MIS 60 PRINCIPIOS FUTBOLÍSTICOS

Llevo años tratando de cogerlos por el cuello y definirlos de una vez por todas.

Es como escribir una tesis, un doctorado o una novela: nos parece que nunca vamos a estar listos.

En esta tarde de domingo soleado alemán, me atrevo a sacarlos de su rincón perdido de esta bitácora y airearlos a la atmósfera ciudadana.

De niño amé el balompié como el ajedrez bailado que es (definición de un lector bajo el seudónimo de Filemón Pi). Yo lo llamo Ajedrez Grupal y Cinético.

Como tuve un desarrollo físico muy tardío, cuando mis compañeros ya se afeitaban a diario, yo ni sabía para qué servía un desodorante. ¡Me llevaban hasta tres años, por la magnífica idea de mi padre de hacerme saltar un año en el colegio!

De tal manera que el fútbol fue mi mundo, mi cielo y, a la vez, mi frustración durante una buena época. Lo que tenía en mente no lo podía traducir en acciones porque mi musculatura no me lo permitía o porque el entrenador consideraba que no podía aportar mucho con mi físico de niñito.

Cuando finalmente crecí hasta pasar en estatura a la mayoría de mis compañeros, ¡el colegio y la adolescencia ya se habían acabado!

Lo bueno fue que así fui aprendiendo estos principios, que ahora trato de inculcar como entrenador con Licencia B, emitida por la Federación Alemana. (Todavía juego en el equipo de mayores de 35 de la localidad vecina, de delantero centro.)

El balompié es un juego de alta complejidad, en el que la intuición grupal y el dominio de la geometría marcan el ritmo, sin más reglas fijas que las limitaciones que dicta el reglamento.

Un intento de definición ‘pretencioso’:

“Ajedrez grupal y cinético, en el que se trata de desactivar posicionalmente al rival, para, con ayuda de la geometría dinámica (cálculo de líneas y ángulos que se están deformando constantemente), conseguir hacer cruzar el balón cómodamente por la línea de gol”.

Aquí va, pues, este intento de ‘humanizar’ este deporte que nació elitista en suelos ingleses, fue inventado por los chinos o en el antiguo México, y que corre el riesgo de pasar a la historia como un deporte de lucha y descerebrado, además.

Aunque estos principios los puede entender cualquiera, están pensados para ser más profundamente entendidos por los conocedores. Espero no exagerar ni aburrir.

1. El balompié es un juego más exigente que una partida de ajedrez pensada en grupo y no es posible jugarlo sentado.

2. El trabajo de la mente es doble: dirigir la propia motricidad corporal y decidir las jugadas y/o el posicionamiento personal a cada instante.

3. Gana el que mete más goles. Si no se encaja ninguno, mejor.

4. No existen limitaciones para la consecución de los goles, salvo aquellas que establece explícitamente el reglamento. Toda solución que termine en gol es buena. No he dicho ‘bonita’.

5. No bastan las ideas si el cuerpo no puede traducirlas en jugadas reales.

6. Peor es ser físicamente poderoso y carecer de ideas. No es un deporte de lucha. Ni hay que noquear al rival. Sólo mentalmente.

7. El mejor camino al gol no es -necesariamente- el más corto, pero hay que preferirlo.

8. A pensar en grupo se aprende, practicando a pensar… en grupo. Bienvenidas las sub-sociedades o sub-grupos, mejor si van creciendo dentro del equipo.

9. La puntería es primordial. La cuarta parte de cada entrenamiento debería estar dedicada a mantenerla ‘engrasada’, sobre todo en movimiento.

10. Cualquier nueva idea es buena, porque se ha hecho un esfuerzo para encontrarla y eso abre la mente a más ideas.

11. Es un juego posicional: el que mejor posicionado está, está también en ventaja. Para defender y para atacar. Pero hay que verificar la orientación a cada momento. Solo hay dos direcciones peligrosas: las que conducen a las dos porterías.

12. Hay que dominar la geometría dinámica: es decir, el trazo de ángulos y líneas, y su reconocimiento y cálculo en pleno movimiento y distorsión continua.

13. El que ataca siempre está en ventaja: el que defiende no tiene ojos en la nuca, corre hacia atrás y teme encajar un tanto.

14. Delantero: el arco es inmenso para el arquero. Portero: el arco es pequeñísimo para el delantero.

15. ¿Conocen la palabra sinergia? El balompié la inventó. Hacer con poco mucho. La ley del mínimo esfuerzo a su máxima velocidad. Ratones que pueden dañar como tigres, actuando en conjunto.

En un proceso sinérgico se unen dos o más elementos para obtener un resultado superior a la simple suma de ellos, maximizando sus cualidades.

16. Sin una visión panorámica permanente es mejor sentarse a jugar una partida de ajedrez. El buen jugador es el que tiene ojos en la nuca y a los costados. El mejor: el que puede ubicarlos a un par de metros de altura.

17. A jugar sólo se puede aprender… jugando. No escatimar esfuerzos en la práctica del juego en sí. Tomarse, por ello, todo partido con absoluta seriedad. Siempre.

18. La mente debe estar ocupada en tres asuntos primordiales:

a) En querer ganar. Es decir, en la meta o razón del juego: el gol.

b) En la concentración absoluta desde el comienzo hasta el final, que permite el máximo rendimiento físico y mental..

c) En pensar en las jugadas como líneas geométricas y dirigir nuestra posición a cada instante.

La relación porcentual es del 95% para a. La de b, 97%; pero la de c, 99%.

19. El árbitro siempre se equivoca. Dejémoslo en paz y no permitamos que nos disturbe la concentración. En el supuesto y exagerado caso de que le hayan pagado para que nos haga perder, sabrá cómo conseguirlo.

20. El juego limpio es la esperanza y la garantía del verdadero juego bonito. Ejemplo que no da la publicidad futbolística de la televisión. Pero, ¿qué saben los mercaderes de moverla y de otras cosas verdaderamente importantes en esta vida?

21. La pelota tiene que obedecer al jugador. ¿Un consejo? Imaginar todo el tiempo que se juega con las manos.

Mientras más se practica la ‘fantasía multifuncional’ individualmente con el balón, más obedecerá éste en el juego.

22. La pelota tiene que ser lo suficientemente elástica para potenciar la técnica y estar lo más lejos posible del antiguo concepto de pelota medicinal que tenían -y todavía tienen- muchas personas de ella, sobre todo los hombres.

¿Se quiere formar levantadores de pesas o finos y rápidos técnicos con la redonda?

¡Respetar el reglamento en lo que concierne a medida y peso del balón! ¡Tener una balanza siempre a mano! (*)
¡Respetar la menor musculatura y el proceso de crecimiento constante (huesos y articulaciones) de los niños!

Se desea jugar ajedrez bailando, no jugar a los bolos. Si no se puede dar pases que abarquen, por lo menos, la mitad de la cancha, es que el balón es demasiado pesado.

23. En un juego normal, el que tiene la pelota no debe darle absolutamente ninguna chance al rival de acceder a ella. Tanto individualmente, como en equipo.

24. Jugadores que no hablan y no se comunican verbalmente entre sí, dejan de usar una herramienta muy poderosa.

25. Antes la pelota era de cuero. Alfredo Di Stefano decía que como la pelota procedía del cuero de la vaca y ésta se alimentaba de pasto, el lugar natural de toda pelota es, obviamente, junto al pasto.

Debe abandonar la bidimensionalidad pocas veces. Si lo hace, debe hacerlo bien.

26. El primer lugar natural y seguro de la pelota debe ser bajo la suela. De los dos pies.

La pelota se puede tocar, además: con la punta, el empeine, el talón o taco; con las partes interna y externa del pie; con el medio empeine interno o externo; con un cuarto de empeine interno o externo; con los tres cuartos externos o internos del empeine; también con las rodillas, los muslos, la cadera, el abdomen, los hombros, el pecho y la cabeza.

Ninguna de estas partes debe ser extraña para un jugador ni llegar a sorprenderlo.

27. Los cómodos tiros al arco con los amigos es algo muy bonito. Pero no existen como tales en un partido real. Reservarlos para los días festivos, no para los entrenamientos.

28. Siempre, antes de entrenar o competir (y durante) hay que tomar agua como un caballo.

29. Delantero que reclamas la pelota: como en la caza, es más fácil de reconocer y ser visto al que se mueve.

30. Un arquero que no sabe usar los dos pies, debe cortarse el que le estorba.

31. Un jugador tiene que haber pasado por todos los puestos. Incluso el de guardameta.

32. Calentar a conciencia hasta antes de jugar contra un equipo de monjas.

33. Sin absoluta concentración sólo se juega 1/2 partido.

34. El secreto de un buen dribling, gambeta o regate, es mantener el equilibrio y la orientación a gran velocidad. Mantenerlos y practicarlos para evitar perderlos. Repetir ejercicios en la primera marcha o cambio, como si se nos fuera la vida en ellos.

35. Defensa: al delantero hay que tratar de romperle el sentido del equilibrio y de la orientación, moviéndose casi todo el tiempo, acechándolo y amenazando con cortarle el paso con nuestros movimientos.

Le está permitido bailar, pero es el defensa quien le muestra el camino.

36. No me gusta el 1 a 1. ¿De qué sirve, salvo en situaciones concretas? Cansa y hace perder la orientación, es decir, el sentido del juego. Mejor es repartir los espacios y decidir según la situación.

37. Los ejercicios de un entrenamiento deben incluir y reproducir la tensión y la presión (el estrés) de un partido.

38. Aprender a repartirse el campo (en grupo) según sea ‘necesario’, tanto en el ataque como en la defensa. El intercambio de posiciones y de responsabilidades debe ser algo natural y determinado por la necesidad (al atacar) o la peligrosidad (al defender).

39. Todo jugador debe tratar de dominar los dos pies en todo tipo de jugadas. Eso estimula el desarrollo del pie dominante.

40. El partido se acaba cuando se acaba. Mientras tanto, se juega como si recién se hubiera empezado.

41. El defensa que tiene que correr detrás del delantero está perdido.

42. La pelota es más rápida que cualquier jugador. Aquí y en Marte. Pero rápidos jugadores inteligentes son un arma casi imbatible.

43. No se dispara ‘al arco’. Se dispara a un punto concreto del arco. Preferir siempre el empeine para hacerlo.

44. Es mejor ‘secar’ (cerrarle o cortarle el paso) a un delantero, que tratar de robarle la pelota y perder.

45. No existen espectadores dentro del campo de juego. Todos están fuera.

46. Mentir es sagrado, ley primordial y compañía obligada de cada jugada.

47. La redonda está hecha para rodar. Pasarla. Pasarla. Pasarla. No se puede ganar un partido jugando solo, pero sí muchos enemigos.

48. Es pecado disparar al arco muy diagonal u oblicuamente. Desde allí donde ‘mide’ apenas uno o dos metros y hay un grandulón en el medio. Es más pecado no acompañar a ese atacante que se ha -o ha sido- ‘ladeado’.

49. Un buen defensa obliga y lleva a una ‘diagonalidad’ u ‘oblicuidad’ máxima al rematador, obligándolo a disparar en desventaja o a pasar. Para esto último ya deben haber desayunado sus compañeros de la defensa.

50. Por lo menos la mitad de las jugadas tendrían que ser preconcebidas y tener un código. Un tiro libre cerca del área debe ser un tanto casi fijo.

51. El capitán es el brazo y la boca del entrenador en el campo. Su apoyo moral tiene que ser ejemplar y su arado, paradigmático.

52. Contraatacar debe ser una de las médulas del juego. ¿Escuchó, portero?

53. Rival desconcertado es medio rival.

54. Hacérselo fácil al compañero, nunca difícil. En todo sentido.

55. Otra posible definición de balompié: correr pensando. Lo leí hoy en el diario, me pareció muy cierto y me causó gracia. Ahora lo copio –de Christoph Daum, según dicen-:

“La mente de un jugador es su tercera pierna”.

56. Prohibido renegar. Absolutamente. Destruye la concentración propia y la de los compañeros.

57. Nunca jamás dar un partido por perdido.

58. El gol no tiene por qué ser una acción violenta ni explosiva. Mejor si no lo es.

59. Un juego vistoso y altamente atractivo, no tiene por qué estar en contradicción con todo lo anterior.

60. Durante un partido, un entrenador tiene el derecho a sentarse tranquilamente a contemplar el fruto de su trabajo. Se debe permitir intervenir puntualmente.

HjorgeV

Sinthern / Pulheim, domingo 06-05-2007

(*) Estas son las reglas OFICIALES para mayores: su circunferencia será de entre 68 y 70 centímetros, su masa de entre 410 y 450 gramos y su presión de entre 0,6 y 1,1 atmósferas.

Para niños hasta los 13/14 años: 63,5 a 66 centímetros y 350 a 390 gramos.

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