ADIÓS, YÉRMANI

No, no se trata de mi despedida de este país al que quiero mucho y que ha visto nacer a nuestros cuatro hijos germano-peruanos.

Se lo dije anteanoche a una pareja de alemanes que me lo preguntó en un restaurante.

-¿Y? ¿Qué tal en Alemania?

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Sabía que lo preguntaban esperando una larga lista de letanías y quejas.

-¿No se debe aburrir un latinoamericano en Yérmani?

-Soy muy feliz en este país -les respondí, sinceramente-. Me ha dado mucho y sé reconocerlo.

Me quedaron observando.

-Pero ha sido un largo aprendizaje. Y es así, porque también sé expresar lo que me parece que no tiene de bueno.

Se rieron. Después estuvimos conversando un rato. Se interesaron por mi país y por cómo llegué aquí. Al final él, un ingeniero aeronáutico, demostrando que su vino había estado muy bueno, terminó hablándome en una mezcla de italiano y castellano que a mí me pareció una especie de esperanto, algo que, por supuesto, no se lo dije.

No. Se trata de un artículo sobre la emigración alemana actual, con los datos del 2006.

Solo el año pasado 155.300 alemanes, entre mujeres y hombres, le dieron la espalda a su propio país y emigraron en busca de nuevos horizontes a otro.

La cifra más alta de emigrantes teutones desde 1954.

Hay que imaginárselo.

Justo se está recuperando Yérmani (así le gusta llamar últimamente los alemanes a su país, tal vez porque –paradójicamente- ya no les suena tanto a Segunda Guerra Mundial, olvidando que el término nativo Deutschland -pronunciado ‘Doitsch-land’, en donde ‘sch’ es más o menos como la che castellana- sería el más adecuado internacionalmente, por menos conocido) de una fuerte crisis económica que ha durado unos cinco años y los mismos alemanes se le empiezan a ir.

Es para no creerlo.

Sobre todo porque se sabe que de seguir las cosas tal como están, Alemania será uno de los pueblos del mundo condenados a desaparecer.

Estadísticamente hablando, cada mujer de este país da a luz 1,36 niños, la cifra más baja desde la Segunda Guerra Mundial.

Tener familia, procrear, es algo cada vez menos interesante acá.

Si los alemanes son conocidos por su gran capacidad de disciplina, ya pueden imaginarse lo disciplinados que pueden llegar a ser también en ese terreno, teniendo en cuenta, además, que no son especialmente conocidos como ardientes ni fogosos amantes.

A eso hay que sumarle el hecho de que grandes regiones del Este -de la antigua Alemania Democrática- sufren grandes problemas de despoblación. Los jóvenes buscan el ‘verdadero’ Occidente y mejores oportunidades de trabajo, de paso.

Muy pocos de los llamados ‘nuevos’ estados federales han conseguido enfrentar seriamente y encontrar soluciones para este problema. No es inusual, por ejemplo, encontrarse con localidades condenadas a desaparecer por completo porque allí solo viven jubilados.

Se aprecia esto, parcialmente, en el pueblucho semirrural en donde vivimos. La parte antigua de él está poblada, prácticamente, casi solo por ancianos.

Si no se hubiera puesto de moda la remodelación y renovación de antiguas granjas y establos para convertirlos en viviendas modernas, atractivas sobre todo para familias numerosas y con cierta conciencia ecológica, otra sería la historia de este lugar.

Por otro lado, también el año pasado continuó aumentando el número de casos de insolvencias, bancarrotas o quiebras privadas: el 2006 – con casi 100.000– fue uno de los más altos desde la Segunda Guerra Mundial.

Por el contrario, el número de bancarrotas empresariales fue el más bajo desde el comienzo de este siglo: 30.500.

Si bien es cierto que las olas de despido y adelgazamiento en las que se han visto envueltas grandes, medianas y pequeñas empresas a lo largo y ancho del país, aún no han dejado de golpear con fuerza, por otro lado, el gobierno y los mismos alemanes han hecho bastante bien sus tareas.

El alemán quejoso de finales del siglo pasado, incapaz de o renuente a adaptarse a los nuevos, duros y a la vez cada vez más exigentes tiempos (sobre todo en lo que respecta a horarios de trabajo y horas no pagadas de éste), está dando paso a un nuevo alemán más dinámico, flexible en muchos sentidos y más dispuesto a sacrificarse con tal de no perderlo.

Los tiempos en los que la más importante consigna de las grandes masas trabajadoras era reducir las horas de la semana laboral al mínimo, parecen ahora propias de una era muy lejana. Y como de otra galaxia, además.

De todos los emigrantes del año pasado, 44% fueron mujeres.

Algo que habla mucho, por más que aún sigan en la minoría en este caso, del empuje y la independencia de las mujeres en este país.

Curiosamente, no son los más jóvenes, ni siquiera los veinteañeros los que más emigran. Aunque bien podría estar cometiendo un error al tratar de interpretar las cifras estadísticas. En todo caso, la edad promedio fue de 32,2 años.

Como bien lo reconocen los medios de comunicación aquí: el destino más preferido de los emigrantes germanos tiene poco carácter aventurero. Suiza, un país vecino, es el que más alemanes ha acogido el año pasado, casi 35.000 del total.

En segundo y tercer lugar están EEUU con 8% y Austria con 7%. Este último, otro destino ‘fácil’, por su carácter limítrofe.

Hay que tener en cuenta también que en los casos de Suiza y Austria no solo se trata de la cercanía geográfica. Polonia y Chequia –la República Checa- también son vecinos de Alemania, pero apenas atractivos como países para emigrar.

Tampoco lo son en la misma medida (que la nación helvética y la austríaca) Holanda ni Dinamarca, si alguien está pensando en las diferencias económicas de los primeros respecto a estos últimos.

No. Se trata de un hecho más sencillo: en Suiza y Austria se habla el mismo idioma.

Aunque esto es algo relativo, lo digo por experiencia propia, porque hasta que uno puede llegar a entender siquiera los noticieros de esos países –supuestamente hablados en alemán culto- debe pasar mucho tiempo, por el fuerte colorido de los respectivos acentos locales.

España es el país que más atrae a los emigrantes mayores de 50 años.

De hecho, muchas regiones y pueblos de España podrían declararse parte del territorio teutón por la cantidad de pensionistas o jubilados alemanes que acogen.

Por algo se llama a Mallorca, la Florida alemana. Unos 50.000 viven permanentemente en esa isla balear, aparte de los tres millones de turistas alemanes que la visitan cada año.

A principios de los años 90, incluso, el 80% de las inversiones inmobiliarias extranjeras era de origen alemán.

En la isla pueden continuar su vida hablando su propio idioma, escuchando su música, comiendo sus platos típicos y gozando de toda una amplia red de servicios como si estuvieran en su propio país, pero sin necesidad de tener que encender la calefacción. Cuentan, incluso, con dos periódicos locales en el idioma de Goethe y Böll.

Como la vida tiene sus cosas, mi esposa -alemana- aún no pierde las esperanzas de que alguna vez nos asentemos en mi país de origen, el Perú.

Quién sabe, alguna vez.

¿Quién no tiene sus sueños respecto al lugar donde vivir? Yo soñaba con poder vivir en algún lugar que tuviera fácil acceso a la naturaleza y a la gran ciudad. Tener lo más interesante de una metrópolis y la tranquilidad del campo a la mano.

Mi sueño sería poder moverme entre mis dos países.

Pero, creo que mejor pongo el freno aquí, aunque soñar no cueste nada. Si no me equivoco existe un dicho alemán muy bonito al respecto:

Eso está escrito en algún lugar del cielo.

Que tengan una semana interesante.

HjorgeV

Colonia, 04-11-2007

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