NAVIDAD Y TIENDAS TODO GRATIS EN ALEMANIA

No se imaginan cómo me he reído al saberlo.

Estos alemanes tienen sus cosas, me dije, no hay nada qué hacer.

¿A quién se le hubiera ocurrido eso de las Tiendas Umsonst en algún otro país? Allí está, para empezar el sentido del humor desde que se entra a una de esas tiendas:

“Atención: ¡Usted está abandonando el sector capitalista!”

Es una parodia de los letreros que marcaban ciertos límites de Berlín antes de la caída del muro, y que advertían que se estaba abandonando el sector occidental (‘americano’ por usamericano) y se hacía ingreso al oriental, entonces llamado comunista: “Achtung, Sie verlassen den amerikanischen Sektor!”

umsonst.jpg

Y, probablemente, una copia del letrero que usan como bienvenida muchas de las viviendas okupas de Berlín:

¡ATENCIÓN: USTED ESTÁ ABANDONANDO EL SECTOR CAPITALISTA!

¿Qué es una Tienda Umsonst?

Umsonst significa en alemán ‘en balde’, ‘en vano’. De allí, su otro significado: ‘gratis’. ¿Una Tienda Todo Gratis?, se preguntarán algunos.

Sí. No hay trucos. Cualquiera puede entrar y llevarse lo que desee, sin pagar nada.

(Las voy a llamar aquí Tiendas Por Nada. Porque creo que eso de ‘gratis’ ya está tan gastado –y casi nunca es verdad, es decir, sin consecuencia-, que ésta divertida idea merece alejarse de ese término. También se ha empezado a llamarlas freeshops.)

En esas tiendas, tal como en cualquier negocio bien surtido, se puede encontrar desde zapatos hasta televisores, pasando por ropa, lavadoras, libros, juguetes y todo tipo de artefactos electrodomésticos, entre otros productos. ¿Hay que pagar algo?

Nada. Ni un centavo.

-Se necesitará entonces ser socio -pregunta alguno-. ¿No?

-No.

-Ah, ya entiendo -dice otro-. Solo se permite la entrada a gente menesterosa y con claro aspecto de necesitar algo regalado.

-Frío –es la respuesta-. Si uno lo desea, puede llegar en una limusina con chofer. La entrada es libre para el que lo desee.

-Ya sé. El estado de las cosas es calamitoso.

-Solo se permite la donación de objetos en magnífico estado y artefactos funcionando perfectamente. (Acabo de leer que por ahora no aceptan más libros en alemán, porque tienen demasiados.) También se puede encontrar alguna entrada para un concierto que no se piensa usar. Sólo hay una condición.

-Ajá –dice un cuarto-. Ahora viene la trampa.

-Bueno, sí. Es una especie de trampa para evitar los abusos, se puede decir. Solo está permitido llevarse 3 cosas.

-Es una broma.

-No es una broma.

Buscando información al respecto, me entero de que la primera Tienda Por Nada no fue inaugurada en Berlín, sino en Hamburgo – en 1999- y de que ya existen varios proyectos similares -más de 30- con el mismo nombre en diferentes ciudades de Alemania.

Hasta Colonia, esta ciudad tan conservadora, ya tiene su propia tienda.

(Veo también que han surgido muchas tiendas similares en la Red, pero que divergen de la idea original, porque esconden un carácter comercial detrás de su fachada gratuita.)

También me entero de que la idea la están siguiendo otras personas y organizaciones a nivel más ligero por todo el país: ofreciendo lo mismo pero en mercados ambulantes, para evitar cargar con los costos de alquiler, energía y manutención de un local idóneo.

(Abajo y a la izquierda, en la fotografía tomada en la ciudad de Gießen, está el letrero que dice: “Alles Umsonst!”, con su respectivo error ortográfico, puesto que ‘umsonst’ se escribe con minúscula.)

umsonst-giesen.jpg

¿Cómo puede funcionar algo así?, es lo primero que uno se puede preguntar.

Para empezar, trabajan solo con voluntarios.

Son unos 15 los que lo hacen en Berlín. Es decir, es gente que trabaja por pura convicción.

Y el problema de los costos de alquiler, por ejemplo, lo tienen inicialmente ‘resuelto’, porque la mayoría de tiendas por ahora existentes, suelen funcionar en los bajos de un edificio okupado.

¿La idea?

El ideario de los promotores de estas tiendas quiero interpretarlo –más o menos fielmente- de la siguiente manera:

1. Se calcula en media tonelada (500 kg) el promedio de basura que cada ciudadano de Alemania produce al año.

2. El modo de vida, orientado hacia el consumo compulsivo, hace que no solo se produzca basura ‘tradicional’, al contrario, cada vez más cosas en muy buen estado y funcionamiento terminan en la basura. O permanecen por años abandonadas en algún desván.

3. Esos productos son producidos en el mercado mundial y cada vez son más los seres humanos de todo el planeta, que tienen que aceptar condiciones esclavizantes de trabajo para poder mantener el ritmo de consumo del llamado Primer Mundo.

4. Como esa maquinaria de producción y consumo, no se preocupa por los problemas ecológicos ni sociales que crea, alguien tiene que tratar de ‘frenar la máquina’.

(Ver aquí, de paso, en este contexto, la preocupación actual de los países más industrializados por el avance tecnológico e industrial -consumista- de los llamados países emergentes.)

5. Organizándose en este tipo de proyectos, se ofrece, además, modos de vida alternativos a los que ofrece la sociedad tradicional.

(Y una oportunidad de repensar los problemas sociales, digo yo.)

6. Demostrar que no todo tiene por qué valorarse en forma de dinero. Su acción es una queja contra prácticas sociales, según las cuales, una persona vale por el dinero que tiene y no por lo que es o representa para la sociedad, realmente.

7. Demostrar que es posible trabajar honrada, sacrificada y satisfactoriamente, sin necesidad de recibir dinero por ello, ni de engrasar aún más la maquinaria consumista. (Este Cuaderno que Cuenta es otro pequeño ejemplo de ello.)

8. En el fondo, el objetivo principal es combatir el dinero. Combatiéndolo, razonan ellos, se combate también su lógica.

Personalmente, he tenido la suerte –o desgracia, según cómo se mire- de nunca haberme interesado especialmente por el dinero.

(Y el dinero tampoco nunca muy especialmente por mí; o sea que existe cierta justa reciprocidad. A pesar de que me dediqué durante trece años a los negocios y algo me entretuve y aprendí. Sobre todo a que si no te interesa, lo puedes perder más rápido de lo que crees en el juego de la competencia, la oferta y la demanda.)

Entiendo que es bonito poseerlo, sobre todo por las posibilidades que te brinda esa posesión y los niveles de libertad, formación, movilidad y entretenimiento que te abre como perspectivas personales, pero también entiendo que el dinero crea su propia lógica y engranaje, y que el que cae en ellos, difícilmente puede escapar de esa especie de círculo vicioso consumista.

Lo veo así:

Se trabaja duro para alcanzar determinados bienes, cierta subjetiva posición social y familiar, y, cuando se han alcanzado esas metas, sobreviene un vacío o saturación por exceso (consciente o no) que obliga a continuar consumiendo y acumulando compulsivamente, como quien empieza de cero, aunque no se sepa a ciencia cierta por qué se hace, ni si eso es lo que realmente uno quiere hacer y sin preguntarse por si nos satisface realmente o no.

Parte del juego de la sociedad de consumo, está, justamente, en no pensárselo ni enjuiciar jamás su estructura funcional. (Es un absurdo, en realidad.)

O en ver con malos ojos toda óptica disidente de ese ‘comprar para botar a la basura’ o ‘úsalo y tíralo’ (en verdad: ‘úsalo y guárdalo’ en la mayoría de los casos, o ‘úsalo y olvídalo’); puesto que eso implicaría querer liberarse mentalmente de ese círculo vicioso, poniendo en peligro las estructuras fundamentales que mantienen la mayoría de nuestras sociedades actuales.

(Más duro lo tienen todos aquellos que viviendo de acuerdo al sistema, tienen la mala suerte de que, después de haber luchado tanto por un trabajo o una carrera profesional, descubren muy tarde que no es lo que quisieran hacer toda su vida.)

Sería una exageración decir que el capitalismo es sinónimo de ‘mente anulada’ para la mayoría de implicados.

Sin embargo, justo ahora en estas fiestas, que me toca acompañar a los numerosos miembros de mi familia en sus actividades navideñas, me resulta interesante comprobar (desde una esquina cualquiera del centro comercial de la ciudad, por ejemplo: contemplando espero) cómo mucha gente actúa como un autómata apenas se da la voz de partida, o sea, cuando se acerca la Navidad.

La Gran Hora de comprar porque sí y porque sí.

Sin ponerse a reflexionar un solo momento sobre ello, a pesar de tratarse de una tradición religiosa, es decir, que no tendría por qué tener nada que ver con prácticas consumistas -menos con el dinero- y sí con cierta escala de valores. Cristianos, en este caso.

Tiene su encanto eso de regalar, claro.

Continúa mañana…

HjorgeV

Colonia, 10-12-2007

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One comment

  1. Me parece una idea estupenda y ecológica, que quizás permita a las personas detenerse a reflexionar que el consumismo impulsivo no genera bienestar pero si el deterioro de nuestro planeta.

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