LA VERDADERA REVOLUCIÓN FEMENINA (III/Fin)

La verdadera Revolución Femenina se dará cuando las mujeres sean conscientes de que está en sus manos –en su vientre- decidir la procreación humana.

Es decir, la preservación de la especie.

Si -llegado un punto- las mujeres dijeran BASTA, a los hombres solo les quedaría imponerse por la fuerza abiertamente.

Otro gran paso hacia una verdadera revolución femenina se dará cuando las mujeres simplemente se nieguen, por ejemplo, a parir varones. (O a no alumbrar más.)

No solo por lo que eso pueda significar demográficamente (ganar mayoría en la Asamblea Humana), sino también como arma para hacerle entender a los hombres que el verdadero poder lo tienen ellas. Solo que no lo saben y no lo usan.

Felizmente -para los hombres-, aún no es posible seleccionar el sexo de la futura criatura de manera fácil, confiable y barata y los métodos de interrupción del embarazo todavía pueden ser gran causa de mortalidad materna, como leía justo ayer en un diario argentino.

http://www.clarin.com/diario/2007/08/22/um/m-01483295.htm

Cuando sea posible hacerlo, los hombres empezaremos a sudar frío.

Cuando les llegue el turno a las mujeres (me estoy refiriendo para empezar solo a las mujeres de los países llamados desarrollados y a aquellas pertenecientes a las clases más pudientes de los países pobres) de poder decidir autónomamente el sexo del ser que quieren llevar en su vientre, entonces podrían usarlo como arma de presión.

Ese paso lo decidirá la tecnología, y entonces las cosas podrían cambiar con cierta rapidez.

¿Se podrían imaginar a las mujeres uniéndose para traer al mundo solo a mujeres?

“No procrees otro mono violento y abusivo. Tenemos demasiados”

“Procrea un ser verdaderamente humano. Elige a una mujer como tu heredera”

“Los hombres tuvieron su oportunidad. Nos toca a nosotras”

¿Y qué hacer con el amor, con el romanticismo, con el enamoramiento, con la vida de pareja, con esas cosas?

Buena pregunta.

Pero, ¿no es cierto, también, que son muy pocas las mujeres -las personas, en general- que realmente están contentas con la relación –sea oficial o no- en la que están envueltas y que aún son menos las que pueden decir que se han realizado sexualmente, aparte de como personas vistas en forma integral?

Pero eso no es todo.

Como el Mono Sapiens es un ser muy tonto en el fondo (por más que por nuestros avances científicos y tecnológicos nos creamos el último polvo del loro), la ingeniería genética seguirá avanzando de forma más que irresponsable.

Como, también –lo espero- cada vez más mujeres ingresarán a trabajar a campos tradicionalmente reservados para los varones, alguna vez podrá estar en manos femeninas realizar cambios genéticos que conlleven la anulación de ciertas prácticas machistas.

No está claro si existe el gen de la violencia, por ejemplo. De demostrarse su existencia, allí ya hay trabajo para las mujeres.

Lo mismo podría suceder con otros genes.

(De existir el gen de las compras, recomiendo a las científicas, guardar muy bien el secreto.)

Personalmente, me contentaría con que se pudiera extirpar los genes de la violencia y de la dictadura, si existieran. Si me preguntaran por más, mencionaría los genes de la competitividad permanente y de la fanfarronería.

(Creo que el de la burla innecesaria y molesta contra los demás lo compartimos tanto hombres como mujeres.)

Y, claro, también el gen de la estupidez. En ambos sexos.

(El del racismo, ¡inmediatamente! Así nos ahorraríamos tantas noticias crueles e inhumanas que leemos a diario, y, tal vez, Usamérica podría torcer -para bien y a tiempo- su actual rumbo destinatario.)

Creo que si las mujeres consiguieran hacerse con el poder harían las cosas de forma diferente.

Los defectos que también tienen los hombres (la propensión a no aceptar críticas, conductas irresponsables, falta de visión integral y futurista, la inclinación a beneficiar solo a parientes y amigos, para nombrar sólo algunos) permanecerían, seguramente, pero, en cambio, las mujeres con su particular forma de ver y sentir las cosas tal vez podrían hacer que el mundo camine mejor.

Que sea algo comprobado y repetido, por ejemplo, que casi cada tres segundos un niño de los países pobres se muere –justamente- de pobreza, es algo que parece dejar fríos a los hombres.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Mortalidad/infantil/crecimiento/economico/elpporopi/20070818elpepiopi_8/Tes

Los científicos, técnicos, tecnócratas, tecnólogos, ingenieros y demás, siguen empeñados en buscar los vehículos más rápidos y cómo llegar a otros planetas, cómo hacer mejores máquinas para todo y esas cosas.

¡Y viven orgullosos de ello! (De ello y de su ceguera.)

Una mujer –quiero creerlo- no podría aceptar así nomás que un niño, un solo niño, se muriera de hambre.

A nosotros, los hombres –repito-, parece dejarnos fríos. Más les importa a mis congéneres el calentamiento global que podría perjudicar a mucha gente de aquí a 20, 50 ó 100 años, que el hecho de que mueran hoy 30.000 niños diariamente. Como si eso fuera algo inevitable y lo más natural del mundo.

Las mujeres, a pesar de ser especialmente aficionadas –por poner un ejemplo tal vez muy malo- a ese deporte llamado salir de compras, apenas suelen mostrar interés por ese deporte masculino enfermizo y peligroso y que consiste en acumular dinero, si es posible tanto que no se pueda gastar nunca, ni siquiera en mil vidas, para muchos (demasiados ya: y la cifra sigue creciendo).

Lo que quiero decir es que apenas existen mujeres archimillonarias. Y, si existen, suelen guardar un perfil bajo y no me consta que estén permanentemente preocupadas por hacer crecer su fortuna.

Como decía, tal vez, en gastarla, sí.

Las mujeres en el poder tendrían muchas tareas por delante.

Uno de los pasos más importantes a dar sería el de enseñar desde temprano a los niños a resolver problemas. De todo tipo e índole.

Que encontraran especial diversión y entretenimiento en ese acto de enfrentarse a un problema, a una dificultad, a un escollo, a uno o varios impedimentos, a barreras.

Que les resultara natural a los niños interesarse por su entorno y sus problemas, y aprendieran a sentarse y detenerse a analizarlos, a intentar comprenderlos, y a tratar –activamente- de encontrarles una solución.

La educación actual es más bien algo que se mueve por inercia, tanto en los países ricos como en los pobres. La diferencia está en las prioridades de cada país y de sus clases sociales.

Existe la llamada educación orientada al futuro profesional del niño o de la niña. Es decir, se va a la escuela o colegio con el fin de que el sujeto en cuestión se convierta en un profesional de bien para sí y para la sociedad.

Sin embargo, creo que ese enfoque o ideal ha cambiado y el resto de la sociedad ya importa solo un comino.

(Aunque se trate –hablando en términos sociales- de un caso de suicidio con control remoto. Pero, ¿quién lo nota y, si lo nota le llega a importar, y, si le llega a importar, adapta su forma de pensar y actuar a ello?)

Fascinante me resulta, también, como es que hasta ahora no exista en los países desarrollados profesiones orientadas a resolver los grandes problemas del futuro.

Profesiones futuristas.

(Gritos, hay. Allí está, repito, el del calentamiento global, por ejemplo. Pero ni siquiera en este caso, nadie ha propuesto crear una cátedra ad hoc de especialistas en el tema.)

Tenemos grandes científicos y pensadores, pero nadie aboga realmente por el futuro. El Mono Sapiens no conoce otra cosa que mirarse sus pies, el vehículo sobre el que está sentado o la máquina que maneja, o levantar la vista para dirigirla a la Luna. O, ahora, a Marte.

(Para muchos usamericanos ese es el futuro: escapar de la Tierra. A tiempo.)

Mientras tanto, el planeta ya no empieza, sino que ya está metido y embarrado hasta el cuello, con problemas verdaderamente acuciantes y graves: guerras, invasiones abusivas y tremendamente mortales, corrupción generalizada y de todo signo, genocidios cada par de años, cientos de conflictos sin solución a la vista, racismo, problemas derivados de los cambios climáticos y aquellos derivados del aumento de la industrialización en el mundo, para nombrar algunos de los más importantes.

Todo eso, sin tomar en cuenta los verdaderos problemas terrícolas: el hambre, la pobreza en general, la falta de educación y el machismo.

Si ser pobre ya es una gran desventaja y pasado cierto límite es cruel e inhumano, caer en peligro de morir de hambre es una de las peores plagas que no deberían existir bajo ningún concepto.

Si a todo eso le agregamos el hecho de que dentro de esta constelación los hombres siguen teniendo más ventajas que las mujeres, todos los problemas se agravan para estas últimas. (Agréguenle ignorancia a todo eso.)

No; me digo. Hay que darle su oportunidad a las mujeres.

¿Lo querrán ellas?

No lo sé.

Genéticamente, las mujeres podrían significar el futuro de la humanidad (salvarla de su extinción): apenas tienen genes de la violencia, no suelen tener el gen de la dictadura ni el del genocidio y no practican -o apenas o poco- esa desgraciada conducta humana que consiste en cebarse en el más débil o indefenso. Ejemplos: la FIESTA taurina (¡olé!, valientes), la violencia doméstica (más valientes), las invasiones a países que no se pueden defender de otros más grandes y poderosos, independientemente de las razones aludidas… Paro. Me detengo.

No.

Con todos los defectos machistas que debo tener, yo votaría por un gobierno enteramente en manos de mujeres. (Después le daría su oportunidad a los niños. Qué se creen, ustedes.)

Y no me importaría mucho tener que esperar el mismo período de tiempo que han tenido los hombres para demostrar que apenas pueden -y mal- lo que ahora conocemos. Miles y miles de años.

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