MÁS FURIA ESPAÑOLA MÁS

No se pueden imaginar la cantidad de lectores que he perdido y estoy perdiendo con este asunto del exabrupto, los nervios juancarlianos y sus entresijos.

(La prensa española es unánime: el rey se comportó a su altura. Bueno, bien visto, esa ha sido siempre la altura de todos los reyes.)

Es una pena.

Cada lector perdido me reportaba más o menos unos quince dólares por minuto por concepto de publicidad, regalías y demás. Calculen. Con lo que llevo de dinero perdido no voy a tener ni para la tinta con la que escribo esta bitácora.

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Yo me alegro con cada lector que pierdo.

Es una persona más en este mundo que ya no voy a poder desagradar.

Y también una más con la que no tengo más la responsabilidad de entretener un par de minutos de su vida. Es un alivio.

Me queda la conciencia limpia de haber actuado y seguir haciéndolo de acuerdo a mis convicciones y no como un político, para agradar a alguien; por más que corra el riesgo de quedarme solo. ¿A quién le puede importar, salvo a mí, después de todo?

Escribir es una actividad absolutamente solitaria -por suerte-, de tal manera que las cosas primordiales y fundamentales no se han alterado en su esencia para mí. En fin.

AH, EL OTOÑO

Lo bueno del otoño de esta zona de Europa es que casi siempre te lleva a los caminos de la reflexión.

¿Qué le puede quedar a uno cuando después de haber brillado el sol en la tarde, al empezar a caer la noche, el viento gélido te hace recordar que no eres nada más que una hormiga en el universo?

(Y si eres una hormiga con paraguas y el viento se molesta, corres el riesgo que te haga recordar que tampoco eres más que una simple abejita.)

Creo que el que no es capaz de ponerse a pensar sobre la brevedad de la vida es porque no ha pasado de los treinta y nueve, por ejemplo, o es de esos que se quejan de cada estación del año.

-¡Qué terrible este calor! ¿Cuándo pasará este veranito? –me decía mi vecina Tal, a comienzos de este año, en abril.

(Pensábamos que el verano había enviado un emisario tempranero, pero simplemente se había adelantado, el muy traidor.)

-Lo mismo me decías del invierno pasado –le respondí.

-Es que tú estás acostumbrado a estos calores –añadió ella.

-Llevo 22 años en tu país, Tal. –le repliqué-. Pero algo de razón debes tener porque los inviernos ya no me afectan tanto, en cambio, los veranos sí.

¿Tuvieron que pasar tantos años para poder gozar del otoño?, me pregunto hoy. Ahora me gusta la estación otoñal. Sé encontrarle su placer.

En el color de la naturaleza que cambia. En las temperaturas que parecieran estar luchando entre sí por definir supremacías ignotas. En su capacidad para hacernos reflexionar. En el contraste climático de los días. En las hojas que vuelan y los árboles que parecieran estarse despidiendo cada año de esta Tierra.

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Hay un dicho alemán que reza así:

“El clima no es malo. Tu vestimenta no es la adecuada”.

Recordaba esto anoche, cuando regresaba a casa de trabajar.

Me pescó una lluvia helada justo en el último tramo a pie. Apenas 150 metros hasta llegar a la puerta. Como no traía paraguas, intenté cubrirme con lo que pude. (Ya he llegado a echar a perder un codiciado ejemplar de Babelia, que igual ahora parece haber desaparecido como suplemento sabatino de El País.)

Me acordé de mis primeros años en Alemania. De mi ignorancia respecto a las temperaturas y a la naturaleza. Cuando una lluvia de otoño me pescaba cada par de días en plena calle, y me daba la impresión de estar flotando sobre agua congelada dentro de mis ligeros mocasines limeños. (Que bien me habían servido para el invierno de allá.)

Llegué en octubre a este país, justo el mes en el que, si bien ya no es posible lanzarse al agua fresca de una piscina descubierta, por lo menos tampoco puedes temer que te coja una tormenta de nieve al aire libre. Octubre sería algo así como el mes civilizado de toda la temporada fría.

No por nada se llama Octubre Dorado en este país.

De París me había traído algo de la ropa de invierno que todavía conservaba de Lima y que en la Ciudad Luz apenas había necesitado porque había llegado en pleno verano europeo, el 12 de junio anterior.

En Lima, el frío es algo muy relativo, básicamente debido a la alta humedad ambiental existente (hasta 100%, se dice), producto de la presencia de la Corriente de Humboldt de aguas muy frías, que corre justo frente a las costas del litoral limeño.

Por nuestra situación geográfica (sigo diciendo ‘nuestra’ como esos emigrantes que nunca terminan de emigrar), 10º 16´ 18″, latitud sur, deberíamos tener una temperatura promedio propia de la región subtropical en la que se encuentra, de unos 25 a 26º C.

En cambio, el efecto de la fría corriente que lleva el nombre –apropiadamente- de su descubridor, el sabio alemán Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander von Humboldt, nos rebaja a unos 19º C ese promedio.

(Parece el alfabeto alemán completo su nombre, habría dicho Mark Twain. O un saludo militar, diría yo.)

Eso era algo que desconocía el mismo Francisco Pizarro cuando fundó Lima un 18 de enero de 1535, a pesar de que ya llevaba unos tres años en el Perú paseando.

Había ingresado por el norte, Tumbes, y después de una visita cordial al Inca en Cajamarca e ir recogiendo un poquito del oro que encontraba tirado por el camino o que los vecinos le entregaban voluntariamente a su paso, se había decantado rápidamente por una villa andina, famosa por su magnífico clima y sus lindos paisajes, Jauja, para fundar la capital de los territorios de ultramar de la Corona Española.

Jauja, qué dulzura, / rinconcito de mi valle / que yo quiero.

Pedacito de cielo, / alegría del corazón…

(Historiadores perversos afirman que el Inca le habría exigido a Pizarro su visado en regla y éste, en vez de su pasaporte le habría mostrado una Biblia. Al arrojar Atahualpa ésta al suelo y acusarlo de ser hincha del Real Madrid y no del Extremadura, Pizarro le habría espetado: “¡¿Por qué no te callas?!, creando así una escuela y un estilo que habría de perpetuarse durante siglos y una canción que se escuchó durante mucho tiempo en las radios y teléfonos celulares de Cajamarca al Cusco.

El Inca, como muestra de solidaridad internacional, preocupado por el qué dirán en Europa y dándose cuenta de su grave error como anfitrión turístico le habría ofrecido regalarle 16.000 kg de oro y 180.000 kg de plata a cambio de su perdón. Al negarse Pizarro a aceptar esta pobre y miserable muestra de arrepentimiento anfitriona y mostrando su aversión a todo lo que brillaba, el Inca Atahualpa no habría soportado su aflicción y se habría ahorcado públicamente, no sin antes declararlo su heredero oficial como resarcimiento por lo mezquino de su ofensa dorada y plateada.)

Lo malo de Jauja era su ubicación.

(¿Cuántas veces no habremos tenido que renunciar a un amor por su inaccesibilidad geográfica?)

Si aún hoy, los Andes siguen significando un gran escollo en el desarrollo económico -descentralizado- de mi país y de otras regiones vecinas con la misma geografía, ya se pueden imaginar cómo sería en ese entonces traspasar esas montañas andinas para llegar a la costa.

(Las malas lenguas dicen que Pizarro y sus huestes no querían esperar demasiado hasta que cada nueva remesa de vino y jamón Pata Negra llegara a Jauja desde España, después de cruzar el Atlántico y los odiosos Andes. ¿Con qué agasajarían a sus anfitriones, sino?)

Daré un ejemplo de mi experiencia personal.

La distancia Lima-Cusco que se hace en poco menos de una hora en avión, la recorrí una vez en 48 horas.

No en avión, se entiende. Los huaycos y derrumbes que constantemente interrumpen y dañan las carreteras andinas son un permanente dolor de cabeza para viajeros y autoridades responsables.

(Fue en un ómnibus de la empresa Ormeño, que no sé si todavía existe.)

Por eso, apenas llegado a Lima, Francisco Pizarro González, ese universitario extremeño, desconfiadísimo académico, criador de grandes animales, gran turista, aventurero y gran coleccionador de recuerdos (me quedo en souvenir, mejor, para no remover mucho la historia), viendo que el clima era estupendo, cálido y sin lluvias en Lima en enero, decidió olvidar Jauja y fundar la Ciudad de los Reyes -la nueva capital- al pie del mar.

Lo que no sabía era que en Lima nunca llueve.

(Ni de su Cielo Invernal Color Panza de Burro ®. ¿Cómo lo podía saber si en ese tiempo no existía la Red?)

¿Nunca llueve, dije? Perdón, creo que llovió el 2 de agosto de no sé qué año y un día de junio de otro. No es una broma.

(Me acabo de enterar leyendo la bitácora de Juan Manuel Robles, que en el verano del 98 llovió a cántaros en Lima. Ver aquí.)

Llover, lo que es llover, cuando sucede, sale en los diarios limeños en primera página.

(Lo que cae en invierno es una finísima garúa, que es como un tropel interminable de roedores que te hacen sentir sus infinitas patitas arácnidas sobre tu rostro cuando caminas.

Para qué me voy a esforzar por describirlo. El escritor catalán Santiago Roncagliolo lo ha hecho ya de una forma genial e insuperable:

Pero entre junio y setiembre, las nubes bajas se empozan y se quedan ahí, tan adormiladas que ni siquiera les da por llover. Su acumulación le da a la capital un sombrío color panza de burro apropiado sólo para vacaciones melancólicas postdivorcio. Sin embargo, viajando en estas fechas puede cumplir la fantasía de tocar el cielo con las manos. De hecho, es posible que lo toque con los pies.

-¿Cómo que con los pies? -me preguntó mi esposa alemana. La única que tengo, por si acaso. Hasta ahora.

-No le hagas caso. Le debe gustar el fútbol -le dije.)

En épocas no demasiado remotas, las de los años setenta, recuerdo especialmente, de niño, una lluvia que pescó desprevenida a mucha gente pero que tuvo una repercusión muy importante en la industria peruana del calzado.

El pegamento de la mayoría de zapatos limeños no resistió tanta agua y todavía recuerdo a mucha gente caminando por las calles de Lima, con sus zapatos sacándole la lengua a todo el mundo camino a sus hogares. (Mucho antes, hay que saberlo porque esas cosas no se encuentran así nomás en la Red, las suelas de los zapatos sólo se clavaban o se cosían, no se pegaban.)

No es para reírse ni burlarse. Se trataba de gente pobre, por lo general, pero esa no era la razón de peso. Simplemente no había sido necesario hasta ese momento otro tipo de pegamento más fuerte en Lima Limón.

Con decir que hay muchos limeños vírgenes o que llegan a casarse dos veces, pero solo conocen una lluvia de verdad en su vida. Imagínenselo.

La anterior lluvia había ocurrido seguramente para el cumpleaños de uno de los hermanos de Pizarro y tanta memoria histórica no se le puede reclamar a ninguna industria. Menos a la peruana.

(Esos mismos historiadores perversos, afirman que Pizarro volvió a usar su famoso ¡¿Por qué no te callas?!, pero esta vez -26 de junio de 1541- contra el hijo de su gran compadre turístico, Almagro, en rebelión por un broche de oro extraviado.

Con tanto éxito, que el Rey ordenó a los sobrevivientes de ese sano encuentro de compatriotas emigrantes españoles, fundar el Virreinato de Nueva Castilla, después Virreinato del Perú.

El esqueleto momificado de don Pancho todavía se puede visitar en la Catedral de Lima -aunque ya no espeta nada-, como muestra del amplio apoyo brindado por la Iglesia Católica al culto y pacifista turismo español de ese entonces.)

Pero era otra cosa la que les quería contar. Y ya saben cómo detesto eso de estar entremezclando temas.

Será para otra oportunidad, espero.

Que estén bien.

HjorgeV

Colonia, 15-11-2007

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3 comentarios sobre “MÁS FURIA ESPAÑOLA MÁS

  1. Jorge, si dices que escribes solamente para ti mismo (lo cual no tendria nada de malo), mientes. si no fuer asi, simplemente no publicarias este blog. pero gracias a dios, lo haces.

  2. Estas y no otras fueron mis palabras, las repito:

    “Me queda la conciencia limpia de haber actuado y seguir haciéndolo de acuerdo a mis convicciones y no como un político, para agradar a alguien; por más que corra el riesgo de quedarme solo. ¿A quién le puede importar, salvo a mí, después de todo?

    Escribir es una actividad absolutamente solitaria -por suerte-, de tal manera que las cosas primordiales y fundamentales no se han alterado en su esencia para mí. En fin.”

    UN ÚLTIMO COMENTARIO ESCOGIDO:

    De José María Llovet
    Comentario:
    Hombre, creo que redactas bien… pero ¿no puedes estructurar tus ideas? Tienes un desorden mental que causa náuseas.

    Y hablando del pobre de Potts ¿lo dices en serio? El mundo le tiene lástima, pero cualquiera que tenga las orejas bien puestas -no como Potts- se dará cuenta de que el tipo canta pésimo y compararlo con cualquier tenor serio es un sacrilegio contra las Musas. Si quieres escribir sobre estos temas, por favor CULTURÍZATE un poco para no hacernos enojar.

    ¿Qué diablos tiene que ver el asunto del filósofo y la diócesis con Potts? Andas muy inconexo. Te sugiero bajarle a las drogas.

  3. HjorgeV: Si en mis comentarios exclamo que viva el Rey, es porque lo considero un buen estadista que ha hecho cambiar a este país de exportador de emigrantes buscando un trozo de pan en otras latitudes y uno donde se fusilaba a la gente, a otro bien distinto que atrae a ciudadanos del mundo entero en la misma situación de penuria que antes sufríamos nosotros, pues aqui no estamos nadando en la abundancia pero al menos ya no se pasa hambre ni se fusila a la gente por nada y menos por sus ideas, aunque aún quedan minorías que desearían volver atrás. Un saludo.

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