VIVIR SIN TECHO

Noches atrás, mientras esperaba que se fuera cargando el tanque de combustible de mi automóvil, fui testigo de una escena cada vez más frecuente en este país y que, sin embargo, suele pasar desapercibida a la simple vista.

Es uno de esos fenómenos que por su carácter negativo, la mayoría de la gente termina ignorando, casi como si las personas involucradas en él se hubieran vuelto invisibles.

En este país las gasolineras suelen funcionar con una sola persona. Se trata, en realidad, de estaciones de autoservicio. El cliente se encarga, prácticamente, de todo. El cajero solo de cobrar.

tankste.jpg

Casi todas funcionan adicionalmente como una especie de pequeño supermercado con grandes variedades de bebidas, comestibles ligeros y una sección con diarios y revistas. (Se dice que con este negocio ganan más que con el primigenio.)

Después de cargar combustible, se ingresa al establecimiento y se tiene que nombrar qué número de expendedor de gasolina es el que se ha usado. A continuación, el cajero o la cajera, se confía, normalmente, de esa información y pasa a cobrar.

Era de noche esa vez.

Estaba esperando a que se llenara el tanque y mientras lo hacía, vi llegar a un tipo con claro aspecto de ser un borrachín sin hogar. No había más clientes.

En Alemania, a los borrachines se les llama, despectivamente, Penner. (El verbo pennen, en alemán, es una forma bastante vulgar de ‘dormir’. Penner sería así, más o menos, ‘dormilón’, pero en sentido negativo.)

En Francia reciben el nombre de clochard y entre las cosas que más me sorprendieron de mi paso por París, está la figura del clochard parisiense. Me resultaba especialmente fascinante ver la naturalidad con la que un ciudadano, vamos a decir, burgués, podía ponerse a conversar en plena calle con uno de ellos. Por lo general, después de haberle dado un cigarrillo o alguna moneda.

Algo impensable en otras sociedades que se consideran altamente civilizadas. Pero en Francia -en París-, sucede.

Gente sin hogar, es un fenómeno que se da en casi todas las sociedades y a lo largo de toda la historia más reciente del hombre, con más o menos las mismas características.

Son personas que en algún momento de su vida caen a una especie de círculo vicioso, generalmente creado por una situación extrema laboral, social o familiar, y van a parar –literalmente- a la calle. (Muchos lo hacen al salir de prisión.)

Por alguna razón (o razones) que la psicología y los sociólogos todavía no conocen del todo –porque, simplemente, es un tema que se ha solido evitar- una parte de todos aquellos que pierden su hogar por la razón que fuera, no vuelven jamás a conseguir vivir como el resto de sus conciudadanos. Y terminan abandonándose a sí mismos.

No todos los que viven en la calle son alcohólicos o dependientes de alguna otra droga. Un porcentaje nada despreciable de ellos –por lo menos, aquí en Alemania- ha pasado, incluso, por una universidad. Es decir, no se trata de gente especialmente poco inteligente o sin educación, como muchas veces se suele suponer.

A nuestro personaje se le podía reconocer desde lejos su condición. Era relativamente joven -entre treinta y cuarenta años-, pero la dura vida de la calle ya le había pasado varias facturas y sus correspondientes recordatorias. Vestía ropas gruesas que alguna vez, probablemente años o meses atrás, habían pasado por una lavadora pero ya lo debían haber olvidado.

Se movía en una bicicleta que por su apariencia podía ser una cualquiera de las miles que se ven a diario por la calle. En la parte de atrás tenía una especie de morral con varios compartimentos y dentro de ellos llevaba latas y botellas vacías. Estaba más o menos claro qué era lo que buscaba.

He contado alguna vez aquí -en esta bitácora- que cada vez más gente en Alemania vive de recoger botellas y latas dejadas por otra gente en los basureros o en algún otro lugar. Al devolver el envase se puede obtener de 8 a 30 centavos de euro por él.

Nuestro personaje venía, pues, a su particular banco.

Desde fuera vi que el empleado se encontraba realizando alguna labor de limpieza. Llevaba guantes de esos que usan los cirujanos. Como no se encontraba en ninguna instalación industrial, sanitaria o en algo parecido, sino en una aséptica estación de servicio, supuse que se trataba de una persona especialmente sensible a la suciedad.

Creo que fue ese detalle el que captó mi atención.

Quise saber seguramente cómo reaccionaría el empleado al ver al señor sin hogar cuando éste entrara al establecimiento.

Aquí debo decir que lo que en Francia me fascinó, no sucede en Alemania. La gente suele esquivar -si es necesario abandonando la vereda o el camino- a los llamados Penner. Muchos de ellos despiden un olor fuerte y desagradable, es la explicación. Pero no la única.

Nuestro personaje debía ser uno de ellos, pero se movía con movimientos pausados, casi serios. Había escogido la hora y el lugar, seguramente, para evitar encontrarse con otras personas a las que él podría haber espantado al compartir la cola de espera, por ejemplo. (De ser cierto eso, se trataba de alguien con alto sentido social.)

penner1.jpg

 

A través de los grandes cristales del lugar seguí contemplando la escena. Vi el rostro de desagrado del cajero. Usaba unas gafas que le conferían el aspecto de un joven profesor. Supongo que en ese mismo momento debió ocurrir. No lo pude ver, porque una de las columnas me había impedido la visión. Solo vi que el señor con sus botellas en la mano, retrocedía y se retiraba abatido del lugar. Por alguna razón que yo todavía desconocía se le había sido negada la entrada al negocio.

Me dije que le preguntaría al cajero el por qué de su discriminación. Llevaba yo especial buen humor así es que sería capaz de hacerlo de tal manera que el otro no lo viera como un ataque, sino como lo que era: una simple curiosidad.

Cuando entré a la zona cubierta y cerrada de la gasolinera, pude ver enseguida qué había sucedido. Nuestro personaje había dejado caer una botella y esto debía haber provocado la negativa del empleado.

Se me ocurrió una idea.

-Si desea yo me encargo de recogerlo.

El cajero no supo cómo mirarme. Vio dinero en mi mano derecha y entendió que yo era el que acababa de utilizar el único surtidor ocupado y deseaba pagar.

-No, no se preocupe. Lo haré yo mismo -me respondió, muy atentamente.

-Lo haría de muy buena gana –le dije.

Me dirigía a ver el partido de Perú contra Ecuador (el último, en el que nos dieron una paliza), en casa de unos amigos. No tenía prisa.

-No, no. Está bien.

Cuando terminé de pagar, traté de explicarle con pocas palabras el por qué de mi ofrecimiento.

-A cualquiera le puede pasar.

-Sí, se le cayó una botella.

-No, no me refiero a eso. A cualquiera le puede ocurrir terminar un día en la calle.

-No lo creo –dijo él.

-Creo que es más fácil de lo que la mayoría de gente se podría llegar a imaginar.

Pensaba en aquellos que pierden su trabajo repentinamente y se encuentran con que no pueden pagar el alquiler de su vivienda y en cuestión de semanas son desalojados. Pensaba en aquellas parejas que rompen abruptamente y uno de los dos termina abandonando lo que era el hogar común. En las mujeres que hartas de ser maltratadas por sus maridos, un día no lo soportan más y se lanzan –literalmente- a la calle.

Conocí un caso así, en el que, lamentablemente, no pude hacer prácticamente nada, salvo invitar a cenar a la persona involucrada para conocer su problema y ver si podía hacer algo por ella.

Se trataba de una mexicana. Debía tener unos treinta años y había abandonado a su esposo de una forma muy peculiar. Al parecer, se trataba de un tipo especialmente obsesivo y muy violento que, prácticamente, la había mantenido recluida en el que había sido el hogar matrimonial.

Para poder huir –literalmente- de él, se había ideado un plan.

Continúa mañana…

HjorgeV

Colonia, 26-11-2007

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s