986); la novela El padrino (1969) de Mario Puzo (Nueva York, 1920-Long Island, 1999); la película El padrino (1972) de Francis Ford Coppola (Detroit, 1939); el arte de Alfredo James Al Pacino (Manhattan, 1940); La casa de cartón (1928) de Martín Adán, Rafael de la Fuente Benavides (Lima, 1908-1985); La vida secreta de Walter Mitty (1939), relato de James Thurber (Ohio, 1894-New York, 1961); entre otras cosas más personales.

Una respuesta para “LO QUE ME FASCINA”

  1. diana Dice:

    Hola
    He conocido ahora tu blog y me dispongo a investigarlo.
    Ahora sólo saludarte, ya te comentaré.
    Un saludo desde Coruña
    Diana
    Hola Diana. Gracias por tu especial mensaje y tu visita. El acento de A Coruña es uno de los que me salen con cierta facilidad, por más que no sea galegofalante. Saludos cordiales de un peruano desde Colonia. Cuídate. HjV

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