ADIÓS EN LA NARIZ

Adiós.

Cinco palabras que ahora son tu nombre.

El poder de substraerte a mi presencia

con un dictado.

Está bien. Es el final.

 

Has decidido detener el tiempo y

bajarte aquí.

Estás como paralizada, inmóvil.

Este es tu nuevo lugar.

Ahora son míos todos

los futuros por venir.

 

Lo que más me dolía

me lo has regalado.

Has dado en el clavo.

 

¿A quién entregarle ahora el paso de las horas?

¿De dónde coger sentido para cada aliento que

empieza aquí pero termina instantes después

cada vez más lejos de donde estás?

Está bien.

Es tu decisión.

 

Ya no somos los de antes. Los escultores de mil

posiciones de nuestros cuerpos. Los guardianes

del futuro.

Los compositores de intrincadas cadencias de

nuestros gemidos.

 

¡Nada es imparable!

Para el que quiere todo se puede detener.

Pero yo soy Nadie ahora y me voy con las agujas de

nuestro reloj. Antiguo.

Adiós.

Has decidido quedarte en este lugar, en este momento,

Perpetuarte en este instante.

 

Me lo repites: no me dejas. Solo te quedas. El que se va

soy yo.

Lo tenemos como poder escrito en la punta de la nariz.

Míralo. Mírala. Te digo: me dejas con un imposible.

 

Esta gota salada que corre rauda es por todo lo que

íbamos a ser juntos.

 

Pero ya también ha iniciado su particular e inevitable

viaje

hacia el futuro.

 

HjV

02-12-2007

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