¿MIEDO AL GAÚCHO?

PERÚ-BRASIL: ¿JUEGA O NO RONALDINHO?

Creo que el arma más importante de un equipo de grandes jugadores, es, también, su gran capacidad para dar pases verdaderamente desequilibrantes a lo largo de un partido.

Con suerte y constancia, esos jugadores sabrán dar -además- un par de pases mortales, de esos que necesariamente terminan en gol.

Veámoslo.

Aunque parezca una perogrullada, un encuentro nunca se gana por 2 bicicletas ó 3 huachitas (’túneles’) a cero.

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Es más, el defecto más común de grandes jugadores del mundo, fue –y sigue siendo- su aparente imposibilidad de comprender que el fútbol tiene reglas muy claras y una de ellas dice que gana el equipo que marca más goles.

Y que un gol es gol, recién cuando la pelota ha traspasado la línea de cualquiera de las dos porterías. Ni una fracción de segundo, ni un centímetro antes. No está de más repetirlo siempre, créanmelo.

Para el Mundial pasado, los peruanos nos quedamos sin clasificarnos, entre otras razones, por un par de goles de los llamados hechos, pero perdidos misteriosa e ingenuamente frente al arco contrario por nuestros delanteros. Pregúntenselo al Cóndor Mendoza, por ejemplo. O a Farfán.

El defecto de muchos delanteros es ese: confundir el deseo con la realidad. Exactamente como sucede en la vida. (El fútbol también es vida, pero una superior, para los verdaderos futboleros.)

Cuando ven un balón aparentemente fácil llegando a ellos –y sabiéndose incluso libres de marca-, ocurre aquello que solemos practicar como un deporte en la vida diaria (no solo en la laboral, ¡hasta en la afectiva!): no hemos terminado una tarea, pero ya queremos cobrar.

Lo malo es que el aire contiene un conjunto de partículas distribuidas caótica e irregularmente en el espacio. Eso es importante saberlo cuando viene un balón aéreo.

Me imagino que los llamados ‘extraños’ que hace un balón en su trayectoria aérea –sobre todo cuando va a gran velocidad-, se deben principalmente a que el aire no es un medio perfectamente homogéneo. Es decir, el esférico interacciona con los ‘huecos’ del aire. Y lo mismo sucede con el suelo del campo de juego.

Basta un terrón o un pequeño agujero en el gramado para alterar mínimamente (muchas veces, imperceptiblemente) la trayectoria de la pelota en último momento y echarnos a perder el cálculo que centésimas de segundo atrás nos parecía correcto.

Por eso, un delantero tiene la obligación de concentrarse al máximo hasta que la pelota haya cumplido lo que dice el reglamento: traspasar la línea de gol.

No hay más trucos.

Recién entonces puede pasar por caja.

Cualquier intento de hacerlo antes de lo que indican las reglas, se paga caro en la cancha y se debería pagar más caro aún en dinero contante y sonante, en el caso de jugadores profesionales.

Para conseguir esa pericia goleadora son necesarios varios requisitos. Entre ellos:

1. Concentración física y óptica absolutas. La primera desde mucho antes del partido.

2. Deseo inmenso de hacer bien las cosas.

3. Humildad para no creerse nada hasta que no lo hayamos conseguido.

4. Excelente estado físico y mental.

5. Extirpar del vocabulario personal la expresión ‘goles hechos’. No existen. O son una mera y triste ilusión.

6. Profesionalidad en el cumplimiento de los puntos anteriores.

7. Buena mano del entrenador y apoyo psicológico constante del grupo, sin críticas durante el juego, para no estropear el alto estado de concentración de los demás.

Pienso que el fútbol es como un ajedrez dinámico en el que, por una parte, las piezas (jugadores) están siempre como si estuvieran tonteando por el tablero (campo), pero, por otra, están discretamente muy atentos de poder lanzarte un alfil, un caballo o una torre encargados de clavarte el puñal al primer o mínimo descuido.

Tratar de predecir dónde puede ir lanzado, constituye la mayor parte de la tarea defensiva de un equipo. La otra: tratar de evitarlo o de minimizar los daños, una vez reconocido -mejor anticipadamente- el peligro.

No es, o no debería ser, tarea defensiva primordial, el estar permanentemente atento al trabajo de ‘tonteo’ del rival: sea aquel con bicicletas, motonetas o deslizadores. ¿Qué nos tienen que interesar las piruetas artísticas del contrario en su campo, o en zonas –y circunstancias- nada o poco peligrosas del nuestro?

Los equipos que mejor se han defendido frente al Barcelona de Ronaldinho, han sido por lo general aquellos que humildemente se han dedicado a la tarea de defender en conjunto, concentradamente atentos a todas las posibilidades de ser ‘apuñalados’ por los azulgranas.

Entre esas posibilidades, las de esos pases mortales que decía al comienzo.

Los equipos que le dieron demasiada importancia a Ronaldinho y a sus piruetas circenses, se dejaron marear por ello y pagaron muchas veces muy caro su boca abierta de sorpresa y admiración. A pesar de que son muy raros los goles marcados por el brasileño genial, tras ganar un enfrentamiento uno a uno. (Otra cosa es Messi.)

Y, en general, bien visto, Ronaldinho Gaúcho, a pesar de su gran técnica y poderío físico, no comanda ninguna tabla de goleadores.

¿A qué tenerle miedo, entonces?

Esperemos que Chemo del Solar sepa inculcarles a nuestros jugadores esa confianza en sí mismos, que es algo que necesita a gritos desde hace -ya- décadas nuestra selección. Porque se trata de muy buenos jugadores profesionales, muchos de ellos codiciados por -o jugando ya en- grandes clubes europeos.

Seamos claros: las deficiencias de nuestro deporte base no las vamos a salvar con estas eliminatorias (ese es otro tema candente), pero, sí -estoy convencido de ello-, nuestros jugadores tienen más de un argumento para arrancarle algo más que un empate a Brasil.

Para mí, ha llegado la hora de arriesgar fuerte.

No solo basta esperar y rogar que Brasil no nos golee o humille en casa. Tenemos que salir alguna vez a cumplir el reglamento: llevar la pelota a que traspase la línea de gol contraria.

¿Qué podemos perder en ese juego que conocemos desde nuestra niñez, después de todo?

Aunque nos salga el tiro por la culata, podríamos saber hasta dónde somos capaces de llegar ofensivamente, por lo menos. Y no seguir con esa sensación del novio que conoce a la novia con la que igual nunca se llegará a casar, pero sólo por fotografía.

¡Cohesión, máxima concentración y riesgo ofensivo!, tendrían que ser entonces las consignas, para el partido de mañana domingo contra Brasil en Lima.

HjorgeV

Colonia, 17-11-2007

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2 comentarios sobre “¿MIEDO AL GAÚCHO?

  1. Hola HjorgeV: he venido a ver que decías de mí en tu bitácora y veo que no es mucho, así es que en “venganza” te voy a poner un poco de publicidad de mi web. Un saludo afectuoso y… ahí va mi comentario publicitario: Como escritor, el peor del mundo, me es grato ofrecer la narración fantástica titulada “El tercer movimiento”, donde se presenta la teoría de la Gran Elipse, los últimos descubrimientos científicos relacionados con el calentamiento global y sus consecuencias inevitables y pavorosas. http://www.antoniolarrosa.com

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