ADIÓS A LA MODA CANTINFLAS

Qué pena que el gran Cantinflas ya no viva para verlo.

Y qué pena que no patentara su propia moda, el mexicano. Ahora sus descendientes podrían estar cobrando millonarias regalías por los inventos de don Fortino Mario Alfonso Moreno Reyes (Distrito Federal, 1911-1993).

Ya van casi diez años desde la aparición de esa moda ridícula, absurda y antihigiénica (en algunos) que consiste en llevar los pantalones muy por debajo de las caderas y mostrando el calzoncillo, en los hombres. Es un decir y una exageración, claro.

Porque toda moda lo es, lo tiene que ser, por lo menos al comienzo, para poder pegar:

Ser llamativa, provocadora, capaz de despertar emociones y sentimientos encontrados y diversos.

En las mujeres esa moda tuvo –en este país- una corta secuela que consistió en mostrar excesivamente la tanga, pero no prosperó demasiado.

Para bien y para mal. (No quiero ni imaginarme a ciertas personas llevando tal moda.)

No hace mucho, de vacaciones por la costa norte de este país tan disímil y uniforme, a la vez, mientras iba sentado en un ómnibus interurbano contemplando el verde y bello paisaje norteño alemán, fui testigo de cómo a uno de esos muchachitos provincianos muy dados a copiar las modas de las grandes capitales, se le cayó varias veces el pantalón que trataba de llevar a las caderas que apenas tenía.

¿Quién se hubiera podido imaginar que después de más 50 años iba a resucitar la vestimenta y la manera de llevarla de ese gran cómico mexicano fallecido a los 82 años en 1993?

Como Cantinflas en sus películas, estos pantalones –lo dijo alguien ya- son para reír y para llorar.

A mí me preocupó un tiempo el asunto, porque, tal como se ve con otras modas que nadie en su primer momento da un medio por ellas, terminan imponiéndose hasta en los ancianos.

¿Terminaríamos viendo abuelitos luciendo esos pantalones carcelarios y lactantes en persona? ¿A los mismos abuelitos que habían reído -en su tiempo- con los pantalones, el pañuelito y la gorrita de Cantinflas?

¿Abuelitos mostrando los calzoncillos?, me preguntaba.

(-¿Por lo menos, limpios? –preguntaba mi Lector Atento, ese loro impertinente que se despierta de vez en cuando sobre mi hombro derecho para interrumpir con sus inquietudes.)

La moda de los pantalones caídos, como si se llevara un gran pañal usado dentro, tuvo su origen, al parece, en las cárceles. De allí también procede esa otra moda de llevar las zapatillas sobredimensionales y sin pasadores o cordones. ¿De quién se podría correr uno en una celda de 3 por 4 metros, sino?

Forges, ese gran dibujante e intelectual español, decía en una entrevista (que todavía se puede apreciar en la sección de videos de El Boomerang, me imagino) que lo que había sucedido en España en los últimos 30 años, se podía resumir diciendo que se ha pasado del pantalón campana, pasando por el pantalón tubo, hasta llegar al pantalón Cantinflas.

Qué potencia visual.

Tal vez el ponerse a hablar sobre una moda signifique, de paso, estar empezando a escribir su carta de defunción. Porque cuando se convierte en tema general, es que ya debe llevar su tiempo en escena. Le toca a la próxima. Adelante.

La moda no incomoda, se suele decir, para justificar las penurias que tenemos y hemos tenido que pasar en nuestras vidas, tratando de estar –justamente- a la moda.

Pero la moda es mucho más.

Ya quedaron atrás aquellas que eran un dictado directo de la industria textil. Eran modas marciales, porque todos las debían llevar a riesgo de pasar por un extraterrestre y de mal gusto, además. Todos debían llevarla.

Hoy en día hay modas diversas y más o menos para todos los gustos.

Hay tanto espacio para todo que vuelven cada cierto tiempo las llamadas modas retro, para hacernos recordar que lo absurdo no tiene fin o, sencillamente, recordar tiempos pasados que vistos a través del lente de trapos tontos y absurdos, nos llegan a parecer mejor.

Cómo sufrí yo aquél día -previo a una fiesta- en que descubrí que ya no se llevaban más los pantalones rectos. Creo que pasé vergüenza hasta que mi madre vino a socorrerme.

Nunca más volvería a llevar pantalones que no fueran acampanados, me prometí solemnemente.

Pero pasé esa vergüenza porque había cambiado mi actitud respecto a las chicas, es decir, había llegado a la pubertad sin que nadie me hubiera enviado la correspondiente comunicación por correo. (Como casi siempre sucede con la pubertad y otras fases de la vida. Un día llama a la puerta y no hay forma de escaparse.)

De no haber sido así, seguramente no lo hubiera notado por un tiempo más.

Hoy veo que mis chicos y mis chicas deciden desde mucho más temprano cómo vestirse y según qué ocasión. Hasta el de dos años sabe qué quiere ponerse en determinadas ocasiones.

¿Éramos así nosotros?

Tal vez lo más lejano que recuerde es el pedido que le hice a mi madre de comprarme ropa negra –por alguna serie de televisión, ¿El Gato?- cuando tendría yo unos diez años y recibí como respuesta que ese color no era para niños.

La gran industria textil ya no tiene el poder de antes, porque, sencillamente, ahora todo puede ser copiado incluso antes de salir al mercado un nuevo producto.

La moda forma y deforma nuestro gusto. Y con él nuestra visión de las cosas.

La moda ata y desata.

La moda es una tirana. Es una Santa Inquisición.

La moda forma grupos, pero también segrega.

Es esa dictadura que nos obliga a creer que lo de hoy es lo ‘máximo’, pero nos caemos de espalda cuando lo volvemos a encontrar –desprevenidos- mañana.

¿Por qué?

Porque la moda también responde a eso que he estado mencionando en estas últimas entradas y que explica los comportamientos humanos más extraños: la psicología de grupos.

Hay modas para todos los gustos. Y en todos los campos. No solamente las referidas al vestir, claro.

Modas musicales, arquitectónicas, automovilísticas, culinarias, educacionales, deportivas, marinas, urbanas.

Existen adjetivos sobre la moda como para dar un gran paseo por el diccionario.

Chistosas: el pantalón cantinflas y la actual –aquí en Alemania- con los pantalones a diversas alturas de la pierna y calcetines de escolar japonesa.

Insoportables: la anterior.

Peligrosas: zapatos demasiado altos, cinturas al aire en invierno, perforaciones y anillos por todo el cuerpo.

Atrevidas: como la de la minifalda y la de mostrar la tanga.

Absurdas: como el pantalón cantinflas y los zapatos sobredimensionados.

Perversas: la del uniforme ranger.

Apuradas: esas que te obligaban a correr a las tiendas porque si no ibas a ser el hazmerreír de las fiestas o reuniones y al final solo lo notaban dos o tres.

Discretas: las que más aprecio.

Personalmente, recuerdo con especial cariño la moda hippie que observé desde mis ojos incrédulos de niño.

Esa mezcla y conjunción de color y psicodelia, de estrafalario y cómodo, de provocación y futurismo, de sensación de libertad y actitud liberal frente a la vida.

Claro, ¿quién sigue al pie de la letra la moda?

Solo unos cuantos.

No ha faltado la vez en mi vida, que, al ver una nueva moda, me he preguntado, espantado, a veces: ¿Eso se va a empezar a llevar ahora? (En el Perú, nos gusta usar una palabrita para eso: adefesio.)

La industria textil ya ha anunciado la próxima moda: los pantalones al tubo y a la cintura. Prepárense.

¿No la conocíamos ya? ¿O estoy desvariando?

Todas las modas –como se dice, ahora, ahorrativamente, para todo- son, simplemente, cul. O lo fueron. Pero solo en su momento.

Es que, por definición, son flores de un solo día. Aunque lleguen a quedarse años y no se quieran ir.

Así es que ya saben, los más jóvenes: prepárense a subirse los pantalones.

HjorgeV

Pulheim-Sinthern, 27-09-2007

About these ads
This entry was posted in BITACOREANDO. Bookmark the permalink.

4 Responses to ADIÓS A LA MODA CANTINFLAS

  1. Sandra says:

    Ese tipo de ropa le queda muy bien a la poca gente que tiene el cuerpo adecuado, tal como la chica de la foto. A mí me queda mal porque se me salen los rollos de la panza. Pero nada que ver con ese cantinflas, no vas a comparar a esta chica o, por ejemplo, a Robert Plant, que en sus días de Led Zeppelin también usaba pantalones de tiro muy corto y apretados (y qué bien que le quedaban!!!)

  2. espectacular tengo una fiesta de los 60 y me parece bellisima la rpa

  3. margarita says:

    La moda Cantiflas ya pasó. Ahora hay una nueva que es usar los pantalones de tubo y la usan hombres y mujeres.

    Rpta.: Hola, Margarita. ¿Nueva?

  4. toma says:

    es mas comodo un pantalon caido que no uno ceñido y prieto que no puedes ni agacharte.

    Rpta.: Hola, Anónimo. Pero una cosa es la comodidad de llevar un pantalón amplio y cómodo, y, otra, llevarlos a la rodilla y mostrando unos calzoncillos sucios y hasta la raya al aire. Lo he visto. HjV

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s