HABLANDO DEL REY DE ROMA…

Apenas ha empezado la semana, y mi Lector Atento ya se ha tropezado con tres noticias o artículos que le han llamado poderosamente la atención y me ha conminado a mencionarlos aquí.

La primera es una que significa un cierto alivio para todos los que le deseamos a este mundo paz, justicia y verdadero progreso.

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El señor James Watson, contra quien –contra sus tesis- me tomé el trabajo de escribir durante tres días seguidos aquí, se ha retractado.

Cómo son las cosas.

El gran científico que hace apenas una semana afirmaba que el subdesarrollo de África se debía al menor nivel de inteligencia de sus habitantes, ahora dice que él nunca quiso decir nada parecido.

Veámoslo.

La noticia es del sábado, pero, como resulta que este fin de semana no me fue posible recoger El País de la estación de tren más cercana a este pueblucho cercano a Colonia donde vivimos, recién ayer lo pude hacer y hoy me puse a repasar las noticias atrasadas. Entre ellas, la referida a Watson y su retractación.

James Watson se disculpa por sus afirmaciones racistas, se titula la nota de El País.

El asunto es un tanto embrollado, porque si lo que dijo no era cierto, ¿por qué lo dijo?

Por lo menos, se ha retractado públicamente de lo dicho. Lo que ya es bastante.

Muchos han supuesto que es porque no quiere perder su trabajo y porque justo se encuentra en la campaña de promoción de su nuevo libro. Por ahora, ha sido suspendido de su cargo como rector de su instituto, el Cold Spring Harbor Laboratory de Nueva York.

Lo curioso son sus palabras. Textualmente, de la versión de El País:

“Sólo puedo pedir disculpas sin reservas a todos aquellos que hayan inferido de mis palabras que África, como un continente, es de alguna manera genéticamente inferior”

¿Qué se cree este señor, que uno no sabe leer, o qué?

Es que precisamente eso fue lo que dijo en la famosa entrevista que causó conmoción en el mundo entero. Es decir, estaba tan clara su afirmación, que no quedaba nada por inferir.

Estas fueron sus palabras:

“Todas nuestras políticas sociales se basan en el hecho de que su inteligencia [de los africanos] es igual que la nuestra, cuando todas las pruebas indican que realmente no es así”

¿Quedan dudas de lo que afirmo?

Más interesante es aún lo que agrega en su disculpa.

Lo reproduzco con las dos erratas (no etarras, que también, seguramente, lo son: equivocaciones, pero humanas) del mismo artículo de El País.

“No es eso lo que quería decir. Y, lo que es más importantes desde mi punto de vista, no hay una pase científica que sustente esa opinión”

Interesante, anota mi Lector Atento aquí, ver cómo, a pesar de los muchos cambios –progresos- que están ocurriendo en ese importantísimo diario europeo en este momento, los errores de redacción que se producen a diario, no solo llegan a provocar risa sino también lástima últimamente.

Por lo menos en este caso, nadie podrá decir que se trata de un error físico, porque la be ni siquiera es contigua a la pe en el teclado. Opino que se debería invertir en correctores. Los hay digitales, también, y, por lo mismo, llama la atención que esto le suceda a un diario de esa categoría. Pero volvamos a lo nuestro.

Si hace pocos días, Watson dijo que en unos diez años sería posible encontrar las pruebas genéticas correspondientes, ahora resulta que no hay una base científica para ello.

¿No será Watson simplemente un racista oportunista?

Por lo menos, dice mi Lector Atento, ese Loro que vive sobre mi hombro derecho y que se despierta solo para llamarme la atención, si Watson no es racista, ahora lo sabemos, entonces: es un mentiroso.

VALIENTE ATAQUE RACISTA

La otra noticia tiene que ver con lo mismo: la facilidad con la que muchos seres humanos se creen aquello de que existe cierta superioridad de unos grupos étnicos sobre otros.

Basándose en eso y teniendo como ventaja ser mayor que la agredida (él 21, ella 16), estar en su propio país y ser hombre, un sujeto agredió a una jovencita ecuatoriana que viajaba sentada tranquilamente en un tren de Barcelona.

Lo que a mí me produce escalofríos, es la naturalidad con la que el hombre perpetra su agresión. Así, a la vista y paciencia de los demás usuarios del tren presentes.

Para mí, eso indica varias cosas.

Este tipo de actitudes no puede ser casual. Se trata de la expresión de toda una sociedad o de una parte mayoritaria de ella.

Cuando alguien se cree con el absoluto derecho de hacer algo como lo que se puede ver en el siguiente video es que confía, cree, percibe y espera que lo que hace no estará mal visto.

Si no fuera así, lo haría a escondidas, se taparía por lo menos el rostro y huiría. No.

Este tipo se comporta como la gente que sabe que está prohibido arrojar basura a las calles, pero arroja con naturalidad sus colillas y chicles inservibles simplemente a las aceras y pavimentos públicos.

Es normal. Es natural. Está prohibido, pero no pasa nada.

Por lo menos, me permití enviar mi opinión al diario que más leo y admiro, viendo entre los comentarios varios que trataban de desviar la vista hacia otro aspecto de lo ocurrido.

Un ejemplo más de esa mezcla de machismo y racismo que no es otra cosa que alta cobardía y terrorismo puro. Atacar a una menor indefensa, no es otra cosa que ser cobarde. Por otra parte, veo en los comentarios que a algunos ciudadanos españoles les duele mucho esto, pero quisieran verlo borrado del diario de hoy, llegando a atacar incluso a las personas que -presas del pánico- no supieron cómo reaccionar en ese momento. Se tratara de argentinos, argelinos, africanos, españoles o usamericanos. Si la idea es denunciar este tipo de delitos (aparte de alta cobardía constituyen un grave delito civil y terrorista por su significado), en vez de apoyar la acción de denuncia, se dedican a lanzarse contra los que no ayudaron, vaya a saber uno por qué razón. Lo digo con conocimiento de causa. He intervenido aquí en Alemania para ayudar en un caso así en un tranvía, y, si bien, soy de los que no se preguntan en qué clase de peligro podrían meterse al tratar de ayudar, sí he visto el rostro paralizado de los demás al ver que el criminal neonazi sacaba a relucir un cuchillo. A ver si las autoridades españolas se atreven a aplicarle las Leyes Antiterroristas a este imbécil y cobarde delincuente.

Alguna vez me he preguntado si mi periplo inicial europeo pudo haberme llevado a radicar en España.

La verdad, viendo cosas de esta naturaleza, estoy muy feliz de que no haya sido así. No crean que hechos parecidos no ocurren en este país.

Pero la aversión hacia todo latinoamericano que he llegado a sentir en España, no es nada que me desee a diario: cada vez que salga a la calle o tenga que relacionarme con alguien de quien solo me diferencia la mayor o menor antigüedad de nuestras raíces en el suelo que compartimos.

Y eso que todos venimos de África. Alemanes y vascos incluidos. Es un decir.

(Curiosamente, las radios y otros medios de comunicación españoles están plagados de música latina en la Madre Patria.)

Pienso que los españoles y los europeos en general, deberían estar contentos y sentirse maravillados de ver que los descendientes de aquellos a los que sus imperios coloniales alguna vez trataron como perros y esclavos, ahora vuelvan a ‘devolverles’ la migración con la única intención de ganarse el pan y el agua lo más honradamente posible.

Los inmigrantes de hoy, a diferencia de los Pizarros y los Cortés, no traen lanzas, arcabuces ni espadas, ni vienen a llevarse ningún oro, matar ni violar a nadie (no hablo de los casos criminales que siempre existen), ni a imponer un régimen colonial en Europa.

Vienen, por lo general, a limpiar casas, construirlas, limpiar baños, cuidar de ancianos y hacer las tareas más duras en los restaurantes, entre otros oficios.

Lo viví en Madrid el año pasado, ciudad a la que volvía a visitar después de muchos años.

En plena Puerta del Sol, vi como dos muchachitos ecuatorianos –seguramente estudiantes, por su aspecto- se dedicaban a limpiar las vitrinas y escaparates de una tienda.

¡Qué visión para Atahualpa o el mismo Pizarro habría sido esta!

Al cabo de varios siglos, los descendientes no se la venían a cobrar (desquitar), venían a trabajar humildemente como si la historia se hubiera vuelto ciega, sorda y muda para ellos.

No estoy, por supuesto, contra los españoles en general. Menos contra los contemporáneos.

Habría que ser muy malintencionado para ver una inquina antiespañola en lo que digo.

Es más, España es un país que quiero y admiro mucho, entre otras cosas porque de allí proviene mi lengua castellana y la veo como lo que es: el ancestro y la cuna de mi cultura.

Todo ello, empero, no impide que yo sepa leer y que leyendo me haya enterado de lo que hizo España, como Corona Española, con nuestros países un par de siglos atrás.

¿Le guardo rencor por eso? Sería una tontería hacerlo.

Pero, por otra parte, ¿debo analizar las cosas tratando de ignorar la llamada conquista, la llamada colonia (esclavización) y la nefasta herencia que ellas dos han significado y significan para América Latina?

He sido testigo involucrado de la aversión que menciono. Me sucedió en Barcelona, por ejemplo.

Estaba con mi familia en El Corte Inglés y tenía que ir urgentemente al retrete.

Al llegar allí, vi que un hombre, con el aspecto de un profesor universitario, esperaba en la puerta de los servicios higiénicos. Vestía un abrigo oscuro y largo, y llevaba un maletín como el que suelen llevar los profesores que menciono. Eso creía.

Como, en mi apuro, no entendía por qué esperaba él allí en la puerta, sin entrar, para no faltarle el respeto por la razón que fuera, me animé a hacerle una pregunta retórica:

-Disculpe, caballero, ¿usted está esperando para entrar al retrete?

Podía haber sido que solo esperaba a un familiar o amigo, por ejemplo.

-No –me respondió, de muy mala forma, como mofándose-, ¿qué cree?, ¿que estoy viendo televisión? ¿No ve que están limpiando los lavabos?

No era cierto: había una mujer dentro que limpiaba los pisos de los servicios higiénicos, mas no los lavabos, propiamente dichos.

-Solo le he hecho una pregunta lo más civilizadamente posible, caballero –le respondí.

-¿Civilizadamente? –masculló él-, ¿vosotros sudacas vais a venir a hablarme a mí de civilización?

¿Qué creen que le respondí a ese homínido antropoide que se creía un ser humano moderno?

HjorgeV

Sinthern-Pulheim, 23-10-2007

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