UNA DECISIÓN ARBITRARIA Y ANTICONSTITUCIONAL

PROHIBIDO VESTIRSE LIBREMENTE

Seis jueces de once en total, han decidido en el estado alemán de Hessen que está permitido prohibir, por parte del estado, el uso del pañuelo (para la cabeza) a los empleados estatales.

Cinco de los jueces participantes en la votación se opusieron infructuosamente, alegando que la ley propuesta y aprobada por el CDU (Partido Demócrata Cristiano) en el 2004 (único en el poder de ese estado en ese momento), atenta contra los principios fundamentales de la constitución de este país.

Se trata de un fallo que puede abrir el camino a otros similares en otros estados de Alemania.

kopftuch.jpg

En este caso concreto, se le había prohibido a una maestra alemana (musulmana, de origen turco) el uso del pañuelo durante sus clases, algo que ella consideró anticonstitucional y la llevó a elevar su caso a los tribunales superiores.

¿Es correcto prohibir a los empleados estatales –verbigracia, a una maestra de escuela- el uso de una determinada prenda de vesitr, en este caso un pañuelo sobre la cabeza?

Es decir, visto lo más objetivamente posible, ¿es correcto que el estado se inmiscuya en la forma de vestir de los empleados estatales?

-Un momento -podrá decir alguien-. Aquí no se trata de decidir “objetivamente” sobre formas de vestir sino sobre símbolos religiosos.

Es lo mismo que han argumentado esos 6 jueces que han ganado a duras penas la votación.

Muy bien, argumento, entonces formulemos la pregunta de otra manera.

¿Es correcto que el estado (a través de la decisión de una élite de sus empleados) prohiba el uso de símbolos religiosos a otros de sus empleados?

Los jueces han decidido que sí es correcto. De tal manera que la maestra en cuestión se verá obligada a dar sus clases sin el pañuelo de costumbre o, por respeto a su religión, tendrá que abandonar su profesión.

¿Es esto justo?

Los jueces de Hessen han dictaminado que sí.

Todo no pasaría de un caso no poco común en los tiempos modernos -que se repite en varios estados europeos-, si uno no se tuviera que hacer las siguientes preguntas:

¿Por qué recién ahora el estado se interesa por determinada prenda de vestir de alguno de sus empleados, tenga ella carácter religioso o no?

¿Cómo es posible que la mayoría o muchos de sus empleados cristianos hayan llevado desde antaño uno de los más importantes símbolos religiosos de su religión –la cruz- y nadie haya dicho nada en contra?

¿Se verán obligados esos mismos empleados cristianos -usuarios del crucifijo que representa el sacrificio del hijo de su dios-, a dejarlo en casa cuando tengan que ir a su trabajo habitual?

¿Les será prohibido llevar una biblia como compañera inseparable?

La primera pregunta se responde con una palabra vital para entender muchas tejes y manejes de la política de muchos países occidentales de los últimos tiempos.

Esa palabra se llama MIEDO.

(La otras preguntas las dejo en el aire, como muestra del sinsentido de este dictamen.)

Muy bien, digo yo. Es comprensible que el 11 de septiembre haya cambiado la mentalidad de Occidente, hasta un punto tal que a muchos nos llegue a parecer increíble cómo en este proceso se ha llegado a pisotear los más elementales derechos humanos, argumentando –justamente- su defensa. Y se siga haciéndolo.

¿TRADICIÓN HUMANISTA Y CRISTIANA?

Pero, ¿debe por eso el ciudadano común y corriente dejar de pensar, razonar y cuestionar las cosas?

¿Es posible no ver la gran contradicción que eso significa, a saber, permitirse pisotear más que violentamente los derechos humanos más fundamentales enarbolando la bandera de su defensa?

Algo, que, apenas diez años antes, no habría llamado siquiera la atención ciudadana y para lo que ni siquiera habría sido necesario acudir a los tribunales, esta vez ha necesitado un largo camino judicial.

Veamos el resumen del fallo judicial. Traduzco:

Se prohíbe, no solo a los maestros sino a todos los empleados del estado de Hessen y sus comunas, el uso de prendas de vestir que puedan llevar a desconfiar de su neutralidad en el ejercicio de su deber.

 

Las decisiones al respecto, deberán tener en cuenta la tradición cristiana y humanística del estado de Hessen.

El fallo no hace mención especial de ninguna prenda de vestir.

La abogada defensora, Ute Sacksofsky, ve una clara infracción a la Libertad de Culto, al derecho a la libre elección de profesión y a la igualdad de trato entre hombres y mujeres.

Lo interesante de todo esto, para mí, es que el fallo del Tribunal Superior del estado de Hessen no resiste siquiera un análisis lógico sencillo, ni menos uno histórico.

Veamos, suponiendo que consideramos la primera parte como aceptable.

1. Cuando dicen que se debe „tener en cuenta la tradición cristiana y humanista del estado”, ¿a qué se refieren con eso? Es decir, ¿a qué tradición se refieren?

¿A la de los últimos diez a treinta años? Entonces, a esa tradición ya tendrían que pertenecer también los trabajadores turcos que hicieron posible el Milagro Económico alemán. Les guste su estética religiosa a los alemanes o no.

¿O se refieren a la de los últimos 70 a 80 años, vamos a decir?

¿Incluidos, entonces, los atroces crímenes del nazismo?

¿Pertenecen esos crímenes de lesa humanidad también a esa tradición? De ser así, esa tradición debería estar prohibida.

2. Supongamos que es correcto basarse en una tradición para pasar por encima de derechos primordiales y reconocidos constitucionalmente. Pregunta: ¿Cómo se llegó a esa tradición? ¿Por las buenas o por las malas?

3. Suponiendo que se llegó a esa tradición cristiana, a esa hegemonía religiosa, por las buenas. En otras palabras, por la tolerancia y respeto del resto de la gente no cristiana hacia esa particular religión.

¿Por qué no devolver ahora esa tolerancia a otra religión -claramente minoritaria-, tolerancia que no es otra cosa que expresión de la Libertad de Culto que garantiza la constitución alemana?

Se podría seguir así argumentando, hasta llegar a lo mismo.

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La decisión de estos jueces es una simple arbitrariedad y un juego de palabras, que no esconde otra cosa que el miedo que Alemania -como muchos otros países- han desarrollado desde el 11-S contra todo lo que tenga que ver con el Islam.

(Aparte de que la constitución de este país garantiza la división entre estado y religión, y no la prioridad de ciertas tradiciones sobre algún principio fundamental, como la libertad de culto o la de elección profesional.)

Pensar que hace 22 años, me digo, cuando llegué a Alemania, era fácil reconocer a muchas de las inmigrantes españolas, muchas de ellas simples ‘señoras de limpieza’ entonces. ¡Justamente por el pañuelo que llevaban en la cabeza!

Si por lo menos tuvieran las agallas de expresarlo así, me digo. Y se atrevieran a cambiar las leyes para no incurrir en este tipo de incongruencias. (Caerían en más incongruencias, pero por lo menos, existiría un debate abierto sobre este vital asunto social.)

Qué ignominia anticonstitucional. Y qué sentido tan oscuro del humor negro el de estos 6 jueces.

¡Hablar de ‘tradición cristiana y humanista’ en la tierra del Holocausto y el Nazismo para defender y seguir fomentando la hegemonía de una religión determinada!

¡Ja!

HjorgeV

Colonia, 12-12-2007

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