EL SÍNDROME DE DIÓGENES

PERDER LA BRÚJULA

Quería decir ayer que pocos saben lo que es verdaderamente la dignidad humana.

Muchos, siguen sin saberlo hasta que la pierden.

(Me pregunto si la reacción más natural ante la desgracia o el infortunio ajenos, es mirar hacia otro lado.

Me respondo que no, porque al momento se me viene a la memoria y sé de gente que encuentra fascinación en su contemplación.)

Me imagino que nuestras sociedades, vistas como grupos humanos interesados en el bien de todos, tendrían que aprender a mirar objetiva y razonablemente también allí donde no es agradable.

Nunca es necesario ir muy lejos para encontrar la desgracia humana.

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Para comprender el fenómeno de la gente que termina viviendo en la calle, por ejemplo, es necesario atender varios aspectos de nuestro propio comportamiento. Visto el todo así, nos podremos asombrar, incluso, al ver que no es un problema tan lejos de nuestras propias ‘posibilidades’.

Primero, tengamos en cuenta que lo que llamamos la ‘gente normal’ –en cualquier parte del mundo- está acostumbrada a planificar su vida de alguna forma.

Por lo menos a tener una idea más o menos concreta de cómo ella se va a desarrollar.

También sucede que son los demás los que deciden por nosotros, con o sin nuestro consentimiento: el mercado, las relaciones laborales, la familia, el cónyuge, la política.

Un rumbo mental siempre se tiene o se suele tener, entonces. Más o menos definido, de acuerdo a nuestro desarrollo y las circunstancias por las que atravesamos.

Eso es algo de lo que carece la gente que vive en la calle.

Perder la brújula en todo sentido, tal vez sería una denominación bastante aproximada de lo que debe suceder con ellos.

Por otra parte, bien visto, en la llamada era moderna coinciden nuestros ciclos naturales de vida (de energía y desgaste físico) con el ciclo de la vida laboral.

De tal manera que una gran parte de la gente de este planeta no tiene mucho tiempo para pensar en qué va a ser de su vida, una vez que la ha entregado a la maquinaria del mercado y en cualquiera de sus diferentes niveles.

Somos niños, vamos a la escuela donde aprendemos todo lo que se necesita para ingresar después al mercado laboral, estando mejor o peor preparados. Ingresamos en él y cuando ya no nos necesita éste, hemos alcanzado también, por lo general, la ancianidad.

Esto no siempre ha sido así, ni tiene por qué ser siempre así.

En las sociedades más adelantadas, el gran desarrollo tecnológico y científico está haciendo posible que aún mucho después de la jubilación, la gente pueda entregarse a los simples placeres mundanos. La medicina alarga la vida y, la bonanza económica, las posibilidades de entretenimiento.

Todo esto le faltará –entonces- a nuestro hombre o mujer de la calle, porque las duras condiciones de vida se la acortarán drásticamente.

Otro punto que no debemos olvidar, es que la gente ‘normal’ no sabe lo que es perder la autoestima y la confianza en sí mismo más allá de los ataques normales que todos padecemos en ese sentido.

Me imagino que lo que le sucede al ‘sin techo’ es lo mismo, pero de forma extrema y permanente.

Si nosotros mismos a veces creemos no poder salir de ciertos huecos más o menos existenciales o críticos producidos por problemas en el seno de la pareja, la familia, los amigos o el trabajo, no nos tiene que ser muy difícil imaginar entonces que llegado un cierto punto, uno puede llegar a rendirse, literalmente hablando.

Es algo que no sucede a menudo, pero muchas veces nos rendimos ante la adversidad. Y tiramos la toalla.

ABANDONAR Y ABANDONARSE

Y el siguiente paso es abandonar a nuestra pareja, los estudios, nuestra familia, el trabajo o, incluso el propio país. Deseamos pasar la página. Ya no damos más.

La suerte que tenemos es que tenemos una pareja, amigos o familiares que nos apoyan en esos momentos clave. O tenemos un apoyo material: dinero u otro tipo de riquezas, por la razón y medios que aquí no interesan.

La gente que termina viviendo en la calle, no tuvo, no tiene y no tendrá ese apoyo en los momentos decisivos.

De hecho existe mucha gente que mentalmente vive como un ‘sin techo’, porque se ha abandonado en muchos sentidos. Pero, como son gente que tiene la suerte de no haber perdido su hogar, no pasa a completar la lista de los otros menos afortunados.

Bien visto, creo que todos nosotros siempre descuidamos –‘abandonamos’- algún aspecto de nuestra vida. Por lo general, el más trivial, menos importante o el que menos nos interesa en determinada época. (Pueden ser varios.)

Los estudiantes, por ejemplo, no son especialmente famosos por mantener el orden en sus habitaciones.

En otros casos, descuidamos –‘abandonamos’- a nuestros amigos y familiares por tener la cabeza puesta en otras metas.

Otros lo suelen compensar con dinero, pagando para que otra gente se ocupe de los aspectos de su vida más ‘abandonados’: alguien que haga la limpieza y se ocupe de sus hijos, por ejemplo.

O muchas veces una relación matrimonial se limita a que un integrante de la pareja –la mujer, por lo general- recibe dinero del otro como la mayor expresión de la ‘unión’ en la que viven.

EL SÍNDROME DE DIÓGENES

El caso extremo de estos casos de abandono personal y social, lo constituye el llamado Síndrome de Diógenes, que es una enfermedad mental que suele afectar sobre todo a ancianos que viven solos.

Los que lo sufren son afectados por un agudo trastorno del comportamiento que los lleva a aislarse voluntariamente en su hogar y a vivir en un casi total abandono social y personal, cuya manifestación más llamativa es la de la desatención de la higiene.

Es un fenómeno –como todos aquellos relacionados con aspectos nada agradables de nuestra condición humana- que recién a partir de 1960 se empezó a estudiar.

Personalmente, tengo la sospecha que muchos de estos trastornos del comportamiento tienen que haberse agudizado y se irán agudizando aún más con el avance de la economía de mercado, cuya única o principal misión es la de acumular y reproducir las ganancias sin preocuparse apenas por el precio social a pagar.

Las personas afectadas por el Síndrome de Diógenes suelen acumular grandes cantidades de dinero, basura u otros objetos en su casa. Hasta animales.

¿Quién de nosotros no ha visto alguna vez deambular por las calles de la ciudad a una persona de aspecto vagabundo y cargando en bolsas o en un cochecito lo que obviamente no acaba de comprar en un supermercado?

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Se conocen casos de gente que ha llegado a acumular verdaderas fortunas por diversos medios (mendicidad, ingresos fijos) en su hogar, mientras su vida personal y social se iba descomponiendo cada vez más.

Se dice que los que padecen de ese síndrome están ligados emocionalmente a cada uno de sus objetos (o animales) y son incapaces de distinguir entre lo que es de ‘valor’ y la basura, propiamente dicha. Para ellos todo es de valor o nada es basura.

Otros llegan a más o menos lo mismo, por el alto miedo que tienen de desprenderse de cualquier objeto.

¿Acaso no seremos -en el fondo- todos nosotros sino una forma más o menos civilizada de este tipo de ‘Diógenes’?

Pienso en los que acumulan objetos sin poder desprenderse de ellos: muebles, electrodomésticos, enseres en general, reliquias. Aparte de los clásicos, como: dinero, joyas, libros, revistas, estampillas, discos. Aún a sabiendas que nunca los vamos a poder consumir o utilizar del todo.

O en aquellos que no pueden desprenderse de una serie de medicinas que nunca más irán a –ni deberán- usar.

Pienso también en mi padre y en su gran biblioteca que apenas alguien usa, pero que cuidaba con el esmero de quien cuida una pública. Lo digo, porque días atrás uno de mis hijos marcó el libro que le había leído antes de dormir doblando una de las páginas y mi primer impulso fue impedirlo.

“No pasa nada si lo hago”, me dijo Jorge Juan, de seis años, con una sonrisa condescendiente.

Y tenía razón.

Salvo que fuera un libro que tuvieran que usar varias personas al día, ese tipo de cosas sirven muy bien para recordarnos alguna vez que lo leímos, por las marcas que dejamos en las hojas. (Además, los libros infantiles actuales suelen ser particularmente robustos. Por lo menos, aquí en Alemania.)

Se dice que el miedo de esta gente es tener que pasar pobreza en algún futuro incierto, de tal modo que se les desencadena una especie de compulsión acumuladora.

ACUMULACIÓN TURBO-CAPITALISTA

Me pregunto aquí si esta obsesión o compulsión por acumular irreflexivamente no estará emparentada con aquella otra del capitalismo más agresivo, en el que cada vez más gente se siente arrastrada por un deseo de querer acumular bienes, riquezas y dinero, hasta un punto tal, que ni siquiera viviendo miles de vida podrían gastarlo todo.

¿No sufrirá un millardario un serio desorden del comportamiento al acumular ese tipo de grandes riquezas? (No me refiero al millonario común y corriente.)

¿Será un miedo incontenible a la pobreza el que impulsa a mucha gente a acumular riquezas inconcebibles?

La diferencia está en que los primeros Diógenes no suelen causar daño a nadie. (Salvo cuando los vecinos se quejan por el mal olor de sus viviendas, si es de los que acumulan basura, por ejemplo.)

Los otros Diógenes grandes capitalistas voraces, sí que hacen daño. Y mucho. Porque llegan a tener tanto poder que pueden regir los destinos del planeta a su voluntad. Y ya vemos que su voluntad puede estar psicológicamente trastornada.

(¿Y los que acumulan obsesivamente poder?)

Las desventajas del Turbo-Capitalismo moderno y sus Diógenes Tíos Ricos, se ven reflejadas en 4 simples cifras:

1. Dos terceras partes de la actual humanidad tiene que vivir con 2 dólares al día.

2. Se calcula en 7,5 millones de niños, la cifra de los que mueren al año como producto de su pobreza sobre este planeta.

3. La mitad de las riquezas mundiales les pertenece solo a 2% de los millardarios actuales.

4. El 1% de todas las riquezas mundiales tiene que ser compartido por el 50% de todos los adultos del mundo.

Se suele hablar de los Derechos Humanos, pero, al parecer, pocos piensan en los derechos de la gente que muere de pobreza cada día. (Olvidando, por otra parte que toda riqueza proviene originalmente del trabajo efectivo de alguien. Trabajo que ya saben ustedes quién lo hace verdaderamente y quién no.)

Lo absurdo es que nunca antes en nuestra historia ha existido tanta riqueza como ahora.

Y tampoco tantos ‘Diógenes’ acumuladores de riquezas vanas, fatuas, innecesarias y aniquiladoras como hoy.

DIÓGENES DE SINOPE

Diógenes de Sinope, por su parte, fue un gran filósofo griego de la Escuela Cínica, famoso por su alto grado de ascetismo.

No se conocen textos suyos. Sólo solo se sabe de él por la sección que su tocayo Diógenes de Laercio le dedicó en su libro Vidas de los filósofos más ilustres.

En una de las anécdotas que éste último refiere en su libro, cuenta, que, habiendo pernoctado Diógenes de Sinope a la entrada de la casa de un hombre rico para protegerse en la noche de la lluvia, éste se acercó a la mañana siguiente a ofrecerle ayuda en forma de una bolsa de dinero.

-No la necesito –respondió Diógenes, famoso por creer que la absoluta privación e independencia de las necesidades materiales conducía a la perfección moral.

-¡¿Cómo que no la necesitáis, oh, gran filósofo?! –replicó el hombre rico-. ¡Todos quisieran tener una así!

-¿Todos? –preguntó, divertido, el maestro asceta.

-¡Claro! –respondió el otro, empezando a indignarse por la negativa recibida.

-¿Tú también? –insistió Diógenes de Sinope, con una sonrisa un tanto misteriosa.

-¡Pero, por supuesto! ¡Esa y muchas más!

-Entonces, quédatela tú. La necesitas más que yo –le respondió el maestro.

HjorgeV

Colonia, 28-11-2007

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12 comentarios sobre “EL SÍNDROME DE DIÓGENES

  1. Entré a tu página navegando y este artículo me pareció excepcional.
    Soy parte de un grupo de MSN y me gustaria pedirte permiso para publicarlo alli, por supuesto que respetaria tu derecho de autor. Me parece fascinante lo que has escrito y muy cierto además.
    Espero tu respuesta.
    El sitio no es mio, pero se llama : http://groups.msn.com/Unlugardeensueos (debió decir un lugar de Ensueños pero la administradora entró el grupo en inglés y en inglés la ñ no existe, cosas del idioma.)
    Un saludo cordial desde mi lugar del universo.
    Gracias por tus pensamientos.
    Tambien lei otro donde un señor te critico por una semejanza con Benedetti, qué le vas a hacer, hay gente que construye, y otros…bueno, tu ya sabes! Cada cual con su cada cuala, sigue con lo tuyo, mil gracias.

    Rpta.: Gracias por tus palabras. Por lo demás, ¡ya quisiera yo escribir como Benedetti! HjV

  2. Me ha encantado el artículo, siempre habia escuchado acerca del Síndrome de Diógenes, y sabia en qué consistia, pero esto me ha ayudado a comprenderlo mejor y a sumergirme en la mente de aquellos que lo sufren de forma intensa.

    Rpta. Hola, Maese: gracias por tu comentario. Es preciso lo que dices al final: “aquellos que lo sufren de forma intensa”. Porque los que lo sufren de forma menos intensa son muchos más. Allí están todos aquellos que juntan canciones, discos, zapatos, trapos, ropa, alimentos (que nunca consumirán), detallitos, adornitos, chucherías en general. Y también los que acumulan horas de trabajo sin sentido. Los más peligrosos para los demás siguen siendo -a mi entender- los que acumulan poder y dinero. Porque el vacío y el sinsentido del que nacen (nadie necesita mucho más de lo que puede comer y vestir) muchas veces se vuelcan en acciones que perjudican globalmente a los demás. Saludos cordiales desde Colonia. HjV

  3. Rpta:Hola, hace una semana mi hija me hizo ver que he caido en este Sindrome acumulando miles de objetos de toda indole que han ocupado todas las habitaciones y trasteros de mi casa, y que he ido adquiriendo de forma compulsiva y sin tirar nada de lo viejo. Yo no cojo basura en la calle pero no paro de comprar porque eso me crea una gran satisfacción que al final se ha convertido en adiccion, y en una ruina para mi economia personal. Estoy convencida que necesito ayuda para superar este problema pero no se en mi ciudad Murcia, si hay algun psicologo especializado en este tema. Si alguien lo sabe le agradeceria me lo comunicase- Gracias por cualquier sugerencia que podais aportarme.

    Rpta. Hola Mari: El reconocer que sufres del síndrome de acumulación compulsiva es el primer gran paso. Por otro lado, creo que esa conducta forma parte de nuestra condición humana y que la sufre mucho más gente de lo que creemos. A ver si alguien puede hacer alguna sugerencia. Cuídate. Saludos desde Colonia. HjV

  4. Hola, tengo un hijo de 8 años y últimamente le ha dado por esconder la basura, la saca de los botes que tengo por toda la casa, hasta ahora es basura inorgánica, pero no quiero imaginar si fuera orgánica, el olor de comida echada a perder mientras la encuentro, dentro de los muebles, rincones, atrás de muebles, le he preguntado porque lo hace y me dice que no sabe, ya estoy buscando ayuda, no creo que sea normal. Si alguien me puede comentar algo, lo agradezco de antemano. Gracias Mary de Cd. Juarez, México.

    Rpta.: Hola, Mary. Gracias por tu comentario. No soy un médico ni un especialista en la materia, pero me interesa. Mi experiencia con los niños (tengo cuatro y contacto frecuente con otros niños) me dice que 1) la represión violenta y ciega puede ser contraproducente y 2) que los niños suelen expresar sus problemas a través de los llamados trastornos de conducta. Los niños son curiosos, inquietos, tienen preguntas e inquietudes. Tal vez tu niño es un ser super inteligente que no entiende cómo nuestra sociedad produce tanta basura que no necesitamos (salvo porque nos lo dice la publicidad) y por eso piensa que ya que no se tiran los muebles, por ejemplo, por qué tendrían que tirarse otras cosas. Creo que si a uno de mis hijos le diera por eso, trataría de tomármelo con absoluta calma (no es fácil, lógico) y tal vez me pondría a guardar la basura con él. En el camino le explicaría que tales y tales cosas pueden ser peligrosas para la salud y que alguien tiene que limpiarlas luego y a nadie le gusta limpiar lo que otros ensucian. Tal vez a tu hijo le guste esconder cosas y lo único que encuentra a la mano es la basura que encuentra. Ahora, ¿te has preguntado por qué tienes tantos botes de basura en casa? ¿Los vacías con regularidad? ¿No estarás comprando más de lo que necesitas y el niño ha perdido la relación entre lo necesario y lo superficial? Tómatelo con calma, Mary. Que tu niño vea que aunque pueda ser una conducta rara, tú estás de su parte. ¿Qué es raro en este mundo, después de todo? Hay gente que acumula dinero que no podrá usar en mil vidas y así genera hambre e infelicidad en otra parte de la Tierra. Esas sí son conductas anormales. O tal vez tu hijo solo es un coleccionista nato y lo podrías ayudar acompañándolo a un parque para que coleccione hojas de diferentes plantas, por ejemplo. Saludos y que tengas la paciencia necesaria. HjV

    1. Hola HjV. Muchas gracias por tu ayuda. He seguido encontrando basura, aunque sean raras veces, ya voy a tratarlo con una psicóloga. Gracias infinitamente por el tiempo que nos dedicas y sin más interés que ayudar.

      Rpta.: Hola, Mary. Gracias por tomarte la molestia de escribir un mensaje de agradecimiento. Mencionaré el caso de mi madre, que sufre de Alzheimer. Cuando pasó un par de meses conmigo, acá en Alemania, y tenía sus “cosas”, con los chicos nos reíamos de sus “ocurrencias” como si fueran bromas. Bueno, algunas se podían ver así: cuando se asombraba, por ejemplo, de que yo ya fuera mayor que ella (mi madre). Nos reíamos y luego ella también terminaba riéndose con nosotros y, sin querer, le quitábamos drama a su mal. Sé que en otras ocasiones, la gente que la rodea reacciona con pánico ante “ocurrencias” así. Pánico que la angustia y la asusta y, sin intención de los demás, la hunde más.
      Te digo esto, no porque recomiende el mismo método en el caso de tu hijo. Pero me parece vital el tipo de reacción que puedan tener los demás, especialmente de sus seres más cercanos: comprensión y aceptación aún en las debilidades, serenidad ante algo que tal vez nadie puede entender. Mantén la confianza en ti misma aún en los momentos más críticos. Eso es lo que esperan los niños de sus padres (porque piensan que ellos lo pueden todo o conocen las soluciones por experiencia). Y si no puedes, explícaselo con tranquilidad. Mejor ser un padre/madre sincero/a que uno falso. Que les vaya bien. Mis (buenas) energías desde aquí. Saludos desde Colonia. HjV

  5. Hola, gracias por el interesante escrito, entré aqui a leer por curiosidad y por conocimiento general pero me dejas anonadada porque termino sabiendo que todos tenemos un poquito de este síndrome, solo dime una cosa, crees que este síndrome va y viene? A veces tengo mi casa como un espejo y me siento mejor que la realeza porque yo misma quito las telarañas de debajo de mi cama y limpio y encero, se que mejor no puedo estar, sobretodo cuando mi esposo viaja, que lo hace por lasgos períodos de tiempo, pero luego, tarde o temprano regresa y se pone a construír afuera y mete polvo y tierra con sus pies, cuando cocina deja las envolturas sobre la cocineta aunque tenga el bote de basura al alcance de la mano, los cabellos de la ducha los tengo que levantar yo y cuando tengo que salir temprano a trabajar y el continúa en la cama a dormir cuando vuelvo veo que ni siquiera levantó (tendió) su cama etc etc etc…esto pareciera ser un delicado pretexto para un divorcio seguro, en vez de eso, lo trato de ver relajada me da un poco ese síndrome a mi, me uno al enemigo, en parte porque procuro tenerle las sábanas bien limpias y estiradas para que “sienta” lo que es estar limpio y le agrade, pero a veces me canso, la verdad, aunque lo amo tanto no veo la hora que se marche a trabajar al otro lado del mundo como lo hace. Tu mencionas en una de tus respuestas que alguien le debe explicar a un niño que tales y tales cosas pueden ser peligrosas para la salud y que alguien tiene que limpiarlas luego y a nadie le gusta limpiar lo que otros ensucian, será que nadie le enseñó??? Pudieras comentarme algo de esto??? Un saludo cordial! Miriam.

    Rpta.: Hola, Miriam. No soy un profesional especialista. Solo un aficionado con estudios y aficiones en campos diversos. El tema es muy complejo. Para empezar me atrevería a afirmar que la recolección debe ser una especie de instinto que compartimos los humanos. Como tal, no siempre está ‘despierto’ o totalmente activado, pero está ahí, esperando que lo alimentemos. Debe provenir de los miles y miles de años que nos pasamos como recolectores de alimentos.
    El niño colecciona figuritas, los adultos salen de compras y acumulan cosas que cuestan mucho y después no usan, y otros (generalmente hombres) se desesperan por acumular dinero. Opino que los tiburones financieros responsables de la actual (todavía no ha llegado del todo) crisis mundial son simples timberos convulsivos (jugadores que les gusta arriesgar) que, para mala suerte nuestra, no están desarrollando su patología en un casino común y corriente.

    Por otro lado (yendo al otro lado del síndrome), tenemos el asunto de la percepción.

    Alguien que se dedica a los motores, se fijará más en el sonido del motor de un automóvil que pasa, antes que en su carrocería o sus ocupantes. Si uno es el encargado de que algo funcione y se mantenga limpio (gran tarea), obviamente será el primero en notar cuando las cosas se ensucian y no están en su sitio. Ahora, ¿por qué muchos hacen como si esas cosas (la manutención del orden y la limpieza) no tuvieran importancia y sucedieran automáticamente?

    Creo que hay varias razones: la educación familiar recibida, la propia conciencia como adulto y parte formante de una relación de pareja, el estrés, la importancia que se le da a esas cosas, el tipo de ocupación que uno tiene.

    ¿Tú crees que tu esposo soportaría mucho tiempo en una casa desordenada y sucia? Pregúntaselo.
    Una posibilidad sería que no le dé importancia a esas cosas. Pero esa actitud la suelen tener quienes no se ocupan de ellas. Muy cómodo, claro.
    Otra posibilidad podría ser que lo ve como tu responsabilidad y tu trabajo. Si tienes mala suerte, tal vez lo hace todo (consciente o inconscientemente) para ponerte a prueba. Como quien dice: “Ya que yo me rompo el lomo, rómpetelo tú también”. Pero, ojo, que también podría ser una forma de justificar tu trabajo: si todo permaneciera en orden y limpio, tú no tendrías trabajo. Sea por razones positivas o negativas de su parte.

    Lo más probable es que sea una simple cuestión de percepción inducida por el estrés, en este caso.
    Si el hombre llega de una fase de trabajo duro, es poco probable que desee preocuparse por otras cosas: tender la cama, limpiar, ordenar. Él lo que quiere es olvidar el estrés que ha tenido y recuperarse.
    Si te preocupa o te molesta tanto, díselo abierta y agradablemente: tal como lo has escrito aquí.

    Tal vez él podría entender que con un poquitín de esfuerzo de su parte, tú dejarías de ver su actitud como algo ofensivo.
    No quiero terminar estas líneas, recomendándote ocupar tus días con otras actividades que tal vez te podrían gustar y que exigen esfuerzo de tu parte: la lectura crítica, trabajos manuales, pintar o hacer lo que siempre quisiste hacer de niña. Eso ayuda a ‘desenfocarte’ del tema. Mientras lo principal sea ordenar y limpiar (no lo creo en tu caso), entonces tu principal atención también estará centrada en eso.
    Ya me contarás. Espero haberte ayudado una pizca. Saludos cordiales desde los arrabales de Colonia. HjV

  6. Hola: No se hasta que punto es un trastorno. Mi hijo hoy tiene 15 años, pero desde los 10 suele esconder la basura o comida que ya no apetece. Primero pensé que era por flojera, pero siempre hay un bote de basura cerca. La encuentro en sus cajones, en bolsos, cajas… Le he suspendido todo lugar que posibilite ésto pero siempre encuentra dónde. Le llamo la atención, hago que limpie, le suspendo algo, le prohibo que coma en su cuarto. También he usado el diálogo y hasta los premios pero solo funciona uno o dos días. No me da una respuesta lógica y me da miedo que se acentúe más.
    Me dan un consejo por favor.

    Hola, Martha. No soy un profesional de la materia, como ya debes saber, solo un gran interesado. Aclarado esto, intentaré responderte. Gracias por tu confianza. Empezaré refiriendo el caso de mi hijo de siete años, aunque no tenga parecido aparente. Hace más de un año se quejaba que era muy malo para las matemáticas. Le dije que nadie era malo para nada, solo se tenía más o menos práctica en algo. Entonces, sabiendo que los niños aprenden mejor jugando, le busqué un juego de matemáticas adecuado para su edad. Le gustó tanto que empezó a jugarlo a diario. Resultó un ‘milagro’ y llegó a ser el mejor de su salón.
    Hace poco sacó malas notas en matemáticas y su profesora y su madre reaccionaron preocupadas. Él dijo: “Un niño también tiene derecho a no tener buenas notas siempre”.
    A lo que iba concretamente (perdóname la anécdota): muchas veces nosotros los adultos con nuestras preocupaciones y miedos (de adultos) empeoramos las cosas.
    Pasemos al caso de tu hijo.

    Me imagino que deben estar en nuestra información genética dos tendencias fundamentales y que nos han permitido sobrevivir como especie más de 2 millones de años: me refiero a la recolección y al almacenamiento. Todas las demás especies parientes se extinguieron. Somos una especie ‘exitosa’, por así decir. (Al paso que destruimos el planeta, obviamente, hemos dejado de serlo.) (Seguimos recolectando y almacenando: ¿qué son sino el consumismo y la acumulación de capitales?)

    Mi gran sospecha es que casos como el de tu hijo no son nada más que parte de una especie de instinto (de guardar la comida que sobra) pero acentuado. Personalmente, no lo vería como algo grave. Hay niños o jóvenes que ganan medallas olímpicas gracias a otros ‘instintos’: correr, saltar, huir. Ni siquiera creo que él pueda darse cuenta (como en todo instinto), de allí que poco deben servir los intentos de hacérselo entender.

    Ahora bien. ¿Qué hacer? Dos posibilidades. 1) Dejarlo ser. 2) No dejarlo ser en su particularidad.
    Lo segundo no ha funcionado hasta ahora. Es probable que otra característica humana (la terquedad, la porfía) haya tenido que ver en su caso. Es muy humano no hacer, muchas veces, justamente lo que nos dicen que tenemos que hacer.

    ¿Por qué no probar con lo primero y con la fuerza del cariño y de la aceptación?
    ¿No se sentirá tu hijo rechazado con tus miedos?

    Por otra parte, ¿qué hay de malo en guardar la comida que sobra? Lo hace todo el mundo.
    Se me ocurre una idea para tu hijo: apoyarlo.
    Que guarde sus alimentos conscientemente: en tarteras (tuppers), bolsitas herméticas y en la refrigeradora o nevera. Que investigue qué alimentos se conservan mejor y por qué. Que aprenda de eso. Si es una característica suya, ¿por qué negársela? Tal vez hasta podría ser un gran científico e investigador o profesional de la industria alimentica.

    En Alemania va a parar a la basura -creo que- el 40% de todos los alimentos comprados, mientras miles de personas mureren al día de hambre por todo el planeta.
    ¡Tu hijo sería una persona valiosísima si aprendiéramos a usar su ‘instinto’! De hecho, la ciencia debería ocuparse de este tema: del desperdicio inútil e inhumano (!) de nuestros limitados recursos.

    El cariño también se demuestra aceptando con entereza ciertos ‘defectos’. Nadie es perfecto.
    Una pregunta final. Si a tu hijo le sobra la comida, ¿no estarás sirviéndole de más?
    ¿Por qué no probar con porciones más pequeñas? ¿Se sirve tu hijo la comida él mismo o lo haces tú?
    Podrían probar un experimento: que él mismo calcule cuánto servirse, de tal manera que no tenga que dejar restos.

    Espero haberte servido.
    Te deseo serenidad, fuerza de aceptación y mucho buen humor y paciencia, Martha.

    Saludos cordiales desde Colonia. HjV

    1. Gracias por tu comentario y tu tiempo,lo tomaré muy en cuenta.Tus palabras me hacen ver la situación más simple . No dejes de apoyarnos.

      Hola, Martha: Gracias a ti más bien, por tomarte la molestia de escribir y enviar tus mensajes. Mira cómo son las cosas. Justo ayer me había fijado que no había obtenido respuesta tuya. Y ahora me llega tu respuesta, como demostrando poderes telepáticos. Que estés bien. Para servirte desde mi humilde qiosco o puesto humano. Un gran abrazo energético desdes los arrabales de Colonia. HjV

  7. MI HERMANO TIENES 11 AÑOS, Y ESCONDE TODAS LAS COSAS, LLAVES, CELULARES, ZAPATOS, ROPA TODO….. AVECES YO LO VEO NO SE… COMO QUE QUIERE LLAMAR LA ATENCION, PERO ES PREOCUPANTE…LUEGO DE TANTO HE LLEGADO A PENSAR QUE LO HACE POR IMPULSO, NO SE SI TENGA UN SINDROME O EMFERMEDAD…. :( :(

  8. HOLA BUENAS TARDES, TENIAMOS UN CHICO CUIDANDO UNA CASA, CON EL TIEMPO NO HABIAN MAS PLATOS, SE PERDIERON LOS CUBUERTOS LOS VASOS SIEMPRE ESTABA DESORDENADO, NO LIMPIABA, LE HABLABAMOS LE ENSEÑABAMOS A LIMPIAR PERO A TODO TE DECIA SI PERO NADA UN DIA SE ENOJO Y SE FUE DEJO TODAS LAS LLAVES Y SE FUE, CUANDO ENTRAMOS A SU HABITACION CASI NOS MORIMOS TODOESTABA TIRADO POR EL PISO, SU ROPA LA CAMA ERA UNA MUGRE SU COLCHON, HABIA PLATOS SUCIOS CON RESTOS DE COMIDA GUARDADO EN LOS PLACARES, EN LOS CAJONES CUBIERTOS SUCIOS, LA ROPA ESTABA TODA TIRADA POR EL SUELO, RESTOS DE COMIDA, CUANDO EMPEZAMOS A VER LOS MUEBLES DE LA COCINA TODOS ESTABA SIN LAVAR ESCONDIDO POR TODOS LADOS, USABA LAS COSAS Y NO LAS LAVABA LAS ESCONDIA, CUANDO SACAMOS TODO LO SUCIO NO PODIAMOS CREER, LA MONMTAÑA DE SUCIEDAD HABIA POTES CON RESTO DE COMIDA AGUSANADA, ERA UN VERDADERO ASCO TODO. NO SE SI SE APLICA A ESTE SINTROME O TRASTORNO PSICOLOGICO, TIENE 32 AÑOS NO ES UNA CRIATURA.

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