CAMBIEMOS A PIZARRO (DE POSICIÓN)

Ahí lo tenemos.

El entrenador alemán, Joachim Löw, se ha atrevido.

Para el próximo partido de la selección germana -esta noche contra el País de Gales-, el delantero del Bayern de Múnich, Lukas Podolski, no jugará en su posición habitual de delantero.

Lo hará como mediocampista.

¿Por qué no probar lo mismo con Pizarro? (No me refiero a don Pancho, calma.)

Pizarro es un jugador excepcional. Pero también es uno cuya estrella se empieza a apagar, si no se apagó hace mucho tiempo, ya. Como delantero, quiero decir.

Por lo demás, es un atleta relativamente joven, capaz de dar mucho más en su deporte. Acaba de cumplir 29 años.

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El resto de sus cualidades no las ha perdido: buena visión en el medio campo, buen toque de pelota, precisión, fuerza en las piernas; es ambidextro, sabe cabecear, tiene buena ubicación en el campo, es solidario como compañero, tiene fuerza mental y capacidad de sacrificio. Eso sí, no es el más veloz.

 

Su principal problema aparece cuando está cerca del arco rival.

Entonces es como si el portero contrario le hiciera una especie de magia psicodélica, y, lo que antes era claro y lineal -geométricamente hablando-, ahora se le vuelve a él una serie de figuras deformes y en constante movimiento que le impiden orientarse.

(Además, no tiene mucha capacidad de maniobra en espacios cortos. No es un Rey del Metro Cuadrado, por así decirlo.)

Esta ‘enfermedad’ tiene un nombre: la famosa ansiedad del goleador.

La sufren muchos.

Actualmente, en la liga alemana, los casos del paraguayo Valdez del Dortmund, con 2 goles en 39 partidos como delantero, y del mismo Podolski con solo 4 goles en 30 partidos (después de venir de marcar 46 en 81 partidos por el Colonia FC) son los más llamativos.

En el Chelsea, por su parte, el peruano lleva 9 partidos jugados y ha marcado un solo gol. Curiosamente, en su debut.

Pizarro lo tiene más duro: desde el banquillo de los suplentes es más difícil meter goles y mostrar lo que sabe y puede.

No siempre fue así.

Claudio Miguel Pizarro Bosio (Callao, Lima, 1978) fue un jugador destacado desde pequeño. De hecho, a pesar de no haber brillado especialmente en el Bayern, su paso por Alemania lo ha marcado llegando a anotar 100 goles y convirtiéndose en el cuarto extranjero en conseguirlo en este país.

Por otra parte, en los 11 partidos clasificatorios para el Mundial pasado jugando por el Perú, solo anotó un gol.

Escuché la siguiente anécdota de un famoso periodista deportivo de El Comercio limeño en el negocio que tenía, aquí en Colonia, ciudad por la que han pasado muchos futbolistas peruanos.

Julio Baylón jugó por el Fortuna de esta ciudad, Germán Leguía pasó una o varias temporadas vinculado a la Escuela de Deportes colonesa; y Ramón Mifflin hizo sus travesuras con el balón -y otras que también sabía- en esta misma ciudad.

Se cuenta que el director del Werder de Bremen se encontraba de viaje en el Perú para cerrar la compra de un banco de una ciudad norteña.

Para cerrar el trato, el peruano que le había vendido el banco le dijo:

-Ahora vamos a celebrar a la peruana.

-¿Y eso cómo es? –preguntó el alemán, por medio de su intérprete.

Era un domingo.

-Primero nos comemos un buen cebiche, lo regamos con buena cerveza y de allí nos vamos en la tarde al estadio. Después del partido nos espera una comilona al estilo criollo.

-Al norte de Alemania también solemos comer pescado del Atlántico y lo regamos con buena cerveza alemana. Y los domingos en la tarde, también nos vamos al fútbol.

-No, pues –replicó el peruano un poco contrariado, pero sonriendo socarronamente-. No se trata de cualquier partido, aunque sea uno amistoso. Se trata de mi equipo.

-¿Su equipo, dice? ¿Acaso le pertenece a usted?

-¡Claro, pues! Soy el dueño –dijo el peruano, orgullosamente.

-Mire, qué casualidad –dijo el alemán, haciendo un gesto de incredulidad con la boca-. Sucede que soy el presidente de un club en mi país.

El peruano volvió a sonreír ante tanta ingenuidad de su visitante. Hablaban como dos niños refiriéndose a sus juguetes.

-No, no, amigo. No estoy hablando de cualquier equipo de fútbol. Estoy hablando del glorioso Alianza Lima, un equipo que bailó al mismo Bayern de Múnich allá por los años setenta o sesenta. Y en su propio país. Un equipo de primera división, pues. Una gloria viviente. Solo hay tres en el Perú de los que se pueda hablar así. Y vamos a ver el encuentro, además, en nuestro propio estadio.

Se trataba de un partido amistoso en el que los Íntimos de La Victoria enfrentaban al Unión Minas.

-No, no, amigo –le respondió el alemán con las mismas palabras y también con una gran sonrisa en la boca, mientras paladeaban ya un excelente cebiche en el Hotel Bolívar y las cervezas empezaban a cumplir su cometido-. Soy presidente del Werder de Bremen. Fue fundado hace un siglo, en 1899, y también tenemos nuestro propio estadio. En 1909 ganamos nuestro primer campeonato regional. Desde entonces hemos ganado la Copa de Alemania y hemos sido campeones varias veces del país. No se trata de cualquier club, amigo.

Más tarde durante el partido, el alemán se quedó especialmente impresionado por un muchachito que llevaba anotados 5 goles.

-A un joven así tendría que llevarme a Alemania –dijo el presidente del Bremen.

-Bah, no es para tanto –replicó el peruano, sin perder su concentración en el juego-. En el Alianza tenemos varios de su categoría.

-Seguro, pero no cualquiera hace cinco goles en un partido.

-Mucha suerte de por medio –dijo el peruano, quitándole importancia al asunto.

-Bueno, sí, seguro –insistió el alemán-. Pero primero, hay que meterlos.

Primero hay que meterlos. Es una linda frase alemana que puede pasar desapercibida en la traducción. Es una que se usa para contrarrestar a pretenciosos y fanfarrones.

¿Me dices que eres capaz de llegar a la Luna? Primero hay que llegar. Y después hablamos.

Ese jovencito que fue retirado del equipo en el segundo tiempo para que no rompiera la marca de Pitín Zegarra, uno de las más grandes glorias que hayan dado los aliancistas y el fútbol peruano en su historia, se llamaba Claudio.

En el Bremen, a Pizarro le fue muy bien.

Sobre todo porque jugó junto a Ailton y supo adaptarse a su estilo. Lo que la Bolita brasileña no metía, lo cogía el peruano y se lo metía a la bolsa. Lo más importante fue que pudo jugar varias temporadas sin mayor presión de ningún tipo. ¿Qué se podía esperar de un peruano futbolista en Yérmani, después de todo?

Solo su juego relativamente simple y seguro bastaba para mantenerlo como titular en el Bremen. Pero hizo más: marcó 29 goles en 56 partidos.

Así son los alemanes.

Un jugador de juego simple, pero muy seguro, es algo que se aprecia aquí como un automóvil con motor.

Si, además, ese jugador hace goles, se lo lleva algún equipo con más dinero. Las reglas en el fútbol profesional de cualquier país del mundo son bastante simples.

Así llegó Pizarro al Bayern. Y a su jubilación.

No se sabe exactamente qué sucedió con nuestro compatriota desde entonces. Cumplió su trabajo, pero no mucho más. La gran promesa goleadora y futbolística peruana no pasó de ser un jugador cumplidor, pero más mediocre que estrella.

Alguien podría decir maliciosamente que sus escapadas (a las discotecas) en Bremen eran toleradas y ahora ya no en Bavaria. ¿Puede influir algo así en un jugador profesional? Lo cierto es que cambió. Subió de peso, se hizo más lento y no volvió a encarar un duelo de uno frente a uno como antes. ¿Lo anularon los bávaros?

Puede ser.

Mientras más alto estás en la liga alemana, menos puedes arriesgar. En este país no hay lugar para el lujo, el taquito; para el finteo, gambeteo, dribbling o regate sin mucho sentido -aparente-, para el espectáculo dirigido a las graderías (que igual, mucho, no les interesa a ellas).

Lo que interesa fundamentalmente es ganar, más o menos a cualquier precio y sin que importe la belleza. (Y los bávaros son unos expertos en esto.)

Ese precio lo pagó Pizarro alterando su juego.

Y convirtiéndolo en frustración.

El punto más alto de ésta lo marcó una carta que se dio a conocer en octubre del 2006, en la que le solicitaba a la Federación Peruana de Fútbol, no volver a ser considerado en la selección, mientras Franco Navarro fuera entrenador de la misma. ¿Qué hizo Navarro? No lo consideró para uno de los dos partidos contra Chile.

¿Viajar desde tan lejos es garantía de titularidad, acaso?

¿Se comporta así un jugador verdaderamente profesional, e interesado en su camiseta nacional más que en su normal interés por vestirla?

Han sido muchos años así. Pocos goles, mucha frustración.

Ahora nuestro compatriota quiere ‘descobrárselas’ todas y mostrar con la selección todo aquello que no pudo con el Bayern y que ahora tampoco no puede mostrar en el Chelsea porque no es titular.

Cuidado: Claudio Pizarro no ha abandonado esa ansiedad. O al revés: esa ansiedad del delantero goleador sigue sin abandonar al chalaco.

¿Por qué se insiste entonces con él en todas las últimas formaciones de nuestro seleccionado?

Lo más probable es que sea por la ascendencia que tiene en el equipo. No por nada ha sido el capitán de nuestra selección en los últimos años.

Pero eso no basta para ser incluido en la nómina de los titulares. Esa misma ascendencia la podría tener desde el borde del campo, por ejemplo; antes y después de los partidos. Un juego no se gana únicamente con la pelota en los pies.

Veamos lo que dice el entrenador alemán sobre Podolski, jugador colonés nacido en Polonia, quien fue compañero de Pizarro durante un corto periodo en el Bayern.

Este delantero de 22 años puede aportar mucho más viniendo desde el medio campo; no cuando está de espaldas al arco, sino cuando sale desde el fondo y tiene la portería contraria al frente.

Justo lo que se le critica tanto al peruano: que tiene grandes dificultades para crear peligro cuando está de espaldas al arco y cerca a él.

Pizarro no es el más ágil, ni el más flexible. No tiene explosividad. Eso que marca la diferencia a pocos metros de la línea de gol, allí donde todos los ángulos -sus vértices- deben converger y, por lo general, todo se complica.

Una de sus mayores carencias es la de no poder alterarle la brújula a sus marcadores con un simple gesto, movimiento, rotación o cambio de eje. Le cuesta horrores, como se dice. Y eso, un marcador, un defensa, lo agradece.

¿Por qué no darle alguna vez la oportunidad de venir desde atrás?

Considero que Pizarro tiene todas las dotes para ser un magnífico centrocampista y armador. Alguien capaz de mantener la visión panorámica incluso para dar pases desequilibrantes y hasta de los llamados mortales. Organizar y dirigir el tránsito en lo ofensivo podría ser su función.

(Siempre me ha quedado la impresión que ha llegado a marcar tantos goles, no por ser un goleador nato, precisamente, sino a pesar de ser colocado en esa posición.)

Tal vez no se ha pensado todavía en esta posibilidad. El entrenador alemán acaba de dar el ejemplo con Podolski.

Veremos primero que pasa esta noche en Quito.

HjorgeV

Colonia, miércoles 21-11-2007

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5 comments

  1. Hola Jorge,
    Qué tal la historia esa de cómo llegó Claudio a Alemania! Desconocida mayormente. Muy interesante. Por si acaso, ayer soñé que le ganábamos a Ecuador 2 a 1. Lo digo nada más por si luego queda el marcador así y nadie me cree. Para tener testigos. Jajaja. Saludos desde Ann Arbor.
    eldani

  2. ¡Hola Jorge: Perdona que no me haya desplazado a tú blog últimamaente, pero es que me estoy promocionando como escritor peor del mundo y voy de un lugar a otro siempre con prisas a más no poder y como de futbol solo entiendo escasamente que el Barcelona es un buen equipo, cuando no falla,pues eso . Así que con tu permiso ,despues de leer lo que has escrito, pongo la dirección de mi oficina siniestra donde invito a todos tús amigos a ir y asi podran presumir de haberme leido antes de ser famoso o de morirme , que como dice la canción , piensa que ya llegó la hora, que todo tiene su fin, o algo así. bien que gane el mejor o el que tenga mayor fortuna.
    http://www.antoniolarrosa.com

  3. Claudio Pizarro es un jugador al que deben servir.

    Aunque ya lo han probado como armador . . . en el partido que Perú empató a 2 con Ecuador, allá por el 2005 . . . Claudio dio los pases goles a Guerrero y Farfán, pero de allí no se lo ha visto jugar en aquella posición.

    Yo nunca me perdía un partido del Bayern Munich, y sí la hizo (por algo se quedó 6 temporadas, no creo que haya sido de pura pepa) claro que tenía épocas de sequía, sin embargo siempre le llegaban buenas rachas.

    El problema surgió cuando empezó a habilitar a Makaay, cuando antes esta función la cumplía Elber con él . . .

  4. si bien es cierto que pizarro no le va ni siquiera mal en inglatera, en la selec cion peruana esta en lo mismo. soy y sere un defensor de Claudio, porque aporta al equipo, no solo por su nombre sino porq

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