¿TE LEO EL FUTURO?

La pregunta me la hizo una mujer en la avenida la Colmena -hoy Nicolás de Piérola- de Lima, justo antes de salir de mi país allá a mediados de los 80.

No sé si en ese momento ya tenía comprado mi boleto que me traería a Europa o no.

Lo cierto es que recuerdo especialmente esos días, porque me movía por las calles de Lima, sabiendo que no las iba a ver por mucho tiempo. No sabía por cuánto. Creo que ni me lo preguntaba.

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Algo en mí me decía que me estaba despidiendo para siempre.

Saliendo de la universidad me dirigía al jirón Ica del centro de Lima, donde estaba ubicado el Instituto Goethe entonces. De tal manera que mis últimas semanas allá, las usé para recorrerlo como solo un enamorado obsesivo puede rondar a la muchacha que ama, pero que ya no tiene movimiento propio.

Debo haber caminado como un zombie, entonces.

Por razones que alguna vez me atreveré a referir en esta bitácora que cuenta, gozaba de una especie de pequeña beca privada y eso me había permitido dedicarme a escribir poesía y cuentos en los dos últimos años previos a mi partida, alternando esa actividad con mis descuidados estudios de Matemáticas y mi afición por la música.

(Todo lo que escribí en esa época está en una caja de cartón de no sé qué sótano de qué edificio en Colonia. Se perdió en alguna mudanza.)

Llevaba entonces, como ahora, una serie de cuadernos y libretas –el tamaño dependía y depende de la ocasión- que iba rellenando a escondidas, mayormente.

-Usted está por hacer un gran viaje, jovencito –me dijo la mujer.

¿Se me debía notar en la mirada?

Tenía su puesto ambulante (una silla y una mesita) junto al cine Le Paris, si mal no recuerdo, en una época en que esa zona del centro de Lima estaba copada por puestos ambulantes de venta. (Fijos, no ambulantes; se entiende.)

La última vez que estuve en Lima, hace año y medio, me di una vuelta demasiado rápida por el lugar y me quedé asombrado.

Los ambulantes habían desaparecido y la mayoría de los negocios habían cerrado sus puertas. Desde la Plaza San Martín hasta la avenida Tacna, la Colmena había cambiado tanto su fisonomía respecto a la época que menciono, que de habérmelo contado alguien y no haberlo visto yo con mis propios ojos, tal vez no lo habría creído.)

Me quedé mirando a la mujer.

-Anímese -insistió.

Como sabía que me iba tal vez para no volver –no lo sabía exactamente, no lo podía saber y creo que no me interesaba tampoco-, la tentación fue grande y eso me llevó a una parálisis transitoria.

-Le puedo leer su futuro, joven –insistió ella-. Usted está a punto de hacer un gran viaje. Es bueno estar advertido -añadió.

El precio era irrisorio. Vencí la resistencia en mí -por propio pie– y seguí mi camino.

No sé cuántos años después leí la autobiografía del gran Charles Chaplin.

En una de sus páginas, refiere que una vez, cuando ya sabía que iba a abandonar Inglaterra para viajar a Usamérica y ya tenía el boleto para el viaje por barco, se animó a que le lean la suerte.

-Usted va a hacer un gran viaje y cuando vuelva, va a tener al país a sus pies –le dijo la clarividente.

Chaplin, como la persona inteligente que era, se rió y salió decepcionado del negocio de la pitonisa.

Creo que no se necesita ser un genio para saber que las loterías no son otra cosa que un gran negocio. Para el que las organiza.

Y una gran estafa para los que la juegan. (Ese puñado de elegidos se puede considerar, para efectos estadísticos, como nulo.)

Para decirlo en palabras más tangibles: la probabilidad de morir en un accidente de tránsito es inmensamente mayor que la de convertirse en un dichoso ganador de la lotería.

(Aquí una página que muestra una lista con ejemplos de probabilidades -en EEUU-, de la que no me he preocupado de confirmar su veracidad ni sus fuentes:)
http://p0rras.wordpress.com/2007/08/10/probabilidad-de-morir-en-eeuu-a-causa-de/

(Y aquí otra que explica bien y amenamente eso de las probabilidades:)
http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/mate//nombres/probabilidad_01.htm

En esta bitácora también he dejado constancia de haber estado a punto de ganar la lotería del fútbol, por consejo de un amigo enterado de esos menesteres, después de haber soñado que una mujer me dictaba unos números que resultaron ser correctos. (YO SÉ QUE ESTÁS I, 26-02-2007.)

Esa vez, el asunto tuvo mucho de esotérico y misterioso, pero desde entonces no he vuelto a jugar la lotería. No me interesa, simplemente.

Es más, llevo en la muñeca derecha una cinta amarilla que me regalaron –poniéndomela sin habérmelo preguntado primero- en una Feria del Turismo en Berlín hace ya bastante tiempo, como agradecimiento por unas bossas que canté allí. La costumbre obliga a llevar la cinta hasta que se caiga por sí sola.

Como agradecimiento, sigo sin quitármela.

¿No habrá algo de superstición en eso, por parte mía?

Algo así tiene que haberse preguntado la mujer –que vamos a llamar aquí Susanne Meyer- que a comienzos de marzo del año pasado se atrevió a seguir un anuncio publicitario, a subir a un segundo piso de un edificio de oficinas y tiendas del centro de Colonia, y a tocar la puerta de una cartomántica, con la esperanza de que le lean las cartas.

Es decir, de que le digan cómo le va a ir en el futuro.

Demos un salto en el tiempo.

La experta cartomántica la atiende y después de la primera sesión, le advierte que más le conviene dejarse leer las cartas por la red, por lo que podría ahorrar. Le recomienda un determinado portal que tiene algunas ofertas interesantes. Meyer la escucha atenta.

Hay que poder imaginárselo. Es una historia real.

Susanne Meyer es una funcionaria del estado con un sueldo –neto- de 1.750 euros al mes (2.387 dólares, al cambio de hoy).

Lleva un par de años separada de su esposo, pero no ha aceptado mentalmente la separación y piensa que un reencuentro puede ser posible.

El 15 de marzo del 2006, a las 19:39, según consta en el protocolo correspondiente, hace la primera llamada a la empresa que le ha recomendado la cartomántica. Enseguida es atendida por una simpática dama que la escucha durante unos minutos que a ella le parecen una eternidad -y un momento efímero, a la vez- y al final le anuncia que la llamada ha sido gratuita. El costo de las futuras llamadas quedará sujeto a un tarifa que le da a conocer.

Hasta allí todo bien.

Susanne Meyer asiente y agradece. Los siguientes días se llenan de luz en su vida. La esperanza ha vuelto a su mente y vuelve a respirar.

Seis días después, Susanne Meyer no puede más y, sabiendo que ahora tendrá que pagar, llama por segunda vez a la gente de Questico AG, ‘empresa líder en el país en consejería y asesoría personal en base a la astrología, cartomancia y clarividencia’.

Durante esta segunda llamada se hace leer las cartas durante 44 minutos, por los que paga 88 euros, unos 120 dólares.

Consciente de que no se trata de algo que se pueda hacer todos los días, la mujer deja pasar algunos de su rutinaria y solitaria vida, pero después de un tiempo no puede más, y vuelve a llamar. Esta vez le toca otra consejera, la que a su vez, le aconseja a otra colega del ramo.

En todas las llamadas el tema es el mismo.

-Cuénteme cómo perdió a su esposo. Concretamente, señora Meyer –le dice la telefonista-. Como el reloj corre, le ruego que lo tenga en cuenta. Describa en pocas palabras y muy concretamente cómo fue su relación con él. ¿Le pegaba?

-Jamás.

-¿Cree que él la quería a usted? –pregunta la profesional. Tiene una voz que provoca decir las cosas con calma y tratarlas con profundidad.

-Con toda su alma.

-Por lo menos eso es lo que le dijo alguna vez, ¿no es cierto?

-Así es. Y yo sé que fue sincero.

-Pero ahora él piensa que puede vivir sin usted. ¿No es cierto?

-Así, es –dice Susanne Meyer-. Mire usted…

Después de años, Susanne se siente verdaderamente escuchada. El dinero es lo de menos en casos así. Si alguien hace bien su trabajo, piensa ella, debe ser recompensado. Y eso lo hacen las consejeras telefónicas muy bien.

(Esto es algo que no puede compartir con nadie, porque podría levantar ronchas entre sus amigas y conocidos. ¡Decirles que no saben escucharla!)

Pronto, ya no puede dejar pasar días entre llamada y llamada. Se ha vuelto claramente adicta a las prestaciones de las consejeras.

El tema no cambia: las posibilidades que tendría de recuperar a su esposo, cómo podría influir en su destino, lo que le dicen las cartas. Esas cosas.

Solo en un día, el 12 de mayo, la Meyer llega a telefonear 171 minutos con 5 diferentes ‘expertas’.

De pronto, los costos empiezan a aumentar vertiginosamente.

En mayo del año pasado, llega a gastar en total la linda suma de 3.200 euros, casi 4.500 dólares. Pero no queda allí la cosa.

En junio y julio las cuentas pasan los 5.300 euros mensuales.

Inquieta por creer estar a punto de encontrar solución a sus problemas sentimentales, decide hacer uso de sus ahorros, unos 25.000 euros.

Cuando se le acaban, toma dos créditos bancarios por 3.000 y 10.000 para poder seguir pagando sus cuentas telefónicas.

Hasta que en marzo de este año revienta el tinglado.

Es la noche del cumpleaños de su madre. Cuando ya todos los invitados han partido, se queda a solas con sus progenitores.

Susanne Meyer, de 38 años de edad, decide contárselo a sus padres. Ya ni siquiera le es posible pagar los intereses de los dos créditos bancarios, les dice.

(¿No estaba buscando, en realidad, otra fuente de dinero, como suele ocurrir en casos graves de adicción?)

Sus progenitores le piden que ponga sus cartas sobre la mesa.

Se enteran que en apenas doce meses, su hija ha consumido la suma de 37.800 euros en consejería clarividente hecha por teléfono.

Para sus padres está claro el asunto, su hija está enferma y la empresa Questico se merece un juicio por estafa. El padre de Susanne se dirige a los estafadores y exige la devolución del dinero.

Pero, ¿cómo ha llegado a esa suma su hija?

El asunto es sencillo. Las telefonistas deciden cuánto pueden cobrar por minuto, a partir de un precio mínimo de 1,99 euros.

La ganancia se la reparten en una proporción de 60: 40 entre ellas y la empresa madre.

Questico gestiona además de este ‘servicio’ telefónico, una revista llamada Vistazo al Futuro y un canal de televisión, Astro TV, al que tienen acceso 17 millones de hogares de toda Alemania.

Este último solo emite programas en directo y en los que el público televidente puede participar abonando 50 céntimos por la llamada. Multipliquen, por favor. Les basta tomar una fracción.

El diario alemán que acabo de leer, titula este caso como “Una costosa mirada al futuro”. Literalmente: “Un alto precio por un vistazo al futuro”.

¿Es o está permitido algo así?

La carta en la que el padre de Susanne Meyer exige la devolución de su dinero, simplemente no ha sido respondida. Las autoridades afirman que no existe un marco legal para tratar el problema.

-Mi hija está enferma –ha declarado el padre-. Aquí se está haciendo un negocio vergonzoso con la desesperación de mujeres, por parte de gente inescrupulosa.

El portavoz de Questico AG, Silvius Bardt, se niega cortésmente a responder las preguntas de los reporteros del diario por tratarse de “un tema que envuelve protección jurídica de datos”.

-Este es el primer caso de tal naturaleza, del cual tenemos conocimiento desde nuestra fundación. Es decir, desde hace siete años –afirma el señor Bardt.

Agrega que la prioridad de su empresa es “proteger y mantener contentos a sus clientes”. Aunque existen ciertas barreras internas de control para detectar casos como éste, se parte de la responsabilidad propia de los interesados. Un derecho inalienable de ellos.

¿Bonito, no?

Para poder pagar sus deudas, Susanne Meyer ha tenido que asumir un segundo trabajo y ha empezado una terapia psicológica.

Por cierto, en una de las últimas sesiones telefónicas de clarividencia, alguien le aseguró que “en año y medio” volvería a reencontrarse con su esposo.

Pero solo para divorciarse una semana después.

Yo le hubiera cobrado la mitad por lo mismo. ¡Qué digo! La cuarta parte.

Y no le habría hecho perder el tiempo.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, miércoles 05-09-2007

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5 comentarios sobre “¿TE LEO EL FUTURO?

  1. Situación en el amor y convivir con mi esposa en el futuro, ¿qué espero de ella?, ¿cuál será su comportamiento?, ¿qué está dispuesta a compartir, ofrecer?, si realmente me quiere como a veces lo expresa o realmente ama a otras personas.

    Rpta.:Hola, Óscar. Preguntas sencillas, fáciles, has hecho. ¿Qué esperar de tu esposa? Te doy el secreto: nada. ¿Cuál será su comportamiento? Un dato: ni ella misma lo sabe. ¿Qué está dispuesta a compartir? Una respuesta dura: dependerá de tu nivel de ingresos. ¿Si realmente quiere como a veces lo expresa? No. Imposible. El lenguaje muy pocas veces es reflejo de algo real. Salvo en la literatura científica quiero decir. ¿Si ama a otras personas y no a ti? Tenlo por seguro. Una mujer siempre se asegura que su combustible llamado amor siempre esté en combustión. Dónde, esa es la gran pregunta. Saludos. HjV

  2. Quiero sabe mi futuro de leo. Nací el dia 8 del 8 del 1992.

    Rpta.: Tienes que hablar con el secretario general Ramón Pineda. Él atiende a las chicas guapas nacidas en agosto. Eso sí, solo a mayores de 18. Tienes que esperar un par de días, tienes que esperar. Saludos. HjV

  3. Soy Eve nací en 1994 de agosto. Quiero saber mi futuro.

    Rpta. Hola, Evelin. ¿No tienes apenas pasado y ya quieres saber tu futuro? Normalmente del caso de chicas guapas y lindas se ocupa Ramón Pineda, pero haré una excepción. Veo en tu futuro mucha curiosidad, muchas ganas de pensar en el mañana, de saber qué te traerá la vida más tarde. Ten cuidado, a partir de los veintitantos las mujeres se dan cuenta de que el reloj de la vida no retrocede y entonces ya no querrás saber qué pasará mañana (o sea cómo se desarrollarán tus arrugas y tus michelines, tus rollos), sino que empezarás a preguntarte si la vida ha sido el invento de un dios dipsómano. ¿Quieres saber tu futuro? Te lo diré. Mejor dicho, dame la dirección del cementerio de tu pueblo. O, si eres cosmopolita, tu número del celular. En fin. En cualquier caso, tu curiosidad no te servirá de mucho. Te recomiendo concentrarte en vivir hoy e interesarte por cosas que realmente puedas cambiar. El resto es silencio. Pero gracias por haberme hecho reír un buen rato. Saludos. HjV.

  4. Hola, necesito con urgencia que me leas el futuro. Nací el 21 de 01 del 1991, estoy atravesando por cierta situación ahora mismo en mi vida y todo me parece incierto en este momento, necesito que me digas que me espera mas adelante por favor gracias.

    Rpta.: A ver, Duvanni. Normalmente es Ramón Nipedo el que se encarga de leer el futuro, pero ha desaparecido por el momento. La ventaja es que yo no cobro. A ver, a ver. Veo en tu futuro más situaciones como las que estás pasando. Si llegas a enfrentarlas, significará que habrás pasado la actual. No te rindas. Aunque tampoco debes creer que basta respirar y comer para atravesarla. ¡Tienes que esforzarte! Hasta para hacer un gol o una canasta hay que empezar a mover la pelota, no creas. Para empezar, en tu lugar, yo le diría la verdad. Que la situación te agobia y se te hace tan difícil que has tenido que consultar a un vidente para saber tu futuro. ¿Es amor o no es amor verdadero lo que sientes por él? Tiraremos la moneda. Espera. Lo siento, salió que No. Entonces, más razón aún para decirle que ya sabes tu futuro y en ese futuro no está él. Ahora, si hay un embarazo de por medio, lo primero que tienes que hacer es averiguar de quién podría ser. Si no es de él, mejor si no se entera. Espero haberte servido. No dejes que el Gran Vidente Nipedo te cobre. Dile que ha sido un favor mío. Saludos. HjV

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