EL TOUR DE FARCE: ¿APOSTAMOS?

No es un error ortográfico.

¡Ya quisiera yo!

Es la denominación en forma de juego de palabras que se viene usando aquí en Alemania desde hace un tiempo para referirse al Tour de France.

El Tour de la Farsa.

No habían terminado las celebraciones del triunfo del corajudo ciclista kazajo Vinokúrov, quien aparte de ganar ya una etapa, había sufrido una aparatosa caída que le había destrozado parte de sus rodillas y que había hecho exclamar a sus propios médicos, que no podían explicarse cómo hacía su paciente para poder seguir corriendo en esas condiciones.

¡Ja!

No habían terminado las quejas y lamentaciones de los propios ciclistas participantes que escriben en El País durante esta competencia ciclística, debido al caldeado ambiente de sospechas reinante.

No había terminado la indignación de uno de ellos, diciendo, al referirse a la sanción impuesta por la Federación Danesa de Ciclismo a Rasmussen, que es muy difícil cumplir con todos los controles porque “uno mismo no sabe dónde va a estar mañana”.

(Qué ironía del destino: el expulsado Vinokúrov sabe por lo menos donde NO estará mañana.)

No había terminado todo eso cuando cayó la bomba.

Alexander Nikolaevich Vinokúrov (*) ha dado positivo en los controles antidopaje.

Y su equipo –palabras de ellos mismos- “ha sido invitado a abandonar la competencia hasta que se aclaren las cosas”.

El mismo ciclista kazajo se ha dado el lujo de afirmar que se fue rápidamente del Tour para poder entrevistarse con un hematólogo que le pudiera decir qué ha sucedido. Léase, para los analfabetos: por qué lo han expulsado de la carrera.

La bomba no es ese resultado que ya más o menos todos –ciclistas, periodistas, directivos y gran parte del público- sabíamos o, por lo menos, sospechábamos.

La bomba es que haya sucedido tan rápido y a estas alturas del partido: de esta nonagésimocuarta vuelta a Francia.

Allí donde años atrás habrían intervenido –discreta y secretamente- altas autoridades franchutes (de todo rango, color político y longitud moral), para salvaguardar un símbolo nacional, ahora se ha aireado el asunto en plena carrera y cuando apenas falta un par de días para la llegada a la Ciudad Luz.

Ese atrevimiento –de quienes verdaderamente provenga y por la razón que sea-, esa es la bomba.

Lo decían claramente los mismos diarios españoles al referirse a Contador y Rasmussen, los dos dioses ciclistas momentáneos.

(Nunca más que antes eso de momentáneo es una dura realidad: hasta el próximo positivo, a lo más.)

Las marcas registradas en lo que va del Tour de estos dos corredores no solo parecían inhumanas. También lo eran. Porque dejaban atrás –de lejos- las marcas para las mismas distancias ya establecidas por ese Sobrehumano por excelencia –y por su propia historia personal- que corporiza Lance Armstrong.

(Otro positivo, por lo demás, de la historia.)

La segunda bomba –predecesora- viene ahora.

Vinokúrov habría dado positivo inmediatamente después de su primer indiscutible (en la pista) triunfo en la contrarreloj del 21 de julio pasado.

El ‘dueño’ del Tour, el francés Christian Prudhomme, ha declarado a la prensa al respecto, después de conocerse el llamado Desastre Astana y que ha obligado al equipo del kazajo a abandonar la carrera:

De ninguna manera podemos ponernos a hablar de detener el Tour, solo porque a alguien se le haya ocurrido jugar a la ruleta rusa.

¡Qué buena ocurrencia! ¡Ruleta rusa!

Esa es más o menos la versión oficial de casi todos los responsables de los equipos: si hay casos de dopaje, se debe a la iniciativa y riesgo propios de los ciclistas. Ellos juegan su propia ruleta, afirman.

A Europa, en esto del ciclismo, no solo se le notan sus tradiciones cristianas, también parece conocer bien a sus personajes históricos: a Poncio Pilatos (también Pilato, Poncius Pilatus en latín), entre uno de ellos.

Se dice que el profesional de la rueda, el escocés David Millar, rompió en llanto ayer martes -día de descanso de la competencia- al enterarse de la noticia.

Si eso le sucede a un ciclista de ese formato, precisamente en la situación por la que estamos pasando en este momento –ha dicho Millar, haciendo una profecía-, entonces ya no hay forma de salvar este deporte.

Millar terminó de cumplir el año pasado una sanción de dos años por haberse dopado. Desde entonces se ha dado a conocer como un combatiente antidopaje.

No se sabe bien qué sucederá ahora, a solo unos días del final del Tour de France.

Si hay algo claro en este asunto es que Prudhomme no aprovechó en su momento el veto a Rasmussen por parte de su propia federación, para expulsarlo de la carrera.

Al contrario, se decidió por apoyarlo.

El gerente de Astana, Marc Biver, después de ordenar el retiro de su equipo, ha intentado también la práctica de ese otro deporte –que decía líneas atrás- acompañante de moda del ciclismo actual: el lavado de manos.

El corredor de su equipo que ha provocado la expulsión del mismo en su conjunto, Vinokúrov, le ha explicado que los niveles de hematocritos descubiertos en su sangre, se deben a su tratamiento de las heridas sufridas en su aparatosa caída al comienzo de la competencia y que estuvieron a punto de impedirle continuar.

Eso es lo que afirma.

Tal vez sea lo mejor –ha añadido Biver-, saber que con los controles actuales es imposible seguir engañando.

¡Qué zamarro!

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-¿No contemplan las leyes la sanción de ese tipo de insolencias? -me pregunta, acalorándose, mi Lector Atento, ese loro que llevo sobre mis hombros y que detesta que le den gato por liebre.

-Primero se lava las manos con lo de los hematocritos pasándole la culpa a una caída de su protegido, y luego hace una confesión velada –añade-. Cínica, además.

Lean qué bien lo saben expresar.

Esto es lo que informa El País al respecto, cito:

El conjunto de Vinokúrov aclara en un comunicado que “después de haber sido informados por el director general del Astana, los organizadores del Tour han solicitado al equipo su retirada de la carrera, lo que fue aceptado de inmediato”. También el comunicado aclara que, según el código ético exigido por el Astana a sus corredores, “Vinokúrov ha sido apartado del equipo con efecto inmediato”, dice el comunicado.

(La redundancia del término ‘comunicado’ no es mía.)

El País sigue, por lo demás, como si nada hubiera pasado.

El triunfo de hoy de Rasmussen, del vetado por su propia federación por sustraerse a los controles antidopajes (que equivale a dar positivo después de hacerlo más de tres veces), lo titula esta tarde así:

Golpe de autoridad de Rasmussen

http://www.elpais.com/articulo/deportes/Rasmussen/gana/ultima/etapa/montana/afianza/liderato/elpepudep/20070725elpepudep_14/Tes

Como habrán podido leer, el vencedor de hoy y actual líder de la competición, en una demostración de que no solo es bueno con la bicicleta, sino también para sortear obstáculos, persevera en la aseveración de su inocencia.

Ahora reconoce ‘haberse perdido’ tres controles antidopaje, pero solo debido a “fallos burocráticos” y empieza –incluso- ahora a poner en duda la validez legal de las sanciones recibidas de parte de la federación danesa.

Finalmente, Vinokúrov, ha sido el único en procurar no abandonar el humor a pesar de todo.

Y lo ha hecho en forma macabra refiriéndose a un miembro de su familia:

He escuchado en la radio que me había inyectado sangre de mi padre. Es absurdo, puedo decir que con su sangre hubiera sido controlado positivo por vodka –es lo que ha dicho, según El País.

Es más que interesante revisar sus declaraciones, para darse cuenta en qué limbo viven en este momento todos los involucrados. En el mejor y peor sentido de esa bendita palabra:

http://www.elpais.com/articulo/deportes/Vinokurov/niega/haberse/dopado/va/Tour/reunirse/hematologo/elpepudep/20070725elpepudep_7/Tes

Quiero apostar que en este asunto, terminará imponiéndose la (nueva) Moral Europea: el pobre drogadicto e indigente de las calles se merece con todo rigor todo el peso de las leyes. (Admiro y quiero a esta Comunidad, en la que vivo, y por eso me interesa su transparencia; tampoco es ‘nueva’, pero algo hay que decir.)

Los demás, de cuello y corbata (y camisa de mangas cortas), o de maillot y casco en este caso, ¿qué creen ustedes?

¿Irán a compartir las celdas que contemplan las Leyes Antidrogas para estos casos?

¡No me hagan reír, pues!

Por lo pronto, el Comité Olímpico Internacional ha amenazado ya con excluir al ciclismo de las competencias olímpicas.

Personalmente, como aficionado a la novela negra (la carrera se decidirá más en los despachos policiales que en las pistas), sospecho que habrá una purga más o menos importante.

Impresionante, voy a decir.

Un resplandor que aturda. Y que distraiga.

Y que al final de la carrera quedará solo un grupo de ciclistas apenas conocidos y con escasa o nula relación (conocida o certificada) con los Eufemianos Fuentes de esta telenovela socio-deportivo-criminal, es decir con el dopaje.

Será un fiasco mediático y aburrido el Tour de Farce (perdón, de Francia) de este año, pero la única forma que se me ocurre de que puedan seguir vendiéndonos el circo en el futuro.

El dinero sabe encontrar sus caminos, no crean (que no).

(Mientras tanto, tendremos que acostumbrarnos a no saber si buscar la información en las páginas policiales o deportivas. Ese sería el mínimo gesto de justicia que se deberían merecer aquellos pobres e indigentes drogadictos y pequeños traficantes encarcelados por no saber pedalear.)

Es mi pobre opinión.

¿Apostamos?

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, miércoles 25-07-2007

(*) En mi principal fuente española consultada, El País, he llegado a descubrir hasta tres versiones diferentes del apellido del kazajo: Vinokurov, Vinokúrov y Vinokourov. Me he inclinado por la segunda, por aparecer en un par de encabezamientos, a pesar de no convencerme del todo.

Aquí en Alemania se lo conoce como Winokurow. El original está en ruso: Александр Николаевич Винокуров. La versión francesa es la tercera de las primeras mencionadas, Vinokourov.

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