LA JERINGA PARECE HABER REVENTADO

Todo ocurrió demasiado rápido.

Fue anteayer, lunes 16 de julio, día de la octava etapa del Tour de France, después de la llegada a la meta en Tignes.

Y fueron apenas centésimas de segundo las que decidieron todo ese día.

Ahora, esas mismas centésimas son las que pueden decidir entre la vida y la muerte de un espectador, que fue atropellado brutalmente por el ciclista alemán Patrik Sinkewitz cuando ya había acabado la carrera. Acabado. Anótenlo bien que después lo van a necesitar.

 

Para empezar, sin olvidar a ese hombre hospitalizado en estado de coma (la vida no debe dejar de ser nunca el bien más absoluto sobre esta Tierra), empecemos diciendo que debido a ese choque, Sinkewitz ha tenido que abandonar el que ahora en Alemania se llama –con toda propiedad- el Tour de Farce.

La Gran Farsa deportiva.

Un día después, su compañero Marcus Burghardt atropelló a un pacífico perro labrador, afortunadamente sin mayores consecuencias. La bicicleta que se estropeó en el accidente se podrá reemplazar, pero Burghardt ha tenido que abandonar también la carrera.

Con él, ya son tres los corredores del equipo alemán de la T-Mobile los que abandonan el Tour. Pero eso es solo una parte de la mala racha que parece afectar a los alemanes.

¿Mala racha?

¿Por qué iba tan rápido Sinkewitz, como para provocar tal embestida y el estado de coma al atropellado, si ya había terminado la competición?

¿Cómo era posible que todavía tuviera tantas energías como para esprintar hasta su hotel?

¿Cómo explicar tamaña irresponsabilidad –se trata de una vida humana- de ese profesional?

Mi Lector Atento, ese loro pesado que llevo sobre el hombro derecho, no suele quedarse callado ni quieto ante este tipo de hechos. Ni siquiera el triunfo del colombiano Juan Mauricio Soler en la novena etapa –ayer-, ha conseguido tranquilizarlo.

Las circunstancias que rodearon y rodean este trágico accidente son más que extrañas y ya empiezan a parecer una de esas malas películas de suspenso alemanas que se pueden ver a diario por la televisión estatal, porque desde el comienzo ya se sabe quién es el culpable.

¿Qué tiene que ver la televisión alemana en todo esto?

Ahora lo veremos. Porque los principales canales de televisión –que son estatales- también están involucrados, a su manera, en esta historia.

Por lo pronto, como lo verán al final, las dos preguntas de arriba ya han quedado resueltas.

La colisión, por otra parte, no fue ningún chiste. El hombre atropellado tuvo que ser evacuado en helicóptero e internado de urgencia en un hospital de Grenoble. Sinkewitz resultó con la nariz rota y fractura parcial de la mandíbula.

La reacción de las dos cadenas de televisión ha sido más o menos inmediata, pero por otra razón.

Hoy han anunciado que no piensan seguir con la cobertura periodística del Tour de France, hasta que no se haya aclarado la responsabilidad de T-Mobile en un nuevo y escandaloso caso de dopaje: precisamente Sinkewitz acaba de dar positivo en una prueba reciente.

Ya no es posible cerrar los ojos. Por lo menos ya no en Alemania. O no tan fácilmente.

Ya está claro que el dopaje no es solo cosa de los atletas y de los médicos que los custodian. Tampoco hay que olvidar quién gana pecuniariamente con esto.

Para que funcione el tinglado de la droga en el deporte –económica y organizativamente– es necesario que alguien se ocupe de ello, alguien que asuma esa responsabilidad. Y a ese alguien no se lo puede buscar en un circo de pueblo, en alguna cantina o debajo de algún puente. Tampoco puede ser alguien; es decir, una sola persona. Esas cosas solo se pueden hacer en equipo. En uno muy bien engrasado, además.

El enfado, traducido ahora en boicot informativo por parte de la televisión estatal, es parte de la larga lista de jugadas mentirosas, hipócritas, falsas y claramente manipuladoras por parte de los responsables de T-Mobile, en este específico caso.

El asunto no es nuevo.

Pero recién el año pasado, cuando la Guardia Civil española involucró a la gran estrella del equipo, Jan Ulrich, echándole a perder de paso el gran pastel del año, el bien construido edificio de mentiras, trampas y encubrimientos –a diversos niveles, empezando desde arriba por universidades, instituciones deportivas y miembros del mismo aparato estatal- empezó a resquebrajarse seriamente.

Y es el que alemán como persona de este mundo, puede llegar a ser tramposo y hasta mafioso –el caso del ciclismo lo demuestra-, pero si hay algo que admiro en este país, es la capacidad de sus ciudadanos para dar la palabra y cumplirla.

Los de T-Mobile dieron su palabra de no volver a verse envueltos en el pantano del dopaje y no la han cumplido.

Son días duros para el deporte alemán. Y con justicia.

ciclistas.jpg

Mientras Ulrich afirma que unas declaraciones suyas aparecidas en L’Equipe han sido mal traducidas al alemán, Erik Zabel, por su parte, exige una amnistía general.

En mi país creo que eso se sigue conociendo con el nombre de tener una c…aparazón muy grande y dura.

¿Por qué no enjuician a Ulrich los traductores (oficiales) de la entrevista por esa infamia?, me pregunta mi Lector Atento.

¡Atreverse a poner una supuesta mala traducción como escudo para salvar la cara en estos tiempos! ¡Ja!

¿Por qué no dijo mejor que se había pasado de tragos?

Ese tipo de cosas no son desconocidas para él.

En mayo del 2000, al salirse de la pista y terminar su Porsche demoliendo parcialmente un estacionamiento para bicicletas, la policía de Friburgo pudo comprobarle una cantidad no permitida de alcohol en la sangre.

En el verano de ese mismo año, para colmo, mientras trataba de reponerse de su bajo estado atlético, dio positivo en una prueba antidopaje. Entonces afirmó haber consumido dos pastillas de éxtasis en una discoteca, sin querer delatar a su dealer, a su caserito o vendedor asiduo. De dopaje, por supuesto, nada.

Por su parte, Zabel, otra de las ya envejecidas esperanzas del ciclismo alemán, sabrá muy bien de lo que habla, al exigir –no rogar ni simplemente pedir- una amnistía general.

Él es el mismo que semanas atrás (ver aquí mi entrada del 26 de mayo) reconoció entre lágrimas haberse dopado durante su carrera profesional, pero que esa etapa ya la había dejado atrás. Las gotas saladas eran dedicadas a su hijo, quien está empezando a seguir sus huellas. Esperemos que solo las deportivas.

Para confirmarlo, apenas unos días después ganaba dos etapas de la Vuelta a Bavaria y decía sentirse perdonado y profundamente comprendido por el público.

Para entonces, las lágrimas ya se le debían haber secado.

El asunto, el embrollo, el affaire como dirían los franchutes, me interesó desde un comienzo, porque mi Lector Atento no pudo dejar pasar así nomás las explicaciones dadas por los medios de comunicación sobre la embestida de Sinkewitz.

Repito las preguntas.

¿Cómo era posible que pudiera ir yendo tan rápido después de una carrera de varias horas y en las que no se juega a perseguir a un conejo?

¿De dónde esa energía y ese apuro o prisa una vez terminada la carrera?

La televisión alemana explicaba que el ciclista había querido llegar lo más pronto posible a su hotel sin tener que esperar al ómnibus de su equipo. Pero, ¿por qué poner en peligro una vida humana solo por llegar un par de minutos más o menos tarde? A descansar, además.

A mí el asunto me provocó indignación.

Y mi Lector Atento no se podía tragar así no más el asunto.

Cuando, investigando por mi cuenta, me enteré de que el accidente había ocurrido en una bajada, mi sospecha empezó a desvanecerse. Pero no del todo. El espectador había cruzado la pista sin contar que el corredor alemán bajaba en picada ese tramo de su camino al hotel.

¿Tienen que ir en su propia bicicleta los corredores hasta su hotel?, me volvió a preguntar mi Lector Atento, sin dejar de tranquilizarse.

Por supuesto que no. Lo decía la misma fuente.

Lo que sucedía era que las calles y las vías del lugar -de la meta- suelen estar tan concurridas después de la carrera, que a los autobuses encargados de llevar a los corredores al hotel, les toma mucho tiempo hacerlo.

¿Y?, me volvió a preguntar mi Lector Atento.

¿Cuál era el problema?

¿No es posible descansar en un ómnibus moderno europeo y equipado, además, con la más moderna tecnología y todo lo necesario para la rehidratación de un corredor?

-Averigua qué porcentaje de los ciclistas no soportan eso de perder un par de minutos de más en su camino al hotel –insistió.

Me decía que si esa práctica era muy generalizada, ¿cómo era posible que los organizadores no la hubieran tomado ya en cuenta, y siguieran exponiendo al peligro a los espectadores.

El asunto seguía oliendo mal. No cabía duda.

Algo estaba absolutamente claro: Patrik Sinkewitz tenía prisa, pero no la prensa no informaba por qué. Además parecía tener la energía que unos ya no tienen ni para el último pique de la carrera y otros prefieren guardar para el día siguiente. Si es que sobra.

Hoy que la BDR –la Federación de Ciclistas Alemanes- ha informado que una de las últimas pruebas antidopaje del ciclista de 27 años ha dado positivo, las cosas empiezan a esclarecerse.

Pero nadie debe olvidar –porque ese espectador todavía hospitalizado debe tener padres, esposa, hijos, más familiares, colegas o amigos y algo así le puede suceder a cualquiera-, que el dopaje se ha vuelto a tomar una víctima más. Una completamente inocente esta vez.

En mi infinitesimal ‘homenaje’ al herido: aplaudo el boicot de la televisión alemana y ruego que se pueda recuperar el primero.

La jeringa parece haber empezado a explotar.

Si nadie quiere o se atreve a quitarse del todo la máscara en esta trama del dopaje institucionalizado, ya se encargará la podredumbre de reventar a su modo, es lo que puede a llegar a pensar uno.

Aunque conociendo al Mono Sapiens, mejor dicho desconociéndolo (porque no soy zoólogo), puede que todo quede otra vez en nada.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, miércoles 18-07-2007

 

P.D.: Últimas informaciones parecen confirmar la recuperación del espectador atropellado.

Artículo de El País recién publicado:

http://www.elpais.com/articulo/deportes/television/alemana/deja/emitir/Tour/positivo/Sinkewitz/elpepudep/20070718elpepudep_5/Tes

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