RACISMO: TODOS VENIMOS DE ÁFRICA (Colofón)

LA TEORÍA DE LAS INTELIGENCIAS MÚLTIPLES

Incluso hay quienes, como Howard Gardner, que agregan una inteligencia más a las siete ayer mencionadas, la llamada inteligencia naturalista, que corresponde a la capacidad de observar y estudiar la naturaleza, para a partir de ello organizar, clasificar y ordenar lo estudiado.

Esta sería la inteligencia particular que necesitan ciertos científicos como los zoólogos, botánicos y biólogos en general para realizar su trabajo.

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(Tal vez este tipo de inteligencia sea parecida a la que utilizan los jugadores de póker, para organizar su juego, clasificar las posibilidades en general y las suyas propias y a partir de haber ordenado mentalmente todo eso, pasar a tomar una decisión en el juego.)

(Personalmente, postulo que existe una inteligencia futbolística. Una -muy parecida a la del ajedrez pero mucho más dinámica- que permite pensar y jugar en grupo, prevenir los peligros y aprovechar los errores del contrario, analizar rápidamente con un solo vistazo las posiciones de los demás y las posibilidades que de allí se pudieran derivar, y que ayuda a dominar los ángulos que todo el tiempo se están formando y deformando durante el juego.

El que la posee -como en toda inteligencia, algo tiene que haber de nacimiento pero la mayor parte se obtiene por aprendizaje y entrenamiento- sabe pensar y jugar en grupo y mover el balón a pesar de que la geometría dinámica del juego, es algo que exige con elevado rigor a nuestros sentidos de la vista y de la orientación.)

Las otras siete inteligencias que más o menos se aceptan hoy como las principales son las siguientes y que son las que Howard Gardner y su equipo de la Universidad de Harvard han identificado hasta ahora.

La inteligencia lingüística. Es la que nos permite expresarnos correcta, apropiada y adecuadamente, según las circunstancias. Propia de periodistas, literatos y de toda actividad que tenga que ver con la lengua en sus distintas facetas. Requiere del uso de los dos hemisferios cerebrales.

La inteligencia matemática o lógica. Nos permite reconocer relaciones de verdad y falsedad, y nos permite inferirlas. Es la propia de científicos y todos los que tienen que ver con la lógica o las matemáticas. Tradicionalmente, es la que la cultura occidental ha considerado como la única inteligencia existente.

La inteligencia espacial. Es la que permite relacionarnos con y guiarnos en nuestro medio ambiente físico. La necesitan todos los que navegan y los cirujanos, así como los bailarines y los exploradores. Es la capacidad que tiene una persona para formarse una representación mental en tres dimensiones de algo real y que la hace capaz de tratar esa representación (virtual) como si fuera una real instalada en el cerebro.

La inteligencia musical. No solo permite diferenciar notas musicales en su complejidad, también es la que posibilita su manejo. Propia de músicos instrumentistas, cantantes y compositores.

La inteligencia corporal. Determina la capacidad para usar el propio cuerpo en diferentes actividades. Propia de deportistas, cirujanos, artistas plásticos y de todo aquél de cuyo control físico, dependa la solución de problemas (técnicos, por ejemplo).

La inteligencia intrapersonal. Es la que necesita toda persona para entenderse, aceptarse y apoyarse a sí misma, y para resolver los problemas personales. También -me imagino yo-, la que nos permite soportarnos como ese absurdo humano que somos. No se asocia a ninguna actividad concreta.

La inteligencia interpersonal o social. Es la que permite entender y soportar a los demás, y afinar las relaciones sociales, así como evitar los problemas derivados de interactuar con otras personas. Grandes personalidades de la ciencia y del arte han sido conocidos asociales y antisociales. Dentro de esta se suele incluir a la inteligencia emocional.

Que un científico confunda su deseo con la realidad es muy humano.

Que lo que confunda esté en un terreno en el que un loco austríaco ya mostró al mundo de lo que es capaz el Mono Sapiens, eso es más que grave, y debería por lo menos hacerle perder el Nobel a James Watson. (*)

(Propondría que se lo cambiaran por el Nobel de la Guerra y del Cretinismo, porque declaraciones como la suya, y aquella otra según la cual las mujeres deberían hacerse controles durante el embarazo para poder abortar eventuales hijos homosexuales, no fomentan la Paz ni la Razón en el mundo.)

Además, no creo que él se habría atrevido a afirmar algo así, si los suecos fueran africanos.

Generalizando, cuando Watson afirma que grupos étnicos enteros podrían ser más o menos inteligentes por simples cuestiones de genética, no es nada básicamente descabellado. Se conoce el caso de familias de músicos o matemáticos que, de alguna manera aún desconocida, parecen haber sabido transmitir sus ‘genes’ (habilidades) músicos o matemáticos a sus descendientes.

Pero, para que eso se pueda ser posible y notar más de allá del caso de un puñado de familias a lo largo de la historia, tendrían que pasar muchos más años, y no los escasos 50.000 años, que nos separa ‘geográficamente’, por ejemplo, de los aborígenes australianos.

De ser cierto lo que afirma Watson, tampoco tendríamos profesores, catedráticos, científicos, pensadores, músicos ni escritores negros, por supuesto. Tendría que faltarnos muchos de miles de años para verlos aparecer.

Algo, que bien sabemos, lo contradice la realidad.

(¿Qué pensarán, para no ir nada lejos, sus compatriotas Condoleezza Rice, nacida en Alabama cuando todavía regían las leyes de separación de razas, Colin Powell, criado en el duro Bronx neoyorquino y de padres jamaiquinos, o el candidato presidencial Barack Hussein Obama, hijo de padre keniano y nacido en Honolulu?)

Allí tienen el solo ejemplo de la propuesta inteligentísima del nigeriano Wole Soyinka, que más adelante detallaré.

Como se puede notar, por los tipos de inteligencia dados y con mi particular ejemplo de la ‘inteligencia futbolística’ (ahora cada uno podrá definir una nueva inteligencia de acuerdo a sus intereses y el área en el que se desarrolla), la inteligencia no es una característica única, aislada, un gen que alguna vez se pueda tener en la punta de una pinza nanométrica.

La inteligencia no es un músculo. No es un color de cabello ni un color de piel.

Es la capacidad para actuar con la que una serie de ‘músculos’ (capacidades) más o menos bien coordinados (y esa coordinación forma parte de la inteligencia) absuelven o tratan de resolver un ‘ejercicio’ (problema).

Quien resuelve un problema cualquiera, tiene que hacer uso de una serie de procesos y de una serie de cualidades en su cerebro. Tiene que poder usar los ojos y los demás sentidos primero, para poder entender de qué se trata el asunto.

Luego tiene que saber usar su bagaje cultural (sus conocimientos adquiridos) y sus propias experiencias pasadas para mejor orientarse en ese problema e ir acercándose a la solución más óptima.

Finalmente, tiene que conocer el terreno y tener experiencia y práctica en él si desea hallar una solución más o menos razonable del problema planteado. Y usar el resto o determinadas partes de su cuerpo en todo esto.

Por eso, se habla, al hablar de la inteligencia, de la alta capacidad de compensación que tenemos los seres humanos respecto a ella.

Se dice que la inteligencia se puede comparar con un globo.

Se nace con uno de menor o mayor tamaño, pero depende de cada individuo y de sus circunstancias (medio ambiente, influencias y estímulos positivos, alimentación, educación, esfuerzo e interés personal) para influir en qué tan grande se puede llegar a inflarlo.

En ese sentido, las políticas de ayuda en África, suelen fracasar porque no son inteligentes parcialmente. Y el Continente Negro es uno para el cual la palabra adversidad, pareciera haber sido expresamente creada.

Permítanme poner un solo ejemplo, para no aburrirlos y porque este ejemplo muestra claramente qué tanto desconocemos de África, aún en terrenos aparentemente triviales.

¿Por qué no se han domesticado -apenas- animales originarios de allí, aquellos que no tendrían problemas para adaptarse ambientalmente?

La cebra, el candidato óptimo, que podría servir como animal de tracción y donador de abono en la agricultura, así como bestia de carga y de transporte, tiene una pequeña mala costumbre: muerde inesperadamente y no suelta a su víctima hasta que esta ha muerto desangrada.

¿Lo sabían? (Por lo menos ya saben por qué nunca han visto a nadie montando una cebra.)

Las políticas de ayuda a África se olvidan de todo esto. O, simplemente, lo desconocen.

Que lo que ayuda a un niño en EEUU no tiene por qué ayudar necesariamente a un niño que toda su vida ha puesto sus energías en sobrevivir con raíces o basura (y en eso seguramente será un experto, un inteligente experto), pero al que ya, probablemente, no le será posible interesarse por los números, los libros o cómo construir máquinas.

Esa es la tragedia.

En ese sentido, la primera ayuda que se le tendría que hacer a todo país pobre son dos: pan y educación.

Ya lo dijo el premio Nobel nigeriano Wole Soyinka, en un ejemplo de gran inteligencia: en vez de quejarse de los botes llenos de inmigrantes ilegales, deberían partir botes con europeos hacia África.

A trabajar por la educación y a conocer más el continente africano y sus gentes para que las futuras ayudas para el desarrollo sean más inteligentes y menos euro o ‘blancocentristas’.

Lo cual implica, que Europa debería dejar de quejarse porque individuos descendientes de los esclavos de sus ex colonias, no aspiren a otra cosa que a un pan y un agua honradamente ganados en el continente europeo y pasar -verdaderamente- a la acción.

Los europeos deberían ver en esto a una bendición, opino yo.

Que esa gente no venga en plan de guerra y a cobrarse con sangre lo que Europa les quitó a sus antepasados (física y moralmente) y los postra ahora a la miseria.

(África tiene suficiente con su duro clima y sus grandes desiertos, grandes inhibidores de su desarrollo.)

Pero, ¿qué hace Occidente, a pesar de que a lo largo de toda la historia solo ha estado en ventaja geopolítica respecto a África y con sus políticas proteccionistas en el sector agrario -por ejemplo- sigue extendiendo actualmente esa ventaja?

La misma suma de dinero que el Primer Mundo le da para pan a África, la vuelve a recibir (por otra puerta) del continente negro vendiéndole armas. (Verlo aquí.)

(Los políticos en este punto, se tapan los ojos, oídos y boca.)

Si eso es inteligencia, aplausos, Nobel Watson.

Para mí, es una de las peores barbaridades y uno de los grandes ejemplos de falta de inteligencia que pueden existir en este mundo.

HjorgeV

Sinthern-Pulheim, 20-10-2007

(*) Hitler fue austríaco, nació (Braunau am Inn) y creció en Austria. En su afán de ocultar sus verdaderos orígenes, ordenó, justo después de la anexión de Austria, destruir Döllersheim y Serones, los pueblos de sus padres y abuelos. Hizo evacuarlos para ello y ordenó construir un campo de entrenamiento militar sobre sus escombros.


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One comment

  1. Es lamentable que en nuestro mundo la estupides y mediocridad estan institucionalizadas, el hombre es un medio y no un fin para las politicas (no inteligentes) de los paises del llamado primer mundo, pienso que el hombre debe ser el objetivo el fin. tomemos conciencia de nuestro mundo.

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