LOS NAZIS Y EL GRAN CAPITAL (Cont.)

EL MILAGRO NO HABÍA SIDO TAN MILAGROSO

Si los representantes de la gran industria y el gran capital alemanes habían visto en Hitler, inicialmente, hasta a un enemigo ‘anticapitalista’, fue a partir de la caída de facto de la República de Weimer y la entronización del austriaco Hitler como Canciller alemán, el 30 de enero de 1933, que se pasaron abiertamente a su lado.

¿La razón?

En Hitler y su ambicioso programa de de rearme y expansión de Alemania, vieron el negocio redondo.

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Los empresarios alemanes se beneficiaron así, no solo de la carrera armamentística nazi, también se enriquecieron inescrupulosamente al hacerse cargo de los negocios, industrias y bienes judíos confiscados por los nazis.

Además de eso, pasaron a tomar el control de muchas empresas e industrias en los nuevos territorios extranjeros conquistados.

Y no tuvieron el más mínimo escrúpulo en servirse de trabajadores forzados, prisioneros de los campos de concentración y de guerra para utilizarlos como gratuita mano de obra bajo las más inhumanas condiciones.

Miles y miles de personas murieron como parte del programa nazi de ‘aniquilación por medio del trabajo’.

Este capítulo de la historia alemana ha sido un tabú durante mucho tiempo.

En las crónicas de las empresas era simplemente ignorado.

Investigadores independientes, ávidos por saber la verdad, se topaban con una muralla de silencio y oscurecimiento. El historiador Ulrich Herbert, por ejemplo, quien en 1985 inició la primera radical y metódica investigación sobre el Fremdarbeit en la economía nazi, tocó en vano las puertas de más de 40 grandes empresas.

(Fremdarbeit fue un eufemismo nazi para referirse a la mano de obra gratuita –por forzada- que prestaban los prisioneros de guerra, los presos de los campos de concentración y todo tipo de trabajadores violentados a hacerlo. Fremd es ‘extraño’, ‘extranjero’, ‘ajeno’, y Arbeit es ‘trabajo’ en alemán.)

Fue recién en los años 90 del siglo recién pasado –varias generaciones después- que las grandes empresas vieron llegado el momento de enfrentarse a su pasado.

La primera en hacerlo fue la Mercedes, la Daimler-Benz (hoy solo Daimler AG), que encargó un estudio pormenorizado de su propio pasado oscuro y que publicó en 1994.

Siguió la marca emblemática alemana –y nazi- por excelencia, con La fábrica Volkswagen en el Tercer Reich (1996), de los autores Hans Mommsen y Manfred Grieger.

El Dresdner Bank, que se había enriquecido inescrupulosamente con la llamada Ariesierung –paso de los bienes y riquezas judíos a manos de los ‘arios’ alemanes-, necesitó mucho más tiempo: recién el año pasado, 2006, publicó el libro de de Diezmar Henke Die Dresdner Bank im Dritten Reich.

Casi todas las grandes empresas alemanas han cumplido con el repaso histórico de su pasado a manos de gente competente e imparcial. Algo que no ha sucedido muy voluntariamente, que digamos. Muchas veces existió presión pública o fueron necesarios espectaculares destapes, como el que me ocupa aquí, relacionado a la dinastía Thyssen.

Eso fue lo que ocurrió, por ejemplo, el 30 de septiembre de este año, cuando el Erstes Deutsches Fernsehen –el primer canal alemán- presentó sin anunciarla y a altas horas de la noche, una documentación sobre las Quandt y el origen de su riqueza.

(Las Quandt son cinco hermanas herederas de un imperio familiar dueño de más 20.000 millones de euros, que constituye el clan industrial más poderoso de Alemania y que abarca empresas como la BMW, Milupa y Varta. Son nietas de Magda Goebbels –considerada la Primera Dama del Tercer Reich– y se dice que crecieron sin conocer el pasado nazi de sus parientes. Cuatro generaciones han bastado, después de la guerra, para que en la lista de los 100 alemanes más ricos, figuren nada menos que 8 con el apellido Quandt. )

El documental no hizo sino confirmar algo que, al parecer, estaba claro para muchos –no para mí, repito-: el llamado Milagro Económico alemán tuvo su base en el sudor de las peores –si no es una ofensa la redundancia- víctimas de la vesania nazi.

Porque, pasada la guerra, ésta no había afectado los bienes de los grandes capitalistas alemanes y esas riquezas fueron la base de un perfecto Capital Inicial en el llamado Milagro Económico alemán.

Ahora vemos que mucho de verdadero milagro, entonces, no tuvo.

Pero. sigamos con el relato de David R. L. Litchfield:

Los [200] judíos fueron obligados a desnudarse antes de ser asesinados por invitados alcoholizados, quienes regresaron a los salones del castillo para continuar la bacanal hasta la madrugada.

 

Según algunos testigos presenciales, a la mañana siguiente muchos de los implicados fanfarroneaban con sus crímenes. Un tal Stefan Beiglböck se vanagloriaba, incluso, de haber matado seis o siete judíos con sus propias manos.

 

[…]

 

Poco antes de morir, Heini Thyssen reconoció que su padre había sido apoyado por Hitler y su Tercer Reich, evitando, eso sí, mencionar la masacre en el castillo de su hermana.

El artículo termina con las siguientes palabras:

A pesar del requerimiento de un investigador judicial alemán a sus colegas del Ministerio de Justicia austriaco, según el cual se acusaba a Margit von Batthyány de haber prestado ayuda a la fuga de los asesinos de Rechnitz, nunca se inició un juicio contra ella. Siguió dedicándose a la cría de caballos de carrera y murió el 15 de septiembre de 1989 en Suiza.

Si la hija de Thyssen tuvo o no que ver directamente con este asqueroso crimen, es algo que no está fehacientemente demostrado.

Curiosamente, en la traducción al alemán del inglés, se borra toda implicación directa de Margit con el crimen que sí está clara en el original:

Finally, with the Red Army only 15 km away, the countess hosted a party at the castle on the 24 March, the eve of Palm Sunday, inviting up to 40 people including leading Nazi Party, Gestapo and Hitler Youth members […] Podezin then ushered Margit and 15 of the more senior guests to a store room, gave them weapons and ammunition and invited them to ‘kill some jews’.

¿Quién fue el responsable de borrar el nombre de Margit de la traducción?, se pregunta mi Lector Atento.

Como bien menciona el diario, las declaraciones de testigos en las que se ha basado Litchfield, muchas veces suelen confundir –en casos tan graves como éste- la culpa concreta de alguien con la necesidad de denuncia del todo.

¿Qué dirán ahora los españoles a todo esto?, tan encariñados muchos de ellos con una de sus estrellas de la llamada prensa rosa y amarilla, Carmen Tita Cervera, Miss España de 1961, tercera en uno de los certámenes Miss Mundo, y quinta esposa de Heini Thyssen.

¿Y qué los visitantes y demás personas relacionadas con Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid al enterarse de esto?

Si algo siempre está claro, en todo caso, es que nadie debería sentirse responsable de los crímenes cometidos por sus antepasados.

Lo que, realmente, importa es la memoria histórica.

Es decir, aprender, para no volver a cometer los mismos errores del pasado.

HjorgeV

Colonia, 03-11-2007

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