¿POR QUÉ NO TE CALLAS?

Imagínense que el Imperio Inca todavía estuviera legalmente vigente y que existiera un Inca.

Imagínense que la cosa puede llegar hasta a ser risible, pero a la gente le gusta (lo adoran) y el estado lo apoya, por las razones que sean.

Ese sujeto o personaje, además, acompaña a todas las comitivas oficiales del Perú en el extranjero.

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Imagínense que en una reunión en Europa, mientras, vamos a decir, Aznar está defendiendo una invasión ilegal y mentirosa a Irak, el Inca no se puede contener y, rompiendo todo protocolo, le espeta al (ex) mandatario español, tuteándolo e interrumpiéndolo:

-¡¿Por qué no te callas!?

Imagínense luego, que el Inca peruano abandona la reunión como un niño enfadado y que todo el Perú lo aplaude y a nadie le importa que se haya portado como un zamarro en esa reunión internacional.

Como se trataba de plantarle la cara a algo claramente injusto, más o menos ‘todo’ valía, piensa la gente.

Bueno, pues, con signos y camisetas cambiadas, pero algo muy similar les ha ocurrido a los españoles hace pocos días.

¿Qué sucede en España?, me pregunto.

Se siente un ambiente de unidad nacional, más bien propio de esas oportunidades en que se gana un Mundial de Fútbol, varias medallas en una olimpiada o un astronauta compatriota se lanza al espacio.

No hace mucho tiempo atrás –apenas un par semanas-, esa misma España sufría en su identidad como (inevitable) país de inmigrantes y no sabía dónde esconder la cara con el caso del energúmeno que había golpeado a una muchachita extranjera en el metro de Barcelona.

Ahora el señor español Juan Carlos tutea, le espeta a un jefe de estado “¡¿Por qué no te callas?!”, interrumpiéndolo, luego abandona una reunión oficial como un niño ofendido y termina cohesionando a España alrededor de su figura. Y hermanando a figuras tan disímiles y enfrentadas como Rodríguez Zapatero y Aznar.

Y la gente lo aplaude, la prensa y los pensadores incluidos. ¡Viva el rey!

¿Viva el rey?

Al parecer, todos los españoles –es una exageración- han hecho suya esa fea máxima que reza: Si eres enemigo de mi enemigo, entonces eres mi amigo.

(Fea, porque por ese rumbo es muy fácil terminar de admirador o amigo de Hitler, Franco o de cualquier otro tremendo criminal de la historia.)

Con su desplante, el señor Juan Carlos ha logrado algo que tendría que haber logrado ETA o cualquier otro problema preocupante en la península: que Rodríguez Zapatero defendiera a Aznar y que éste lo llamara por teléfono para agradecer la ayuda.

¿Quién es capaz de algo así en otro país?

Repito. Las siguientes ‘faltas’ ha cometido ese ciudadano español privilegiado y bien remunerado llamado Juan Carlos:

  1. Interrumpir a un ponente en una reunión de estadistas.
  2. Tutear a un jefe de estado.
  3. Soltar una frase insolente y malcriada.
  4. Gritarle que se calle.
  5. Abandonar la reunión antes de tiempo, ofendido.

¿Que Chávez también interrumpía todo el tiempo a sus demás compañeros de discusión en ella?

Seguro que es cierto. Además, él es conocido –creo-, justamente, por eso.

Pero uno no se puede quejar de ser interrumpido si también uno lo hace.

¿Que como rey tiene el derecho a tutear a quien sea?

¿Por qué?, pregunto. Eso es una aberración. (En una reunión de ese carácter, o todos se tutean o todos se tratan de usted. Nadie puede decir, en mi país hago lo que quiero y aquí, por lo tanto, también.)

Y esa aberración está protegida por las mismas -en esta hora actual- absurdas leyes españolas que le garantizan 8 millones de euros anuales que salen del bolsillo de todos los contribuyentes, crean en príncipes, hadas o sapos que besan o no. No es envidia, como algún iluso podría pensar. Quiero decir que en contra de la Constitución Europea: existe gente en España que nace con privilegios que el estado de esa nación se encarga de mantener y garantizar.

Sus cosas tiene el mundo moderno español, aparte de ese acoso perverso a un pobre animal que no se puede defender adecuadamente, llamado malévolamente ‘Fiesta’ taurina.

¿Que el señor Juan Carlos demostró tener mucho valor al decir esa frase a Chávez?

Puede ser. Pero ese es el mismo argumento que seguramente utilizaría Chávez para justificar su ataque a Aznar.

¿Que Juan Carlos tiene su derecho a abandonar las reuniones que quiera, cuando quiera?

Tanto como los demás, diría yo. Pero, entonces, la próxima vez cuando lo haga Castro, Chávez, Morales o Correa, o quien sea, que nadie se queje.

Me explico no soy admirador de Chávez. Me limito a juzgar las cosas sin camisetas. No soy español. La figura de un rey -o inca- en esta época me parece ridícula y peligrosa por su significado.

A lo que también voy es que uno no se puede quejar de algo que uno mismo comete. Aunque sea el odioso Chávez el objeto de nuestro desplante.

El presidente venezolano, por lo demás, es un producto histórico de su país; no alguien que haya llegado al poder porque le dio la gana. Pero dejemos responsabilidades históricas, aparte.

Ya quisiera ver yo cómo habría reaccionado la prensa y la opinión pública españolas, si el caso hubiera sido al revés. Es decir, tener a un mandatario latinoamericano equis espetándole a Juan Carlos o a Rodríguez un furibundo “¡¿Por qué no te callas?!”, solo por no estar de acuerdo con él.

En cambio, ya digo, casi España entera está aplaudiendo la malcriadez coronaria.

Que Chávez es un provocador y llega a límites que a veces no se pueden calcular, eso lo sabían de antemano todos –especialmente los mandatarios españoles- presentes. Nadie asiste a reuniones de ese tipo para ser un desavisado.

Por otra parte, no hace mucho el mismo diario El País, el más importante de España, publicó un artículo de un periodista usamericano en el cual, éste llamaba gánster a su presidente Bush. Con todas sus letras. Y no ha sucedido nada.

Aznar debería estar agradecido de que no le digan otra cosa como producto de su decisión de apoyar una guerra basada en mentiras y que hasta ahora se ha cobrado casi 700.000 vidas humanas.

¿Quién se queja por eso?

¿El ciudadano privilegiado por derecho legal, Juan Carlos?

Ahora, Rodríguez, Aznar y el señor coronario son unos amigotes que España entera quisiera esperar en el aeropuerto para llevarlos en hombros hasta las Cibeles, cual si se tratara de futbolistas especialmente exitosos en el extranjero.

Lástima, no más, que no vistan la misma camiseta.

¿O sí?

Pero, ¿cuál?

¿La española?

Parece que sí. Rodríguez lo acaba de confirmar. Vean lo que ha dicho:

“Si alguien ataca a un compatriota, le defiendes”.

Lo que dice es una sandez y no es correcto.

Se defiende a alguien por sus ideas, posiciones, ideales y hechos, no porque sea venezolano, español o amigo de tal o cual.

Si se defendiera por camisetas o banderas, como falsamente afirma Rodríguez, los alemanes seguirían defendiendo a Hitler (es un decir, porque fue austriaco), y todos los españoles a Franco y al cobarde hombre que agredió, vejó e insultó racistamente a una jovencita ecuatoriana en el metro barcelonés.

¡Y yo terminaría apoyando a Fujimori!

Absurdo, entonces, eso de defender a alguien solo porque es nuestro compatriota.

Peligroso, por otra parte, porque eso induce a enfrentar nacionalidades o etnias allí donde no es necesario.

Ese tipo de frases, como la dicha seguramente solo con buena intención por Rodríguez Zapatero, son populismo puro y el mejor caldo de cultivo para nacionalismos absurdos y peligrosos. De allí al racismo y a la xenofobia, no hay mucho trecho. Ojo.

-Lo apoyé, señor juez, porque era mi compatriota.

-¡Pero su compatriota estaba agrediendo a una muchachita indefensa, señor!

No nos engañemos, el desplante y las malas maneras por parte del ciudadano privilegiado Juan Carlos, ha sido como escapar de un jaque al rey.

Ahora nadie se atreverá a cuestionar su figura ni la anacrónica monarquía española que le cuesta millones a todos los contribuyentes y mantiene legalizada la funesta figura que demuestra que en este mundo sí existen seres que nacen con privilegios garantizados por el estado.

Que se entienda: no estoy contra las monarquías.

A pesar de ser ateo y oponerme a las religiones, tengo que respetar el derecho de los demás a creer lo que les venga en gana.

El problema de fondo es el asunto de los privilegios.

Que alguien se crea Superman, dios, inca o rey no es un problema.

Que a partir de esa creencia o práctica quiera tener privilegios es otra. Más aún, que las leyes de un país garanticen esos privilegios, a mí me parece una aberración a estas alturas del partido de la historia.

Más privilegios es lo que menos necesita este mundo. Y menos como un mal ejemplo de Europa. La madre de los imperios coloniales de antaño.

¿Qué sucede, entonces, en España?, me pregunto otra vez.

Otro ejemplo.

Allí tenemos el otro caso de los españoles liberados en África.

Cada cierto tiempo se detiene a un barco extranjero con grandes cargamentos de alguna droga (ilegal) y se encarcela a TODA la tripulación, sin que ningún gobierno extranjero se haya inmiscuido hasta ahora en ello, como lo determinan las leyes internacionales.

Ahora se trata de un país africano y como ya dijo el Ministro de Turismo de Chad, Koulamallah:

“La gente cree que en África todo está permitido. Lo que es incomprensible es que un avión llegue a Francia con más de 100 niños sin que se sepa de dónde provienen ni se investigue. Sin embargo, para que pueda entrar en Europa un solo africano se monta una enorme parafernalia.”

No se trata de echarle a perder la alegría a los liberados, a sus familiares o a sus compatriotas. Se trata de abrir los ojos y ver que se están pisoteando leyes, tratados y prácticas internacionales.

No quiero imaginarme qué sucedería si cada gobierno se dedicara a sacar sus ciudadanos de cárceles extranjeras, independientemente de su culpabilidad o inocencia. (¡Para muchos ha bastado que la ONG comprometida dijera que son inocentes! ¡Atención, narcotraficantes!)

España se ha tomado estos dos casos como en un partido de fútbol –mi camiseta aunque apeste– ¡y nadie parece darse cuenta de ello en la Madre Patria!

¿No hay nadie que levante la voz? ¿O es el miedo a enfrentarse a la camiseta mayoritaria, en este caso?

Además, ¿desde cuándo criticar a una o varias empresas es criticar a todo un país?

Rajoy habla ahora de las amistades peligrosas del actual presidente español. ¿Por qué peligrosas ahora y no cuando se peleaban todas ellas por las suculentas tajadas de los pasteles de varios países? No por nada son empresas españolas las dueñas de muchos servicios de primera importancia en Latinoamérica.

Mi Lector Atento me dice que no se deja engañar tan fácilmente.

Se trata de una buena jugada ajedrecística de Juan Carlos.

Y este señor coronario la ha hecho en un momento en el que venía siendo fuertemente criticado y cuestionado por diversos sectores y regiones de la sociedad española.

¿Quién se va a atrever a criticarlo ahora sin que le caiga el grueso encima?

Por lo demás, ¿dónde estaba el ciudadano Juan Carlos cuando Aznar pedía apoyo para la ilegal y mentirosa invasión de Irak?

Allí sí que tendría que haber dicho, con la mayoría de la población española (de entonces) y el resto del mundo -como el que esto escribe- que no quiere más guerras ni pisotones gansteriles de los más fuertes:

¡¿Por qué no te callas, Aznar?!

HjorgeV

Colonia, 11-11-2007

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3 comentarios sobre “¿POR QUÉ NO TE CALLAS?

  1. Vamos a ver… Yo estoy viviendo en España y no he visto ese “ambiente de unidad nacional” como resultado de la discusión en Chile… hay voces a favor y en contra del rey, del presidente, de Aznar, de Chávez y hasta de la presidenta de Chile… vamos, de todos los protagonistas del episodio.
    Creo que la intervención del rey fue una salida de tono que no debería haberse producido, más que nada porque le da pie al Sr. Chávez a seguir hablando hasta por los codos y echarle más leña al fuego pero creo también que la actitud del Sr. Rodríguez Zapatero fue la correcta no por su desafortunada justificacón acerca de que Aznar es “su compatriota, sino por la argumentación inicial. Aznar podrá caerme muy mal, pero estuvo donde estuvo porque los españoles le votaron en grandes y copiosas cantidades, tanto que le dieron el poder de hacer lo que hizo.
    No creo que lo que hizo el rey fuera un intento de mostrar poderío en sus antiguas colonias, sino un grito de “deja hablar a quien tiene la palabra en este momento” o sea, a Rodríguez Zapatero.
    Finalmente Jorge… a la tripulación española, los periodistras franceses y el piloto belga en Chad los liberó la justicia de Chad, nadie más. Si los tribunales en aquel país no huberan tomado esa determinación, ya pdría haber ido Sarkozy, Bush y el Zorro y esos seguirían presos…
    España dista mucho en este caso del exabrupto del rey, de ser una sola grande y unida como creo que te parece por lo que expresas,

    Saludos

  2. Infravaloras la figura del Rey.
    La Constitución lo establece como Jefe del Estado. Igual que cualquier Presidente de República. Puede gustarte más o menos su figura pero es así. Y no es el único ciudadano privilegiado de la UE. Conozco otros como él en Reino Unido, Holanda, Suecia, Noruega, Dinamarca… sigo?

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