LA AGRESIVIDAD HUMANA: RAPIÑA Y PIRATERÍA (Fin)

PIRATAS Y CORSARIOS

¿Cuál era la diferencia entre un pirata y un corsario, si aquella existía?

¿Y qué era un bucanero? ¿Qué un filibustero?

Vimos ayer que la piratería en el mundo, es tan antigua como la navegación.

La piratería clásica se realizaba en alta mar –en aguas sin jurisdicción o internacionales- y tenía como objetivo apoderarse por la fuerza de la carga de la embarcación asaltada, secuestrar a los pasajeros ‘importantes’ para exigir rescate, venderlos o convertirlos en esclavos; y, muchas veces, hacerse con la nave misma.

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Es decir, los piratas se movían por simple afán de lucro y atacaban los barcos de cualquier bandera. El que llegaba a pirata había sido antes simplemente pobre, vagabundo, ex presidiario, delincuente común, desertor u, ocasionalmente, un perseguido por sus ideas.

En otras palabras, a la piratería se llegaba por necesidad.

El corsario, en cambio, era un particular que recibía una patente de corso por parte de un estado en guerra (de allí su nombre), para causar el mayor daño posible al comercio marítimo del estado enemigo y sus posesiones.

Estas son –o eran- las definiciones.

En la práctica, las figuras del pirata y del corsario llegaban a confundirse parcialmente.

Corsarios como el legendario inglés Francis Drake (arriba en la imagen) por ejemplo, eran considerados como simples piratas por las autoridades españolas, porque no existía una guerra declarada entre las dos naciones.

(Para darle otra vuelta más al torniquete de la historia, hay que hacer notar aquí, que, Drake, habiendo sido un pirata, comerciante de esclavos y saqueador –y, de paso, asesino- llegó a ser vicealmirante de la Royal Navy, la Marina Real británica, y a obtener el título de Sir.)

Drake y su compatriota John Hawkins fueron los dos grandes personajes representantes de la actividad corsaria en la América del siglo XVI.

Se dice que, aunque ambas figuras –la del pirata y la del corsario- habían sido glorificadas por la literatura (de aventuras), el pirata era considerado ‘romántico’ porque luchaba de alguna manera contra el sistema, mientras que el corsario estaba enquistado en él.

Para referirnos solo a los corsarios holandeses, con patente de corso dada por la Casa de Orange, y para tener una idea de su accionar, se dice que entre 1622 y 1636 capturaron nada menos que 547 embarcaciones declaradas como enemigas.

¡En nada más que 14 años!

Para ello utilizaron 800 barcos de guerra y unos 70.000 marinos y soldados.

Para tener idea, además, de lo ambiciosas y trascendentes que resultaban estas empresas, baste con el ejemplo del corsario (o pirata, según como se mire) holandés Piet Heyn, quien en el año 1628 vio cumplido uno de los grandes sueños corsarios de ese entonces: apoderarse de un cargamento de plata.

Con los beneficios así obtenidos organizó una armada de 61 buques y un contingente de 7.300 hombres, con los cuales los holandeses pudieron apoderarse de Pernambuco en 1630 y crear la colonia de Nueva Holanda.

EL REPARTO DEL BOTÍN

Si España y Portugal ‘descubrieron’ América y se la repartieron como un simple botín pirata, glorificando, además, ese saqueo y depredación de los reinos conquistados, lo mismo hicieron con ellos después Holanda, Francia e Inglaterra, a su manera, a través de los corsarios.

Digamos, que, bien visto, éstos últimos no hicieron otra cosa que repartir mejor el Botín Americano entre todos los europeos.

Solo así, es posible entender el estatus de héroes o semihéroes del que gozaban en sus respectivos países. (Ya vimos que Francis Drake llegó a vicealmirante de la marina británica y a recibir el título de Sir.)

Solo así, asimismo, es posible entender por qué hoy en el Caribe se hablan tantas lenguas diferentes.

Hay que imaginárselo de esta forma: Europa vivía un gran proceso de galopante pauperización que fue detenido por el llamado descubrimiento de América.

Resulta casi increíble constatar, visto desde esta época, que la llamada Conquista española solo pudo ser posible gracias a ese gran número de miserables, delincuentes, presidiarios, aventureros y simples vagabundos que había en España, y que vieron en la promesa del oro, riquezas, tierras, mujeres fáciles y poder, la salida a su pobre vida real.

No fueron nobles o sabios los que primero se lanzaron a los Mares del Sur. (Ellos llegaron después.)

Fueron aventureros, meros delincuentes, vagabundos y piratas. El mismo Francisco Pizarro había sido un simple criador de cerdos, por ejemplo.

La gente, vamos a decir, común, no tenía por qué abandonar su normal forma de vivir para arrojarse al confín de los mares a morir presa de las bestias fantásticas que acechaban detrás de los abismos marinos.

La Corona española prometiéndose un gran negocio, les dio su apoyo a esos piratas compatriotas (que después recibieron el lindo nombre de Conquistadores), pero lo hizo de una manera tan renuente, que cuando Pizarro inicia la expedición con la que finalmente llega al Imperio Incaico, ésta iba a ser de hecho la última financiada y apoyada por esa corona.

Dándoles su apoyo, les proporcionó de paso otra gran arma y justificación: la religión.

Con ella, la exterminación, las violaciones, los saqueos, la destrucción de culturas enteras y la depredación –la rapiña- se llevaron a cabo con menos carga moral o ética.

No se quitaba el oro a simples personas o semejantes, se lo hacía a simples perros.

(Como la historia tiene sus grandes guiños, esos llamados conquistadores, piratas y corsarios europeos, llegaron a serlo, justamente, por ser considerados ellos mismos –poco antes- unos simples perros en Europa.)

Su suerte fue encontrarse con grandes y ricas culturas –la azteca y la inca- que esquilmar y esclavizar.  De otra manera, todo no habría pasado de un simple acto de piratería más o un acto de locos buscando una nueva ruta comercial a la India.

BUCANEROS O AHUMADORES DE CARNE

El término bucanero, por su parte, proviene de la palabra caribe bucan, usada para denominar a la rejilla o parrilla que se usaba para ahumar carne.

Parece ser que el nombre de bucanero se usó originalmente para denominar a los habitantes (aborígenes, probablemente arawaks) de la isla La Española –actual Haití- que se dedicaban a la caza de vacas y cerdos salvajes, para luego ahumar su carne (haciéndola así perdurable) y poderla vender en las costas a los navegantes, mayormente piratas y aventureros que empezaban a husmear por el llamado Nuevo Mundo.

(Hay que notar aquí que tanto como la vaca y el cerdo no eran animales oriundos de América, sino que fueron traídos por los españoles de Europa. Lo cual lleva a suponer que los originales bucaneros arawaks recién hicieron su aparición como comerciantes con el llamado descubrimiento de América, o, bien, se dedicaban ya desde antes a ahumar la carne de otro tipo de animales sea para el consumo propio o para el trueque.)

A lo largo del siglo XVI, se fueron asentando en la parte occidental de lo que ahora es Haití, aventureros europeos, principalmente franceses normandos, quienes al parecer hartos de la piratería, empezaron a copiar las técnicas de ahumado de los bucaneros arawaks.

Estos europeos (normandos y ex piratas en su mayoría), pasaron, así, a adoptar ellos mismos el nombre de bucaneros y ampliaron el negocio ofreciendo también las pieles de los animales que cazaban.

Como la Corona española no veía con buenos ojos esos asentamientos de franceses en territorios que consideraba suyos, pero que mantenía abandonados (no había oro allí), exterminando a los animales en los que se basaba el negocio y la prosperidad de esos normandos, consiguió ahuyentarlos de La Española, hoy Haití.

Perseguidos asimismo por sus propios compatriotas (autoridades francesas), los bucaneros buscaron refugio en la Isla de la Tortuga, donde se unieron a los también legendarios filibusteros, para volver a dedicarse a la piratería contra las embarcaciones españolas (las más ‘suculentas’).

Los filibusteros, por su parte, eran simples piratas (europeos, se entiende) afincados en las Antillas con una especialidad concreta: el recorrido de las localidades costeras, sin alejarse mucho de ellas en dirección al mar.

Tal vez deban su nombre a la expresión fly-boat del inglés, para denominar a sus frágiles pero rápidos veleros con los cuales recorrían velozmente las costas tal modernos corredores de olas.

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO SE EMPIEZA A AGOTAR

El establecimiento de las colonias holandesas, francesas e inglesas en el Caribe, se debió principalmente a que bucaneros y filibusteros, y otros piratas, fueron ocupando sucesivamente diversas islas bajo el auspicio velado de sus respectivos estados.

Cuando se empezó a ver que ya no había mucho más que repartir (casi la mayor parte del llamado Oro de las Indias ya debía haber sido trasladado a la península ibérica y ya adornaba a sus iglesias, por ejemplo; y las islas del Caribe ya tenían nuevos dueños), llegó el ocaso de la piratería americana.

Se decidió, como no podía ser de otra forma, en la ‘Central’: en Europa.

El Tratado de Utrecht de 1713 permitió a Inglaterra la participación directa en el comercio con ultramar y sentó las bases de la ulterior hegemonía británica.

Empezaba a agotarse la Gallina de los Huevos de Oro y solo quedaba repartirse las presas del animal, ya también desangrado.

La misma Corona británica fue la que se encargó de perseguir uno a uno -como en un ataque de amnesia pública- a todos los piratas de lo que ahora consideraba oficialmente sus islas, poniendo fin a toda una era, una suerte de Era Pirata Americana, casi tan extensa como la Era Vikinga en Europa: dos siglos.

Apenas un siglo después -exangüe ya esa gallina- los españoles empezaron a abandonar sus antiguas colonias ahora ya poco interesantes para ellos. (A esto último también se llamó Independencia.) Los seguirían, mucho y hasta más de un siglo después, los demás europeos.

Pero la Corona Española dejaba atrás algo más que barbarie histórica: todo un sistema político, económico y social basado en la ley del más fuerte y del más vivo, fundado en injusticias, en la prepotencia, en intrigas, ambiciones ciegas, traiciones y racismo, y en la vista solo puesta en el beneficio propio y en la depredación irresponsable.

Mientras tanto, esperemos que los hijos de nuestros hijos de nuestros hijos, no jueguen alguna vez con figuras de Bin Laden en sus manos y que sus padres no pongan la cara de tontos contentos cuando lo hagan.

Algunos piensan que esas figuras bien podrían llamarse Jorge. O sea, George, en inglés.

HjorgeV

Colonia, 06-12-2007

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One comment

  1. 27 de Enero del 2008

    El comentario es malintencionado y ramplon. No he visto ningun Filibustero que fundara ciudades y Universidades . Refleja el resentimiento de un “Koosquetch” de la Globalizacion Aleman por lo que parece Ellos financiaron a Carlos V y por ende se beneficiaron tambien de la colonizacion de America y ahorita vuelven a la carga con la globalizaciòn
    Juanico

    Rpta.: Sin comentarios. Saludos. HjV

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