EL MONO SAPIENS: IRREMEDIABLEMENTE MATERIALISTA

En el automóvil que me trae de Berlín, leo que la sudafricana Nadine Gordimer, Premio Nobel de Literatura 1991, se queja de que “El materialismo lo ha conquistado todo”.

Se me viene a la memoria la conversación –discusión, más bien- que tuve en Berlín. Mi interlocutor se quejaba que se le echara la culpa a Occidente de todos los males del resto del mundo.

Mientras sigo leyendo El País del domingo y ruego que no haya más atascos en la carretera, revivo la discusión en mi memoria.

-No de todos –le digo yo-. Pero ves cada día en los periódicos el producto de varios siglos de colonización europea. O sea, de esclavitud disfrazada.

¿Por qué se mostrarán tan afectados muchos ciudadanos –europeos, sobre todo, pero también usamericanos- de hoy en día cuando se habla de pasados coloniales, esclavismo y ‘conquistas’?, me pregunto.

¿Qué tienen que ver ellos con lo que hicieron sus antepasados?

Es decir, ¿de qué pueden ser culpables?

(La misma impresión me dejan los ‘camiseteros’ de los equipos de fútbol. Son capaces de defender a capa y espada lo indefendible por defender la camiseta.)

Mi interlocutor me da ejemplos de cómo los gobernantes de países africanos y latinoamericanos, teniendo toda la oportunidad para hacer algo bien por sus países, han terminado no sólo enriqueciéndose, sino que, además, jodiendo aún más a las sociedades que dicen representar.

-La gente es como es, ¿porque sí? -le pregunto-. ¿O su conducta es un producto y reflejo de su entorno y de su historia?

-No puedes echarle toda la culpa al colonialismo. Además, hace tiempo que ya no existe- me dice él.

Ya hemos tocado temas como Irak, Guantánamo, Cuba, Venezuela y otros más.

-Ese es otro problema: ahora existe el colonialismo de manera más discreta, pero no por eso menos dañina –le replico-. Un claro Neo-Colonialismo.

-¿De dónde has sacado eso? –me pregunta él, burlándose.

-De lo que veo y leo a diario –le respondo.

No pertenezco a ningún partido ni grupo político. Apenas sé de la existencia de asociaciones anti-sistema como Attac.

Le digo que estoy de acuerdo con El Roto, en que lo que ahora manda en el mundo es la mentira y el dinero. (**)

Le trato de explicar que para mí, lo más letal es la idolatría del dinero: porque mentira siempre hubo, pero el nivel de competencia actual del capitalismo es tal, que se ha convertido en una verdadera Ley de la Selva: el que no puede que se joda. No interesa a nadie.

Ley que antes se aplicaba sólo entre animales feroces. Ahora los feroces la usan también contra las hormigas y otros bichos mínimos. ¡Qué feroces han resultado ser!, me burlo de las grandes transnacionales.

Nadine Gormer se queja del materialismo, vuelvo a leer. Llevamos ya varias horas de este día soleado en las autopistas alemanas. El conductor del vehículo es un estudiante universitario que viaja todas las semanas a Berlín para ver a su novia. Los asientos libres del automóvil que él mismo alquila los ofrece en la modalidad de Viaje Compartido (sólo se comparte el combustible) en la red.

Pero no lo veo así. Lo del materialismo, digo.

Creo que el Mono Sapiens es irremediablemente materialista.

Es más, creo que desde el momento en que se distanció genéticamente del chimpancé por su capacidad para pensar, empezó la carrera más materialista y larga de la historia de todos los seres vivientes sobre esta tierra.

Lo confirman los restos arqueológicos, las cuevas de Altamira (una pintura es un objeto), la hagiografía y las iglesias, los museos. Nuestra alta incapacidad para deshacernos de objetos que nunca vamos a utilizar.

El objeto, lo material, es algo que está íntimamente ligado a la historia del hombre.

Dejémoslo allí, me digo (yo, que estoy aprendiendo a desembarazarme –justa palabra ahora- de los bienes materiales que pueden llegar a obnubilar el pensamiento): el materialismo no tiene por qué ser, en sí mismo, algo malo.

¿A quién le puede importar, por ejemplo, que alguien almacene basura –se conocen casos- en su propia casa, mientras no le haga daño a nadie?, me pregunto.

(De niño, el Tío Rico, ése que guardaba montañas de dinero y riquezas en sus habitaciones, era un perverso y chiflado más para nosotros.)

El caso del dinero es diferente.

La idolatría del dinero, le digo, es la que se va a traer abajo este proyecto de autor –todavía- desconocido (cientos de religiones en el mundo atribuyen –convencidísimas de decir la verdad, bajo temor de terrible castigo divino- a su propio dios la autoría) llamado humanidad o, falsamente, civilización.

El dinero como deporte (dopado) de alta competición.

Considero que el capitalismo, es decir, la acumulación de bienes y capitales, empezó con la agricultura.

Antes, seguramente, a más de uno se le debe haber ocurrido almacenar carne de mamut, por ejemplo, pero como en ese tiempo no existían las refrigeradoras ni los frigoríficos, no pudo empezar el negocio.

Digamos que antes de que apareciera la agricultura, existía una forma muy inocente, inocua e inteligente de acumulación de bienes: el trueque.

Cuando aparece la agricultura y, con ella, la excedencia de alimentos, nace el almacenamiento de lo que no se podía consumir. Nace la excedencia y el capitalismo primitivo.

Es decir, nace también, su poder intrínseco. A quien le sobran las cosas, le sobra, también, poder.

Pero, ojo, que fue una suerte que existieran los granos y cereales. ¿Se imaginan que podría haber hecho una persona con su cosecha de tomates o plátanos maduros?

¿Se habría podido inventar el gazpacho en polvo ya en nuestra prehistoria?

De hecho, muchos pueblos del mundo tuvieron que recurrir a diversas técnicas alimenticias y de conservación para aprovechar al máximo lo cosechado. Pero, vamos, que los cereales han sido la verdadera causa de existir de esta civilización humana que ha empezado a despedirse de la faz de este pisoteado planeta tierra, barrunto.

(Sin que eso signifique que reniegue de gozar la vida. ¡Al contrario!)

-El capitalismo actual no quiere competir, quiere sólo ganar y seguir sacando más ventajas de las siderales que ya tiene –le repito a mi interlocutor.

-Estás loco. Las reglas están dadas y es sólo cuestión de saber aprovecharlas –argumenta él.

-Supongamos que tienes razón –le digo-. ¿Entonces por qué no se las usa, si es todo tan obvio? El Tercer Mundo tendría que ser muy imbécil para no aprovechar la oportunidad.

-Lo es –tendría que haber dicho, para ser consecuente con su raciocinio.

Pero no lo hace.

Entre otras razones, porque eso conllevaría llegar a la conclusión de que el Tercer Mundo es disminuído mentalmente. Es decir, conllevaría llegar al racismo.

Como él trabaja para una organización que presta ayuda a países latinoamericanos como el nuestro, sabe bien de las metidas de pata de nuestros gobernantes y administradores.

-Las colonias no fueron otra cosa que estados esclavistas bien organizados y presentados de tal manera que muy pocos se podían quejar. Los que debían haberse quejado, los de abajo, no tenían voz- le digo.

-Pero la culpa de todo no se la puedes echar al colonialismo.

-No. Pero la fuerza de esa educación todavía queda: el que está arriba da las reglas y puede cambiarlas a su gusto y para su absoluta y exclusiva conveniencia, los demás no tienen nada que decir, ni se permite que lo hagan; el poder está para sacar ventaja propia, mentir y ser arbitrario a gusto y disgusto. ¿Qué crees que hacen nuestros gobiernos corruptos sino repetir –bajo su particular interpretación- esa educación dejada por Europa en Asia, África y Latinoamérica?

-Está demostrado que si los latinoamericanos se dedicaran a pensar en cómo salir de sus problemas y dejaran de hacerse las víctimas, las cosas les irían mejor.

-Muy bien –le respondo-. Si es así de fácil, entonces, Europa, en vez de estar refunfuñando, tendría que preguntarse, usando un raciocinio básico: ¿entonces, por qué no lo hacen?

-¿Y por qué no lo hacen? –me pregunta él, desafiantemente.

-La Ley de la Selva ahora es sólo la Ley del Demasiado Fuerte. Ya no se trata de competir, sino de aplastar. El llamado Primer Mundo no quiere que nadie se le acerque a competir, y para eso saca la mayor ventaja posible. En todo. Ni siquiera desea, ya, que los demás, como la India y China, sigan su propio camino.

Seguimos conversando, pero ya está claro que he molestado a mi interlocutor imaginario. Él se siente atacado, pero no puedo hacer nada. Comprendo que defender lo que uno piensa, no tiene por qué ser siempre cómodo. Lo chistoso es que ni siquiera estoy defendiendo alguna postura política. Simplemente he tratado de decirle cómo veo las cosas.

¿Qué mueve a un multimillonario, quien tiene todo lo que pudiera desearse y dinero suficiente para hacerlo por miles de vidas más, qué lo mueve, me pregunto, a empezar cada mañana la lucha por acumular aún más dinero?

Esa es la idolatría del dinero de la que hablo.

Es más, no tendría nada en contra de que los gobernantes satisfagan sus amplios deseos y sueños materialistas (por los que muchos han empezado a dedicarse a la política), el problema central tendría que ser: ¿SE QUIERE O NO MEJORAR EL MUNDO?

Olvidémosnos de EEUU.

Está claro que no tiene ningún interés en mejorar el mundo.

Peor: no duda en poner en peligro la vida y el futuro de personas y grandes grupos de ellas en otras regiones del planeta para salirse con la suya. (No pienso dar ejemplos.)

Quedémonos con Europa.

Pienso que estando al borde del abismo (las nuevas tecnologías van a abrir una brecha irreparable e inalcanzable: ya empezaron), los europeos todavía podrían hacer algo por combatir esa idolatría del dinero.

Se podría empezar enseñando a los niños en las escuelas que es bueno y bonito aspirar a tener una casa, un buen automóvil, hacer vacaciones regulares y hasta tener una casa de campo o de playa. También se podría enseñar que siempre hay y habrá gente que quisiera mucho más que eso. Y que no tendría que ser malo ni mal visto.

Pero que si todos aspiramos a lo mismo, no solamente sería un imposible –y no hace necesariamente feliz a nadie: ¿por qué no se detienen, entonces, los milliardarios una vez alcanzado cierto nivel?-, sino que sería, ya lo es, catastrófico y abusivo para el resto del planeta.

Pienso que la mejor enseñanza se puede hacer a través del arte.

Esa forma inteligente de dejar pasar el tiempo divirtiéndose, pensando, usando la mente y las manos, sin hacer daño a nadie y tratando de divertir, hacer pensar o simplemente entretener a los demás.

¿Por qué el arte?

Porque es la mejor forma de divertirse y entretenerse sin hacer daño a nadie, le repito.

El que se divierte y entretiene con lo que hace, no tiene tiempo ni energías, o las tiene menos, para pensar en el dinero.

¿Es el dinero algo necesariamente negativo?

De ninguna manera.

Las sociedades no tendrían por qué tener nada en contra de los Tíos Ricos, acumuladores compulsivos de dinero. ¡Dejémoslos que se aburran con su tonta afición!

Pero, ¿se necesita ser un genio para llegar a la conclusión que el dinero proviene del trabajo de alguien, normalmente de MUCHOS, allá en lo más bajo de la base de la pirámide, y que cada nuevo dólar o euro ganado para ser derrochado o acumulado proviene en gran parte de sufrimiento, dolor, explotación o inhumanidad contra nuestros semejantes?

¿Se necesita estudiar la economía mundial, para entender de que lo que ahora se trata en el concierto mundial del capital es de sacar ventajas A COMO DÉ LUGAR y alejarse lo más posible de la competencia, anulando ésta de ser posible?

Hablando en términos más prácticos:

¿Se necesita ser un genio para entender que EL DINERO NO SE COME?

¿Que, puestos a sobrevivir un grupo de campesinos (o de gente sin aversión al trabajo con las manos) junto a un grupo de grandes capitalistas en un determinado lugar donde el dinero no vale ni se conoce, está claro qué grupo estará en ventaja para sobrevivir, es decir, quién terminará ROGANDO a quién para comer?

¿Es, verdaderamente, tan difícil entenderlo?, me pregunto, mientras de lejos reconozco la catedral de Colonia.

Mi viaje ha concluido.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, martes 22-05-2007

P.D.: No he grabado la conversación que tuve con mi interlocutor, de tal manera que no se puede decir que las opiniones que muestro aquí como suyas, realmente lo sean. Me permito decir que se pueden tomar las opiniones vertidas aquí como las de una figura ficticia. (Pero estoy dispuesto a seguir discutiendo y argumentando.)

(*) Camisetismo: definámoslo con la frase, dicha mostrando los dientes, “A ver, ¿quién se atreve a meterse o criticar mi camiseta?”

(**) El Roto: “La mentira y el dinero se han convertido en lenguajes universales”

http://www.elpais.com/articulo/madrid/Roto/Probablemente/existo/elpepucul/20070412elpmad_18/Tes

HjV

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s