REGALAR LO QUE NO SE USA

Ahora que estamos en plena época prenavideña, recomiendo pararse en una esquina cualquiera del centro de alguna gran ciudad y ponerse a contemplar el tráfago humano.

De gente que se desespera por comprar algo -decía ayer-, algo que tal vez días, semanas o meses después, no significará nada más para el comprador y terminará almacenado, arrumado o simplemente almacenado en un desván, a pesar de estar como nuevo.

Si es que no llega a parar a la basura antes.

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(Conozco el caso de mucha gente que no es capaz de desprenderse de lo que alguna vez le costó mucho dinero. Aunque ya no le sirva. Y también el caso de gente que no puede desprenderse –sencillamente- de nada. Este tema lo traté parcialmente en mi entrada El síndrome de Diógenes.)

Y hay que ver que hay gente que llega a gastarse en esos regalos hasta uno o más sueldos. Por lo menos en este país.

Según la empresa Ernst&Young, este año los alemanes gastarán 22% más en regalos navideños que el año pasado, con lo cual, el gasto promedio por persona deberá llegar a los 250 euros, casi 400 dólares, actualmente.

(Curiosamente, dos de cada tres entrevistados por la misma firma afirman querer regalar libros como primera alternativa, algo que después no se refleja necesariamente en las compras reales.)

Justamente en esto se basa el principio de las Tiendas Por Nada.

Paso a traducir libremente, parte de la información que publican en la Red:

La idea de las Tiendas Por Nada es sencilla: mucha gente tiene cosas que ya no usa o ya no quiere usar. Muchas veces esos objetos están perdidos por ahí, solo porque “sería una pena tirarlos”. O se trata de cosas que todavía sirven perfectamente, pero se desea arrojar a la basura. Por otro lado, hay personas que tal vez justo están buscando o necesitan precisamente de esas cosas; pero tendrían que pagar por ellas, algo que no quieren o no pueden permitirse. Si esas cosas están en buen estado y listas para usar, se pueden traer a nuestras tiendas, de preferencia personalmente y en los horarios de atención al público.

La idea de esta gente de Berlín y otras ciudades alemanas, a pesar de que no comparto su estética okupa ni, seguramente, su cosmovisión, me interesa particularmente, porque soy de los que están convencidos de que podemos hacer mucho más por mejorar la vida de nuestros semejantes. (Y sin necesidad de pertenecer a ningún partido político.)

Muchas veces nos interesan los problemas del mundo y no sabemos qué hacer para ayudar en algo a resolverlos. Opino que siempre es bueno intentarlo con este tipo de iniciativas, que no hacen daño a nadie y cumplen cierto papel ecológico, además.

La solidaridad humana –eso que hace tanta falta en este mundo- no es algo que se pueda aprender así no más en la escuela u obtenerse ingiriendo una pastilla. Con ideas como ésta se la fomenta, con el mejor material didáctico y pedagógico que existe, a saber: el ejemplo.

Es solo un granito de arena, claro. Pero no pocos grandes verdaderos progresos en el mundo, han empezado así.

(No lo tienen fácil, porque tienen sus críticos. Muy duros, algunos, quienes incluso ven en este tipo de acciones algo contraproducente desde el mismo punto de vista ‘antisistema’.)

Recuerdo ahora el caso que me sucedió en un banco de Lima en mi última visita, el mismo día de mi viaje de regreso para Alemania.

Había tenido la rara suerte de perder tiempo atrás unos ahorros que había depositado en un banco, porque éste había quebrado. Justo antes de partir, me enteré de que quedaba la posibilidad de recuperar parte de esa suma, pero había que presentarse personalmente.

Así es que, a pesar de la premura por la partida, me dirigí a la dirección que me habían indicado con la esperanza de recuperar una fracción de lo que ya creía perdido del todo.

Lo malo es que no estaba preparado para la transacción y me faltaban varios documentos o requisitos. El empleado que me atendió, me explicó lo que necesitaba con mucha cortesía. Le dije que no tenía ninguna chance de obtener lo exigido, porque en unas horas debía partir de regreso a Colonia y le agradecía de todas maneras sus esfuerzos.

Me levanté, desalentado, pero no abatido, para despedirme.

Para mi sorpresa, el joven empleado se ofreció a ayudarme a cumplir con los requisitos en tiempo récord y no permitió que le diera ni siquiera las gracias dos veces, a pesar de que no era parte de su trabajo ayudarme en esos trámites.

Se trataba de un desconocido, alguien que no había visto nunca ni jamás iba -seguramente- a volver a ver, aunque sea para devolverle el favor.

En este tipo de cosas he pensado después de leer lo de las Tiendas Por Nada. Que existen muchas más posibilidades de hacer bien por el prójimo sin necesidad de gastar dinero ni hacer un gran esfuerzo. Un simple gesto, basta, a veces.

Una acción de bien al día, esperando que cunda el ejemplo, me digo. (No tengo ninguna religión.)

Esta gente de Berlín también demuestra con su empresa, que existen otras formas alternativas de vivir que no tienen por qué pasar por las cifras de nuestra cuenta bancaria (si se tiene) o por las de esos pedazos de papel hecho algodón que tantos acumulan sin saber muy bien por qué en sus bolsillos, debajo del colchón (todavía hay casos) o en un banco.

(El papel con que se fabrican los billetes de euros, se compone exclusivamente de algodón.)

Esta gente de Berlín –y de otras ciudades de Alemania, Holanda y Austria- demuestra que usando la imaginación también se puede ser feliz y hacer felices a otros de maneras inéditas e inusitadas. Y sin producir más polución, además.

Nuestro llamado ‘progreso humano’ no da para más. Pongo dos bastos, burdos, ejemplos:

A. Se dice que hasta el 40% de los alimentos de los hogares del llamado Primer Mundo, va a parar a la basura.

(Incluso, existe todo un movimiento de gente en EEUU, los freegan, que se dedican a vivir –por cuestión de principios- de lo que los demás arrojan como desperdicios. Parece increíble, pero es cierto. Su lema es:

Desobedecer la orden de comprar.)

B. Según datos de la ONU, en el mundo se producen alimentos para alimentar a 12.000 millones de personas, es decir el doble de la población mundial. Sin embargo, muere más o menos una persona cada tres segundos (mayormente niños) por hambre o por causas derivadas de él.

(Esto quiere decir que la humanidad tiene, de sobra, solo que no sabe repartirlo. Y muchas veces bajo pretextos económicos, políticos y hasta ideológicos, permitimos y contribuimos a lo de arriba.)

Por otro lado, creo que no es necesario ser pobre, ni desocupado ni pertenecer a un grupo o ideología política determinada para experimentar con otras formas de convivencia no tradicionales.

El sentido de la vida, ¿se puede encontrar en el dinero?, es la gran pregunta que subyace tras todo esto.

Los de la Tienda Por Nada dicen que no y creo que no están equivocados. Por lo demás, ¿se hace daño a alguien regalando lo que no se usa y está en magnífico estado?

Yo lo aplaudo. Por lo menos por divertido, y por más que no sea algo para mí.

Creo que, complementariamente, sirve para mostrar el lado más absurdo de los engranajes de las sociedades de consumo en las que vivimos. No necesitamos en el fondo ese producto, ese artefacto, ese objeto, pero estamos absolutamente –en alma y cuerpo- convencidos de que eso es así.

Por ahora son solo grupos relativamente contestatarios los que practican esta forma bondadosa de reciclaje. Pero me imagino perfectamente un futuro, en el que esa práctica se vuelva más cotidiana y despierte otro tipo de solidaridad, de paso que nos ayude a tener más espacio en nuestras viviendas.

En Viena ya existen dos de estas tiendas y en Holanda la red se empieza a expandir. De España he encontrado la siguiente dirección, que aquí la incluyo, sin ninguna garantía, se entiende:

http://www.reutil.net/

El capitalismo, el Mercado Libre lo ha conseguido: cada vez almacenamos más cosas que nunca más vamos a volver a usar y que nos costó mucho dinero.

¡Regálalas!

Ojalá lo de Berlín no sea una simple excepción. Lo dice bien, parte de su manifiesto:

“En una sociedad donde los billetes son los que deciden sobre las oportunidades de seres humanos…”

Eso sí, cómo son las cosas, me digo, finalmente, tratando de imaginarme si la idea pegaría en esta Colonia tan conservadora.

Creo que mucha gente de esta ciudad se reiría, burlándose y al final trataría de visitar la tienda en las horas más discretas para no pasar, vamos a decir, vergüenza.

(Lo malo es que ya leí que existe una Tienda Por Nada en esta ciudad. Y ya me imagino las situaciones que se van a repetir.)

-¡¡¿Y tú qué haces aquí?!!

-¡Lo mismo te quería preguntar yo a ti!

-Buenoooo, sólo quería echar un vistazo, de pura curiosidad nomás.

-Ah, igual que yo.

-A ver, ¿te parece si damos una vueltita juntos?

-Dale, pues.

HjorgeV

Colonia, 11-12-2007

One thought on “REGALAR LO QUE NO SE USA

  1. Hola Jorge : aquí en Barcelona, en mi barrio existe una bodega que en la puerta, cada dia ponen una caja de cartón con un letrero que dice: si te sobra algún libro ponlo aqui para que lo lean otras personas y si alguno de los que hay te interesa solo tienes que cogerlo y llevártelo.
    Pues no te lo vas a creer pero cada dia hay más libros ,casi nadie se los lleva y muchos traen más y más de tal forma que el bodeguero tiene un montón dentro de la tienda, y es que parece que eso de leer está pasado de moda. Será por eso que sigo buscando editor y nadie me llama. Un saludo del peor escritor del mundo ….http://www.antoniolarrosa.com

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