DE LOS JUEGOS VIOLENTOS A LA REALIDAD

“ESTAMOS EN GUERRA”

Es una noticia que me ha dejado frío.

Los hechos han ocurrido apenas a cinco kilómetros de aquí, en el último barrio -Weiden- de la periferia occidental de Colonia.

Weiden significa ‘pastar’, ‘apacentar’. Weiden, ‘pasto’, ‘prado’. Lo fue hasta hace relativamente poco.

Me lo contaba un compatriota muy amigo mío, Rafael C., quien llegó a ese barrio cuando no existía el gran centro comercial -el Rhein Center– que se ha convertido en su mayor tarjeta de presentación en la región, ni la multitud de nuevas urbanizaciones construidas en los últimos veinte años, ni el modernísimo tranvía que lo une con el centro de Colonia en vía recta en poco más de quince minutos.

rhein.jpg

Viví en ese barrio con mi familia hasta hace cinco años. Así es que puedo decir que lo conozco más o menos bien.

Es una interesante mezcla de lo que busca el alemán moderno: rápidas, seguras y cómodas conexiones con el centro de la ciudad, un buen centro comercial, la cercanía de los campos, acceso directo a dos de las autopistas principales de este país, tranquilidad, ornato urbano y cierta garantía de ‘buen ambiente’ social.

En Weiden no hay calles ni barrios conflictivos. Sus calles son limpias, aburridas y mayormente desiertas.

En ese lugar distante apenas cinco kilómetros de nuestro pueblucho actual, se suicidó un colegial el viernes pasado, arrojándose a las vías del tranvía, después de que la policía lo sometiera a un interrogatorio.

Sus compañeros de instituto lo habían denunciado por colgar imágenes de la matanza de Columbine (EEUU) en su página digital.

¿Por qué se suicidó?

Busquemos las huellas y algunas explicaciones en la historia más reciente de Alemania.

EMSDETTEN, 20 DE NOVIEMBRE, 2006

Emsdetten. Un nombre que parece un accidente gramatical del idioma de este país.

Se trata de una pequeña ciudad de apenas 35.000 habitantes, de este mismo estado (Land), Renania-Westfalia del Norte.

Visitando la página web de esa localidad, no es posible encontrar ninguna pista que nos lleve a sospechar que apenas hace un año, uno de sus jóvenes vecinos conmocionó a toda Alemania.

Muchos han olvidado el alias Bastian B.

El nombre real era Sebastian Bosse. Tenía 18 años. Y un odio profundo en sus entrañas.

El 20 de noviembre del año pasado, Bastian B., ingresó enmascarado a su ex escuela e hirió a un total de 37 personas.

Eran las 09:20 de la mañana de ese día cuando hizo su aparición en el mismo instituto o colegio (Gymnasium, en alemán) en el que anteriormente había sido objeto de incontables burlas y había repetido dos veces de año.

Llevaba consigo lo siguiente al ingresar a su antiguo centro de estudios: una pistola, un rifle, otro más pequeño, tres bombas cilíndricas sujetas a su cuerpo con cinta autoadhesiva y un cuchillo.

Al día siguiente debía presentarse ante el fiscal para responder a las acusaciones por portar armas de fuego de forma ilegal, hechas por la policía en su contra.

Había ocurrido al final de un concierto al aire libre.

En estado de ebriedad, Bastian B. había sacado a relucir una pistola a gas, la cual le había sido confiscada inmediatamente por la policía, que había sido alertada a tiempo por los presentes.

Lo desconcertante era que el joven tenía un permiso para portar armas, pero de muy bajo calibre. El 21 de noviembre tenía la cita con el fiscal donde debía aclararse todo. La policía partía de que le sería retirada la licencia porque el arma requisada no pertenecía al rango comprendido en el permiso.

Bastian B. era un aficionado a los videojuegos especialmente violentos, los llamados asesinos.

En el automóvil que conducía, la policía encontró más bombas cilíndricas e incendiarias, un machete y varias armas más, así como productos químicos de alta toxicidad.

Al ingresar al recinto escolar, primero disparó en forma arbitraria a tres alumnos que se le cruzaron en el camino. Al conserje de la escuela le pegó un tiro en el abdomen, hiriéndolo de gravedad. Una profesora que se cruzó con él, fue atacada con una especie de cohete que le causó heridas en el rostro.

Ya dentro de la misma escuela, hirió a tres alumnos más.

Toda Alemania no se lo podía creer.

¿Esto, esto ha sucedido en nuestro país?, se preguntaba la gente, tartamudeando.

Todavía recordaban la matanza de Erfurt en el 2002. Pero eso había ocurrido en los territorios de la antigua Alemania del Este. Es decir, casi como en otro mundo para los alemanes occidentales.

Lo siguiente escribió la prensa de ese entonces sobre el agresor amok de Erfurt:

Valeroso profesor que le arrebató la máscara y lo llamó por su nombre puso fin a la matanza.

La personalidad del ex alumno autor del baño de sangre del instituto de Erfurt, un joven considerado normal, pero capaz de matar a sus profesores con un disparo en la cabeza, ha puesto de relieve la indefensión de una sociedad que, pese al horror, no se resigna a convertir las escuelas en fortalezas.

En plena conmoción por el horror vivido el viernes, los medios y los investigadores alemanes empezaron a trazar el perfil de Robert Steinhaeuser, el joven de 19 años que, tras ser excluido de los exámenes finales, irrumpió en su antigua escuela enmascarado, decidido a asesinar a sus docentes.

Para algunos de sus ex compañeros, el responsable de la muerte de 17 personas 13 profesores, un chico de 15 años y una chica de 14, así como un policía y él mismo, que se suicidó, era inteligente, con cierto afán de notoriedad, algo cerrado, pero amigo de las fiestas.

Un muchacho claramente corriente, como lo definió ayer el primer ministro del estado de Turingia, Bernhard Vogel.

Pero poco a poco surgieron otras piezas del rompecabezas: sus aficiones eran las armas, el “heavy metal” y ciertos vídeo juegos agresivos, era miembro de un club deportivo de la policía y de dos clubes de tiro, según el semanario “Der Spiegel”.

Tenía licencia para piezas de largo calibre y pistolas, como las usadas para asesinar a sus profesores.

Vivía en una bonita casa con su madre separada del padre , a poca distancia del instituto Gutenberg que convirtió en escenario del horror, y en su habitación tenía no solo dudosos juegos de ordenador y un CD del grupo estadounidense “Slipknot” con títulos como “People = Shit” , sino también munición.

Pero volvamos a noviembre del 2006. Concretamente, al día 20 de ese mes.

A las 09:34, cuando llegó la policía, Bastian B. lanzó varios cohetes como respuesta, consiguiendo que aquella decidiera no ingresar al recinto escolar hasta no obtener más información concreta sobre lo que sucedía en su interior.

A las 09:58, finalmente, hizo su ingreso al recinto de la escuela un comando especial llegado de la ciudad de Münster.

Sin embargo, ya había pasado lo peor: Bastian B. se había pegado un tiro suicida en la sien, dejando su ataque un saldo de cinco heridos graves y muchos más de diversa consideración. La policía tuvo que esperar varias horas hasta que los especialistas artificieros terminaran de desactivar las bombas que el agresor amok llevaba en el cuerpo.

Poco después se descubrió que el arma principal la había obtenido en un remate de la Red. El fiscal competente, en su momento, afirmó que las leyes le impedían actuar en contra.

(A raíz de ese luctuoso suceso, las leyes han empezado a cambiar en ese sentido, restringiendo al máximo la adquisición, posesión y uso de armas de todo tipo.)

Bastian B. llevaba tiempo anunciando su agresión. Con casi dos años y medio de antelación. Lo había hecho por medio de un video casero.

(En las imágenes del video o vídeo, se ve a un joven de cabello muy corto, pero no de tal manera que se le pueda reconocer alguna inclinación política por ello.

Se trata de un muchacho de contextura atlética y porte recio. Por su aspecto físico podría ser un anglosajón de muchos países.

La grabación ha sido hecha seguramente en la casa de sus padres. Se trata de la sala de una típica familia de clase media, más bien baja o poco ambiciosa, alemana. Hay muebles y objetos decorativos hechos para resistir el paso del tiempo, pero sin ninguna gracia especial.

El color gris parece recorrer toda la habitación, naciendo en el blanco de la ventana bañada por la luz exterior, sucumbiendo luego a la penumbra del habitáculo y revolviéndose en los demás objetos ganando aún más en su definición como color oscuro, hasta llegar al negro de la camiseta que viste nuestro personaje.)

En la Red, Bastian B. se hacía identificar como ResistantX.

¿Puede tener algún significado esto?, me pregunto.

Busco y encuentro bastante información en alemán. Siento un escalofrío intelectual, mental. Leo.

Descubro un nuevo término, la Anarcopedia. Una estrella negra de cinco puntas es su símbolo. Traduzco parte de lo que él mismo escribió y colgó en la Red:

“ResistantX” es comparable al carácter “pasajero” de todo, puesto que todo se mantiene solo hasta un cierto punto después del cual se desmorona. ¡Lo pasajero es según mi opinión lo mejor que puede haber en este mundo! […]

Nazis, HipHoper [sic], turcos, el estado, sus funcionarios, creyentes… ¡todos son repugnantes y merecen ser destruidos! (El término „turcos“ lo uso para todos los HipHoper y pequeños gansters que llegan a Alemania porque les va mal en su país, porque hay guerra… y entonces llegan a Alemania, al Servicio Social de este mundo y acá hacen lo que les viene en gana. ¡Todos tendrían que ser gaseados! No los judíos, no los negros, no los holandeses, ¡solo ellos! (NO SOY UN NAZI DE MIERDA.) […]

E. C. T. J. M.: Escuela, Carrera, Trabajo, Jubilación, Muerte

Esta es la trayectoria vital de una persona ”normal“ hoy en día. Pero, ¿qué es normal? Se dice que es normal aquello que la sociedad espera. De tal manera que a Punks, borrachines sin hogar, asesinos, góticos, homosexuales, etc., se les cataloga de anormales solo por no querer o no poder corresponder a lo que la sociedad espera de ellos. ¡Me cago en ustedes! ¡Todos deberíamos ser libres! Denle a cada uno un arma y los problemas entre las personas se resolverían sin intervención de terceros. Si alguien muere, pues, murió. ¿Y? La muerte es algo natural, pertenece a la vida misma. Si los parientes no lo pueden superar, pueden suicidarse también, nadie los detiene. […]

La domesticación se llama E. C. T. J. M. y empieza en la escuela. Si los maestros y profesores no pueden contigo, pues recurrirán a la policía. Más tarde tendrás que pagar tus impuestos y respetar los límites de velocidad perdiendo cada vez más tu propia libertad. ¡La libertad no existe!

¿Tanto caos y confusión en una sola cabeza?, me pregunto.

WEIDEN, COLONIA: 19 DE NOVIEMBRE, 2007

Finalmente hoy, la policía de Colonia ha hecho un anuncio verdaderamente escalofriante para mí. (Debe ser por la cercanía geográfica y porque tengo tres hijos en edad escolar.)

Me entero que dos jovencitos de un instituto del barrio vecino de Weiden -que ya mencioné al comienzo-, habían estado planeando atacar su propio centro de estudios con dos ballestas y dos pistolas de aire.

Pensaban hacer coincidir su ataque con el aniversario del atentado de Bastian B. en Emsdetten.

Uno de los adolescentes -de 17 años- se suicidó el pasado viernes arrojándose a las vías del tranvía, después de haber sido interrogado por la policía.

El otro, de 18 años, aún sigue detenido, después de haber confesado su participación en la planificación del que hubiera sido el segundo atentado amok en este estado y el tercero en la historia de Alemania.

Las últimas noticias sobre el caso son, dentro de la gravedad del todo, algo tranquilizantes.

Según ha dado a conocer hoy la fiscalía de esta ciudad, a través de su portavoz, Alf Willwacher, los dos adolescentes habrían abandonado sus planes mucho antes de que la policía interviniera en el caso.

De tal manera que ahora -como suele ser norma y uso en Alemania-, la fiscalía ha renunciado a endurecer la pena que habría enviado inmediatamente a prisión al joven de 18 años, y ha ordenado, en cambio, su ingreso a un hospital psiquiátrico.

Según lo que ha podido investigar y descubrir la policía, el joven detenido habría comunicado ya cuatro semanas atrás a su compañero de 17 años, su negativa a participar en el atentado. Éste le habría respondido que entonces solo no pensaba hacer nada.

Todo esto no lo podían saber los niños que alarmaron a la dirección del colegio y ésta a la policía, para llamarles la atención porque dos de sus compañeros mayores habían colgado en días pasados imágenes de la tristemente célebre matanza de Columbine, EEUU, en su página digital.

Hicieron bien esos niños, después de todo. (¿O no, porque así se habría salvado una vida?)

Y todo esto ocurrió a solo cinco kilómetros de aquí.

Es para no creerlo.

HjorgeV

Colonia, 19-11-2007


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