ÉDITH PIAF: QUE NADIE SEPA MI SUFRIR

Sobre los edredones de una suntuosa cama de la habitación de un lujoso hotel neoyorquino, se mueve una figurilla de mujer de apenas 147 o menos centímetros de estatura y de 33 años de edad.

Está vestida como lo manda la última moda de París y, precisamente es allí, en la Ciudad Luz, donde se encuentra su amado ahora, Marcel Cerdan, campeón mundial francés de boxeo en su categoría.

A él le está escribiendo en este instante –en una pausa de su gira por EEUU- interminables cartas que son como las melodías de amor y tragedia que la han hecho famosa en el mundo entero.

Las cámaras fotográficas -y las del cine- la apuntan con sus objetivos, sin dejarla en paz ni siquiera en este momento íntimo en su hotel. Aunque esta criatura lo goza, en realidad.

Su vida ha sido una caja tan llena de sorpresas –buenas, malas y peores-, que la fama no es algo de lo que ella se pueda quejar ahora. Muy por el contrario.

Ésta es la historia de una mujer que lo dio todo en muchos sentidos.

A la temprana edad de 47 años finalmente lo hizo -por última vez y ya no metafóricamente- en el más absoluto de todos los sentidos: la vida.

La había entregado durante cuarenta a través de ese medio -y también médium para ella- llamado canto, el que es, muchas veces, la única posibilidad que tiene el alma de muchos humanos para poder gritar y soltarlo todo. (*)

Debo confesar –haciendo un paréntesis en estas líneas- que un lector de esta página y que me escribe desde Tegucigalpa, la capital de Honduras, tiene absoluta razón cuando comenta que aquí yo me ocupo de temas –como los llama él- antediluvianos.

-¡Claro! –le vuelvo a responder-. ¡Esto es arqueología pura!

Lo digo tal como es. Mi pasión por las reliquias musicales y el fino entramado de éstas con la vida de sus creadores e intérpretes es real. No es pagada ni contratada. Es algo que me fascina sobremanera. Junto a otras pasiones más, se entiende.

Tal vez porque es en ese entramado donde más hondamente se puede mirar en la esencia del alma humana y su insondable carácter contradictorio y trágico.

Corre octubre del año de 1949, señoras y señores, ladies and germans, Edith Piaf está perdidamente enamorada de ese joven fuerte y famoso, que es el boxeador Marcel Cerdan, el cual a su vez tiene en Casablanca una familia que le espera.

Otro que también le espera en EEUU es su contrincante, el boxeador Jake LaMotta, quien dos años más tarde perderá su corona mundial frente al legendario Sugar Ray Robinson. Con su viaje, Cedran tiene pensado acertar a dos pájaros con un solo tiro.

Desde la ciudad de los rascacielos ella le ruega viajar en avión –un medio de transporte todavía poco usado-, puesto que por barco la espera del amado sería para ella algo sólo comparable a la inmensa eternidad.

El boxeador nunca llegó. Su avión cae sin ningún sobreviviente sobre las Islas Azores.

Y de este golpe, la Piaf nunca más se recuperaría, tampoco.

(Cerdan, al igual que el Zinédine Cabezazo Zidane de esta era, había nacido en Argelia –en ese entonces, todavía colonia francesa- y le había dado un título mundial a Francia.

La pelea de desquite contra LaMotta había sido pactada para el 28 de setiembre de ese año, 1948, pero el norteamericano aduciendo una lesión en el hombro, la había postergado para el 2 de diciembre.

La primera pelea la había perdido Cerdan, debido –justamente- a un desgarre muscular en el hombro, logrando llegar sin embargo hasta el décimo asalto, en una pelea con una sola mano, que finalmente obligó a su esquina a arrojar la toalla.)

La biografía de Édith Giovanna Gassion se lee –parcialmente- como una absurda venganza de los dioses.

A las pocas semanas de nacer es abandonada por su madre Anita Gassion –una cantante callejera y de cafeterías-, y tiene que ser recogida por su abuela materna, bajo cuyo cuidado llega a estar a punto de morir por inanición. (Se cuenta que llegó a mezclar alcohol con la leche que le daba para conseguir calmarla.)

A los 4 años cae enferma de meningitis, permaneciendo -lo afirmaba ella- durante dos años ciega. A los 7 empieza a acompañar a su padre en su peregrinar como contorsionista alcohólico de circo ambulante, quien espera que la hija aprenda sus números. Ésta, incapaz de conseguirlo, aprende a usar su voz.

A los 10 comienza a pasar la gorra cantando para ganarse el sustento.

A los 15 abandona la tutela paterna para irse a cantar a las calles de París, donde es descubierta por Louis Leplée, quien la coloca como cantante fija en su cabaret y la apoda La Môme Piaf, el pequeño gorrión.

(Se dice que en su debut en el cabaret Gerny’s estuvo presente Maurice Chevalier.)

A los 18 nace su hija Marcelle, quien muere a los dos años de meningitis. Piaf no vuelve a tener descendencia.

Dos años más tarde, en 1935, graba su primer disco. Al año siguiente muere asesinado su mentor, Leplée, en un asalto. La policía la encarcela y la acusa de complicidad. Por falta de pruebas es dejada, empero, en libertad.

En 1940 el poeta, dramaturgo y cineasta francés Jean Cocteau escribe para ella la obra El bello indiferente, que será un gran éxito.

Hasta la siguiente guerra mundial se dedica ya sólo a su legendaria carrera musical.

La lista de sus amantes incluye las siguientes celebridades, dos de ellos aún vivos: Yves Montand, Marlon Brando, Charles Aznavour y, más tarde, Georges Moustaki (**).

Bajo la ocupación alemana, durante la segunda guerra mundial, permanece en París cantando para los prisioneros de guerra, a quienes ayuda con documentación falsa para poder escapar.

Siendo la estrella del Club des Cinq conoce al boxeador Cedran, de quien se convertirá en su amante, hasta la caída de su avión sobre las Islas Azores, máquina que debía llevar al pugilista a encontrarse con ella en Nueva York. No hubo sobrevivientes.

La Piaf le había rogado que volara, en contra del planeado viaje en barco.

Empieza a entregarse a la bebida.

En 1950 sufre un accidente automovilístico del que resulta con varias costillas rotas. Una simpática enfermera, compadeciéndose de su dolor, le inyecta morfina: droga que se convierte en la nueva amante de la artista. (***)

Este mismo accidente fue el causante indirecto, al parecer, de la manifestación en su organismo de una poliartritis reumatoide. Debido a ésta, su trágica pequeña figura empezará a parecerse cada vez más a la de una anciana artrítica y corvada de 70 años.

A finales de los años 50, se desmaya durante una presentación en el escenario, diagnosticándosele un cáncer hepático. Su compañero de entonces, el griego y aún hoy famoso artista Georges Moustaki, la abandona sin esperar que le den de alta en el hospital.

A partir de entonces una enfermera la acompañará durante sus conciertos y giras para poder administrarle morfina en caso necesario.

En un acto de locura propio de su ser y siendo -seguramente ya- consciente de vivir sus últimos momentos en la cumbre de la fama y de la vida terrenal, se casa con Théo Sarapo, un joven cantante griego 20 años menor que ella.

Curiosamente, una de las canciones que más contribuyeron a la fama mundial de la pequeña mujer a la que me refiero, no fue francesa como su país de procedencia, sino argentina aunque de estilo peruano: Que nadie sepa mi sufrir. Vals compuesto por los argentinos Enrique Dizeo y Ángel Cabral, en la letra y música, respectivamente.

Tema que también ha sido llevado a otros ritmos y a más modernas épocas bajo el título de Amor de mis amores.

En las últimas entrevistas se ve el rostro de una mujer feliz –la morfina y el alcohol- sostenida sobre un cuerpo cada vez más deformado –la poliartritis reumatoide y el cáncer-, que repite una y otra vez (reflejándolo aún más en su canto con un repiqueteo lingual de las erres, que más parece propio de los oficiales de la SS alemana de las películas yanquis que el de una francoparlante) el lema que nunca más la dejará: Je ne regrette rien. No me arrepiento de nada.

Edith Piaf le dedicó –casi paradójicamente- a la capital alemana la canción El hombre de Berlín, ciudad en la que curiosamente nunca estuvo, pero que pensaba visitar en la gira planeada para la primavera europea de 1963, sin llegar a hacerlo.

En marzo de ese año, y medio antes de morir –entre otras enfermedades, de cirrosis-, vuelve a sufrir un colapso e insiste en -por lo menos- poder grabar la canción.

Lo consigue el 7 de abril, en una grabación que se publicó cinco años después de su muerte y en la que Edith Piaf apenas puede declamar la letra de esa canción. El 11 de octubre de 1963 no puede más.

Aún después de muerta la persiguió el infortunio.

Su segundo y último esposo, 20 años menor que ella, Théo Sarapo –el mismo que había transportado clandestinamente su cadáver desde un pueblo, Plascassier, cerca de Cannes, hasta París para hacer creer que murió allí y alimentar así la leyenda- murió en 1970 en un accidente automovilístico.

Sus restos reposan juntos en París.

Y porque la vida es un carrusel o un tiovivo y últimamente no sé nada de lo que sucede artísticamente en este país, me vengo a enterar precisamente hoy, mientras escribía esta entrada, que se acaba de estrenar la película francesa La vie en rose (título original: La Môme) dedicada a El Gorrión de París, escrita y dirigida por Olivier Dahan y que fue presentada el mes pasado de febrero de este año 2007 en la Berlinale.

Sí, en Berlín.

La vida tiene sus rizos y sus vueltas.

¿Tendré que ir a ver la película para dar mi aporte?

HjorgeV

Colonia, 02/05-03-2007

(*) Después de escribir esto, leí –justamente hoy- en una nota periodística de la prensa alemana que una artista mundialmente famosa y de 48 años, suele gritar como terapia contra el estrés. Ella misma: Madonna.

(**) Por otro de esos rizos de la vida, acabo de acordarme que en una de mis vidas pasadas, dedicada a la música, tuve la curiosa oportunidad de actuar con mi grupo de entonces en un concierto benéfico de la UNICEF en Amsterdam, junto a Moustaki y Paco Peña. Entonces no sabía yo quién era el griego. Ni -claro- que iba a aparecer en estas líneas de homenaje a la Piaf.

(***) La heroína es un derivado de la morfina, y ésta del opio. Se calcula que solo en EEUU existen unos 600.000 heroinómanos. Se sabe que aquí, en Alemania, Bismarck, el emperador Maximiliano y el mismo Wagner se inyectaban diariamente morfina. La Heroína -junto con la Aspirina– fue un analgésico superventas con marca registrada lanzado en 1896 por la que hoy es la multinacional alemana Bayer. Se vendió en este país hasta 1958, habiendo sido retirado ya en 1931 del mercado usamericano. Recién en 1971 se aprobó legalmente su prohibición. Se calcula (oficialmente) en 150.000 personas el número de heroinómanos en este país. Otros expertos doblan fácilmente la cifra.

ÉDITH PIAF: LA FOULE (1961)

NON, JE NE REGRETTE RIEN (NO ME ARREPIENTO DE NADA)

ÉDITH PIAF (1935)

Anuncios

4 comentarios sobre “ÉDITH PIAF: QUE NADIE SEPA MI SUFRIR

  1. ¡Qué gusto! Jem, un detallito sin importancia: Theo Sarapo era, además de cantante, el peluquero de Piaf. Se llamaba Theophanis Lamboukas. Fue apodado Sarapo por Edith Piaf, sarapo significa: te quiero en griego.

    Qué vida tuvo esa mina, ¿no? Uf. Qué grande su voz.

    Saludos.

    Inés

    Rpta.: Hola, Inesísima. Sigue sin gustarme (del todo) su voz. Pero su expresividad, entrega, interpretación y su fibra vocal me siguen fascinando. Saludos. HjV

  2. Potente, callejera, parisina, una voz que habla de una ciudad y de París. Los que hablan como ella se hacen llamar los: Titis parisiens. Los que usan sus expresiones, les gouailleurs, ese tono, esa forma de pronunciar no son lindos, están, sin embargo tan irremediablemente ligados a la capital, a una clase, la clase obrera, a un tiempo, que me parece que representa la personificación de algo que fue y ya no será. Me parece grande, sí, y a mí me llega hondo.

    Jorge, dije que tenías buen gusto y no qué gusto. Me gustó tu nota. Te dejo mis saludos primaverales, Inés

    Rpta.: Hola, Inesísima. Sí, a eso suena su voz: a calle, a cigarrillo eterno colgando de la comisura de los labios, a alegría terca robada a la vida dura, a felicidad porfiada, hogares destruidos por el mal comer, camas compartidas e inviernos crudos. Gracias por la primavera de los saludos. Por aquí está que quiere y no quiere. Un abrazo desde Colonia. HjV

  3. Esta canción – No me arrepiento de nada -en la voz de la Piaf, era parte de la enseñanza de Francés en un colegio ( Antonianas de María) de Chosica Peru allá por 1998. Recuerdos de mi hijo menor quien llego a destacar en este idioma y mas su graciosa pronunciación de las erres que hacia las delicias de su madre. Tiempos felices. La vida nos pega un sacudón con el tiempo, para recordar que no todo es fácil. Grandes terremotos lamentablemente sacudieron la vida de Edith. Aun luego de muerta. Lei que – posiblemente sea cierto – que sus amigos de arte tuvieron que luchar para que se lograse sepultar su cuerpo de la manera normal en París. Ives Montand y otros tuvieron que hacer a un lado sus creencias políticas e improvisar una canción coral alusiva al triste acontecimiento, ignorando incomprensibles censuras, no compatibles con la piedad y la compasión humanas.

  4. Es una voz incomparable así como la canción de no me arrepiento de nada, es eje multiplicador de la forma de vida de muchas personas, es un solo decir, en vista que lo hecho está, únicamente se refleja en el futuro de las personas. Eres bella Edtih Piaf.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s