LA AGRESIVIDAD HUMANA: RAPIÑA Y PIRATERÍA (II)

DE LA RAPIÑA A LA PIRATERÍA

Decía ayer que de alguna forma tuvo que –saber- abrirse paso el hombre primitivo en su camino hacia todos los rincones de este planeta.

Para poder enfrentarse a nuevos territorios inhóspitos o no, y a todo lo que eso podía significar (climas, condiciones particulares, alimentos existentes, enemigos, geografía, fauna y flora diferentes), tiene que haber hecho uso de varias estrategias efectivas para poder sobrevivir y seguir avanzando.

El hombre es el único o uno de los pocos animales que se han adaptado a, prácticamente, todas las geografías y climas terrestres. Es decir, su capacidad de incursión fue y sigue siendo muy grande.

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Afirmo que una de esas estrategias principales, la constituyó la rapiña. Es decir, el apoderarse de lo ajeno por medio de la violencia: fuera por necesidad, simple deseo, superioridad o mero placer.

(La rapiña es algo que practican muchos animales en mayor o menor grado. Comen lo que tienen a la mano, encuentran o persiguen, y luchan –en mayor o menor medida- por ello.)

Si el hombre primitivo consiguió imponerse a todos los demás animales sobre el planeta, tiene que haber sido –entre otras cosas– por haber desarrollado esa capacidad depredadora.

Me imagino que en algún momento de la evolución, eso de apoderarse de lo ajeno debe haberle servido para aprender más en todo sentido. Digamos que a partir de determinado momento la apropiación de lo ajeno, también empezó a significar –primero indirecta e involuntariamente, después adrede- apropiarse de la tecnología ajena.

Curiosamente, otro gran aliado del ser humano visto como una especie en constante expansión por todo el planeta, fue y sigue siendo el miedo.

(Las religiones se siguen sirviendo de ese instinto tan humano, después de haberlo hecho mucho más exitosamente en épocas pasadas. Ese poder sobre el miedo parece estar remitiendo.)

Atacando (‘preventivamente’ o no) a quien le producía miedo, el hombre primitivo no solo podía paliar ese miedo: también podía conseguir alimento y apropiarse de los conocimientos ajenos, aprendiendo aún más cosas nuevas.

No han leído mal: parece estar demostrado que el canibalismo nos ha acompañado en la evolución, más allá de los ritos y ciertas costumbres tribales y mucho más de lo que a todos nos podría parecer soportable.

No olvidemos, por lo demás, que somos seres bastante vulnerables. Tanto en el sentido físico, como en el tecnológico.

No poseemos una caparazón como la tortuga (así se usa en mi país ese sustantivo, en femenino, como en ‘comezón’ e ‘hinchazón’, aunque la Real Academia sólo reconoce el masculino para este vocablo) y el dolor es uno de nuestros mayores enemigos.

Por otra parte, sin la tecnología adecuada, sobreviviríamos solo con mucha dificultad en condiciones naturales sobre la mayor parte de este planeta.

El hombre, pues, siempre se ha servido de esa actitud de rapiña para ‘avanzar’. (Hay muchos, como yo, que ven en el capitalismo tiburón o turbocapitalismo actual, nada más que una versión más moderna de lo mismo.)

LA PIRATERÍA, TAN ANTIGUA COMO LA HISTORIA MISMA

La piratería, como cualquier otra manifestación de la cultura humana (porque también las malas costumbres pertenecen a una cultura), apareció en un determinado momento histórico.

Ya se conocía la navegación y se construían naves capaces de transportar a un gran número de personas, así como muchos tipos de armas.

Manifestaciones humanas más ‘desarrolladas’ de la rapiña, como la piratería, pudieron aparecer, así, en gran parte porque las condiciones históricas estaban dadas. Además, porque no existiendo entonces los estados tal como hoy se conocen, menos existían jurisdicciones marítimas, creyéndose por lo tanto los piratas libres de actuar allí donde no existían las leyes.

Los primeros ataques piratas documentados, datan del siglo V adC, justamente en la llamada Costa de los Piratas en el Golfo Pérsico. Aunque no existe demasiada información, se debe partir de que los griegos clásicos también practicaron –como muchos otros pueblos- la piratería.

Se dice que Homero en su Odisea (la leí hace muchos años alguna vez, pero de esto no me acuerdo), relata actos de piratería realizados por Ulises en su regreso a la isla de Ítaca.

Es decir, en la antigüedad, muchos piratas llegaron a considerarse héroes nacionales por los habitantes de los países de donde provenían. Algo que no es muy difícil de entender, si se tiene en cuenta que lo único que solía ver la gente en tierra, eran los botines traídos de las fechorías cometidas en otros mares.

Los piratas no solo se interesaban por tesoros más o menos lucrativos. Fueron de los primeros grandes esclavistas y secuestradores de la historia.

Aparte de los vikingos, otros grandes piratas de la historia fueron los árabes. Los cuentos de Simbad el Marino, son una muestra de ello.

Sin embargo, la historia está plagada de piratería allí donde uno menos se lo podría imaginar. Y se puede afirmar que es tan antigua como la historia de la humanidad.

LOS PIRATAS MITOLÓGICOS Y SUS ARMAS

El pirata mitológico por excelencia es, actualmente, el del Caribe. Era, por lo general, francés, inglés u holandés.

Estos piratas aparecieron a partir del descubrimiento del llamado Nuevo Mundo y del consiguiente transporte de oro, plata y piedras preciosas que los españoles –principalmente- esquilmaban a sus territorios conquistados (es decir, pirateados) y que debían emprender la larga ruta desde América hasta Europa.

Preferían, obviamente, actuar lejos de los países de destino, para aumentar la impunidad de sus fechorías y minimizar los enfrentamientos con las respectivas armadas.

Esos piratas conocieron y usaron las siguientes armas.

Armas blancas. A su vez, divididas en armas cortas y largas.

Entre las armas cortas se encontraban las dagas, los alfanjes y las hachas.

Una daga era un arma blanca de hoja corta y con protector del puño y con gavilanes para proteger las manos y la cabeza de los golpes del contrario. Podía tener dos o más cortes, y varios filos, es decir, era un arma y herramienta multiusos. El alfanje era una especie de sable corto y curvado, con un solo filo, pero con dos en la punta. El hacha, originalmente una herramienta de trabajo, no solo servía para destrozar las armas de los contrincantes, también servía en las acciones de abordaje del navío a piratear.

Entre las armas largas estaban los chuzos, las alabardas, las partesanas y los espontones. El espolón del barco, por su parte, era una pieza de hierro aguda y afilada, que se colocaba en la proa, para embestir e inutilizar al barco enemigo. Al espolón se deben muchos de los descubrimientos actuales de barcos fondeados siglos atrás.

Un chuzo no es otra cosa que un palo armado con una punta de hierro. (Curiosamente, esta denominación ha perdurado en los ambientes carcelarios de muchos países latinoamericanos, como el Perú y Venezuela, a pesar de tratarse de una palabra bastante antigua y proveniente probablemente del árabe.)

Un espontón era una lanza de unos dos metros de largo, provista de un corazón afilado en la punta.

La alabarda fue una de las armas más populares de la Edad Media y la que hasta ahora es usada ornamentalmente en los desfiles militares de muchos países. La famosa Guardia Suiza del Vaticano, no solo la usa ceremonialmente, sus miembros son entrenados para usarla como arma de combate. Se dice que fue introducida en Europa por alemanes y escandinavos.

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Las armas de fuego que conocían y usaban los piratas fueron las siguientes: pistolas, mosquetes, arcabuces y cañones de diverso calibre. Las pistolas no estaban aún muy desarrolladas y solo se podían usar a muy escasa distancia, por su escasa precisión.

El arcabuz es el antecesor del fusil. Era un arma de avancarga, es decir, que se cargaba por la misma boca. No era mucho más que un tubo de hierro sobre una base de madera de un metro de longitud. No tenía precisión ni mucho alcance y su recarga era lenta, pero podía perforar armaduras, de tal manera que reemplazó rápidamente a la ballesta en el Medioevo.

Sus efectos atemorizante e intimidador, por el ruido y el humo que debía producir, aparte de su fácil manejo, fueron más argumentos para preferirla.

Se dice que el arcabuz cambió la forma de hacer la guerra en Europa. Cuando fue claro que ni los caballeros con sus armaduras ni los lanceros o picas podían contra los arcabuces, se extendió su uso hasta llegar a las armas de infantería que se conocen hoy.

El mosquete fue el sucesor del arcabuz y directo antecesor del fusil. Se disparaba apoyándolo sobre una horquilla.

Como se puede apreciar, sus armas no eran muy efectivas ni muy precisas. Pero eso era algo que concordaba bien con las intenciones de los piratas. Ellos querían apoderarse de los bienes del barco atacado y de ser posible, capturar viva a la tripulación, causando los menores daños posibles a su intereses.

Usaban muy poco sus cañones y muy selectivamente, por lo general, solo para dañar el velamen de la nave enemiga e impedir así su huida.

Con el uso de las alabardas y mosquetes, conseguían intimidar y paralizar a la tripulación enemiga con explosiones, ruido y humo, y luego venía el abordaje con hachas, dagas, lanzas y chuzos. Como todas las armas de fuego eran de recarga muy lenta, éste era el momento en que se decidía el destino del barco atacado. Si la tripulación conseguía repeler el ataque, podían darse por salvados.

LOS PIRATAS Y LOS NIÑOS DE HOY

Y esta fase es, precisamente, la que más alas ha dado a la imaginación de narradores y cineastas a la hora de recrear el mito de los piratas.

Imaginemos ahora a unos seres extraterrestres de esta era, que han elegido un punto del planeta para observarnos. Una casa, dentro de la cual juega un niño en su habitación.

Se acercan a observarlo.Continúa mañana…

HjorgeV

Colonia, 04-12-2007

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