LA PÓLVORA: PROGRESO Y DESGRACIA

No hace mucho, escribiendo sobre piyamadas, llegué al tema de los fuegos artificiales y me puse a revisar más información al respecto.

Descubrí indirectamente, así, que no es casualidad que las dos Guerras Mundiales recién se produjeran a partir del descubrimiento de un producto que nació en China y que estuvo dando vueltas por Europa durante un par de siglos hasta encontrar su propio reguero o camino.

La invención de la pólvora moderna, a finales del siglo XIX, fue la que catapultó el desarrollo industrial de la artillería pesada, elemento principal de esos grandes desastres humanos llamados guerras.

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Como ya lo había anotado en la entrada mencionada, había descubierto también que en Alemania se gastan más de 100 millones de euros solo en fuegos artificiales para recibir el Año Nuevo.

Curiosamente, los castillos de esos fuegos –el momento cumbre de muchas fiestas de pueblo y ciudad en mis visitas al norte de mi país en mi niñez- apenas se conocen en Teutonia.

Por otro lado, como todos los años tengo que adquirir esos peligrosos juguetes para mis hijos, me quedé asombrado cuando descubrí que existe toda una Industria Pirotécnica alemana, teniendo en cuenta que lo que más se suele ver en este país son productos importados, principalmente de China.

Lo fascinante para mí, empero, lo constituye el hecho de que la pólvora, es decir, uno de los canales expresivos del espíritu violento y guerrero y poco dado a querer entenderse del Mono Sapiens –aún en estos días que muchos creen solo de ‘Gran Desarrollo’ civilizado-, fomentó otro gran avance: el de la metalurgia.

Y el dominio de los metales, les abrió a los europeos varios frentes en el mundo.

La llamada Conquista de América por los españoles, para empezar, no hubiera sido posible sin el desarrollo de los metales utilizados en sus armas, sus armaduras de hierro, herramientas e instrumentos. Incluso los de navegación.

La importancia de las armaduras de los llamados conquistadores, por otra parte, es algo a lo que no se le ha dado la importancia debida en esa llamada conquista.

¡Ya quisiera ver yo la cara que pondrían algunos –en el mundo de hoy- al ver aparecer de pronto criaturas con armas desconocidas y provistas de un traje que las hiciera inmunes a las balas, por ejemplo!

Y lo mismo se podría decir sobre los caballos de los españoles de entonces.

Tienen que haber causado verdadero terror entre los Incas y Aztecas esos ‘gigantescos’ animales totalmente desconocidos para ellos.

Para estos últimos, el animal doméstico más grande, si no estoy equivocado, era el guajolote o pavo. Los incas, por su parte, se servían de los auquénidos como la llama y la alpaca, pero solo como proveedores de alimento y como animales de carga; relativamente pequeños y pocos dados a correr, por lo demás.

Curiosamente, el avance de la metalurgia -la ciencia de la extracción y el tratamiento de los metales-, en un principio solo con perspectivas bélicas, hizo posible luego dos grandes revoluciones.

Fueron la industrial y la de las comunicaciones, por medio del ferrocarril esta última, la misma que catapultó al comercio y, éste, a su vez, como un castillo de fuegos artificiales avanzando en su combustión, catapultó a la segunda revolución industrial.

La pólvora, por todo esto, tiene su atractivo desde el punto de vista de su papel combustible en la urdimbre de la historia.

UN REGUERO DE PROGRESO Y DESGRACIA

Por la llamada Ruta de la Seda –según se dice, bautizada así en 1870 por el barón alemán Richthofen, la Seidenstraße– no solo llegaba ese producto a Europa.

La seda era uno de los productos principales de la China, pero no el único. Ésta también exportaba pieles, cerámica, porcelana, especies, jade, bronce, laca y hierro.

China, por otro lado, por la misma ruta –una enorme red cultural humana-, importaba oro, plata, piedras preciosas, marfil, cristal, perfumes, tintes y otros textiles provenientes de Europa y de los reinos por donde pasaba la ruta o que tenían acceso a ella.

Por esta ruta, llegó también un producto a Europa –probablemente introducido por persas y árabes-, al cual los chinos no le habían sacado el máximo ‘provecho’: la pólvora, descubierta probablemente en el siglo IX.

No es seguro que los chinos la usaran simplemente con carácter lúdico en la construcción de sus fuegos artificiales. Algunos estudiosos creen que el grosor de la Muralla China es una prueba de que también en la antigüedad se usaba como arma de fuego, aunque no para impulsar proyectiles a través de un conducto o tubo de metal.

Se dice que ya en 1126 se usaba en China una especie de cañón hecho de cañas de bambú.

De China pasó la pólvora al Japón y Europa, y se sabe con certeza histórica que fue usada en 1241 por los mongoles contra los húngaros. Roger Bacon hace una mención de ella allá por 1248.

Hasta la llegada de la pólvora, Europa solo conocía el llamado Fuego Griego, menos efectivo en tierra que el polvo chino.

El Fuego Griego fue un arma eminentemente naval usada por la armada del Imperio Bizantino –Imperio Romano de Oriente- en sus intentos por contener las intenciones expansionistas otomanas.

Se dice que era una especie de lengua de fuego que podía flotar sobre el agua y causar gran daño. Durante mucho tiempo no se conoció su composición, por tratarse de un alto secreto militar bizantino. Ahora se sabe que estaba compuesta de una mezcla de petróleo, azufre, cal viva, resinas, grasas y salitre.

Se trataba de una mezcla bastante ingeniosa.

El petróleo, o parte de él, era el combustible básico y podía flotar en el agua.

La cal viva, al contacto con el agua, reacciona liberando mucho calor: el suficiente para iniciar la combustión de los otros elementos.

El azufre al entrar en combustión emitía vapores tóxicos.

La resina activaba la combustión de los ingredientes.

Las grasas servían para aglutinarlos.

Y el salitre, o nitrato potásico, como un comburente, desprendía oxígeno al prender aún debajo del agua.

Durante ocho siglos pudieron, así, los bizantinos contrarrestar el avance otomano. Solo tenían que conducir esta mezcla a través de conductos contra el enemigo y sus barcos y ella sola se encendía al entrar en contacto con el agua.

Mientras tanto, más adelante en la historia, la pólvora continuaba su periplo europeo y mundial de progreso y desgracia, simultáneamente.

A partir de 1290 está documentada la utilización de cañones hechos de metal. Inglaterra ya la fabricaba allá por 1334 y en 1340 Alemania contaba con fábricas productoras de pólvora.

La siguiente transcripción parcial -adaptada al castellano moderno- de una crónica del rey Alfonso XI sobre el sitio de Algeciras en 1343, es la primera referencia escrita en nuestro idioma del empleo de la pólvora:

..tiraban [los árabes] muchas pellas [bolas] de hierro que las lanzaban con truenos, de los que los cristianos sentían un gran espanto, ya que cualquier miembro del hombre que fuese alcanzado, era cercenado como si lo cortasen con un cuchillo; y como quisiera que el hombre cayera herido moría después, pues no había cirugía alguna que lo pudiera curar, por un lado porque venían [las pellas] ardiendo como fuego, y por otro, porque los polvos con que las lanzaban eran de tal naturaleza que cualquier llaga que hicieran suponía la muerte del hombre.

Si bien el uso de estos cañones de metal, se generalizó pronto por Europa y la misma China, tendría que pasar un largo periodo, empero, hasta que se inventara una aleación metálica capaz de soportar la inmensa explosión que se producía en su interior.

(El uso de la pólvora -un producto bélico-, queda claro así, fomentó el desarrollo de la metalurgia.)

El otro problema técnico lo constituían los residuos que dejaba cada explosión de la llamada pólvora negra. Así, por ejemplo, un kilogramo de ella –predecesora de la pólvora actual- dejaba unos 560 gramos, más de la mitad, de sales tales como el sulfito potásico (K2SO3) y carbonato de potasio (K2CO3).

Pero no solo la acumulación de sales era el único problema que planteaba la pólvora negra en su uso bélico. También, porque era demasiado inflamable, de tal manera que el proyectil no había llegado aún al final del cañón propiamente dicho y ya se había consumido la masa explosiva.

La otra dificultad técnica, era la cantidad de humo que se producía en cada explosión.

A finales del siglo XIX, finalmente, se inventó la pólvora más o menos como se la conoce ahora.

Es una mezcla relativamente sencilla de tres elementos: carbón, azufre y salitre.

Se compone básicamente de carbón, azufre y de nitrato potásico (KNO3) o clorato potásico (KClO3). Los primeros en menor proporción. El carbón y el azufre arden gracias a uno de los dos segundos, los cuales actúan a modo de comburentes, es decir, suministrando el oxígeno necesario para toda combustión.

Durante mucho tiempo se creyó que un monje alemán Bertoldo El Negro (Berthold Schwarz) habría sido el primero en usar la pólvora para impulsar un proyectil. Sin embargo, estudios más recientes parecen indicar que tal personaje ni siquiera existió.

JOHN SMITH Y SUS 40 VALIENTES

La historia mundial esconde, ya vemos, más de lo que nos hemos acostumbrado a recibir y dar como información en la escuela.

También esconde mucha deformación de la realidad.

Tomemos, el ejemplo de los vikingos o el de los piratas, verbigracia.

Ambos fueron ladrones, asaltantes de barcos y poblaciones, saqueadores, violadores y asesinos, es decir, en dos palabras: grandes criminales. Sin embargo, la cultura occidental ha hecho de ellos personajes de culto y aptos para el uso infantil.

Si a alguien se le ocurriera decir que de aquí a cien años, los niños jugarán con figuras de Bin Laden y sus secuaces y eso va a ser la cosa más natural del mundo –volar grandes torres como ahora los niños, jugando, asaltan barcos-, el mundo occidental se escandalizaría.

Pero eso es lo que, precisamente, Occidente ha hecho tanto con los piratas como con los vikingos.

De haber sido estos dos de origen africano o árabe, otro habría sido seguramente el cuento.

No por nada -pienso ahora- uno de los cuentos más famosos del mundo se llama Ali Baba y sus 40 ladrones.

De haber sido otro el origen de esos ladrones, hoy tendríamos el mismo cuento bajo otro nombre, más pasable, tal vez.

John Smith y sus 40 apóstoles valientes, por ejemplo.

HjorgeV

Colonia, 07-11-2007

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2 comments

  1. Deberíais o deberías estudiar algo sobre la guerra entre cristianos y árabes durante la reconquista de la Península Ibérica. En esa historía encontrarás reseñas al uso de la pólvora como arma bélica, que se adelantan ensu empleo a cualquier otra parte de Europa. Los cristianos sorprendidos por aquellos truenos de fuego, no entendían como caían heridos o muertos los compañeros.
    Hay mucha documentación del empleo de la pólvora negra como arma de guerra por los árabes en la península, y hablamos de antes del año 1200. Quizás se conoce poco porque no se leen los textos árabes y tampoco los de los cristianos de aquella época.
    Un saludo

  2. Los arabes utilizaron antes la polvora china Porque tienen relaciones y tratos comerciales con el imperio chino. luego los arabes pasaron la polvora a los occidentales.

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